| Titulo |
Las migraciones
internacionales
en América Latina y el Caribe
Edición Nº 65
Mayo-agosto 2002 |
| Autor |
Secretaría Permanente del SELA
Indíce |
El caso
cubano: un fenómeno de vieja data
Rolando García Quiñones
Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana.
I. Un fenómeno no reciente
La migración internacional en Cuba no es un evento reciente. Desde antes del
descubrimiento pobladores indígenas de otros territorios de las Antillas arribaban a Cuba
y sometían a nuestros aborígenes quienes, por cierto, eran de los más atrasados y
pacíficos de la región. La colonización y la conquista iniciada a partir del siglo XVI
trajo, como en otras partes de América, un volumen creciente de migrantes españoles,
acontecimiento cuyo impacto eliminó a la población aborígen en tan sólo cuatro
décadas.
La desaparición de esta fuerza de trabajo trajo como consecuencia la introducción de
esclavos africanos. Aunque la primera señal de presencia africana se ubica en 1513, con
el traslado de cuatro negros esclavos al país, es durante el siglo XIX que la migración
forzada de esclavos africanos alcanzó un auge impresionante. Por ejemplo, en 1841 se
registraron 436.495 esclavos que representaban el 43% de la población total de Cuba, que
en ese entonces alcanzó la cifra de 1.007.624 habitantes. Se estima que entre 1521 y 1873
deben haberse introducido en Cuba unos 816.000 esclavos.
También durante la segunda mitad del siglo XIX se produjeron corrientes migratorias de
chinos. Se calcula que entre 1848 y 1874 llegaron a Cuba unas 124.000 personas procedentes
de China, en condiciones no muy diferentes a las de los esclavos1.
Entre 1849 y 1861 se registraron, además, movimientos migratorios de indios procedentes
de Yucatán en condiciones semejantes a la de los chinos. El monto total que se ha sido
fijado por algunos autores reporta una inmigración de alrededor de 2.000 personas de
origen yucateco.
Algunos datos provenientes de Censos permitieron una estimación aproximada de tasas de
inmigración para el siglo XIX.
Cuadro
No. 1.
Cuba: Tasas de Inmigración estimadas para el siglo XIX
| Año |
Tasas |
| 1792 |
31,3 |
| 1817 |
46,7 |
| 1827 |
6,8 |
| 1841 |
8,8 |
| 1861 |
15,7 |
Fuente: CEDEM,
" La población de Cuba". Editorial Ciencias Sociales,
La Habana, Cuba; 1974; p. 67.
En realidad Cuba era una provincia española, y por ello no existía mucho interés en
registrar los movimientos migratorios, de manera que resulta difícil cuantificar el total
de españoles que llegaron a la isla. Porque además de ser una de las últimas colonias
en alcanzar su independencia, acogió a muchos militares, funcionarios que abandonaron
antiguas colonias que se liberaron o pasaron a ser colonia de otras naciones europeas2
Durante la segunda mitad del siglo XIX se agudizaron las contradicciones entre las fuerzas
políticas producto de la precaria situación económica y social que existía en el
país, acelerando el deterioro del modelo colonial. Con el grito de la Demajagua se
iniciaron las guerras por la independencia de Cuba: Guerra de los Diez Años (1868-1878);
Guerra de Independencia (1895-1898) y Guerra Hispano-Cubana (1898); está ultima tuvo como
actos peculiares la intervención de Estados Unidos, la rendición de España, el
nombramiento de un gobernador estadounidense y la instauración de la llamada
"República Mediatizada" (1898-1902).
Realmente, las inversiones norteamericanas en Cuba habían comenzado mucho antes de su
intervención militar en el conflicto. Desde la década de los años 70s del siglo XIX, ya
Estados Unidos había iniciado inversiones en ferrocarriles y centrales azucareros, con la
correspondiente entrada al país de personal encargado de velar por sus inversiones.
