Globalización, Comercio e Integración
Edición Nº 45
Enero-Marzo 1996 |
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En la era de la globalización.
Espacios y opciones de integración
Juan Mario Vacchino
Director de Desarrollo de la Secretaría Permanente del SELA
El presente artículo está basado en la ponencia
presentada al Seminario «América Latina en la era de la globalización», organizado por
el Instituto de Altos Estudios de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela y el Centro
de Análisis de Políticas Públicas de la Universidad de Chile, Santiago, 27 al 29 de
noviembre de 1995.
Las opiniones expuestas son de responsabilidad exclusiva
del autor y no comprometen ni expresan necesariamente la posición de la institución en
que se desempeña.
I. El nuevo escenario
internacional
Bajo el impulso de la revolución tecnológica, de la
internacionalización de las finanzas y de la producción y de los mercados, ha cobrado
importancia una tendencia a la globalización1, que
interrelaciona a empresas y países, en diferentes planos y dimensiones, que confluyen en
la conformación progresiva de un sistema mundial, cada vez más articulado en una única
economía y mercado. Parecería que nunca antes se hubiera avanzado tanto en la tendencia
a la mundialización, como expresión del desarrollo acelerado y unificado del sistema
capitalista a escala planetaria2.
En esta perspectiva, la culminación de la Ronda Uruguay
del GATT, con resultados alentadores, permitiría preservar la existencia de un orden
multilateral, con reglas estables para el manejo del comercio internacional, que involucra
desde ahora el comercio de servicios. El surgimiento de la Organización Mundial de
Comercio (OMC) y el nuevo ordenamiento normativo acordado constituyen el insoslayable
punto de partida del conjunto de reglas que se deberán emplear en la región. Al mismo
tiempo, su adopción por todos los países participantes en la OMC, permitiría contar con
reglas y disciplinas con un alcance planetario para la actuación de los países
periféricos en la economía mundial.
Junto con el proceso de globalización, se han
desarrollado, en forma creciente, agrupaciones regionales, cuyo surgimiento si bien se
puede asociar con las dificultades con que los países han tropezado dentro del sistema
multilateral de comercio, y más particularmente con las diferentes asimetrías que han
caracterizado a la economía internacional, son también expresiones concretas de una
tendencia que encuentra en la vecindad y en la similitud de orígenes, situaciones y
perspectivas, el punto de partida para desarrollar proyectos comunes en diferentes planos
de la realidad3.
II. La difícil evolución
latinoamericana
Mientras en el mundo aparecían nuevas e importantes
fuentes de crecimiento económico, con un dinamismo renovado de los mercados
internacionales y un comercio internacional que crecía geométricamente, los países de
la región siguieron apegados durante varias décadas a un esquema de desarrollo hacia
adentro, tratando de responder a su tradicional vulnerabilidad externa con mayores grados
de autosuficiencia.
Algunos de los intentos que se realizaron para cambiar esta
orientación e iniciar una transición hacia una estrategia de desarrollo más orientada
hacia el exterior fracasaron, primero, como consecuencia de la sólida red de intereses
empresarios y de otros sectores conexos que apoyaban el mantenimiento de políticas
aislacionistas, que permitían conservar posiciones hegemónicas en los mercados
nacionales sin riesgos y sin innovaciones. Después, porque las políticas de apertura que
se adoptaron bajo el rigor de las dictaduras militares, y a partir de un endeudamiento
externo fácil, facilitado por el comportamiento del sistema financiero internacional, no
produjo todos los cambios estructurales necesarios, ni tuvo suficientemente en cuenta las
consecuencias económicas y sociales de la crisis que se avecinaba.
El estallido de la crisis de la deuda externa, a comienzos
de los años ochenta, puso de manifiesto la vulnerabilidad de las economías de la región
y la necesidad de emprender políticas de ajuste, con un elevado costo económico y
social, combinadas con otras medidas de tipo estructural, dirigidas a lograr una mayor
apertura al exterior, mejorar la asignación de recursos, estimular la competitividad y
alcanzar una mejor inserción en la economía internacional. En esta perspectiva, todos
los gobiernos intentaron, con mayor o menor énfasis y resultados, dar estabilidad a las
economías de la región (equilibrio fiscal, privatizaciones, redimensionamiento del
Estado, modernización y mayor exposición del aparato productivo a la competencia
externa).
Más allá de los cambios en estrategias y estilos, la
integración regional, en alguna de sus diversas modalidades, continuó concitando el
interés de los latinoamericanos, que siguieron creyendo que ella encarnaba uno de los
principales caminos para proyectarse hacia el futuro y así se fueron multiplicando las
experiencias integracionistas entre países de la región, desde mediados de la década de
los ochenta. Con más frecuencia se reconocía a la integración como un fenómeno
complejo y multidimensional, que trasciende los aspectos comerciales, para abarcar todos
los planos de la realidad social, que revaloriza el espacio económico y el mercado
regional en los que están insertos los diferentes países, y que tiene en la democracia
un valor fundamental, que se constituye en el presupuesto básico y condición
indispensable para su progreso.
Esta nueva etapa del proceso de desarrollo e integración
regional se diferencia de las fases anteriores porque se ha pasado de una estrategia
orientada a ampliar los mercados nacionales (como extensión del modelo de sustitución de
importaciones a escala nacional), a una integración abierta que, además de profundizar
las interdependencias entre los países de la región, trata de servir de sustento a una
mejor inserción en las corrientes mundiales de comercio e inversión, donde se requieren
crecientes niveles de eficiencia productiva y competitividad internacional.
