Experiencias
y modalidades de desarrollo binacional
fronterizo en América Latina
Telasco Pulgar
Venezolano, Doctor en Ciencias Económicas y Sociales
de la Universidad de Berlín, Alemania. Actualmente se desempeña
como Coordinador Jefe de Integración y Cooperación del SELA.
Por razones
metodológicas, dividiré estas breves reflexiones en cuatro partes estrechamente
vinculadas: las experiencias logradas en Europa en cuanto al desarrollo en fronteras; las
experiencias similares latinoamericanas; los criterios y pautas para desarrollos
binacionales exitosos y, finalmente, algunas ideas acerca del apoyo que puede dar el
Sistema Económico Latinoamericano (SELA) a convenimientos bilaterales desde su esencia
eminentemente multilateral.
I. El
problema de las disparidades
En primer
lugar, en la actualidad pareciera haber cobrado fuerza la convicción de que el desarrollo
binacional en el ámbito de las fronteras es una de las formas más importantes de atenuar
las grandes disparidades económicas y sociales entre países que participan en un proceso
de integración. Estas disparidades, hoy en día tan marcadas como antes de iniciarnos en
programas integracionistas, han sido fuente de conflictos dentro de muchos acuerdos de
integración debido a la disconformidad que países de menor desarrollo y más rezagados
económicamente que otros suelen manifestar con relación a la obtención desigual de los
beneficios de la integración.
El problema de
las disparidades entre países que comparten objetivos y proyectos integracionistas ha
recibido, desde luego, la debida atención en nuestros tratados de integración, mas no el
de las disparidades entre subregiones nacionales. Tanto en el marco de la Asociación
Latinoamericana de Integración (ALADI), como en el Mercado Común Centroamericano y en el
Grupo Andino se han diseñado y aplicado políticas dirigidas a atenuar disparidades
económicas entre sus socios; sin embargo, las mismas no pudieron trascender el ámbito
comercial y, algunas veces, financiero, por lo que no han conducido a modificaciones
estructurales de las economías y subregiones rezagadas.
Por
consiguiente, es un hecho reconocido que frente a los esquemas y fórmulas tradicionales
de integración, de marcadas tendencias mercantilistas, deben ensayarse nuevas modalidades
cuyo objetivo central sea la generación de lazos firmes y crecientes de interdependencia
económica, mediante la realización, entre otras medios, de programas y proyectos
concretos de interés común de dos o más países. Estamos convencidos de que uno de esos
medios de generación y consolidación de interdependencias reales, es sin duda, la
política de desarrollo regional y, dentro de ésta, la de integración fronteriza.
En ese sentido,
es alentador observar el renovado interés de los gobiernos, organismos, empresarios e
intelectuales por promover la integración fronteriza como un instrumento de estímulo al
desarrollo y de afianzamiento de los objetivos generales de la integración, así como una
posibilidad cierta de contribuir a una mayor articulación de las economías y las
sociedades, propiciando un entorno cultural y humano favorable. Se trata, en definitiva,
de reemplazar el divorcio y la soledad de la frontera por la cooperación que estimule el
desarrollo y la integración.
Tradicionalmente,
en nuestros países, aunque siempre abrumados por diferendos fronterizos heredados del
pasado, en razón de facilitar las conexiones con los mercados mundiales para su comercio
exterior, se estimuló una determinada localización de la producción y de las
poblaciones que restó importancia económica y social a las regiones fronterizas,
abandonándolas a su suerte a pesar de las inmensas potencialidades en recursos naturales
y humanos que éstas representan.
De tal suerte
que, en el mejor de los casos, la frontera fue concebida primordialmente como límite
político o línea de demarcación de jurisdicciones nacionales, recordada únicamente por
uno que otro litigio y soslayada, por lo general, a la hora de diseñar políticas de
desarrollo, incluso las de integración.
Por ello, vale
la pena reflexionar sobre algunos ejemplos históricos de políticas de desarrollo
espacial ubicadas en fronteras que han tenido efectos importantes en la integración
económica entre naciones.
