Relaciones externas de América Latina y el Caribe
Edición Nº 46
Abril-Junio 1996 |
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Las
relaciones económicas entre la Unión Europea y América Latina:
situación actual y perspectivas
Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas (IRELA)
Preparado
por el IRELA, sobre la base de sus publicaciones más recientes, particularmente "La
Unión Europea y el Grupo de Río: la agenda birregional 1990-1995 (marzo de 1996)" y
"Foreign Direct Investment in Latin America in the 1990s" (marzo de 1996).
I.
Introducción
Durante los
años noventa se han producido profundos cambios, tanto en Europa como en América Latina,
que han tenido un significativo efecto en las relaciones económicas entre ambas regiones.
La Unión Europea (UE) se ha ampliado de 12 a 15 miembros, y aunque la ampliación hacia
el Este aún no es inminente, ya está suponiendo una realineación de las prioridades de
la Unión. Aparte del proceso de ampliación, la UE está llevando a cabo un proceso de
profundización, con la creación y el fortalecimiento de instituciones políticas y
económicas comunitarias.
América
Latina, por su parte, ha surgido en los últimos años como una de las regiones de
crecimiento más dinámico. Los esfuerzos realizados y los logros alcanzados en cuanto a
la estabilización macroeconómica, apertura de las economías, desregulación de
mercados, procesos de privatizaciones e, igualmente importante, una integración
subregional orientada al exterior, constituyen bases firmes para el futuro y seguirán
generando múltiples oportunidades de comercio e inversión tanto para socios
tradicionales como nuevos.
II. Las
relaciones comerciales: crecimiento absoluto, declive relativo
La gran
mayoría de las exportaciones latinoamericanas gozan ya de acceso libre al mercado europeo
o pagan derechos mínimos: el 45% de las exportaciones accede libre de derechos en virtud
de la cláusula de nación más favorecida y otro 35% se acoge al Sistema de Preferencias
Generalizadas (SPG), pagando en su mayor parte derechos muy bajos o nulos, por lo que el
total de las exportaciones que ingresan en la UE en condiciones favorables asciende al
80%.
Al abordar la
reciente evolución de los lazos comerciales birregionales, es fundamental hacer hincapié
en dos factores claves:
En primer
lugar, el comercio entre Europa y América Latina ha experimentado un significativo
aumento en los últimos cinco años. En el período 1990-1994 el aumento fue de un 26% y
las estimaciones preliminares para 1995 confirman la tendencia a un crecimiento positivo,
bien que relativamente lento. Las exportaciones europeas hacia América Latina, por un
lado, se han incrementado a un promedio del 14% anual desde 1990, impulsadas por el
renovado contexto económico latinoamericano (liberalización y apertura) y las claras
señales de recuperación económica. Por otro lado, en 1994 se produjo un alentador
incremento de las exportaciones latinoamericanas a Europa aunque, durante los primeros
cinco años de la década, tuvieron un crecimiento más bien modesto, debido en parte a
las tendencias recesionistas -y en consecuencia por una menor demanda de importaciones- en
las principales economías de la UE durante estos años1.
En segundo
lugar, Europa se mantiene como un importante socio comercial de América Latina,
situándose en segundo lugar después de Estados Unidos (EE.UU), aunque a pesar del
crecimiento experimentado está perdiendo importancia relativa. La participación de la UE
en el comercio total de América Latina ha caído del 23% en 1990 al 19% en 1995. En gran
parte, se debe al rápido incremento del intercambio intraregional en América Latina y,
en menor medida, al aumento conyuntural de las exportaciones de EE.UU.
Las cifras
preliminares para 1995 sugieren un renovado crecimiento del comercio Europa-América
Latina, junto con variaciones significativas en los flujos comerciales a nivel de países
individuales. Tales variaciones son frecuentes, toda vez que las fluctuaciones de los
precios internacionales de materias primas afectan a los países latinoamericano de modo
diferente según su estructura de exportaciones. Para este último año, se destaca una
serie de acontecimientos que condicionan el comercio birregional:
México ha
conseguido reducir en cerca de la mitad su déficit bilateral de 5.000 millones de
dólares con la UE, gracias a los efectos combinados de la devaluación, que impulsó las
exportaciones mexicanas, y de una profunda recesión que frenó su demanda de
importaciones (México ha sido responsable de la mayor parte del déficit regional con la
UE en los 90).
