Titulo

Consenso de Monterrey.

Prioridades y perspectivas

de América Latina y el Caribe

SP/RR-ALC-PCANCSS-MRE/Di Nº 2

 

 

Autor

Reunión Regional de América Latina y el Caribe Preparatoria

para la Conferencia de Alto Nivel sobre Cooperación Sur-Sur

Caracas , Venezuela ,16 - 17 Junio de 2003

 

 

Indice

I.          INTRODUCCION                                                         

II.         ANTECEDENTES Y VALORACIÓN GLOBAL                              

 

III.        BALANCE DE LA APLICACIÓN DEL CONSENSO

DE MONTERREY UN AÑO DESPUÉS DE  ADOPTADO             

 

IV.                IDENTIFICACIÓN DE INICIATIVAS DE COOPERACIÓN PARA

APLICAR LOS COMPROMISOS MULTILATERALES SOBRE

FINANCIAMIENTO AL DESARROLLO

 

                           

V.         CONSIDERACIONES FINALES                                                 

 

REFERENCIAS                                                                       

 

I.          INTRODUCCION

 

La Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA),  en apoyo a la Reunión regional de América Latina y el Caribe (ALC) preparatoria de la Conferencia de Alto Nivel del Grupo de los 77 sobre Cooperación Sur – Sur, presenta este documento que intenta hacer una valoración crítica sobre algunos elementos de aplicación de los compromisos adoptados en el Consenso de Monterrey, y sugerir algunas iniciativas a adoptar por ALC en el contexto del Grupo de los 77 para lograr el cumplimiento satisfactorio de los objetivos asumidos y las Metas del Milenio.

 

En este documento se sintetizan los elementos fundamentales consensuados en la Conferencia Internacional sobre la Financiación del Desarrollo, llevada a cabo bajo los auspicios de la Organización de Naciones Unidas, en Monterrey, México en marzo/2002.  Se procede posteriormente a un análisis del estado actual del debate respecto a la aplicación de los compromisos adoptados y al final se sugieren líneas de acción para la región al respecto.

 

Este aporte del SELA tiene como finalidad servir de guía inicial para el seguimiento de la cooperación por parte de los Estados Miembros en una problemática tan trascendente como la del financiamiento al desarrollo en las condiciones actuales.  De esta manera,  la Secretaría Permanente identifica mecanismos e iniciativas que pudieran viabilizar la puesta en práctica de los acuerdos, y establecer prioridades con fines de ejecución en la cooperación entre países en desarrollo dentro de este campo. 

 

 

II.         ANTECEDENTES Y VALORACIÓN GLOBAL[1]

 

El “Consenso de Monterrey” resume las posiciones acordadas respecto al tema del Financiamiento para el Desarrollo de la Conferencia Cumbre que bajo los auspicios de las Naciones Unidas tuvo lugar del 18 al 22 de marzo/2002, en la ciudad mexicana de igual nombre.

 

La cuestión del financiamiento para el desarrollo era el gran tema cuya discusión no había sido abordada y que se vinculaba a los múltiples compromisos adoptados por los estados miembros en las diversas Conferencias Internacionales de las Naciones Unidas celebradas durante el decenio pasado. Paradójicamente, el cumplimiento de tales compromisos globales dependía – en gran medida – del nivel de recursos que se destinaran para apoyar los esfuerzos de desarrollo, el cual era y continúa siendo insuficiente.

 

Un reclamo permanente del Grupo de los 77 era que el foro multilateral para discutir esta problemática se realizara al más alto nivel. En 1999, durante el 54 período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se aprobó la resolución 54/196 que decidió establecer un Comité Preparatorio Intergubernamental - abierto a todos los Estados Miembros - para comenzar a debatir sobre dicha problemática, y considerar formas innovadoras y mecanismos posibles para que todos los participantes relevantes en el proceso del financiamiento al desarrollo pudieran contribuir al mismo. Los temas de la agenda  considerados en el análisis fueron:


 

1.       Movilización de recursos financieros internos para el desarrollo.

 

2.       Movilización de recursos internacionales para el desarrollo: inversión extranjera directa y otras corrientes privadas.

 

3.       Comercio internacional.

 

4.       Aumento de la cooperación financiera internacional para el desarrollo, entre otros mediante la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD).

 

5.       Deuda Externa.

 

6.       Solución de los problemas sistémicos.

 

El Consenso de Monterrey representa, sin lugar a dudas, un paso de avance en el tratamiento de la problemática del financiamiento al desarrollo en las actuales condiciones, y puede ser visualizado como un compromiso de la comunidad internacional en relación con este crucial tema.

