wpe1.jpg (5750 bytes)

 


América Latina y el Caribe en los tiempos de la globalización
Edición No. 47

Julio-Septiembre 1996

Riesgos y oportunidades de la globalización
Secretaría Permanente del SELA

    El siguiente artículo corresponde al capítulo II del documento «Cambio y continuidad en el proceso de globalización internacional: escenarios de fin de siglo», presentado por la Secretaría Permanente del SELA ante el XXII Consejo Latinoamericano de la entidad, celebrado en Montevideo entre el 22 y el 25 de octubre de 1996.

I. Características del proceso de globalización

    1. El papel del mercado

    Como fenómeno de mercado, la globalización tiene su impulso básico en el progreso técnico y, particularmente, en la capacidad de éste para reducir el costo de mover bienes, servicios, dinero, personas e información.

    Esta reducción de la «distancia conómica» ha permitido aprovechar las oportunidades de arbitraje existentes en los mercados de bienes, servicios y factores, disminuyendo (aunque no eliminando) la importancia de la geografía y la efectividad de las barreras de política.

    En la etapa actual, el proceso de «globalización» se caracteriza, además, por un notable incremento en la capacidad de las firmas para fragmentar geográficamente los procesos productivos, lo que ha tenido como contrapartida un crecimiento sostenido del comercio (especialmente de manufacturas) y la inversión internacionales (cuadro 1).

    Para algunos autores la «globalización» es un fenómeno que lo abarca todo, por lo que en la práctica lo asimilan con la gradual desaparición del Estado-nación1. Otros, todavía advierten alguna función para las políticas nacionales, limitadas ahora a promover la construcción de un «Estado competitivo». Según esta visión, los límites a la efectividad de las políticas públicas estarían dados por su «capacidad efectiva para promover un clima de inversión relativamente favorable para el capital transnacional»2.

Cuadro 1

La "globalización": algunos indicadores

  Producción mundial

1983=100

Comercio mundial total

1983=100

Comercio mundial de manufacturas

1983=100

Inversión extranjera directa mundial

1983=100

Participación de los PED en el comercio mundial de manufacturas % Participación de los PED en la inversión extranjera directa mundial %
1983 100.0 100.0 100.0 100.0 13.1 24.2
1984 103.8 105.8 102.8 116.1 12.7 20.8
1985 107.5 106.2 102.8 119.0 12.0 23.6
1986 111.3 117.4 125.7 192.5 13.1 14.7
1987 113.8 137.8 153,3 298.0 14.7 11.6
1988 118.8 157.0 176.6 367.4 15.6 15.7
1989 122.5 170.3 188.5 470.6 18.2 14.7
1990 125.0 192.3 216.4 493.0 17.9 14.8
1991 123.8 197.5 223.5 392.9 19.6 26.5
1992 125.0 213.1 244.4 396.9 20.8 30.1
1993 127.5 212.5 246.7 460.7 23.8 36.0
1994 131.3 237.7   468.1   39.3

    Fuente: Gundlach y Nunnenkamp (1996)

    En las antípodas de los primeros están quienes subrayan las especificidades en las políticas y arreglos institucionales y regulatorios nacionales como características dominantes de un sistema internacional todavía basado en la supervivencia del Estado-nación3.

    Estas diferencias no son triviales debido a las distintas implicaciones de política de cada de una de ellas. La visión de la «globalización» como un fenómeno que lo abarca todo tiene el atractivo de la simplicidad: el mercado domina y la adaptación es el curso razonable de acción en un marco de selección darwiniana expresada a través de la búsqueda de la «competitividad». Sin embargo, esta visión parece más una recomendación normativa respecto al mundo «deseable» que una descripción, aún estilizada, de la realidad.