No obstante,
durante 1995, la balanza comercial parece haberse deteriorado para América Latina. Según
cálculos provisionales, el déficit habría alcanzado los 2.500 millones de dólares,
debido en gran parte al espectacular auge de las importaciones brasileñas procedentes de
Europa. De hecho, Brasil ha sustituido a México como principal mercado de exportación en
América Latina y, junto con este último país, absorben aproximadamente la mitad de las
ventas europeas a la región.
Brasil, con
casi el 40% por ciento del total, es asimismo el primer exportador de la región hacia
Europa. Alemania se mantiene como primer socio comercial de América Latina, con una
quinta parte de las importaciones y una cuarta parte de las exportaciones europeas hacia
la región. Actualmente, Europa es el mayor mercado de exportación para cuatro países
latinoamericanos (Brasil, Cuba, Chile y Perú). Del resto, América Latina es el principal
mercado para las exportaciones de Argentina, Bolivia, Guatemala, Paraguay y Uruguay,
mientras que, para otros 11 países, EE.UU es el primer destino para sus ventas externas.
A nivel
subregional, el MERCOSUR es el primer socio comercial de Europa en América Latina, siendo
en 1994 responsable de un 45% de las exportaciones de la UE hacia la región, y de un 53%
de sus importaciones procedentes de América Latina. Para el MERCOSUR, la UE sigue siendo
el primer socio comercial, con más de una cuarta parte de los intercambios totales de la
subregión2.
Las futuras
pautas comerciales vendrán determinadas tanto por la evolución macroeconómica de Europa
y América Latina como por la capacidad de ambas regiones para adaptarse a dichos cambios.
En el último quinquenio, ambas regiones han adoptado una serie de medidas orientadas a
reducir las restricciones del comercio recíproco. A nivel multilateral, la conclusión de
la Ronda Uruguay del GATT promete una sustantiva liberalización del comercio de bienes
industriales y agrícolas, junto con mecanismos más apropiados de aplicación de las
normas del comercio internacional en el marco de la Organización Mundial del Comercio
(OMC). Así, en parte como respuesta a las negociaciones multilaterales, la UE comenzó
una extensa reforma de sus políticas agrícolas en 1992. Una vez finalizada, la reforma
de la Política Agraria Común (PAC) reforzará la posición competitiva de los
exportadores latinoamericanos en los mercados europeos.
Sin embargo, la
Ronda Uruguay ha resultado en escasos avances en la reducción de picos arancelarios
aplicadas por la UE a los productos sensibles, algunos de los cuales revisten gran
importancia para el comercio birregional. Por su parte, los países latinoamericanos han
continuado los esfuerzos unilaterales de liberalización comercial emprendidos en la
década de los ochenta. Las barreras no arancelarias (BNA) han sido eliminadas en su
mayoría; los aranceles medios son actualmente inferiores al 12% en 11 países de la
región y oscilan entre el 15 y el 18% en otros cinco, siendo en su mayor parte
vinculantes dentro del nuevo acuerdo GATT.
La UE ha
reformado su SPG para productos industriales, haciéndolo más simple, transparente y
predecible. El nuevo SPG, en vigor desde el 1 de enero de 1995, establece aranceles para
un período de cuatro años (previamente se realizaban cambios anuales) y elimina todas
las restricciones cuantitativas. Los aranceles se basan en la sensibilidad específica de
cada producto. Para los productos agrícolas, se ha mantenido el antiguo SPG. El 6 de
marzo de 1996, sin embargo, la Comisión Europea adoptó un reglamento preliminar sobre un
nuevo sistema para estos productos, el cual entrará en vigor el 1 de julio de 1996 por un
período de tres años. Como el SPG industrial, el sistema propuesto para productos
agrícolas prevé recortes arancelarios de entre el 15 y el 100%, reflejando el grado de
sensibilidad de productos específicos y el deseo de ofrecer condiciones especiales a los
países menos avanzados.
Además, desde
1991, los Estados miembros de la UE conceden a cuatro países andinos (Bolivia, Colombia,
Ecuador y Perú) preferencias especiales del SPG dentro de la cooperación de la UE en la
lucha contra las drogas. Estas preferencias, otorgadas inicialmente por cuatro años, se
mantienen hasta 1998 (1999 para productos agrícolas) dentro del nuevo SPG, extendiéndose
además a Venezuela. Por tanto, todos los productos industriales y textiles de estos cinco
países y algunas de sus exportaciones agrícolas, como la miel, los tomates y los
espárragos, gozan de libre acceso al Mercado Unico Europeo (MUE). En principio, estos
privilegios se reservan a los países de menor desarrollo relativo. Asimismo, estas
medidas han sido extendidas a los seis países centroamericanos, los cuales disfrutaron
del mismo trato especial para una extensa lista de productos agrícolas (excepto el
plátano) durante el período 1992-1996.
