Titulo

Gobernabilidad democrática y desarrollo humano en ALC
Edición Nº 67
Enero-junio 2003

 

Editor

Secretaría Permanente del SELA

 Indice

 

Propuestas para un programa de articulación y convergencia de la integración regional

 

Secretaría Permanente del SELA[1]

 

I.          Desarrollo reciente

 

Con el cambio de modelo de desarrollo e integración verificado en la región a partir de la segunda mitad de los años ochenta, hacia un modelo más abierto e integrado al mundo, y como consecuencia de este mayor activismo externo, cada país latinoamericano o caribeño participa de uno o varios esquemas o acuerdos de integración.

 

Sin embargo, existen diferentes espacios vinculantes que están conformados de diversas maneras, a saber:

 

-           una primera esfera reúne a los países por su vecindad geográfica, en lo que se podría denominar esfera subregional, especie de base natural de actuación (MERCOSUR, Comunidad Andina, Centroamérica, el Caribe y, también, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o TLCAN);

 

-           una segunda esfera reúne al conjunto de países de América Latina y el Caribe en un  espacio regional menos preciso, que valoriza objetivos de unidad vinculados con el pasado histórico (tanto de la época independentista, como, más recientemente, en los impulsos hacia la integración regional, expresados multilateralmente en los sucesivos proyectos ALALC/ALADI y en la reciente creación de la Asociación de Estados del Caribe, y para los aspectos políticos, por la conformación del Grupo de Río);

 

-           una tercera esfera reúne a los países del hemisferio en su casi totalidad, en un espacio vinculante que adquirió actualidad con las negociaciones para el  Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); y

 

-           una cuarta esfera, finalmente, constituida por las relaciones asociativas entre países o grupos de países de diferentes continentes, como el vínculo que se está construyendo entre América Latina y el Caribe y la Unión Europea.

 

Esta suerte de proceso de "geometría variable” presenta dos ejes de polarización en la región: un área de preferencias, en la parte norte, derivada de los distintos acuerdos que involucran a México, Centroamérica y el Caribe, en un entorno que cuenta con fisonomía propia, proporcionada por la Cuenca del Caribe; y otra área de preferencias, la suramericana, conformada por la Comunidad Andina y el MERCOSUR, al que está asociado Chile, y que podría extenderse a Suriname y Guyana, que fueron partícipes en las cumbres suramericanas de los años 2000 y 2002.  Las vinculaciones  que han surgido a lo largo del tiempo entre ambas áreas constituyen las bases para un proceso de articulación y convergencia progresiva y por etapas,  de todas las subregiones, incluyendo a México, en aquellos aspectos posibles, dada su condición de Estado fundacional del TLCAN con Estados Unidos y Canadá.

 

En el nuevo escenario internacional, el desarrollo de la integración y la articulación de los distintos esquemas subregionales tienen ante sí algunas interrogantes y deben enfrentarse a varios desafíos derivados de las condiciones regionales y del entorno internacional. Por un lado, están los problemas de congruencia  entre los compromisos asumidos por cada país en las diferentes esferas de vinculación externa; por otro lado, el impacto posible de los nuevos acuerdos sobre el manejo de sus políticas económicas y sociales, que resultarían condicionadas por las vinculaciones externas. Se requeriría desarrollar, desde la base misma, un tejido de relaciones comerciales, económicas y sociales en las que los habitantes e instituciones de las subregiones debieran tener una participación protagónica, al igual que los parlamentos,  para desarrollar la dimensión política del proceso que impulse y garantice el avance de la articulación y convergencia.

 

II.         La institucionalidad de la integración

           

En los años recientes, el desarrollo institucional del proceso de integración de América Latina y el Caribe recibió un impulso significativo, particularmente en su modalidad subregional, acompañado de un paralelo debilitamiento relativo de los ámbitos de carácter regional. Incluso, surgieron nuevos foros para áreas más amplias, tales como la Asociación de Estados del Caribe y las distintas cumbres presidenciales institucionalizadas en Suramérica, Centroamérica y el Caribe.

 

En el caso de la integración subregional, las dos últimas décadas mostraron un gran dinamismo y desarrollo institucional, aunque todavía quede mucho camino por recorrer en el plano de la institucionalización, especialmente para asegurar una mejor articulación y vinculación entre los foros consultivos y las instancias de toma de decisiones. El escenario subregional no agota la demanda por ámbitos de coordinación e integración mayores a los nacionales. En cambio, en el ámbito regional, los organismos e instancias de mayor alcance han perdido crecientemente su capacidad de influencia.  Particularmente significativo es el impacto que esta situación está ejerciendo sobre la proyección externa de la región en los foros internacionales y en las negociaciones interregionales. La falta de voluntad política para utilizar plena y oportunamente a los foros efectivos de consulta y coordinación existentes en la región, con el fin de contribuir a desarrollar posiciones comunes o al menos concertadas en las instancias negociadoras internacionales, limitan las posibilidades de impulsar los intereses de la región.

