Titulo

Gobernabilidad democrática y desarrollo humano en ALC
Edición Nº 67
Enero-junio 2003

 

Editor

Secretaría Permanente del SELA

 Indice

 

Elementos para una estrategia de negociación comercial centroamericana

 

 

Ø      Giovanni E. Reyes, Ph.D

     Director de Desarrollo y Cooperación Regional del SELA

 

 

Introducción

 

Esta propuesta tiene dos finalidades principales:  (i) establecer elementos que ayuden a elaborar una estrategia operativa para las negociaciones que en la actualidad desarrollan los países centroamericanos con Estados Unidos; y (ii) identificar mecanismos de trato preferencial y diferenciado que se inserten dentro las referidas negociaciones.  Se requiere de una planificación práctica del proceso negociador que pueda ser ejecutada con agilidad, toda vez que Washington evidencia tener interés en concluir un acuerdo comercial con Centroamérica para noviembre de este año.

 

A partir de una estrategia operativa que deberá ser establecida en su versión final con representantes del sector privado y con los negociadores, se podrán determinar:

 

i)                     contenidos de las fases negociación;

ii)                   rangos y límites de alianzas con otros actores y sujetos guatemaltecos;

iii)                  rangos y límites de alianzas con otros actores y negociadores centroamericanos;

iv)                  establecimiento de escenarios complementarios y contenidos en otros foros de negociación; [1] y

v)                    indicadores de seguimiento, monitoreo y retroalimentación en fases secuenciales de negociación.

 

Un aspecto esencial a considerar desde un inicio es que la conclusión de las negociaciones con Centroamérica puede muy bien desembocar en un acuerdo de “alcance parcial”.  Para ello influirían dos factores básicos.  Primero la extensión del contenido de negociaciones que se considera en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a escala continental.  Segundo, que muchos de los temas de negociación podrían, dependiendo de la dinámica de la negociación, ser confirmados en el ámbito regional latinoamericano.

 

En todo caso, los países centroamericanos pueden evaluar esta posibilidad para establecer una posible secuencia de alianzas con otros actores latinoamericanos, en particular en temas de alto interés para la subregión, tal el caso de agricultura, textiles, normas de origen y manufacturas.[2]

 

El contenido de esta propuesta se desarrolla a manera de resumen ejecutivo.  Las notas de pie de página permiten tener una dimensión ampliada de los temas y referencias para mayor profundización en datos y conceptos que se utilizan.  Se insiste en el carácter de borrador a partir del cual pueda ser elaborado un documento definitivo y orientador de los aspectos concretos y operativos que deben apoyar el proceso de negociación vigente. 

 

De manera complementaria, aunque no por ello menos importante, resulta evidente la necesidad que tienen los países en desarrollo, especialmente aquellos de pequeños mercados relativos, de diversificar la dependencia comercial.  En función de ello es importante que los países centroamericanos puedan adelantar negociaciones con otras importantes plazas comerciales a escala mundial, incluyendo la Unión Europea.[3]

 

Es imprescindible actuar con agilidad.  Normalmente a medida que se acercan las fechas de conclusión de las negociaciones, se agotan mecanismos de presión y se producen acercamientos a los límites de transacción de las diferentes partes.  Esto adquiere mayor complejidad al reconocerse que se trabaja con varios temas simultáneamente, lo que requiere de un enfoque secuencial y temático en cuanto a concesiones y ventajas que se adquieren en la negociación.  Lo esperado es que se acrecienten las presiones en las etapas finales, a partir de septiembre de 2003. 

 

Quedan pocos meses para estar ya en las postrimerías y por tanto con las mayores presiones en la mesa de negociación.  No tener una estrategia a tiempo, con la anticipación debida para formular secuencias, fases, escenarios alternativos, así como alianzas operativas y estratégicas, es carecer del elemento indispensable para negociar con un mínimo de responsabilidad.

 

I.  Condicionantes de asimetría entre Estados Unidos y Centroamérica

 

Respecto a Latinoamérica en general y a Centroamérica en particular, la tendencia ha sido la de ir ocupando un lugar cada vez más marginal en el mercado mundial.  En un sentido cuantitativo esto puede apreciarse en la serie histórica de participación en el comercio mundial regional en los pasados cuarenta años.  La región en su totalidad pasó de contribuir con 8% del comercio mundial en 1960 a 5% en 2000 (véase Cuadro 1).                   

 

Cuadro 1

Volumen total de comercio internacional:

naciones desarrolladas y países de América Latina y el Caribe (ALC)

( millones de US $ y % )

 

 

Año

 

 

Países de ALC

(millones de US $)

 

 

Países desarrollados 1/

% mundial

 

 

Países de ALC

% mundial

 

Import. 2/

 

Export. 3/

 

Import.

Export.

Import.

Export.

