Titulo

Gobernabilidad democrática y desarrollo humano en ALC
Edición Nº 67
Enero-junio 2003

 

Editor

Secretaría Permanente del SELA

 Indice

 

Elementos para una estrategia de negociación comercial centroamericana

 

 

Ø      Giovanni E. Reyes, Ph.D

     Director de Desarrollo y Cooperación Regional del SELA

 

 

Introducción

 

Esta propuesta tiene dos finalidades principales:  (i) establecer elementos que ayuden a elaborar una estrategia operativa para las negociaciones que en la actualidad desarrollan los países centroamericanos con Estados Unidos; y (ii) identificar mecanismos de trato preferencial y diferenciado que se inserten dentro las referidas negociaciones.  Se requiere de una planificación práctica del proceso negociador que pueda ser ejecutada con agilidad, toda vez que Washington evidencia tener interés en concluir un acuerdo comercial con Centroamérica para noviembre de este año.

 

A partir de una estrategia operativa que deberá ser establecida en su versión final con representantes del sector privado y con los negociadores, se podrán determinar:

 

i)                     contenidos de las fases negociación;

ii)                   rangos y límites de alianzas con otros actores y sujetos guatemaltecos;

iii)                  rangos y límites de alianzas con otros actores y negociadores centroamericanos;

iv)                  establecimiento de escenarios complementarios y contenidos en otros foros de negociación; [1] y

v)                    indicadores de seguimiento, monitoreo y retroalimentación en fases secuenciales de negociación.

 

Un aspecto esencial a considerar desde un inicio es que la conclusión de las negociaciones con Centroamérica puede muy bien desembocar en un acuerdo de “alcance parcial”.  Para ello influirían dos factores básicos.  Primero la extensión del contenido de negociaciones que se considera en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a escala continental.  Segundo, que muchos de los temas de negociación podrían, dependiendo de la dinámica de la negociación, ser confirmados en el ámbito regional latinoamericano.

 

En todo caso, los países centroamericanos pueden evaluar esta posibilidad para establecer una posible secuencia de alianzas con otros actores latinoamericanos, en particular en temas de alto interés para la subregión, tal el caso de agricultura, textiles, normas de origen y manufacturas.[2]

 

El contenido de esta propuesta se desarrolla a manera de resumen ejecutivo.  Las notas de pie de página permiten tener una dimensión ampliada de los temas y referencias para mayor profundización en datos y conceptos que se utilizan.  Se insiste en el carácter de borrador a partir del cual pueda ser elaborado un documento definitivo y orientador de los aspectos concretos y operativos que deben apoyar el proceso de negociación vigente. 

 

De manera complementaria, aunque no por ello menos importante, resulta evidente la necesidad que tienen los países en desarrollo, especialmente aquellos de pequeños mercados relativos, de diversificar la dependencia comercial.  En función de ello es importante que los países centroamericanos puedan adelantar negociaciones con otras importantes plazas comerciales a escala mundial, incluyendo la Unión Europea.[3]

 

Es imprescindible actuar con agilidad.  Normalmente a medida que se acercan las fechas de conclusión de las negociaciones, se agotan mecanismos de presión y se producen acercamientos a los límites de transacción de las diferentes partes.  Esto adquiere mayor complejidad al reconocerse que se trabaja con varios temas simultáneamente, lo que requiere de un enfoque secuencial y temático en cuanto a concesiones y ventajas que se adquieren en la negociación.  Lo esperado es que se acrecienten las presiones en las etapas finales, a partir de septiembre de 2003. 

 

Quedan pocos meses para estar ya en las postrimerías y por tanto con las mayores presiones en la mesa de negociación.  No tener una estrategia a tiempo, con la anticipación debida para formular secuencias, fases, escenarios alternativos, así como alianzas operativas y estratégicas, es carecer del elemento indispensable para negociar con un mínimo de responsabilidad.

 

I.  Condicionantes de asimetría entre Estados Unidos y Centroamérica

 

Respecto a Latinoamérica en general y a Centroamérica en particular, la tendencia ha sido la de ir ocupando un lugar cada vez más marginal en el mercado mundial.  En un sentido cuantitativo esto puede apreciarse en la serie histórica de participación en el comercio mundial regional en los pasados cuarenta años.  La región en su totalidad pasó de contribuir con 8% del comercio mundial en 1960 a 5% en 2000 (véase Cuadro 1).                   