Empero, las dificultades que se manifiestan actualmente, que se vuelven a desencadenar,
como en los años ochenta, comenzando por México, parecen mostrar que existe el riesgo de
que se repita la crisis financiera antes de que concluya el período de reajuste y
modernización, frustrando una vez más la lógica ambición de los países de la región
por alcanzar estadios superiores de desarrollo e integración4.
III. Espacios de relacionamiento externo
En el escenario internacional bosquejado inicialmente, y
como expresión de la diversidad de situaciones y multiplicidad de matices de América
Latina, difíciles de reducir a unos pocos y predominantes rasgos, los países de la
región apuntan a desarrollar estrategias simultáneas de relacionamiento externo, que
involucran a diferentes espacios, en una suerte de círculos concéntricos, relacionados
entre sí, cuyos límites, en muchos casos, están apenas bosquejados5.
Los diferentes espacios tienen por protagonistas a:
- los países vecinos geográficamente, en lo que se podría
denominar como la esfera subregional, suerte de base natural de actuación (MERCOSUR,
Grupo Andino, Grupo de los Tres, acuerdos bilaterales de amplia cobertura y, desde la
mencionada perspectiva, también el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCNA);
- el conjunto de países de América Latina, en un menos
preciso espacio regional, que valoriza objetivos de unidad vinculados con el pasado
histórico (tanto de la época independentista, como, más recientemente, en los impulsos
hacia la integración regional, expresados multilateralmente en los sucesivos proyectos
ALALC/ALADI y en la reciente creación de la Asociación de Estados del Caribe, y para los
aspectos políticos, por la conformación del Grupo de Río);
- los países del Hemisferio, en un espacio de relacionamiento
que adquirió actualidad con la Declaración y el Plan de Acción de la Cumbre de Miami,
de diciembre de 1994 que, retomando la idea lanzada años antes por la Administración
Bush, se ha propuesto establecer el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que en
cierto modo viene a reforzar, o en todo caso sustituir la improbable proyección
continental del TLCNA, dada sus especificidades, a través de los anunciados o eventuales
intentos de accesión al mismo de otros países de la región;
- agrupamientos de países de diferentes continentes, en una
especie de esfera más amplia de relacionamiento, distinta del espacio mundial, apoyada en
diferentes lazos de cooperación e intereses comunes (en el caso de América Latina,
especialmente con la Comunidad Europea, aunque sin desconocer las perspectivas de
relacionamiento con la Cuenca del Pacífico y el Asia).
IV. Los espacios subregionales
latinoamericanos
En el espacio subregional se han desarrollado unas
agrupaciones primarias, muy próximas a las realidades particulares de los diferentes
países de América Latina. Este proceso de subregionalización, como característica
dominante de la nueva fase de la integración en América Latina, si bien se relaciona
íntimamente con las políticas de apertura al exterior, implica la búsqueda de mayores
grados de homogeneidad entre un número más reducido de países, unidos por fronteras
comunes y otras condiciones compartidas, para lograr entre ellos interrelaciones más
profundas a nivel político, económico, tecnológico, cultural y social.
Si se deja de lado, por las estrechas dimensiones de
este trabajo, los casos particulares de Centroamérica y el Caribe, que también poseen
importantes expresiones de relacionamiento recíproco entre grupos de países dentro de
sus esquemas generales: Mercado Común del Caribe (en CARICOM) y Mercado Común de
Centroamérica (MCCA), (caso de los Estados del Caribe Oriental, los países del
triángulo norte centroamericano), para concentrarnos en las relaciones establecidas entre
los países miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), pueden
observarse diversas situaciones de subregionalización y ejes de polarización:
1. El MERCOSUR
Conformado sobre la base de la relación Argentina-Brasil,
a la que se sumaron después Paraguay y Uruguay, constituye actualmente un sólido y
continuo conjunto integracionista, más allá de las diferencias relativas en tamaño,
población y producción de sus países miembros. En un brevísimo tiempo, pues surgió
del Tratado de Asunción, suscrito en marzo de 1991, se logró establecer, a partir del
1º de enero de 1995, una unión aduanera imperfecta (o en perfeccionamiento), en la
perspectiva de constituir ulteriormente un mercado común6.
El MERCOSUR ejerce actualmente un interesante efecto
de atracción sobre los restantes países de América del Sur, con los cuales se encuentra
actualmente negociando nuevos acuerdos de amplia cobertura, que incluyen una progresiva
liberalización del comercio recíproco. Como se verá posteriormente, este influjo
podría contribuir a consolidar la dimensión regional del proceso de integración en el
marco institucional de la ALADI o, en todo caso, para proyectarse como nuevo eje de
polarización y convergencia sobre la base de su propia institucionalidad, o la que
podría resultar de las negociaciones que deberán realizarse al efecto.
2. El Grupo Andino
El más antiguo de los bloques subregionales, acaba de
agregar al pleno funcionamiento de una zona de libre comercio para cuatro de sus países
miembros (Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela), la adopción del Arancel Externo Común
(AEC), que ha sido considerada como un «hito histórico», alcanzado después de varios
años de difíciles negociaciones.
Estructurado en términos económicos sobre el eje
bilateral Colombia-Venezuela, el Grupo Andino parece estar sometido a fuertes tendencias
centrífugas, como las que se expresan a través del Grupo de los Tres, a que se hace
referencia seguidamente, la reticencia de Perú a reincorporarse plenamente al proceso
general (aunque negociando con Bolivia la concertación de un área de libre comercio) y
la atracción creciente del MERCOSUR sobre sus países miembros. Asimismo, en el aspecto
institucional se han resuelto adoptar algunos reajustes que suponen, entre otros aspectos,
la transformación de la Junta del Acuerdo en una Secretaría General y el reforzamiento
de los órganos intergubernamentales, al estilo del MERCOSUR.
