| Titulo |
Las migraciones
internacionales
en América Latina y el Caribe
Edición Nº 65
Mayo-agosto 2002 |
| Autor |
Secretaría Permanente del SELA
Indíce |
Vivir del
norte
Alejandro I. Canales
Departamento de Estudios Regionales de la Universidad de Guadalajara.
Introducción
La migración México-Estados Unidos es un proceso complejo que se sustenta en la
conformación de redes sociales, familiares y culturales, con base en las cuales se
configura un sistema de intercambio y circulación de gente, dinero, bienes e información
entre los asentamientos de migrantes a ambos lados de la frontera (Rouse, 1992; Smith,
1994). De esta forma, el proceso migratorio no implica la desarticulación de las
comunidades de origen, sino más bien, su configuración como comunidades transnacionales
(Guarnizo y Smith, 1998; Kearney y Nagengast, 1989). En este contexto, las remesas
conforman un elemento sustancial para reproducir y sostener económicamente esta
desterritorialización de las comunidades de migrantes. Esta situación abarca también a
las familias, las cuales establecen formas de reproducción social y económica que
involucra de manera preponderante los ingresos salariales de los migrantes en Estados
Unidos (Canales y Zlolniski, 2001).
Sin embargo, aún cuando todos los hogares que conforman una comunidad transnacional
participan igualmente del fenómeno migratorio, no en todos ellos las remesas fluyen en la
misma magnitud, ritmos y frecuencias. Tal parece que hay diversos factores
sociodemográficos, económicos, estructura familiar, composición del hogar,
características de sus miembros, evolución del ciclo familiar, experiencia e historia
migratoria familiar e individual, entre otros, que establecen importantes diferencias en
cuanto a los momentos y condiciones en que un hogar se vuelve perceptor de remesas. Por lo
mismo, no basta la presencia de migrantes en un hogar para presumir una mayor probabilidad
de percibir remesas. Es también muy importante establecer los arreglos familiares y
domésticos que sustentan cada patrón migratorio particular, así cómo estos arreglos
devienen en perfiles sociodemográficos y demandas sociales y económicas diferenciadas.
Así, por ejemplo, en algunos casos la migración temporal del jefe de hogar implica la
formación de arreglos familiares específicos, en donde juega un papel importante el
hogar de los padres o suegros del jefe de hogar, especialmente cuando se da la presencia
de niños (Woo, 2001). En otros casos, la migración es la base de la formación de
unidades familiares transnacionales, en donde el continuo flujo de personas, bienes
materiales y simbólicos se vuelven fundamentales para la reproducción de estas unidades
familiares (Moctezuma, 1999). Lo relevante, en todo caso, es que los tiempos del envío y
percepción de las remesas dependen en gran medida del carácter del arreglo doméstico
sobre el cual se sustenta el proceso migratorio en cada familia.
En este sentido, el objetivo del presente trabajo es analizar estos factores de
diferenciación de los hogares según su condición de percepción de remesas. O lo que es
lo mismo, qué aspectos de cada arreglo familiar y doméstico, parecen ser más
importantes para definir los tiempos y frecuencias del envío y percepción de remesas. En
particular, con base en modelos estadísticos multivariados, nuestro interés es
determinar los perfiles de los hogares perceptores de remesas en comunidades de alta
migración en el Occidente de México.
I. Migración y remesas en México
A partir de los ochenta la migración mexicana a Estados Unidos asume magnitudes y
modalidades que indican importantes cambios en su dinámica y composición. Según datos
del Buró del Censo de los Estados Unidos, el volumen total de personas nacidas en México
residentes en Estados Unidos pasó de poco menos de 2.2 millones en 1980 a casi 4.5
millones en 1990, y a 7.9 millones en el año 2000. Esto indica un saldo neto anual de 226
mil en los ochenta y de 343 mil personas para los noventa.
Estos cambios en la magnitud de la migración inciden directamente en el flujo de remesas
que los emigrantes envían periódicamente a sus comunidades de origen en México (Lozano,
1998). En efecto, tanto el total de las transferencias internacionales como las remesas
familiares, muestran un sostenido crecimiento en las últimas dos décadas, representando
en 1999 un nivel que es casi 8 veces superior al presentado a inicios de los ochenta.
Asimismo, las remesas familiares representaron en promedio, casi el 80% del total de
transferencias externas, proporción que se incrementa a más del 93% en los noventa
(Canales, 2002a).