II. La
experiencia europea
La política de
desarrollo regional que hoy exhiben los países de la Unión Europea siempre formó parte
indisoluble de los programas integracionistas europeos, puesto que los desequilibrios
entre países y regiones eran al inicio tan grandes que hubieran hecho muy difícil, si no
imposible, la concreción de los programas y proyectos de la Comunidad Económica Europea
de aquel entonces.
No fue por pura
casualidad que uno de los primeros estudios realizados por la Comunidad, en 1959, se
destinó a trazar las grandes líneas de acción de una política comunitaria de
desarrollo regional y fronterizo. El criterio básico de ese estudio era que la
integración en las fronteras debía derivarse, como efectivamente ocurrió, de una
política regional común.
Dicho estudio
puso de manifiesto, sobre la base de una serie de indicadores, que las regiones menos
desarrolladas eran las periféricas, con enormes disparidades de crecimiento económico
del orden de 5 a 1 con respecto a las regiones de mayor ingreso per cápita y desarrollo
industrial.
Por lo tanto,
la preocupación por el desarrollo regional y fronterizo adquirió la primera prioridad y
de inmediato fue convocado un grupo de expertos que realizó un trabajo de delimitación
de las llamadas "zonas críticas", entendiendo por tales las zonas industriales
en decadencia, las zonas de escasos recursos, bajo nivel cultural y precaria
industrialización, y, por supuesto, las regiones fronterizas.
A finales de
1959, se adoptó un programa mínimo de aplicación inmediata para cubrir cuatro grupos de
problemas concretos: regiones con una sola industria, polos de desarrollo, efectos
"spread" (de propagación o comunicación de la prosperidad) y complementariedad
de regiones fronterizas. Se examinaron fórmulas de estímulo al desarrollo de las
regiones atrasadas o periféricas del Mercado Común, las cuales incluían políticas para
que determinadas regiones atrasadas, especialmente las fronterizas, pudieran beneficiarse
de su proximidad a otras muy industrializadas.
En el campo
financiero, esta política contó con el apoyo del Banco Europeo de Inversiones, creado en
el marco del Tratado de Roma con la misión específica de contribuir al desarrollo
equilibrado del Mercado Común, mediante el financiamiento de programas destinados a
revalorizar regiones menos desarrolladas y proyectos de interés común para varios
países miembros. Para aquel entonces, este Banco se inició con un capital de 1.000
millones de dólares destinados casi exclusivamente a tales fines.
En realidad, la
experiencia europea confirma un hecho histórico: la integración europea pasó por la
integración fronteriza y hasta podría decirse que la tuvo a ésta como base de despegue
y consolidación.
Es evidente que
la integración en las fronteras europeas, basada en políticas comunitarias pero también
en emprendimientos binacionales, sirvió para motorizar profundas transformaciones
económicas, sociales y culturales en las zonas atrasadas, aumentando de esa manera su
capacidad económica y social de aprovechar los beneficios de la integración y
aproximándolas progresivamente al nivel de las más desarrolladas. En la actualidad,
después de casi cuarenta años de integración, las discrepancias en el nivel de
desarrollo y de ingreso per cápita entre diferentes regiones -las centrales, las costeras
y las fronterizas- son mucho menores aunque no por eso han dejado de ser motivo de
preocupación.
En efecto,
dichas disparidades no sólo no han desaparecido sino que han surgido otras como las que
emergen de la incorporación de España y Portugal al Mercado Común, de la reunificación
alemana y de la tendencia de las industrias a localizarse en el centro de Europa como
consecuencia de la fuerte competencia a que están sometidas, propiciando el surgimiento
de grandes concentraciones industriales y demográficas.
Por
consiguiente, la reducción de las disparidades entre regiones y países sigue siendo una
prioridad de la integración europea, razón por la cual a la política de desarrollo
regional se le asignan cada vez más recursos y medios, y son muchas las agencias e
instrumentos creados para promover el desarrollo regional.
Pero lo que
interesa destacar es que, en todo caso, desde el punto de vista teórico y práctico, la
experiencia europea demuestra que el éxito de un proceso de integración entre naciones
supone el estímulo permanente de una serie de acciones comunitarias y binacionales de los
gobiernos ante las situaciones de desequilibrio, que atenúen los efectos de las fuerzas
del mercado cuando éstas empiecen a operar libres de obstáculos comerciales.
