Titulo

Gobernabilidad democrática y desarrollo humano en ALC
Edición Nº 67
Enero-junio 2003

 

Editor

Secretaría Permanente del SELA

  Indice

 

La agenda comercial internacional y las pequeñas economías de ALC

 

Secretaría Permanente del SELA[1]

 

I.          Las tendencias del comercio internacional contemporáneo

 

Las características que tipifican el comercio  internacional actual son el resultado de la consolidación de ciertas tendencias que se han venido presentando desde los últimos cincuenta años. No obstante, cualitativamente estas tendencias han recibido el influjo – y al mismo tiempo han manifestado – los mayores niveles de internacionalización de la actividad económica mundial y los cambios ocurridos en la base tecnológica. En la etapa más reciente,  las modificaciones en la normativa o arreglos jurídicos internacionales y a escala regional que regulan los flujos transfronterizos de bienes y servicios, también han tenido un impacto en la dinámica del comercio mundial.

 

El sistema multilateral de comercio  evidencia una creciente complejidad y algunas contradicciones. Esto está determinado, por un lado, por  la exacerbada competencia internacional en un contexto de globalización que distribuye de manera inequitativa sus costos y beneficios, y por otro lado, por la evidente pugna entre una institucionalidad que intenta liberalizar el comercio de bienes y servicios - mediante la instrumentación  de muy complejas disposiciones - y la efectividad de tal normativa. Dicha efectividad está lastrada tanto por las asimetrías entre los países miembros del sistema, como por las propias prácticas proteccionistas de muchas de las naciones que propugnan la lógica del “libre comercio”.

 

Pudieran sintetizarse ocho grandes tendencias  que tipifican  el  comercio mundial:

 

i.          El crecimiento o dinamismo del comercio mundial supera al de la producción, constatándose así el profundo proceso de internacionalización de los mercados mundiales.

 

ii.         El comercio internacional de servicios creció en el período 1990-2000 a una tasa del 6.5 % anual. Sin embargo, el peso de las transacciones internacionales de bienes sigue siendo preponderante dentro del comercio mundial.

 

iii.         Se mantienen crecientes niveles de concentración del comercio mundial, tanto desde el punto de vista de la participación de los distintos tipos de rubros, como en cuanto a la distribución geográfica de los flujos comerciales.

 

iv.         Se ha dado un acelerado desarrollo del comercio intra-industrial, definido como la exportación e importación simultánea de productos manufacturados dentro de una misma rama industrial. El peso determinante del comercio intra-industrial explica la alta concentración del comercio entre países con dotación de recursos y estructuras productivas relativamente similares.

 

v.          Ha crecido sostenidamente la importancia del comercio intra-firma, definido como las transacciones de comercio internacional que se dan dentro de una misma empresa trasnacional. Se estima que entre el 30 y el 40 % de las transacciones mundiales se realiza actualmente al interior de dichas empresas.

 

vi.         El mercado mundial presenta una estructura cada vez más oligopólica en tanto hay relativamente pocos vendedores que dominan el mercado. En este contexto, las decisiones que toman estos actores dominantes determinan las condiciones de producción, precios y  comercialización a escala internacional.

 

vii.        En estos años se han venido consolidando grandes bloques comerciales, aunque habría que reconocer que, a excepción de la Unión Europea, el intercambio extra-regional sigue teniendo el peso predominante dentro del comercio exterior total de cada una de las distintas agrupaciones de países.

 

viii.       El sistema de comercio internacional reforzó sus bases multilaterales después de la conclusión de la Ronda Uruguay y la consiguiente creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en enero de 1995. Desde entonces, las normas comerciales establecidas – de obligatorio cumplimiento para todos los países miembros -  teóricamente deberían limitar la adopción de medidas unilaterales proteccionistas, al estar vinculadas a un mecanismo unificado de solución de diferencias. Sin embargo persisten – y se han agudizado en los últimos meses – tendencias y prácticas claramente proteccionistas y discriminatorias en el comercio. Al mismo tiempo, la liberalización comercial multilateral de las últimas décadas fue asimétrica, lo que se demuestra por el distinto trato que recibieron los productos agrícolas, los textiles y las prendas de vestir, bienes en los cuales los países en desarrollo – y muchos de América Latina y el Caribe (ALC) – tienen ventajas comparativas.

