Globalización, Comercio e
Integración
Edición Nº 45
Enero-Marzo 1996 |
|
Relaciones entre la UE
y el Caribe
después del año 2000
Michele A.M. Lowe
Egresada de la Universidad de las Indias Occidentales
y estudiante de maestría en Economía del Desarrollo de la Universidad de Hull, del Reino
Unido. El presente trabajo es un análisis preliminar preparado en noviembre de 1995 para
el Consejo Caribeño para Europa.
I. Introducción
Las políticas de la Unión Europea con respecto al Caribe
atraviesan por un proceso de cambios. Después de 20 años de relaciones privilegiadas
dentro del marco de la Convención de Lomé, la UE ha comenzado a replantearse su enfoque
de la región. La necesidad de este nuevo planteamiento surge en vista de las nuevas
prioridades de desarrollo para la UE, que ponen el acento en una asistencia para los más
pobres administrada dentro del marco de una estrategia de desarrollo global. Todo parece
indicar que, a partir del año 2001, los países caribeños del grupo de Estados ACP
tendrán con la UE una relación menos privilegiada que la que han venido disfrutando en
los últimos 20 años. Como región conformada por países en desarrollo de ingresos
medianos1, según los criterios de evaluación del Banco
Mundial y del FMI, el Caribe queda fuera del campo de las prioridades inmediatas de
asistencia de la UE. Asimismo, la existencia en la mayoría de los países caribeños de
democracias estables, con buenos historiales en materia de derechos humanos, coloca a la
región en una escala muy baja dentro de la lista de preocupaciones de la UE.
Por otra parte, las nuevas reglas relacionadas con la
constitución de la Organización Mundial del Comercio (OMC) han traído un
cuestionamiento de la situación legal de los acuerdos comerciales de Lomé que, en el
pasado, garantizaban un margen de seguridad comercial para los productores caribeños.
Europa será objeto de una fuerte presión para que desmantele estos acuerdos al expirar
la Convención vigente, de modo que haga que su régimen comercial resulte más compatible
con la OMC.
Por todo lo anterior, ¿qué puede esperar el Caribe
de una nueva relación con Europa al expirar Lomé IV, en el año 2000? ¿Cómo puede la
región colocarse en una mejor posición para aprovechar esta nueva situación? Estas son
las interrogantes planteadas en el presente informe. En él se consideran los desafíos a
que han de hacer frente los países caribeños durante los próximos cinco años y se
ofrecen recomendaciones para una nueva estrategia caribeña que esté acorde con una
relación nueva y madura con la Unión Europea.
II. Nuevas directrices de las
políticas de la UE con respecto al Caribe
El enfoque europeo con respecto al Caribe atraviesa
por un proceso de cambios desde varias direcciones. La relación exclusiva basada en la
Convención de Lomé, conforme a la cual 15 países caribeños del grupo de Estados ACP
han disfrutado de una amplia asistencia y beneficios comerciales, está dando paso a un
enfoque regional menos exclusivo y más generalizado que incorpora a todos los países de
la Cenca del Caribe. A la vez, la adopción propuesta de un enfoque común a largo plazo
para América Latina y la Cuenca del Caribe apunta hacia la incorporación final de la
región como una sub-región dentro de las políticas de la UE para América Latina.
Dentro de este marco, el énfasis de la UE en el desarrollo de una relación nueva y
especial con Cuba podría hacer que se desplazara aún más el centro de gravedad de las
relaciones entre la UE y el Caribe desde el Caribe angloparlante hacia el Caribe
hispanoparlante.
III. Fin de los privilegios de
Lomé
Las negociaciones sostenidas durante el examen de mediados
de período (EMP) demostraron claramente que la relación dentro del marco de la
Convención de Lomé se encuentra bajo presión. Hay indicios de que al expirar Lomé IV,
a finales del año 2000, la UE realizará acciones tendientes a incluir las relaciones
especiales con los Estados ACP dentro de una estrategia de desarrollo más global. Las
primeras afectadas de este enfoque bien podrían ser las disposiciones comerciales que han
garantizado hasta ahora el acceso preferencial al mercado de la UE para aproximadamente
99,5% de las exportaciones de productos agrícolas y manufacturados de los Estados ACP. De
hecho, la posición de la UE en la negociación de los temas relacionados con el comercio
durante el EMP sugiere que las disposiciones comerciales quedarán sin validez al expirar
Lomé IV.
