Titulo

Los nuevos paradigmas de la Cooperación Internacional
Edición  Nº 64

Enero - Abril  2002
                                                                                                                                      Indice

Ejes de la política de cooperación de la UE hacia ALC

Stella Zervoudaki
Jefe de la Delegación de la Comisión Europea en Uruguay y Paraguay.

La siguiente ponencia fue presentada en la XV Reunión de Directores de Cooperación Internacional de América Latina y el Caribe realizada entre el 11 y 13 de marzo de 2002 en Montevideo, Uruguay, organizada por la Secretaría Permanente del SELA y el Gobierno de Uruguay.


     Para la Unión Europea la cooperación es una herramienta muy importante como mecanismo para la transferencia de experiencias y de conocimiento y, de hecho, es el único instrumento que puede apoyar de una manera concreta a los países beneficiarios en sus esfuerzos tanto para un desarrollo equitativo y sostenible como para su inserción en la economía mundial.
    
     Es también un instrumento que no persigue objetivos estrictamente económicos en cuanto que no pretende resolver por sí mismo los problemas económicos de los países, pero sí apoyar iniciativas locales y experiencias que puedan aportar soluciones innovadoras para los problemas de cada país.

     Según lo establece el artículo 177 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea, la cooperación es para nosotros el símbolo más concreto de solidaridad y de voluntad de compartir. Por esta razón la cooperación europea constituye siempre el tercer pilar de nuestras relaciones con el mundo, siendo el primero el diálogo político y el segundo el pilar comercial. Los tres pilares son importantes por igual y cada uno apoya y complementa a los otros.
    
     En el desarrollo de esta exposición me referiré solamente al pilar de la cooperación. Éste constituye un instrumento importante para promover los valores esenciales de la Unión Europea y para acompañar los desafíos del siglo XXI. La Unión Europea es uno de los principales actores de la cooperación internacional y de la ayuda al desarrollo. La Comunidad y los Estados Miembros proveen el 55% de la ayuda pública al desarrollo en el mundo y 2/3 de la ayuda no reembolsable y actúa en más de 140 países.

     La Comunidad por sí sola ha aumentado el volumen global de su ayuda de 3.300 millones de euros en 1999 a 9.300 millones en el año 2000, lo que equivale al 10% del volumen global de la ayuda pública al desarrollo en el mundo. Estas cifras no incluyen los instrumentos de preadhesión para los futuros Estados Miembros, la ayuda macro-financiera, la política exterior y de seguridad común, la facilidad de reacción rápida ni ayudas de emergencia.

     El valor de nuestra cooperación no puede ser medido sólo por el monto de la misma sino también por la metodología que utilizamos para implementarla, pues la Unión Europea apoya directamente las políticas de los gobiernos e instituciones con iniciativas innovadoras que puedan ser trasladables a otras realidades. El valor añadido de nuestra cooperación no es la ayuda directa a las poblaciones meta o al sector privado, sino el apoyo a los Estados para que puedan implementar las políticas que ellos hayan establecido como apropiadas para el país (incluidas las políticas comerciales).

     La Unión Europea ha logrado una posición común para la Conferencia de Monterrey sobre Financiación para el Desarrollo, mediante la cual se compromete a incrementar la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en los próximos cuatro años, de modo que colectivamente se alcance una media de 0.39% del PIB comunitario en el año 2006 (actualmente la cooperación de la UE es del 0.33% del PIB).

     La relación de la Unión Europea con América Latina tiene una larga y fructífera trayectoria. La cooperación de la Comunidad y los Estados Miembros, con 500 millones de euros anuales representados en 312 proyectos y 20 líneas presupuestarias, convierten a la Unión Europea en el primer donante de ayuda no reembolsable en América Latina, además de ser, en la mayoría de los países de la región, el primer inversor extranjero y uno de los primeros destinos comerciales.

     En la década de los ochenta, la Unión Europea acompañó y apoyó los esfuerzos de ciudadanos latinoamericanos para conquistar la paz y la democracia. En los noventa respaldó los esfuerzos de los nuevos gobiernos elegidos para lograr economías más competitivas.

     Ahora, al comienzo del nuevo siglo, sentimos que la gran mayoría de los ciudadanos de América Latina y el Caribe (ALC) están aspirando a la igualdad de oportunidades y a una mejor distribución de la riqueza.

     La Unión Europea no puede ignorar esta expectativa, y es por eso que, en la próxima Cumbre Unión Europea- América Latina y el Caribe, en mayo de este año en Madrid, queremos poner el sello para una asociación estratégica entre ambas regiones hacia el multilateralismo y la equidad social.

     Un desarrollo económico sustentable y una inserción armoniosa en la economía mundial no es viable sin que exista un reparto adecuado de la riqueza y de los frutos del crecimiento económico. Los países de América Latina sufren en regla general de desequilibrios sociales. Una gran parte de la población vive por debajo de los niveles mínimos de bienestar. Demasiada gente carece de la posibilidad de disfrutar de los progresos que la ciencia y la tecnología y el buen funcionamiento de la economía de mercado, pueden ofrecer.

     La pobreza y la marginación de grandes sectores de la población en el marco de una economía mundial que ha alcanzado grandes niveles de productividad y de eficacia, es moralmente inaceptable y constituye un lastre para el desarrollo económico sustentable.

     Entendemos que una reflexión profunda en relación a las políticas y los sistemas fiscales es necesaria pues es a través de estos sistemas y estas políticas que debe alcanzarse una mejor y más justa distribución de la riqueza.

