Titulo

Los nuevos paradigmas de la Cooperación Internacional
Edición  Nº 64

Enero - Abril  2002
                                                                                                                                      Indice

Tendencias y perspectivas de la CTPD

Marco Meira Naslausky
Director Ejecutivo de la Agencia Brasileña de Cooperación.

La siguiente ponencia fue presentada en la XV Reunión de Directores de Cooperación Internacional de América Latina y el Caribe realizada entre el 11 y 13 de marzo de 2002 en Montevideo, Uruguay, organizada por la Secretaría Permanente del SELA y el Gobierno de Uruguay.

     En los últimos tiempos, bien sea en mi trabajo de seguimiento diario de temas relacionados con la Cooperación Técnica entre Países en Desarrollo (CTPD) o en mis misiones al exterior para supervisar y hacer el seguimiento de proyectos o negociar acuerdos de cooperación, he podido comprobar el impacto positivo de tal actividad en las poblaciones, de su capacidad de cambiar y elevar los niveles de vida, modificar realidades y promover el desarrollo sustentable, siempre inspirado por el espíritu de solidaridad internacional, lo que confiere un componente humano significativo a mis funciones.

     El sistema tradicional de cooperación internacional que orientó las relaciones Norte-Sur en la última mitad del siglo XX agotó la mayor parte de sus paradigmas y debido, en gran medida, a su rigidez filosófica, ideológica e incluso operativa, dicho sistema no supo actualizarse para atender las nuevas realidades nacionales, regionales y globales.

     Si bien es cierto que, por una parte, la pérdida progresiva de contenido del modelo anterior, que se refleja en forma notoria en la disminución de los recursos asignados por los donantes tradicionales, no coincidió con el surgimiento de otro modelo, por otra, este hecho ha dado lugar a un debate estimulante sobre el futuro de la cooperación internacional. De hecho, hoy observamos un conflicto entre aquellos que defienden el sistema antiguo, paternalista y asistencialista para implantar la cooperación internacional, y aquellos que se atreven a proponer formas innovadoras y, sobre todo, más eficientes y eficaces para alcanzar los objetivos más nobles de la cooperación.

     Independientemente de la motivación innovadora que dio lugar a la creación de mecanismos específicos para la promoción de la Cooperación Técnica Internacional (CTI), tanto en el ámbito bilateral como multilateral, por cerca de tres décadas, esa actividad no dejó de reflejar las realidades políticas y económicas del sistema internacional. Por una parte, se promovió el concepto de asistencia técnica para la superación del subdesarrollo a partir de un punto de vista fundamentalmente económico/productivo. Paralelamente, los programas y proyectos se estructuraban a partir de una estricta relación Norte/Sur (o "país desarrollado con país en desarrollo", "país con recursos financieros y humanos con país sin recursos financieros y humanos").

     A partir de los años ochenta el escenario internacional comenzó a cambiar considerablemente. El crecimiento económico de los países en desarrollo y el fortalecimiento de sus capacidades internas en ese período -avances que contaron en diversos momentos con la CTI como herramienta esencial- tuvieron un profundo impacto en la cooperación técnica con la revisión de su conceptualización y de los mecanismos de aplicación de los proyectos. Se diseñaron e implantaron nuevos enfoques con miras a perfeccionar la cooperación, así como también conquistaron su espacio nuevas modalidades, como fue el caso de la cooperación Sur-Sur.

