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Relaciones externas de América Latina y el Caribe
Edición Nº 46
Abril-Junio 1996

México-América Latina:
circunstancia actual y perspectivas

Lic. José Angel Gurría
Secretario de Relaciones Exteriores de México

    Discurso pronunciado en la sede de la Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), en Caracas, el 28 de mayo de 1996.

    Tengo un espléndido recuerdo de mi visita al SELA el año pasado. En aquel entonces, mi participación respondió a la presencia en Caracas de legisladores de varios países de América Latina en el lanzamiento de un proyecto que ha resultado ser una iniciativa adicional en favor de la integración regional.

    Los parlamentarios de nuestros diferentes países han encontrado un nuevo foro para las economías emergentes, que ha resultado un tanto itinerante, ya que celebra sus reuniones regulares en nuestras distintas capitales. Hace un año, este foro estaba en su inicio, pero los compromisos y el espíritu de integración que surgió en él han dado ahora resultados muy concretos y muy específicos.

    Quisiera recordar particularmente al parlamentario brasileño Luis Gonzaga de Mello, que en aquella ocasión dijo: yo voy a llevar al Parlamento brasileño el mensaje del interés de México, por lograr un acercamiento cada vez más estrecho con el Mercosur. Lo hizo y lo hizo de manera muy importante y elocuente.

I. El dinamismo de la integración

    Considero que el hecho de que hoy estemos hablando de manera tan natural de los procesos de integración que se han dado en América Latina se debe a muchos años de trabajo y preparación para crear las condiciones objetivas que hoy permiten ese desarrollo y esa evolución.

    Se dice repetidamente que la integración se ha presentado gracias a que la democracia pervive como una regla en nuestros países y gracias, también, a que las actividades económicas y la filosofía que conservamos, para llevar a cabo la gestión de los gobiernos y las relaciones entre nuestras sociedades, mantienen una unanimidad en cuanto a su enfoque. Claro está que la práctica de país a país cambia dependiendo de las circunstancias y del momento que se esté viviendo.

    Esta homogeneidad respetuosa de nuestras diferencias y esta similitud en cuanto al enfoque y en cuanto a la filosofía de la actividad económica se suman a la voluntad política, a la visión de nuestros líderes y al claro deseo por llevar a cabo la integración por convicción y por conveniencia.

    Por otro lado, la integración latinoamericana se plantea como una respuesta ante un fenómeno de alcance universal, del que ciertamente nuestra región no podría quedar aislada. Hacerlo implicaría retrasarse en términos del propio potencial y de las propias posibilidades regionales.

    Existe una gran variedad de razones para responder hoy a las preguntas que frecuentemente nos hacemos: por qué tanto trabajo en el terreno de la integración?; por qué, durante tantos años no hubo avances?; por qué en cinco años y ciertamente en los últimos diez, se ha avanzado más que en los últimos treinta o cuarenta?

    La respuesta se encuentra en el mérito de nuestras sociedades y de nuestros líderes. Hoy, nuestras relaciones se están consolidando por medio de una nueva infraestructura que constituye una red de gran densidad, de gran complejidad, de contacto a nivel bilateral, subregional, regional y de posiciones en los foros multilaterales que configuran este proceso de integración.

    Quisiera mencionar algunos casos. Inclusive antes de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el más difundido convenio internacional de México, se firmó con Chile un Acuerdo de Libre Comercio que regulaba intercambios en materia de bienes, sin incorporar servicios u otro tipo de gestiones que hoy son más comunes. Ese acuerdo, que fue el primero de su tipo suscrito por México, ha dado como resultado una verdadera explosión del comercio entre México y Chile. Habría que recordar que ambos países son los extremos en América Latina, el que se encuentra más al norte y el más austral, respectivamente.

    Tradicionalmente, México y Chile no han gozado entre ellos de facilidades específicas en el área del transporte, ni para sus bienes, ni para personas. Sin embargo, a pesar de esos elementos estructurales de inicio, gracias a una liberalización paulatina, en 1996, el 80% de las tarifas comerciales entre ambos países ha alcanzado su total desgravación. Se espera que para 1998, habrá de terminarse la desgravación de la parte restante de la tarifa de los últimos productos, los más sensibles, al punto que tendremos literalmente un esquema de "libre comercio", es decir, un espacio con "tarifa cero" sustancialmente en la totalidad de los productos.