 

Cuadro 1

Volumen total de comercio internacional:

naciones desarrolladas y países de América Latina y el Caribe (ALC)

( millones de US $ y % )

 

 

Año

 

 

Países de ALC

(millones de US $)

 

 

Países desarrollados 1/

% mundial

 

 

Países de ALC

% mundial

 

Import. 2/

 

Export. 3/

 

Import.

Export.

Import.

Export.

1960/65

9 860

9 969

66

66

7

8

1965/70

11 723

12 653

69

69

6

7

1970/75

18 037

16 635

70

70

6

5

1975/80

53 816

44 512

68

68

6

5

1980/85

108 787

104 927

71

68

5

5

1985/90

109 916

103 258

72

70

4

5

1990/95

118 473

131 190

73

72

3

4

1995/00

192 469

165 479

74

73

4

5

Notas:

1/ Países de OECD:  EE.UU., Canadá, Europa Occidental, Europa Central (no se incluyen países ex-socialistas) Israel, Japón, Austria, Nueva Zelanda, y Suráfrica.

2/ Importaciones: CIF

3/ Exportaciones: FOB

Fuente:

United Nations Organization.  International Trade Statistics Yearbook. (New York:  United Nations Publishing Division, 1964, 1966, 1967, 1974, 1978, 1981, 1992, 1993, and 1996).

 

En términos cualitativos de inserción, se hace evidente que la calidad de los productos de exportación de la región ha tendido a decaer o al menos a mantenerse en renglones estancados, más que en exportaciones dinámicas.  El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) evidencia un mejor posicionamiento.  Las condiciones centroamericanas no son las más deprimidas de la región, pero tienden a mantener niveles relativamente bajos (véase Cuadro 2).[4]

 

Cuadro 2

América Latina y el Caribe:

calidad de la inserción en el comercio mundial por bloques de integración

(índices de posicionamiento: % de exportaciones de sectores dinámicos /

% de exportaciones en sectores estancados)

 

 

Bloque de integración

 

 

Mundo

 

Latinoamérica y Caribe

 

1990-93

1993-96

1996-2000

1990-93

1993-96

1996-2000

TLCAN

1.01

1.05

1.47

0.73

1.13

1.37

MERCOSUR

0.45

0.71

0.29

0.64

0.83

0.65

CAN

0.20

0.31

0.11

0.30

0.62

0.37

MCCA

1.08

0.49

0.66

1.55

0.97

1.32

CARICOM

0.51

0.31

0.25

0.79

0.71

0.35

Notas:

TLCAN: Tratado de Libre Comercio de América del Norte; MERCOSUR: Mercado Común del Sur; CAN: Comunidad Andina de Naciones; MCCA: Mercado Común Centroamericano; CARICOM:  Comunidad del Caribe.   

Fuente:

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (2002) Panorama de la Inserción Internacional de América Latina y el Caribe, 2000-2001.  (Santiago de Chile, Chile:  CEPAL), p. 94. 

 

Mucho del comercio mundial obedece a comercio intra-industrial (intratrade).  De allí que se hayan tendido a fortalecer los mecanismos comerciales entre naciones más desarrolladas, las que complementariamente -y sin que esto sea menos importante- tienden a coordinar sus políticas macroeconómicas en foros tales como el G-8.  

 

En cuanto a Producto Interno Bruto (PIB) total de las economías, la producción total anual de Estados Unidos se ubica en aproximadamente 10.6 trillones de dólares corrientes (millones de millones).  Los cinco países centroamericanos totalizan cerca de 50.000 millones de dólares corrientes de PIB anual conjunto.  Es decir que el PIB subregional centroamericano es 0.5% el PIB de EE.UU.  Éste produce en cerca de 7 horas lo que Centroamérica produce en un año.  EE.UU. produciría en 3.3 horas (3 horas con 20 minutos) lo que produce Guatemala en un año.

 

Las asimetrías también son evidentes en cuanto a PIB per cápita (PIB/pc).  Estados Unidos presenta un PIB/pc casi 20 veces lo que es el promedio de este indicador de los países centroamericanos.  Aun dentro de Centroamérica existen notorias diferencias.  El PIB/pc de Costa Rica es 8 veces el PIB/pc de Nicaragua, siendo este último el más bajo de la región.[5]

 

Centroamérica presenta un área geográfica total de aproximadamente 4.3% el territorio estadounidense, con un 12% de la población, esto es, cerca de 33 millones de centroamericanos en comparación con 281 millones de habitantes en Estados Unidos.