    Las otras dos visiones tienen el atractivo de incorporar la heterogeneidad y las especificidades nacionales como atributos del escenario internacional contemporáneo. Pero, ¿cuál es el peso relativo de la diversidad frente al fenómeno reconocido de la «globalización»? Dos factores son decisivos en este sentido, a saber: el tipo de transacciones involucradas (las características del mercado) y las características del Estado-nación sobre las que dichas transacciones influyen (cuadro 2).

Cuadro 2

Globalización: un fenómeno diverso

CARACTERISTICAS
MERCADOS O ATRIBUTOS
Alta Movilidad Información

Capital de cartera

Tecnología

Muy móvil Bienes

Capital humano desde los países pobres

Semi-móvil Inversión en plantas

Capital gerencial

Principios de regulación y manejo de las empresas

Casi inmóvil Capital humano de nivel medio

Principios regulatorios y esquemas organizacionales básicos

Inmóvil Infraestructura

Principios profundos y consideraciones de soberanía

    La conveniencia de un análisis sobre las formas específicas en que el proceso de «globalización» afecta el funcionamiento de los mercados y la efectividad de las políticas públicas es incluso evidente en el ámbito del mercado financiero, donde la erosión de las barreras geográficas y de política ha avanzado de manera mas notable.

    Aún cuando las restricciones a la capacidad de los gobiernos para desarrollar políticas monetarias y fiscales independientes es evidente, el examen empírico muestra la existencia de márgenes de acción remanentes y de diferencias en el grado de autonomía de que disfrutan las distintas autoridades nacionales.

    Cohen (1996) subraya que la disciplina (macroeconómica) impuesta por la integración de los mercados financieros es menor de lo que parece por, al menos, tres razones. La primera es que las políticas fiscales y monetarias tienen un impacto limitado sobre las variables reales de la economía en el largo plazo, aun en circunstancias en que la movilidad del capital es imperfecta.

    La segunda es que la movilidad del capital aún dista de ser perfecta, como lo demuestran las investigaciones empíricas sobre el grado de sustituibilidad existente entre distintos activos nacionales4.

    En tercer lugar, y dentro de ciertos márgenes, las autoridades aún enfrentan trade-offs entre su autonomía de política y el grado de inestabilidad cambiaria resultante. De hecho, a menos que las autoridades tengan una preferencia absoluta por la estabilidad del tipo de cambio, normalmente es posible conservar cierto grado de autonomía en el manejo de las políticas macroeconómicas a cambio de un cierto rango de volatilidad cambiaria.

    Por consiguiente, aún en áreas directamente afectadas por el vasto proceso de «globalización» financiera, las autoridades nacionales conservan grados de autonomía. Esta autonomía, sin embargo, no se distribuye de manera homogénea: algunos Estados nacionales (y sus autoridades públicas) disponen de ella en mayor dosis que otros. La cuestión relevante desde el punto de vista de las políticas no es, por consiguiente, si el proceso de «globalización» plantea restricciones (sobre lo cual no existe duda alguna), sino qué factores explican las diferencias nacionales y cuál es el carácter preciso del trade off que enfrenta cada autoridad pública.

    El grado de independencia (y reputación) de la autoridad monetaria, las características estructurales de la relación entre el sector bancario y el industrial, la situación de las cuentas externas y otros atributos tales como el tamaño y el grado de apertura de la economía han sido identificadas como variables que influyen sobre el grado de autonomía de políticas de las autoridades nacionales5.

    Otro ejemplo de supervivencia de las especificidades nacionales se da en el ámbito microecoeconómico o el de las políticas sectoriales. En efecto, Garret y Lange (1991) subrayan que, aun cuando la autonomía de las políticas macroeconómicas nacionales se ha reducido severamente, puede constatarse la persistencia de políticas diferenciadas de aumento de la competitividad que hacen uso de instrumentos «ofertistas» de política. Factores tales como el grado de presencia del capital transnacional o las especificidades institucionales locales contribuyen al mantenimiento de tales diferencias.