    Paralelamente, se iniciaron negociaciones para alcanzar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Inicialmente México propuso a los Estados Unidos un esquema de asociación de esta naturaleza. Después, ambos países recibieron noticia del interés que al respecto tenía Canadá. Estos hechos llevaron a la suscripción de ese acuerdo y hoy, el TLCAN configura la zona de libre comercio más grande del mundo, o, al menos, la configuraba antes de la última ampliación de la Unión Europea.

    Tenemos otros esquemas más recientes como el G-3 entre Colombia, Venezuela y México, ya en vigor; un Acuerdo de Libre Comercio con Bolivia, igualmente en vigor; un acuerdo con Costa Rica, que ya está brindando sus frutos, así como similares negociaciones con Perú y Ecuador. Con el resto de América Central nos encontramos en este momento realizando negociaciones con diferentes grados de avance. Probablemente varios de estos acuerdos serán concluidos durante 1996.

    Debo mencionar, como piezas medulares de este proceso latinoamericano, los acuerdos que previamente a la creación del G-3 ya habían firmado Venezuela y Colombia con países vecinos. Igualmente importante y original es el proceso de integración de los países del Mercosur, que no ha elegido el formato de Acuerdo de Libre Comercio, sino que buscan conformar una Unión Aduanera con un arancel externo común y liberar dentro de la zona los aranceles entre sus miembros.

    La transformación del Pacto Andino es una Sociedad de Naciones o en una Comunidad Andina, que incluye la creación de instituciones de carácter político dentro de esa zona, presenta la posibilidad de crear un Parlamente Andino. Por ello, va mucho más allá de las ventajas que brinda la liberación tarifaria, al incluir cuestiones de seguridad.

    El proceso de integración que vive América Central fue el primero en consolidarse aún cuando su impulso se perdió por razón de la famosa o infame Guerra del Fútbol. Ahora ha podido recuperarse como un proceso muy vigoroso en donde los líderes centroamericanos, con una participación cada vez más importante de Panamá y Belice, están logrando que esta zona, de obvias características comunes, se vuelva un área en la cual las economías de escala se aprovechen en mayor medida. Se espera que, cada vez más, estos países se vinculen como grupo con sus vecinos y con otros países del mundo.

    Mencionaba el Dr. Moneta la creación de la Asociación de Estados del Caribe, que presenta una nueva definición de esa zona: es decir, una definición geopolítica, geocomercial, geoeconómica, de la gran Cuenca del Caribe que incluye ahora a Cuba, a Dominicana, a Haití, al Grupo de los Tres y al tradicional Caribe angloparlante.

    Este espacio se une ahora sobre la base de sus objetivos de comercio, de turismo y de transporte; temas que se presentan como los primeros para ser abordados en conjunto. Ya se cuenta para ello con un esquema administrativo, con una estructura de funcionarios, con un mecanismo de carácter financiero y con cuotas asignadas.

    Ayer y anteayer se eligieron en México a los comités de los diferentes subtemas que se van a abordar, así como a los funcionarios de los diversos países que en breve podrán empezar a operar en su sede en Trinidad y Tobago. Como ustedes saben, el Secretario General de esta organización es un ciudadano venezolano, el Dr. Molina Duarte.

    Los países latinoamericanos contamos además con importantes vínculos con diversas asociaciones y entre países en lo individual. Los esfuerzos de Mercosur por establecer acuerdos con Chile están a punto de formalizarse. Más aún, resulta trascendental el trabajo que se está realizando para conseguir una estrecha vinculación económica entre el Mercosur y la Comunidad Andina. Este esfuerzo, sumado a los contactos de México con los países andinos en lo individual y, eventualmente, como Grupo Andino, habrán de consolidar la integración del continente.

    Debemos recordar nuestras instituciones tradicionales: la ALADI, aunque no agrupa a la totalidad de los países del área, ha sido un motor de la integración. Este foro está viviendo un cambio importante al ampliar su mandato, para atender tanto cuestiones tarifarias como otros elementos sustanciales de la integración.