 

El documento aprobado reconoce en primer lugar la preocupación central de la comunidad internacional por la disminución que han venido experimentando los recursos internacionales para apoyar el desarrollo; reitera que el logro de las metas del desarrollo requiere una nueva alianza entre países donantes y receptores  y entre todos los organismos, agencias e instituciones públicas y privadas vinculadas a las finanzas, el comercio y el desarrollo internacional. Igualmente, el documento plantea con énfasis que en una economía mundial cada vez más interdependiente resulta imprescindible un enfoque integral con relación a los problemas nacionales, internacionales y sistémicos de la financiación para el desarrollo.

 

En el proceso preparatorio, y en el marco de la conferencia misma, se produjeron ciertas modificaciones en las posiciones que previamente habían asumido algunos gobiernos e instituciones con respecto al tema del financiamiento. De particular relevancia resultó  – por el peso que tiene ese país en cualquier problemática mundial – la promesa del gobierno de Estados Unidos y de algunos países de aumentar su compromiso de canalización de recursos financieros a favor del desarrollo. En el caso de la Unión Europea (UE), a través de los Compromisos de Barcelona, se reiteraba el propósito de ese bloque de aumentar perceptiblemente sus fondos destinados a la ayuda al desarrollo.

 

El Consenso de Monterrey, sin embargo, contiene algunas formulaciones complejas que requieren un análisis permanente de la instrumentación de sus propuestas y el replanteo de algunas de ellas a partir de las experiencias que se acumulen en lo adelante. Es un documento que reconoce simultáneamente la corresponsabilidad de los países industrializados,  y el alto nivel de responsabilidad individual de los países en desarrollo para alcanzar las metas propuestas de bienestar económico y social para la mayor parte de la Humanidad que vive y se reproduce en los países del Sur.  Igualmente, es de destacar que, como corresponde a todo documento consensuado en el contexto de las Naciones Unidas, se plantean recomendaciones generales para solucionar los problemas que no siempre pueden ser traducidas en  acciones concretas.

 


Hay un énfasis – desde todo punto de vista justificado – en los distintos acápites del documento,  en  que el esfuerzo interno y la capacidad que tengan los propios países para diseñar estrategias nacionales e implementar políticas coherentes y flexibles, es el elemento central en la consecución de los objetivos de eliminación de la pobreza y el logro del bienestar económico y social. Esto ha sido cuestionado por algunas instancias de la sociedad civil internacional, a partir de experiencias recientes en que naciones en desarrollo – con políticas económicas “acertadas” y equilibrios macroeconómicos bastante creíbles y sostenibles, así como cierto grado de diversificación productiva e incremento en la competitividad internacional - se han visto afectadas abruptamente por “factores exógenos” del escenario económico mundial sobre los cuales  tienen escasa o ninguna capacidad de maniobra.

 

En realidad, el logro del crecimiento autosostenido y la reducción de la pobreza – bases para el avance por la senda del desarrollo - se verían favorecidos por una combinación entre la movilización efectiva de recursos internos y una administración lo más racional posible de todos los recursos disponibles, tanto internos como externos. Resulta importante tener en cuenta que  estos últimos, según su naturaleza, objetivos y destinos, pueden favorecer o perjudicar a las economías receptoras.

 

 

III.        BALANCE DE LA APLICACIÓN DEL CONSENSO DE MONTERREY UN AÑO DESPUÉS DE ADOPTADO 

 

A un año de aprobado el Consenso de Monterrey, el balance global respecto de su aplicación y el cumplimiento de los compromisos adoptados está marcado por ciertos avances concretos, pero es mucho lo que queda por hacer, sobre todo teniendo en cuenta la coyuntura económica internacional actual.

 

La ONU señalaba recientemente que  “El comercio mundial está creciendo muy lentamente y las perspectivas a corto plazo son claramente insatisfactorias, especialmente para la mayoría de los países en desarrollo. Los especialistas perciben dificultades en lograr acuerdos en el marco de la OMC, los negociadores no cumplieron con los plazos previstos y es muy difícil discernir la dirección en la cual evolucionará la política comercial global.  Al mismo tiempo, el Sur continua transfiriendo recursos financieros al Norte, mientras los flujos de capital privados han caído de manera aguda, y los pagos netos de intereses y utilidades realizados por los países en desarrollo exceden sus entradas netas de capital. Hay muy poca expectativa en el sentido de que los flujos privados hacia los países en desarrollo – especialmente capital de préstamo – retornen a niveles sostenibles y significativamente mayores. Hay también considerable incertidumbre acerca de cómo la comunidad internacional intentará manejar las crisis de deuda de los países en desarrollo y en transición, mientras muchas de las naciones de más bajos ingresos aún no se benefician del programa internacional especial para el tratamiento de su  deuda. La aversión al riesgo por parte de inversionistas y acreedores en la mayoría de los países en desarrollo es alta”[2].