    En resumen, la «globalización» como fenómeno de mercado ha tenido un impacto considerable sobre el funcionamiento de los mercados y la efectividad de las políticas públicas nacionales. Sin embargo, las autoridades siguen disponiendo de grados variables de autonomía expresados en distintos trade offs de política.

    Por cierto, el alcance de esta autonomía ha sido sensiblemente recortado y varía de país a país. El análisis de los factores que explican esa variabilidad (incluyendo el rol de dinámicas de path dependency) parecen mas útiles que la mera reiteración de tendencias globales de validez general.

    2. El rol de las políticas

    Pero la «globalización» no es únicamente un fenómeno impulsado por el mercado. Las políticas (ie: la remoción de las barreras que los separan y la armonización de prácticas e instituciones nacionales disímiles) también juegan un papel importante. Con frecuencia, la armonización o la remoción de regulaciones es una respuesta a las presiones del mercado. Pero en ocasiones son las decisiones de política las que promueven y aceleran la integración de los mercados y, por consiguiente, el movimiento hacia la «globalización».

    En el plano de las políticas la «globalización» hace referencia a las presiones hacia la convergencia de prácticas e instituciones nacionales diversas. Su fundamento radica en la existencia de «efectos de derrame» (spillovers) y «externalidades sicológicas» o «fallas de política»6.

    Los primeros ocurren toda vez que decisiones o acontecimientos que tienen lugar en una economía nacional influyen sobre otras (la interdependencia macroeconómica es un ejemplo típico). Las «externalidades sicológicas» o «fallas de política» ocurren cuando la diversidad de prácticas e instituciones resultantes de la organización estatal nacional es cuestionada por actores con poder e influencia suficientes como para afirmar sus preferencias o valores como«superiores» o «universales». Casos de este tipo se han planteado en temas tales como el respeto de los derechos humanos o las prácticas ambientales.

    En el plano de las políticas el proceso de «globalización» se expresa en la llamada agenda de la "integración profunda". Paradójicamente, su surgimiento ha sido estimulado por la reducción de las barreras fronterizas que tuvo lugar durante el último medio siglo (la «integración superficial»).

    En efecto, el éxito de las políticas nacionales y la negociación internacional durante el período de posguerra en reducir los obstáculos fronterizos al movimiento de bienes y, en medida variable, a los servicios y formas tangibles e intangibles de capital (financiamiento, tecnología y propiedad o control de activos) han resaltado y puesto en el centro de la escena los obstáculos no fronterizos propios de la agenda de «integración profunda» (especialmente, aunque no exclusivamente, entre las economías industrializadas)7. Esta agenda no es sólo más compleja que la agenda fronteriza tradicional, sino que las recomendaciones normativas sobre cómo encaminarla están sujetas a un debate mucho mas amplio.

    La agenda de la «integración profunda» (la expresión en el plano de las políticas del proceso de «globalización») cubre una gran variedad de temas y, en el límite, incluye virtualmente todas las políticas y prácticas nacionales no fronterizas. Desde el punto de vista de los países en desarrollo, Haggard (1995) incluye en esta agenda los siguientes tópicos:

  • la extensión de las reglas internacionales del campo del comercio al de la inversión, asegurando el trato nacional y el acceso a los mercados (incluyendo el sector servicios) para los inversores internacionales;

  • el tratamiento de los regímenes regulatorios nacionales que tienen efectos discriminatorios o «desnivelan el campo de juego», como las diferencias en la protección de la propiedad intelectual, en los estándares nacionales y las políticas sectoriales o genéricas (financiera, industrial, tecnológica, de competencia, ambiental, laboral, etc.); y

  • el tratamiento de la llamada «fricción sistémica» derivada de las diferencias en las estructuras corporativas, industriales y políticas nacionales.

  • Esta agenda de «integración profunda» plantea dos tipos de problemas asociados. El primero es precisar la extensión y darle un carácter instrumental al concepto de «nivelación del campo de juego». El segundo es discernir los costos y beneficios asociados a la reducción de la diversidad.

