América Latina y el Caribe en los
tiempos de la globalización
Edición No. 47
Julio-Septiembre 1996 |
|
Riesgos
y oportunidades de la globalización
Secretaría Permanente del SELA
El siguiente
artículo corresponde al capítulo II del documento «Cambio y continuidad en el proceso
de globalización internacional: escenarios de fin de siglo», presentado por la
Secretaría Permanente del SELA ante el XXII Consejo Latinoamericano de la entidad,
celebrado en Montevideo entre el 22 y el 25 de octubre de 1996.
I.
Características del proceso de globalización
1. El papel
del mercado
Como fenómeno de mercado, la globalización tiene su impulso básico en el progreso
técnico y, particularmente, en la capacidad de éste para reducir el costo de mover
bienes, servicios, dinero, personas e información.
Esta reducción
de la «distancia conómica» ha permitido aprovechar las oportunidades de arbitraje
existentes en los mercados de bienes, servicios y factores, disminuyendo (aunque no
eliminando) la importancia de la geografía y la efectividad de las barreras de política.
En la etapa
actual, el proceso de «globalización» se caracteriza, además, por un notable
incremento en la capacidad de las firmas para fragmentar geográficamente los procesos
productivos, lo que ha tenido como contrapartida un crecimiento sostenido del comercio
(especialmente de manufacturas) y la inversión internacionales (cuadro 1).
Para algunos
autores la «globalización» es un fenómeno que lo abarca todo, por lo que en la
práctica lo asimilan con la gradual desaparición del Estado-nación1.
Otros, todavía advierten alguna función para las políticas nacionales, limitadas ahora
a promover la construcción de un «Estado competitivo». Según esta visión, los
límites a la efectividad de las políticas públicas estarían dados por su «capacidad
efectiva para promover un clima de inversión relativamente favorable para el capital
transnacional»2.
Cuadro 1
La "globalización":
algunos indicadores
| |
Producción
mundial 1983=100 |
Comercio
mundial total 1983=100 |
Comercio
mundial de manufacturas 1983=100
|
Inversión
extranjera directa mundial 1983=100
|
Participación
de los PED en el comercio mundial de manufacturas % |
Participación
de los PED en la inversión extranjera directa mundial % |
| 1983 |
100.0 |
100.0 |
100.0 |
100.0 |
13.1 |
24.2 |
| 1984 |
103.8 |
105.8 |
102.8 |
116.1 |
12.7 |
20.8 |
| 1985 |
107.5 |
106.2 |
102.8 |
119.0 |
12.0 |
23.6 |
| 1986 |
111.3 |
117.4 |
125.7 |
192.5 |
13.1 |
14.7 |
| 1987 |
113.8 |
137.8 |
153,3 |
298.0 |
14.7 |
11.6 |
| 1988 |
118.8 |
157.0 |
176.6 |
367.4 |
15.6 |
15.7 |
| 1989 |
122.5 |
170.3 |
188.5 |
470.6 |
18.2 |
14.7 |
| 1990 |
125.0 |
192.3 |
216.4 |
493.0 |
17.9 |
14.8 |
| 1991 |
123.8 |
197.5 |
223.5 |
392.9 |
19.6 |
26.5 |
| 1992 |
125.0 |
213.1 |
244.4 |
396.9 |
20.8 |
30.1 |
| 1993 |
127.5 |
212.5 |
246.7 |
460.7 |
23.8 |
36.0 |
| 1994 |
131.3 |
237.7 |
|
468.1 |
|
39.3 |
Fuente: Gundlach y Nunnenkamp (1996)
En las
antípodas de los primeros están quienes subrayan las especificidades en las políticas y
arreglos institucionales y regulatorios nacionales como características dominantes de un
sistema internacional todavía basado en la supervivencia del Estado-nación3.
Estas
diferencias no son triviales debido a las distintas implicaciones de política de cada de
una de ellas. La visión de la «globalización» como un fenómeno que lo abarca todo
tiene el atractivo de la simplicidad: el mercado domina y la adaptación es el curso
razonable de acción en un marco de selección darwiniana expresada a través de la
búsqueda de la «competitividad». Sin embargo, esta visión parece más una
recomendación normativa respecto al mundo «deseable» que una descripción, aún
estilizada, de la realidad.