Con el establecimiento del nuevo gobierno, la idea de reconstrucción económica de la
Isla incentivó la inmigración en Cuba a través de medidas y leyes que propiciaron la
importación de mano de obra que sería empleada en el sector agrícola. Las tres primeras
décadas del siglo XX que, sin dudas, fueron de auge y bonanza económica para el país,
trajeron consigo olas de inmigrantes, en su mayoría ávidos de encontrar trabajo
remunerado. Las autoridades de la época trataron, sin embargo, de hacerlas selectivas en
cuanto a la procedencia de los inmigrantes. Una orden militar del 15 de mayo de 1902
trató de evitar la entrada de haitianos, jamaiquinos y chinos, y una ley del 12 de junio
de 1906 destinó fondos para atraer familias blancas para el fomento agrícola.
Unos pocos años después fueron derogadas las reglamentaciones dirigidas a restringir la
inmigración de antillanos, y en 1913 una empresa estadounidense recibió permiso para
introducir jornaleros de las Antillas. Así, a la creciente inmigración española se
sumó la de jamaiquinos, haitianos y algunos puertorriqueños. La de Estados Unidos
representó fundamentalmente la entrada de administradores, funcionarios y técnicos
destinados a las empresas establecidas por ellos.
En los años de mayor bonanza azucarera y económica en general, como al inicio de los
años 20s, se produjeron, consecuentemente, los mayores volúmenes de inmigración;
incluso un gran número de chinos formó parte de ese contingente, que en gran parte
provenía de los propios Estados Unidos. El monto de la inmigración llegó a sobrepasar
el millón de personas (ver cuadro Nº 2).
Cuadro No.2.
Cuba: Inmigrantes según períodos de entrada (1902-1934)
y distribución según país de procedencia
Períodos |
Inmigrantes |
Total
de inmigrantes |
1
293 058 |
| 1902 - 1903 |
30. 040 |
España |
734. 454 |
| 1904 - 1908 |
178. 326 |
Jamaica, Haití y
P. Rico |
323 .264 |
| 1909 - 1913 |
188. 906 |
Estados Unidos |
60. 774 |
| 1914 - 1918 |
108. 245 |
China |
10 .344 |
| 1919 - 1923 |
415. 111 |
Otros
países |
166. 804 |
| 1924 - 1928 |
232. 189 |
|
|
| 1929 - 1934 |
40. 241 |
|
|
| Total |
1. 293. 058 |
|
|
Fuente: República de Cuba.
Secretaría de Hacienda: "Inmigración y movilidad
de pasajeros" (Informes de los años 1902 a 1934).
Entre las
características sociodemográficas de los inmigrantes de esas tres décadas destaca el
predominio del sexo masculino que, en la mayoría de esos lustros, superaba el 80%. En
más del 90 % se trató de población entre 15 y 45 años, y más del 70% eran personas
solteras.
A partir de 1930 las inmigraciones perdieron importancia hasta el punto de que dejaron de
publicarse en los boletines sobre inmigración y movimiento de pasajeros aparecidos
durante los primeros años del siglo XX.
Muchos españoles que llegaron a Cuba en los años de auge económico regresaron de nuevo
a su país, y las leyes dictadas en 1933 contribuyeron no sólo a estas emigraciones, sino
también a la de los antillanos. En el período intercensal 1931 a 1943 el saldo
migratorio externo refleja, por primera vez, un signo negativo, como producto, entre otros
factores, de la repatriación forzada de antillanos iniciada por el gobierno de Gerardo
Machado y la continuidad de la emigración de cubanos.
A los movimientos anteriores debe agregarse, y no con poca importancia, las salidas de
cubanos hacia otros países de América, principalmente hacia los Estados Unidos. La
corriente migratoria hacia ese país, por esa época, la integran básicamente
trabajadores y obreros negros y mulatos jóvenes, quienes se establecen en Nueva York y
Nueva Jersey en busca de empleo y no experimentan movilidad social ascendente en el
tiempo, al igual que casi todos los inmigrantes procedentes del Caribe en ese entonces.