El nuevo SPG se
caracteriza por una mayor condicionalidad, esencialmente en cuanto al nivel de ingresos de
los países en vías de desarrollo, aunque también a su estructura de exportación
respecto al mercado de la UE. Significativamente, el nuevo sistema se orienta en mayor
grado a los países de menores recursos, por lo que, durante los próximos años, algunos
de los países más avanzados perderán gradualmente sus preferencias en determinados
sectores económicos. Esto afectará en especial a las naciones asiáticas, aunque
también a algunos países latinoamericanos, tales como Argentina, Brasil, Chile y
México. El 8 de mayo de 1996, en el contexto de la reunión anual de la Comisión Mixta
UE-Brasil, el Gobierno brasileño manifestó su preocupación con el posible impacto
negativo del nuevo SPG en las exportaciones a Europa, sobre todo en términos de productos
como café, tabaco y papel.
El acuerdo
UE-MERCOSUR del 15 de diciembre de 1995 es el ejemplo par excellence de la nueva relación
entre la UE y América Latina. Constituye un primer paso hacia futuras negociaciones
conducentes a la liberalización comercial entre ambos bloques regionales. También están
avanzando las conversaciones sobre acuerdos comerciales y de cooperación con México y
Chile3. De hecho, este último país firmaría el acuerdo el
21 de junio de 1996 en Florencia. De esta manera la UE tiene dos estrategias definidas con
los países de América Latina: el acceso privilegiado de los países de la Comunidad
Andina y de América Central, por un lado, y nuevos acuerdos con fines de liberalizar el
comercio con el MERCOSUR, Chile y México por el otro.
III.
Acceso a mercados y pirámide de preferencias de la UE
La nueva
prioridad de Europa Oriental en la pirámide de preferencias de la UE ha cambiado
parcialmente la posición relativa de América Latina respecto al acceso de algunos
productos al mercado comunitario. Con la aplicación gradual de los Acuerdos Europa, los
países de Europa Central y Oriental (PECO) han adquirido libre acceso a la UE para
virtualmente todas sus exportaciones industriales, exceptuando productos sensibles.
También se ha concretado una liberalización relativa en el comercio agrícola. Los
acuerdos han acelerado el proceso que se inició a raíz de las transformaciones en Europa
Oriental a finales de los ochenta.
Es importante
observar que entre 1988 y 1994 las exportaciones latinoamericanas a la UE continuaron
incrementándose durante algunos años y que la participación global de América Latina
en las importaciones de la UE decreció menos de un 1%. En 1994, de hecho, América Latina
consiguió ampliar su parte de mercado respecto a 1993, pese al crecimiento de las
exportaciones de los PECO a la UE ese mismo año.
Es menester,
además, relativizar el papel de Europa Oriental en el comercio global de la UE. Por una
parte, los PECO son responsables de alrededor del 5% de las importaciones totales
(extra-UE) de la Unión, una proporción casi exactamente igual a la de América Latina.
Por otra parte, el comercio total UE-Europa Oriental suma unos 60.000 millones de dólares
por año, un valor sensiblemente inferior al intercambio de la Unión con América Latina
(en ambos casos, la UE registra un superávit de varios miles de millones de dólares).
Finalmente, el crecimiento del comercio de la Unión con los países de Europa Oriental
(de un 150% entre 1989 y 1994) ha sido rápido pero menos que el correspondiente
incremento en el intercambio UE-América Latina.
Es más, una
desviación significativa de comercio derivada de los Acuerdos Europeos será improbable
por varias razones:
La
superposición de ofertas no es muy elevada a nivel de productos individuales. La
industria textil, por ejemplo, es fuerte en ambas regiones pero se especializa en
diferentes productos en cada una de ellas.
Aún donde
existe una clara superposición comercial, no siempre se observa una desviación de
comercio. Tal es el caso de aquellas categorías en las que los productos latinoamericanos
también se benefician de libre acceso o para productos en los que, pese a la existencia
de preferencias, los PECO no tienen una clara ventaja comparativa.