 

En el caso especial de Latinoamérica y el Caribe debe resaltarse que en los últimos años la región ha registrado transferencias financieras netas negativas. Las crisis financieras
experimentadas por varias economías del área y el manejo de las mismas demuestran que mucho hay que avanzar en términos de prevención y resolución de este tipo de procesos adversos. 

 

La Declaración de Doha de  la IV Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) reflejó una fuerte perspectiva de desarrollo. El comercio es visto como motor del crecimiento económico, indispensable para reducir la pobreza. La instrumentación de la Agenda del Desarrollo de Doha constituye sin lugar a dudas un ambicioso compromiso por parte de la OMC, una organización en la que los países en desarrollo tienen amplia mayoría. Sin embargo, resulta crucial destrabar las negociaciones en este foro, sobre todo en vísperas de la Conferencia Ministerial de Cancún el próximo septiembre. Cuatro áreas de especial interés para los países en desarrollo enfrentan crecientes obstáculos y problemas en este foro de negociación comercial: la liberalización del comercio agrícola en los países industrializados, la operacionalización del trato especial y diferenciado a favor de los países en desarrollo, los vínculos entre el acuerdo TRIPs de la OCDE y la salud pública, y las dificultades en cuanto a aplicación de los acuerdos y compromisos comerciales multilaterales por parte de muchas economías en desarrollo. Preocupa además que otros termas de interés especial para los países desarrollados como las referidas a reglas de inversión, políticas de competencia, facilitación del comercio y transparencia de compras gubernamentales, hayan mostrado avances perceptibles en el trabajo y las discusiones en la OMC.

 

Es ampliamente reconocido que la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) constituye un elemento central en cualquier expectativa de alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio para las economías más pobres. Pero la más efectiva y eficiente entrega de los actuales niveles de AOD, no serían suficientes para cumplimentar dichas metas en el plazo establecido por la comunidad internacional. Los países ricos donantes  del Comité de Asistencia al Desarrollo (CAD)  de la OECD, incrementaron su ayuda oficial a los países pobres en un 4,8 % en términos reales en el año 2002, de tal forma  que la AOD total alcanzó los $ 57 mil millones de dólares. La mayoría de esos países industrializados están muy lejos de cumplir el compromiso internacional de destinar como mínimo el 0.7 % de su PNB a la AOD, con las excepciones de Suecia, Holanda, Noruega y Dinamarca[3]. Las Naciones Unidas  ha calculado  que se requerirían alrededor de $ 50 mil millones de dólares adicionales para alcanzar las Metas del Desarrollo del Milenio, y un incremento de otra cifra similar a esta para que la comunidad donante internacional destine el 0,7 % de su producto bruto a la AOD[4].

 

Adicionalmente, la efectividad de la AOD es un elemento crítico. Ello supone, entre otros requerimientos, que haya una mayor coordinación de las políticas de los donantes y una armonización en los procedimientos. Tales medidas, junto a un incremento de la proporción de la ayuda no atada, pudiera reducir significativamente los costos de transacción para los países receptores.  

 

Respecto a la deuda externa de los países pobres altamente endeudados,  para los que la comunidad internacional diseñó un programa especial hace algunos años, el panorama a mediados de 2003 no es muy favorable. Resulta preocupante que hasta mediados de marzo del 2003,  de 26 países elegibles dentro de la iniciativa HIPC que habían alcanzado el “punto de decisión”, sólo 7 habían logrado su “completion point”. Más aun, algunas de esas 7 naciones pueden haber experimentado un empeoramiento en sus indicadores de deuda, en gran medida debido a menores precios mundiales de productos básicos e ingresos por exportación, de los que se habían asumido. Así, ha quedado claro que la sostenibilidad de la deuda externa a largo plazo en esos países requiere no sólo reducciones en el stock total de deuda acumulada, sino también políticas domésticas que apoyen un crecimiento económico mayor y de largo alcance, y un entorno económico internacional más favorable. Adicionalmente, y a la luz de la evolución de la economía internacional, quizás el concepto de sostenibilidad de deuda no ha sido suficientemente sistematizado y requiere una consideración más profunda.