 

Estas tendencias generales del comercio mundial configuran un escenario  bastante complejo para la inserción de economías con debilidades estructurales en sus aparatos productivos, en sus perfiles distributivos y en su institucionalidad, características que están presentes en los países latinoamericanos y caribeños.

 

Así,  no es de extrañar que a pesar de todos los esfuerzos realizados por ALC  en estos últimos 20 años – el área del mundo que más  ha avanzado en el proceso de reformas económicas, y en particular en cuanto a liberalización comercial – el crecimiento económico en la última década fue tan sólo de 3.2 % anual, un dinamismo significativamente inferior al  registrado durante las tres décadas de industrialización liderada por el Estado, entre los años cincuenta y setenta (5.5 % por año)[2].

 

La actual ronda de negociaciones multilaterales de la OMC que se inició en la IV Conferencia Ministerial de Doha, la multiplicidad de negociaciones comerciales en que están participando la totalidad de países de ALC  en el ámbito bilateral, sub-regional e inter-regional, y el proceso con vistas a la conformación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), constituyen hitos importantes que ponen a prueba la capacidad institucional de la región. Los resultados o compromisos que se deriven de estas negociaciones  tendrán importantes implicaciones no sólo para el sector externo sino también para el propio desarrollo de las naciones latinoamericanas y caribeñas.  El tema de las asimetrías y el concomitante problema del trato especial y diferenciado (TED) a favor de las pequeñas economías o de menor nivel de desarrollo relativo, son cruciales en este contexto.

 

II.         Las asimetrías entre las economías del hemisferio. El necesario reconocimiento y aplicación del trato especial y diferenciado

 

Elemento primordial cuando se valora el impacto de cualquier proceso de liberalización comercial – bien sea como parte de la aplicación de reglas multilaterales o como resultado de la conformación de una propuesta como la del  ALCA -  es el de  las agudas y crecientes asimetrías estructurales que existen entre los países industrializados por una parte  y las economías de ALC por la otra. También resulta trascendente en cualquier esfuerzo por ampliar o profundizar la integración económica latinoamericana y caribeña, considerar las asimetrías que se manifiestan al interior de la región.

 

En general, el tema de las asimetrías entre países puede considerarse  a partir del análisis de tres dimensiones complementarias aunque no idénticas: (a) las diferencias en cuanto a niveles de desarrollo económico relativo; (b) las diferencias en las estructuras económicas y sociales de los países miembros de un bloque regional o entre los miembros del sistema multilateral de comercio, y (c) las diferencias en cuanto a dimensión económica de los distintos estados. 

 

De todas formas, la mayoría de las economías pequeñas de la región son al mismo tiempo las de menor nivel de desarrollo económico. Aquellas naciones de reducida dimensión con altos índices de desarrollo humano  (IDH) tienen también dificultades crecientes para su inserción externa. Por ello, se ha venido imponiendo cierto consenso en el sentido de que la clasificación de un país como “economía pequeña” lleva implícito  crecientes niveles de vulnerabilidad, y por tanto, son ellas las que enfrentan los mayores costos del proceso de liberalización comercial y apertura externa y, al mismo tiempo, las mayores dificultades para la obtención de los beneficios esperados.

 

1.       Las “pequeñas economías” en el contexto hemisférico:

      heterogeneidad, vulnerabilidad y  restricciones estructurales

 

Al analizar  los rasgos y tendencias del desarrollo económico y social de los  países de ALC queda claro que hay diferencias muy importantes en cuanto a dimensión económica. En general, y excluyendo a Brasil, México y Argentina (en términos relativos y generales), el resto de los países que conforman la región pudieran ser clasificados como “economías pequeñas” dentro del contexto hemisférico al compararlas con Estados Unidos y Canadá.