Para los países caribeños del grupo de Estados ACP, con
esta posición se eliminará lo que para muchos ha sido la base más importante de la
cooperación de la UE con el Caribe del modo en que ha evolucionado en los últimos 20
años. Los instrumentos de comercio de la Convención, en particular los protocolos del
azúcar y el banano, han sido desde hace tiempo de suma importancia para los productores
regionales, quienes se han visto beneficiados por el acceso garantizado al mercado. Estas
garantías están desapareciendo; algunas más rápidamente que otras. Cabe preguntarse si
se firmará un nuevo protocolo del banano cuando expire el actual, a finales de diciembre
del 2002. Dada la presión de que es objeto la UE para que haga que su régimen comercial
resulte más compatible con la OMC, es muy poco probable que los acuerdos actuales
resulten aceptables para los actores (tanto dentro como fuera de Europa) que ejercen
presiones en favor de un régimen más liberalizado del banano. Por lo tanto, en el
mediano y largo plazo, los productores caribeños de banano podrían encontrarse en una
posición menos ventajosa en el mercado europeo frente a los productores latinoamericanos.
Desafortunadamente, los productores caribeños de banano y
sus representantes en Europa no han comenzado a planificar estrategias para después del
año 2002. Por el contrario, sus energías están concentradas en impedir las amenazas
inmediatas al régimen actual del banano toda vez que intentan mejorar las disposiciones
de la Regulación 404, con la esperanza de que los esfuerzos a corto plazo por mejorar los
acuerdos conduzcan, a largo plazo, a una renovación de los acuerdos después del
vencimiento del Protocolo en el año 2002.
La amenaza que pesa sobre el régimen del banano de la UE
ha suscitado interrogantes muy tentativas acerca de la seguridad de los acuerdos
existentes sobre el azúcar. Sin embargo, la naturaleza comercial de los acuerdos sobre el
azúcar, aunada a las incertidumbres acerca de la estabilidad de los precios de este
producto en los próximos 5 a 10 años, harían que los Estados miembros de la UE
estuvieran más dispuestos a defender estos acuerdos si fueran cuestionados por la OMC.
En lo tocante a las disposiciones generales de comercio, es
muy poco probable que la negociación de una nueva relación después del año 2000
incluya nuevos incentivos al comercio al estilo Loé. Durante el EMP, la negativa inicial
de la UE a considerar la solicitud de mayor acceso al mercado hecha por los Estados ACP se
basó en el argumento de que el régimen comercial existente era lo suficientemente
generoso y en que el desempeño deficiente de los Estados ACP se debía más a su falta de
competitividad que a las condiciones de acceso al mercado. Por otra parte, la
liberalización del comercio en los próximos diez años terminará de erosionar las
preferencias acordadas dentro del marco de la Convención de Lomé2.
Es más probable, por lo tanto, que la UE intente sacar a la región gradualmente de la
estructura preferencial de que disfruta en la actualidad conforme a la Convención de
Lomé y pretenda establecer una relación más madura basada en la competitividad y en una
reciprocidad final. Esta nueva orientación ha quedado claramente manifiesta en el
propósito de la UE de adoptar una política común hacia América Latina y la Cuenca del
Caribe, y es coherente con el consenso global sobre libre comercio y liberalización del
mercado conforme a los términos acordados en la Ronda Uruguay.
IV. Una nueva relación
En octubre de 1994, los Estados miembros de la UE
convinieron en el texto de un documento sobre parámetros de política económica en el
que se hacía énfasis en que «la promoción del comercio y de la inversión continuará
siendo la piedra angular de las relaciones con nuestros socios latinoamericanos y
caribeños». Desde ese entonces, la Comisión Europea ha formulado lineamientos
específicos que rigen las relaciones con los diferentes grupos regionales de América
Latina, que incluyen el posible establecimiento de un acuerdo de libre comercio recíproco
con MERCOSUR, la negociación de acuerdos económicos y políticos especiales con México
y Chile, la celebración de acuerdos de cooperación avanzados con el resto de los países
de Centro y Suramérica dentro del contexto del diálogo de San José, y la creación de
un diálogo especial con Cuba que conllevará a nuevas formas de cooperación.
La ausencia de lineamientos similares que rijan las
relaciones con la Cuenca del Caribe evidencia la incertidumbre de la UE en cuanto a la
vía a seguir. En momentos en que se ha completado el examen de mediados de período y
aún con cinco años de cooperación por delante dentro del marco de la Convención de
Lomé, la UE ha comenzado a pensar en la manera en que se insertan los Estados ACP en
general y los caribeños en particular dentro de sus políticas exterior y de seguridad y
en cómo se conducirán las relaciones futuras.
