Considero que el hecho de que
hoy estemos hablando de manera tan natural de los procesos de integración que se han dado
en América Latina se debe a muchos años de trabajo y preparación para crear las
condiciones objetivas que hoy permiten ese desarrollo y esa evolución.
Se dice repetidamente que la
integración se ha presentado gracias a que la democracia pervive como una regla en
nuestros países y gracias, también, a que las actividades económicas y la filosofía
que conservamos, para llevar a cabo la gestión de los gobiernos y las relaciones entre
nuestras sociedades, mantienen una unanimidad en cuanto a su enfoque. Claro está que la
práctica de país a país cambia dependiendo de las circunstancias y del momento que se
esté viviendo.
Esta homogeneidad respetuosa de
nuestras diferencias y esta similitud en cuanto al enfoque y en cuanto a la filosofía de
la actividad económica se suman a la voluntad política, a la visión de nuestros
líderes y al claro deseo por llevar a cabo la integración por convicción y por
conveniencia.
Por otro lado, la integración
latinoamericana se plantea como una respuesta ante un fenómeno de alcance universal, del
que ciertamente nuestra región no podría quedar aislada. Hacerlo implicaría retrasarse
en términos del propio potencial y de las propias posibilidades regionales.
Existe una gran variedad de
razones para responder hoy a las preguntas que frecuentemente nos hacemos: por qué tanto
trabajo en el terreno de la integración?; por qué, durante tantos años no hubo
avances?; por qué en cinco años y ciertamente en los últimos diez, se ha avanzado más
que en los últimos treinta o cuarenta?
La respuesta se encuentra en el
mérito de nuestras sociedades y de nuestros líderes. Hoy, nuestras relaciones se están
consolidando por medio de una nueva infraestructura que constituye una red de gran
densidad, de gran complejidad, de contacto a nivel bilateral, subregional, regional y de
posiciones en los foros multilaterales que configuran este proceso de integración.
Quisiera mencionar algunos
casos. Inclusive antes de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(TLCAN), el más difundido convenio internacional de México, se firmó con Chile un
Acuerdo de Libre Comercio que regulaba intercambios en materia de bienes, sin incorporar
servicios u otro tipo de gestiones que hoy son más comunes. Ese acuerdo, que fue el
primero de su tipo suscrito por México, ha dado como resultado una verdadera explosión
del comercio entre México y Chile. Habría que recordar que ambos países son los
extremos en América Latina, el que se encuentra más al norte y el más austral,
respectivamente.
Tradicionalmente, México y
Chile no han gozado entre ellos de facilidades específicas en el área del transporte, ni
para sus bienes, ni para personas. Sin embargo, a pesar de esos elementos estructurales de
inicio, gracias a una liberalización paulatina, en 1996, el 80% de las tarifas
comerciales entre ambos países ha alcanzado su total desgravación. Se espera que para
1998, habrá de terminarse la desgravación de la parte restante de la tarifa de los
últimos productos, los más sensibles, al punto que tendremos literalmente un esquema de
"libre comercio", es decir, un espacio con "tarifa cero"
sustancialmente en la totalidad de los productos.
Paralelamente, se iniciaron
negociaciones para alcanzar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Inicialmente México propuso a los Estados Unidos un esquema de asociación de esta
naturaleza. Después, ambos países recibieron noticia del interés que al respecto tenía
Canadá. Estos hechos llevaron a la suscripción de ese acuerdo y hoy, el TLCAN configura
la zona de libre comercio más grande del mundo, o, al menos, la configuraba antes de la
última ampliación de la Unión Europea.
Tenemos otros esquemas más
recientes como el G-3 entre Colombia, Venezuela y México, ya en vigor; un Acuerdo de
Libre Comercio con Bolivia, igualmente en vigor; un acuerdo con Costa Rica, que ya está
brindando sus frutos, así como similares negociaciones con Perú y Ecuador. Con el resto
de América Central nos encontramos en este momento realizando negociaciones con
diferentes grados de avance. Probablemente varios de estos acuerdos serán concluidos
durante 1996.
