Titulo

Los nuevos paradigmas de la Cooperación Internacional
Edición  Nº 64

Enero - Abril  2002
                                                                                                                                      Indice

Ampliando los puentes de la cooperación Sur-Sur

Yiping Zhou
Sub Director de la Unidad Especial para la Cooperación Técnica entre Países en Desarrollo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La siguiente ponencia fue presentada en la XV Reunión de Directores de Cooperación Internacional de América Latina y el Caribe realizada entre el 11 y 13 de marzo de 2002 en Montevideo, Uruguay, organizada por la Secretaría Permanente del SELA y el Gobierno de Uruguay.

     Si el tema de ayer fue "la construcción de puentes de cooperación en el Sur", nuestra meta de hoy debería ser hallar la forma de fortalecer y ampliar esos puentes para construir otros nuevos, con el fin de que el Sur pueda influir en los procesos que dan forma al nuevo orden político y socioeconómico global en el siglo XXI.

     En la región de América Latina y el Caribe nació y cobró fuerzas gran parte del movimiento de la cooperación Sur-Sur, tanto en términos filosóficos como en la práctica. Fue en esta región donde se concibió la idea de establecer el Grupo de los 77 y donde se sembró la semilla del Nuevo Orden Económico Internacional a finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Aquí es donde se elaboró el plan sin precedentes para la CTPD, adoptado en Buenos Aires en 1978. También es la región que vio nacer el Plan de Acción de Caracas sobre Cooperación Económica entre Países en Desarrollo en 1981 y el Plan de Acción de San José sobre comercio, inversiones y finanzas Sur-Sur en 1997; y donde se realizó la primera Cumbre del Sur, en La Habana, en el año 2000.

     La región de ustedes siempre ha estado al frente de este tipo de cooperación; ustedes son los verdaderos campeones de la cooperación Sur-Sur. Los numerosos planes que han surgido como resultado de estos acontecimientos han guiado e inspirado al resto del Sur, y continuarán haciéndolo en el futuro, en su esfuerzo colectivo hacia la construcción de un nuevo orden mundial más humano, integrador e igualitario. Es un privilegio ser testigo de este nuevo renacimiento orientado a ampliar los puentes Sur-Sur a través y más allá de esta región en el siglo XXI.

     La cooperación Sur-Sur ya no es simplemente una opción: ahora es un imperativo, si de verdad se pretende que el Sur sobreviva a las turbulencias de la globalización. Permítanme comenzar por citar lo que dijo en cierta ocasión B.P. Menon, prominente periodista que trabaja para la ONU en Nueva York: "El colonialismo perjudicó grandes áreas del mundo, material e intelectualmente. Cortó antiguos vínculos comerciales y culturales. Destruyó la independencia de sistemas autóctonos en África, Asia y América Latina. Impuso, de modo violento, sistemas de explotación económica y regímenes políticos que redujeron grandes poblaciones a la pobreza". Si se permite que sea dirigida totalmente por una minoría poderosa y acaudalada, la globalización está destinada a ignorar a las mayorías pobres, en especial las del Sur.

     Precisamente, a fin de evitar que la historia se repita, los países en desarrollo ven la urgente necesidad de construir alianzas más poderosas y compartir las habilidades necesarias para participar y negociar de manera más efectiva en los procesos multilaterales. Ven la necesidad de aprender cómo otros países han ajustado, para su provecho, sus políticas nacionales y sus esquemas institucionales a los requerimientos del sistema económico global. Ven la necesidad de garantizar la flexibilidad del esquema internacional a fin de proteger y promover sus intereses nacionales de desarrollo humano. Y lo que es más importante, ven la necesidad de crear y complementar competencias industriales y tecnológicas con el propósito de competir de modo efectivo en un mercado internacional cada vez más exigente.

     Cooperar es nuestro deber y la manera de avanzar en ese sentido es reforzando los esquemas regionales y subregionales, acrecentándolos y diversificándolos a fin de establecer más vínculos inter-regionales como plataforma para orientarnos hacia una integración global más efectiva. Y yo estoy observando que muchas de estas cosas han estado ocurriendo en los últimos años en todas las regiones del Sur.