En lo que respecta a Europa, el Caribe constituye un caso
más bien peculiar. La prosperidad relativa de la región ha hecho que quedara fuera del
campo de las prioridades inmediatas de la UE. Asimismo, la existencia en la mayoría de
los países caribeños de regímenes elegidos democráticamente, con buenos historiales en
materia de derechos humanos, hace que la región sea considerada un área relativamente
estable. El Caribe bien pudiera ser víctima de una pérdida relativa de atención a
medida que el interés de Europa se centra en los más pobres de entre los pobres y en las
regiones más políticamente inestables del Africa al sur del Sahara y de la Europa del
Este.
Por otra parte, a diferencia de América Latina que ofrece
oportunidades de comercio e inversión cada vez mayores, el Caribe tiene pocos atractivos
para Europa. El pequeño mercado regional ya se encuentra saturado por las exportaciones
de Europa y América del Norte y, si bien las oportunidades de inversión comienzan a
abrirse en el naciente sector de los servicios, el marco regulatorio y el resto de la
infraestructura de apoyo deberían ser mejorados para crear un ambiente más atractivo
para la inversión. Además, la estrutura de la capacidad exportadora de la mayoría de
los países del Caribe es tal que deberá pasar algún tiempo antes de que puedan
participar efectivamente en el tipo de acuerdos de cooperación avanzados que la UE está
preparando con países latinoamericanos.
Esta es la naturaleza del dilema en que se encuentran
muchos de los países del Caribe, especialmente los del Caribe angloparlante: por ser
demasiado prósperos no cumplen con los requisitos para recibir una atención especial y
por ser demasiado débiles no pueden participar efectivamente en una relación nueva y
madura.
¿De qué manera, entonces, se integrará este dilema
dentro de la nueva política europea hacia el Caribe? Y, más aún, ¿de qué manera se
tomarán en cuenta dentro de una política común las dinámicas intrarregionales y los
diferentes niveles de desarrollo presentes en la región? ¿Cómo se integrarán dentro de
semejantes políticas las necesidades especiales de Haití y Surinam, e incluso de Cuba?
Además, ¿cuál de los mecanismos regionales existentes se utilizará como punto de
entrada en la región?
Esta última interrogante quizás sea la más fácil de
responder en la coyuntura actual. Se presentan tres posibilidades: la CARICOM, el
CARIFORUM y la AEC. Dadas las acciones de la UE tendientes a incorporar la Cuenca del
Caribe dentro de una política más amplia para América Latina, dado el apoyo manifiesto
al proceso de cooperación iniciado por la Asociación de Estados del Caribe y dado el
alcance geográfico de esta asociación, es probable que la UE seleccione a la AEC como
foro dentro del cual celebrar un diálogo político sobre los temas identificados como
comunes para América Latina y el Caribe. Las líneas generales de estos temas han sido
trazadas en el documento sobre parámetros de política económica adoptado por el Consejo
de Ministros de la UE, y en él se incluyen la lucha contra el narcotráfico, los
problemas relacionados con el medio ambiente y el respeto por los derechos humanos. A
estos temas cabe agregar los relacionados con la inmigración, que adquieren cada vez más
importancia dentro del diálogo entre Europa y la mayoría de los países caribeños.
La AEC también parece ser el foro más probable desde el
cual la UE intente poner en ejecución su estrategia «de lograr una nueva asociación de
las dos regiones con el fin de aumentar los intercambios económicos equilibrados,
promover el desarrollo sustentable, y fomentar el establecimiento de lazos culturales y
científicos». Surge la interrogante, sin embargo, de si el proceso iniciado bajo la AEC
avanzará a un ritmo que permita integrar las ambiciones de la UE en esta área. En la
situación actual aún quedan sin responder interrogantes pertinentes acerca de la
disposición de los Estados miembros actuales o potenciales para comprometerse a acometer
un programa de trabajo importante y acerca del nivel de compromiso para financiar su
funcionamiento3.
