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Globalización,Comercio e Integración
Edición Nº 45
Enero-Marzo 1996

Articulación y convergencia de los acuerdos
de integración en el ámbito de la ALADI

Emb. Juan F. Rojas Penso
Economista venezolano. Secretario General Adjunto de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI)

    Artículo elaborado con base en la exposición realizada en la II Reunión de Responsables Gubernamentales de la Política Comercial de América Latina y el Caribe (ALADI/CEPAL/SELA), Caracas, 8 y 9 de febrero de 1996.

I. Introducción

    Desde mediados de la década pasada, progresivamente se fueron homogeneizando las políticas económicas instrumentadas en los once países miembros de la Asociación caracterizadas, en el ámbito del comercio exterior, fundamentalmente, por la rebaja unilateral de las tarifas arancelarias acompañada de la eliminación de las restricciones no arancelarias. Ello explicó, en gran medida, la proliferación y reactivación de acuerdos de integración en la región que, en términos generales, procuran la liberación plena del comercio de bienes en plazos relativamente coincidentes entre sí.

    En efecto, desde entonces emergieron en el marco de la Asociación el Mercado Común del Sur (MERCOSUR); el Tratado de Libre Comercio suscrito por Colombia, México y Venezuela (Grupo de los Tres-G-3); un conjunto de acuerdos bilaterales en los cuales participan, especialmente, Chile y México; se constituye la zona de libre comercio entre cuatro de los cinco países signatarios del Acuerdo de Cartagena; y, por último, se inician las negociaciones entre los países del MERCOSUR y el resto de los miembros de la ALADI con miras a la concertación de acuerdos de libre comercio.

    Aunado a ello entra en pleno vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC o NAFTA, en sus siglas en lengua inglesa); los Estados Partes del MERCOSUR suscriben un primer acuerdo con la Unión Europea, orientado también hacia la liberación comercial, en tanto que Chile y México inician o están por iniciar negociaciones con el bloque europeo en el mismo sentido, mientras que en el marco de la APEC acuerdan constituir una zona de libre comercio en el 2020. En el año 2005 deberán culminar las negociaciones conducentes a la conformación del Area de Libre Comercio de las Américas; en la cual deberán participar 34 países del hemisferio; y, finalmente, los países del G-3 profundizan sus relaciones con los centroamericanos y caribeños que los llevan, incluso, a formar parte de la recientemente creada Asociación de Estados del Caribe.

    Con excepción de esos tres países es poco lo que se ha podido materializar hasta el presente en relación a la proyección de la convergencia en el ámbito de la ALADI hacia Centroamérica y el Caribe.

    Para completar el cuadro de situación, en marzo de 1994 se suscribe el Acta de Marrakesch en la cual se recogen los acuerdos alcanzados en la Ronda Uruaguay del GATT que sientan las bases de creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), de la cual forman parte todos los países miembros de la ALADI desde septiembre de 1995 y que se encuentran obligados a cumplir totalmente con los acuerdos indicados.

    Todo ese complejo de interrelaciones establecidas por los países miembros de la ALADI conduce a sus órganos a redefinir el papel de la Asociación a través de una novedosa interpretación de su propia carta constitutiva en lo que se refiere a la forma de procurar la convergencia entre los distintos acuerdos pactados al amparo del Tratado d Montevideo 1980. Adicionalmente, se concerta un Protocolo Interpretativo del Tratado con el fin de establecer formas de excepción y regulación a los efectos de la aplicabilidad de la Cláusula de la Nación Más Favorecida en las relaciones de los países miembros con terceros países desarrollados.

    Sin embargo, por razones de distinta naturaleza, el proceso de articulación y convergencia se ha visto, antes que pospuesto, dificultado y demorado en su concreción, en particular, desde 1994. En ese año el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores, órgano de la Asociación, adopta un conjunto de resoluciones que incluían, entre otras, la puesta en marcha de un plan de acción para la articulación y convergencia de los acuerdos subregionales y bilaterales, mientras que en 1995 incorpora el concepto de la proyección hemisférica a ese proceso.