Finalmente, los
productos latinoamericanos que afrontan mayores obstáculos de acceso a los mercados de la
UE (textiles, acero y productos agrícolas) son también aquellos en los que se da una
liberalización más lenta en el comercio UE-PECO.
Con todo,
algunas exportaciones siguen afrontando obstáculos. Hasta una quinta parte de las
exportaciones totales a la UE deben superar BNA. En el sector alimentario, las BNA afectan
al 30% de las exportaciones de América Latina a la UE y a una cuarta parte del valor de
éstas. Esto puede explicar en cierto grado las dificultades de la región para
incrementar sus ventas y constituye un argumento para reforzar los vínculos comerciales
UE-América Latina. Las limitaciones de la oferta también revisten importancia: los
países asiáticos, aún enfrentándose a iguales problemas de acceso que América Latina,
han acrecentado drásticamente sus exportaciones a la UE.
IV.
Tendencias recientes de la inversión en América Latina
Un estudio
sobre los flujos de la inversión extranjera directa (IED) a la región publicado
conjuntamente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) e IRELA en marzo de 1996
indica que, entre 1990 y 1995, América Latina recibió 66.000 millones de dólares en
IED, con entradas de 17.000 y 20.000 millones en 1994 y 1995 respectivamente -ingresos que
representan un 11,3% de los flujos mundiales de inversión directa y más de una cuarta
parte de la afluencia total a los países en desarrollo. Los flujos anuales de inversión
directa en los años noventa han sido cuatro veces mayores que durante el periodo
1985-19894.
Los flujos de
IED a la región en 1995 se vieron poco afectados por la crisis mexicana, a diferencia de
las inversiones de cartera. Las entradas parecen igualar, o en algunos casos superar, las
cifras ya de por sí altas de 1994. Brasil recibió los mayores flujos (más de 3.200
millones de dólares), seguido de cerca por México y Argentina, pese a que estos países
fueron los más afectados por el "efecto tequila"5.
Dentro de este
cuadro general:
-Estados Unidos
(EE.UU.) ha desplazado a Europa como primera fuente de inversión en la región, con casi
tres cuartas partes de la IED recibida en América Latina entre 1990 y 1994 (33.600
millones de dólares).
-Los flujos de
IED de Europa, en franca recuperación desde 1993, han rebasado los 10.000 millones de
dólares en el primer quinquenio de la década. Globalmente, sin embargo, Europa ha
contribuido con menos de una cuarta parte de los flujos totales. La IED europea a
principios de los noventa se vio afectada ostensiblemente por la recesión económica en
la mayoría de los Estados miembros de la UE y por el hecho de que numerosas firmas
europeas se centraron en la adaptación a un mercado único incipiente. Lo exiguo de la
inversión directa europea en América Latina durante este período se inscribía, pues,
en una tendencia igualmente perceptible en otras regiones.
-La inversión
directa de Japón ha mantenido un nivel singularmente bajo, con sólo un 4% (1.900
millones de dólares) de los flujos totales a América Latina entre 1990-1994.
Esto contrasta
marcadamente con el panorama de finales de los ochenta, cuando Europa era claramente el
mayor inversor (54%), seguida por EE.UU. (40%) y Japón (6%), aunque la IED total sólo
equivalía a una cuarta parte de los flujos registrados en los años noventa. No obstante,
los flujos de IED europea pasaron de un bajo nivel en 1990-1993 a máximos históricos en
1994 (4.600 millones de dólares). De hecho, la IED media anual europea entre 1990 y 1994
superó en un 60% su nivel de los años ochenta. Los principales destinos han sido Brasil,
Argentina, México, Perú y Chile. En 1994, gracias a una cuantiosa inversión española
en la industria de telecomunicaciones, Perú fue el mayor receptor (1.500 millones); le
siguen Argentina (700 millones), Brasil (600 millones), México (510 millones) y Chile
(360 millones).
Globalmente,
España se ha convertido en los noventa en el primer inversor de la UE en América Latina
(con un 27% a lo largo del quinquenio y un 45% en 1994) por delante del Reino Unido (25%),
aunque esta "tendencia" obedece en gran medida a la adquisición de la empresa
peruana de telecomunicaciones. Los otros grandes inversores son Alemania, Francia y los
Países Bajos. Sorprende la disminución de la IED italiana hasta tan sólo un 1,1% del
total de los flujos europeos a la región. En general, el MERCOSUR ha sido el principal
destino de la IED europea en los noventa, absorbiendo más de la mitad de los flujos de
Alemania, Francia, los Países Bajos y el Reino Unido hacia América Latina.