Las otras dos
visiones tienen el atractivo de incorporar la heterogeneidad y las especificidades
nacionales como atributos del escenario internacional contemporáneo. Pero, ¿cuál es el
peso relativo de la diversidad frente al fenómeno reconocido de la «globalización»?
Dos factores son decisivos en este sentido, a saber: el tipo de transacciones involucradas
(las características del mercado) y las características del Estado-nación sobre las que
dichas transacciones influyen (cuadro 2).
Cuadro 2
Globalización: un fenómeno diverso
CARACTERISTICAS
|
MERCADOS O ATRIBUTOS
|
| Alta Movilidad |
Información Capital de cartera
Tecnología |
| Muy móvil |
Bienes Capital humano desde los países pobres |
| Semi-móvil |
Inversión en plantas Capital gerencial
Principios de regulación y manejo de las
empresas |
| Casi inmóvil |
Capital humano de nivel medio Principios regulatorios y esquemas organizacionales
básicos |
| Inmóvil |
Infraestructura Principios profundos y consideraciones de soberanía
|
La conveniencia
de un análisis sobre las formas específicas en que el proceso de «globalización»
afecta el funcionamiento de los mercados y la efectividad de las políticas públicas es
incluso evidente en el ámbito del mercado financiero, donde la erosión de las barreras
geográficas y de política ha avanzado de manera mas notable.
Aún cuando las
restricciones a la capacidad de los gobiernos para desarrollar políticas monetarias y
fiscales independientes es evidente, el examen empírico muestra la existencia de
márgenes de acción remanentes y de diferencias en el grado de autonomía de que
disfrutan las distintas autoridades nacionales.
Cohen (1996)
subraya que la disciplina (macroeconómica) impuesta por la integración de los mercados
financieros es menor de lo que parece por, al menos, tres razones. La primera es que las
políticas fiscales y monetarias tienen un impacto limitado sobre las variables reales de
la economía en el largo plazo, aun en circunstancias en que la movilidad del capital es
imperfecta.
La segunda es
que la movilidad del capital aún dista de ser perfecta, como lo demuestran las
investigaciones empíricas sobre el grado de sustituibilidad existente entre distintos
activos nacionales4.
En tercer
lugar, y dentro de ciertos márgenes, las autoridades aún enfrentan trade-offs
entre su autonomía de política y el grado de inestabilidad cambiaria resultante. De
hecho, a menos que las autoridades tengan una preferencia absoluta por la estabilidad del
tipo de cambio, normalmente es posible conservar cierto grado de autonomía en el manejo
de las políticas macroeconómicas a cambio de un cierto rango de volatilidad cambiaria.
Por
consiguiente, aún en áreas directamente afectadas por el vasto proceso de
«globalización» financiera, las autoridades nacionales conservan grados de autonomía.
Esta autonomía, sin embargo, no se distribuye de manera homogénea: algunos Estados
nacionales (y sus autoridades públicas) disponen de ella en mayor dosis que otros. La
cuestión relevante desde el punto de vista de las políticas no es, por consiguiente, si
el proceso de «globalización» plantea restricciones (sobre lo cual no existe duda
alguna), sino qué factores explican las diferencias nacionales y cuál es el carácter
preciso del trade off que enfrenta cada autoridad pública.
El grado de
independencia (y reputación) de la autoridad monetaria, las características
estructurales de la relación entre el sector bancario y el industrial, la situación de
las cuentas externas y otros atributos tales como el tamaño y el grado de apertura de la
economía han sido identificadas como variables que influyen sobre el grado de autonomía
de políticas de las autoridades nacionales5.