Debo mencionar, como piezas
medulares de este proceso latinoamericano, los acuerdos que previamente a la creación del
G-3 ya habían firmado Venezuela y Colombia con países vecinos. Igualmente importante y
original es el proceso de integración de los países del Mercosur, que no ha elegido el
formato de Acuerdo de Libre Comercio, sino que buscan conformar una Unión Aduanera con un
arancel externo común y liberar dentro de la zona los aranceles entre sus miembros.
La transformación del Pacto
Andino es una Sociedad de Naciones o en una Comunidad Andina, que incluye la creación de
instituciones de carácter político dentro de esa zona, presenta la posibilidad de crear
un Parlamente Andino. Por ello, va mucho más allá de las ventajas que brinda la
liberación tarifaria, al incluir cuestiones de seguridad.
El proceso de integración que
vive América Central fue el primero en consolidarse aún cuando su impulso se perdió por
razón de la famosa o infame Guerra del Fútbol. Ahora ha podido recuperarse como un
proceso muy vigoroso en donde los líderes centroamericanos, con una participación cada
vez más importante de Panamá y Belice, están logrando que esta zona, de obvias
características comunes, se vuelva un área en la cual las economías de escala se
aprovechen en mayor medida. Se espera que, cada vez más, estos países se vinculen como
grupo con sus vecinos y con otros países del mundo.
Mencionaba el Dr. Moneta la
creación de la Asociación de Estados del Caribe, que presenta una nueva definición de
esa zona: es decir, una definición geopolítica, geocomercial, geoeconómica, de la gran
Cuenca del Caribe que incluye ahora a Cuba, a Dominicana, a Haití, al Grupo de los Tres y
al tradicional Caribe angloparlante.
Este espacio se une ahora sobre
la base de sus objetivos de comercio, de turismo y de transporte; temas que se presentan
como los primeros para ser abordados en conjunto. Ya se cuenta para ello con un esquema
administrativo, con una estructura de funcionarios, con un mecanismo de carácter
financiero y con cuotas asignadas.
Ayer y anteayer se eligieron en
México a los comités de los diferentes subtemas que se van a abordar, así como a los
funcionarios de los diversos países que en breve podrán empezar a operar en su sede en
Trinidad y Tobago. Como ustedes saben, el Secretario General de esta organización es un
ciudadano venezolano, el Dr. Molina Duarte.
Los países latinoamericanos
contamos además con importantes vínculos con diversas asociaciones y entre países en lo
individual. Los esfuerzos de Mercosur por establecer acuerdos con Chile están a punto de
formalizarse. Más aún, resulta trascendental el trabajo que se está realizando para
conseguir una estrecha vinculación económica entre el Mercosur y la Comunidad Andina.
Este esfuerzo, sumado a los contactos de México con los países andinos en lo individual
y, eventualmente, como Grupo Andino, habrán de consolidar la integración del continente.
Debemos recordar nuestras
instituciones tradicionales: la ALADI, aunque no agrupa a la totalidad de los países del
área, ha sido un motor de la integración. Este foro está viviendo un cambio importante
al ampliar su mandato, para atender tanto cuestiones tarifarias como otros elementos
sustanciales de la integración.
Merecen nuestro reconocimiento
los mecanismos de consulta que tenemos. Algunos de ellos, como el Grupo de Río, mantienen
una notable intensidad. De ello dan muestra sus últimas sesiones a nivel ministerial,
concluidas el día de ayer en Cochabamba.
La Cumbre Iberoamericana asocia
algunas naciones europeas con nuestro continente y vincula, por igual, países e
instituciones como el SELA. Efectivamente, desde que fue creado, este foro ha venido
cambiando en su orientación y en su vocación, dependiendo de las necesidades que le
plantea la región.
Hoy, en el curso de las
conversaciones que sostuve con el Canciller Burelli sobre temas de carácter bilateral y
multilateral, mencionamos la importancia que le otorga México al SELA como una pieza
institucional que habrá de jugar un papel muy importante, entre otros, como Secretariado
Técnico del Grupo de Río. Esta idea fue compartida por el gobierno venezolano.