Ahora bien, en torno a la magnitud de las remesas, se ha configurado un intenso debate en
medios políticos, académicos y de la propia sociedad civil. Al respecto, dos aspectos o
dimensiones nos interesa destacar. Por un lado, el papel e impacto de las remesas tanto a
nivel macroeconómico, como a nivel de los hogares y economías locales. Por otro lado,
los determinantes estructurales, comunitarios, familiares e individuales del envío y
percepción de remesas1.
i) En cuanto al impacto de las remesas, los primeros estudios se centraron en dimensionar
la importancia de las remesas, comparándola con diversos indicadores macroeconómicos.
Con ello se obtenía una primera aproximación sobre el peso relativo de las remesas.
Posteriormente se han hecho estimaciones más precisas del impacto de las remesas en la
economía nacional con base en modelos macroeconómicos de contabilidad social. El
objetivo de estos modelos es estimar los efectos multiplicadores de cada dólar que
ingresa por concepto de remesas en la economía nacional.
Sin embargo, la debilidad de estos modelos estriba en la calidad de la información que se
requiere para el diseño de la matriz de contabilidad social. Suele suceder, que o bien no
se dispone de la información necesaria, o ésta es muy fragmentada. Ante ello, suelen
aplicarse encuestas específicas a niveles locales y regionales, que permiten medir
directamente los distintos indicadores y coeficientes que exigen los modelos
econométricos de contabilidad social. Al respecto, un trabajo pionero fue el de Adelman y
Taylor (1990), quienes estimaron que el efecto multiplicador de las remesas en las
economías locales y regionales, era de 2.9 Esto es, que por cada dólar que ingresa a la
economía regional, su producto interno bruto se incrementa en 2.9 dólares.
Junto a estas matrices de contabilidad social, se han aplicado modelos probabilísticos
para estimar el impacto de las remesas en la distribución del ingreso. En concreto, se
trata de modelos econométricos que permiten estimar en cuánto se modifican los índices
de pobreza y desigualdad en la distribución del ingreso por efecto del flujo de remesas
(Taylor, 1992). En el caso particular de México los resultados no son concluyentes, en
términos de que si bien el flujo de remesas es de gran magnitud, en realidad representa
menos del 3% del ingreso monetario de los hogares, lo cual reduce substancialmente
cualquier impacto sobre la distribución del ingreso. A nivel regional y local, sin
embargo, el papel de las remesas sí parece significativo, y en general, puede afirmarse
que las remesas contribuyen a reducir las desigualdades económicas. En concreto, para el
caso del Occidente de México, Canales (2002b) encuentra que el flujo de remesas
contribuye a mejorar la distribución del ingreso entre un 5% y 15%, dependiendo del
indicador usado para medir la desigualdad económica.
Por otro lado, considerando tanto la magnitud de las remesas como sus posibles efectos
multiplicadores, ha surgido una línea de debate en torno al papel de las remesas como
fuente potenciadora del desarrollo económico a nivel local y regional. Desde esta
perspectiva, las remesas son conceptuadas como una forma de ahorro migrante, el cual
podría orientarse al financiamiento de proyectos de inversión productiva, así como a la
formación y consolidación de negocios y establecimientos económicos de los migrantes.
Así por ejemplo, Durand y Arias (1997) en un estudio sobre San Francisco del Rincón,
Guanajuato, documentan la conformación de talleres zapateros apoyados por los
migradólares. De acuerdo a estos y otros autores, este ejemplo junto a otros innumerables
casos, es ilustrativo de que la migración internacional no representa un drenaje de
recursos de la economía mexicana, sino que por el contrario, puede incluso configurar una
importante fuente de capital productivo y una fuerza dinámica en la promoción de la
actividad empresarial, la formación de negocios y el crecimiento económico, al menos en
ámbitos locales y regionales (Massey y Parrado, 1994; Durand, 1988).
Desde una perspectiva diferente, en cambio, otros autores señalan que este optimismo
estaría mal fundado, en términos de que encierra no pocas confusiones conceptuales, así
como la carencia de información precisa, adecuada y veraz sobre la complejidad del
fenómeno migratorio y de las remesas en particular. En efecto, si consideramos que la
migración de mexicanos a Estados Unidos es un fenómeno eminentemente laboral, entonces,
no cabe duda que los ingresos obtenidos por los migrantes representan un fondo salarial,
que como cualquier otro, tiende a usarse preferentemente para la reproducción cotidiana y
generacional de su familia y comunidad (Canales, 2001).