    Merecen nuestro reconocimiento los mecanismos de consulta que tenemos. Algunos de ellos, como el Grupo de Río, mantienen una notable intensidad. De ello dan muestra sus últimas sesiones a nivel ministerial, concluidas el día de ayer en Cochabamba.

    La Cumbre Iberoamericana asocia algunas naciones europeas con nuestro continente y vincula, por igual, países e instituciones como el SELA. Efectivamente, desde que fue creado, este foro ha venido cambiando en su orientación y en su vocación, dependiendo de las necesidades que le plantea la región.

    Hoy, en el curso de las conversaciones que sostuve con el Canciller Burelli sobre temas de carácter bilateral y multilateral, mencionamos la importancia que le otorga México al SELA como una pieza institucional que habrá de jugar un papel muy importante, entre otros, como Secretariado Técnico del Grupo de Río. Esta idea fue compartida por el gobierno venezolano.

    De esta manera, el SELA habrá de plantear a nuestra subregión opciones de política que puede adoptar para entrar en contacto con otros países del hemisferio y con más naciones del mundo. Ello permite presentar un frente común en varias de las materias que más nos ocupan.

    La integración latinoamericana, que he esbozado mencionando todos los esfuerzos bilaterales, subregionales y regionales, presenta, a su vez, características que nunca hubiéramos imaginado hasta hace muy pocos años. Me refiero al diálogo que los países latinoamericanos hemos establecido con los Estados Unidos y Canadá en los más variados temas.

    Este diálogo mantiene un lenguaje, un tono y unos objetivos que hubieran sido, como decía yo, impensables hasta hace muy pocos años. Inclusive, los países del hemisferio hemos definido una fecha para la terminación de las negociaciones que permitan iniciar los procesos de liberalización continental en materia comercial.

    Sin embargo, ello no debe hacernos olvidar que hay 23 temas sustantivos en los cuales nuestros países están trabajando con objeto de promover la integración hemisférica. Ese es otro de los grandes ámbitos en los cuales el SELA se puede constituir en un promotor privilegiados del diálogo entre sus miembros, con objeto de que puedan plantear sus posiciones ante sus interlocutores.

    La región no agota ahí sus esfuerzos de integración. América, después de avanzar en los trabajos de integración que le resultan orgánicos, que le resultan naturales, empieza a voltear hacia otras latitudes. Vemos que hay un proceso de integración en la zona de Asia-Pacífico, la región más dinámica del mundo en materia económica.

    Dos países latinoamericanos, Chile y México, somos miembros de la Asociación para la Cooperación Económica en el Asia-Pacífico. Hay otras naciones de la zona que han planteado su interés por incorporarse a este mecanismo. Nosotros apoyaremos ese propósito una vez que termine la moratoria para el ingreso de nuevos socios que está en vigor dentro de APEC.

    Merece ser destacado, de manera muy especial, el esfuerzo que nuestros países hacen mirando hacia una alternativa natural, lógica e importantísima de diversificación de mercados, de fuentes de inversión y de vínculos políticos y de cooperación, como es Europa.

    En el caso particular de los mexicanos, yo quisiera decir que nuestro comercio está mucho más orientado hacia los vecinos de América del Norte. Esto no ocurre de igual forma para las naciones de Sudamérica. Por ejemplo, el Mercosur tiene un esquema mucho más equilibrado en términos de sus fuentes y destinos de comercio y de sus fuentes de inversión.

    Por eso, en el caso de México, se vuelve particularmente importante la decisión que acaba de tomar el Consejo de Ministros de la Unión Europea. Se ha aprobado el inicio de negociaciones con México para llegar eventualmente a un acuerdo en materia política, en materia de cooperación y en materia comercial, tal y como, en estos días, se dice en el lenguaje de la Unión Europea.

    Las palabras "tratado" o "acuerdo de libre comercio" no gozan de total consenso, y por ello se habla de una "liberalización reciproca y progresiva de los intercambios comerciales atendiendo a las sensibilidades de ciertos productos y siempre de acuerdo con las reglas de la Organización Mundial de Comercio".

    Este propósito de vinculación con Europa se consolidará una vez que sea superada la llamada "crisis de las vacas locas", que ha hecho que Inglaterra, uno de los más importantes promotores del concepto de un Acuerdo de Libre Comercio entre México y la Unión Europea, haya planteado un bloqueo a la totalidad de los consensos sobre cualquier tema en el seno de la Unión. Se trata de razones estrictamente de carácter interno que todos entendemos y que no tienen nada que ver con México.