 

No existe en economía una definición o un concepto único de “economía pequeña”. La definición específica de una economía “pequeña” o “grande” depende de las cuestiones que se examinen. Con frecuencia se utiliza la condición de “tomador de precios” de un país en el comercio internacional (o sea, la aceptación pasiva de precios fijados en el mercado internacional) como elemento central para clasificarlo como país de “economía pequeña”, pero tal condición no parece suficiente cuando se considera un amplio conjunto de cuestiones económicas y sociales.[3]

 

Otra caracterización identifica a las “economías pequeñas” como aquellas que carecen de autonomía para tomar decisiones de política económica y deben ajustarse al contexto creado por las políticas económicas de las grandes naciones. [4]

 

Con frecuencia el tamaño de una economía se mide en función de su población, superficie y/o ingreso interno. El tamaño de las dotaciones de un país en términos de  mano de obra,  capital y  recursos naturales es un elemento importante  en el estudio de los problemas del comercio y la inserción internacional. El tamaño de la dotación de recursos y sus características ha sido un factor decisivo en las discusiones teóricas acerca del comercio mundial y el crecimiento económico, y ha desempeñado un papel  fundamental en los principios básicos de la ventaja comparativa y la especialización internacional.

 

El cuadro anexo resume la información relacionada con las dotaciones, el desarrollo humano y el desempeño económico para cada país del hemisferio occidental.

 

En ese cuadro se ordenan los países de acuerdo con cada una de las variables de tamaño: la población, que es una aproximación de la fuerza de trabajo; la superficie es una aproximación a la disponibilidad de recursos naturales; y el PNB como indicador que hasta cierto punto expresa el capital (las relaciones capital-producto pueden considerarse constantes en períodos cortos).  Se define en la columna 4 del cuadro un indicador de tamaño de cada país que combina la población, la superficie y el PNB. Dado que el análisis o consideración del capital humano es clave para el estudio de los problemas de inserción internacional, se incorpora el IDH en los cálculos que se realizan.  Así, se calcula un índice (PSPH), que ajusta la población por el indicador del desarrollo humano y, aunque tiene algunas limitaciones, capta en una sola medida una variable de la dotación de un país ajustada por el capital humano.[5]

 

En términos generales, dado su tamaño, la totalidad de las economías de Centroamérica, el Caribe y varias de las suramericanas - de acuerdo a la teoría convencional al respecto – son “pequeñas” y enfrentan limitaciones estructurales que pudieran estar explicando sus dificultades para la obtención de las ventajas teóricas de la globalización y el acceso al desarrollo. Dentro de estas limitaciones se podrían destacar:

 

·       El reducido tamaño de sus mercados internos impone ciertos obstáculos a la especialización productiva, porque varias actividades - industriales y de servicios - requieren escalas de operación mínimas para ser lo suficientemente rentables y compensar los gastos de inversión que suponen.

 

·       La mayoría de los servicios  públicos se caracterizan por su indivisibilidad, lo que implica para los “países pequeños” que su costo por habitante sea generalmente elevado.

 

·       La alta dependencia de las importaciones y del capital extranjero, hace que estas “economías pequeñas” descansen fuertemente en las exportaciones para su crecimiento y desarrollo.

 

·       La relativamente escasa dotación de recursos y activos económicos tiende a que las exportaciones se concentren en pocos bienes y servicios donde las ventajas comparativas sean suficientemente fuertes para compensar las limitaciones inherentes a su tamaño.

 

·       La concentración en uno o pocos mercados está implicada también en la pequeña base de exportación y en el forzado ahorro de costos de transportes que tipifican a las economías pequeñas.

 

·       Muchas actividades auxiliares relacionadas con las transacciones externas - como el desarrollo de la infraestructura, los servicios portuarios, de transporte y de comercialización, los servicios de seguros, la investigación y el desarrollo experimental, etc. - están sujetas también a escalas mínimas y en muchos casos no pueden reducirse o eliminarse mediante la apertura al comercio exterior y la inversión extranjera.