 

En cuanto a competitividad y producto de una comparación de 80 países realizada por el Foro Económico Mundial, Estados Unidos ocupa la posición número uno.  Costa Rica se ubica en el puesto 43, El Salvador en el 57, y luego siguen Guatemala 70, Nicaragua 75, Honduras 76.[6]

 

De manera más general, y tratando de tener una visión comparativa de indicadores económicos y sociales, existen notables diferencias en la categorización que la Organización de Naciones Unidas hace respecto al Indice de Desarrollo Humano (IDH).  Estados Unidos está en el lugar número 6, Costa Rica en el 43.  Los otros países centroamericanos se ubican más allá del puesto 100, de un total de 173 países estudiados en 2002.[7]

 

II.  El imperativo de la negociación activa y oportuna

 

La tendencia normal es que los países con economías de pequeños mercados relativos necesiten más de la apertura de sus economías para alcanzar mayores niveles de crecimiento.  En la práctica, la evidencia muestra que muchas de las economías más grandes presentan bajos niveles de apertura económica:  por ejemplo, tanto en Estados Unidos como en Brasil, el sector externo de la economía tiene un peso aproximado de 12%.[8] 

 

Los países con mayor “masa crítica” en cuanto a tamaño de sus economías domésticas  muestran, especialmente en el consumo, gran dinamismo para su desempeño económico.[9]  En contraste, las economías de mercados pequeños requieren de la apertura externa para crecer.  De allí, y reconociendo el hecho de que Centroamérica tiene en Estados Unidos su mercado natural, lo imprescindible de establecer una efectiva y eficaz negociación cuyos resultados sean benéficos para el país y la región.  Centroamérica no tiene mayores alternativas.  Lamentablemente se ha llegado a esta negociación sin la fortaleza que hubiese podido dar un sistema de integración económico centroamericano más consolidado.

 

Las naciones con pequeños mercados internos, aun si contaran con escasos problemas de pobreza - lo que no es el caso de las centroamericanas- requieren más de la apertura, dado que existen limitaciones estructurales en sus mercados internos en función del crecimiento.  Las políticas económicas, por tanto, deberían privilegiar, dentro de una secuencia de planes estables y constantes de desarrollo, el reforzamiento en la comercialización de bienes transables.  De esa manera, abriendo la posibilidad de ese tipo de bienes hacia el exterior, también se favorece en el mediano plazo la consolidación de bienes no transables en las economías.[10]

 

Muchas veces los problemas más importantes del desarrollo se postergan.  Este es uno de los rasgos más críticos que se manifiestan en el caso de Guatemala, donde las negociaciones comerciales actuales se desarrollan en un medio dominado por la cercanía de las elecciones generales, previstas para noviembre de 2003.

 

Dentro de esa condicionante general de índole política se insertan varias razones por las cuales se posponen casi indefinidamente, importantes decisiones para muchos países en desarrollo.  Entre esas justificaciones se tiene la inmediatez que se busca en los resultados por parte de los políticos de turno. 

 

Eso tiende a exacerbarse a medida que se aproximan procesos electorales.  Los gobiernos están más en la perspectiva de cómo dejar el poder público, o bien reelegirse o perpetuarse en él.  En tanto que los partidos de oposición tratan de no comprometerse, concentrando sus campañas en consignas en lugar de ideas y con juegos de representaciones y retórica, en lugar de programas de gobierno y debates de contenido.  Las elecciones se transforman entonces en concursos de popularidad, en procesos donde se manipula con proyecciones de espejos.

 

Especialmente en los casos de aplicación de los planes de ajuste macroeconómico en Latinoamérica, los diferentes sectores han tenido diferentes prioridades.  Los gobiernos han tendido a priorizar el déficit público, mientras que la población ha dado prioridad al problema de desempleo, y se han descuidado las dificultades de la cuenta corriente de la balanza de pagos en general y de la balanza comercial en particular.[11]

 

Con base en los elementos anteriores, es indispensable enfrentar el desafío de la negociación.  Convencer de esta necesidad es uno de los fines más importantes de este documento.  Sería mejor enfrentar ese desafío de manera coordinada a escala subregional.  En todo caso, es de reconocer que en tanto se tenga la voluntad de poder emprender ese reto por los diferentes sectores, especialmente por aquellos que poseen cuotas importantes de poder, se asegurarán las probabilidades de obtener un acuerdo que responda a los intereses y necesidades de las sociedades en desarrollo.[12]