 

En general, los desarrollos verificados han consolidado el papel protagónico del máximo nivel político, con la participación institucionalizada de los jefes de Estado y de Gobierno, que han dado un gran impulso y protagonismo político y social al proceso de integración. No obstante,  el objetivo ulterior de la articulación y convergencia pareciera requerir un replanteo de la institucionalidad latinoamericana y caribeña  mediante  la voluntad política necesaria para rescatar el ámbito de acción regional.  Cabría preguntarse,  en ese sentido, si sigue siendo válido mantener la adopción de decisiones en el ámbito exclusivo de los órganos intergubernamentales, o si se deberían desarrollar modalidades supranacionales en la adopción de decisiones y en la estructura de los órganos que rigen el proceso. 

 

III.        Los desafíos de la articulación y la convergencia

 

El primer desafío es lograr un mínimo de coordinación macroeconómica entre los países asociados a los diferentes acuerdos, dado que el avance de la liberalización del comercio y las inversiones está conduciendo a tal grado de interdependencia económica que hace a cada país más vulnerable ante las contingencias de las otras economías, y a todas frente a la inestabilidad financiera y las fluctuaciones económicas del sistema internacional.

 

El segundo desafío es, sin duda, lograr vencer la escasa proyección social de la integración en cada uno de sus escenarios, lo cual representa una fuente latente de posibles movimientos políticos y sociales adversos a la ampliación y articulación de los distintos acuerdos.

 

El tercer desafío es el tratamiento efectivo de las asimetrías en las capacidades económicas y sociales entre países y regiones que participan de los acuerdos de integración, ampliando o perfeccionando las modalidades utilizadas hasta ahora. 

 

El cuarto desafío es el de superar las carencias existentes en cuanto a infraestructura de comunicaciones y transporte. No se ha contado con las redes necesarias en materia de comunicaciones y de transporte, ni tampoco con redes de información que hagan posible un creciente flujo de bienes, servicios y personas.

 

El quinto desafío es el apoyo y consolidación de las instituciones regionales que sirvan de base a los esfuerzos de articulación y convergencia.

 

 

IV.        Posibles líneas de acción para la articulación y convergencia de la integración

 

Las posibles líneas de acción para lograr los objetivos de profundización, articulación y convergencia de la integración, podrían concentrarse en los siguientes campos:

 

1.                                           Fortalecimiento y racionalización de la institucionalidad regional

 

Los gobiernos y la opinión pública regional han exteriorizado en los últimos años una preocupación creciente por reducir los costos operativos y aumentar la eficiencia de los diferentes organismos de integración y cooperación que operan en la región, para adaptarlos a las nuevas condiciones y requerimientos de sus países miembros. Numerosos ejercicios de reestructuración y racionalización se han desarrollado y aún se desarrollan, persiguiendo dichos propósitos, a escala de cada uno de los organismos regionales.

 

Los Jefes de Estado y de Gobierno de los países del Grupo de Río no permanecieron ajenos a esa preocupación y en la Declaración emitida al término de su IX Reunión celebrada en Quito en 1995, reconocieron “la necesidad de racionalizar el funcionamiento de los organismos regionales de integración y de cooperación, y eventualmente reorganizarlos, con el objeto de fortalecerlos y de adaptarlos a las nuevas realidades y necesidades de la región”.

 

De los estudios realizados desde entonces para lograr tales objetivos, surge la conveniencia de realizar o intensificar acciones para:

 

i.                     Superar la  multiplicidad, diversidad  y desarticulación entre los organismos de la región: no constituyen un sistema y, salvo excepciones, no coordinan sus tareas y apenas si se intercambian información sobre las mismas.

ii.                   Racionalizar la burocracia internacional, superar la ineficacia en la aplicación de recursos y evitar la duplicación de trabajos, surgida en buena medida como consecuencia de mandatos semejantes y hasta contradictorios otorgados a varios organismos al mismo tiempo.

iii.                  Interconectar los proyectos de integración que se desarrollan en distintos ámbitos, para lo cual se hace necesario estimular las acciones y la negociación de acuerdos de complementación que propicien su articulación. Un ejemplo es el Acuerdo de Complementación CAN-MERCOSUR suscrito en  diciembre de 2002 como paso previo hacia la constitución de una zona de libre comercio suramericana.