     Ni las elecciones, ni el libre mercado, ni la integración regional son fines en sí mismos. Son meros instrumentos, los mejores seguramente, para conseguir sociedades libres, justas y desarrolladas. Por ello es esencial que conjuntamente, europeos y latinoamericanos, nos fijemos como objetivo prioritario el promover una redistribución de la riqueza más justa y eficaz.

     En este marco, la Comisión propone lanzar una acción que implique a gobiernos y a la sociedad civil en la búsqueda de mecanismos modernos que faciliten la incorporación progresiva del mayor porcentaje de población a los beneficios del desarrollo y del crecimiento económico.

     A fin de poder atender a las necesidades sectoriales de cada país y apoyarlos respetando las características propias de cada uno de ellos, la Comisión Europea quiere crear nuevas herramientas para un mejor enfoque y aproximación de la cooperación.

     Para lograr este objetivo, es evidente que vamos a mantener los elementos básicos que han constituído la esencia de nuestra fructífera cooperación y que comparten las dos regiones:

  • Consolidación de la democracia y el estado de derecho
  • Enfoques diferenciados adaptados a las realidades nacionales y subregionales
  • Apoyo a los procesos de integración regional y subregional, que contribuyen al desarrollo económico de los países y a su inserción en una economía global.

     En vísperas de la II Cumbre de la Unión Europea-América Latina y el Caribe, y sobre la base del plan de acción de la Cumbre de Río, proponemos intensificar nuestra acción en cuatro ámbitos prioritarios en los tres niveles de cooperación: regional, sub-regional y bilateral:

  • la protección de los derechos humanos;
  • la promoción de la sociedad de la información;
  • la reducción de los desequilibrios sociales;
  • y el fortalecimiento de la sociedad civil.

     La educación tendrá un lugar preponderante y trascendente en los cuatro ámbitos mencionados.

     Para el periodo 2002-2006, se han previsto cuatro tipos de actividades para nuestra cooperación bi-regional con América Latina:

  1. El apoyo a las relaciones entre las dos regiones para reforzar la asociación entre redes de la sociedad civil;

  2. La iniciativa social, para contribuir a la reducción de las desigualdades por medio de acciones que apunten a las poblaciones desfavorecidas;

  3. La preparación y la prevención de catástrofes naturales y la reconstrucción;

  4. Acciones que acompañen a la asociación estratégica, por medio de un observatorio de relaciones Unión Europea / América Latina.

     La cooperación europea aspira además a responder rápidamente a las recientes evoluciones de la región y del mundo. A título de ejemplo podemos señalar nuestra cooperación en la lucha contra el terrorismo, que siempre fue una de nuestras prioridades conjuntas con América Latina, y que ahora se ha intensificado después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos.

     Evidentemente, estas nuevas prioridades y actividades se añaden a los programas que la Unión Europea ha comenzado a aplicar a partir de 1990 para apoyar a los distintos actores de ambas regiones. Mencionamos como ejemplo:

  • Alfa, que une los mundos académicos de las dos regiones;
  • Al-invest, que permite favorecer las relaciones entre empresas europeas y latinoamericanas, en particular las PYMEs;
  • Urbal, que ya ha logrado crear alianzas entre 1.200 ciudades de las dos regiones
    Atlas, que apoya las relaciones entre las Cámaras de Comercio y la nueva iniciativa;
  • Alis, la alianza para la información de la sociedad, para fomentar la asociación entre ambas regiones a nivel tanto de gobiernos como de la sociedad civil.

     Nos hemos propuesto cumplir con una serie de metas ambiciosas pero realistas antes de la Cumbre de Madrid. Y, al mismo tiempo, animamos a los países europeos y latinoamericanos a realizar un esfuerzo similar.

     En primer lugar, estamos volcados en conseguir que la ayuda financiera de la Unión Europea sea más ágil y eficaz. Para ello, hemos lanzado una profunda reforma interna cuyos primeros frutos ya se están recogiendo. Hemos creado un nuevo organismo de ayuda - Europe Aid - que queremos dotar con los recursos humanos y las bases apropiadas para llevar a cabo esta crucial y compleja tarea. Simultáneamente, estamos reforzando el rol de las Delegaciones -en lo que hemos llamado el proceso de desconcentración- otorgándoles poder de decisión en la gestión directa de la cooperación, convirtiéndolas así en interlocutoras privilegiadas "in situ" con cada uno de los países beneficiarios.

     Esto contribuirá sin lugar a dudas a establecer una mejor programación de nuestra cooperación trabajando en forma conjunta en la elaboración de los Country Strategy Papers, que son papeles programáticos que permiten determinar las actividades prioritarias para cada una de las áreas y para cada país.

     A ello se agrega la intensificación de la cooperación existente entre la Comisión Europea y los principales organismos internacionales de cooperación, que permiten coordinar esfuerzos y complementar nuestra política contribuyendo al financiamiento de proyectos de mutuo interés en la lucha contra la pobreza y el fortalecimiento de la democracia. Destacamos los acuerdos que tenemos con el Banco Europeo de Inversiones, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la Agencia Internacional de Desarrollo de los Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos.

     Como conclusión quisiera señalar que América Latina es una de las prioridades de la política exterior global y de desarrollo creciente de la Unión Europea. Estamos convencidos de continuar con una política ambiciosa, moderna y dinámica hacia América Latina.

     Queremos que ésta sea una política de inclusión. Una política que necesitamos desarrollar en conjunto. Únicamente trabajando juntos, creando una nueva asociación estratégica, obtendremos el éxito: éxito para los ciudadanos en Europa y éxito para los ciudadanos en América Latina.

     La Comisión Europea desea contribuir a que América Latina y la Unión Europea puedan seguir dibujando juntos, con éxito, un nuevo y prometedor futuro.


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