    La idea de «nivelación del campo de juego» es atractiva como imagen pero peligrosa como objetivo general de política. En términos amplios parece razonable sostener que deberían «nivelarse» aquellas prácticas e instituciones que otorgan una ventaja competitiva «injustificada» a una de las partes.Pero esta afirmación no hace más que eludir el problema: ¿dónde debe ponerse el límite entre una ventaja «justificada» y otra «injustificada»? ¿Qué prácticas nacionales son función de preferencias legítimas y cuáles del interés por obtener ventajas en la competencia internacional?

    El discernimiento de los costos y beneficios de la reducción de la diversidad es igualmente complejo. En primer lugar, para evaluar los costos y beneficios, ¿debe adoptarse un criterio «cosmopolita» o «nacional»?

    En segundo lugar, ¿cómo se valora la utilidad de agentes o Estados con diferencias sustanciales en sus niveles de ingreso y productividad? A título de ejemplo, y puesto en otras palabras, ¿cuál es el precio que los ciudadanos de un país de bajos ingresos estarán dispuestos a pagar (expresado en un ritmo más lento de crecimiento económico) para reducir su agresión al medio ambiente? O ¿los ciudadanos de los países desarrollados deberán pagar por el daño al medio ambiente acumulado en el pasado o deberá aplicarse el criterio de «borrón y cuenta nueva»?

    Estos temas son en extremo contenciosos y, en última instancia, se remiten a un juego de poder e influencia sobre el sistema internacional. La agenda internacional contemporánea -como la de otros momentos de la historia- está pletórica de ellos. Esto lo ilustra el mandato y cobertura de la recientemente creada Organización Mundial de Comercio. De esta forma, los países de América Latina y el Caribe deberán administrar no sólo las tensiones creadas por el proceso de «globalización» como un fenómeno de mercado sino, además, las que se derivan de las iniciativas que profundizan la «globalización» como un fenómeno de política. Distinguir entre unas y otras no es siempre tarea sencilla.

    3. Las oportunidades de la "globalización"

    Los costos y tensiones que el proceso de «globalización» impone sobre las economías nacionales son bien conocidos. Los más visibles son la limitación en la efectividad de las políticas nacionales y el conflicto que plantea la fractura existente entre las estructuras de gobierno (de base predominantemente nacional) y la naturaleza «global» de ciertos flujos e interacciones económicos. Sin embargo, el proceso de «globalización» también ofrece nuevas oportunidades para las economías nacionales.

    Por una parte, el proceso de «globalización» plantea la oportunidad de mejorar las condiciones de acceso a mercados que anteriormente se hallaban más fragmentados. Los flujos de información, tecnología y capital de cartera han sido los que más han incrementado su movilidad y, por consiguiente, constituyen los mercados donde más han mejorado las condiciones de acceso para economías con menor capacidad relativa de generación endógena. Sin embargo, las condiciones para aprovechar estas oportunidades está heterogéneamente distribuidas entre países. Un aspecto central, por consiguiente, reside en identificar los atributos que mejoran dicha capacidad y permiten revertir los aspectos negativos heredados de comportamientos pasados (path dependency).

    Un ejemplo de lo que aquí se señala lo plantea uno de los rasgos típicos del proceso de «globalización» reciente, cual es la mejora en la capacidad de las firmas para fragmentar los procesos productivos en localizaciones geográficamente dispersas.

    En efecto, la notable reducción de los costos del transporte y las comunicaciones ha facilitado la división del proceso productivo, permitiendo la participación de un mayor número de localizaciones geográficas según las ventajas que cada una aporta a la cadena de valor agregado. Este hecho ha ampliado las oportunidades para que economías individuales participen más activamente de las redes internacionales de producción adminitradas por las grandes compañías multinacionales. Este proceso se ha acompañado de un boom de inversión extranjera directa (cuadro 1) y de la proliferación de nuevas formas de asociación no accionaria entre firmas. Como Oman (1994) señala, sin embargo, la posibilidad de participar en dichas redes de producción depende de la efectividad con que la economía receptora responda a las demandas de estabilidad macroeconómica, disponibilidad de infraestructura, y calificación y adaptabilidad de la mano de obra, atributos intrínsecos al nuevo patrón de organización de la producción8.