    Una vez superado este período, seguramente llegará a México un Proyecto de Acuerdo que empezaremos a discutir y que será la base de las negociaciones que nos lleven a un vinculo de enorme trascendencia con la Unión Europea. Estamos seguros de que este acuerdo habrá de cubrir efectivamente las tres dimensiones -política, cooperación y comercio- que hemos mencionado.

    México participa activamente en la OCDE y resulta ser el único país de América Latina que se ha incorporado a este organismo. Participa también en el Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento, igualmente como único país latinoamericano dentro de ese mecanismo.

    El hecho más importante es que, para favorecer los procesos de integración, hoy se dan las condiciones suficientes de recuperación objetiva de las economías y de estabilidad política y económica. A ello se suma la voluntad política de los líderes sobre la necesidad de inserción del subcontinente en los grandes procesos mundiales.

    Este proceso activo de integración en ocasiones confunde a los observadores. Ellos se preguntan ¿cómo se compatibilizan los acuerdos bilaterales con los subregionales, con los regionales, con los multilaterales, con el proyecto hemisférico? Se compatibilizan de una forma muy sencilla: por su naturalidad, ya que vinculan socios que quieren hacer asociaciones y que valoran su importancia.

    En esa medida, se irán dando las integraciones de grupos cada vez más amplios e importantes. Habremos de llegar primero al acuerdo de carácter hemisférico, eventualmente a acuerdos con el otro lado del Atlántico, y al ideal de libre comercio en todas las economías del mundo. Sabemos por experiencia que ese objetivo asigna mejor los recursos y genera un más alto nivel de bienestar.

II. Los proyectos económicos compartidos

    Yo quisiera referirme muy brevemente al hecho de que algunos de los planteamientos sobre libre comercio, algunos de los proyectos económicos que compartimos e incluso algunos aspectos de los proyectos económicos, han sido cuestionados recientemente a la luz de coyunturas desfavorables que han vivido nuestros países.

    Estoy seguro de que la mayor parte de ustedes, comparte la convicción de que estamos promoviendo la integración, buscando la apertura comercial, trabajando en los procesos de participación creciente del sector privado nacional y extranjero en nuestras economías, con objeto de absorber capital, tecnología y modalidades de gestión.

    Procuramos avanzar hacia presupuestos equilibrados que permitan saldar los altos déficits comerciales que nuestras economías puedan presentar. Por igual, con este proceso buscamos evitar que se generen situaciones inflacionarias en nuestras naciones, porque la escalada de los precios es el impuesto más oneroso que se puede imponer a los amplios grupos de población de escasos recursos que viven en nuestros países. Por ello debemos procurar evitar la inflación a toda costa.

    No hemos descuidado u olvidado a los millones de personas que tienen tantas necesidades y que, en algunos casos, no han superado el límite de la pobreza extrema, o de la pobreza que definen los parámetros internacionales, y que en cada uno de nuestros países adopta modalidades especiales.

    Por ello, creo en la importancia de promover el equilibrio presupuestal con objeto de evitar la inflación. Creo en el valor de impulsar el ahorro interno en nuestras naciones, para no depender de los flujos externos de capital, cuya volatilidad ya ha sido probada y comprobada con muy dolorosas experiencias.

    No tratamos de que el Estado nacional, en todos los casos, intente guiar las actividades económicas y productivas de un país, porque eso hace imposible el equilibrio presupuestal. A la vez, inhibe la iniciativa empresarial de nuestras sociedades e impide el pleno desarrollo de nuestros sectores industriales.

    Creo en la trascendencia a largo plazo de todo este proceso de desregulación y de desmantelamiento gradual, paulatino y reflexivo, de las viejas estructuras que existían en muchos de nuestros países y que se habían venido acumulando a lo largo de los años.

    No debe cuestionarse todo un proceso a la luz de los accidentes, los incidentes o los tropiezos que pudieran haber sufrido algunas de nuestras economías por diferentes razones. ¿Por qué? Porque en el fondo hemos comprobado que, independientemente de las razones de coyuntura por las cuales puedan haberse dado estos accidentes, o estos incidentes, hay algunas cuestiones que considero de carácter permanente en la fenomenología de los países latinoamericano, que hay que enfocar y que hay que resolver.