     Pero tal vez ésta sea la región que ha tenido las experiencias más valiosas y de mayor provecho en el área de la cooperación Sur-Sur, particularmente a nivel regional y subregional. MERCOSUR, por ejemplo, que fue creado a raíz de la frustración causada por el lento ritmo de las negociaciones multilaterales sobre comercio en 1991, ya ha eliminado casi todos sus aranceles y el resultado de esto es que el comercio interno se ha cuadruplicado en los últimos diez años. Ahora ha acometido la empresa mucho más estratégica de formar una unión aduanera dentro de los próximos diez años, con el fin de lograr una armonización plena de sus aranceles externos comunes. La Comunidad Andina también introdujo un arancel externo común que se aplicó a 95 por ciento de los productos sujetos a derechos aduaneros y que tiene cinco categorías con un techo de 20 por ciento. El comercio dentro de la Comunidad Andina se había duplicado desde su creación hasta llegar a aproximadamente 12 por ciento en 1998, aunque en 1999 y 2000 decreció ligeramente. En la Comunidad del Caribe (CARICOM), la proporción del comercio intra-comunitario dentro de las exportaciones totales se expandió hasta alcanzar 18,6 por ciento en 1998 después de haber estado en menos de 10 por ciento en los años anteriores, aunque después de ese año ha declinado un poco debido a la desaceleración económica global.

     Considerando la región como un todo, observamos que para 1998 el comercio interno se había incrementado significativamente a 21,5 por ciento del comercio total, en comparación con la cifra de 15,1 por ciento registrada en 1990, aún cuando la misma retrocedió un poco en 1999.

     Además, las inversiones intra-regionales representan más del 90 por ciento de las inversiones extranjeras directas (IED) internas, originadas en otros países en desarrollo. Cerca de la mitad de los flujos de IED provenientes de los principales países de América Latina y orientados hacia el exterior está dirigida a otras naciones en desarrollo.

     Igualmente, también existe una serie de agrupaciones subregionales y regionales bien constituidas. Entre ellas se encuentran: la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), la Asociación para la Cooperación Regional del Asia Meridional (SAARC), la revitalizada Organización para la Cooperación Económica (ECO), el Foro del Pacífico Sur (SPF) y la Comisión del Pacífico Sur (CPS). En 1993 se decidió establecer un Área de Libre Comercio de la ASEAN a fin de eliminar por completo las barreras arancelarias y no arancelarias para el año 2003, en el caso de sus miembros más antiguos y para el año 2008, en el caso de sus miembros más nuevos. Asimismo, ha acelerado la puesta en funcionamiento de su área de libre comercio de bienes y se ha trazado el objetivo de liberalizar 90 por ciento del comercio dentro de ASEAN para el año 2007. El dinamismo de Asia también se observa en los vigorosos ejemplos de sus "triángulos de crecimiento", como el Triángulo Singapur-Riau-Batam, que atrajo inversiones públicas y privadas en áreas industriales que exigen un uso intensivo de fuerza laboral, infraestructura y desarrollo del turismo.

     En África, los esfuerzos de cooperación han tendido a orientarse hacia la formación de uniones aduaneras y mercados comunes con el objetivo ulterior de establecer el mercado común continental único y la comunidad económica, contemplados en el Tratado de Abuja sobre la Comunidad Económica Africana. El tratado que crea la Unión Africana, firmado y ratificado recientemente por los Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización de la Unidad Africana (OUA), reemplaza al tratado mediante el cual se estableció la organización antes mencionada. La mayoría de las agrupaciones existentes están dedicadas a la realización de extensas revisiones y reestructuraciones de los esquemas de integración.