La diferencia estriba en que en el caso de los migrantes, el salario es canalizado hacia
sus familias bajo la forma de "transferencias internacionales", que de acuerdo a
la nomenclatura de la economía, asumen la forma de un "ahorro externo", pero
que en realidad distan mucho de ser realmente un tipo de "ahorro" propiamente
tal, no teniendo ni los usos ni las propiedades que tradicionalmente se han asociado con
el ahorro.
ii) Un eje alternativo para el estudio y comprensión de las remesas, se refiere al
análisis de sus determinantes. En este sentido, podemos distinguir dos tipos de aproxima
ciones.. Por un lado, un análisis de los determinantes macroeconómicos de las remesas, y
por otro lado, los determinantes familiares, culturales e individuales del envío de
remesas.
A nivel macroeconómico, los estudios se han centrado en evaluar el volumen de las remesas
en función del comportamiento de diversas variables e indicadores macroeconómicos. Para
ello, se apela a análisis de series de tiempo y modelos econométricos longitudinales,
que permiten estimar la sensibilidad (elasticidad) de las remesas ante las variaciones de
cada variable macroeconómica. Estos estudios no parecen ser concluyentes, en la medida
que la forma en que algunas variables macroeconómicas inciden en la motivación de
remitir remesas, depende en gran medida de la situación de la economía tanto en el país
de origen como en el de destino (Russell, 1986, Taylor, 1999).
No obstante, gran parte de los estudios coinciden en algunas relaciones macro económicas
básicas. Así, por ejemplo, Lianos (1997) estima que el nivel de ingresos per cápita en
el país de destino, el tipo de cambio y posibles devaluaciones de la moneda nacional en
el país de origen, así como la permanencia en el lugar de destino, actúan como
variables que mejor explican las variaciones en el flujo de las remesas. Por el contrario,
la inflación, la tasa de interés, así como el nivel de ingreso en el país de origen,
no parecen ser factores con un peso determinante del flujo de remesas.
A nivel microsocial, el objetivo es determinar bajo qué condiciones sociales, familiares
e individuales se configura el acto de remitir, así como la cantidad de dinero que se
remite a la familia y/o comunidad de origen. De acuerdo a este enfoque, las remesas están
de una u otra forma, conectadas con todas las circunstancias que configuran la vida del
migrante. En estos estudios se parte del supuesto de que la principal motivación para el
envío de remesas está determinada por las formas sociales y culturales que asume la
lealtad y compromiso con la familia de origen. En particular, destaca el papel central que
asumen las obligaciones familiares y la presencia o ausencia de familiares directos
(hijos, principalmente) en los lugares de origen y de destino (López, 2001).
Sin embargo, el momento, formas y montos del envío de remesas, dependerá de
circunstancias específicas que incluyen factores no sólo familiares, sino también
individuales y contextuales. Así por ejemplo, Massey y Bassem (1992) señalan que la
decisión de remitir está directamente determinada no sólo por el ciclo de vida
familiar, sino también por las características de la comunidad de origen. En particular,
sostienen que la propensión a remitir tiende a disminuir en aquellas comunidades con
mayores recursos y condiciones económicas más favorables.
Asimismo, el envío de remesas parece también estar asociado a la modalidad migratoria, y
en particular, al carácter de los vínculos que establece el migrante con su comunidad de
origen. Al respecto, López (2001) señala dos hallazgos interesantes. Por un lado,
destaca que la propensión a enviar remesas, así como el monto enviado, tiende a ser
mayor entre los migrantes temporales y circulares, y menor entre los migrantes que han
adoptado una residencia estable y permanente en Estados Unidos.
Por otro lado, este autor señala que los determinantes del envío de remesas en cada
caso, son incluso opuestos. Así, por ejemplo, en el caso de los migrantes temporales,
resulta significativo para el envío de remesas la posición del migrante en la estructura
familiar. En concreto, la presión familiar para el envío remesas parece que sólo es
estadísticamente significativa para quienes son jefes de hogar, lo cual refleja que el
envío de remesas está asociado con las responsabilidades directas del migrante para con
su familia y hogar de origen. Por el contrario, entre los migrantes permanentes, la
posición en la estructura familiar no es estadísticamente significativa para determinar
el envío o no de remesas. Ello porque en este caso, es más probable que el núcleo
familiar del migrante resida también en Estados Unidos, lo cual implica un debilitamiento
substancial de los vínculos y responsabilidades del migrante para con su comunidad de
origen.