    La buena práctica fiscal es una herramienta para resolver nuestros problemas. Igualmente lo son la apertura de los mercados, la desregulación y la privatización de ciertos sectores que cada país define por su propia historia, por el momento por el que pasa, por el equilibrio social que necesita, por sus antecedentes, por sus leyes, por sus hábitos o por su cultura.

    Todos estos factores y elementos son parte de una política virtuosa que, por supuesto, tiene que establecerse en todos los casos con equilibrio y considerando los sectores más pobres de la población. No existe hoy ninguna teoría pura respecto de una práctica que vaya a resolver todos los problemas.

    La presencia del Estado se vuelve de la mayor importancia en términos de la protección de aquellas capas de la población que más lo necesitan. Recordemos que el mercado, con sus virtudes, no siempre se ocupa de todos los protagonistas de una economía.

    Existen otros elementos que se han puesto al descubierto y que han merecido un tratamiento diverso en cada país según el caso. En México, el ahorro interno resulta un aspecto importantísimo: este factor cayó del 23 al 15% en años pasados. Ese 8% de diferencia en nuestro ahorro tuvo que ser sustituido con ahorro externo para mantener los ritmos mínimos de crecimiento social políticamente aceptables.

    En la medida en que dicho ahorro fue cubierto por flujos financieros de corto plazo -que prevalecieron con respecto a los flujos de inversión de capital de riesgo de largo plazo-, se generó la vulnerabilidad del país, agudizada por el embate de malas noticias que motivaron el rápido retorno de la inversión a su lugar de origen.

    Eso fue exactamente lo que ocurrió en México. No sólo el país dejó de contar con ese 8% con el que se buscaba fomentar la inversión y generar el crecimiento mínimo necesario: más aún, en un mundo globalizado y sin control de cambios, se perdió parte de los ahorros nacionales. Por todo ello, México perdió su capacidad de crecimiento durante el año pasado.

    Sin embargo, este año tendremos un crecimiento positivo de alrededor del 3%. La inflación alcanzará el 26% en contraposición a un 52% registrado en 1995. Los mercados cambiarios y la bolsa de valores manifiestan una visible estabilidad. Las tasas de interés han descendido a la par que la inflación y hoy, las tasas de los Bonos de Tesorería están en un margen menor de 30% que se muestra muy positivo frente al casi 100% que presentaron hace un año.

    México cuenta además con los mecanismos y la estructura para apoyar un sistema financiero que ya presenta una recuperación favorable para hacer frente a la coyuntura.

    Los países que en algún momento sufrieron los efectos de la crisis mexicana y aquellos que han tenido sus propios problemas económicos por razones estrictamente internas, podrán estar satisfechos. El mundo tendría que mirar hacia América Latina con enorme tranquilidad y satisfacción ante la respuesta sistemática que se le dio a un problema que amenazaba con ser sintético y que afectó a muchos países de la región.

    Ante la coyuntura y ante el excelente pretexto que ésta representaba para algunos en sus intentos de dar marcha atrás en la estrategia económica, se avanzó; se aceleró el cambio estructural, los procesos de privatización, de desregulación, de apertura comercial y de disciplina fiscal.

    Los problemas que durante los años ochenta tomaron casi una década para superarse, ahora han sido resueltos en un breve tiempo. En México y en muchos otros países, esto ha sido posible gracias a los trabajos realizados durante esa década, gracias a la rapidez y profundidad de las decisiones y gracias al coraje político con el cual se tomaron esas decisiones.

    Hoy vemos nuevamente el mosaico de América Latina con toda su diversidad y su riqueza. Pero también lo vemos otra vez razonablemente en orden y con una perspectiva concreta de poder seguir adelante con los procesos de integración y recuperación de cada una de sus economías en lo individual.

    América Latina se presenta como un socio comercial cada vez más atractivo y más interesante para el resto del mundo. Por ello genera respuestas del resto del mundo hacia nuestros países que se manifiestan en un interés profundo por vinculaciones formales, con el objetivo de profundizar relaciones y aprovechar lo que hoy se percibe como el futuro bienestar de una sociedad que se lo ha ganado.

 


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