     El tratado revisado de la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (CEDEAO) exhorta al establecimiento de una unión monetaria y económica para el año 2005. La Comunidad Económica de los Estados de África Central (CEEAC) fue creada en marzo de 1994 con miras a formar un mercado entre sus Estados Miembros. El Mercado Común de África Oriental y Austral (COMESA), que es la mayor agrupación de la subregión, también tiene como propósito formar un mercado común único y lograr el libre comercio entre sus miembros a través de un acuerdo que entró en vigencia en octubre del año 2000. También se han alcanzado acuerdos sobre la aplicación de un arancel externo común para el año 2004. Luego de intensas negociaciones que comenzaron en 1996, la Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADC) también adoptó un protocolo sobre comercio en febrero del año 2000, que dispone el establecimiento de un área de libre comercio para el año 2008.

     Lo que se puede inferir de esta incompleta serie de ejemplos es el hecho de que el Sur tiene tanto el deseo como la estructura para movilizar la cooperación Sur-Sur dentro y más allá de los límites regionales y subregionales. A esta ventaja se le agregan otras, como la proximidad de los mercados, la similitud de los productos y los procesos, así como las afinidades dentro la cultura empresarial que pueden brindar a los inversionistas de los países en desarrollo grandes oportunidades para lo que yo llamo una nueva oleada de movimiento Sur-Sur del comercio y las inversiones. Puede decirse que la cooperación Sur-Sur representa un fenómeno revitalizado de cooperación internacional para el desarrollo.

     En todas sus manifestaciones, el regionalismo puede promover la apertura y la reforma y hacer que un mayor número de países entren en el grupo de las economías liberales, atentas siempre al mundo que las rodean. El regionalismo también puede contribuir a establecer lazos entre los mercados intra-regionales, inter-regionales y globales, expandir las oportunidades de comercio e inversiones extranjeras y fortalecer las posiciones y las capacidades colectivas en las negociaciones multilaterales, así como la competitividad de los países del Sur como grupos dentro del mercado global, con lo cual trasciende la relativa desesperanza del individualismo. De hecho, puede servir como una poderosa plataforma para que el colectivo del Sur logre su meta común de integración global, no como países que reaccionan pasivamente, sino como socios activos e igualitarios.

     Sin embargo, lo que nos gustaría que ocurriera es que, en el proceso de cooperación, las economías avanzadas sirvieran más como el motor del crecimiento para la región y que se le dé un tratamiento adecuado a la capacidad de las pequeñas economías para tener acceso a los mercados de las economías de los miembros más avanzados, a fin de ayudar a las primeras para que, juntas, den un gran paso al frente. Esto se debe a que los desequilibrios económicos entre los países también pueden manifestarse en desequilibrios comerciales, que a su vez pueden desestabilizar el proceso de integración y conllevar a disputas respecto al acceso a los mercados de las grandes economías. Y, justamente, la cooperación Sur-Sur se basa en el principio de ayudar al vecino a fin de prosperar juntos.

     Me gustaría retomar el análisis de esta región. Hay prospectos increíblemente positivos para desarrollar iniciativas de colaboración dentro y más allá de las fronteras de América Latina y el Caribe. Esta región probablemente sea la más rica en recursos en el mundo en desarrollo. Esta parte del mundo está dotada de una enorme cantidad de recursos minerales y petroleros; posee extensas superficies de bosques tropicales, vastas áreas de suelo fértil y una gran abundancia de recursos hidrológicos y luz solar. Pero lo más importante es que alberga una creciente población cercana a los 500 millones de personas, cuya creatividad es el principal recurso para el desarrollo.

     Me atrevo a afirmar que esta región (ALC) es el bastión de una gran variedad de políticas y prácticas acertadas de las cuales el resto de los países del Sur podrían aprender mucho; sobre todo, si en verdad se desea alcanzar las Metas de Desarrollo del Milenio. Por ejemplo, las reformas económicas efectuadas en Chile contienen lecciones valiosas para aquellos países que están procurando movilizar recursos nacionales para el desarrollo y para atraer inversiones extranjeras directas complementarias, como parte de sus estrategias para la erradicación de la pobreza. La lucha de Brasil contra la epidemia de VIH/SIDA y sus esfuerzos por sentar una base industrial competitiva representan claros ejemplos de cómo el Sur podría participar efectivamente en la emergente economía global. En Costa Rica, el uso de tecnologías de la información y las comunicaciones para el desarrollo y las políticas de protección ambiental del país ofrecen soluciones a algunos de los principales desafíos del siglo XXI, en lo que se refiere a sustentabilidad. Todo esto demuestra que, muchas veces, lo único que tienen que hacer los países en desarrollo para encontrar soluciones a los desafíos de desarrollo que enfrentan en esta era de globalización, es recurrir a sus vecinos.