A similares conclusiones arriban Menjivar et al (1998), quienes señalan que cuando el
migrante planea una estancia más prolongada e incluso de permanencia definitiva en el
lugar de destino, tiende a disminuir significativamente la propensión a enviar remesas.
En este caso, los recursos económicos, sociales, y familiares, se orientan más a
asegurar una estancia estable y duradera, que pueda incluir a los miembros de su familia.
Por el contrario, cuando los migrantes planean retornar, es más probable el envío de
remesas con el objetivo de asegurar una posición mejorada en la localidad de origen.
Asimismo, el análisis de Lozano (1997) confirma estos hallazgos, al concluir que serían
los migrantes masculinos de reciente llegada a Estados Unidos, con propiedades en México
y con familiares cercanos en México (padres, esposa y/o hijos, fundamentalmente) quienes
son más propensos a enviar mayores cantidades de dinero. Por el contrario, aquellos
migrantes mexicanos que fueron amnistiados por IRCA, y optaron por una residencia
definitiva en Estados Unidos, disminuyeron el monto promedio de sus envíos de remesas,
aún cuando sus niveles de ingresos reales y otras condiciones económicas no se habían
modificado.
Ahora bien, un enfoque complementario a estos estudios sobre los determinantes del envío
de remesas, es el que presentamos en este trabajo, y que se centra en el análisis de las
características de los hogares perceptores de remesas en las comunidades de origen. Como
hemos señalado, las remesas forman parte del sistema migratorio que articula comunidades
en términos transterritoriales. En una comunidad de alta migración, casi todos los
hogares están vinculados al proceso social de la migración, a través de redes
familiares, comunitarias, de amistad, etc. Sin embargo, no en todos los hogares hay en
todo momento migrantes activos ni todos los hogares son en todo momento perceptores de
remesas. Por el contrario, los tiempos y espacios de la migración, así como los de la
percepción de remesas, están en función de los tiempos y espacios que surgen de los
distintos arreglos familiares en cada etapa del ciclo de vida de la unidad doméstica,
así como de las trayectorias migratorias particulares prevalecientes en cada hogar.
Desde este enfoque, el análisis de las condiciones de los hogares perceptores de remesas
ha de considerar una visión dinámica del fenómeno. Sin duda, los arreglos familiares
que se adoptan en torno al proceso social de la migración, plantean demandas específicas
respecto al flujo de remesas necesario para el sostenimiento de dicho arreglo familiar.
Sin embargo, estos arreglos no son estáticos, sino que evolucionan con base en la
dinámica del ciclo de vida familiar y la dinámica de las trayectorias migratorias
individuales y familiares. Asimismo, las remesas tampoco son estáticas, sino que
contribuyen a modificar las condiciones de reproducción y evolución del hogar,
incidiendo en la dinámica de su ciclo familiar y trayectorias migratorias.
Se trata, en definitiva, de un efecto de determinación recíproca y dinámica. Por un
lado, las condiciones y necesidades de percepción de remesas son variables en cada etapa
del ciclo familiar, dependiendo tanto de los arreglos domésticos como de las trayectorias
migratorias individuales y familiares adoptadas en cada unidad familiar. Pero por otro
lado, si en un momento las remesas aparecen como determinadas por estos arreglos
familiares, en otros momentos son las propias remesas las que contribuyen a transformar
dichas condiciones, al modificar la base económica de la reproducción de los hogares.
Ahora bien, considerando las limitaciones propias del análisis transversal para dar
cuenta de relaciones dinámicas y diacrónicas, en este trabajo nos centraremos en el
análisis de las diferencias entre los hogares perceptores y no perceptores de remesas, en
el caso de una comunidad de alta migración en Los Altos de Jalisco2. El objetivo es poder dimensionar y evaluar el significado
estadístico de cada componente de esta estructura de diferenciación entre los hogares
perceptores y no perceptores de remesas. Para ello, primero presentamos una descripción
del papel de las remesas en la comunidad de origen, para posteriormente analizar el perfil
sociodemográfico de los hogares perceptores, con base en la aplicación de un modelo de
regresión logística.
Notas
1. Un tercer aspecto, se refiere a la medición y
cuantificación de las remesas, el cual sin embargo, por motivos de espacio y pertinencia,
dejamos de lado. Para más detalles, puede consultarse Lozano, 1993.
2. Más adelante señalamos algunas limitaciones metodológicas
que es necesario tomar en cuenta en el análisis de los resultados del modelo estadístico
multivariado usado en este caso concreto.
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