    La descripción de la evolución de las acciones de convergencia y el análisis de las causas que explican esas dificultades y demoras son los objetivos fundamentales de este artículo, en cuya primera parte, se intentan explicar los elementos que condicionaron el accionar de la Asociación durante 1995. En la segunda se presenta una apretada síntesis de la evolución del proceso regional de integración; y, finalmente, en la última sección se exponen a manera de condiciones las razones que explican los pocos avances logrados en materia de articulación y convergencia.

II. Condicionantes

    Durante 1995, la región volvió a ser testigo de la reactivación de algunas hipótesis de conflicto que estuvieron postergadas en sus efectos y formas de manifestación, pero que continuaban latentes como restricciones a la profundización de las relaciones bilaterales entre algunos de los países miembros de la Asociación.

    Si bien es cierto que, en términos generales, el conflicto más específico que hizo crisis a comienzos del año pasado no tuvo una incidencia fundamental en cuanto a la evolución y resultado del proceso de integración regional, sí contribuyó a profundizar el factor de incertidumbre que siempre está presente en toda negociación. En especial, si se entiende que esa negociación se estructura sobre la base de la consideración del ritmo en que se consolida cada proceso parcial de integración, sea éste de carácter subregional o bilateral.

    Es evidente que la suerte del Grupo Andino estuvo ligada durante buena parte del primer semestre del año pasado a la evolución del conflicto en que se vieron envueltos dos de sus países miembros. De esta forma se explicaron la postergación de acciones y la adopción de decisiones que incidieron, tal vez más en forma indirecta antes que directa, sobre el proceso de articulación y convergencia de los acuerdos de integración.

    Esta reactivación de una de las hipótesis de conflicto político-diplomático latentes en la región cristaliza en momentos en que otros países enfrentan, a su vez, los breves, pero fuertes embates de una crisis financiera que condujeron a profundizar los programas de ajuste y estabilización a que se encontraban sometidas, especialmente, las principales economías de la región.

    No obstante el mayor grado de incertidumbre que debieron enfrentar tanto las acciones multilaterales de integración como las de carácter subregional y bilateral, los resultados en el ámbito de la ALADI fueron más que satisfactorios, por lo menos, en lo que relaciona con el intercambio comercial.

    Como se verá más adelante, según cifras preliminares que dispone la Secretaría General, las exportaciones intrarregionales crecieron en el bienio 94-95 en un 30%, al alcanzar un monto cercano a los 37 mil millones de dólares, lo cual representa algo menos del 18% de las exportaciones globales de los once países de la Asociación. Por su parte, estas últimas se situaron en torno a los 160.000 millones registrándose, entonces, un incremento del 22%, por lejos inferior al verificado en las exportaciones a la región1.

    Esta situación puso de relieve, por un lado, la consolidación de una tendencia que pareciera ser irreversible, por cuanto es el cuarto de los últimos cinco años en que se registra un incremento del comercio por encima del 20% interanual. Y, por el otro, reflejó la definitiva voluntad del sector empresarial de aprovechar las ventajas que brindan los mecanismos de liberación comercial como base del interrelacionamiento entre los países miembros de la ALADI.

    Comportamiento similar han tenido las inversiones realizadas en la región por países miembros de la Asociación, tal como consta en el trabajo que fuera elaborado para el BID por el Dr. Eduardo Mayobre2.

    La incertidumbre que, de una u otra manera, caracterizara a las negociaciones llevadas a cabo al interior de cada grupo subregional, así como de aquellas que procuran las vinculaciones entre ellos y con otros países miembros de la Asociación no pertenecientes a los mismos, condicionó los resultados alcanzados a lo largo del año 95.

    En ese sentido, el Tratado de Libre Comercio suscrito por Colombia, México y Venezuela entró en plena vigencia a partir del mes de febrero de ese año iniciándose, entonces, el proceso de liberalización del comercio de bienes previsto en el acuerdo. Asimismo, los grupos especializados correspondientes iniciaron las negociaciones sobre el sector servicios, sin alcanzar resultados concretos, así como los trabajos en algunos sectores que tiene postergados el inicio del respectivo programa de liberación.