    El proceso de «globalización» también crea nuevas oportunidades en tanto incrementa la competencia, sienta las bases para el establecimiento de nuevas alianzas empresarias y societales y contribuye a la desarticulación de los oligopolios establecidos. Si estos últimos bloqueaban la modernización, desarrollaban un comportamiento del tipo rent-seeking y «explotaban« al resto de la comunidad, las nuevas coaliciones pueden generar resultados mas favorables que el status quo. Del mismo modo, la «globalización» puede permitir, bajo determinadas circunstancias, mejorar la calidad de las políticas domésticas aumentando el costo de implementar políticas insustentables.

    Estas oportunidades, sin embargo, son sólo potenciales. En efecto, no hay ninguna garantía a priori de que el resultado de las nuevas coaliciones será superior al pre-existente. En este sentido, resulta ilustrativa la revisión que hace Armijo (1996) del impacto diferencial de distintas formas de ingresos de capitales sobre el crecimiento económico, los gobiernos en el poder y la democracia (cuadro 3). Aún cuando sus conclusiones sean debatibles, los ejemplos ilustran la diversidad de resultados posibles.

Cuadro 3

Consecuencias probables de distintas formas de ingreso de capitales extranjeros

Clase de ingreso de capital Riesgo de crisis de balanza de pagos Contribución probable al crecimiento económico Implicaciones para el gobierno en el poder Implicaciones para la democracia
Ayuda externa al gobierno Bajo Bajo/Moderado Fortalece al gobierno Fortalece la influencia externa
Inversión extranjera directa Bajo Moderado/Alto Fortalece la influencia externa Hace mas difícil la transición y la consolidación de la democracia
Préstamos bancarios de largo plazo al gobierno (y bancos locales) Moderado Bajo/Moderado Fortalece al gobierno Fortalece al gobierno
Préstamos bancarios de largo plazo a las grandes empresas locales Moderado Moderado/Alto Fortalece a las grandes empresas locales Promueve la liberalización política pero no necesariamente la democracia
Préstamos de cartera al gobierno (y bancos locales) Alto Bajo/Moderado Fortalece al gobierno Fortalece al gobierno. Una crisis de balanza de pagos debilita la autonomía local de política
Préstamos de cartera a las grandes empresas locales Alto Moderado/Alto Fortalece a las grandes empresas locales Promueve la liberalización política pero no necesariamente la democracia. Una crisis de balanza de pagos debilita la autonomía local de política

    Fuente: Armijo 1996

    Del mismo modo, no es seguro que aún cuando la «globalización» haga muy costosa la implementación de políticas insustentables en el mediano y largo plazo las nuevas políticas serán superiores a las que se aplicarían en un contexto de mayor autarquía. La versión simplista de este argumento puede encontrarse en la afirmación de una influyente publicación internacional de que «cuanto más eficiente es el mercado global de capitales, más probable es que retribuya las políticas económicas sanas y huya frente a los errores» (The Economist, 1995).

    Sin embargo, en la práctica existe una evidente ambigüedad sobre lo que constituyen «políticas erróneas» y «políticas correctas», especialmente cuando el objetivo de las mismas no es especificado. En otras palabras, ¿es una «política correcta» aquella que promueve el crecimiento o la que mantiene el entusiasmo de los inversores nacionales y extranjeros? ¿La misma política puede hacer ambas cosas a la vez?