     En el escenario internacional actual, ya no se pueden aplicar los criterios tradicionales para definir la naturaleza y los objetivos de la CTI. Cobra gran relevancia una reflexión sobre ese tema, pues existen implicaciones no sólo operativas, sino también políticas. Para guiar esa reflexión, cabe observar el contexto internacional actual que se presenta de la manera siguiente:

-    Diferentes países en desarrollo cuentan hoy con economías diversificadas y una gran capacidad de producción de bienes y servicios;
-    Muchos países en desarrollo poseen hoy recursos humanos formados en instituciones de alto nivel técnico;
-    Los programas de cooperación técnica no se limitan más a la transferencia de conocimientos/tecnología, sino que se trazan horizontes más amplios en los que la búsqueda de los impactos sobre el desarrollo pasó de objetivo a largo plazo a meta inmediata;
-    Los proyectos cumplen cada vez más el papel de movilizadores/articuladores del gobierno, la sociedad civil (inclusive las ONG) y el sector productivo;
-    En el ámbito de los países en desarrollo existe una preocupación creciente en relación con la racionalización de sus administraciones y la optimización de los recursos públicos, tendencia que favorece la CTI por tratarse ésta de una inversión excelente para quien busca un rendimiento apreciable;
-    Se observa un fuerte proceso de descentralización de la acción estatal, en concomitancia con el perfeccionamiento de los medios de comunicación, con repercusiones inmediatas sobre la planificación y gestión de los proyectos de cooperación técnica;
-    Se nota un consenso creciente a nivel nacional e internacional respecto de la necesidad de buscar mayores sinergias entre las diferentes vertientes de la cooperación internacional para el desarrollo, históricamente ausentes por una serie de circunstancias.

     Por consiguiente, pienso que en el siglo XXI la cooperación horizontal deberá crecer y transformarse en uno de los principales puntos de la agenda diplomática bilateral de los países en desarrollo, tendencia ésta que ya comenzó a ser percibida más claramente en los últimos años de la década de los noventa. Las potencialidades que ofrece la cooperación Sur-Sur para que sean más estrechas las relaciones internacionales entre países en desarrollo, prácticamente en todas las áreas del conocimiento, han sido objeto de gran atención por parte de los gobiernos de los países mencionados. Prueba de ello es el surgimiento, en los últimos años, de diversos órganos específicamente concebidos para coordinar y promover esa promisoria vertiente de cooperación. El trabajo realizado por esas instituciones que actúan en el campo de la promoción de la cooperación entre países en desarrollo ha superado las expectativas iniciales y ello obedece hoy, en gran medida, a los programas mantenidos entre los referidos países, los cuales, sin sustituir la cooperación vertical, sino complementándola, redimensionaron y enriquecieron la CTI.

     Teniendo presente tal contexto, entiendo que los siguientes pasos serán los que probablemente tendrán que darse para que evolucione la CTI en siglo XXI:

1. Nueva conceptualización y redimensionamiento de la CTI

     En la identificación de las estrategias más coherentes para alcanzar los objetivos propuestos en los programas y proyectos de cooperación técnica, se observa una clara evolución de los enfoques tradicionales, basados muchas veces en la ejecución de acciones localizadas y unisectoriales, hacia una tendencia de acción cada vez más marcada que apunta a la superación de los problemas y necesidades de los países en desarrollo a partir de un enfoque multisectorial. Ese escenario se visualiza mejor cuando tenemos en mente temas como la erradicación de la pobreza y el desarrollo sustentable.

     En ese sentido, se ha difundido cada vez más la convicción de que el impacto y la sustentabilidad de muchos programas y proyectos dependen de una planificación e instrumentación con bases multitemáticas (producción, educación, servicios, medio ambiente, etc.) y pluri-institucionales (gobierno central, gobierno local, sector productivo, organizaciones no gubernamentales, universidades, etc.). A continuación, cito algunos ejemplos prácticos de esa situación: a) la vinculación entre proyectos en el área productiva e inversiones en el campo de la educación; b) la aplicación de programas en el área social y la preparación de metodologías y tecnologías de monitoreo y evaluación de programas públicos; c) la desmovilización de los combatientes en zonas de conflicto y los programas de reconversión y profesionalización.