 

2.                   Pasos estratégicos para la consolidación del espacio regional

 

Una cuestión central para lograr la consolidación de los logros alcanzados hasta ahora y seguir avanzando, es la necesidad de romper los círculos viciosos que genera la integración predominantemente comercial, proponiéndose objetivos y acciones en otras materias donde se puedan detectar intereses y percepciones comunes, como en la coordinación y armonización de políticas, el desarrollo de la infraestructura y la colaboración en otros campos de la integración cultural, social y científico-tecnológica. Pero, y sobre todo, dándole al proyecto integracionista una dimensión social y política de largo aliento.

 

Respecto de las modalidades institucionales del proceso de articulación y convergencia regional, cabría realizar esfuerzos para lograr, por una parte, un compromiso político regional que señale las instituciones e instrumentos necesarios para desarrollarlo, a partir de la recuperación, renovación y reforzamiento de la institucionalidad regional, que actuaría como pivote del proceso; y, por la otra, alcanzar acuerdos múltiples y específicos que permitan desarrollar políticas y puntos de coincidencia, a partir de la  compleja realidad regional actual.

 

V.        Bases para un programa regional de articulación y convergencia

 

Las siguientes propuestas operativas podrían integrarse en un Programa para el desarrollo de una vía latinoamericana y caribeña hacia la integración, de características propias y renovadas, fundamentado en acciones destinadas a lograr la articulación y la convergencia en forma gradual, esto es, progresiva y por etapas.

 

i.                     Realizar un ejercicio de convergencia política o nuevo consenso político regional, para establecer una metodología de acercamiento de amplia cobertura: gobiernos, fuerzas políticas, sociedad civil y el apoyo de las instituciones regionales y subregionales, que considere el tipo de integración que se desea y cómo lograrla.

ii.                   Si bien foros como el Grupo de Río, las cumbres suramericana, del Caribe y de Centroamérica jugarán el papel protagónico en la consecución de este objetivo, organismos  como  la ALADI, la AEC, la CEPAL y el SELA estarían llamados a  desarrollar acciones y tareas  coordinadas entre sí, dentro de sus respectivas competencias, que promuevan ese nuevo consenso político regional, en estrecha colaboración y consulta con todas las secretarías de integración, para la elaboración, ejecución y seguimiento de una agenda de trabajo de articulación y convergencia graduales.

iii.                  Para simplificar las estructuras institucionales regionales sería deseable propiciar la incorporación de los países caribeños miembros del SELA al Grupo de Río y vincular más estrechamente ambas instancias, especialmente mediante el Consejo Latinoamericano del SELA, como instancia regional ministerial de naturaleza económico-política.  Dentro de sus competencias, dependiendo de la temática y en colaboración con los demás organismos de la región, la Secretaría Permanente del SELA  podría brindar apoyo técnico a las respectivas secretarías pro tempore  para el seguimiento de las iniciativas surgidas del Grupo de Río.

iv.                  Fortalecer, renovar y actualizar los mecanismos  de apoyo de alcance regional en materia de consulta y coordinación de posiciones negociadoras, frente a los procesos de negociaciones comerciales y financieras internacionales, e  intensificar el intercambio mutuo de información y el uso más eficiente de  los recursos humanos  disponibles, utilizando las instituciones existentes o nuevos mecanismos, como lo es la Maquinaria de Negociación del Caribe (RNM por sus siglas en inglés).

v.                    Facilitar el papel dinamizador de los parlamentos regionales y subregionales, en su calidad de órganos promotores y orientadores del proceso de integración, mediante una mayor coordinación y realización de actividades comunes con otros organismos, para analizar alternativas y llevar adelante propuestas en múltiples campos de la cooperación y la integración solidaria.

vi.                  Aprovechar  las instituciones existentes en la promoción de proyectos de ampliación de la integración y la cooperación - como es el caso del espacio suramericano -, su consolidación y proyección externa. En ese sentido, pareciera conveniente activar foros de diálogo y consulta para intercambiar experiencias e identificar modalidades de acción para articular y hacer converger a los diferentes esquemas y acuerdos de integración de la región.  

vii.                 Proyectando la iniciativa surgida recientemente en el seno del MERCOSUR de avanzar hacia una coordinación monetaria con miras a una futura moneda común en esa subregión, proceder a realizar estudios y diálogos de análisis y discusión sobre las posibilidades de ir avanzando, progresivamente y por etapas, hacia el establecimiento de una moneda común de alcance regional. En forma concomitante y con el fin de impulsar y hacer más eficiente el desempeño de las instituciones financieras para el desarrollo de la integración y la cooperación regional, sería recomendable la coordinación de acciones y analizar, a partir del desarrollo regional y financiero que ha venido teniendo la Corporación Andina de Fomento, la posibilidad de asociarla, tan estrechamente como sea necesario, con el Fondo de Desarrollo del Plata (FONPLATA). Dicha asociación podría tener como plataforma de acción inmediata el financiamiento conjunto de proyectos específicos de alto contenido integracionista, en particular en sectores productivos que abarquen dos o más países interesados.