II. Los escenarios internacionales

    1. Formas de mercado y de intervención: los escenarios de Lawrence, Bressand e Ito

    La «globalización» es un proceso vigoroso pero pleno de contradicciones. La más importante es la creciente disparidad entre las estructuras políticas basadas en el Estado nación y el carácter crecientemente global de las interacciones y flujos que vinculan a las distintas economías nacionales. La consiguiente disminución de la «autonomía» plantea desafíos a la noción misma de soberanía política. No obstante, este último principio sigue siendo uno de los elementos organizadores fundamentales de la acción pública.

    Este conflicto clave favorecela emergencia de escenarios diversos para la economía internacional de fin de siglo.

    En un trabajo que seguramente habrá de tener mucha influencia en el debate de política, Lawrence, Bressand e Ito (1996) identifican tres escenarios estilizados de largo plazo para la economía internacional. Su objetivo no es tanto precisar los contornos futuros de la misma, sino identificar las principales líneas posibles de evolución y las tensiones que se derivan de cada una de ellas.

    Con base en esta discusión los autores construyen un cuarto escenario de carácter normativo que, según su visión, permitiría superar las principales deficiencias de cada uno de los tres anteriores.

    Los cuatro escenarios señalados se ilustran con el gráfico 19. A lo largo de cada eje se representa la intensidad con que operan el mercado (la «mano invisible») y las instancias públicas en el campo de las relaciones económicas internacionales (la «mano visible»). La intensidad de la operación de la «mano visible» va desde un extremo de «negligencia benigna» (donde las autoridades son esencialmente prescindentes) a otro de «supervisión colectiva» (donde se maximizan los esfuerzos de intervención, presumiblemente cooperativa).

Gráfico 1

La "globalización" y los escenarios de Lawrence, Bressand e Ito


    Fuente: Lawrence, Bressand e Ito (1996)

    La presencia del mercado, por su parte, oscila entre un mínimo donde las intervenciones de carácter administrativo son dominantes («proteccionismo») y un máximo donde la competencia se utiliza incluso como mecanismo de evaluación de la eficiencia institucional (el «reconocimiento mutuo»)10. En el plano así recortado pueden ubicarse los cuatros escenarios de acuerdo a la combinación que cada uno de ellos hace de mercado y regulación.

    El primer escenario es el del «mundo sin fronteras», donde se combina la preminencia del mercado y una postura de «negligencia benigna» por parte de las autoridades públicas (baja o nula coordinación internacional).

    Un supuesto básico de este escenario es la confianza en la capacidad de superación de las tensiones emergentes del carácter «global» de algunos mercados y transacciones y la base predominantemente nacional sobre la que se apoya y ejerce el poder político. Paradójicamente, esto presume la existencia de gobiernos con gran capacidad de arbitraje entre distintos intereses domésticos y lo suficientemente «fuertes» como para imponer una agenda de liberalización a sus representados.

    El escenario del «mundo sin fronteras» también supone una elevada confianza en la capacidad del mercado para promover dinámicas de convergencia y homogeneización, por cuanto éstas serían las únicas garantías de que el proceso pueda avanzar sin enfrentar obstáculos políticos insalvables. Además, la presencia de externalidades y derrames debería ser lo suficientemente tenue como para no colocar demandas irresistibles de coordinación. Dados estos supuestos y requisitos, el «mundo sin fronteras» parece mas bien una expresión de deseos (o una proyección ideológica) que un escenario con perspectivas ciertas de ocurrencia. O, tal como lo señalan los autores, un escenario que «sólo puede existir en sectores cuidadosamente limitados y definidos».

    El segundo escenario, denominado de «fragmentación», combina bajas intensidades de mercado y de coordinación pública internacional. Este escenario reproduce, por lo tanto, la hipótesis clásica del conflicto inter-estatal donde la diversidad se preserva a través del aislamiento.

    Este escenario no implica necesariamente un retroceso en la intensidad de la «integración superficial» ya alcanzada, sino la utilización de ciertos instrumentos (como los derechos antidumping, extendidos ahora al campo de las prácticas laborales o ambientales) para aislar y preservar segmentos de la economía nacional de la interacción con el resto del mundo.