Así, la crisis mundial (1929-1933) y el consecuente colapso de la producción azucarera
al inicio de los años 30, marcó la ruptura de la condición de Cuba como país de
inmigración.
Realmente, la migración que tiene como su principal destino a los Estados Unidos comenzó
a presentarse de forma significativa desde hace casi siglo y medio. Durante la segunda
mitad del siglo XIX, los flujos migratorios de cubanos hacia los Estados Unidos comenzaron
a manifestarse. En 1870 se registraron 12.000 inmigrantes cubanos en los Estados Unidos,
frente a una población en Cuba de aproximadamente 1.445.000 habitantes3 (representativa de una tasa de 8 por mil). En 1890 la cifra llegó
a 20.000, cuando el país tenía alrededor de 1.600.000 habitantes (tasa de 12 por mil); y
en 1910 ese volumen se duplicó a 40.000, cuando la población de Cuba apenas rebasaba
2.236. 000 personas, para una tasa equivalente a 18 inmigrantes cubanos en Estados Unidos
por cada mil habitantes.
Según algunas fuentes, entre 1930 y 1950 emigran unas 35.145 personas de Cuba, la
mayoría hacia los Estados Unidos, y entre 1950 y 1958 la cifra de inmigrantes cubanos
registrada en suelo estadounidense se eleva a 50.950.
Estas evidencias han contribuido a que algunos especialistas sustenten la hipótesis de
que, aún sin producirse la revolución cubana, se hubiera sostenido la tendencia de la
migración hacia los Estados Unidos y hacia otras partes del mundo y, muy probablemente,
con intensidades mayores.
II. Migraciones internacionales a partir de 1959
Durante las últimas cuatro décadas la migración internacional en Cuba se ha distinguido
por las singularidades de sus causales socioeconómicas y geopolíticas, las cuales
continúan latentes. El inicio de la revolución marca una modificación de sus
determinantes, afectados ahora por factores de orden político acoplados al conflicto
entre los Estados Unidos y Cuba, y los de carácter económico, consecuentes de aquél
(por ejemplo, el bloqueo) y de la propia evolución del proceso revolucionario, aplicado
en un proyecto de justicia social, que tropieza con enormes adversidades financieras, la
fragilidad de su soporte productivo y las limitaciones de recursos y bienes para el
consumo.
Desde el triunfo de la revolución en 1959, el saldo migratorio externo se ha mantenido
con signo negativo, con intensificaciones abruptas en aquellos momentos de mayor conflicto
en las relaciones políticas entre Cuba y Estados Unidos, combinado con situaciones
económicas críticas.
Es posible identificar ciclos o etapas de flujos migratorios que se distinguen, tanto
desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo:
1. Generación de emigrantes que sucede al triunfo de la revolución (1959-1962). Se
autodefinen como "exiliados". Se gesta la ideologización y politización del
tema migratorio en el conflicto entre Estados Unidos y Cuba, proceso que se complementa
con el establecimiento del bloqueo. Estado Unidos inscribe el Programa de Refugiados
Cubanos a inicios de los años 60 y se aprovecha el problema migratorio en una postura de
hostilidad hacia la revolución cubana.
Desde el ángulo de Cuba, la política migratoria adopta un carácter defensivo,
restrictivo y excluyente, en la que la emigración adopta el significado de "abandono
de la patria", asumiendo grados de etiquetación y conceptualización como una
"migración sin retorno" o "emigración definitiva".
2. Oleada de emigrantes a partir de 1965 hasta los primeros años de la década de los 70.
Aprobación de la Ley de Ajuste Cubano en 1966 que consolida el tratamiento de
"refugiado político" al inmigrante cubano en los Estados Unidos, otorgándole
niveles comparativamente preferenciales4. Después de la crisis de octubre de 1962 (o "crisis de los
misiles") se suspendió la posibilidad de salir de Cuba hacia los Estados Unidos.