 

·      Las limitaciones de tamaño pudieran tener también ciertas consecuencias para el capital humano. Los servicios de educación y de salud de mayores niveles de calidad requieren para su operación ciertas escalas mínimas. Las universidades y la formación de mano de obra muy calificada están limitadas por la extensión del mercado, y ello puede determinar que los sectores más y mejor preparados profesionalmente se vean seducidos a emigrar hacia regiones/países más desarrollados.

 

Las anteriores limitaciones pudieran tener, en condiciones de liberalización económica, un impacto significativo en las posibilidades reales de avanzar en trayectorias sostenibles de desarrollo para muchas de las naciones de ALC. No obstante, queda claro en el cuadro anexo que dichas economías son “pequeñas”, pero hay diferencias importantes si la comparación se realiza al interior de ellas.

 

Habría que reconocer, no obstante, que según la ortodoxia económica las “economías pequeñas” son las principales beneficiarias del libre comercio. Los partidarios acríticos de la globalización y la apertura externa sostienen  que las desventajas derivadas del tamaño pueden ser reabsorbidas por la integración regional y la internacionalización de las actividades productivas.[6]  Sin embargo, hay opiniones opuestas que reiteran la debilidad intrínseca de las “economías pequeñas” para insertarse dinámicamente en los flujos internacionales de comercio y finanzas. Estas resaltan que:

 

·         El  reducido  mercado interno – que impide aprovechar los rendimientos de escala - tiene importantes implicaciones no sólo en términos de competitividad sino también  para la organización de los mercados internos.

 

·         El acceso libre a mercados externos no resuelve automáticamente los problemas socioeconómicos, que no siempre son de estrechez de la demanda.

 

·         Para aprovechar los incrementos de la demanda generados por el aumento potencial de las exportaciones, debe existir una oferta elástica en condiciones competitivas.

 

·         Lo anterior, muchas veces, supone un importante esfuerzo de inversión y mejoras tecnológicas que no siempre son alcanzables a corto plazo.

 

·         El libre comercio sobre la base de la reciprocidad – como en el caso del ALCA – implica compromisos explícitos y obligatorios de apertura de los mercados internos. De ahí que pudiera generarse un incremento notable de las importaciones con  implicaciones significativas para el tejido productivo y los niveles de ingresos y empleo de importantes sectores sociales de estas economías pequeñas.

 

·         A estas limitaciones de las “economías pequeñas”  habría que incluir la dimensión de vulnerabilidad económica, la que está estrechamente ligada a la mayor importancia relativa del comercio internacional y a la escasa diversificación de las exportaciones de bienes y servicios de estos “pequeños países”[7]. 

 

Todo lo anterior está en la base de las reservas expresadas por algunas de las “economías pequeñas” de ALC sobre su capacidad para beneficiarse del libre comercio hemisférico. Las limitaciones estructurales de estas naciones reducen algunos de los beneficios potenciales que podrían alcanzar sus empresas con la ampliación de los mercados de exportación, mientras que el aumento de la competencia de grandes empresas externas pudiera tener consecuencias adversas para su supervivencia.

 

 

III.        La necesidad de replantear la importancia estratégica del trato especial y diferenciado para los países de América Latina y el Caribe

 

Los elementos anteriormente apuntados explican el hecho de que las discusiones respecto al trato especial y diferenciado (TED) en el contexto de la OMC y el ALCA, constituyan una de las aristas centrales que  decisivamente determinará el balance entre costos y beneficios de la liberalización comercial de los países de la región, y  el propio éxito del empeño por constituir el mayor bloque comercial del mundo en el hemisferio.

 

En varios de los documentos y en el espíritu de los acuerdos de la OMC, y también en los derivados de las negociaciones hemisféricas, se reconoce esta problemática.