De esta manera, el SELA habrá
de plantear a nuestra subregión opciones de política que puede adoptar para entrar en
contacto con otros países del hemisferio y con más naciones del mundo. Ello permite
presentar un frente común en varias de las materias que más nos ocupan.
La integración
latinoamericana, que he esbozado mencionando todos los esfuerzos bilaterales,
subregionales y regionales, presenta, a su vez, características que nunca hubiéramos
imaginado hasta hace muy pocos años. Me refiero al diálogo que los países
latinoamericanos hemos establecido con los Estados Unidos y Canadá en los más variados
temas.
Este diálogo mantiene un
lenguaje, un tono y unos objetivos que hubieran sido, como decía yo, impensables hasta
hace muy pocos años. Inclusive, los países del hemisferio hemos definido una fecha para
la terminación de las negociaciones que permitan iniciar los procesos de liberalización
continental en materia comercial.
Sin embargo, ello no debe
hacernos olvidar que hay 23 temas sustantivos en los cuales nuestros países están
trabajando con objeto de promover la integración hemisférica. Ese es otro de los grandes
ámbitos en los cuales el SELA se puede constituir en un promotor privilegiados del
diálogo entre sus miembros, con objeto de que puedan plantear sus posiciones ante sus
interlocutores.
La región no agota ahí sus
esfuerzos de integración. América, después de avanzar en los trabajos de integración
que le resultan orgánicos, que le resultan naturales, empieza a voltear hacia otras
latitudes. Vemos que hay un proceso de integración en la zona de Asia-Pacífico, la
región más dinámica del mundo en materia económica.
Dos países latinoamericanos,
Chile y México, somos miembros de la Asociación para la Cooperación Económica en el
Asia-Pacífico. Hay otras naciones de la zona que han planteado su interés por
incorporarse a este mecanismo. Nosotros apoyaremos ese propósito una vez que termine la
moratoria para el ingreso de nuevos socios que está en vigor dentro de APEC.
Merece ser destacado, de manera
muy especial, el esfuerzo que nuestros países hacen mirando hacia una alternativa
natural, lógica e importantísima de diversificación de mercados, de fuentes de
inversión y de vínculos políticos y de cooperación, como es Europa.
En el caso particular de los
mexicanos, yo quisiera decir que nuestro comercio está mucho más orientado hacia los
vecinos de América del Norte. Esto no ocurre de igual forma para las naciones de
Sudamérica. Por ejemplo, el Mercosur tiene un esquema mucho más equilibrado en términos
de sus fuentes y destinos de comercio y de sus fuentes de inversión.
Por eso, en el caso de México,
se vuelve particularmente importante la decisión que acaba de tomar el Consejo de
Ministros de la Unión Europea. Se ha aprobado el inicio de negociaciones con México para
llegar eventualmente a un acuerdo en materia política, en materia de cooperación y en
materia comercial, tal y como, en estos días, se dice en el lenguaje de la Unión
Europea.
Las palabras
"tratado" o "acuerdo de libre comercio" no gozan de total consenso, y
por ello se habla de una "liberalización reciproca y progresiva de los intercambios
comerciales atendiendo a las sensibilidades de ciertos productos y siempre de acuerdo con
las reglas de la Organización Mundial de Comercio".
Este propósito de vinculación
con Europa se consolidará una vez que sea superada la llamada "crisis de las vacas
locas", que ha hecho que Inglaterra, uno de los más importantes promotores del
concepto de un Acuerdo de Libre Comercio entre México y la Unión Europea, haya planteado
un bloqueo a la totalidad de los consensos sobre cualquier tema en el seno de la Unión.
Se trata de razones estrictamente de carácter interno que todos entendemos y que no
tienen nada que ver con México.
Una vez superado este período,
seguramente llegará a México un Proyecto de Acuerdo que empezaremos a discutir y que
será la base de las negociaciones que nos lleven a un vinculo de enorme trascendencia con
la Unión Europea. Estamos seguros de que este acuerdo habrá de cubrir efectivamente las
tres dimensiones -política, cooperación y comercio- que hemos mencionado.