     Esa intersectorialidad en la forma de abordar los temas del desarrollo socioeconómico debe reflejarse en la CTI, de manera que ésta ya no se limite más a la prestación de consultorías puntuales, la realización de cursos de adiestramiento en pequeña escala y la compra de equipos innecesariamente sofisticados, quedando abierta a la búsqueda e identificación de insumos locales y a la contratación externa de determinados componentes, siempre bajo la estricta coordinación de las instituciones ejecutoras nacionales y la supervisión general de los gobiernos.

     La CTI debe estar preparada, por ende, para la ampliación del alcance de su conceptualización y operatividad, de manera tal que se cree el estímulo necesario para que los mecanismos actuales y las metodologías vigentes tomen la iniciativa de adecuarse a un contexto de mayor complejidad observado en los programas de cooperación internacional. Esa nueva manera de abordar la actividad de cooperación técnica da margen para que surjan proyectos de mayor envergadura, movilizándose diferentes tipos de insumos y contribuciones dentro y fuera del país. La vía antes descrita puede, a su vez, convivir perfectamente con el mantenimiento de algunos de los patrones tradicionales que han pautado esa actividad hasta hoy. Con ese espíritu, la propuesta de reconceptualización de la CTI podría tomar como referencia la Agenda para el Desarrollo, aprobada recientemente en el seno de las Naciones Unidas.

2. Eficacia, Eficiencia y Transparencia


     La segunda mitad de este siglo presenció las fases de implantación y consolidación de la CTI como instrumento de apoyo al desarrollo. Se hicieron inversiones en el ámbito de los países desarrollados y en los países en desarrollo en términos de la creación de instituciones especializadas en CTI y el desarrollo de mecanismos operativos, gerenciales y de financiamiento, además de otras iniciativas en el campo de la planificación, la coordinación, la ejecución y el seguimiento de programas y proyectos. Ese trabajo todavía no ha terminado ni se ha consolidado en muchos países, lo que tiende a ocurrir como resultado, incluso, de los vientos de globalización que soplan.

     Para el siglo XXI se prevé, sobre todo para los países en desarrollo, un salto hacia adelante en el campo de la gestión de la CTI, centrado en dos vectores:
a)  Control de Calidad, aplicado a los programas y proyectos, superando la preocupación básica por el rendimiento físico-financiero (delivery) y tratando de dar prioridad a la generación efectiva de resultados cualitativos, sustentables y transformadores de la realidad socioeconómica;
b)  Desarrollo de una política de acceso y difusión de informaciones sobre la ejecución y generación de resultados por parte de los proyectos, democratizando y confiriendo mayor legitimidad a esa actividad.

3. Descentralización

     Uno de los efectos de la evolución del proceso de democratización de los países en desarrollo fue una mayor interacción entre el gobierno y la sociedad civil en la formulación y aplicación de políticas, planes y programas de interés nacional, con inclusión del sector productivo. En ese sentido, se prevé el aumento de la participación de agentes no públicos en la ejecución de proyectos de cooperación técnica (las ONG y el sector productivo). Corresponderá a los gobiernos la delicada tarea de conservar su papel de coordinador de los programas de cooperación, sin perjudicar la agilidad del proceso.

     Otro factor de descentralización de la CTI se refiere a la proliferación de redes de información en diferentes sectores de actividades. En muchos casos, la cooperación o el intercambio técnico se darán directamente entre las instituciones asociadas a las redes de contacto automatizadas.

     En ese escenario, el papel de las instituciones gubernamentales responsables de la CTI será el de actuar como articuladoras, orientadoras y supervisoras de esos contactos a los efectos de preservar el equilibrio entre las partes, asegurarse un mínimo control de los proyectos y actividades realizados y llevar un registro de las operaciones efectuadas, dado que se trata de información valiosa y de gran interés para la sociedad y el sector productivo.

4. Especialización

     Los puntos focales de la CTI probablemente evolucionarán para asumir un perfil de asesoría técnica altamente calificada, destacándose las funciones de normalización, regulación, orientación, control, monitoreo y difusión de informaciones, situándose en segundo plano el papel burocrático de representación gubernamental.