Desde entonces, la teoría de la "olla de presión" orientada a la
desestabilización interna en la isla condujo a la decisión cubana de posibilitar la
salida masiva por el puerto de Camarioca (1966-1971).
3. El flujo migratorio de 1980 desde el puerto de Mariel ("los marielitos").
4. La llamada "crisis de los balseros" de 1994, momento que constituyó un punto
de inflexión en algunas posturas de ambos países con relación al problema migratorio,
con tendencia a la normalización a través de las conversaciones y la adopción de los
Acuerdos Migratorios de 1994 y de su complemento en 1995. Estos acuerdos han estado
destinados a la eliminación, o al menos reducción, del fenómeno de las migración
ilegal e indocumentada, si bien no suprime las preferencias para el migrante cubano.
De modo que cada oleada migratoria ha estado condicionada por múltiples factores, entre
los que se identifican la "temperatura" del diferendum entre ambos países, la
forma que adopta la política inmigratoria estadounidense en relación con los tratos
preferenciales al migrante cubano en su asimilación; el estímulo a la emigración desde
Cuba y la selectividad impuesta, las presiones políticas del exilio cubano y,
lógicamente, la situación socioeconómica interna en la isla.
De acuerdo a algunas fuentes, entre 1959 y 1999 habían emigrado de Cuba 1.079.000
personas hacia diferentes lugares del mundo. Hoy día la población cubana total asenta da
en el exterior se calcula en más de 1.400.000 personas. El Censo de Población de los
Estados Unidos de 1990 registró 1.043.932 personas de origen cubano, mientras que en el
Censo del 2000, su volumen se elevó a 1.241.685. De ese monto, el 48,4 % es del sexo
masculino y el 51,6 % femenino. Los cubanos representan el 0,4 % de la población de los
Estados Unidos y el 4,0 % de los hispanos radicados en ese territorio.
III. Vías y formas de la emigración cubana
- Emigración legal: Por esta vía, de carácter cíclico, han emigrado
cerca de 900.000 personas hacia distintos países en los últimos cuarenta años. Se
estima que unos 130. 000 cubanos residen en América Latina (en Venezuela, México, Puerto
Rico, República Dominicana, Costa Rica, Nicaragua, Argentina y Chile); alrededor de
37.000 en Europa (principalmente España, Italia y Alemania) y más de 1.000 en el resto
del mundo, como, por ejemplo, Canadá y en algunos de los antiguos países de Europa del
Este, como Rusia.
- Emigración ilegal: Con destino principal los Estados Unidos, incluido
la Base Naval de Guantánamo, las islas Gran Caimán, Bahamas, República Dominicana,
entre otras. Desde 1985 y hasta la firma de los Acuerdos Migratorios de 1994, el fenómeno
de las salidas ilegales ha involucrado a 82.500 personas considerando tanto a las salidas
exitosas, como los intentos frustrados. Con posterioridad y hasta mediados del año 2000,
la cifra se acercó a las 7.500 personas entre quienes arribaron a las costas de los
Estados Unidos y quienes fueron interceptados por el Servicio de Guardacostas y devueltos
a Cuba según lo pactado en los Acuerdos Migratorios. Después de 1994 se registra una
tendencia hacia la estabilización del flujo regular legal, así como la restricción a la
emigración ilegal por vía marítima, no así al arribo de cubanos a los Estados Unidos
por otras vías, incluyendo el contrabando de personas.
- Programa "Exodo": A las tradicionales redes de parentesco se
une la utilización, en no pocos casos, de países "puentes" para llegar a su
destino preferencial, los Estados Unidos. "Exodo" es precisamente un Programa de
la Fundación Nacional Cubano - Americana (FNCA) para el traslado de cubanos desde
terceros países hacia los Estados Unidos. Hasta 1992 se habían trasladado más de 8.500
personas.