3. El Grupo de los Tres
Resultado del Tratado de Libre Comercio entre Colombia,
México y Venezuela, suscrito el 13 de junio de 1994, vigente desde el 1o. de enero de
1995, se propone establecer una zona de libre comercio en materia de bienes y servicios al
cabo de un período de transición. El Tratado contiene, asimismo, diversas disposiciones
relativas a la propiedad intelectual, las inversiones, y el medio ambiente y establece una
Comisión de Comercio para administrar el programa.
Aunque las relaciones económicas entre Colombia y
Venezuela se han reforzado en los últimos años, a partir de la decisión de establecer
entre ambos países una Unión Aduanera, las vinculaciones con México han continuado
siendo considerablemente más débiles. No obstante, por la existencia de intereses
compartidos, y la relativa cercanía geográfica, pues no hay continuidad entre ellos, el
Grupo de los Tres tiene un cierto potencial como eje de diferentes esferas de influencia y
proyecciones: Centroamérica, el Caribe y otros países andinos, atraídos por el peso
específico del Grupo y, desde luego, por su posible condición de puente hacia el Mercado
del TLCNA7.
4. Los acuerdos bilaterales de amplia
cobertura
Los acuerdos bilaterales de amplia cobertura, llamados
también de «nueva generación»8, han sido utilizados por
Chile como técnica de relacionamiento con otros países de la región, que le ha
permitido vincularse con casi todos los demás países de la región y proponerse,
asimismo, asociarse con el MERCOSUR y el TLCNA.
Por su parte, México, sin perjuicio de sus profundas
relaciones comerciales, económicas y financieras con Canadá y Estados Unidos, con
quienes ha suscrito el TLCNA, sigue preocupado por mantener, como expresiones de su
reconocida vocación latinoamericanista, una activa participación en los diversos
ámbitos como el Grupo de Río, el SELA, la ALADI, la Asociación de Estados del Caribe y
el Grupo de los Tres.
5. Proyección de las subregiones en el
espacio regional
La propuesta del Brasil, asumida después por el MERCOSUR,
para establecer un Area de Libre Comercio Sudamericana (ALCSA), como las negociaciones que
actualmente se celebran entre el MERCOSUR, y los países del Grupo Andino, y Chile en el
ámbito de la ALADI, para concertar acuerdos de libre comercio, así como para desarrollar
otras áreas y materias, podrían considerarse como un sólido avance hacia la
articulación y la convergencia regional.
Bolivia y Chile son los países que han mantenido
relaciones más estrechas con el MERCOSUR, habiendo participado, como observadores, en
casi todas sus reuniones cumbres. Justamente, en la Cumbre de Asunción los Presidentes de
los países del MERCOSUR expresaron su voluntad de concluir acuerdos de amplia cobertura
con Bolivia y Chile a la mayor brevedad. La firma del Acuerdo de Complementación
Económica (ACE) con Bolivia, de asociación comercial, sería el primer paso hacia una
posible incorporación definitiva al MERCOSUR9.
En cuanto a Chile, algunas diferencias técnicas han
dificultado su ingreso al MERCOSUR, como las relacionadas con los niveles arancelarios y
el grado de apertura. Sin embargo, una fuerte voluntad política fundada en sólidos,
intereses recíprocos (mercados e inversiones), permiten abrigar legítimas esperanzas
acerca del resultado final de las arduas negociaciones en curso, que acaban de prorrogarse
por un nuevo período de 90 días.
Más recientemente, producto de un acercamiento recíproco
fundado en la vecindad y los intereses compartidos entre Brasil y Venezuela, se han
comenzado a desarrollar negociaciones que, según las manifestaciones de los presidentes
Caldera y Cardoso, deberían concluir en la concertación de un acuerdo que profundice el
relacionamiento de Venezuela con el MERCOSUR.
Este conjunto de negociaciones, es en lo sustancial,
expresiones de una tendencia dirigida a alcanzar grados crecientes de articulación
comercial y económica entre países y grupos de países de América del Sur, en el camino
hacia la conformación de un espacio sudamericano integrado (ALCSA o MERCOSUR ampliado).
Del progreso de las negociaciones podrían resultar
diversos y nuevos puntos de sutura, especialmente entre los agrupamientos subregionales,
cuyas relaciones recíprocas aparecen como los más débiles eslabones para un mercado
sudamericano unificado (por la baja tasa de crecimiento y escasa importancia relativa de
sus intercambios). En tal sentido, "con el MERCOSUR como núcleo de una zona de libre
comercio en la que participen todos los países de América del Sur, se habría logrado un
gran avance en la construcción de un sistema regional de integración"10.
V. La institucionalidad
aladiana y la dimensión regional
Aunque no existe una organización de integración que
involucre a toda América Latina y el Caribe, es igualmente cierto que la ALADI ha sido la
mayor expresión institucional vinculada con esta dimensión regional de la integración,
a la que puede aspirar en tanto nuclea once países que representan más del noventa por
ciento del territorio, población, comercio exterior y producto territorial del área y
porque el Tratado de Montevideo 1980 se propone, como su objetivo final, establecer en
forma gradual y progresiva, el mercado común latinoamericano.
En el corto plazo, el Tratado de Montevideo 1980 se propuso
establecer un área de preferencias económicas, mediante el empleo de unos pocos
mecanismos: una preferencia arancelaria regional (respecto de terceros países) y la
concertación de acuerdos de alcance regional y de alcance parcial, abiertos también a la
participación de otros países y áreas de integración de América Latina y países en
vías de desarrollo, a los que el Tratado de Montevideo 1980 dedica sus capítulos IV y V,
respectivamente.