    Por su parte, el Grupo Andino mientras mantiene latente la plena conformación de la zona de libre comercio entre sus asociados y conforme a lo previsto inició la aplicación parcial del arancel externo común, debido a la ausencia de participación de Perú en los mecanismos para la formación del mercado ampliado. Sin embargo, vio reanudar las Reuniones de Presidentes que, al tiempo de adoptar un nuevo diseño estratégico para la integración subregional, encomendó a las instancias correspondientes adecuar las instituciones comunitarias a las nuevas realidades del proceso. Esta acción deberá estar culminada antes de la próxima Cumbre Presidencial que tendrá lugar en Trujillo, Perú, los días 9 y 10 de marzo próximo.

    El 31 de diciembre de 1994, el MERCOSUR culminó el programa de liberación del intercambio constituyéndose, así, la zona de libre comercio y, simultáneamente, entró en vigor el arancel externo común. No obstante, y en atención a las disposiciones que rigen a este proceso subregional, también entraron en vigencia tanto el régimen de adecuación al programa de liberación como las listas de excepciones a la tarifa externa difiriéndose, en consecuencia, la conformación plena de la unión aduanera para el año 2002. De esta manera se aprecia el diferimiento de los plazos previstos para cumplir con las metas pautadas.

    En su accionar externo, el MERCOSUR suscribió un acuerdo con la Unión Europea como base para iniciar las negociaciones para la liberación del comercio entre ambos grupos económicos. Asimismo, inició negociaciones con el resto de los países de la ALADI con miras a la actualización de sus respectivos acuerdos de alcance parcial, de manera tal que los mismos contemplen la conformación de zonas de libre comercio en lapsos que oscilarían entre los 10 y 15 años. En el caso particular de sus vinculaciones con México, los trabajos se iniciaron con el propósito de determinar los objetivos, ámbito y agenda de las negociaciones.

    Por su parte, Chile inició sus negociaciones para acceder al TLC, las cuales no prosperaron; con Canadá, en el plano bilateral; y con la Unión Europea. En el ámbito de la ALADI concertó un amplio acuerdo con Ecuador y ha continuado su negociaciones con Perú y con el MERCOSUR esperándose que éstas últimas concluyan el mes de marzo próximo.

    Al culminar la concertación de estos dos últimos acuerdos, Chile será el primer miembro de la Asociación en establecer una zona de libre comercio con lo demás países de la ALADI, con la sola excepción de Bolivia, mediante la agregación de los acuerdos de alcance parcial que habría suscrito en el marco del Tratado de Montevideo 1980.

    La Secretaría General teniendo en cuenta la situación antes descrita, elaboró un estudio en el cual se relacionan las preferencias pactadas al amparo del Tratado y el comercio generado en el marco de los acuerdos que las comprenden. Como producto de ese estudio se concluye que con base en los acuerdos ya suscritos y proyectando aquellos que deberían suscribirse en el trienio 95-98, se puede esperar que los países de la ALADI conformarían una zona de libre comercio regional en el lapso comprendido entre los años 2005 y 20103.

    Igualmente, el estudio mencionado, el cual ha sido objeto de una actualización permanente, está permitiendo la identificación de un conjunto de elementos para proponer a los países el desarrollo de negociaciones, por una parte, de carácter global que, eventualmente, conduzcan a la homologación de los acuerdos en lo que a sus aspectos normativos se refiere y a acelerar los programas de liberación contemplados en los mismos contribuyendo, así, a acortar los plazos para alcanzar la liberación plena del comercio propuesta en ellos.

    Por la otra, el estudio en cuestión será el punto de partida para la conformación de un nuevo módulo del sistema integral de información, el cual será de utilidad tanto para los gobiernos en sus acciones de negociación como para los operadores privados en su labor, empresarial, al poderse disponer de una herramienta que permitirá obtener información comparable en forma sistemática y simplificada acerca de los potenciales de mercados y de las condiciones de acceso a los mismos.

    Otro factor que condicionó, en buena medida, los pocos avances alcanzados en materia de articulación y convergencia en el marco de la ALADI, radica en el inicio de trabajos que deberán conducir a la creación del Area de Libre Comercio de las Américas. No obstante reconocer que por razones totalmente exógenas a la voluntad de los países latinoamericanos y del Caribe, las expectativas sobre el ALCA han disminuído, también debe tenerse presente que el debate en torno a la forma como debe encararse el proceso de articulación y convergencia se vio, entorpecido al entrar en juego un conjunto de variables vinculadas a las políticas externas de los países, que alteraron las pautas previstas para orientar ese proceso.