México participa activamente
en la OCDE y resulta ser el único país de América Latina que se ha incorporado a este
organismo. Participa también en el Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento, igualmente
como único país latinoamericano dentro de ese mecanismo.
El hecho más importante es
que, para favorecer los procesos de integración, hoy se dan las condiciones suficientes
de recuperación objetiva de las economías y de estabilidad política y económica. A
ello se suma la voluntad política de los líderes sobre la necesidad de inserción del
subcontinente en los grandes procesos mundiales.
Este proceso activo de
integración en ocasiones confunde a los observadores. Ellos se preguntan ¿cómo se
compatibilizan los acuerdos bilaterales con los subregionales, con los regionales, con los
multilaterales, con el proyecto hemisférico? Se compatibilizan de una forma muy sencilla:
por su naturalidad, ya que vinculan socios que quieren hacer asociaciones y que valoran su
importancia.
En esa medida, se irán dando
las integraciones de grupos cada vez más amplios e importantes. Habremos de llegar
primero al acuerdo de carácter hemisférico, eventualmente a acuerdos con el otro lado
del Atlántico, y al ideal de libre comercio en todas las economías del mundo. Sabemos
por experiencia que ese objetivo asigna mejor los recursos y genera un más alto nivel de
bienestar.
Yo quisiera referirme muy
brevemente al hecho de que algunos de los planteamientos sobre libre comercio, algunos de
los proyectos económicos que compartimos e incluso algunos aspectos de los proyectos
económicos, han sido cuestionados recientemente a la luz de coyunturas desfavorables que
han vivido nuestros países.
Estoy seguro de que la mayor
parte de ustedes, comparte la convicción de que estamos promoviendo la integración,
buscando la apertura comercial, trabajando en los procesos de participación creciente del
sector privado nacional y extranjero en nuestras economías, con objeto de absorber
capital, tecnología y modalidades de gestión.
Procuramos avanzar hacia
presupuestos equilibrados que permitan saldar los altos déficits comerciales que nuestras
economías puedan presentar. Por igual, con este proceso buscamos evitar que se generen
situaciones inflacionarias en nuestras naciones, porque la escalada de los precios es el
impuesto más oneroso que se puede imponer a los amplios grupos de población de escasos
recursos que viven en nuestros países. Por ello debemos procurar evitar la inflación a
toda costa.
No hemos descuidado u olvidado
a los millones de personas que tienen tantas necesidades y que, en algunos casos, no han
superado el límite de la pobreza extrema, o de la pobreza que definen los parámetros
internacionales, y que en cada uno de nuestros países adopta modalidades especiales.
Por ello, creo en la
importancia de promover el equilibrio presupuestal con objeto de evitar la inflación.
Creo en el valor de impulsar el ahorro interno en nuestras naciones, para no depender de
los flujos externos de capital, cuya volatilidad ya ha sido probada y comprobada con muy
dolorosas experiencias.
No tratamos de que el Estado
nacional, en todos los casos, intente guiar las actividades económicas y productivas de
un país, porque eso hace imposible el equilibrio presupuestal. A la vez, inhibe la
iniciativa empresarial de nuestras sociedades e impide el pleno desarrollo de nuestros
sectores industriales.
Creo en la trascendencia a
largo plazo de todo este proceso de desregulación y de desmantelamiento gradual,
paulatino y reflexivo, de las viejas estructuras que existían en muchos de nuestros
países y que se habían venido acumulando a lo largo de los años.
No debe cuestionarse todo un
proceso a la luz de los accidentes, los incidentes o los tropiezos que pudieran haber
sufrido algunas de nuestras economías por diferentes razones. ¿Por qué? Porque en el
fondo hemos comprobado que, independientemente de las razones de coyuntura por las cuales
puedan haberse dado estos accidentes, o estos incidentes, hay algunas cuestiones que
considero de carácter permanente en la fenomenología de los países latinoamericano, que
hay que enfocar y que hay que resolver.