 

Por otra parte, la inclusión de cláusulas de acción colectiva por un creciente número de países en las emisiones internacionales de bonos soberanos, constituye un paso importante y de obligada consideración en cualquier estrategia alternativa de manejo de la deuda externa. Los esfuerzos del FMI, por su parte, para el desarrollo de una propuesta de mecanismo de reestructuración de deudas soberanas, ha servido para promover una mejor comprensión de asuntos relacionados con este complejo tema. Los países en desarrollo deberían continuar prestándole directa atención a estas discusiones, y en la medida de lo posible mantener una participación activa en las mismas.

 

Se ha ganado conciencia acerca de la necesidad de construir puentes entre diversas instituciones internacionales, tal y como se planteó en el Consenso de Monterrey. De hecho, en este año transcurrido se ha observado una mayor interacción entre el Banco Mundial, el FMI y la OMC en áreas de preocupación común. Estas incluyen una atención incrementada a asuntos de política comercial por parte del BM y el FMI, tal y como fue sugerido por el Comité de Desarrollo en su comunicado del 28 de septiembre/2002 y la decisión de fortalecer el apoyo del FMI a la OMC en sus áreas de experiencia. A ello habría que añadir los esfuerzos adicionales de asistencia técnica por parte del Banco Mundial para apoyar a países en desarrollo y proporcionarles análisis de política en áreas relevantes de las negociaciones comerciales internacionales.

 

Respecto de la necesidad de una efectiva y más equitativa participación de los países en desarrollo en el proceso de toma de decisiones en foros e instituciones económicas internacionales, también el Comité de Desarrollo, en el párrafo 10 de su comunicado del 28 de septiembre/2002 sugirió al FMI y al Banco Mundial que preparen un documento analítico para facilitar la consideración de estos asuntos. Dicho comité discutió esta cuestión en su reunión del 13 de abril pasado y decidió hacerle seguimiento a las propuestas esbozadas en su próxima reunión de septiembre. En general se percibe también aquí que no se ha logrado suficiente avance en cuanto a una efectiva participación de los países en desarrollo en los organismos económicos internacionales, en particular en las instituciones de Bretton Woods. Esto, junto a los problemas que ha evidenciado recientemente la cooperación multilateral y el enfoque institucional que había caracterizado al sistema internacional a raíz de la guerra de Irak, muestran las fallas de gobernabilidad internacional que habían sido reconocidas en el Consenso de Monterrey.

 

Hay dos dimensiones indisolublemente vinculadas a la mayor incidencia de los países en desarrollo en los organismos internacionales: los esfuerzos por aumentar la capacidad de representación de éstos en los foros de toma de decisiones económicas y, por otra
parte, la necesidad de que los mismos articulen mucho mejor sus posiciones en las instituciones de
Bretton Woods y en la OMC. En tal sentido, pareciera haber consenso en que resulta imperioso fortalecer y utilizar más las instituciones y agrupaciones regionales que existen. El actual esfuerzo de los países de América Latina y el Caribe en el marco del SELA, y  la posibilidad de consensuar ciertas posiciones en el contexto del Grupo de los 77 y el Grupo de los 24, pudieran apuntar en esta necesaria dirección.

 

Los dos aspectos anteriormente reseñados se vinculan directamente al tema de la necesaria coherencia y enfoque sistémico que forma parte esencial del espíritu del Consenso de Monterrey.  En la pasada reunión especial de alto nivel del  Consejo Económico y Social de la ONU con las instituciones de Bretton Woods y la OMC (Nueva York, 14 de abril/ 2003), varios participantes reconocieron cierto progreso en términos de la necesaria coherencia. Las Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods y la OMC comparten un propósito común, y las Metas del Desarrollo del Milenio y el seguimiento del Consenso de Monterrey han intensificado el trabajo cooperativo entre ellas[5].  Sin embargo, como se señaló anteriormente, el concepto de coherencia y enfoque sistémico va mucho más allá de la simple coordinación inter-institucional, tanto a nivel nacional como internacional.

 

 

IV.        IDENTIFICACIÓN DE INICIATIVAS DE COOPERACIÓN PARA APLICAR             LOS COMPROMISOS MULTILATERALES SOBRE FINANCIAMIENTO AL             DESARROLLO

 

En esta parte del trabajo se resumirán algunas ideas que pudieran servir de líneas para la acción de los países de América Latina y el Caribe en el contexto del G-77, con vistas a lograr una más rápida y efectiva aplicación de varios de los compromisos del Consenso de Monterrey.