- Regreso forzoso: Política que abarca a ciertos inmigrantes cubanos,
por ejemplo, los "marielitos excluibles", los recluidos en la Base Naval de
Guantánamo en 1994 que no fueron aceptados por los Estados Unidos como inmigrantes, junto
a la devolución hacia Cuba de las personas que intentaron arribar a territorio
estadounidense por vía marítima y son capturados por el Servicio de Guardacostas de ese
país, en cumplimiento de los Acuerdos Migratorios. Se incluyen en esta forma los
indocumentados devueltos por otros países que han firmado acuerdos con el gobierno
cubano. Desde la firma de los Acuerdos hasta fines del año 2000, habían sido devueltas
por las autoridades de Estados Unidos más de 2.800 personas interceptadas en el mar, en
unión de otras 480 que lo hicieron por la Base Naval de Guantánamo.
- No retorno (visitas temporales): Personas que viajan al extranjero en
calidad de visitantes temporales por asuntos personales o por asuntos oficiales (trabajo,
estudio; e.o.) y deciden no regresar a Cuba. Una parte importante de ellas, hasta inicios
de los 90s, finalmente arribó a los Estados Unidos, si bien esta tendencia ha venido
cambiando con una diversificación en los países de destino.
- Emigración temporal: Nuevo componente en la migración internacional
de Cuba, con volúmenes de relativa importancia desde la segunda mitad de la década de
los 90s. Abarca disímiles sectores de la sociedad cubana y constituye una evidencia de un
proceso de flexibilización en la política migratoria cubana y del impacto del denominado
"período especial". Hoy día existe el "Permiso de Residencia en el
Exterior (PRE)", nuevo elemento de flexibilización de la política migratoria
cubana, del cual se benefician personas que no pretenden ni desean abandonar
definitivamente su país de origen.
IV. Acuerdos, políticas y potencial migratorio
La firma de los Acuerdos Migratorios de 1994 y su complemento de 1995 supone, y de hecho
se ha propiciado en significativa medida, una normalización de la emigración hacia los
Estados Unidos, eliminando o al menos reduciendo el fenómeno de la migración ilegal,
aunque, como se ha dicho, ello no significa la supresión de toda preferencia al
inmigrante cubano. En efecto, los acuerdos establecen marcos de control que han permitido
regular el proceso, pero el fenómeno de los indocumentados se mantiene, mientras existan
condicionantes en el país emisor y en el receptor que lo propician, aunque el peso
específico o el grado de determinación sea diferente.
Los propios acuerdos, a tenor con la política estadounidense, son preferenciales en sí
mismos, al instrumentar un sorteo migratorio especial para los cubanos (además de las
posibilidades que tienen los potenciales migrantes cubanos de ser elegidos en el habitual
sorteo internacional), preferencia que se adiciona a los proyectos anteriores como el de
la Ley de Ajuste Cubano. Es importante insistir en este punto, pues los aspectos que más
se mencionan y sobre los que se extiende la mayor propaganda en el mundo, a razón del
control absoluto de los medios de comunicación, son los que conciernen a los
condicionantes y problemas internos de la Isla, que, indudablemente, también están
presentes.
Entre las disposiciones establecidas en los acuerdos está el otorgamiento, por parte de
las autoridades de Estados Unidos, de un mínimo de 20.000 visas anuales, de acuerdo con
un criterio de selectividad que permite al país receptor obtener un diagnóstico oportuno
y sistemático del potencial migratorio de la isla. De acuerdo a algunos estudios
realizados, el potencial migratorio de Cuba oscila entre un mínimo de 490.000 personas y
un máximo de 800.000, y resalta como rasgo distintivo el relativamente elevado nivel
educativo de los que tienen intención de emigrar, con alta representatividad de
profesionales y técnicos. Este potencial se compone principalmente de hombres jóvenes de
entre 25 y 35 años, en su mayoría blancos, contentivo de un mayor volumen de mujeres que
en oleadas pasadas. Sus principales lugares de residencia (o eventual origen) en Cuba son
Ciudad de La Habana (65 %), La Habana, Villa Clara, Camaguey y Pinar del Río.