 

Desde la perspectiva de la Secretaría Permanente del SELA, los países de ALC deberían insistir en todo foro de negociación comercial que se reconozca efectivamente ese TED como precondición para acelerar los ritmos de crecimiento económico en condiciones de libre comercio.  En términos comerciales, el TED tiene que contener dos elementos esenciales[8]: 

 

-          Mejoras no recíprocas en el acceso de las exportaciones de bienes y servicios de los países de menor desarrollo o economías pequeñas, a los mercados de los países industrializados.

 

-          Otorgar flexibilidad y discrecionalidad en el diseño de las políticas de los países de menor desarrollo respecto de sus propios mercados.

 

En las negociaciones del ALCA, por ejemplo,  existe un Grupo Consultivo de Pequeñas Economías que ha venido formulando pautas o lineamientos sobre la forma de aplicación del TED. Estas propuestas se han elevado al Comité de Negociaciones Comerciales (CNC), el que ha proveído orientación a los grupos de negociación (9 en total) para que consideren las mismas en cada uno de los temas sustantivos que se negocian. 

 

En fecha reciente se ha informado que pareciera haberse alcanzado determinados acuerdos con relación al TED entre Estados Unidos y los países del Caribe. En efecto, Peter Allgeier[9] ha señalado que en conversaciones con los países del CARICOM en Puerto España se lograron  compromisos que explícitamente demuestran el reconocimiento del gobierno de EE.UU. de la necesidad de un tratamiento especial para los países del Caribe. Uno de los acuerdos es permitir el uso de las tasas arancelarias consolidadas  (“bound tariff rates”) a los miembros del CARICOM como base para las negociaciones de reducción de aranceles. Como se sabe, estas tasas consolidadas (las máximas permitidas para cada país en el marco de la OMC) con mucha frecuencia son mayores que los aranceles realmente aplicados. Esta práctica – de acordarse por todos los países en las negociaciones hemisféricas – otorgaría mayor gradualidad (y espacio temporal) a las naciones del CARICOM en el proceso de reducción de aranceles y de apertura de sus economías.

 

También a partir del 15 de diciembre/2002 – fecha en la cual se inició el proceso de presentación de las ofertas de acceso a los mercados por los 34 países[10]– Estados Unidos propuso no sólo que se le otorgara más tiempo a los países pequeños para proceder a la apertura de sus mercados internos, sino que también se les otorgara un acceso más rápido a los mercados de los países industrializados[11].  

 

Por otra parte, también se ha venido señalando el hecho de que para varias de las economías del CARICOM, otro de los efectos inmediatos – con implicaciones no sólo económicas – del proceso de apertura comercial, es la sensible reducción en los ingresos fiscales de los gobiernos respectivos[12]. Por tal motivo se están explorando posibles acciones de cooperación, con el apoyo del BID, para el examen del impacto de la apertura sobre las finanzas públicas y, al mismo tiempo, para diseñar regímenes fiscales alternativos.

 

A pesar de que los anteriores desarrollos pudieran ser considerados como pequeños pasos de avance en relación con el complejo tema del trato preferencial para las “pequeñas economías” o países de “menor desarrollo económico relativo”, quedan  todavía muchos obstáculos a vencer para que los compromisos respecto al TED sean integrales y para que la aplicación de los mismos resuelva el problema de las asimetrías, tanto en el ámbito multilateral como en el ALCA.

 

En este sentido pudieran resaltarse los siguientes desafíos:

 

i.                     No existe en el ALCA, y tampoco en el marco de la OMC,  consenso respecto a qué indicadores e instrumentos utilizar para la definición de las “pequeñas economías”.  Producto de esto, algunos consideran que hasta 24 países del hemisferio[13] pudieran aspirar – con razones suficientes – a ser considerados “economías pequeñas” en el marco hemisférico. Esto sin lugar a dudas complica en extremo el proceso negociador y el otorgamiento concomitante de preferencias no recíprocas.

ii.                   En el caso de los países de ALC hay contradicciones importantes, no sólo entre las 24 “economías pequeñas” y el resto de las naciones. Estas diferencias son marcadas no tanto en relación con permitir ciertas ventajas en términos temporales para proceder a la apertura comercial de las pequeñas, sino – sobre todo – en cuanto al otorgamiento de ventajas a éstas respecto de un acceso más rápido al mercado norteamericano.