 

Se presentan estas ideas agrupadas en 4 acápites, que de manera global dan cuenta de los diversidad de aspectos que se incluyen en la visión del Consenso de Monterrey. Estos acápites abarcarían propuestas sobre: a) coherencia, enfoque sistémico y gobernabilidad; b) comercio internacional, c) adecuación y eficiencia de los recursos de las instituciones financieras internacionales;  y d) cooperación financiera y deuda.

 

En dependencia de la naturaleza de la iniciativa o propuesta identificada, estas pudieran clasificarse como generales o concretas. Es de tener en cuenta que las iniciativas o propuestas aquí enunciadas, no necesariamente implican mecanismos detallados y explícitos. En caso de que se adopten algunas de estas ideas  por los países latinoamericanos y caribeños, se tendrían que diseñar inmediatamente acciones específicas para llevarlas a concreción.

 

·            Coherencia, enfoque sistémico y gobernabilidad

 

a)         El Consenso de Monterrey identificó una brecha importante a nivel internacional en términos de gobernabilidad internacional. Se estipula que el aumento que se persigue a nivel nacional en términos de una mejor gobernabilidad tiene que ser complementado con una incrementada y mejorada gobernabilidad internacional. Ello requiere una mayor y más efectiva participación de los países en desarrollo  en el proceso de toma de decisiones a nivel de la economía global en el gobierno de las instituciones internacionales. En línea con ello, los países de ALC podrían proceder a un debate para llegar a definiciones respecto de:

 

1.     La reiterada propuesta para el establecimiento de un Consejo de Seguridad Económica en las Naciones Unidas.

 

2.    La idea de que debería aprovecharse el 60 aniversario de las instituciones de Bretton Woods en 2004 para proceder a un renacimiento de las mismas, lo que implicaría una redistribución de votos – y un replanteo del papel de los votos básicos -  como elemento importante para mejorar la participación de los países en desarrollo, y la posible reducción del tamaño y la complejidad de la burocracia de estas instituciones.

 

3.    Explorar propuestas consensuadas con el G-77 para nuevos enfoques respecto al proceso de toma de decisiones en el marco del Sistema de Naciones Unidas.

 

4.    Valorar la conveniencia de fortalecer espacios regionales para la concertación de posiciones de los países de ALC sobre los aspectos más importantes de la agenda internacional – y en particular sobre el seguimiento del Consenso de Monterrey – y diseñar mecanismos de vinculación entre éstos y los diversos grupos en los cuales participa: el G-77, el Grupo de los 24 y el Grupo de los 20. En particular, debería profundizarse el análisis acerca de la viabilidad de diseñar un Comisionado de Cooperación Sur – Sur para el seguimiento de los compromisos internacionales vinculados a los objetivos del desarrollo.

 

b)         Las políticas macroeconómicas de los principales países industrializados tienen motivaciones domésticas, pero consecuencias globales.  Resulta un imperativo fundamental  que ellas sean compatibles entre si y coherentes con los objetivos del crecimiento sostenible a nivel mundial. En línea con ello, los gobiernos de ALC deberían analizar:

 

1.    Mediante qué mecanismos el artículo IV sobre consultas en el FMI podría ser más efectivo en el fortalecimiento de la coherencia de las políticas macroeconómicas, comerciales y financieras de los países desarrollados con los objetivos de desarrollo global.

 

2.    Definir si habría consenso en la región – y dentro del G-77 - para que el sistema de Cumbres del G-8 comience a instrumentar oficialmente la participación activa de representantes de los países en desarrollo, con el objetivo de que se tengan en cuenta los intereses y problemas económicos de estas naciones, en el proceso de coordinación de políticas entre los principales países industrializados.

 

c)         La afirmación de que los responsables del desarrollo son, en primera instancia, los propios países que intentan alcanzarlo, es verdad inobjetable y principio medular del Consenso de Monterrey. Como parte de esta visión se privilegian políticas económicas sólidas que promuevan la estabilidad y la apertura. La evaluación del desempeño económico y el diseño de políticas de los países en desarrollo por parte de agencias e instituciones internacionales se ha constituido en elemento importante de la agenda internacional en los últimos tiempos. Al respecto los países de ALC deberían:

 


1.    Discutir sobre la conveniencia de que se configure un Mecanismo de Revisión de las Políticas de Desarrollo - modelado sobre la base de la experiencia del mecanismo de revisión de la política comercial en la OMC – el cual serviría como base para las discusiones intergubernamentales y a nivel de expertos en las Naciones Unidas.