 

Es claro que ni estadounidenses ni europeos vendrán a negociar por nosotros.  Los que pertenecemos o estamos en los países en desarrollo somos quienes debemos asumir esta responsabilidad.  No existen negociaciones buenas ni malas.  Lo que se desarrollan son resultados importantes, convenientes, útiles para las diferentes sociedades producto de los acuerdos.  Además tómese en cuenta que las actuales negociaciones con Estados Unidos no son un tratado de integración.  Lo que pretenderían es constituir un área de libre comercio.[13]

 

Dentro de las dificultades a solventar está la apatía, la falta de interés de integrantes de sectores sociales y/o actores o sujetos importantes.  Es mucho más fácil acostumbrarse al mundo, por más horrible que sea, que tratar de contribuir eficazmente a la mejora del entorno.  Muchas veces la capacidad de crítica destructiva y el negativismo que se exhibe en las personas contrasta con su capacidad de análisis y de presentar propuestas. 

 

Esas son características del subdesarrollo que son necesarias superar y que se ponen de manifiesto especialmente cuando los desafíos se tornan significativos.  Es indispensable impedir que prevalezca el cinismo crítico, por demás estéril, y otras actitudes asociadas, que se observan en sociedades subdesarrolladas, con su impregnación de fatalismo y determinismo negativo.  Ello va en contra de la posibilidad de asumir las responsabilidades en las negociaciones.  Esa es una circunstancia que ahora enfrentamos. 

 

En las condiciones actuales las negociaciones presentan alternativas, opciones, que son problemas que requieren solución.  Una vez que se hayan sellado los acuerdos de comercio, ya no se tendrán las oportunidades con que ahora se cuenta.  Se tendrán condicionantes que, con mucho, pueden hipotecar el futuro de los países. 

 

Los acuerdos comerciales sin un abordaje metodológico claro y consistente, y sin la flexibilidad necesaria que asegure resultados útiles en el plazo inmediato y mediato, pueden hacer que la negociación se transforme rápidamente de ser la “única” opción viable, en la peor alternativa que pueda aplicar un país para su desarrollo.

 

III.  Condicionantes y medidas comerciales de países más desarrollados

 

Son muy diversas las normas y el comportamiento que siguen los países más desarrollados en materia de comercio exterior.  Se señalarán aquí las que se estima son más importantes en el contexto del tema que analizamos.

 

Un primer rasgo es el poder económico que estas naciones tienen en la esfera económica internacional: 

 

i)                     Controlan alrededor del 74% del comercio mundial, con tendencia creciente en los renglones productivos de alta tecnología;[14]

ii)                   Un 83 por ciento de un total de casi 2.2 trillones (millones de millones) de dólares que se mueven cada día en los mercados bursátiles del mundo, lo hacen en las principales plazas financieras:  Tokio, Londres y Nueva York;

iii)                  Aproximadamente 20% de la población en las naciones más desarrolladas poseen cerca del 80% del poder económico en el mundo.[15]

 

Un segundo rasgo es que los países más desarrollados concentran por amplios márgenes el comercio intra-industrial.  Esto está correlacionado con el gran poder de las empresas multinacionales o trasnacionales, y con los sistemas de producción a escala global.  Es por ello que, más que naciones, son empresas las que producen diferentes partes y procesos productivos en distintas latitudes.  Por ejemplo, las piezas de un vehículo pueden haber sido producidas en diferentes países y por lo general son ensambladas cerca de las grandes plazas de mercado. 

 

Esta característica -y el desarrollo de la industria de maquila- son aspectos entre los que más han favorecido la ampliación de la importante industria automovilística en México, especialmente a partir del 1 de enero de 1994, con la entrada en vigor del TLCAN.[16]

 

Un tercer componente a considerar son los obstáculos que las naciones más desarrolladas establecen, por medio de subsidios, para proteger su producción, especialmente la agrícola, además de aranceles extraordinarios a líneas de producción manufacturera.  En marzo de 2002, Estados Unidos, de manera unilateral, aumentó los subsidios a su agricultura hasta un total de 179.000 millones de dólares para los siguientes 10 años.  De igual manera aumentó los aranceles a las importaciones de acero en 30%.  Esto último castigó el acceso al mercado estadounidense de la competitiva industria acerera brasileña.[17]

 

Finalmente están las barreras no arancelarias (BNA).  Las mismas representan una restricción mucho más importante que la proveniente de las barreras arancelarias en los países más desarrollados.  La protección basada en las BNA cobró notable vigor desde inicios de los años setenta como parte de la reestructuración de la economía mundial luego de la expansión de la posguerra. 