    Esa modificación de las pautas condujo al desarrollo de un debate, a la larga inconcluso, acerca de la metodología más adecuada para encarar la convergencia en la región. En el transcurso de ese debate surgieron tesis que oscilaban desde el extremo de hacerla descansar en los avances para la constitución del ALCA hasta la que postula las aproximaciones sucesivas de los acuerdos, pero sin que se lograra identificar la meta hacia dónde debían conducir esas aproximaciones.

    De todo ese debate, sí pudo rescatarse la conclusión de que independientemente de cuál sea la forma en que se instrumente la articulación y convergencia, ella deberá respetar los ritmos en que se vayan profundizando los acuerdos subregionales y bilterales vigentes en la región.

    Finalmente, un último factor que debe tenerse en consideración se localiza en la instrumentación de los acuerdos a que obliga la membresía en la OMC. Todos los países miembros de la ALADI deben cumplir en su totalidad con esos acuerdos, lo cual permitía pensar, en principio, que los mismos serían la base de convergencia entre los acuerdos de integración.

    No obstante los esfuerzos desplegados por los países en ese sentido, debe destacarse qu aún subyace en la región un conjunto de limitaciones, especialmente institucionales y de recursos humanos, que explicarían los atrasos en que podrían incurrir algunos países en la plena aplicación de los acuerdos logrados en la Ronda Uruguay.

    Ello llevaría a reflexionar acerca de las reales posibilidades que brindan esos acuerdos para constituirse en la base de la convergencia. Adicionalmente, esa reflexión podría extenderse hasta el extremo de que la región pudiere ensayar una acción coordinada como parte de una estrategia defensiva frente a la eventualidad de un atraso generalizado en el cumplimiento de los compromisos adquiridos en el marco de la OMC.

III. Resultados alcanzados

    Como puede concluirse de los hechos descritos en la sección anterior, en el ámbito de la ALADI, el proceso de articulación y convergencia se ha circunscrito a las negociaciones que están realizando los países miembros entre sí, escenario en el cual MERCOSUR, indudablemente, ha adquirido un papel protagónico. Sin embargo, los resultados alcanzados no se compadecen con las expectativas generadas al inicio de esas negociaciones.

    En efecto, durante 1995 apenas logró cristalizar el acuerdo entre Bolivia y MERCOSUR, pero únicamente a nivel de la multilateralización del denominado patrimonio histórico, quedando pautada la continuación de las negociaciones para el presente año, las cuales deberán conducir a ampliar ese acuerdo con miras a la conformación de una zona de libre comercio entre ambas partes4.

    Las negociaciones entre Chile y MERCOSUR fueron postergadas y, como ya se indicara, deberán concluir el mes de marzo próximo, en tanto que las emprendidas con los demás países de la Asociación apenas concluyeron en la ampliación de la vigencia hasta el 31 de diciembre de 1996 de los acuerdos bilaterales pactados al amparo del Tratado.

    Debe sí reconocerse, por un lado, que en las conversaciones sostenidas entre las partes involucradas se analizaron las pautas que deberán regir las negociaciones a ser desarrolladas a lo largo del presente año. Por el otro, que a pesar de la postergación de que fue objeto la agenda multilateral de ALADI, se alcanzaron algunos resultados que merecen ser destacados.

    Así, en primer lugar, y como se mencionara anteriormente, el comercio intrarregional se incrementó sustancialmente, a tal punto que el mercado de la región se constituyó en el primer destino de las manufacturas exportadas por los países miembros.

    En cuanto a los intercambios subregionales y bilaterales, el MERCOSUR arrojó el flujo comercial subregional más importante al interior de la ALADI en 1995, con una participación del 41% en el total de las exportaciones intrarregionales. Ello representó una leve disminución con respecto al año anterior, pues su crecimiento fue algo menor al promedio verificado en la región.

    Una situación semejante presenta el comercio entre México y los países del Grupo Andino y, más acentuada aún, el flujo entre México y los países del MERCOSUR, en ambos casos como consecuencia de la crisis económica iniciada en diciembre de 1994.