 

2.    Reiterar en todos los órganos de toma de decisiones económicas a nivel internacional, que si bien hay principios generales de buena política económica, el diseño de políticas, y sus resultados,  responde directamente a las realidades y coyunturas de cada país.

 

·            Comercio Internacional

 

a)     La interdependencia global y el mantenimiento de una creciente diferenciación en los niveles de desarrollo e ingreso entre países, son fenómenos que han venido acompañando al sistema económico mundial en los últimos tiempos. Indisolublemente vinculado a estas tendencias están los rasgos que tipifican el actual sistema de comercio multilateral. Los  acuerdos surgidos de la IV Conferencia Ministerial de la OMC y la solución de las cuestiones aún pendientes de aplicación de los Acuerdos de la Ronda Uruguay, deberían tomar nota de esta compleja problemática. Los países de ALC deberían priorizar en sus esfuerzos de negociación a nivel multilateral los siguientes aspectos:

 

            1.     Apoyar de manera decidida las negociaciones en el marco de la OMC en vísperas de la V Conferencia Ministerial (Cancún), lo que pudiera concretarse en un apoyo mayor de toda la región a la iniciativa emprendida el  pasado 10 de junio en Ginebra por 26 naciones en desarrollo y su propuesta de plan de acción para reactivar las negociaciones en la OMC. Dentro de este grupo de 26 países, se encuentran 17 de Latinoamérica y el Caribe, todos miembros del SELA.

 

2.     Definir por consenso las prioridades de la región en el marco de la Conferencia de Cancún y, en especial, intentar el logro de posiciones concertadas con otras áreas en desarrollo sobre comercio agrícola, trato especial y diferenciado, el vínculo entre el acuerdo TRIPs de la OMC y la salud pública y los problemas asociados a la aplicación de los compromisos asumidos en la Ronda Uruguay.

 

3.     Proceder a una amplia discusión dentro de la región – y de ser posible en el marco del G-77 – respecto de la conveniencia de que continúen avanzando en la OMC los llamados “temas de Singapur” que son de mayoritario interés para los países industrializados: reglas de inversión, políticas de competencia, transparencia en las compras gubernamentales y facilitación de comercio.

 

b)     Teniendo en cuenta el mantenimiento de crecientes asimetrías en el sistema de comercio multilateral y la inserción marginal en éste de muchos de los países en desarrollo, debería analizarse la posibilidad de proponer ciertos mecanismos compensatorios a nivel internacional, que contribuyan a mitigar los efectos adversos de shocks comerciales externos sobre los países en desarrollo. En tal sentido, los gobiernos de ALC pudieran:

 

1.    Valorar la conveniencia en el G-77 de iniciar una nueva ronda de acuerdos internacionales de productos básicos entre los principales productores y consumidores,
con el objetivo de intentar racionalizar la oferta mientras se aseguran precios justos y suficientemente altos.

 

2.    En caso de que la anterior propuesta no fuera viable, pudiera valorarse la conveniencia de que para algunos productos básicos los productores más importantes dentro de las naciones en desarrollo adopten ciertas medidas para racionalizar la oferta global e incidir en la configuración del perfil de demanda global.

 

3.    Estudiar la posibilidad de reactivar mecanismos internacionales de “baja condicionalidad” como los usados en la década de 1970 (por ej. el Sistema o Facilidad de Financiamiento Compensatorio, STABEX), para amortiguar los shocks financieros temporales asociados a caídas abruptas en los ingresos por exportaciones de productos básicos, sobre todo teniendo en cuenta la muy baja capacidad de hacer frente a los pagos del servicio de la deuda externa de muchos países en desarrollo.

 

c)     Dadas las limitaciones institucionales de muchos países en desarrollo para participar activamente en las complejas negociaciones comerciales internacionales, deberían redoblarse esfuerzos con vistas a superarlas. En tal sentido, los países de América Latina y el Caribe pudieran:

 

1.    Considerar la necesidad de ampliar los recursos y alcances del programa de asistencia técnica relativa al comercio para el fortalecimiento de las capacidades nacionales que con el apoyo de varias agencias e instituciones, desarrolla la UNCTAD. Además de los países menos adelantados, también muchas economías de mediano tamaño enfrentan serias limitaciones para mantener una participación activa en las negociaciones comerciales.