1960/65

9 860

9 969

66

66

7

8

1965/70

11 723

12 653

69

69

6

7

1970/75

18 037

16 635

70

70

6

5

1975/80

53 816

44 512

68

68

6

5

1980/85

108 787

104 927

71

68

5

5

1985/90

109 916

103 258

72

70

4

5

1990/95

118 473

131 190

73

72

3

4

1995/00

192 469

165 479

74

73

4

5

Notas:

1/ Países de OECD:  EE.UU., Canadá, Europa Occidental, Europa Central (no se incluyen países ex-socialistas) Israel, Japón, Austria, Nueva Zelanda, y Suráfrica.

2/ Importaciones: CIF

3/ Exportaciones: FOB

Fuente:

United Nations Organization.  International Trade Statistics Yearbook. (New York:  United Nations Publishing Division, 1964, 1966, 1967, 1974, 1978, 1981, 1992, 1993, and 1996).

 

En términos cualitativos de inserción, se hace evidente que la calidad de los productos de exportación de la región ha tendido a decaer o al menos a mantenerse en renglones estancados, más que en exportaciones dinámicas.  El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) evidencia un mejor posicionamiento.  Las condiciones centroamericanas no son las más deprimidas de la región, pero tienden a mantener niveles relativamente bajos (véase Cuadro 2).[4]

 

Cuadro 2

América Latina y el Caribe:

calidad de la inserción en el comercio mundial por bloques de integración

(índices de posicionamiento: % de exportaciones de sectores dinámicos /

% de exportaciones en sectores estancados)

 

 

Bloque de integración

 

 

Mundo

 

Latinoamérica y Caribe

 

1990-93

1993-96

1996-2000

1990-93

1993-96

1996-2000

TLCAN

1.01

1.05

1.47

0.73

1.13

1.37

MERCOSUR

0.45

0.71

0.29

0.64

0.83

0.65

CAN

0.20

0.31

0.11

0.30

0.62

0.37

MCCA

1.08

0.49

0.66

1.55

0.97

1.32

CARICOM

0.51

0.31

0.25

0.79

0.71

0.35

Notas:

TLCAN: Tratado de Libre Comercio de América del Norte; MERCOSUR: Mercado Común del Sur; CAN: Comunidad Andina de Naciones; MCCA: Mercado Común Centroamericano; CARICOM:  Comunidad del Caribe.   

Fuente:

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (2002) Panorama de la Inserción Internacional de América Latina y el Caribe, 2000-2001.  (Santiago de Chile, Chile:  CEPAL), p. 94. 

 

Mucho del comercio mundial obedece a comercio intra-industrial (intratrade).  De allí que se hayan tendido a fortalecer los mecanismos comerciales entre naciones más desarrolladas, las que complementariamente -y sin que esto sea menos importante- tienden a coordinar sus políticas macroeconómicas en foros tales como el G-8.  

 

En cuanto a Producto Interno Bruto (PIB) total de las economías, la producción total anual de Estados Unidos se ubica en aproximadamente 10.6 trillones de dólares corrientes (millones de millones).  Los cinco países centroamericanos totalizan cerca de 50.000 millones de dólares corrientes de PIB anual conjunto.  Es decir que el PIB subregional centroamericano es 0.5% el PIB de EE.UU.  Éste produce en cerca de 7 horas lo que Centroamérica produce en un año.  EE.UU. produciría en 3.3 horas (3 horas con 20 minutos) lo que produce Guatemala en un año.

 

Las asimetrías también son evidentes en cuanto a PIB per cápita (PIB/pc).  Estados Unidos presenta un PIB/pc casi 20 veces lo que es el promedio de este indicador de los países centroamericanos.  Aun dentro de Centroamérica existen notorias diferencias.  El PIB/pc de Costa Rica es 8 veces el PIB/pc de Nicaragua, siendo este último el más bajo de la región.[5]

 

Centroamérica presenta un área geográfica total de aproximadamente 4.3% el territorio estadounidense, con un 12% de la población, esto es, cerca de 33 millones de centroamericanos en comparación con 281 millones de habitantes en Estados Unidos.

 

En cuanto a competitividad y producto de una comparación de 80 países realizada por el Foro Económico Mundial, Estados Unidos ocupa la posición número uno.  Costa Rica se ubica en el puesto 43, El Salvador en el 57, y luego siguen Guatemala 70, Nicaragua 75, Honduras 76.[6]

 

De manera más general, y tratando de tener una visión comparativa de indicadores económicos y sociales, existen notables diferencias en la categorización que la Organización de Naciones Unidas hace respecto al Indice de Desarrollo Humano (IDH).  Estados Unidos está en el lugar número 6, Costa Rica en el 43.  Los otros países centroamericanos se ubican más allá del puesto 100, de un total de 173 países estudiados en 2002.[7]

 

II.  El imperativo de la negociación activa y oportuna

 