    En cambio, el comercio de los países del Grupo Andino entre sí, y el que realizan con los del MERCOSUR, acrecentaron algo su participación dentro del total en 1995 con respecto al año anterior, al aumentar ligeramente más que el comercio intrarregional en su conjunto.

    Resulta muy destacado el papel del comercio de Chile con el resto de sus socios de la ALADI en el último año. Tanto sus vínculos con el Grupo Andino y el MERCOSUR, como epecialmente sus intercambios con México, superan largamente el promedio de crecimiento, convirtiéndolo en un pilar importante de la expansión del comercio intra-ALADI.

    Por otra parte, Argentina, Chile, México y Venezuela mostraron el crecimiento más significativo en sus ventas a la región en 1995.

    En particular, es de destacar el caso de México, que duplicó el valor de sus exportaciones con respecto al año anterior, con lo cual resulta evidente que el bajo dinamismo de sus intercambios con el Grupo Andino y el MERCOSUR obedeció sobre todo al de sus importaciones desde tales orígenes, debido a la situación mexicana, como se señaló anteriormente.

    Solamente Bolivia decreció sus exportaciones a la región, y resultaron muy poco dinámicas las de Brasil y Uruguay. Cabe mencionar especialmente el caso de Brasil porque, a pesar de su peso relativo en los flujos de comercio al interior de la Asociación, el comercio total resultó igualmente muy dinámico.

    Brasil, Chile, Perú y Venezuela fueron los mercados más importantes de destino de las exportaciones intrarregionales.

    Brasil, en particular, a lo largo del segundo año de su proceso de estabilización, representó un mercado singularmente activo para las ventas de sus copartícipes de la ALADI y atrajo casi el 30% de las exportaciones intrarregionales en 1995, habiendo constituido el 22,5% en 1994. Con excepción de Bolivia, cuyas ventas a Brasil disminuyeron, los restantes países de la ALADI las aumentaron fuertemente en el último año, lo que seguramente redundará en un mayor equilibrio en el saldo comercial del Brasil con la región, tradicionalmente altamente superavitário5.

    Las acciones regionales, a pesar de la postergación de que fueron objeto registraron algunos avances que cabría destacar. En ese sentido, los países miembros culminaron el proceso de suscripción del Segundo Protocolo del Acuerdo sobre la Liberación del Comercio de Semillas, meta que se alcanzará el 26 de febrero próximo, y se encuentran terminando el proceso correspondiente al del Acuerdo para la Libre Circulación de Bienes y Servicios Culturales.

    Adicionalmente, el Comité de Representantes se apresta a sancionar definitivamente el Acuerdo sobre Normas Técnicas, así como las Normas Comunes para la Valoración de las Mercancías en Aduanas basadas en el Código de la OMC, con lo cual, de alguna manera, se da cumplimiento a las recomendaciones emanadas de la I Reunión de Responsables de Política Comercial. En esta misma línea de acción, el Comité aprobó la actualización de la nomenclatura arancelaria de la Asociación, la cual servirá de base para dar inicio a los trabajos encaminados hacia la estructuración de una propuesta relativa a la adopción de una nomenclatura común para toda la región.

    Finalmente, y en cumplimiento de los mandatos emanados tanto del Consejo de Ministros como del Comité, la Secretaría General se incorporó activamente a las actividades encomendadas al Comité Tripartito BID/CEPAL/OEA para apoyar a los grupos de trabajo creados en la Reunión Ministerial de Denver, en particular, a los Grupos de Acceso a Mercados y al de Normas de Origen y Procedimientos Aduaneros.

IV. Conclusiones

    A lo largo de este artículo se han podido apreciar los atrasos que se han registrado en el ámbito de la ALADI para acometer todas las tareas programadas para la articulación y convergencia de los acuerdos pactados en el marco del Tratado de Montevideo 1980.

    Como se vio, igualmente, diversas causas de distinta naturaleza explican esos atrasos que contrastan de forma manifiesta con los avances registrados en el ámbito de los acuerdos bilaterales y subregionales, así como con algunas de las materias que forman parte de la agenda de la ALADI. Existen algunos elementos que gravitan de manera determinante y que abonan la incertidumbre que signa al proceso dearticulación y convergencia de los esquemas de integración surgidos en la Asociación, así como el de éstos con el Centroamericano y el del Caribe.