La buena práctica fiscal es
una herramienta para resolver nuestros problemas. Igualmente lo son la apertura de los
mercados, la desregulación y la privatización de ciertos sectores que cada país define
por su propia historia, por el momento por el que pasa, por el equilibrio social que
necesita, por sus antecedentes, por sus leyes, por sus hábitos o por su cultura.
Todos estos factores y
elementos son parte de una política virtuosa que, por supuesto, tiene que establecerse en
todos los casos con equilibrio y considerando los sectores más pobres de la población.
No existe hoy ninguna teoría pura respecto de una práctica que vaya a resolver todos los
problemas.
La presencia del Estado se
vuelve de la mayor importancia en términos de la protección de aquellas capas de la
población que más lo necesitan. Recordemos que el mercado, con sus virtudes, no siempre
se ocupa de todos los protagonistas de una economía.
Existen otros elementos que se
han puesto al descubierto y que han merecido un tratamiento diverso en cada país según
el caso. En México, el ahorro interno resulta un aspecto importantísimo: este factor
cayó del 23 al 15% en años pasados. Ese 8% de diferencia en nuestro ahorro tuvo que ser
sustituido con ahorro externo para mantener los ritmos mínimos de crecimiento social
políticamente aceptables.
En la medida en que dicho
ahorro fue cubierto por flujos financieros de corto plazo -que prevalecieron con respecto
a los flujos de inversión de capital de riesgo de largo plazo-, se generó la
vulnerabilidad del país, agudizada por el embate de malas noticias que motivaron el
rápido retorno de la inversión a su lugar de origen.
Eso fue exactamente lo que
ocurrió en México. No sólo el país dejó de contar con ese 8% con el que se buscaba
fomentar la inversión y generar el crecimiento mínimo necesario: más aún, en un mundo
globalizado y sin control de cambios, se perdió parte de los ahorros nacionales. Por todo
ello, México perdió su capacidad de crecimiento durante el año pasado.
Sin embargo, este año
tendremos un crecimiento positivo de alrededor del 3%. La inflación alcanzará el 26% en
contraposición a un 52% registrado en 1995. Los mercados cambiarios y la bolsa de valores
manifiestan una visible estabilidad. Las tasas de interés han descendido a la par que la
inflación y hoy, las tasas de los Bonos de Tesorería están en un margen menor de 30%
que se muestra muy positivo frente al casi 100% que presentaron hace un año.
México cuenta además con los
mecanismos y la estructura para apoyar un sistema financiero que ya presenta una
recuperación favorable para hacer frente a la coyuntura.
Los países que en algún
momento sufrieron los efectos de la crisis mexicana y aquellos que han tenido sus propios
problemas económicos por razones estrictamente internas, podrán estar satisfechos. El
mundo tendría que mirar hacia América Latina con enorme tranquilidad y satisfacción
ante la respuesta sistemática que se le dio a un problema que amenazaba con ser
sintético y que afectó a muchos países de la región.
Ante la coyuntura y ante el
excelente pretexto que ésta representaba para algunos en sus intentos de dar marcha
atrás en la estrategia económica, se avanzó; se aceleró el cambio estructural, los
procesos de privatización, de desregulación, de apertura comercial y de disciplina
fiscal.
Los problemas que durante los
años ochenta tomaron casi una década para superarse, ahora han sido resueltos en un
breve tiempo. En México y en muchos otros países, esto ha sido posible gracias a los
trabajos realizados durante esa década, gracias a la rapidez y profundidad de las
decisiones y gracias al coraje político con el cual se tomaron esas decisiones.
Hoy vemos nuevamente el mosaico
de América Latina con toda su diversidad y su riqueza. Pero también lo vemos otra vez
razonablemente en orden y con una perspectiva concreta de poder seguir adelante con los
procesos de integración y recuperación de cada una de sus economías en lo individual.
América Latina se presenta
como un socio comercial cada vez más atractivo y más interesante para el resto del
mundo. Por ello genera respuestas del resto del mundo hacia nuestros países que se
manifiestan en un interés profundo por vinculaciones formales, con el objetivo de
profundizar relaciones y aprovechar lo que hoy se percibe como el futuro bienestar de una
sociedad que se lo ha ganado.