La otra posibilidad sería darle un mayor papel al
CARIFORUM y aumentar el número de sus países miembros para facilitar una política más
coherente de la UE hacia la región. Actualmente el CARIFORUM coordina y supervisa la
distribución de los fondos de cooperación regional aportados por el Fondo Europeo de
Desarrollo a los 15 países caribeños del grupo de Estados ACP. Este mecanismo podría
ampliarse de modo que administre todos los aspectos de la cooperación de la UE con el
Caribe, incluso el diálogo político. Los países y territorios de ultramar (PTOM) y los
departamentos franceses de ultramar (DOM) que en la actualidad tienen condición de
observadores deberían ser incorporados en calidad de miembros plenos. También debería
considerarse otorgar la calidad de Estado asociado u observador a los países del Caribe
en general para facilitar el diálogo político sobre temas comunes y poder incluir los
objetivos de la UE de fomentar los intercambios económicos y culturales entre
Latinoamérica y la Cenca del Caribe.
Valdría la pena explorar estas ideas. Por ahora, sin
embargo, la preocupación más urgentes sería considerar el nivel en el cual la UE
establecerá su futura política hacia el Caribe. El tipo de relaciones actuales con los
países de Centro y Suramérica ha producido una red de acuerdos de cooperación en la que
se contemplan circunstancias nacionales y regionales. De este modo, las relaciones de la
UE con MERCOSUR, México y Chile se han establecido a un nivel en el que se da más
énfasis al libre comercio y la reciprocidad que a la asistencia para el desarrollo. Para
los países de Centroamérica, los mayores beneficiarios per cápita en Latinoamérica de
la Administración para el Desarrollo de Ultramar (ADU), el enfoque ha sido diferente. La
política de la UE para la región está enfocada hacia el apoyo del proceso de paz, la
democratización, la integración regional y la reincorporación de los países de
América Central a los mercados mundiales.
Este enfoque diferenciado podría servir como argumento
para hacer que la UE organice su política hacia el Caribe a un nivel parecido al de su
política hacia Centroamérica, con énfasis en la reincorporación de los países del
Caribe a los mercados mundiales. El enfoque permitiría incluir el objetivo a largo plazo
de la UE de desincorporar gradualmente a la región de la actual estructura de
preferencias acordadas dentro del marco de la Convención de Lomé, lo que requeriría
nuevos mecanismos de cooperación que apoyen una transición del comercio preferencial al
comercio recíproco. El enfoque tendría también que tomar en cuenta los diferentes
niveles de desarrollo y los grados diferentes de dependencia de la actual estructura de
preferencias de Lomé que se presentan en la región. Un criterio posible sería imitar la
práctica actual del GATT según la cual se establecen diversos plazos para la
desincorporación gradual de estructuras de preferencias a diferentes grupos de países
dentro de la región. Los candidatos más evidentes para este enfoque diferenciado son los
países del Caribe oriental, para quienes el futuro desmantelamiento del actual régimen
del banano amenaza con desestabilizar toda la industria bananera. Ante la ausencia de
exportaciones alternativas, este desmantelamiento tendrá consecuencias considerables en
los ingresos de exportación, los compromisos de servicio de la deuda y los niveles de
empleo.
Estas son vías que vale la pena explorar, no sólo por la
Unión Europea sino también por las autoridades responsables de formular políticas. La
incertidumbre actual de la UE en cuanto a la manera de llevar adelante su relación con el
Caribe es una oportunidad para que los actores regionales contribuyan en la formulación
de esta relación. Es una oportunidad que no debe desaprovecharse. A pesar de los riesgos,
las relaciones futuras con Europa siguen siendo importantes para los objetivos de
desarrollo de los países caribeños.
Además de los acuerdos de comercio existentes que aseguran
la viabilidad de las industrias azucarera y bananera de la región, Europa constituye un
mercado cada vez mayor para el sector turístico de la región. Se espera un mayor nivel
de ingresos por concepto de las exportaciones de ron a la UE a raíz de la abolición de
las cuotas de ron ligero. La ampliación de la UE después de 1996 abrirá también nuevas
oportunidades de mercado para las exportaciones no tradicionales y otras exportaciones
exóticas de la región. Más aún, con las nuevas oportunidades que se abren en Cuba y
América Latina, la UE busca colocarse en una mejor posición para aumentar sus
inversiones en la región.
Las autoridades caribeñas responsables de formular
políticas deberán, por lo tanto, comenzar a planificar una estrategia que coloque a la
región en una posición ventajosa que le permita aprovechar las oportunidades que surgen
dentro del marco de una nueva relación con Europa. Para esta planificación se deberá
proceder a una clara evaluación de todos los asuntos pertinentes. En primer lugar, lo
más probable es que en una nueva relación entre la UE y el Caribe se contemple el final
del trato preferencial y el establecimiento de la reciprocidad, medidas que se adoptarían
en cumplimiento con el cronograma fijado en la Ronda Uruguay para desmantelar las barreras
al comercio y volver a los principios fundamentales de la reciprocidad y la no
discriminación en el comercio internacional.