Otro ejemplo de
supervivencia de las especificidades nacionales se da en el ámbito microecoeconómico o
el de las políticas sectoriales. En efecto, Garret y Lange (1991) subrayan que, aun
cuando la autonomía de las políticas macroeconómicas nacionales se ha reducido
severamente, puede constatarse la persistencia de políticas diferenciadas de aumento de
la competitividad que hacen uso de instrumentos «ofertistas» de política. Factores
tales como el grado de presencia del capital transnacional o las especificidades
institucionales locales contribuyen al mantenimiento de tales diferencias.
En resumen, la
«globalización» como fenómeno de mercado ha tenido un impacto considerable sobre el
funcionamiento de los mercados y la efectividad de las políticas públicas nacionales.
Sin embargo, las autoridades siguen disponiendo de grados variables de autonomía
expresados en distintos trade offs de política.
Por cierto, el
alcance de esta autonomía ha sido sensiblemente recortado y varía de país a país. El
análisis de los factores que explican esa variabilidad (incluyendo el rol de dinámicas
de path dependency) parecen mas útiles que la mera reiteración de tendencias
globales de validez general.
2. El rol de
las políticas
Pero la
«globalización» no es únicamente un fenómeno impulsado por el mercado. Las políticas
(ie: la remoción de las barreras que los separan y la armonización de prácticas e
instituciones nacionales disímiles) también juegan un papel importante. Con frecuencia,
la armonización o la remoción de regulaciones es una respuesta a las presiones del
mercado. Pero en ocasiones son las decisiones de política las que promueven y aceleran la
integración de los mercados y, por consiguiente, el movimiento hacia la
«globalización».
En el plano de
las políticas la «globalización» hace referencia a las presiones hacia la convergencia
de prácticas e instituciones nacionales diversas. Su fundamento radica en la existencia
de «efectos de derrame» (spillovers) y «externalidades sicológicas» o «fallas
de política»6.
Los primeros
ocurren toda vez que decisiones o acontecimientos que tienen lugar en una economía
nacional influyen sobre otras (la interdependencia macroeconómica es un ejemplo típico).
Las «externalidades sicológicas» o «fallas de política» ocurren cuando la diversidad
de prácticas e instituciones resultantes de la organización estatal nacional es
cuestionada por actores con poder e influencia suficientes como para afirmar sus
preferencias o valores como«superiores» o «universales». Casos de este tipo se han
planteado en temas tales como el respeto de los derechos humanos o las prácticas
ambientales.
En el plano de
las políticas el proceso de «globalización» se expresa en la llamada agenda de la
"integración profunda". Paradójicamente, su surgimiento ha sido estimulado por
la reducción de las barreras fronterizas que tuvo lugar durante el último medio siglo
(la «integración superficial»).
En efecto, el
éxito de las políticas nacionales y la negociación internacional durante el período de
posguerra en reducir los obstáculos fronterizos al movimiento de bienes y, en medida
variable, a los servicios y formas tangibles e intangibles de capital (financiamiento,
tecnología y propiedad o control de activos) han resaltado y puesto en el centro de la
escena los obstáculos no fronterizos propios de la agenda de «integración profunda»
(especialmente, aunque no exclusivamente, entre las economías industrializadas)7. Esta agenda no es sólo más compleja que la agenda
fronteriza tradicional, sino que las recomendaciones normativas sobre cómo encaminarla
están sujetas a un debate mucho mas amplio.
La agenda de la
«integración profunda» (la expresión en el plano de las políticas del proceso de
«globalización») cubre una gran variedad de temas y, en el límite, incluye
virtualmente todas las políticas y prácticas nacionales no fronterizas. Desde el punto
de vista de los países en desarrollo, Haggard (1995) incluye en esta agenda los
siguientes tópicos:
la extensión
de las reglas internacionales del campo del comercio al de la inversión, asegurando el
trato nacional y el acceso a los mercados (incluyendo el sector servicios) para los
inversores internacionales;
el
tratamiento de los regímenes regulatorios nacionales que tienen efectos discriminatorios
o «desnivelan el campo de juego», como las diferencias en la protección de la propiedad
intelectual, en los estándares nacionales y las políticas sectoriales o genéricas
(financiera, industrial, tecnológica, de competencia, ambiental, laboral, etc.); y
el
tratamiento de la llamada «fricción sistémica» derivada de las diferencias en las
estructuras corporativas, industriales y políticas nacionales.