    Entre esos elementos, debe mencionarse, en primer lugar, la indefinición metodológica que sobre la materia reina en la Asociación. La convergencia de los acuerdos de integración de América Latina y el Caribe y la conformación del ALCA no constituyen, en sí mismo, procesos excluyentes. Sino que, por el contrario, irán cristalizando en forma simultánea en el tiempo siendo, entonces, que el primero de ellos apoyará al segundo, sin que ésto se traduzca en la necesidad de consolidar los acuerdos ente los países latinoamericanos y caribeños como paso previo o pre-requisito de la liberalización plena del comercio a nivel hemisférico.

    Asimismo, esa simultaneidad explica, de alguna manera, la crisis que enfrentan varias de las instituciones de integración y cooperación de la región. Es evidente que el surgimiento del Plan de Acción para el ALCA contribuyó en forma determinante a terminar de desdibujar el rol que tradicionalmente habían desempeñado esas instituciones. Salir al encuentro de esa metodología, por muy flexible que ella se conciba, también es salir al rescate de la institucionalidad latinoamericana, al poderse redefinir su accionar y forma de participación para atender los desafíos que le impone la problemática actual de la integración.

    Un segundo elemento que ha contribuido al letargo de las acciones en procura de la articulación y convergencia se localiza en el hecho de que las negociaciones acometidas por los países en ese sentido tienen su agenda limitada al establecimiento de programas para la liberación del comercio de bienes y de disciplinas que coadyuvan a conceder transparencia al acceso a los mercados. Con ello, si bien se abarca el universo arancelario, aunque se contemplen tratamientos de excepción a determinados sectores y productos, también debe reconocerse que ya no es posible pactar acuerdos que no incorporen tratamientos a determinadas materias que influyen decisivamente en las relaciones económicas internacionales de los países y, en especial, sobre el comercio de bienes.

    La globalización de la economía que explica, entre otros aspectos, la amplitud de la agenda que fuera objeto de tratamiento en la Ronda Uruguay y los desafíos que se avecinan como producto de la etapa preparatoria de la OMC son hechos que no le son ajenos a la región y, por supuesto, no lo pueden ser a su integración.

    Si a ello se agrega la circunstancia que el mercado regional no constituye por sí mismo escala suficiente de producción para los principales productos primarios de exportación de la inmensa mayoría de los países de la ALADI, se concluye en que la multidimensionalidad que caracteriza a los esquemas de integración bilaterales y subregionales debe también reflejarse en las acciones de articulación y convergencia que deben abordarse a nivel regional. Aún más, la ampliación de la naturaleza temática de esas acciones facilitará, seguramente, la consecución de equilibrios en las negociaciones que, de circunscribirse exclusivamente al ámbito del comercio de bienes, generarían mayores desequilibrios a los que ya son verificables en las relaciones intrarregionales.

    Temas como los servicios, inversiones, infraestructura, propiedad intelectual, normas técnicas y sanitarias y fitosanitarias, entre otros, deben formar parte de las negociaciones que se han emprendido, no sólo por las razones que se indicaron anteriormente, sino que su abordaje contribuirá a la coordinación de posiciones entre los países latinoamericanas y caribeños en otros foros internacionales.

    No obstante que la articulación y convergencia es un proceso que se vincula estrechamente con los ritmos de consolidación de los acuerdos bilaterales y subregionales, esos ritmos no son respetados por el dinamismo que caracteriza a las relaciones económicas internacionales. Ello lleva a pensar que no s;lo la agenda de la convergencia debe nutrirse con los temas antes mencionados, sino que será necesario evaluar si a ella no sería conveniente incorporar temas que si bien todavía no tienen un tratamiento a nivel internacional, si formarán parte del nuevo temario que surgirá en la OMC. Tales temas son, ente otros, la vinculación de normas para preservar y conservar el medio ambiente con el comercio, el denominado dumpling social (labor standard) y las normas de competencia.