Revisten
importancia de cara al próximo milenio una serie de factores:
- Respecto a la
IED fuera del ámbito de la OCDE (México incluido, pese a ser miembro de la OCDE), los
flujos europeos muestran un mayor equilibrio geográfico. En la década de los noventa, un
64% de la IED extra-OCDE de EE.UU se ha dirigido a América Latina y un 61% de la IED
japonesa ha ido a Asia Meridional y del Este. Los principales receptores de IED europea
fuera de la OCDE no han sido países vecinos; por el contrario, América Latina viene en
primer lugar (30%), precediendo a Asia Meridional y del Este (26%) y al conjunto de Europa
Central y Oriental, la antigua Unión Soviética y los países de la Cuenca del
Mediterráneo (26%).
- Es poco
fundado el temor a una desviación de la IED de la UE hacia Europa del Este. La IED
europea en América Latina se destina ante todo a la oferta de bienes y servicios para los
mercados locales o a la extracción de recursos naturales. El concepto de desviación de
inversiones tiene en todo caso escasa relevancia para estos flujos y se aplica
esencialmente a la IED para la exportación. Un excelente ejemplo de las actuales
tendencias es la industria automotor, en la que, pese a las masivas inversiones de los
principales fabricantes europeos en Europa Oriental y en China, no existe evidencia de una
desviación de IED a costa de América Latina. Por el contrario, estos mismos
constructores europeos proyectan invertir durante el próximo quinquenio entre 5.000 y
10.000 millones de dólares en la modernización de sus plantas de producción en el
MERCOSUR, México, Colombia y Venezuela6.
Los flujos de
la UE a Asia -una de las regiones en desarrollo de mayor atractivo para la inversión
extranjera- han sido levemente inferiores a los de América Latina en la presente década.
La IED europea en Asia entre 1990 y 1994 fue de 7.500 millones de ECUs, según cifras de
EUROSTAT. Tres cuartas partes del total se invirtió en la extracción _petróleo y gas
incluidos_ y una quinta parte en servicios financieros, sectores con una menor
probabilidad de verse afectados por una desviación de inversión entre regiones. En
contraste con los flujos de la UE a América Latina, se observó una desinversión en las
redes de transporte y telecomunicaciones asiáticas.
El estímulo a
la IED europea proviene en gran parte de los programas de integración subregional (ante
todo el MERCOSUR y el Tratado de Libre Comercio, TLC, pero también los acuerdos de libre
comercio bilaterales) y de los programas de privatización. El cambio de propiedad
subsiguiente a la privatización se asocia cada vez más con una sustantiva afluencia
adicional de inversiones directas a fin de modernizar las empresas en cuestión,
notablemente en los sectores de telecomunicaciones y energía (por ejemplo generación,
transmisión y distribución de electricidad).
La calidad de
la IED europea aumenta rápidamente, ante la progresiva tendencia de los inversores a
introducir las más novedosas tecnologías y técnicas de producción (en especial en
inversiones nuevas). Las telecomunicaciones y el sector automotor, principalmente en la
producción de vehículos en México y el MERCOSUR, son la mejor ilustración al respecto.
Asimismo, las firmas multinacionales incluyen cada vez más a América Latina en sus
estrategias mundiales -o al menos regionales- en lo que a estructura organizativa, I + D,
producción y comercialización se refiere.
En cuanto a
sectores económicos, los que han recibido una mayor cantidad de IED de Europa -como
también es el caso de otros inversionistas extranjeros- han sido los de petróleos y gas,
siguiendo las corrientes de apertura al capital privado de estos sectores, industrias de
la construcción y turismo, y en alguna países los servicios financieros y los seguros.
Entre los sectores manufactureros, especialmente le automotor, también han tenido gran
importancia. Mas de la mitad de la IED de la UE en México durante los últimos cinco
años se ha dirigido a bienes manufacturados para el consumo interno, como los productos
químicos y farmacéuticos y las bebidas.