    En este escenario, las oportunidad abiertas por la «globalización se perderían a manos de la fragmentación, además de que se agravaría el conflicto político y, eventualmente, militar.

    El tercer escenario, llamado de «armonización imperial» por los autores, combina una baja intensidad de mercado con un grado considerable de supervisión colectiva.

    Este escenario supone la convergencia de prácticas e instituciones al interior de grupos de países entre los que existe una relación de hegemonía bien establecida o estructuras e intereses básicos compartidos. Para la gran mayoría de los países, este escenario implica la convergencia hacia los patrones de alguna economía nacional relativamente mas poderosa o «exitosa». Pero como la propia experiencia de la Unión Europea lo demuestra, ni aún entre países entre los que no existen grandes diferencias este proceso de convergencia tiene características lineales o está exento de conflictos y dificultades.

    2. Implicaciones y probabilidades

    Cada uno de estos escenarios diseñados por Lawrence, Bressand e Ito tendría, en un plano exclusivamente analítico, implicaciones diferentes para los países de América Latina y el Caribe, o en general, para países de otras regiones.

    Como se indicó antes, el escenario del «mundo sin fronteras» es poco factible desde un punto de vista práctico pero altamente influyente como argumento normativo para la formulación de políticas.

    Sin embargo, la traducción de este escenario en términos de políticas internas se asimilaría, como ya señalamos, a la existencia de gobiernos fuertes con gran capacidad de arbitraje interno. El corolario podría ser un sesgo autoritario para los regímenes políticos internos.

    El escenario de «fragmentación» también tiene costos significativos que se distribuirían de manera heterogénea entre los países de la región. El costo más evidente sería la pérdida de las oportunidades de explotar las ventajas potenciales de la «globalización», expresadas a través de un mejor acceso a mercados más integrados. Además, la «fragmentación» probablemente estaría también asociada a un clima de conflicto e inestabilidad política global que influiría sobre los países de la región. Para aquellos países que tienen una relación económica diversificada con el resto del mundo este escenario sería en extremo inconveniente, en tanto que para aquéllos con vínculos económicos regionalmente concentrados (especialmente con Estados Unidos) las consecuencias serían similares a las del escenario de «armonización imperial».

    Pero, como ya se señaló, la armonización no es necesariamente un camino deseable para todas las partes, y menos aún la adopción de los estándares correspondientes a la economía de mayor desarrollo relativo.

    El escenario de la «armonización imperial» también colocaría el riesgo de que para muchos países, en la práctica, podría ser equivalente a la «fragmentación».

    Por otro lado, la probabilidad de ocurrencia de cada uno de estos escenarios, de acuerdo a sus autores, es muy disímil. El escenario del «mundo sin fronteras» tiene baja verosimilitud debido a la realidad incontrastable de la persistencia de las bases nacionales del poder estatal y de la efectividad de las coaliciones domésticas para influir sobre las conductas de los gobernantes. Esto no excluye, como vimos, su utilidad como instrumento normativo en el debate sobre políticas.

    El escenario de la «fragmentación», en cambio, es un espectro recurrentemente levantado por quienes advierten tendencias contradictorias entre el proceso de «globalización» y la paralela «regionalización» de la economía mundial. De hecho, a períodos de integración creciente en el pasado han seguido de fases de fragmentaci;_ue fracturaron el sistema económico y político internacional. Al igual que ocurre en el período actual, la inexistencia de un Estado hegemónico se ha señalado como un factor de estímulo a la fragmentación, debido a la baja inclinación para proveer los bienes públicos necesarios para el funcionamiento integrado de la economía internacional.

    Sin embargo, la probabilidad de ocurrencia de un escenario de «fragmentación» se ha relativizado por la extensión y el carácter que ha alcanzado el proceso de «globalización», el rol desempeñado por algunos actores privados en este proceso (eg: las empresas transnacionales) y la percepción creciente de la funcionalidad de la «globalización» económica como mecanismo de distensión y estrechamiento de los vínculos políticos inter-estatales. La emergencia de influyentes «1;élites de opinión» con una alta visibilidad sobre el debate de política a nivel global agregó un nuevo elemento que debilita la probabilidad de ocurrencia de este escenario.