La manipulación política en el otorgamiento de visado, con independencia del derecho que
tiene todo país de permitir o denegar la entrada a determinada persona o visitante, se ha
convertido en un elemento desestabilizador del flujo migratorio entre ambos países y
continúa estimulando las salidas ilegales y la emigración definitiva.
La sociedad cubana actual está integrada por otros grupos de población que pueden o no
estar comprendidos en ese potencial y que no tienen la misma disposición hacia la
emigración definitiva.
La migración externa de los últimos lustros se caracteriza por la combinación de la
emigración definitiva y la temporal, y los ya significativos montos de visitas a países
donde radican emigrados cubanos (160.000 entre 1995 y 1997).
V. Migración, remesas e influjos de la globalización
En comparación con los flujos migratorios precedentes, los emigrantes de hoy día se
diferencian en sus aspiraciones, con predominio de los móviles económicos y motivos
familiares (reunificación), así como, según declaran, la pérdida de confianza en el
proyecto cubano para salir de la actual crisis (o período especial).
Sin duda, la decisión de emigrar forma parte de las estrategias de sobrevivencia de la
población cubana actual y de la búsqueda de alternativas para solucionar problemas de la
vida cotidiana e incrementar los medios de sustento de los otros miembros de sus familias
a través del envío de remesas, bienes, recursos y ayuda familiar.
En su artículo sobre migraciones y remesas familiares, Pedro Monreal señala:
"...aunque Cuba no puede ser clasificado como una economía "rentista"
clásica, en años recientes se ha hecho muy transparente la dependencia respecto a las
transferencias externas, en particular las remesas familiares y las donaciones (...) La
emigración y las remesas familiares tienen hoy (...) un protagonismo económico y social
sin paralelos en la historia reciente de la nación y en la práctica las remesas están
actuando como un mecanismo de inserción internacional (...) El fenómeno pudiera estar
expresando que la exportación de fuerza de trabajo es en la actualidad una de las áreas
de mayores 'ventajas comparativas' del país y que, de hecho, una parte significativa del
sector 'moderno' de la economía cubana se encuentra más allá de sus fronteras formales.
Una de las implicaciones posibles sería que el beneficio económico de los cubanos
dependería así en grado considerable de las rentas familiares remitidas desde el
exterior (...) El vertiginoso crecimiento de los flujos de remesas familiares sugiere la
existencia de una especie de esfuerzo modernizador 'por cuenta propia' en vastos sectores
de la sociedad cubana.
El monto de las remesas es impreciso y aunque existen algunos intentos de estimación, no
deja de ser un proceso enigmático. Los datos oficiales de la balanza de pagos de Cuba
revelan que en 1996 las transferencias corrientes netas -en su mayor parte formadas por
remesas familiares y donaciones- alcanzaron los 743,7 millones de dólares. Otros
estimados realizados en Cuba colocan el volumen de las remesas en el rango de los 300 a
400 millones de dólares, en tanto la CEPAL las estimó en 1996 en el orden de los 800
millones. En su artículo, Monreal sugiere un monto de alrededor de 500 millones de USD5.
La actividad de remesas es por tanto uno de los más importantes sectores de la economía
cubana actual en términos de su inserción internacional, solamente superada por el
turismo y el azúcar en cuanto al volumen de ingresos brutos en divisas aunque en
términos del aporte neto en divisas es el sector líder. Al decir de este economista, la
existencia de un comercio interno en divisas en gran escala y en mercados interno de
productos, alrededor del cual se ha estructurado una compleja red de eslabonamientos
productivos y servicios, ha favorecido la reactivación de importantes actividades
económicas, sector al que se ha denominado de exportaciones en frontera, facilitando una
especie de inserción internacional, sustentado en gran medida en las remesas. Ello ha
hecho posible un manejo socialmente favorable del ajuste económico, sin el incremento del
desempleo que exigiría una inserción directa en el mercado mundial.
