| Titulo |
Las migraciones
internacionales
en América Latina y el Caribe
Edición Nº 65
Mayo-agosto 2002 |
| Autor |
Secretaría Permanente del SELA
Indíce |
La emigración
profesional en la sociedad del conocimiento:
algunas preguntas sin respuestas
Claudio Rama
Director del Instituto Internacional para la Educación Superior de América Latina
y el Caribe (IESALC/UNESCO)
Convocar a un seminario para discutir los temas de integración, migraciones y educa ción
superior es resultado de la existencia de un conjunto muy amplio de preguntas para las
cuales faltan respuestas. Es entonces necesario convocar a especialistas, gobiernos,
técnicos, instituciones a realizar en conjunto un intercambio de perspectivas, debate de
marcos teóricos y una reflexión sintética que contribuyan a aportar ideas, hipótesis y
respuestas al nuevo escenario de la migración, las remesas, la capacitación de los
migrantes y el rol de los aparatos educativos nacionales en el contexto de la
globalización, de la irrupción de una nueva sociedad del conocimiento y de los proble
mas económicos y sociales que actualmente afectan a la región de América Latina y el
Caribe. También de cara a los escenarios futuros pautados por la negociación del ALCA.
Muchas son las preguntas que hoy se nos plantean desde el ángulo de las competen cias de
la UNESCO y específicamente desde el IESALC, desde la educación superior, al ser
nosotros, el Instituto Internacional la Educación Superior en América Latina y el
Caribe, el organismo que creó la Conferencia General de la UNESCO parta encarar esa
materia.
Desde los años noventa se puede constatar en la región de América Latina y el Caribe
que la expansión de la educación superior ha concluido un ciclo que permitió
transformar sustancialmente el panorama de nuestra formación terciaria. Entre esos
cambios se destaca el incremento sustancial de la matrícula: de unos 270 mil alumnos que
existían a mediados de los cincuenta, para fines de siglo la región tenía casi 10
millones de alumnos de la educación superior, indicando así la masificación de la
educación superior. A pesar de los altos niveles de deserción y la baja eficiencia,
anualmente se gradúan cerca de 700 mil profesionales de las instituciones de educación
superior de la región. Pensemos simplemente que hacia los años cincuenta la región no
alcanzaba a 600 mil profesionales. Hoy se gradúan más profesionales de tercer nivel en
un año que el total de egresados que existía en la región hace cincuenta años.
Aunque el promedio de la región, en términos de cobertura, debe andar por 23%, y en ese
sentido está a bastante distancia de los promedios de Estados Unidos (80%) y Europa
(65%), la región tiene una alta dispersión de los niveles de cobertura que van desde el
38% en Argentina, al 12% en Guatemala. Sin embargo, hay una marcada tendencia permanente a
su elevación como resultado de políticas públicas de promoción de la educación
superior y de una alta rentabilidad de la educación superior, que hace que importantes
sectores de la región sacrifiquen sus rentas para invertir en educación en vista de las
expectativas salariales futuras.
Esta conciencia real en la eficiencia de la educación como mecanismo de evolución y de
ascenso social, o al menos de su mantenimiento en algunos países (más allá de las
dimensiones exactas), ha contribuido al proceso de diversificación de las instituciones
de educación terciaria. De unas pocas instituciones, hace apenas unas décadas, la
región terminó, a fines de los noventa, la masiva expansión y diversificación
institucional que ha determinado que hoy existan más de 8.000 instituciones de educación
superior en la región. Entre universidades, institutos, politécnicos, colegios
profesionales, tanto públicos como privados, con o sin fines de lucro, la región tiene
hoy un panorama de una diversificación extremadamente alta, aun cuando también coexisten
una 20 macrouniversidades que tienen niveles de matrícula superiores a los 60 mil
alumnos.
Este nuevo panorama institucional es resultado de una fuerte expansión de la educación
privada, que constituye otra de las más fuertes transformaciones de la educación
superior regional. Cerca de 3 millones de estudiantes en la región estudian en
instituciones privadas, más allá de que en algunos países como Brasil, Colombia, El
Salvador o Chile la educación privada es mayoría respecto a la educación pública. Este
nuevo escenario de un nuevo sistema educativo se produce en el marco de un contexto con un
muy bajo nivel de regulación estatal o de coordinación interinstitucional. En general,
las nuevas instituciones ofrecen ofertas académicas en función de la demanda de los
estudiantes, y sin que los mercados requieran esos volúmenes de egresados.
Además, los egresados tienen un perfil extremadamente parecido y generalista. La región
todavía sigue basando su educación en un modelo absolutamente obsoleto de escuelas y
facultades que determina una bajísima flexibilidad y diferenciación de la oferta, con lo
cual la oferta de personal profesional es idéntica. Además, el dominio de carreras
universitarias tradicionales frente a carreras técnico profesionales determina una alta
proliferación de egresados con perfiles repetitivos.
Pero más allá del volumen de egresados, todos los datos indican que el nivel de calidad
de los egresados -la media- tiende a caer y a distanciarse del nivel de calidad
establecido en los parámetros de los países centrales. Ello como resultado de la
saturación de las instituciones públicas, donde el número de alumnos por aulas ha
crecido a niveles de total ineficiencia pedagógica, a la ausencia de controles y sistemas
de evaluación de la calidad, a la caída de los presupuestos públicos destinados a la
educación superior, a la desaparición de una industria editorial y el deterioro
bibliotecológico generalizado, así como a la ausencia de estímulos a la formación
docente.