Esta agenda de
«integración profunda» plantea dos tipos de problemas asociados. El primero es precisar
la extensión y darle un carácter instrumental al concepto de «nivelación del campo de
juego». El segundo es discernir los costos y beneficios asociados a la reducción de la
diversidad.
La idea de
«nivelación del campo de juego» es atractiva como imagen pero peligrosa como objetivo
general de política. En términos amplios parece razonable sostener que deberían
«nivelarse» aquellas prácticas e instituciones que otorgan una ventaja competitiva
«injustificada» a una de las partes.Pero esta afirmación no hace más que eludir el
problema: ¿dónde debe ponerse el límite entre una ventaja «justificada» y otra
«injustificada»? ¿Qué prácticas nacionales son función de preferencias legítimas y
cuáles del interés por obtener ventajas en la competencia internacional?
El
discernimiento de los costos y beneficios de la reducción de la diversidad es igualmente
complejo. En primer lugar, para evaluar los costos y beneficios, ¿debe adoptarse un
criterio «cosmopolita» o «nacional»?
En segundo
lugar, ¿cómo se valora la utilidad de agentes o Estados con diferencias sustanciales en
sus niveles de ingreso y productividad? A título de ejemplo, y puesto en otras palabras,
¿cuál es el precio que los ciudadanos de un país de bajos ingresos estarán dispuestos
a pagar (expresado en un ritmo más lento de crecimiento económico) para reducir su
agresión al medio ambiente? O ¿los ciudadanos de los países desarrollados deberán
pagar por el daño al medio ambiente acumulado en el pasado o deberá aplicarse el
criterio de «borrón y cuenta nueva»?
Estos temas son
en extremo contenciosos y, en última instancia, se remiten a un juego de poder e
influencia sobre el sistema internacional. La agenda internacional contemporánea -como la
de otros momentos de la historia- está pletórica de ellos. Esto lo ilustra el mandato y
cobertura de la recientemente creada Organización Mundial de Comercio. De esta forma, los
países de América Latina y el Caribe deberán administrar no sólo las tensiones creadas
por el proceso de «globalización» como un fenómeno de mercado sino, además, las que
se derivan de las iniciativas que profundizan la «globalización» como un fenómeno de
política. Distinguir entre unas y otras no es siempre tarea sencilla.
3. Las
oportunidades de la "globalización"
Los costos y
tensiones que el proceso de «globalización» impone sobre las economías nacionales son
bien conocidos. Los más visibles son la limitación en la efectividad de las políticas
nacionales y el conflicto que plantea la fractura existente entre las estructuras de
gobierno (de base predominantemente nacional) y la naturaleza «global» de ciertos flujos
e interacciones económicos. Sin embargo, el proceso de «globalización» también ofrece
nuevas oportunidades para las economías nacionales.
Por una parte,
el proceso de «globalización» plantea la oportunidad de mejorar las condiciones de
acceso a mercados que anteriormente se hallaban más fragmentados. Los flujos de
información, tecnología y capital de cartera han sido los que más han incrementado su
movilidad y, por consiguiente, constituyen los mercados donde más han mejorado las
condiciones de acceso para economías con menor capacidad relativa de generación
endógena. Sin embargo, las condiciones para aprovechar estas oportunidades está
heterogéneamente distribuidas entre países. Un aspecto central, por consiguiente, reside
en identificar los atributos que mejoran dicha capacidad y permiten revertir los aspectos
negativos heredados de comportamientos pasados (path dependency).
Un ejemplo de
lo que aquí se señala lo plantea uno de los rasgos típicos del proceso de
«globalización» reciente, cual es la mejora en la capacidad de las firmas para
fragmentar los procesos productivos en localizaciones geográficamente dispersas.