III. La
experiencia latinoamericana
Lo primero que
cabe destacar es que ninguno de los tratados que instituyeron los actuales esquemas de
integración previeron normas o políticas -salvo algunas discretas pautas sobre
integración física y tráfico fronterizo- que estuvieran destinadas a enfrentar el
problema de las grandes desigualdades en el nivel de desarrollo y de ingreso per cápita
entre las diferentes regiones de los países socios, las centrales y las periféricas,
dentro de las cuales, las más atrasadas se localizan casi siempre en las fronteras.
Dichos tratados
han enfocado el problema de la necesidad de atenuar las disparidades exclusivamente entre
naciones y no entre regiones y, además, bajo una orientación comercialista: otorgar
compensaciones arancelarias y mecanismos de protección a los países de menor desarrollo,
vale decir, Bolivia y Ecuador en el Grupo Andino; Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay en
la ALADI; Honduras y Nicaragua en Centroamérica. Mientras que la grave problemática de
las regiones subnacionales retrasadas nunca ha sido considerada y, por lo tanto, no se han
adoptado políticas ni mecanismos comunitarios de corrección.
El resultado ha
sido, después de muchos esfuerzos durante casi cuatro décadas, que esos tratamientos
diferenciados o especiales en favor de los países menores han tenido una precaria o
ninguna repercusión en esas economías, perpetuándose e incluso agravándose las
disparidades como fuentes de crisis recurrentes en los procesos de integración del pasado
y que pudieran aflorar en los nuevos acuerdos que se han venido suscribiendo.
Por lo tanto,
en ausencia de políticas de desarrollo regional y fronterizo basadas en programas
dirigidos, los esfuerzos de integración en frontera que se han adelantado en América
Latina han surgido, por lo general, espontáneamente, y han respondido casi siempre a
requerimientos circunstanciales y no a políticas de desarrollo integral de las regiones
involucradas, por lo que sus efectos en lo económico, social y cultural de las regiones
de frontera han sido exiguos y no han estimulado el proceso general de integración.
Los
instrumentos aplicados fueron destinados principalmente a facilitar el comercio
intrarregional y el tráfico de personas y vehículos, mientras se omitían compromisos y
medidas para constituir zonas fronterizas de desarrollo compartido. Al mismo tiempo, en el
orden institucional, los regímenes adoptados no han sido adecuados para incluir todo el
entorno de las regiones fronterizas, han adolecido de continuidad administrativa y de
suficiente apoyo político. Por otro lado, se ha seguido el procedimiento de conducir los
asuntos relacionados con la cooperación e integración en las fronteras a nivel de los
gobiernos centrales, sin participación efectiva de los agentes económicos e intereses
locales.
Sin embargo, en
la actualidad podemos hablar de un cierto cambio de concepción que le asigna a la
integración fronteriza objetivos de desarrollo y de integración regional.
Los más
importantes avances en ese sentido se registran en el marco del Grupo Andino, del Tratado
de la Cuenca del Plata y de ALADI.
El Grupo Andino
ha venido considerando un programa que comprende un conjunto de políticas y acciones
concretas relacionadas con las fronteras colombo-venezolana, colombo-ecuatoriana,
ecuatoriano-peruana y boliviano-peruana, las cuales trascienden la esfera estrictamente
comercial y de integración física para abarcar aspectos fundamentales del desarrollo de
las regiones involucradas.
Por su parte,
los países miembros del Tratado de la Cuenca del Plata decidieron también considerar de
interés prioritario la cooperación fronteriza, adoptando resoluciones orientadas a
impulsarla y promover entendimientos entre los agentes económicos.
Igualmente,
entre Brasil y Argentina, y más tarde entre los socios de MERCOSUR, el estímulo a la
integración de las regiones y de las comunidades fronterizas ha adquirido una atención
cada vez mayor. Lo novedoso de los acuerdos logrados hasta ahora entre Brasil y Argentina
es que abarcan varios estados del Brasil y varias provincias de Argentina, y su ejecución
estará a cargo de un grupo permanente de autoridades centrales y locales que contarán
con la colaboración de Comités de Frontera.