Esta nueva situación implica severas restricciones para la
capacidad de maniobra de los países caribeños dentro del contexto del diálogo
Norte-Sur. La disolución de la Parte IV del GATT que hasta ahora había eximido a los
países en desarrollo de la obligación general de acordar reciprocidad en las relaciones
comerciales, sumada al período de entre cinco y diez años en el que la mayoría de los
países menos desarrollados deberá desmantelar sus barreras arancelarias y otros
obstáculos al comercio, han privado a los países del Caribe de una importante plataforma
de negociación desde la cual hacían sus solicitudes de trato preferencial en las
relaciones comerciales internacionales. Ha terminado la época del trato preferencial. La
actitud de los países desarrollados durante las negociaciones de la Ronda Uruguay ofrece
un claro indicio de que las relaciones comerciales del futuro incluirán el requisito de
reciprocidad y de no discriminación.
Por todo lo anterior, cualquier estrategia futura de los
países caribeños tendrá que hacer énfasis en la supervivencia sobre la base de la
competitividad, principalmente porque la liberalización cada vez mayor de la economía
mundial dará como resultado un mundo de acérrima competencia. Tener una estrategia
resulta aún más importante en vista de la institución del Area de Libre Comercio de las
Américas (ALCA), prevista para el año 2005. Propuesta por primera vez durante la Cumbre
de las Américas en Miami, celebrada en diciembre de 1994, la idea de un área de libre
comercio para todo el continente americano se ha convertido en el principal punto de
atención dentro de América Latina y el Caribe. De hecho, el tema de la adhesión al
NAFTA ha perdido relieve en todas partes, incluso dentro de la Comunidad del Caribe, como
resultado de la reunión ministerial de seguimiento de la Cumbre de Miami, celebrada en
Denver en 1995, en la que se decidió que el libre comercio en el hemisferio se
construiría "sobre la base de] los acuerdos sub-regionales y bilaterales existentes,
de modo de ampliar y profundizar la integración económica hemisférica hasta lograr la
convergencia de los acuerdos"4. El ALCA prevé la
liberalización de las barreras al comercio de bienes y servicios, la eliminación de las
restricciones para las inversiones, disposiciones sobre el libre movimiento de la mano de
obra especializada, la armonización de las políticas fiscales y monetarias y el
establecimiento de instituciones suprarregionales que administren los acuerdos y
solucionen controversias.
En su conjunto, estos procesos implican un desafío
para el Caribe, que se traduce en ajustes transitorios y en competitividad a largo plazo.
El Caribe, por lo tanto, necesita idear una estrategia de desarrollo global capaz de
incluir estos procesos. Dicha estrategia proveerá el marco general dentro del cual la
región establecerá sus relaciones futuras no sólo con el Norte desarrollado sino
también con los socios regionales de Centro y Suramérica.
V. Hacia una estrategia de
desarrollo global para el Caribe
Como región acostumbrada a disfrutar de acuerdos
comerciales preferenciales, la globalización del comercio en los próximos diez años
plantea un número de riesgos y desafíos para los países del Caribe a corto y mediano
plazos. Según estudios recientes sobre los efectos de la Ronda Urugay en los Estados ACP5, Trinidad y Tobago, Jamaica y Guyana se encuentran entre los
diez perdedores potenciales más grandes como resultado del desgaste de las preferencias y
del Acuerdo sobre Agricultura. Según cálculos del Banco Mundial6
las pérdidas totales de la región como consecuencia del NAFTA se ubican entre US$35
millones y US$53 millones, siendo los países más afectados la República Dominicana,
Jamaica y Haití, seguidos de Dominica, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas. Estas
pérdidas son resultado de la erosión de los beneficios comerciales bajo la CARIBCAN y la
CBI, así como de la desviación hacia México de inversiones que hubieran podido hacerse
en la región.
El mismo estudio destaca, sin embargo, que a pesar de las
pérdidas a corto plazo, un crecimiento económico anual de entre 3,5 y 4% es alcanzable
en la región hasta el fin de la década, siempre y cuando la región se reposicione para
aprovechar las nuevas oportunidades. Cabe destacar que estas nuevas oportunidades existen
en aquellos sectores en los que el Caribe ya posee, o comienza a poseer, algún grado de
ventaja competitiva. La eliminación gradual del Acuerdo Multifibras (AMF) en los
próximos diez años crea oportunidades para la expansión de las exportaciones de prendas
de vestir de los países de la región que tengan una ventaja comparativa en esta área.