 

Con base en el éxito que se tenía en el contexto del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) al momento de reducir y consolidar derechos aduaneros, los países más desarrollados se enfrentaron a dificultades económicas.  Para resolverlas decidieron proteger sus industrias nacionales recurriendo a barreras no arancelarias.

 

Entre las más notorias BNA se tiene la imposición de contingentes, lo que es ampliamente utilizado en el sector textil, además de las restricciones “voluntarias” de exportaciones (RVE) y los “acuerdos” para el ordenamiento de mercados.  Por lo general, la utilización de estas BNA se han basado en interpretaciones unilaterales de previsiones o salvaguardas relacionadas con anti-dumping establecidas para el GATT y ahora para la Organización Mundial de Comercio (OMC). 

 

La utilización extralimitada de BNA, contraviniendo el espíritu de los acuerdos, se conoce como “zona gris” en el conjunto de medidas comerciales de países más desarrollados.  Otras prácticas de BNA se relacionan con los requisitos técnicos y sanitarios, formalidades aduaneras, controles de cambio de divisas, devaluaciones de moneda y estipulaciones de compras de los sectores públicos. 

 

Las relaciones comerciales entre los países más desarrollados y aquellos en desarrollo han resultado en una reducción persistente de los términos de intercambio para estos últimos.  Se estima que el precio real de las materias primas no petrolíferas es ahora dos tercios menor de lo que era a principios del siglo XX, y la mitad de los valores que se tenían hace 20 años. 

 

Un factor que contribuye a este deterioro de los términos de intercambio es el aumento de volumen de las exportaciones de productos manufacturados.  Ese volumen fue 36.4 veces mayor en 1999 que en 1950.  Ese crecimiento ha sido mayor que el de las materias primas en que están especializadas muchas de las economías más pobres.  En efecto, las exportaciones de las industrias extractivas eran, en 1999, 8.2 veces mayor que hace 50 años, y las de los productos agrícolas sólo se multiplicaron 5.5 en el mismo período.[18] 

 

 

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[1]   Se incluirían en este contexto negociaciones de mayor alcance, a escala regional, latinoamericana y caribeña en el ALCA y la OMC.  Uno de los mayores desafíos que enfrentan en la actualidad las naciones latinoamericanas es coordinar los contenidos de rangos, límites y alianzas que se requieren en los diferentes frentes de negociación que, por otra parte, se desarrollan de manera simultánea, algo sin precedentes para Latinoamérica en la historia de sus negociaciones comerciales.

 

[2]  Este es un elemento a tener en cuenta dentro de los mecanismos dinámicos de presiones secuenciales en la negociación.  En algunos casos Centroamérica podría establecer tratamiento de temas a nivel más regional, buscando como foro de debate y resolución tanto las negociaciones ampliadas del ALCA, como la OMC.  En ambos casos se tendrían otros actores con mayor poder que los que operan solamente en el ámbito subregional.  Todo ello a fin de ejercer presión en el alcance de resultados.  En el ámbito regional latinoamericano, esos actores podrían ser Brasil y Argentina.  A escala mundial otros actores importantes son India, Indonesia, Tailandia, Corea del Sur y China.

 

[3]   Aunque se trata de un tema en extremo importante, su tratamiento rebasa los alcances de este documento.  Baste señalar que esta diversidad de mercados y de dependencias comerciales y hasta cierto punto financieras, ha sido un elemento clave en las políticas comerciales impulsadas por Chile, especialmente desde 1998.  Una mayor discusión en Salvatore, D.  (1998) International Economics. (New York:  McGraw-Hill), especialmente el capítulo 4,  dedicado a teoría del comercio internacional, incluyendo los postulados de Heckscher-Ohlin, pp. 43-78.