IV. El
papel del SELA
El SELA, como
organismo de cooperación regional, no sólo promueve y apoya estos entendimientos de
carácter binacional sino que también ha contribuido con estudios sobre el importante
papel que pueden jugar las fronteras en el desarrollo y la integración de nuestros
países.
En ese sentido,
hace algunos años el SELA participó en un estudio realizado por el INTAL dirigido a
levantar un inventario de los proyectos de integración fronteriza existentes en toda
América Latina, con el objeto de estimar su potencial y determinar sus necesidades de
asistencia técnica o financiera. Este estudio tuvo como punto de partida una labor de
campo efectuada en casi todos los países centroamericanos y sudamericanos, la cual
incluyó visitas a regiones de frontera.
El trabajo
permitió identificar un conjunto de acciones que constituyen veintisiete iniciativas
activas de integración fronteriza, las cuales cuentan con cierta estructura institucional
y algunas están en la etapa de ejecución; representan unos ciento sesenta y cuatro
proyectos de inversión y un gran número adicional de acciones complementarias. Cabe
destacar que en esas iniciativas y programas participan dieciséis Estados Miembros del
SELA, muestra suficientemente representativa de que la integración fronteriza realmente
ocupa un lugar importante en la región como forma de vinculación económica.
En otras
palabras, más del 75 por ciento de los Estados Miembros del SELA están involucrados en
uno o varios programas o iniciativas de integración fronteriza formalizadas
institucionalmente, razón por la cual se trata de un tema que debe recibir nuestra
máxima atención.
Si se
consideran por grandes áreas geográficas, su distribución sería la siguiente:
Centroamérica
6
Grupo Andino 5
Pacto
Amazónico 5
Cuenca del
Plata 8
Argentina-Chile
3
Asimismo,
dentro de ese grupo se identificaron cuatro programas, que se definen como un conjunto de
acciones y proyectos organizados en forma interrelacionada y contribuyendo a un objetivo
general.
Estos programas
son: el Plan Trifinio, entre Guatemala-Honduras y El Salvador; el desarrollo integral de
la Cuenca del Río Putumayo, entre Colombia y Perú; la integración del área fronteriza
boliviano-peruana y, la integración fronteriza de la Comisión de Cooperación para el
Acuerdo de la Frontera Argentino-Uruguaya.
El estudio
permitió, en ese momento, identificar la existencia de un importante conjunto de
programas e iniciativas de integración fronteriza formalizadas institucionalmente y,
además, un número también sustantivo de iniciativas todavía no claramente formuladas,
con escaso grado de concreción técnica, institucional y política.
a.
Propuestas para el desarrollo binacional
Diversos son los aspectos que se pudieran derivar de esas experiencias para poder
formular programas coherentes de apoyo y promoción a desarrollos binacionales en
fronteras. Un breve resumen sería el siguiente:
1. En primer
lugar, se requiere contar con una política de desarrollo regional en la cual se inserte
la política fronteriza. Dicha política regional-fronteriza debe gozar de la misma
jerarquía que tienen otras políticas. El inventario realizado demuestra, por el
contrario, que la mayoría de nuestros países no cuentan con políticas
espaciales-fronterizas coherentes y orgánicamente formuladas, que incluyan la
integración fronteriza como un instrumento específico.
2. En
comparación con la integración bi o multilateral, la integración regional-fronteriza se
expresa en procesos más controlables, sus costos y beneficios son más fácil y
rápidamente identificables. Además, esta forma de vinculación económica hace posible
dar un tratamiento diferenciado a las regiones circundantes y a las zonas de frontera
según los criterios y prioridades que seleccionen los países.
3. Otro rasgo
importante de la integración regional-fronteriza es su aptitud para incorporar las
dimensiones sociales y ambientales del desarrollo, debido a la menor complejidad y
dimensión de los procesos que abarca. Son muchos los problemas sociales que pueden ser
atendidos mediante programas regional-fronterizos, lo que representa una clara ventaja con
respecto a los mecanismos tradicionales de la integración multilateral.