Finalmente, el
análisis de los flujos de inversión europea a América Latina debería efectuarse en un
marco más global:
La expansión
de los flujos de IED estadounidense ha abarcado a casi todos los países latinoamericanos
en los años noventa, siendo Brasil y México los mayores receptores (con cerca de un
tercio cada uno). Aunque las firmas de EE.UU. comenzaron a invertir sustancialmente en
México antes de entrar en vigor el TLC, en 1995 la IED de EE.UU. fue mayor en Brasil
(3.500 millones de dólares) que en México (3.300 millones). Otros importantes destinos
durante el primer quinquenio de los noventa han sido Chile y Argentina (1.300 millones
cada uno), Venezuela y Colombia (1.000 millones en su conjunto).
El bajo nivel
de la IED de Japón se debe en parte al agudo declive de la actividad económica y
bursátil japonesa durante buena parte de la década, y en parte a que tradicionalmente
América Latina no ha revestido especial importancia para Japón como base de producción
o socio comercial. Desde 1990, no obstante, la IED total japonesa en la región ha
duplicado su nivel de los años ochenta, destinándose mayormente a México y Brasil.
En este
análisis es fundamental tener en cuenta que la IED intrarregional ha crecido
sustancialmente en todas las grandes economías latinoamericanas, ya sea en términos
absolutos o como proporción del total. Expresada en dólares, el stock de IED
intrarregional se ha duplicado o triplicado en la mayoría de los países,
quintuplicándose inclusive en los casos de Perú y Venezuela.
-En Argentina,
la IED acumulada de Chile y Brasil supera a la de Canadá, España, Francia, Japón o el
Reino Unido;
-En Bolivia,
Argentina viene en quinto lugar en IED acumulada, por delante de Japón o cualquier país
europeo excepto Alemania;
-En Chile,
Argentina posee un stock de IED mayor que el de Alemania o Francia;
-En Colombia,
Venezuela posee una proporción mayor que la de Japón y todos los inversores europeos,
excepto el Reino Unido;
-En Ecuador, el
stock de IED venezolana excede a la de Canadá y Japón combinados;
-En Perú,
Chile es el cuarto mayor titular de IED acumulada, aventajando a España, Estados Unidos y
el Reino Unido.
Globalmente,
Chile es el inversor más activo en la región. En noviembre de 1995, el stock de
inversiones directas chilenas en el exterior se aproximaba a 2.400 millones de dólares,
de los que un 86% está invertido en América Latina y el Caribe y un 11% en Europa. Cabe
destacar asimismo en este contexto que: (i) más de 300 empresas de Brasil tienen
proyectos de inversión en Argentina, mientras que los flujos de IED brasileña a
Argentina en 1994 oscilaron entre 500 y 800 millones de dólares; (ii) entre 1990 y 1994,
los flujos totales de IED mexicana hacia América Latina excedieron los 600 millones de
dólares, de los que una quinta parte fue a América Central.
V.
Instrumentos comunitarios de promoción de inversiones
La mayor parte
de los países latinoamericanos han firmado en los años noventa acuerdos bilaterales de
promoción y garantía de inversiones con sus principales socios comerciales de la UE.
Estos acuerdos abarcan por norma aspectos tales como la doble tributación, mecanismos de
compensación en caso de expropiación y garantías de repatriación de beneficios.
En el curso de
la década, la UE ha firmado acuerdos de cooperación de tercera generación con todos los
países latinoamericanos, excepto Cuba, ampliando así de forma sustantiva las
oportunidades de fomentar los flujos birregionales de inversión. Dos instrumentos
principales relacionados entre sí han sido ideados con este fin: el programa UE-América
Latina de cooperación empresarial y promoción de inversiones (AL-INVEST) y el programa
European Community Investment Partners (ECIP). Estos dos instrumentos buscan conjuntamente
aportar un marco claro de cooperación empresarial interregional y propiciar la creación
de empresas conjuntas entre firmas europeas y latinoamericanas.
AL-INVEST II,
programa continuación del exitoso AL-INVEST, tiene por finalidad organizar anualmente
durante los próximos cinco años 30 encuentros empresariales birregionales entre unas
10.000 compañías europeas y latinoamericanas. Asimismo, el programa reforzará las redes
comerciales interregionales, notablemente los 30 "Eurocentros" de cooperación
empresarial que ofrecen a empresarios latinoamericanos acceso local a la información que
requieren. Por otra parte, las empresas conjuntas surgidas de AL-INVEST son elegibles a
los fondos de inversión ECIP. Este programa opera a través de una red de instituciones
financieras latinoamericanas participantes, ofreciendo hasta un 50% de los fondos totales
de la inversión requerida.