En efecto, la
notable reducción de los costos del transporte y las comunicaciones ha facilitado la
división del proceso productivo, permitiendo la participación de un mayor número de
localizaciones geográficas según las ventajas que cada una aporta a la cadena de valor
agregado. Este hecho ha ampliado las oportunidades para que economías individuales
participen más activamente de las redes internacionales de producción adminitradas por
las grandes compañías multinacionales. Este proceso se ha acompañado de un boom
de inversión extranjera directa (cuadro 1) y de la proliferación de nuevas formas de
asociación no accionaria entre firmas. Como Oman (1994) señala, sin embargo, la
posibilidad de participar en dichas redes de producción depende de la efectividad con que
la economía receptora responda a las demandas de estabilidad macroeconómica,
disponibilidad de infraestructura, y calificación y adaptabilidad de la mano de obra,
atributos intrínsecos al nuevo patrón de organización de la producción8.
El proceso de
«globalización» también crea nuevas oportunidades en tanto incrementa la competencia,
sienta las bases para el establecimiento de nuevas alianzas empresarias y societales y
contribuye a la desarticulación de los oligopolios establecidos. Si estos últimos
bloqueaban la modernización, desarrollaban un comportamiento del tipo rent-seeking
y «explotaban« al resto de la comunidad, las nuevas coaliciones pueden generar
resultados mas favorables que el status quo. Del mismo modo, la «globalización»
puede permitir, bajo determinadas circunstancias, mejorar la calidad de las políticas
domésticas aumentando el costo de implementar políticas insustentables.
Estas
oportunidades, sin embargo, son sólo potenciales. En efecto, no hay ninguna garantía a
priori de que el resultado de las nuevas coaliciones será superior al pre-existente.
En este sentido, resulta ilustrativa la revisión que hace Armijo (1996) del impacto
diferencial de distintas formas de ingresos de capitales sobre el crecimiento económico,
los gobiernos en el poder y la democracia (cuadro 3). Aún cuando sus conclusiones sean
debatibles, los ejemplos ilustran la diversidad de resultados posibles.
Cuadro 3
Consecuencias probables de distintas
formas de ingreso de capitales extranjeros
| Clase de ingreso de capital
|
Riesgo de crisis de balanza
de pagos |
Contribución probable al
crecimiento económico |
Implicaciones para el
gobierno en el poder |
Implicaciones para la
democracia |
| Ayuda externa al gobierno
|
Bajo |
Bajo/Moderado |
Fortalece al gobierno |
Fortalece la influencia
externa |
| Inversión extranjera
directa |
Bajo |
Moderado/Alto |
Fortalece la influencia
externa |
Hace mas difícil la
transición y la consolidación de la democracia |
| Préstamos bancarios de
largo plazo al gobierno (y bancos locales) |
Moderado |
Bajo/Moderado |
Fortalece al gobierno |
Fortalece al gobierno |
| Préstamos bancarios de
largo plazo a las grandes empresas locales |
Moderado |
Moderado/Alto |
Fortalece a las grandes
empresas locales |
Promueve la liberalización
política pero no necesariamente la democracia |
| Préstamos de cartera al
gobierno (y bancos locales) |
Alto |
Bajo/Moderado |
Fortalece al gobierno |
Fortalece al gobierno. Una
crisis de balanza de pagos debilita la autonomía local de política |
| Préstamos de cartera a las
grandes empresas locales |
Alto |
Moderado/Alto |
Fortalece a las grandes
empresas locales |
Promueve la liberalización
política pero no necesariamente la democracia. Una crisis de balanza de pagos debilita la
autonomía local de política |
Fuente: Armijo 1996
Del mismo modo,
no es seguro que aún cuando la «globalización» haga muy costosa la implementación de
políticas insustentables en el mediano y largo plazo las nuevas políticas serán
superiores a las que se aplicarían en un contexto de mayor autarquía. La versión
simplista de este argumento puede encontrarse en la afirmación de una influyente
publicación internacional de que «cuanto más eficiente es el mercado global de
capitales, más probable es que retribuya las políticas económicas sanas y huya frente a
los errores» (The Economist, 1995).
Sin embargo, en
la práctica existe una evidente ambigüedad sobre lo que constituyen «políticas
erróneas» y «políticas correctas», especialmente cuando el objetivo de las mismas no
es especificado. En otras palabras, ¿es una «política correcta» aquella que promueve
el crecimiento o la que mantiene el entusiasmo de los inversores nacionales y extranjeros?