Sin embargo, el motor del crecimiento futuro será cada vez más el turismo, así como
otras industrias de servicios tales como la informática, los servicios financieros, las
actividades de reexportación, los servicios médicos extraterritoriales, el ensamblaje de
componentes electrónicos y otras áreas en las que pueda competir la región.
Una estrategia de desarrollo futuro deberá, por lo tanto,
concentrarse en el reposicionamiento del Caribe dentro del orden económico global para
aumentar al máximo las oportunidades que se presenten. En consecuencia, los objetivos
clave de desarrollo deberían ser la diversificación de una estructura de exportación
que ya no se base en la agricultura tradicional sino en aquellos sectores que tengan el
mayor potencial de crecimiento dentro de los próximos 10 ó 15 años; el desarrollo de
sectores privados nacionales y regionales que sean dinámicos y eficientes y, por último,
la creación de una sólida base infraestructural, tanto física como humana.
En modo alguno se trata de propuestas nuevas. Sin embargo,
el hecho de que haya que repetirlas dice mucho en sí. Se requiere urgentemente un nuevo
compromiso de desarrollo de la competitividad en sectores no tradicionales si la región
no quiere quedar marginada dentro del nuevo impulso hacia la globalización. A nivel
nacional se requiere que las reformas al comercio aseguren que los recursos se muevan
eficientemente hacia los sectores de crecimiento y que se eliminen las políticas
discriminatorias del sector de los servicios. Todas estas acciones forman parte del
impulso general hacia un desarrollo dirigido por el sector privado. De hecho, es el sector
privado el llamado a liderar una economía cada vez más dinámica y emprendedora ya que
estará a la vanguardia de los más novedosos enfoques sobre el desarrollo. La UE destacó
claramente estos hechos dentro del contexto del examen de mediados de período de Lomé
IV. El énfasis cada vez mayor en la cooperación descentralizada indica la creciente
preferencia de los países desarrollados donantes por un diálogo descentralizado que se
concentre más en el sector privado y en otros agentes económicos y sociales que en los
gobiernos.
Dada la relativa inexperiencia de las instituciones del
sector privado de la región en el área de la cooperación para el desarrollo, se precisa
de una nueva asociación entre el sector privado y el sector público para identificar y
ejecutar las estrategias que pretenden el logro del crecimiento y la competitividad en
sectores no tradicionales. Dentro de este marco, las tareas más inmediatas consisten en
identificar los mercados potenciales y ejecutar políticas ara atraer capital y
tecnología extranjeros y fomentar el crecimiento de pequeñas y medianas empresas
orientadas hacia la exportación. Será preciso también dirigir energías hacia la mejora
de la productividad en los sectores existentes y el cumplimiento de las normas de
seguridad, especialmente en las exportaciones agrícolas y de alimentos procesados.
Estas iniciativas deberán ser complementadas con acciones
a nivel regional para llevar adelante el proceso de integración iniciado conforme al
CARICOM e identificar áreas de cooperación dentro de un nuevo impulso hacia la
competitividad. El Acuerdo de Cooperación Económica celebrado recientemente entre
Barbados y la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO) constituye una de estas
iniciativas. El acuerdo confiere prioridad a la cooperación en las áreas siguientes: el
sector de los servicios, particularmente la informática; la inversión, el desarrollo de
los servicios financieros, mercados e instituciones y la liberalización de los flujos de
capital; la cooperación comercial, incluyendo el establecimiento de vínculos en el
sector privado; y la cooperación técnica, particularmente el desarrollo de recursos
humanos.
Iniciativas similares son necesarias no sólo dentro del
CARICOM, sino también en el Caribe en general. A pesar de las oportunidades creadas por
el programa POSEIDOM para la cooperación con los países del Caribe francoparlante, las
relaciones con Guadalupe y Martinica siguen siendo mínimas. Una vez más, han sido los
países de la OECO los que han tomado la iniciativa de entablar la cooperación económica
con estos países. Ambas partes han realizado consultas, e incluso formado grupos de
trabajo conjuntos, con el fin de examinar la posibilidad de ejecutar un amplio programa de
cooperación. También han llegado a un acuerdo acerca del establecimiento de una Oficina
de Facilitación Comercial conjunta entre la OECO y los DOM. Otros temas objeto de
consideración incluyen la promoción conjunta del turismo en Europa, con Guadalupe y
Martinica como puntos de entrada internacionales, así como la colaboración en materia
agrícola, particularmente el cultivo del banano.