Es fundamental
señalar, en este contexto, que el programa de préstamos del Banco Europeo de Inversiones
(BEI) es la más significativa iniciativa de promoción de inversiones de la UE en
América Latina. Funciona como eficaz catalizador de la inversión de la UE en la región.
El programa piloto de préstamos del Banco para América Latina y Asia ha desembolsado en
el período 1993-1996 unos 750 millones de ECUs en las dos regiones (se está a la espera
de que un nuevo programa sea aprobado en breve). América Latina percibió más de la
mitad de estos fondos, con préstamos totales próximos a los 400 millones de ECUs.
Las empresas
latinoamericanas y de la UE han mostrado un pronunciado interés en el programa piloto del
Banco. Diez Gobiernos latinoamericanos han firmado con el Banco acuerdos marco que le
permiten financiar, según el caso, hasta un 50% de los proyectos de inversión de
interés común. Desde un primer momento, el grueso de los préstamos del BEI a América
Latina han financiado grandes proyectos de infraestructura pública, incluido el sector
privatizado de servicios públicos. La Comisión Europea es favorable a un incremento
sustancial del monto disponible para América Latina y Asia y propone una extensión por
un año, hasta el 22 de febrero de 1997, con una financiación de 410 millones de ECUs (un
aumento del 64%). Dado que los mandatos del BEI para el Mediterráneo, Europa Central y
Oriental y Africa del Sur culminan en 1996, se espera convenir en un nuevo mandato que
cubra todas las actividades extracomunitarias del BEI.
VI.Tendencias
hacia el año 2000
En los años
noventa el comercio entre Europa y América Latina ha aumentado notablemente, aunque se ha
producido una disminución de la importancia relativa de Europa como proveedor de América
Latina. El mayor reto de los próximos años será garantizar la plena y oportuna
aplicación de los acuerdos de la Ronda Uruguay y movilizarse gradualmente hacia una mayor
apertura en los niveles multilateral y birregional. No obstante, estrechar lazos
comerciales supone la adopción por ambas partes de estrategias activas de exportación y,
para América Latina en particular, un esfuerzo sostenido por acrecentar la productividad
y la competitividad internacional en sectores económicos cruciales. Será fundamental la
capacidad de la región de asegurarse los flujos necesarios de inversión extranjera como
un aumento significativo del ahorro interno.
De cara al año
2000, también revistirán importancia en el desarrollo de las relaciones económicas
birregionales las siguientes pautas de índole diversa:
l La evolución
de los procesos de integración subregional, que inevitablemente afectará los lazos
económicos y políticos entre Europa y América Latina. Se señala que, a pesar de los
indudables éxitos cosechados en los 90, perviven en Europa algunas dudas con respecto al
futuro de la Comunidad Andina (por lo menos en términos del mercado común andino) y, en
menor medida, referente a la consolidación económico-institucional del MERCOSUR. Este
último esquema subregional todavía se encuentra en la fase de construcción de un área
de libre comercio parcial (sólo engloba los bienes, y no los servicios ni personas
física e inversiones), con instituciones exclusivamente intergubernamentales.
2 La estrategia
comercial de EE.UU en América Latina. Hasta cierto punto, las iniciativas para
(eventuales) acuerdos de liberalización comercial entre la UE y el MERCOSUR, Chile y
México representan una respuesta concreta a la estrategia contundente adoptada por
Washington en los últimos tres años para así potenciar las exportaciones e inversiones
de EE.UU. en la región. La UE no está dispuesta ni a renunciar el acceso a los
principales mercados latinoamericanos, ni a doblegarse en cuestiones de principios
internacionales (como se desprende de la reacción europea frente a la Ley Helms-Burton).
Con el enfriamiento del proceso TLC7, la UE también ha
podido "desacelerar" la firma de acuerdos comerciales con América Latina, algo
políticamente sensible en el contexto europeo actual. Sin embargo, queda muy clara la
intención de establecer tales acuerdos a mediano y largo plazo.
Finalmente,
cabría destacar que el desarrollo de las relaciones económicas birregionales serán
igualmente una función del desenlace de la integración europea -sobre todo la
perfección del mercado único, el lanzamiento de la unión económica y monetaria, así
como el ingreso de hasta diez nuevos Estados miembros en los próximos 15 años- y el
"performance" real y sostenido de la economía europea. En este sentido, los
futuros lazos UE-América Latina estarán fuertemente condicionados por acontecimientos en
ambas regiones.