La tendencia normal es que los países con economías de pequeños mercados relativos necesiten más de la apertura de sus economías para alcanzar mayores niveles de crecimiento.  En la práctica, la evidencia muestra que muchas de las economías más grandes presentan bajos niveles de apertura económica:  por ejemplo, tanto en Estados Unidos como en Brasil, el sector externo de la economía tiene un peso aproximado de 12%.[8] 

 

Los países con mayor “masa crítica” en cuanto a tamaño de sus economías domésticas  muestran, especialmente en el consumo, gran dinamismo para su desempeño económico.[9]  En contraste, las economías de mercados pequeños requieren de la apertura externa para crecer.  De allí, y reconociendo el hecho de que Centroamérica tiene en Estados Unidos su mercado natural, lo imprescindible de establecer una efectiva y eficaz negociación cuyos resultados sean benéficos para el país y la región.  Centroamérica no tiene mayores alternativas.  Lamentablemente se ha llegado a esta negociación sin la fortaleza que hubiese podido dar un sistema de integración económico centroamericano más consolidado.

 

Las naciones con pequeños mercados internos, aun si contaran con escasos problemas de pobreza - lo que no es el caso de las centroamericanas- requieren más de la apertura, dado que existen limitaciones estructurales en sus mercados internos en función del crecimiento.  Las políticas económicas, por tanto, deberían privilegiar, dentro de una secuencia de planes estables y constantes de desarrollo, el reforzamiento en la comercialización de bienes transables.  De esa manera, abriendo la posibilidad de ese tipo de bienes hacia el exterior, también se favorece en el mediano plazo la consolidación de bienes no transables en las economías.[10]

 

Muchas veces los problemas más importantes del desarrollo se postergan.  Este es uno de los rasgos más críticos que se manifiestan en el caso de Guatemala, donde las negociaciones comerciales actuales se desarrollan en un medio dominado por la cercanía de las elecciones generales, previstas para noviembre de 2003.

 

Dentro de esa condicionante general de índole política se insertan varias razones por las cuales se posponen casi indefinidamente, importantes decisiones para muchos países en desarrollo.  Entre esas justificaciones se tiene la inmediatez que se busca en los resultados por parte de los políticos de turno. 

 

Eso tiende a exacerbarse a medida que se aproximan procesos electorales.  Los gobiernos están más en la perspectiva de cómo dejar el poder público, o bien reelegirse o perpetuarse en él.  En tanto que los partidos de oposición tratan de no comprometerse, concentrando sus campañas en consignas en lugar de ideas y con juegos de representaciones y retórica, en lugar de programas de gobierno y debates de contenido.  Las elecciones se transforman entonces en concursos de popularidad, en procesos donde se manipula con proyecciones de espejos.

 

Especialmente en los casos de aplicación de los planes de ajuste macroeconómico en Latinoamérica, los diferentes sectores han tenido diferentes prioridades.  Los gobiernos han tendido a priorizar el déficit público, mientras que la población ha dado prioridad al problema de desempleo, y se han descuidado las dificultades de la cuenta corriente de la balanza de pagos en general y de la balanza comercial en particular.[11]

 

Con base en los elementos anteriores, es indispensable enfrentar el desafío de la negociación.  Convencer de esta necesidad es uno de los fines más importantes de este documento.  Sería mejor enfrentar ese desafío de manera coordinada a escala subregional.  En todo caso, es de reconocer que en tanto se tenga la voluntad de poder emprender ese reto por los diferentes sectores, especialmente por aquellos que poseen cuotas importantes de poder, se asegurarán las probabilidades de obtener un acuerdo que responda a los intereses y necesidades de las sociedades en desarrollo.[12]

 

Es claro que ni estadounidenses ni europeos vendrán a negociar por nosotros.  Los que pertenecemos o estamos en los países en desarrollo somos quienes debemos asumir esta responsabilidad.  No existen negociaciones buenas ni malas.  Lo que se desarrollan son resultados importantes, convenientes, útiles para las diferentes sociedades producto de los acuerdos.  Además tómese en cuenta que las actuales negociaciones con Estados Unidos no son un tratado de integración.  Lo que pretenderían es constituir un área de libre comercio.[13]

 

Dentro de las dificultades a solventar está la apatía, la falta de interés de integrantes de sectores sociales y/o actores o sujetos importantes.  Es mucho más fácil acostumbrarse al mundo, por más horrible que sea, que tratar de contribuir eficazmente a la mejora del entorno.  Muchas veces la capacidad de crítica destructiva y el negativismo que se exhibe en las personas contrasta con su capacidad de análisis y de presentar propuestas. 

 

Esas son características del subdesarrollo que son necesarias superar y que se ponen de manifiesto especialmente cuando los desafíos se tornan significativos.  Es indispensable impedir que prevalezca el cinismo crítico, por demás estéril, y otras actitudes asociadas, que se observan en sociedades subdesarrolladas, con su impregnación de fatalismo y determinismo negativo.  Ello va en contra de la posibilidad de asumir las responsabilidades en las negociaciones.  Esa es una circunstancia que ahora enfrentamos.