Estas iniciativas constituyen pasos en la dirección
correcta. Sin embargo, aún falta por hacer para acordar con los países del Caribe en
general mecanismos que faciliten la constitución de empresas mixtas y el intercambio de
información y tecnología. La oportunidad de establecer esos lazos dentro del foro de la
Asociación de Estados del Caribe (AEC) debe aprovecharse al máximo y en el menor tiempo
posible si la región desea conquistar un espacio económico más competitivo y viable
dentro del dinámico orden económico mundial; lo que pasa, en el corto plazo, por hacer
frente al desafío inmediato de asegurar un compromiso real y los recursos adecuados para
la organización.
En lo tocante a las relaciones futuras con Europa, el
Caribe debería intentar canalizarlas hacia la facilitación de la competencia en sectores
nuevos y en los existentes, así como en el fortalecimiento de la capacidad del sector
privado regional, lo que se añade a los actuales esfuerzos de la UE por fortalecer la
capacidad administrativa e institucional del sector público y mejorar la infraestructura
física. En las propuestas preliminares7 se han destacado
cinco grandes áreas en las que la UE y otros donantes internacionales pueden dar apoyo a
la región, a saber: el fortalecimiento de la capacidad negociadora; la asistencia a los
gobiernos en áreas de políticas, reforma legal y regulatoria y armonización; la
formulación de planes de apoyo institucionales o de otro tipo para el sector privado; el
fortalecimiento de las organizaciones regionales y, por último, el fomento de la
asociación entre los sectores público y privado en la región.
La primera de estas propuestas centra la atención en lo
que puede decirse es la limitación más grande para la región: el estado general de
falta de preparación de los sectores tanto privadocomo público de la región que les
permita participar de manera efectiva en la nueva generación de negociaciones comerciales
conducentes al logro de acuerdos recíprocos. En este sentido, se ha puesto un énfasis
particular en la necesidad de mejorar la capacidad del gobierno de evaluar el impacto de
la liberalización y la reciprocidad en ciertos sectores y productos, así como en la
formulación de posiciones y el desarrollo de una estrategia de negociación comercial.
Propuestas similares han sido formuladas para el sector privado regional. En este caso se
ha puesto el énfasis en dirigir el apoyo de la UE hacia el desarrollo de una capacidad de
investigación que permita evaluar las repercusiones, definir los objetivos sectoriales y
canalizar una visión del sector privado en negociaciones futuras con los gobiernos.
Estas proposiciones deben considerarse más pronto que
tarde. A medida que los gobiernos y las organizaciones del sector privado comiencen a
prepararse para las nuevas relaciones con la UE después de Lomé IV, surgirá la
necesidad de formular posiciones de negociación basadas en análisis coherentes y en una
clara evaluación de los intereses. Por tal razón, es preciso comenzar a trabajar desde
ahora en la formulación de un equipo de negociación que pueda recurrir al apoyo de la UE
en los próximos cinco años. Además de afinar y complementar las propuestas planteadas
originalmente, este equipo de negociación deberá producir ideas sobre tipos de arreglos
comerciales que concuerden con las prioridades de la UE y que sirvan a los intereses del
Caribe.
El Caribe no puede darse el lujo de adoptar la actitud de
quien espera a ver qué ocurre. Si bien cabe realizar todos los esfuerzos posibles para
preservar los aspectos de la Convención de Lomé que sean valiosos para la región,
también es importante comenzar a trabajar en la formulación de un cronograma para la
eliminación gradual de los acuerdos comerciales preferenciales después del año 2000.
Esta tarea deberá iniciarse dentro de un marco más amplio que tome en cuenta también el
cronograma de la Ronda Uruguay para la eliminación de preferencias, así como la fecha
estimada para la institución del ALCA. Este cronograma deberá ir acompañado de
propuestas para la creación de nuevos mecanismos de cooperación que sirvan para apoyar
la transición entre el comercio preferencial y la reciprocidad. En este sentido, resulta
valiosa la sugerencia8 de estudiar los acuerdos de libre
comercio existentes, como el celebrado entre Canadá y Estados Unidos o el NAFTA, en los
que se incluyen disposiciones sobre arreglos transitorios para algunos sectores sensibles.