iii.                  En cuanto al otorgamiento de mayores grados de discrecionalidad para las “economías pequeñas”, con vistas a diseñar políticas industriales y de desarrollo autónomas que intenten superar sus limitaciones estructurales, ello entraría en colisión con el espíritu de diversos acuerdos incorporados en la propuesta del ALCA. Estos tienden a la homologación de normas, políticas e instituciones, y en gran medida responden a una visión que privilegia la reciprocidad en los compromisos.

iv.                  En el tema del apoyo con recursos financieros a las “economías pequeñas”  se ha evidenciado cierta renuencia por parte de los países industrializados del hemisferio a considerarlo en la magnitud requerida para superar las asimetrías existentes. Al respecto, Robert Zoellick[14] señaló en Miami que la región necesitaba lanzar un programa de cooperación hemisférico para impulsar el crecimiento económico de las pequeñas naciones del Caribe y Centroamérica, pero no propuso ningún apoyo financiero adicional de los Estados Unidos para dicha cooperación[15].

v.                    Como lo demuestra la exitosa experiencia de integración europea, el libre comercio por sí solo no es suficiente para garantizar la convergencia de los niveles de desarrollo. Para ello resulta imprescindible, además de la transferencia de recursos desde las regiones más adelantadas a las atrasadas, proceder paulatinamente a una mayor movilidad de la mano de obra. Como se conoce, este último tema está totalmente excluido de las negociaciones del ALCA.

 

IV.              Posibles líneas de acción

 

i.                     Los organismos especializados de ALC, incluyendo los de carácter subregional, deberían trabajar de la manera más expedita posible para apoyar el logro de  un consenso latinoamericano y caribeño en cuanto a la definición de las “economías pequeñas” de la región. Esto se constituye en pre-requisito para lograr una coherente posición del área al respecto en los foros multilaterales, hemisféricos e intraregionales.

 

ii.                   Igualmente sería necesario otorgar un mandato explícito a los organismos regionales pertinentes (SELA, ALADI y AEC) para que elaboren una propuesta sobre contenidos mínimos a incluir en el concepto de “trato especial y diferenciado” en las actuales condiciones del sistema internacional, y tomando en consideración las experiencias y los requerimientos específicos de las “pequeñas economías” de ALC.

 

Propiciar en el marco del SELA, como organismo de más amplia membresía dentro de la región latinoamericana y caribeña, una posición de consenso respecto a las asimetrías y el TED que pudiera definir la posición regional tanto en la OMC como en las negociaciones del ALCA. La etapa actual de negociaciones hemisféricas a concluir en noviembre/2003 en la reunión ministerial de Miami, y la celebración de la próxima Reunión Ministerial de la OMC en Cancún, en septiembre/2003, deberían pautar los momentos definitorios para, de ser posible, presentar una posición coordinada de ALC sobre el tratamiento de las asimetrías y el TED.

 

ANEXO Nº 1. Tamaño e indicadores económicos de países del hemisferio occidental

 

 

(1)

(2)

(3)

(4)

(5)

(6)

 

Población (miles)

Rango

Superficie (miles km2)

Rango

PNB (mil millones de US$) (a)

Rango

Indice PSP (b)

Rango

IDH (2000)

Rango

Indice PSPH

( c)

Rango

 TLC

 

  - Canadá

31000

6

9976.0

1

731.0

4

40.116

3

0.935

1

39.870

3

  - México

97000

3

1958.0

5

747.3

3

21.430

4

0.784

14

18.882

4

  - EE.UU.

273000

1

9809.0

2

8082.2

1

99.330

1

0.929

2

96.966

1

 MCCA

 

  -Costa Rica

4000

20

51.0

21

23.9

16

0.755

22

0.797

10

0.657

21

  -El Salvador

6000

17

21.0

25

24.2

15

0.899

20

0.696