viii.               Abordar a escala regional algunos aspectos cruciales del desarrollo de la integración, como los relativos a su dimensión social y  a su temática: salud, pobreza crítica, educación, migraciones, movimiento de personas y  adecuación de normas laborales y socio-económicas; así como aspectos relativos a determinadas áreas y sectores más sensibles y vulnerables respecto del proceso de integración, como zonas fronterizas, grupos marginados, y áreas agrícolas tradicionales y de auto-subsistencia.

ix.                 Propiciar la participación de la sociedad civil en el desarrollo  de la agenda social de la integración, mediante la conformación y articulación de redes y recepción de propuestas ante temas comunitarios  de actores involucrados: empresarios, trabajadores, colegios profesionales, universidades, organismos de defensa del consumidor, actores culturales; así como de instancias espaciales de referencia: entidades locales y provinciales.

 

ANEXO: CUADRO INSTITUCIONAL COMPARADO DE LA INTEGRACIÓN EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (*)

 

ORGANOS

ALADI

COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES

SISTEMA DE INTEGRACIÓN CENTROAMERICANA

CARICOM

MERCOSUR

SICA

MCCA

Órgano Supremo/ Conducción política

(Nivel Presidencial)

 

(Nivel Ministerial)

 

Consejo Presidencial Andino

Reunión de Presidentes

Conferencia de Jefes de Gobierno

Cumbre de Presidentes del MERCOSUR

Mesa de la Conferencia

Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores

 

 

 

 

 

Conducción Ejecutiva/

Adopción de normativas

(Nivel Ministerial)

 

Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores

Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores

Consejo de Ministros de Integración Económica

Consejo de Ministros de la Comunidad

 

Consejo del Mercado Común

Consejo Intersectorial de Ministros de Integración Económica

Conducción Sectorial

(Nivel Ministerial)

 

Reuniones conjuntas Comisión y ministros sectoriales

Consejo de Ministros

Consejo Sectorial de Ministros de Integración Económica

Consejo de Comercio y Desarrollo Económico

Reuniones Ministeriales sectoriales

Consejo de Relaciones Exteriores y de la Comunidad

Consejo de Desarrollo Social y Humano

Consejo de Planificación y Finanzas

Órgano Ejecutivo

(Representantes Gubernamentales)

Comité de Representantes

Comisión de la Comunidad Andina

Comité Ejecutivo

Comité Ejecutivo de Integración Económica

 

Grupo Mercado Común

Comisión de Comercio

Secretaría Permanente

(Órgano Técnico)

Secretaría General

Secretaría General de la Comunidad Andina

Secretaría General del Sistema de Integración Centroamericano

(SG-SICA)

Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA)

Secretaría de la Comunidad

Secretaría Administrativa

 

 

ORGANOS

ALADI

COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES

SISTEMA DE INTEGRACIÓN CENTROAMERICANA

CARICOM

MERCOSUR

SICA

MCCA

Negociación Comercial Externa

 

 

 

 

Maquinaria de Negociación Regional del Caribe

 

Órgano Jurisdiccional

 

Tribunal de Justicia Andino

Corte Centroamericana de Justicia

Corte de Justicia del Caribe

 

Órgano Parlamentario

 

Parlamento Andino

Parlamento Centroamericano

Asamblea de Parlamentarios de la Comunidad

Comisión Parlamentaria

Conjunta

Órgano

Consultivo Económico-Social

Consejo Asesor Empresarial

Consejo Consultivo Empresarial Andino

Comité Consultivo

Comité Consultivo de Integración Económica

 

Foro Consultivo Económico y Social

Consejo Asesor Laboral

Consejo Consultivo Laboral Andino

Institución Financiera

 

Corporación Andina de Fomento (CAF)

Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)

Banco Desarrollo del Caribe

FONPLATA (**)

Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR)

 

(*)            Elaboración propia (Juan Mario Vacchino y Gerardo Noto).

 

(**)          FONPLATA no pertenece al MERCOSUR y fue creado con anterioridad  por un acuerdo específico, pero sus países miembros coinciden ampliamente 
 (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay son Estados-Partes, mientras Bolivia es  Estado-asociado del MERCOSUR)

 

 

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[1] El presente documento fue elaborado por la Secretaría Permanente del SELA en apoyo a la XVII Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno del Grupo de Río, realizada en Cusco, Perú, entre el 23 y 24 de mayo de 2003.