Entre tanto, los gobiernos caribeños deben comenzar a
diversificar sus alianzas en Europa. Además de los socios tradicionales deben procurar
atraer a los nuevos Estados miembros ya que éstos podrían permitir asegurar tanto los
intereses existentes como los nuevos, además de ofrecer nuevas oportunidades de mercado.
Esta estrategia es importante precisamente porque el centro del poder en la UE se está
desplazando desde los socios tradicionales a los Estados miembros con los que los países
del Caribe no tienen relaciones fuertes, lo que quedó demostrado claramente durante las
deliberaciones sobre el régimen más satisfactorio para el banano del Caribe después de
1992. En este sentido, el sistema de votación dentro de la CE dio como resultado que la
decisión final la tuvieran países con los que el Caribe no tiene fuertes nexos, en
especial, Dinamarca, Irlanda y los Benelux. Una situación similar se dio durante las
negociaciones recientes en torno al Protocolo del Ron. Una vez más, los países que
demostraron una mayor voluntad para escuchar los argumentos planteados por el lobby
caribeño fueron los países escandinavos, con los cuales la región no tiene fuertes
vinculaciones.
Si el Caribe desea que su voz sea escuchada en Europa y si
desea aumentar al máximo sus nuevas oportunidades de mercado dentro de una Europa en
expansión, deberá comenzar a repensar su tipo de epresentación en Europa o utilizar el
esquema existente para construir nuevos puentes de amistad. También deberá hacer
esfuerzos para utilizar a plenitud las vías existentes de modo que la voz del Caribe
pueda oírse en Europa. Entre estas vías se incluyen el Consejo Caribeño para Europa
que, en sus tres años de existencia, ha demostrado su habilidad para defender y promover
los intereses caribeños en Europa. El Parlamento Europeo, al que tienen acceso especial
los gobiernos regionales y sus representantes a través de la Asamblea Conjunta ACP-UE, es
también un foro valioso mediante el cual la región puede intentar defender sus diversos
intereses. Otras vías incluyen las organizaciones no gubernamentales europeas que han
demostrado un interés especial en las relaciones establecidas conforme a la Convención
de Lomé.
Es importante también que los gobiernos caribeños y sus
representantes utilicen las reuniones regionales de los Estados ACP en los próximos cinco
años como foro significativo dentro del cual la región pueda comenzar a influir en la
conformación futura de las relaciones entre la UE y el Caribe. En realidad, los próximos
cinco años de cooperación según la Convención de Lomé serán cruciales. Por lo tanto,
cabe realizar cualquier esfuerzo para aumentar al máximo los beneficios existentes en
virtud de la Convención.
Las negociaciones para el establecimiento de una
nueva relación que sustituya a Lomé IV probablemente comiencen en 1998, lo que significa
que los gobiernos del Caribe y sus socios del sector privado disponen de menos de cinco
años para crear un consenso que proporcione la base para un enfoque común de los temas
regionales y nacionales en el contexto de una nueva relación con Europa. Más que nunca,
este es el momento para la acción.
NOTAS
1. Con excepción de Haití, Guyana,
Suriname y Belice.
2.Este punto se desarrollará a medida
que avance el informe.Véase H. Gill, The Association of Caribbean
States: Prospects for a "Quantum Leap", North-South Agenda Papers, No. 11, enero
de 1995.
3. Cumbre Ministerial
del Comercio de las Américas, Denver, Colorado, 30 de junio de 1995. Declaración
conjunta final, mimeo, par. 2 (citado en Gill, Hess y Pellerano, A new strategy to promote
regional integration in the Caribbean region, proyecto de informe preparado a nombre de la
Comisión Europea (octubre de 1995).
4. Véase Antonique Koning, Challenges
to ACP Trade with Europe after the Uruguay Round, Informe No. 1 de la Dirección de
Políticas de la ECDPM, julio de 1994.
5. Citados en el Informe sobre el
Caribe y Centroamérica, 18 de mayo de 1995.
6. Véase Gill, Hess y
Pellerano, A new strategy to promote regional integration in the Caribbean region,
proyecto de informe preparado a nombre de la Comisión Europea, octubre de 1995.
7. Véase Richard Bernal,
The compatibility of Caribbean Membership in Lomé, NAFTA and GATT. Ponencia presentada en
la Sexta Conferencia Europeo-Caribeña, Santo Domingo, República Dominicana, noviembre de
1993.
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