¿La misma política puede hacer ambas cosas a la vez?
II. Los
escenarios internacionales
1. Formas de
mercado y de intervención: los escenarios de Lawrence, Bressand e Ito
La
«globalización» es un proceso vigoroso pero pleno de contradicciones. La más
importante es la creciente disparidad entre las estructuras políticas basadas en el
Estado nación y el carácter crecientemente global de las interacciones y flujos que
vinculan a las distintas economías nacionales. La consiguiente disminución de la
«autonomía» plantea desafíos a la noción misma de soberanía política. No obstante,
este último principio sigue siendo uno de los elementos organizadores fundamentales de la
acción pública.
Este conflicto
clave favorecela emergencia de escenarios diversos para la economía internacional de fin
de siglo.
En un trabajo
que seguramente habrá de tener mucha influencia en el debate de política, Lawrence,
Bressand e Ito (1996) identifican tres escenarios estilizados de largo plazo para la
economía internacional. Su objetivo no es tanto precisar los contornos futuros de la
misma, sino identificar las principales líneas posibles de evolución y las tensiones que
se derivan de cada una de ellas.
Con base en
esta discusión los autores construyen un cuarto escenario de carácter normativo que,
según su visión, permitiría superar las principales deficiencias de cada uno de los
tres anteriores.
Los cuatro
escenarios señalados se ilustran con el gráfico 19. A lo
largo de cada eje se representa la intensidad con que operan el mercado (la «mano
invisible») y las instancias públicas en el campo de las relaciones económicas
internacionales (la «mano visible»). La intensidad de la operación de la «mano
visible» va desde un extremo de «negligencia benigna» (donde las autoridades son
esencialmente prescindentes) a otro de «supervisión colectiva» (donde se maximizan los
esfuerzos de intervención, presumiblemente cooperativa).
Gráfico 1
La
"globalización" y los escenarios de Lawrence, Bressand e Ito
Fuente: Lawrence, Bressand e Ito (1996)
La presencia
del mercado, por su parte, oscila entre un mínimo donde las intervenciones de carácter
administrativo son dominantes («proteccionismo») y un máximo donde la competencia se
utiliza incluso como mecanismo de evaluación de la eficiencia institucional (el
«reconocimiento mutuo»)10. En el plano así recortado
pueden ubicarse los cuatros escenarios de acuerdo a la combinación que cada uno de ellos
hace de mercado y regulación.
El primer
escenario es el del «mundo sin fronteras», donde se combina la preminencia del
mercado y una postura de «negligencia benigna» por parte de las autoridades públicas
(baja o nula coordinación internacional).
Un supuesto
básico de este escenario es la confianza en la capacidad de superación de las tensiones
emergentes del carácter «global» de algunos mercados y transacciones y la base
predominantemente nacional sobre la que se apoya y ejerce el poder político.
Paradójicamente, esto presume la existencia de gobiernos con gran capacidad de arbitraje
entre distintos intereses domésticos y lo suficientemente «fuertes» como para imponer
una agenda de liberalización a sus representados.
El escenario
del «mundo sin fronteras» también supone una elevada confianza en la capacidad del
mercado para promover dinámicas de convergencia y homogeneización, por cuanto éstas
serían las únicas garantías de que el proceso pueda avanzar sin enfrentar obstáculos
políticos insalvables. Además, la presencia de externalidades y derrames debería ser lo
suficientemente tenue como para no colocar demandas irresistibles de coordinación. Dados
estos supuestos y requisitos, el «mundo sin fronteras» parece mas bien una expresión de
deseos (o una proyección ideológica) que un escenario con perspectivas ciertas de
ocurrencia. O, tal como lo señalan los autores, un escenario que «sólo puede existir en
sectores cuidadosamente limitados y definidos».
El segundo
escenario, denominado de «fragmentación», combina bajas intensidades de mercado y
de coordinación pública internacional. Este escenario reproduce, por lo tanto, la
hipótesis clásica del conflicto inter-estatal donde la diversidad se preserva a través
del aislamiento.