    El escenario de la «armonización imperial», podría ser considerado analíticamente más verosímil, al menos para países que tienen vínculos económicos estrechos con algunos de los actores estatales capaces de convertirse en polos de armonización.

    Las debilidades identificadas en cada uno de los escenarios reseñados impulsaron a los autores a diseñar un cuarto escenario normativo basado en la noción de que es posible combinar un rol activo para el mercado con una dosis elevada de supervisión colectiva.

    Este escenario, llamado «club de clubes», es construido a partir de la existencia de múltiples asociaciones regionales y funcionales organizadas bajo los principios de membresía voluntaria, subsidiariedad, transparencia y acceso abierto para quienes admitan las reglas (en el caso de los clubes funcionales).

    De acuerdo a los autores, los agrupamientos regionales o funcionales deberían incorporar también los principios de adhesión a estándares mínimos, reconocimiento mutuo, trato igualitario, excepciones sólo temporarias y capacidad efectiva para implementar compromisos y decisiones. La peculiaridad del escenario sería que todos ellos contarían, además, con un ámbito de coordinación y supervisión colectiva, precisamente el «club de clubes».

    Un escenario de esta naturaleza favorece el rol de las partes con menor poder relativo en tanto otorga un papel importante a los mecanismos de coordinación política. Estos, por definición, tienen un carácter más equilibrado que el que resultaría de las meras dinámicas de mercado o poder.

    Sin embargo, en un futuro próximo la evolución más probable parece estar en la dirección de la profundización de ciertos «clubs» y en la declinación de otros, más que en la coordinación de los mismos a través de un mecanismo mas inclusivo (el «club de clubes»).

    Finalmente, puede ser conveniente subrayar que, a efectos analíticos, para los países de América Latina y el Caribe (y otros países en desarrollo) los cuatro escenarios referidos por Lawrence, Bressand e Ito no serían necesariamente excluyentes. De hecho, sería posible suponer la convivencia de un «mundo sin fronteras» en algunos ámbitos (como los mercados financieros), la «fragmentación« en otros (como el mercado de trabajo) y la "armonización imperial" para algunos socios elegidos en temas determinados.

    Sobre este conjunto diverso algún «club de clubes» (como la OMC) podría alimentar la esperanza de un horizonte de mayor cooperación pública internacional.


    NOTAS

  1. Para una visión de este tipo véase, por ejemplo, Ohmae (1995)
  2. Para un desarrollo del argumento del «Estado competitivo» (competititon state), véase Cerny (1995)
  3. Véase, por ejemplo, Boyer (1993)
  4. Para una discusión, véase Herring y Litan (1995)
  5. Cohen (1996) cita los trabajos de Henning (1994); Goodman y Pauly (1993) y Andrews (1994).
  6. Véase Lawrence, Bressand e Ito (1996)
  7. Véase Khaler (1993)
  8. Oman, además, enfatiza el papel de la proximidad geográfica («regionalización») en la organización de dichas redes de producción como un rasgo impuesto por el nuevo paradigma tecnológico de la producción flexible.
  9. Esta presentación gráfica fue expuesta oralmente por los propios autores en un seminario realizado en la ciudad de México en 1995.
  10. Para una excelente discusión sobre las tres formas de administrar el conflicto entre diversidad y apertura (administración del comercio, armonización y reconocimiento mutuo), véase Khaler (1993)

 

 


http://www.sela.org
sela@sela.org
   SELA,  Secretaría Permanente
Av Francisco de Miranda, Torre Europa, Piso 4, Urb. Campo Alegre,
Caracas 1060- Venezuela
Tlf: (58) (212) 955.71.11 Fax: (58) (212) 951.52.92