Es de destacar que la masificación estudiantil ha resultado como correlato en el marco de
una educación presencial tradicional, también la expansión de los docentes, muchos de
los cuales no tienen los niveles de formación requeridos. Se calcula que no más del 5%
de los docentes universitarios tienen títulos de doctorado, con lo cual la media del
nivel de formación de los docentes ha caído, afectando en forma destacada la caída del
nivel de calidad de la educación terciaria.
El conjunto de consideraciones referidas permite afirmar que la nuevas oleadas de
egresados no están formados con altos niveles de calidad (en un contexto de medición
mundial de calidad), ni tienen la flexibilidad curricular para ajustarse a las
diferenciaciones y especializaciones de la demanda. Existe una sobreoferta de carreras con
bajo nivel de inversión, de tipo tradicional, en contextos de saturación de los mercados
de demanda para esos perfiles. Tal situación se produce en el marco de una
transformación del conocimiento, como resultado de la revolución científica, que ha
tornado obsoletos muchos de los conocimientos anteriores, y que ha planteado el alto nivel
de diferenciación en términos de calidad entre las estructuras educativas a nivel
global. No es casualidad que miles de estudiantes de los países periféricos se trasladen
a estudiar en los países centrales, y que estas estructuras educativas reciban fuertes
niveles de ingresos por esos estudios.
Como derivado de estos complejos procesos, se ha constatado el incremento persistente,
desde los años ochenta, del nivel de desempleo de los profesionales y técnicos, y
asociado a ello la existencia de procesos permanentes de emigración de esos
profesionales. No estamos haciendo referencia a los procesos de "fuga de
cerebros" que se registraron en la década del sesenta, sino que estamos constatando
un proceso generalizado de migración selectiva de profesionales universitarios que
encuentra en los países centrales marcos legales específicos que lo incentivan.
Es cierto que estamos en presencia de una crisis económica en la región y ello se
expresa en la incapacidad de los mercados de trabajo de demandar los volúmenes de
profesionales que producen las instituciones de educación superior. También es cierto
que existen fuertes diferencias salariales de la remuneración entre los profesionales y
técnicos de los países centrales y los de nuestra región que actúan como un fuerte
acelerador de los procesos migratorios. Pero también es cierto que estamos asistiendo a
un desfasaje entre la oferta y la demanda local de profesionales en el sector público,
por la autonomía universitaria y la ausencia en general de una efectiva coordinación, y
en el sector privado, ya que este responde meramente a las demandas de las familias. Hay
un problema real de pertenencia de los estudios, de los perfiles curriculares, que no se
ajustan a los mercados.
Esta introducción analítica he querido plantearla para localizar ahora sí a la
existencia de las preguntas sin responder a que refería al comienzo de mi presentación.
Son las preguntas que desde el IESALC buscamos responder.
¿Deberá la región reducir
el crecimiento de la educación superior, al menos la pública, para no seguir graduando
desempleados y migrantes?
¿Qué hacer con la emigración permanente y creciente de profesionales, en un contexto
donde cada profesional tiene un costo anual de formación promedio de 8.000 dólares por
año?
¿Los beneficios de las
remesas de los emigrados profesionales superan la inversión que la sociedad ha hecho por
estudiante?
El actual modelo de
financiamiento público es inequitativo en tanto beneficia a las capas medias. Mientras
que estos sectores son el 15% de la población de la región, sus hijos son el 45% de los
estudiantes de las instituciones de educación superior, por no hacer referencia a la
población indígena, que representan porcentajes del 50% en Bolivia, 48% en Guatemala,
38% en Perú y 25% en Ecuador, y sus niveles de acceso a la educación superior son
extremadamente bajos. Entonces, ¿Se está también beneficiando a los migrantes?
¿Deberá esto considerarse, como en las épocas del comunismo, donde no podían emigrar
los judíos si no pagaban sus estudios?
Muchas veces, el que sale de
nuestros países como universitario no llega a otro como profesional, sino que baja a la
categoría de técnico. ¿Por qué los profesionales egresados de nuestros países
terminan trabajando en contextos de menor requisitos académicos en los países centrales?
Los casos de ingenieros en nuestros países y de técnicos en los otros, o de los
arquitectos que terminan trabajando como dibujantes son muy conocidos. Cabe entonces
preguntarse si estamos formando para dos mercados distintos -dos inserciones distintas-
por los bajos niveles de calidad de nuestros aparatos educativos en relación a los
perfiles de formación de las instituciones de educación superior de los países a los
cuales emigran nuestros profesionales.
Más allá de las respuestas,
cuyas preguntas son provocadoras, el IESALC ha querido promover la inclusión de la
problemática de la educación superior en la discusión y la agenda de las migraciones,
con la certeza de que en la nueva sociedad de la información y el conocimiento, las
migraciones serán crecientemente de profesionales, ya que esa es la demanda que cada vez
más plantean los países desarrollados, cuyo perfil del empleo se orienta hacia los
servicios y con valor agregado basado en el conocimiento. Las crecientes restricciones a
las migraciones sin capacitación por parte de los países europeos abonan esta
perspectiva que planteamos.
La emigración, entonces, ya no es sólo una válvula de escape para los sectores
trabajadores de baja capacitación, que cada vez podrán emigrar menos, sino que se
localizará en el sector profesional. Este nuevo escenario se expresará en un drenaje
permanente de recursos hacia las sociedad informatizadas, donde pudiera llegar a ser que
uno de nuestros roles sea el formar, a menores costos, los técnicos y algunos
profesionales que requieran los países donde la nueva economía simbólica se está
conformando como el nuevo motor de desarrollo, y que requiere una masiva dotación de
profesionales y técnicos.
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