    El tercer elemento, y que se relaciona estrechamente con el anterior, se refiere a la rigidez que se ha puesto de manifiesto en las posiciones adoptadas por varios de los países miembros de ALADI en el proceso de negociación hacia la convergencia. Quizás influidos por la dicotomía presente en la concepción metodológica de ese proceso, por la velocidad con que evoluciona el o los esquemas subregionales a los cuales pertenecen, bien por razones de política nacional o de otra índole, aún de carácter geopolítico, algunos países han introducido tales rigideces en su posición negociadora que, en la práctica, pareciera que las negociaciones en curso se constituyen en un proceso de adhesión a esa posición antes que de concertación

    Si efectivamente las negociaciones fuesen llevadas a cabo con el objeto de una adhesión, la transparencia con que se realizarían contribuirían a la fluidez de las mismas y no se estarían verificando tantos retrasos en la convergencia como los que ahora se registran.

    El desarrollo del proceso de articulación y convergencia debe estar dotado de una gran flexibilidad, en particular, teniendo en cuenta, fundamentalmente, los ritmos con los cuales evolucionan los esquemas ya pactados, las asimetrías estructurales que diferencian a los países de la región y a la dinámica con que se desarrollan las relaciones económicas entre ellos.

    Por tanto, esa condicionante inscrita bajo el rótulo de la flexibilidad tiene que reflejarse también en las posiciones adoptadas unilateralmente por los países o grupos de países cuando enfrentan la negociación orientada hacia la articulación y convergencia. Esta condicionante pareciera ser, en este momento histórico, un pre-requisito para alcanzar el objetivo propuesto.

    Un elemento adicional que se inscribe en este contexto del retraso se localiza en la postergación de que han sido objeto los organismos regionales de integración y cooperación en todo el proceso de negociación. En el caso particular de la ALADI, la participación en el mismo se ha limitado, por un lado, al aporte que ella brinde como infraestructura logística y de información a través de su Sistema Integral de Información de Comercio Exterior; y, por el otro, al apoyo notarial cuyo valor cobra una especial relevancia por la vía de hacer efectiva la excepción a la Cláusula de la Nación Más Favorecida de conformidad con la normativa internacional correspondiente.

    A pesar de los reiterados mandatos emanados de los órganos políticos de la Asociación, la Secretaría General ha visto limitadas sus posibilidades de hacer más efectivo su apoyo al proceso negociador desvalorizándose, así, su acervo de información, conocimiento y experiencia acumulada a lo largo de transitar 35 años sobre el sendero de la integración latinoamericana.

    Es evidente que esa realidad es una manifestación más de la crisis de la institucionalidad latinoamericana, en cuyo crisol se funden la ausencia de demandas por parte de los países con las restricciones de ofertas, y es justicia reconocerlo, por el lado de los organismos regionales. Quebrar este círculo vicioso requerirá del esfuerzo de todos, de manera tal que las instituciones puedan reorientar su rumbo y adecuar su accionar a los desafíos que ahora se les imponen.

    Por último, los acuerdos que han concertado Colombia, México y Venezuela con los países de Centroamérica y del Caribe, en menor medida los pactados por Brasil, así como los esfuerzos que con tal sentio está realizando Chile, no se ha puesto en marcha un programa de acción orientado a profundizar las relaciones económicas de Sudamérica con esas subregiones.

    Obviamente que no sería difícil identificar las razones que explican esa realidad. Sin embargo, en cualquiera de las concepciones que se fundamente el proceso de articulación y convergencia en la ALADI, esta ausencia de relacionamiento será un obstáculo para proyectarlo hacia Centroamérica y el Caribe.

 

    NOTAS

1. Las cifras mencionadas fueron elaboradas por la Secretaría General con base en información suministrada por los países miembros de la Asociación.

2. Mayobre Eduardo. «Una primera aproximación al tema de los movimientos de capital entre países de América Latina», BID, Mimeo, Caracas, Diciembre de 1995.

3. Al respecto, véase «Análisis del sistema de preferencias de la ALADI SEC/dt 380.5».

4. El Acuerdo de Complementación Económica suscrito por Bolivia y los Estados Partes del MERCOSUR figura en los registros de la ALADI bajo la denominación de AAP. CE 34.

5. Las cifras mencionadas fueron elaboradas por la Secretaría General con base en información suministrada por los países miembros de la Asociación. El texto de los comentarios incorporados a este artículo ha sido objeto de publicación en varios medios de comunicación escrita y en diversos documentos de la Secretaría General.

 

 


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