 

[4]  La denominación de sectores estancados y dinámicos se refiere a que en los primeros se incluyen productos con estable o decreciente demanda internacional y que contienen poco valor agregado (Ej. café, azúcar, banano).  Los sectores dinámicos serían aquellos que tienen una mayor demanda internacional y con valores agregados significativos.  Una mayor discusión en Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (2002) Panorama de la Inserción Internacional de América Latina y el Caribe, 2000-2001.  (Santiago de Chile, Chile:  CEPAL), en especial Capítulos II y III, y pps. 51-53, 59-62, 87-98. 

 

 

[5]  Nicaragua es el país centroamericano que evidencia mayores indicadores de vulnerabilidad y de fragilidad en su constitución económica.  Dos indicadores para ello:  (i) el promedio de deuda externa de América Latina y el Caribe en función de las exportaciones es de 200; para el caso de Nicaragua tal indicador asciende a 743%, con base en datos de 2002; (ii) el déficit de presupuesto de gobierno estaría llegando a 42%.  Datos de la Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) informes de coyuntura y bases de cuantificación macroeconómica.

 

[6]  Véase The United States-Central America Free Trade Agreement:  Opportunities and Challenges; conference presentation 6/5/03.  Además de Inforpress Centroamericana; No 1511 (Guatemala, Guatemala:  Inforpress CA, 16 de mayo de 2003, p. 8-9.

 

[7]  Véase Organización de Naciones Unidas, PNUD, (2002).  Informe de Desarrollo Humano 2002.  (Nueva York:  ONU). 

 

[8]  Brasil, con casi 680 mil millones de dólares de producción anual, es la economía más grande de Latinoamérica, aportando un 34% del PIB regional.  Esta nación tiene, para 2003, 168 millones de habitantes, lo que le confiere una “masa crítica” económica muy importante.  Es en función de la masa crítica económica que se sostienen esencialmente los poderes y la capacidad de negociación.  Si Latinoamérica y el Caribe coordinaran su posición negociadora de manera conjunta, tendría el peso económico de Alemania:  2.1 trillones (millones de millones) de dólares en su PIB.  Más discusión al respecto en Reyes, G.  (2001) Globalization and Latin American Economies.  (Pittsburgh, Pennsylvania:  University of Pittsburgh).

 

[9]  En Estados Unidos se considera que el consumo interno, cuya limitación de demanda estaría marcada tan sólo por 14.5% de población en condiciones de pobreza, es responsable del 66% del dinamismo de crecimiento macroeconómico general. Más información y consideraciones teóricas sobre este tópico en Dornbusch, R. and Fischer, S.  Macroeconomics. (New York:  McGraw-Hill, 1993) especialmente el capítulo 6: International Links, y el capítulo 20:  International Adjustment and Interdependence, pp. 175-219 y 749-773, respectivamente.

 

[10]  No se trata de tener posiciones excluyentes.  Los bienes y servicios no transables tienen la limitación de la demanda efectiva interna de los mercados.  Esto puede ser un estímulo, pero tiene limitación en el tiempo.  A medida que los bienes transables van generando aumentos en los ingresos reales de la población, por medio de mayor producción y acceso a las rentas nacionales, se amplía también la frontera de colocación de bienes no transables.  Una discusión en el sentido del desarrollo económico y político en Torres-Rivas, E. (1993)  Interpretación del Desarrollo Social Centroamericano.  (San José, Costa Rica:  EDUCA); Skidmore, T. and Smith, P.  (1992) Modern Latin America.  (Oxford, USA.:  Oxford University Press); Stirton, F.  (1994) Inside the Volcano:  the History and Political Economy of Central America.  (Boulder, Colorado, USA:  Westview Press).

 

[11] Una mayor discusión en Cardoso, F. and Falleto, E. (1979) Dependency and Development in Latin America.  (Berkeley:  University of California Press);  Etzioni, E. (1991)  Social Change.  (New York:  Basic Books). Fuentes A. y Villanueva, J.  (1989) Economía Mundial e Integración de América Latina.  (Buenos Aires, Argentina:  Editorial Tesis); Maitra, P.  (1996) The Globalization of Capitalism in Third World Countries.  (Wesport, Connecticut: Praeger); y Todaro, M.  (1995)  Economic Development in the Third World.  (New York:  Longman).