Como parte de su peculiar aproximación a la compleja
realidad latinoamericana, la ALADI muestra en su activo dos principios, como la
flexibilidad y la multiplicidad, que sirven de soportes a las diferentes acciones de
alcance parcial que acuerdan sus países miembros; asimismo la fuerza jurídica de los
acuerdos que se adoptan en su marco, que torna innecesaria la ratificación parlamentaria
de los compromisos en ella contraídos, y su condición de «paraguas institucional», que
hace posible a sus países miembros no extender a terceros países, por aplicación de la
cláusula de la nación más favorecida, las ventajas y preferencias que se otorgan entre
sí11.
En el esquema operativo del Tratado de Montevideo 1980, el
papel promotor del proceso se asignó a las acciones de los países miembros, a través de
la celebración de acuerdos de alcance parcial, como principal instrumento y medio de
acción. Este uso intensivo de los acuerdos de alcance parcial contrastó con las
dificultades para utilizar los mecanismos multilaterales establecidos en el Tratado, como
la Preferencia Arancelaria Regional (PAR) y las Nóminas de Apertura de Mercado (NAMs) en
favor de los países de menor desarrollo relativo, o el Programa Regional de Recuperación
y Expansión del Comercio (PREC), adoptado por el Consejo de Ministros de la ALADI en
1986, aunque sin llegar a aplicarse pues fue puesto en vigencia por sólo algunos de los
países miembros. Tampoco fue posible reunir a la Conferencia de Evaluación y
Convergencia en sesiones ordinarias, para examinar «la convergencia de los acuerdos de
alcance parcial a través de su multilateralización progresiva...»12.
Durante los primeros años de este decenio se pensó que el
proceso de articulación y convergencia entre los acuerdos subregionales y bilaterales
celebrados entre los países de la ALADI se podría lograr, por un lado, como una suerte
de producto natural o inercial resultante de los contactos y negociaciones que se
celebran, especialmente en el campo comercial. Por otro lado, como fruto de una estrategia
«inductora», a escala regional, que incluyera entre otros ingredientes: el
establecimiento de una zona de libre comercio en materia de bienes, la liberalización del
comercio de servicios, el desarrollo del marco normativo común en ambos aspectos, así
como la profundización de las interrelaciones en otras materias (inversiones, normas
técnicas, propiedad intelectual, transporte cultural, ciencia y tecnología,
preservación del medio ambiente, protección de los consumidores,etc.).
Ambas opciones, como fruto de las negociaciones políticas
celebradas, quedaron incluidas en varios de los mandatos del Consejo de Ministros de la
ALADI, a partir de 1991, que pusieron de manifiesto la voluntad política de fortalecer la
dimensión regional, en forma paralela con el progreso de los esquemas subregionales y
bilaterales de integración, con miras a avanzar desde el área de preferencias
económicas hacia estadios superiores de integración,en consonancia con el objetivo de
conformar el Mercado Común Latinoamericano, previsto en el artículo 1 del Tratado de
Montevideo 1980 (Resoluciones 30 (VI), 32 (VII) y 38 (VIII).
Sin embargo, en los hechos, habiendo optado los países miembros por estrategias
indirectas, de pasos sucesivos, y a partir de las subregiones existentes, la Asociación
aparece imposibilitada de implementar las directivas ministeriales, pues:
1. las negociaciones comerciales se verifican, cada vez
más, entre subregiones o pares de países, al margen de los órganos permanentes de la
Asociación;
2. el marco normativo regional será sustituido en
definitiva, por una parte, por las reglamentaciones y disciplinas acordadas por los
países miembros en el seno del GATT/OMC y, por la otra, por la marcada preferencia de los
países para tratar las profundizaciones o adaptaciones de dicho marco normativo, en la
esfera subregional, mas próxima a las necesidades de los países miembros;
3. el tratamiento de los nuevos temas (propiedad
intelectual, servicios, inversiones, medio ambiente, etc.) presenta las mismas
limitaciones y preferencias;
4. por lo demás, las acciones de cooperación e
integración que se podrían emprender en materias y áreas específicas, despojadas de un
sentido y perspectiva incremental, quedan reducidas a meras acciones aisladas, poco
trascendentes, a fin de promover y propiciar la convergencia regional.
Ello no obsta para que se reconozcan las contribuciones
sumamente útiles, hechas por la Asociación a los países miembros, como servir de
«paraguas» jurídico frente al GATT, apoyar técnicamente a los países miembros en sus
diferentes frentes negociadores y proporcionar a los mismos un sistema de información
estadística y comercial, cuya eficiencia ha aumentado a través de los años.
VI. Relaciones entre países
de ALADI, Centroamérica y el Caribe
Con la nueva década y el cambio de estrategia en materia
de desarrollo e integración, Colombia, Venezuela y México, como los países más
directamente involucrados, iniciaron un nuevo tipo de aproximación con los países de
Centroamérica y el Caribe13. Tal es el caso de los acuerdos
de libre comercio y otras modalidades de cooperación en Colombia y Venezuela con los
países de CARICOM (que implican una apertura no recíproca de sus mercados) y la
negociación de acuerdos bilaterales, de amplia cobertura, que incluyen el establecimiento
de un área de libre comercio, como el firmado por México con Costa Rica (al que se
podrían agregar otros que dicho país negocia actualmente con Nicaragua, El Salvador,
Guatemala y Honduras).
Es igualmente importante que la constitución de la
Asociación de Estados del Caribe (AEC), que se propone, a través de la integración
económica, incluidas la liberalización comercial, inversiones, transporte y otras áreas
relacionadas, establecer un espacio económico ampliado entre los Estados participantes.