     Para continuar, permítanme aprovechar esta oportunidad para poner como ejemplo dos iniciativas que nosotros respaldamos, que en mi opinión pueden ofrecer algunas lecciones de utilidad a fines de organizar de mejor manera la futura cooperación Sur-Sur.

     La primera es el desarrollo de la iniciativa "nuevo arroz para África", conocida como NERICA, en la que se combinaron capacidades de desarrollo e investigación científica del Sur con el fin de desarrollar y producir distintas variedades de arroz de mayor rendimiento en tierras altas. Además de tener alto rendimiento, las variedades desarrolladas en el programa NERICA maduran con una antelación de 30 a 50 días, son substancialmente más ricas en proteínas y mucho más resistentes a las plagas, las sequías, las pestes y la maleza. Esta iniciativa estuvo dirigida por la Asociación para el Desarrollo del Arroz en África Occidental (WARDA) y contó con la participación de 17 instituciones nacionales de África Occidental. Aprovechó lo más granado de los conocimientos y las experiencias de instituciones similares en China, Colombia, Nigeria y las Filipinas, y el apoyo financiero provino principalmente de Japón y el PNUD. El resultado fue sorprendente: las cosechas de arroz aumentaron entre 50 y 200 por ciento. Se estima que para el año 2006 se plantarán unas 200.000 hectáreas de arroz de NERICA en África Occidental, donde se producirían más de 750.000 toneladas de arroz. Esto significa, según los estimados de WARDA, que África Occidental podría ahorrarse casi 100 millones de dólares en importaciones de arroz en el año 2006 solamente.

     El segundo ejemplo es la iniciativa para el establecimiento del Foro Empresarial África-Asia (AABF), diseñada con el propósito de promover la formación de vínculos más estrechos entre empresas, las inversiones Sur-Sur, la transferencia de tecnología y el comercio entre África y Asia. En el primer foro, celebrado en Malasia en 1999, se firmaron nada menos que ventisiete memorandos de entendimiento por un valor total de más de 20 millones de dólares y se prevé que habrá transacciones adicionales, ya que se han venido ejecutando nuevos memorandos después del foro. El segundo se realizó en Durban, Suráfrica, en julio de 2001, y contó con la asistencia de casi doscientos ejecutivos en jefe del sector privado de dieciseis países de África y seis de Asia. Se firmó un total de ciento cuatro memorandos de entendimiento, ventidos de los cuales fueron acuerdos intra-africanos. De éstos, venticuatro fueron ejecutados en el mismo foro por un monto de 120 millones de dólares. Estas iniciativas no sólo han generado acuerdos concretos entre empresas y para la realización de inversiones, entre los países y las empresas participantes, sino que también nos han ayudado a desarrollar un mecanismo efectivo para fortalecer la colaboración entre los sectores público y privado para la creación de nuevas oportunidades de empleos que contribuirán a aliviar la pobreza. Estos foros, que han generado enorme interés en otras regiones, pueden abrir nuevas posibilidades de cooperación, tanto horizontal como vertical, que involucren al sector privado.

     Lo que hemos aprendido de estas experiencias es evidente: que cuando una iniciativa para el desarrollo atiende las necesidades y prioridades propias del Sur, en lugar de las "necesidades y prioridades" prescritas por otros, se garantiza la propiedad y el compromiso de los países del Sur. Y cuando esto sucede, cuando esa iniciativa se arraiga en un centro de excelencia bien establecido, apoyado por sus instituciones hermanas y los centros de excelencia del Sur, se asegura la generación de asociaciones genuinas y se producen resultados e impactos que son duraderos, es decir, lo que nuestros socios del Norte llaman sustentabilidad.