 

[12]   La cooperación y no competencia entre los países en desarrollo puede llegar a ser determinante para obtener resultados satisfactorios.  La no coordinación productiva y comercial puede acarrear resultados nefastos para las economías de las naciones menos desarrolladas.  Uno de esos casos se tiene en la actualidad con la entrada al mercado de importantes contingentes cafeteros de Vietnam.  Otro caso notorio es la participación de China en el comercio internacional.  En 20 años, este país ha triplicado su presencia en las exportaciones del mundo.  La tendencia reflejaría que en dos años más, puede sobrepasar a México como segundo socio comercial de Estados Unidos.  China ha quintuplicado en las pasadas dos décadas el peso de sus exportaciones manufactureras, pasando de representar el 0.8% del total en 1980 a 4.1% en 2000.  Véase Zabalo, P.  (2001)  La Organización Mundial de Comercio y el Paradigma de la Globalización.  Cuadernos de trabajo de HEGOA (Bilbao, España:  Instituto de Estudios Internacionales, Universidad del País Vasco), pp. 12-15.

 

[13]   Es algo generalizable al ALCA, que promueve etapas limitadas en el proceso de integración, pero cuyos alcances tendrán notable profundidad, como lo muestran los resultados observados en el caso de la inserción de México en el TLCAN.  En ello prevalece un enfoque pragmático, con limitaciones.  No se tiene evidencia de que se desee avanzar con mayor intensidad en los procesos de integración económica.  De hacerlo se establecerían libertades no condicionadas al comercio, a la movilización de recursos de capital y muy especialmente al movimiento de trabajadores.  Este último tema es obvio que Washington no desearía considerarlo.  Véase Nation, The (2001) FTAA, and Fast Track (New York:  The Nation, Vol. 272, Issue 19, May 14, 2001); y Anderson, S. and Cavanagh, J. (2000) Field Guide to the Global Economy (New York:  The New Press).

 

[14]  Como resultado de la revolución en comunicaciones, 10 corporaciones multinacionales o transnacionales controlan cerca del 65 por ciento del mercado mundial de semiconductores, 9 de ellas el 89 por ciento del mercado de telecomunicaciones y otras 10 son el más influyente sector en el mercado mundial de computadores. Véase Maddison, A. Dynamic forces in capitalist development. (Oxford: Oxford University press, 1998), pp. 118-119.

 

[15]  No obstante, aún las naciones más desarrolladas muestran patrones de concentración de la riqueza dentro de sus condiciones internas: en Estados Unidos la brecha de la riqueza ha dejado en rezago especialmente a afroamericanos y latinos. En 1997 la media de riqueza de afroamericanos fue, en términos netos, de US $ 7.400 (comparada con US $ 61.000 para los blancos); la media neta de riqueza de los hogares excluyendo bienes inversiones en inmuebles fue de US $ 200 para afroamericanos (comparada con US $ 18.000 para blancos). Casi cerca de uno en tres hogares afroamericanos tiene cero de riqueza o bienes activos en negativo. Los hogares latinos presentan un panorama aún peor: su media de riqueza neta es de sólo US $ 5.000 incluyendo en ello las inversiones en inmuebles. La mitad de la población latina en los Estados Unidos tiene más deudas que posesiones. Véase Norris, Ch. The Wealth Gap Widens in Dollars and Sense, Sept./Oct. 1999. (New York: Dollar and Sense, 1999).

 

[16]  Para una mayor discusión sobre los impactos de las maquiladoras especialmente en zonas economicamente deprimidas y respecto al sector mujeres, véase Gwyine, R. (ed) (1999) Latin America Transformed:  Globalization and modernity. (New York:  Oxford University Press), pp. 262-265.

 

[17]  Véase, Brink, L. El Peligroso Proteccionismo de Bush, en Reseña Económica, No. 59 de 27 de marzo de 2002, y Cuadernos de Nuestra América, No. 29, Vol XV, enero-junio 2002, p. 16; además,  Raúl Alfonsín, ponencia en el seminario “O Brasil e ALCA”.  Presentación en el panel de apertura del evento el 23 de octubre de 2001; y Regueiro, L. ALCA:  Expectativas y Realidades Divergen, en  Cuadernos de Nuestra América, No. 29, Vol XV, enero-junio 2002, pp.7-28. 

 

[18]  Organización Mundial de Comercio (OMC) (2000).  Estadísticas de Comercio Internacional.  (Ginebra, Suiza:  OMC), y Zabalo, P.  (2001)  La Organización Mundial de Comercio y el Paradigma de la Globalización.  Cuadernos de trabajo de HEGOA (Bilbao, España:  Instituto de Estudios Internacionales, Universidad del País Vasco), p. 17.