Esta intensificación de las relaciones recíprocas
ha estado también favorecida por la percepción común de los estados de Centroamérica y
el Caribe, acerca de las dificultades que podrían encontrar en su acceso preferencial al
mercado de Estados Unidos, logrado a través de la iniciativa para la Cuenca del Caribe y
el Sistema Generalizado de Preferencias, como consecuencia de la suscripción del TLCNA
entre Estados Unidos, Canadá y México. En efecto, si bien se podrían producir algunas
desviaciones de comercio en el corto plazo, más preocupante para estos países es lo que
podría suceder a mediano y largo plazo con la inversión, al menos hasta tanto puedan
negociar su acceso, si fuera posible en forma conjunta, al TLCNA o al ALCA14.
VII. La dimensión
hemisférica y la Cumbre de las Américas
1. El TLCNA, compromisos en ALADI y nuevas
adhesiones
El Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, vigente a
partir del 1ero. de enero de 1994, tiene un carácter pionero en tanto reúne en una
asociación voluntaria a la mayor potencia económica y política del mundo: Estados
Unidos, con uno de los más importantes países de América Latina: México. Estos lazos
privilegados, resultan de vastas relaciones, producto de una extensa frontera común, de
migraciones masivas hacia el norte y de corrientes comerciales que representan, para
México, aproximadamente el 70% de su comercio exterior.
El TLCNA es un acuerdo de amplia cobertura, pues involucra
el establecimiento de una zona de libre comercio, en un plazo máximo de 15 años, la
adopción de un marco normativo común para regular ese comercio y un régimen para la
solución de controversias, y la inclusión de materias como el comercio de servicios, el
flujo de inversiones, la protección de la propiedad intelectual y del medio ambiente, el
movimiento de la mano de obra y los flujos migratorios y la lucha contra el narcotráfico,
entre otras materias.
La firma del TLCNA ubicó en el centro de las discusiones
en el seno de la ALADI, la incompatibilidad de la pertenencia simultánea de México a
ambos esquemas, toda vez que el artículo 44 del Tratado de Montevideo 1980 establece que
«las ventajas, favores, franquicias, inmunidades y privilegios que los países miembros
apliquen a productos de o destinados a cualquier otro país miembro o no miembro por
decisiones o acuerdos que no estén previstos en el presente Tratado o Acuerdo de
Cartagena, serán inmediata e incondicionalmente extendidos a los restantes países
miembros». Una aplicación estricta de esta norma obligaba a México a extender a sus
socios de la ALADI, en forma automática e incondicional, todas las ventajas que dicho
país otorgara a Estados Unidos y Canadá.
El Protocolo interpretativo del artículo 44 del Tratado de
Montevideo 1980, suscrito por el Consejo de Ministros de la ALADI el 13 de junio de 1994,
zanjó la situación conflictiva, al permitir que los países miembros puedan solicitar la
suspensión temporal de sus obligaciones conforme al referido artículo, con el compromiso
de llevar a cabo negociaciones bilaterales con los restantes países miembros que lo
soliciten. Estas negociaciones tienen por objeto evitar que las concesiones otorgadas a
países desarrollados no miembros afecten a las otorgadas a los países miembros, de modo
de mantener un nivel no menos favorable para el comercio recíproco que el que resultaba
de los acuerdos celebrados en el marco del Tratado.
Para ciertos países de la región, la conveniencia de
establecer sólidos y estables lazos comerciales y asociativos con los países del TLCNA
(y en particular con Estados Unidos), tiene otros significados: en primer lugar, tener
compensaciones aseguradas frente a las ventajas unilaterales que otorgaron mediante las
políticas de apertura al exterior; en segundo lugar, consolidar su presencia en uno de
los mercados de mayores dimensiones del mundo; en tercer lugar, dar credibilidad a las
recientemente instauradas políticas de liberalización económica, con vistas a reforzar
las corrientes de inversiones extranjeras dirigidas a los países de la región.
En esta perspectiva, Chile aparece como el primer
país latinoamericano en condiciones de afrontar las difíciles negociaciones para
incorporarse al TLCNA como cuarto miembro o como asociado a dicho acuerdo. Existía y
existe una gran expectativa acerca del desarrollo de estas negociaciones, por parte de los
restantes países de la región, aún de aquellos que no han manifestado una abierta
disposición por asociarse en una zona de libre comercio con Estados Unidos y Canadá,
pues no sólo se trata de conocer los resultados de estas negociaciones, sino también de
apreciar la modalidad negociadora que podría ser más conveniente adoptar a futuro, con
vistas al establecimiento progresivo del área de libre comercio hemisférica15.
2. Pasos para el establecimiento del ALCA
La Declaración y el Plan de Acción adoptados por los 34
Jefes de Estado y de Gobierno en la Cumbre de las Américas, celebrada en Miami en
diciembre de 1994, han abierto un nuevo camino hacia el desarrollo de un espacio
hemisférico.
En efecto, en ella se propuso, entre sus importantes
objetivos, promover la prosperidad del hemisferio mediante la integración económica y el
libre comercio. En esa perspectiva, se determinó como meta el establecimiento del «Area
de Libre Comercio de las Américas» (ALCA), cuyas negociaciones deberían concluir a más
tardar en el año 2005, con avances concretos en esa dirección para el final de este
siglo.
La Cumbre de Miami, proporciona diversas indicaciones
acerca del nuevo contexto internacional (globalización y regionalismo). Por un lado, se
subraya la vigencia e importancia del marco institucional y normativo mundial, a fin de
consolidar reglas estables y respetables de carácter multilateral que meximicen la
apertura de las economías. Al respecto, existe un amplio consenso acerca de que el marco
regulatorio de la OMC establece el nivel de base para regular las relaciones comerciales
recíprocas a escala regional e internacional.