     Necesitamos disponer de más modelos como éstos. Modelos que busquen soluciones de desarrollo provenientes de políticas y prácticas de efectividad demostrada en el Sur. Modelos que hagan que los países en desarrollo verdaderamente tomen las riendas de su propio destino. Modelos que otorguen mayor importancia al creciente grupo de expertos en varias disciplinas y oficios que existen en el Sur. Modelos que faciliten el intercambio sostenido Sur-Sur de ideas, experiencias, conocimientos, adelantos técnicos y habilidades en una amplia gama de sectores entre los países en desarrollo y entre el sector privado y el sector público, al igual que las ONG. Modelos que ayuden a los países en desarrollo a convertirse en socios y beneficiarios igualitarios, en lugar de víctimas, de la globalización. Pero a fin de hacer todo esto, debemos trabajar conjuntamente. Debemos dar poder a las instituciones regionales e inter-regionales que han sido establecidas por y para el Sur, como el SELA, la ALADI, la OEA y la OPS, así como a las organizaciones inter-gubernamentales, como el Grupo de los 77, el Grupo de los 24 y el PNUD. Necesitamos instituciones más fuertes en el Sur y los pueblos del Sur merecen instituciones más fuertes que puedan ayudarlos a ayudarse a sí mismos.

     Como órgano supervisor y coordinador de la cooperación Sur-Sur dentro del sistema de las Naciones Unidas, la Unidad Especial de las Naciones Unidas para CTPD está plenamente comprometida a trabajar con ustedes y con la comunidad internacional en general para ampliar los puentes de cooperación Sur-Sur a través y más allá de esta región en el siglo XXI. Bajo el nuevo liderazgo de la Señora Safiatou Ba-N'Daw, la Unidad está atravesando por una reorientación estratégica a fin de cobrar mayor relevancia y hacerse más efectiva en su labor de ayudar al Sur a lograr las Metas de Desarrollo del Milenio. Estamos dispuestos a proporcionarles a ustedes y al resto del Sur lo siguiente:

  1. un foro para el diálogo sobre las políticas Sur-Sur y para buscar consenso a través del diálogo inter-gubernamental;

  2. un portal de información Sur-Sur basado en Internet, conocido como Web de Información para el Desarrollo (WIDE, por sus siglas en inglés), a través del cual los países del Sur pueden informar y difundir sus mejores prácticas; y

  3. una plataforma intelectual para que el Sur exprese sus preocupaciones y perspectivas comunes sobre los principales temas globales.

      A medida que avanzamos, y a medida que la globalización cambia con tanta rapidez la dinámica de las relaciones internacionales, política y económicamente, al igual que social y culturalmente, no sólo se requerirán nuevas formas y nuevos modelos de cooperación Sur-Sur, sino que inexorablemente irán surgiendo. El Sur no sólo debe convertirse en un actor importante de la cooperación internacional para el desarrollo, también debe compartir los dividendos de dicha cooperación y los de la globalización.
Antes de concluir quisiera compartir con el público lo que yo denomino "los diez atributos" de la cooperación Sur-Sur, que son los siguientes:

1)  similitud en cuanto a los desafíos de desarrollo que enfrentan los países a nivel local y global;

2)  aspiraciones y experiencias comunes en cuanto a la construcción y el desarrollo de la nación;

3)  semejanzas históricas y vínculos culturales;

4)  proximidad geográfica;

5)  ventajas demográficas;

6)  marcos de cooperación e instituciones regionales e inter-regionales ya establecidos;

7)  disponibilidad de capacidades de desarrollo relevantes;

8)  respeto a la soberanía y al beneficio mutuo;

9)  filosofía de "ayudar al vecino" en contraposición con la mentalidad de "dar ayuda por caridad"; y

10) mayoría en número dentro de cualquier foro global.
     Independientemente del cambiante entorno internacional, estos atributos continuarán representando no sólo la razón, sino también la base para que la cooperación Sur-Sur crezca. El mantenimiento del liderazgo y el compromiso por parte de ustedes hacia este tipo de cooperación hará que nuestra labor, como la agencia de las Naciones Unidas a cargo de la cooperación Sur-Sur, sea más significativa y tenga un propósito más preciso.

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