4. Es
conveniente trabajar sobre la base de programas, dado que los programas abarcan un radio
de acción más amplio y global, y siendo aptos para viabilizar políticas de alcance
regional en las áreas comprometidas. Los programas comprenden, por lo general, una
estrategia explícita, sobre la cual se formulan y se desarrollan bajo una metodología
previamente concebida. Por esa razón, es recomendable formular y materializar las
iniciativas mediante programas integrales; es decir, que abarquen la complejidad de la
problemática regional-fronteriza en el tiempo y espacio. De esa manera, podrán lograrse
mayores niveles de eficacia y de eficiencia en las etapas de ejecución de los proyectos,
y se facilitará la incorporación de los aspectos sociales y culturales de la frontera.
Por lo
expuesto, es recomendable concebir desde sus primeras instancias las iniciativas como
programas y, en lo posible, las instituciones promotoras de cada iniciativa con su
respectiva base de apoyo político.
5. Es necesario
definir claramente las políticas de desarrollo regional-fronterizo, como variables
importante de las políticas macroeconómicas, dado que su ausencia o indefinición se
convierte, por lo general, en una traba importante para la adopción de decisiones, en
relación con los programas y proyectos específicos en las áreas de frontera. Esta
ausencia de políticas explicaría el origen local como dominante en la generación de las
iniciativas identificadas y responde, en realidad, al poco avance alcanzado en la
descentralización administrativa mediante la reforma del Estado.
6. Una línea
de acción recomendable es promover la transformación de las iniciativas locales en
programas, para facilitar la toma de decisiones. Ahora bien, ante muchas iniciativas
disponibles, habría que actuar selectivamente, atendiendo el siguiente orden de
prelación:
a) Deben ser
aquellas iniciativas que presenten mayor impacto sobre el desarrollo sustentable, la
integración regional-fronteriza y la integración binacional.
b) Deben ser
iniciativas que cuenten con mayor nivel de prioridad asignada por parte de las autoridades
de nivel local, regional y nacional.
c) Deben ser
iniciativas que cuenten con un organismo responsable, que puede promoverlas, movilizarlas
y encausar apoyo y asistencia a las mismas.
d) Deben ser
iniciativas que presenten una clara necesidad de asistencia técnica o financiera.
7. Es también
recomendable establecer mecanismos institucionales que permitan la participación efectiva
de los sectores sociales de las regiones y localidades aledañas a la frontera. Como se ha
visto, por lo general los grupos locales recibieron pocas oportunidades de hacerse
presentes y la tendencia ha sido la de manejar los programas de integración binacionales
a nivel de los gobiernos centrales, sin la participación real de los intereses locales.
En este
sentido, es interesante estudiar la rica experiencia de los países del Cono Sur lograda a
través de los denominados Comités de Frontera.
El Comité de
Frontera es una figura institucional establecida para resolver los problemas fronterizos
locales y desarrollar acciones en fronteras comunes, que tiene su origen en tratados,
convenios o acuerdos binacionales que les otorgan un status legal nacional e
internacional. Se constituyen con personalidades que representan a los sectores que
actúan en el entorno fronterizo, como aduana, seguridad, prefectura, intelectuales,
deportistas, etc. La delegación de cada país es presidida por el respectivo cónsul y en
ellos pueden participar también representantes privados. Las decisiones se toman por
consenso y resuelven asuntos típicamente fronterizos como movimiento de personas,
tráfico de vehículos, comunicaciones, cooperación en servicios públicos, asuntos
culturales y sociales de la frontera común, entre otros. Su funcionamiento es supervisado
por las Cancillerías, a través de las Embajadas respectivas.
Es importante
destacar que estos Comités son de carácter subsidiario, es decir que los asuntos que
traten en un momento dado no deberán estar bajo consideración de otros organismos,
agencias o entidades. Su ámbito de competencia son exclusivamente los temas restringidos
a la zona fronteriza.
Por último,
cabe resaltar que el SELA, por definición, apoya decididamente todos estos
emprendimientos binacionales de integración, en el marco de sus programas de cooperación
con el fortalecimiento de la integración latinoamericana y caribeña.