Sin embargo, los efectos de las remesas se han hecho sentir también en ámbitos que
parecen incompatibles con el diseño de justicia social defendido, generando una
estratificación en el consumo, la segmentación en los mercados y algunas manifestaciones
de exclusión social e inequidad, con el consiguiente impacto nocivo sobre el sistema
valores instaurado por años al interior de la sociedad cubana.
Es obvio que las estrategias y políticas a implementar para el aprovechamiento de las
remesas no dejan de ser problemáticas, teniendo en cuenta que es Estados Unidos el
principal centro de su origen, asunto que es también objeto de manipulación al limitar
sus transferencias bajo el argumento de que habría que cerrar cualquier "válvula de
oxigenación" al sistema político cubano, como si el embargo fuera insuficiente.
Paradójicamente, parece que lo es.
Desde el plano de Cuba, el problema no se circunscribe a la prevalencia de rentas externas
de esta naturaleza, sino en la forma de incorporar aquéllas a la economía y a la
sociedad en un escenario futuro de supuesta distensión. Lo más importante no es tanto lo
ocurrido en el corto plazo, sino el impacto que pudiera tener la adopción de una
estrategia familiar "transnacional". Mientras tanto, las familias continúan
adoptando y ejerciendo su propio "modelo de integración y cooperación", a
niveles micro, al margen de su posible institucionalización.
Bibliografía
Aja, A. "Aproximaciones al flujo migratorio externo de Cuba en la década de los
90s"; Anuario CEAP, Universidad de La Habana, 1996; "Cuban Emigration in the
1990s, Cuban Studies, Pittsburgh, No. 30, 1999.
Aja, A. " La emigración cubana entre dos siglos" Revista Temas. No,. 26, julio
- septiembre de 2001. Ciudad de La Habana, Cuba.
Centro de Estudios Demográficos, Universidad de La Habana. "La Población de
Cuba"; 1974.
García, Q. R. y Montes N. " La migración internacional en el nuevo escenario. El
dilema de las froteras". Centro de Estudios Demográficos, Universidad de la Habana
(inédito).
Hernandez, C. R. " La Revolución Demográfica en Cuba". Editorial Ciencias
Sociales, La Habana; 1988.
Milán, G. "Estimados de cubanos residentes en el exterior", Anuario CEAP,
Universidad de La Habana, 1995; "Los cubanos residentes en el exterior". Censo
realizado por la Dirección de Atención a Cubanos Residentes en el Exterior (DACRE del
MINREX de Cuba); 1997.
Monreal, P.; "Migraciones y remesas familiares; Notas e hipótesi sobre el caso de
Cuba". Centro de Investigaciones de la economía Internacional (CIEI), Universidad de
La Habana; 2001 (en edición).
Notas
1. Los culíes chinos que arribaron a Cuba,
venían bajo un contrato mediante el cual tenían que trabajar durante ocho años para el
dueño y al finalizar el mismo, podían regresar a su país, si el jornal que recibían se
los permitía. La realidad era que las condiciones de la travesía, así como las del
trabajo, eran muy similares a la de los negros esclavos.
2. Ejemplo de estos hechos se extraen del Censo de 1899 en que
se observa que 8 000 españoles vinieron de Jamaica en 1656; así como grupos no
cuantificados procedentes de Florida, Luisiana y Santo Domingo, donde, además, se
incluyen otras nacionalidades, fundamentalmente francesa.
3. Estimaciones de población realizadas por el autor a partir
de utilizar las tasas de crecimiento de los períodos intercensales (1861 - 1877), (1887 -
1899), y (1907 - 1919).
4. Esta Ley ajusta el status inmigratorio de todo cubano que
sea inspeccionado y aceptado por el Servicio de Inmigración y Naturalización de ese
país, para obtener residencia al año y un día de estar en territorio norteamericano
5. Monreal, P.; "Migraciones y remesas familiares; Notas e
hipótesis sobre el caso de Cuba". Centro de Investigaciones de la economía
Internacional (CIEI), Universidad de La Habana; 2001 (en edición)
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