Por otro lado, en términos más operativos, la Cumbre precisó diversos aspectos acerca
de la naturaleza del proceso de formulación y establecimiento del ALCA:
En primer lugar, se formuló un amplio reconocimiento de los avances logrados en la
integración subregional, y se postula la convergencia gradual y negociada entre los
diversos esquemas de integración del hemisferio: TLCNA, ALADI, MERCOSUR, Grupo Andino,
Mercado Común Centroamericano y CARICOM, así como con los acuerdos bilaterales de amplia
cobertura.
En segundo lugar, se acordó la celebración de reuniones
en el marco de los diversos foros de comercio e inversiones existentes para determinar las
áreas de coincidencia y divergencia y considerar los medios y acciones que pudieran
hacerlos más convergentes y avanzar hacia el establecimiento del ALCA.
En esta perspectiva, se realizó en marzo de 1995 la
Reunión Ministerial de Denver, en la que los países del hemisferio convinieron en
establecer siete Grupos de Trabajo, en las siguientes materias: a) acceso a mercados; b)
procedimientos aduaneros y reglas de origen; c) inversiones; d) normas y barreras
técnicas al comercio; e) medidas sanitarias y fitosanitarias; f) subsidios,
«anti-dumping» y derechos compensatorios; y g) economías más pequeñas. Se dejó para
una posterior reunión, a celebrarse en Cartagena de Indias, en marzo de 1996, el
establecimiento de otros Grupos de Trabajo en materia de: h) compras del sector público;
i) derechos de propiedad intelectual; j) servicios, y k) políticas de competencia, por no
haberse logrado inicialmente el consenso necesario.
3. Posible impacto del ALCA sobre América
Latina
Cabe preguntarse ¿qué perspectivas y efectos podría
tener el ALCA sobre América Latina?
Existe, por una parte, la posibilidad de concluir, según
lo estipula la Declaración y el Plan de Acción de la Cumbre de Miami, en un plazo de 10
años, las negociaciones para establecer una zona de libre comercio de las Américas. Esta
opción depende fundamentalmente del interés y de la voluntad política que ponga de
manifiesto Estados Unidos, que deberá extremar su capacidad de negociación y de
persuasión (por grupos de países) para imponer su propio proyecto hemisférico,
destinado a garantizar su hegemonía en materias como servicios, propiedad intelectual,
inversiones, industrias de tecnología avanzada y otras.
Empero, la realización de este proyecto hemisférico
podría no contribuir a la consolidación de los esquemas subregionales existentes, como
tampoco al reforzamiento del proceso de convergencia que se manifiesta actualmente entre
los países y grupos de países de América Latina y el Caribe. Por el contrario, la
competencia por incorporarse y el orden de incorporación al proyecto hemisférico podría
tener un efecto centrífugo, poco beneficioso.
En esta perspectiva, todo dependerá de la cohesión que
demuestren los países de la región y la capacidad que tengan para negociar su
incorporación al proyecto de libre comercio hemisférico de manera colectiva, sobre la
base de las agrupaciones subregionales existentes. Si por el contrario, los países de la
región optan por negociaciones individuales, éstas podrían terminar comprometiendo los
esfuerzos por avanzar en la integración regional y por alcanzar una integración
hemisférica que respete los compromisos subregionales existentes. Desde luego ,varios
países de la región se han sentido tentados a encontrar, antes que nadie, fórmulas de
atracción de capital, tecnología y otros recursos de Estados Unidos, así como para
acceder a su importante mercado.
Cabe, asimismo, preguntarse, ¿cuál es el perfil y los
alcances del proyecto hemisférico? Mientras la integración conlleva la idea de
dependencia recíproca -interdependencia solidaria-, o sea, que los cambios en las
políticas macroeconómicas afectarán tanto al país que las ejerce como a los restantes
países participantes en un esquema de integración, este efecto es poco plausible de
encontrar en una relación con la primera potencia mundial, en la que sólo se habla de
libre comercio y de algunas materias concomitantes16.
Un riesgo adicional y no despreciable para el desarrollo
del proceso de apertura, articulación y convergencia que se verifica actualmente, es que
se produzcan desarrollos separados del MERCOSUR/ALCSA y del ALCA, que podrían generar una
división y consecuente paralización alrededor de los países de mayor tamaño del
hemisferio (Estados Unidos al Norte y Brasil en el Sur). En tales condiciones, sería
difícil alcanzar los beneficios de libre comercio hemisférico y evitar la existencia de
iniciativas y acuerdos parciales inconexos que favorezcan el predominio de la potencia
dominante.
En suma, no están todavía demasiado clarificadas ni las
perspectivas ni las formas que podría asumir el ALCA. Incluso tampoco es demasiado clara
la decisión de concretar un área de libre comercio en los plazos previstos.
Existen diversas interrogantes que sólo el tiempo
habrá de despejar.
VIII. Otros relacionamientos
externos
Resulta por demás evidente que el relacionamiento externo
de los países de la región no se agota en la dimensión hemisférica, Chile y México
son países miembros del Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC),
del que son parte 18 países, que acaba de acordar (noviembre de 1994), la creación de
una zona de libre comercio, que se perfeccionaría en el año 2020. A su vez, el MERCOSUR,
México y Chile se encuentran en vías de concretar ambiciosos acuerdos con la Unión
Europea para profundizar los vínculos asociativos existentes17.
Al respecto, particular importancia adquiere el «Acuerdo
Marco Interregional de Cooperación entre la Comunidad Europea y sus Estados Miembros y el
Mercado Común del Sur y sus Estados Partes» suscrito en diciembre pasado por los Jefes
de Estado y de Gobierno de ambos bloques de países. Si bien se trata de una suerte de
«pre-acuerdo»18, tiene por objeto aproximar a las partes a
la creación de una Asociación Interregional de carácter político y económico a ser
negociada en los próximos años y sustentada sobre el respeto de los principios
democráticos y de los derechos humanos fundamentales.