 

2.    Valorar la posibilidad de ampliación de los programas de asistencia técnica internacional en temas de comercio, no sólo a la participación en negociaciones sino también para la evaluación y el diseño de políticas con vistas a la superación de las “restricciones de oferta”. Esto es de particular importancia no sólo para los PMA y los países de la iniciativa HIPC, con vistas a que se puedan obtener los beneficios de potenciales mercados externos liberalizados.

 

·            Adecuación y eficiencia de los recursos de las instituciones financieras      internacionales

 

a)         Dado los impactos negativos de las crisis financieras o del riesgo de contagio entre países en desarrollo, resulta necesario, como se puntualiza en el Consenso de Monterrey, que las instituciones financieras internacionales, y en especial el FMI, dispongan de un monto de recursos y facilidades para responder de manera oportuna y en forma apropiada en correspondencia con sus políticas. En este sentido, los países de ALC deberían evaluar:

 

1.     La conveniencia de plantear en el marco del 60 aniversario de las instituciones de Bretton Woods,junto a otras áreas en desarrollo, un incremento en los niveles de cuotas y consiguientemente una nueva estructura de cuotas. Ello aseguraría recursos suficientes al FMI en casos de crisis simultáneas en varios países de ingreso medio y, al mismo tiempo, pudiera mejorar las posibilidades de participación real de los países en desarrollo en la toma de decisiones económicas a escala internacional.

 


2.     También en este marco, los países de ALC deberían insistir en el análisis acerca de la conveniencia y oportunidad de proceder a una asignación de Derechos Especiales de Giro (DEG) en cualquiera de las tres modalidades estudiadas[6], sobre todo teniendo en cuenta las necesidades de muchos países en desarrollo y el estado de la coyuntura económica internacional en la actualidad.

 

3.     Propiciar en el marco del G-77 y el Grupo de los 24, antes de las próximas reuniones anuales de las instituciones de Bretton Woods, el estudio de algunas propuestas concretas sobre el rol de las instituciones financieras multilaterales, en particular el FMI, en la prevención de posibles crisis y el fortalecimiento de la estabilidad financiera internacional

 

·            Cooperación financiera y deuda

 

a)         La cooperación financiera y, concretamente, los flujos de AOD, aunque se recuperaron en 2002, no tienen todavía el esperado peso dentro de las prioridades fundamentales de la política exterior de los principales países industrializados. Esta situación se produce en un escenario de elevada concentración - en relativamente pocos países del Sur - de los flujos privados, y simultáneo a un proceso de liberalización financiera que privilegia consideraciones de mercado. Con este entorno de referencia, los gobiernos de ALC pudieran:

 

1.    Insistir en los órganos pertinentes acerca de la necesidad de armonizar los principios y mecanismos que rigen la asignación de AOD de las distintas agencias bilaterales y de los organismos multilaterales. Ello, además de contribuir a disminuir los costos de transacción de la AOD para los beneficiarios, también coadyuvaría a una mayor coherencia de los programas de asistencia con los programas nacionales y los objetivos de desarrollo internacionales.

 

2.         Prestar especial atención, y de ser posible participar en los debates sobre iniciativas adelantadas con vistas a garantizar un incremento de la AOD (por ejemplo, la propuesta británica de una Facilidad Financiera Internacional que utilizaría la emisión de bonos a 15 años para aumentar los flujos de ayuda); así como explorar enfoques innovativos para monitorear públicamente la AOD, identificar los flujos reales y reducir el retardo temporal en los desembolsos. En este sentido pudiera valorarse la conveniencia de que la Secretaría Permanente del SELA realice un monitoreo sistemático de los flujos de AOD recibidos por ALC y el impacto de los mismos sobre las economías de la región.

 

3.         Continuar el estudio y perfeccionamiento de varias propuestas de gobiernos de la región – el Fondo Humanitario Internacional de Venezuela, el Fondo Solidario Internacional de Brasil y la propuesta peruana ante el Grupo de Río sobre mecanismos financieros innovadores para garantizar la gobernabilidad democrática en la región – y realizar los esfuerzos para garantizar la viabilidad política y técnica de ellos.

 

b)         En general, en el tema de la deuda externa se plasmaron en el Consenso de Monterrey algunas de las demandas planteadas por el G-77 y las ONGs del Sur.  En el
texto se reconocieron principios tales como el de la “corresponsabilidad” en el manejo de la deuda,  y la necesidad de estudiar la cancelación de la misma cuando corresponda. En este contexto, y a un año de aprobado el Consenso de Monterrey, los países de ALC podrían:

 

1.    Estudiar la conveniencia de rediseñar el concepto de “sostenibilidad de deuda”.

 

2.    Valorar las posibilidades que se derivan de la inclusión de cláusulas de acción colectiva por parte de varios países – utilizadas por México, Uruguay y Brasil en nuestra región - en la emisión de bonos soberanos.