Este escenario
no implica necesariamente un retroceso en la intensidad de la «integración superficial»
ya alcanzada, sino la utilización de ciertos instrumentos (como los derechos antidumping,
extendidos ahora al campo de las prácticas laborales o ambientales) para aislar y
preservar segmentos de la economía nacional de la interacción con el resto del mundo.
En este
escenario, las oportunidad abiertas por la «globalización se perderían a manos de la
fragmentación, además de que se agravaría el conflicto político y, eventualmente,
militar.
El tercer
escenario, llamado de «armonización imperial» por los autores, combina una baja
intensidad de mercado con un grado considerable de supervisión colectiva.
Este escenario
supone la convergencia de prácticas e instituciones al interior de grupos de países
entre los que existe una relación de hegemonía bien establecida o estructuras e
intereses básicos compartidos. Para la gran mayoría de los países, este escenario
implica la convergencia hacia los patrones de alguna economía nacional relativamente mas
poderosa o «exitosa». Pero como la propia experiencia de la Unión Europea lo demuestra,
ni aún entre países entre los que no existen grandes diferencias este proceso de
convergencia tiene características lineales o está exento de conflictos y dificultades.
2.
Implicaciones y probabilidades
Cada uno de
estos escenarios diseñados por Lawrence, Bressand e Ito tendría, en un plano
exclusivamente analítico, implicaciones diferentes para los países de América Latina y
el Caribe, o en general, para países de otras regiones.
Como se indicó
antes, el escenario del «mundo sin fronteras» es poco factible desde un punto de vista
práctico pero altamente influyente como argumento normativo para la formulación de
políticas.
Sin embargo, la
traducción de este escenario en términos de políticas internas se asimilaría, como ya
señalamos, a la existencia de gobiernos fuertes con gran capacidad de arbitraje interno.
El corolario podría ser un sesgo autoritario para los regímenes políticos internos.
El escenario de
«fragmentación» también tiene costos significativos que se distribuirían de manera
heterogénea entre los países de la región. El costo más evidente sería la pérdida de
las oportunidades de explotar las ventajas potenciales de la «globalización»,
expresadas a través de un mejor acceso a mercados más integrados. Además, la
«fragmentación» probablemente estaría también asociada a un clima de conflicto e
inestabilidad política global que influiría sobre los países de la región. Para
aquellos países que tienen una relación económica diversificada con el resto del mundo
este escenario sería en extremo inconveniente, en tanto que para aquéllos con vínculos
económicos regionalmente concentrados (especialmente con Estados Unidos) las
consecuencias serían similares a las del escenario de «armonización imperial».
Pero, como ya
se señaló, la armonización no es necesariamente un camino deseable para todas las
partes, y menos aún la adopción de los estándares correspondientes a la economía de
mayor desarrollo relativo.
El escenario de
la «armonización imperial» también colocaría el riesgo de que para muchos países, en
la práctica, podría ser equivalente a la «fragmentación».
Por otro lado,
la probabilidad de ocurrencia de cada uno de estos escenarios, de acuerdo a sus autores,
es muy disímil. El escenario del «mundo sin fronteras» tiene baja verosimilitud debido
a la realidad incontrastable de la persistencia de las bases nacionales del poder estatal
y de la efectividad de las coaliciones domésticas para influir sobre las conductas de los
gobernantes. Esto no excluye, como vimos, su utilidad como instrumento normativo en el
debate sobre políticas.
El escenario de
la «fragmentación», en cambio, es un espectro recurrentemente levantado por quienes
advierten tendencias contradictorias entre el proceso de «globalización» y la paralela
«regionalización» de la economía mundial. De hecho, a períodos de integración
creciente en el pasado han seguido de fases de fragmentaci;_ue fracturaron el sistema
económico y político internacional. Al igual que ocurre en el período actual, la
inexistencia de un Estado hegemónico se ha señalado como un factor de estímulo a la
fragmentación, debido a la baja inclinación para proveer los bienes públicos necesarios
para el funcionamiento integrado de la economía internacional.