Asimismo y en forma creciente algunos países de la región
han comenzado a explorar las posibilidades de relacionamiento con otras regiones que
exhiben un gran dinamismo a escala mundial, como los países del Asia y del Pacífico19. Aunque el tema de las relaciones con estas regiones no se
aborda en este trabajo, cabe preguntarse si el establecimiento de relaciones privilegiadas
y preferenciales con Europa y Norteamérica no podría implicar una discriminación, poco
justificada y perjudicial para los intereses de la región, contra el otro centro de poder
económico mundial (Asia-Pacífico).
Por último, los países de la región tampoco han
abandonado su perspectiva multilateral y su disposición y necesidad de contar con un
marco jurídico e institucional que, a escala mundial, de transparencia y estabilidad a
las cada vez más estrechas e interdependientes relaciones internacionales. En tal
sentido, en los últimos años se ha seguido pronunciando los niveles de apertura al
exterior y de participación en las negociaciones para acordar un sistema multilateral
previsible20.
IX.
Algunas conclusiones finales
Se transita actualmente por una coyuntura regional e
internacional de infrecuente dinamismo, en la cual, los países de la región, como
catapultados por su nueva percepción de sí externo, han establecido líneas de
actuación, en diferentes planos, que pueden ser vistos como esferas concéntricas u
opciones estratégicas, de diferente intensidad y sin que las separen límites definidos.
Ellas son: las relaciones subregionales (incluyendo las bilaterales), la región, el
hemisferio, las relaciones interregionales y el mundo.
En la situación actual, en la base de la pirámide se
encuentran las relaciones que los países de la región mantienen entre sí, privilegiando
la vecindad y otras condiciones compartidas, que han adquirido una creciente complejidad y
profundidad, tanto como consecuencia del dinamismo y desarrollo de los esquemas
subregionales y de los acuerdos bilaterales acordados, como por las proyecciones que ellos
tienen respecto de otros países o grupos de países dentro de la región.
Dadas las características que han presentado el proceso de
integración en la región, recién con la consolidación de los esquemas subregionales y
bilaterales, quedaron abiertas las compuertas para desarrollar la etapa de articulación y
convergencia a escala regional. Afortunadamente, en los hechos, la mayoría de los
acuerdos celebrados contienen compromisos de liberalización del comercio que conducirán,
en plazos que van entre cinco y quince años, a la formación de áreas de libre comercio
que involucrarían, por grupos, a la totalidad de los países de la región y que nos
aproximarían a la realización del sueño bolivariano de la unidad latinoamericana.
Por las interrelaciones actualmente existentes, en especial
entre los países sudamericanos miembros de la ALADI, es posible afirmar que estamos
frente a una nueva oportunidad para avanzar hacia el logro, en forma progresiva, del
mercado común latinoamericano, objetivo final del Tratado de Montevideo 1980. En última
instancia, el proyecto regional, que rescata las experiencias del pasado y las necesidades
del presente y trasciende a la dimensión comercial y aún económica de la integración,
conformado en base a la progresiva convergencia de las subregiones existentes, debería
ser también el soporte que haga posible una adecuada inserción de la región en su
conjunto a los dinámicos, contradictorios y competitivos escenarios hemisférico y
mundial.
Paralelamente, los países de la región deben atender las
urgencias e imperativos de un relacionamiento externo, que no deben considerarse
incompatibles ni excluyentes: con los demás países de América Latina y el Caribe, con
los países del hemisferio para el establecimiento de un área de Libre Comercio de las
Américas y con la Unión Europea y otras áreas de integración en el resto del mundo
para profundizar las relaciones de intercambio y cooperación.
En suma, una perspectiva latinoamericana se abre
actualmente un camino complejo pero atractivo, como el que surge de combinar los procesos
de integración (fundados en la vecindad y otras condiciones compartidas) con una
creciente inserción en la economía global, que posibilite multiplicar mercados y
relaciones en condiciones pluralistas y no discriminatorias.
1. Véase Aldo Ferrer: El escenario
internacional, los dilemas del MERCOSUR y la política cambiaria, Boletim de Integraçao
Latino-Americana No. 16, janeiro-abril 1995: "En ningún plano del orden económico
mundial la globalización ha avanzado tanto como en el financiero"; a su juicio
"la expansión de la liquidez y la revolución tecnológica de las comunicaciones han
contribuido a formar un mercado monetario de escala planetaria", pg.61.
2. Las posibilidades de que el sistema
capitalista alcance la escala planetaria se han hecho más factibles a partir de la caída
del muro de Berlín y la disolución del imperio soviético, cuyas partes han adoptado
economías de mercado y se están incorporando al sistema internacional unificado.
3. Como uno de los caminos hacia la
mundialización, la integración regional incluye elementos de la internacionalización
del sistema económico, al propiciar los intercambios entre los países participantes; la
transnacionalización, al promover el establecimiento de empresas y asociaciones de
empresas en diferentes países para servir el mercado ampliado, y de la globalización, en
tanto se favorece la difusión y adopción, entre otras, de formas de producir, reglas y
disciplinas comunes.
4. El camino, evidentemente, no está
exento de interrogantes e incertidumbres, como los siguientes: ¿Han desaparecido o al
menos han disminuido la vulnerabilidad externa y la inserción asimétrica de los países
de la región en el sistema internacional? ¿Dentro de qué límites son compatibles la
apertura unilateral y generalizada al exterior, con el desarrollo de proyectos y programas
de integración regional? ¿Hasta cuando pueden sostenerse políticas económicas de corte
liberal, que aumentan dentro de cada país los fenómenos de marginación y exclusión?