 

3.    Darle seguimiento  a los esfuerzos de algunos países y del FMI en el desarrollo de propuestas  para un mecanismo de reestructuración de deuda soberana, y propiciar un intercambio de experiencias entre países de la región sobre el tratamiento recibido por ellos en el Club de Paris, Club de Londres y en el contexto de la iniciativa HIPC, para coadyuvar a la conformación de propuestas comunes ante tales foros y otros organismos financieros internacionales.

 

4.    Se pudiera valorar que un grupo de trabajo sobre la deuda dentro del proceso de Financiamiento al Desarrollo que incluiría a todos los actores relevantes – países deudores, acreedores, representantes de la sociedad civil y expertos – recomiende  un mecanismo integral de manejo de deuda para ser aplicado cuando sea necesario a países en crisis.

 

c)         En la Conferencia de Monterrey se reconocieron los esfuerzos realizados como parte de la iniciativa para el alivio de la deuda de los países pobres.  Se insiste en ver a la iniciativa HIPC para la reducción de la deuda de los países más pobres altamente endeudados como una estrategia, que aunque limitada, ha sido beneficiosa.

 

1.    En relación a la propuesta HIPC debería valorarse la conveniencia de expandir la iniciativa a otros países.

 

2.    En caso de que se considere oportuno, analizar la conveniencia de que la comunidad internacional contemple una nueva política para el tratamiento de la carga excesiva de endeudamiento externo de los países elegibles para la iniciativa HIPC, o para los países en desarrollo en general.

 

V.         CONSIDERACIONES FINALES

 

·            El Consenso de Monterrey representó un paso de avance en el tratamiento de la problemática del financiamiento al desarrollo en las condiciones actuales, y el mismo puede ser visualizado como las condiciones mínimas de compromiso de la comunidad internacional para comenzar a resolver los agudos problemas de pobreza, bajos ritmos de crecimiento e inversión productiva y social, exclusión y participación marginal en los dinámicos flujos de intercambio internacional que han caracterizado a la mayoría de las economías en desarrollo.


 

·            El documento final de la Conferencia de Monterrey fue percibido por algunos como un conjunto de acuerdos  todavía débil,  y que por tanto requería de un serio proceso de seguimiento y permanente revisión.

 

·            A un año de adoptado los acuerdos, el balance de su aplicación demuestra que aunque se pudieran identificar ciertos avances, queda mucho por hacer para lograr  avances sustanciales y efectivos en cuanto al Financiamiento al Desarrollo.

 

·            La capacidad de concertación que sean capaces de mostrar los países en desarrollo – y América Latina y el Caribe en especial – pudiera ser la clave para acelerar el cumplimiento de los objetivos propuestos y alcanzar la mayoría de las propuestas hasta el año 2005.

 

·            El SELA está en disposición y tiene la capacidad de apoyar decisivamente a los gobiernos de América Latina y el Caribe en el proceso de seguimiento de las propuestas o iniciativas identificadas que se acuerden priorizar para potencialmente incorporarlas a las líneas de cooperación con otros países del Grupo de los 77.

 

·            En este sentido, la Secretaría Permanente del SELA dedicará la próxima XVI Reunión de Directores de Cooperación Internacional de América Latina y el Caribe que tendrá lugar entre el 21 y el 23 de julio próximo en la Ciudad de Panamá,  al tema central del Financiamiento al Desarrollo y el cumplimiento de las Metas del Milenio en la región. En tal ocasión – y como parte de los necesarios esfuerzos de concertación con otras áreas en desarrollo – participarán, junto a representantes de agencias multilaterales y organismos internacionales, delegaciones de algunos países de África y Asia.

 

 


REFERENCIAS

 

 

-                           European Commission (2003). Follow-up to the International Conference on Financing for Development. (Monitoring the Barcelona Commitments), 15 – 5 – 2003.

 

-                           Ossa, Cristian (2003). Monitoring the Monterrey Consensus. Paper prepared for the XVI Technical Meeting of the Intergovernmental Group of 24 in Port Spain, Trinidad and Tobago, February 13 – 14.

 

-                           SELA (2002). “El Consenso de Monterrey: análisis, propuesta y seguimiento”. Resumen Ejecutivo. SP / Di 15 – 02, Caracas, mayo.

 

-                           The Economist (2003). Economic and financial indicators, May 24th,

 

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