Sin embargo, la
probabilidad de ocurrencia de un escenario de «fragmentación» se ha relativizado por la
extensión y el carácter que ha alcanzado el proceso de «globalización», el rol
desempeñado por algunos actores privados en este proceso (eg: las empresas
transnacionales) y la percepción creciente de la funcionalidad de la «globalización»
económica como mecanismo de distensión y estrechamiento de los vínculos políticos
inter-estatales. La emergencia de influyentes «1;élites de opinión» con una alta
visibilidad sobre el debate de política a nivel global agregó un nuevo elemento que
debilita la probabilidad de ocurrencia de este escenario.
El escenario de
la «armonización imperial», podría ser considerado analíticamente más verosímil, al
menos para países que tienen vínculos económicos estrechos con algunos de los actores
estatales capaces de convertirse en polos de armonización.
Las debilidades
identificadas en cada uno de los escenarios reseñados impulsaron a los autores a diseñar
un cuarto escenario normativo basado en la noción de que es posible combinar un rol
activo para el mercado con una dosis elevada de supervisión colectiva.
Este escenario,
llamado «club de clubes», es construido a partir de la existencia de múltiples
asociaciones regionales y funcionales organizadas bajo los principios de membresía
voluntaria, subsidiariedad, transparencia y acceso abierto para quienes admitan las reglas
(en el caso de los clubes funcionales).
De acuerdo a
los autores, los agrupamientos regionales o funcionales deberían incorporar también los
principios de adhesión a estándares mínimos, reconocimiento mutuo, trato igualitario,
excepciones sólo temporarias y capacidad efectiva para implementar compromisos y
decisiones. La peculiaridad del escenario sería que todos ellos contarían, además, con
un ámbito de coordinación y supervisión colectiva, precisamente el «club de clubes».
Un escenario de
esta naturaleza favorece el rol de las partes con menor poder relativo en tanto otorga un
papel importante a los mecanismos de coordinación política. Estos, por definición,
tienen un carácter más equilibrado que el que resultaría de las meras dinámicas de
mercado o poder.
Sin embargo, en
un futuro próximo la evolución más probable parece estar en la dirección de la
profundización de ciertos «clubs» y en la declinación de otros, más que en la
coordinación de los mismos a través de un mecanismo mas inclusivo (el «club de
clubes»).
Finalmente,
puede ser conveniente subrayar que, a efectos analíticos, para los países de América
Latina y el Caribe (y otros países en desarrollo) los cuatro escenarios referidos por
Lawrence, Bressand e Ito no serían necesariamente excluyentes. De hecho, sería posible
suponer la convivencia de un «mundo sin fronteras» en algunos ámbitos (como los
mercados financieros), la «fragmentación« en otros (como el mercado de trabajo) y la
"armonización imperial" para algunos socios elegidos en temas determinados.
Sobre este
conjunto diverso algún «club de clubes» (como la OMC) podría alimentar la esperanza de
un horizonte de mayor cooperación pública internacional.
NOTAS
- Para una visión de este tipo véase, por
ejemplo, Ohmae (1995)
- Para un desarrollo del argumento del
«Estado competitivo» (competititon state), véase Cerny (1995)
- Véase, por ejemplo, Boyer (1993)
- Para una discusión, véase Herring y Litan
(1995)
- Cohen (1996) cita los trabajos de Henning
(1994); Goodman y Pauly (1993) y Andrews (1994).
- Véase Lawrence, Bressand e Ito (1996)
- Véase Khaler (1993)
- Oman, además, enfatiza el papel de la
proximidad geográfica («regionalización») en la organización de dichas redes de
producción como un rasgo impuesto por el nuevo paradigma tecnológico de la producción
flexible.
- Esta presentación gráfica fue expuesta
oralmente por los propios autores en un seminario realizado en la ciudad de México en
1995.
- Para una excelente discusión sobre las tres
formas de administrar el conflicto entre diversidad y apertura (administración del
comercio, armonización y reconocimiento mutuo), véase Khaler (1993)
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