5. La importancia relativa de las
diferentes espacios varía, según los países o grupos de países, en función de
distintos factores, como el tamaño, la ubicación geográfica, las tradiciones y el nivel
de desarrollo relativo. Asimismo, cabe señalar que en los diferentes órdenes existen
organismos e instituciones, cuyo destino está indisolublemente ligado a la proyección
hacia el futuro de cada esfera de actuación.
6. En el MERCOSUR se ha evitado
cuidadosamente toda forma de institucionalidad supranacional, tanto en el período de
transición previsto en el Tratado de Asunción, como en la fase de consolidación
establecida en el Protocolo de Ouro Preto; sus órganos son de naturaleza
intergubernamental y las decisiones se adoptan por consenso entre sus cuatro países
miembros (Véase al respecto nuestro trabajo: La dimensión institucional en la
integración latinoamericana, Revista Integración Latinoamericana No. 185, diciembre de
1992, pp.3-16).
7. Véase Eduardo Gana: Los cambios
estructurales en la integración latinoamericana y Caribeña (en) Pensamiento
Iberoamericano No. 26, pg. 84.
8. Los acuerdos de "nueva
generación", se caracterizan por cubrir un amplio espectro del arancel, establecer
una liberación rápida y calendarizada del comercio (incluyendo la tendencia a suprimir
otro tipo de restricciones) y por considerar áreas que los llevan a incursionar más
allá de los aspectos puramente comerciales y aún económicos del proceso de
integración.
9. Un eventual ingreso de Bolivia al
MERCOSUR no podría producirse antes de julio de 1996, cuando su participación sea
compatible con el Tratado de Asunción, que estipula un plazo de cinco años para el
ingreso de nuevos miembros con participación en otros esquemas de integración. Este
ingreso fortalecería la postura de los países pequeños, aunque profundizaría las
asimetrías económicas y sociales entre sus países miembros.
10.Eduardo Gana: La Dinámica y los
Nuevos Estilos de la Integración Económica en América Latina y en Europa (en)
Pensamiento Iberoamericano No. 26, pg.27.
11.El Tratado de Montevideo 1980 se
encuentra comprendido por la "Cláusula de Habilitación", adaptada durante la
Ronda Tokio del GATT como excepción a la cláusula de la nación más favorecida en
beneficio de los acuerdos generales celebrados entre países en vías de desarrollo, que
tienen por objeto reducir o eliminar las trabas al comercio recíproco. En cuanto al
comercio de servicios, en opinión de algunos especialistas, el Tratado no proporcionaría
un sustento jurídico suficiente a la presentación de un acuerdo-marco entre los países
de la ALADI ante la instancia multilateral (GATS/OMS), bajo el régimen de excepción a la
cláusula de la nación más favorecida (artículo V del GATS). (Véase Marcelo Halperin:
Estudio sobre los aspectos de orden jurídico derivados del Tratado de Montevideo 1980 y
la suscripción de un acuerdo-marco sobre el comercio de servicios. Secretaría General de
la ALADI, octubre de 1994).
12.El desarrollo alcanzado por las
acciones de alcance parcial a través de los años (se han celebrado cerca del centenar de
acuerdos de diverso tipo y alcances), parece dar razón a los que justificaron el cambio
de estrategia, aún a riesgo de favorecer la fragmentación y la dispersión entre los
países miembros y, en última instancia, el estancamiento de la expresión institucional
de la dimensión regional.
13.Durante la década pasada, sólo se
registraron acuerdos bilaterales entre los países centroamericanos y algunos países de
la ALADI (Argentina, Colombia, México, Uruguay y Venezuela), estableciendo preferencias
de carácter comercial y otras normas para el comercio recíproco, y una gran excepción,
en materia de cooperación: el acuerdo de México y Venezuela con los países
centroamericanos y del Caribe, a propósito de las facilidades petroleras (Convenio de San
José).
14.Véase un exhaustivo análisis en
CEPAL: Centroamérica y el TLCAN: efectos inmediatos e implicaciones futuras,
LC/MEXA/L.265, 18 de mayo de 1995.
15.Sin embargo, los hechos más
recientes parecen poner en evidencia que estas negociaciones ocuparán un largo espacio de
tiempo y con posibilidades inciertas. En efecto, dado los problemas internos en Estados
Unidos no fue posible lograr el "fast track" para las negociaciones con Chile en
1995 y tampoco es plausible alcanzar en el actual, por ser un año electoral, por lo que
quedarán diferidas hasta el año 1997.
16.Eduardo Gana: La dinámica y los
nuevos estilos de la integración económica..., ya citado, pg. 27.
17.Aproximadamente una cuarta parte de
las exportaciones de los países del MERCORSUR tienen por destino a la Unión Europea que,
a su vez, es la principal fuente de inversiones directas a dichos países.
18.Véase el informe del IRELA:
"El acuerdo interregional entre la UE y el MERCOSUR: ¿Una nueva estrategia de la UE
en América Latina?, Madrid, 14 de septiembre de 1995.
19.Al respecto Carlos Moneta:
Relaciones económicas Asia-Pacífico-América Latina: Situación y Perspectiva
(ALADI/SEC/Estudio 84, 10 de abril de 1995, incluye una serie de propuestas como las de
establecer foros interregionales entre América Latina y Asia-Pacífico.
20.El coeficiente de importaciones
totales, con respecto al producto interno bruto pasó del 7.8% en 1985 a 14.1% en 1993
para los países de la ALADI. Véase Johannes Heirman: Dinámica y cambio estructural del
comercio en la ALADI (en) Pensamiento Iberoamericano No. 26, julio-diciembre de 1994,
pp.206/7.
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