5. Cooperación Sur-Sur

     La cooperación horizontal deberá crecer y llegar a ser uno de los principales puntos de la agenda diplomática bilateral de los países en desarrollo, superándose así la fase vivida hasta mediados de la década de los noventa. Las potencialidades que ofrece la cooperación Sur-Sur para el fortalecimiento de las relaciones internacionales existentes entre los países en desarrollo, prácticamente en todas las áreas del conocimiento, ha sido objeto de una atención cada vez mayor por parte de los gobiernos de tales países.
     Por lo tanto, es de esperar que otros agentes de cooperación internacional, como los organismos internacionales y las agencias de los países desarrollados, permanezcan más atentos al potencial subutilizado de la cooperación Sur-Sur y estén dispuestos a articular sus programas y estimular esa importante vertiente de cooperación para profundizar una creciente cooperación trilateral.

     Retomando mi razonamiento sobre el actual contexto internacional de la cooperación técnica, recuerdo que las grandes iniciativas de promoción de cooperación técnica internacional se lanzaron a partir de 1945. A finales de la Segunda Guerra Mundial había un gran consenso entre las naciones a favor de la preservación de la paz y la estabilidad del sistema internacional. El incremento de las relaciones internacionales bajo estas nuevas premisas hizo emerger, en forma previsible, temas como la promoción de la cooperación y la solidaridad entre las naciones.

     Los cambios profundos ocurridos en el escenario internacional en el pasado más reciente, la globalización de las actividades económicas, financieras y comerciales y el nuevo papel del Estado en la promoción del desarrollo, alteraron la dinámica de la cooperación internacional a partir de la década de los noventa e indujeron a la revisión de sus líneas de actuación. En especial, diferentes países en desarrollo pasaron a ocupar una posición de preeminencia con respecto a la capacidad de transferir conocimientos y experiencias, e incluso nuevas técnicas productivas, así como también en la ampliación creativa de tecnologías responsables del aumento de la productividad y competitividad de sus economías.

     Así, teniendo presente la experiencia reciente, en los últimos años los países en desarrollo caminaron juntos compartiendo la percepción de que es necesario cambiar de conceptos, estrategias y procedimientos de cooperación. Hoy se nos revela un cuadro especialmente prometedor para el desarrollo de relaciones de cooperación bilateral con el más alto nivel de coherencia, relevancia e impacto. Es más, una de las características inherentes de la cooperación técnica internacional ha sido su continuo proceso de evolución. Nada más natural, por ende, que continuemos presenciando nuevos acontecimientos en esa materia, siendo nuestra tarea la de adaptar nuestros esfuerzos de planificación y gestión a esas nuevas realidades.

     En ese mismo contexto, Brasil pasó a ser un país al que se le solicitaba cada vez más transferir su experiencia en áreas específicas, áreas en las que instituciones nacionales de excelencia demuestran haber tenido un éxito reconocido. Para hacer frente a ello, en los últimos años el Gobierno brasileño amplió considerablemente las acciones de cooperación técnica con los países en desarrollo, sobre todo con los países de América del Sur, América Central y el Caribe y con países africanos cuya lengua oficial es el portugués. Más recientemente, a raíz de una solicitud de sus nuevos líderes en el sentido de que contribuyera a la construcción de una nación libre y autónoma en Timor Oriental, Brasil también asumió el firme compromiso de contribuir con la transferencia de conocimientos que efectivamente apoyen la conquista de la tan ansiada autonomía de ese territorio que asumirá su propio destino el 20 de mayo próximo.

     No obstante el hecho de que Brasil no es todavía un donante de fondos líquidos en el ámbito de la cooperación técnica internacional y de la ayuda oficial para el desarrollo (AOD), poseemos un importante acervo de conocimientos técnicos y soluciones que pueden aplicarse de inmediato en países con problemas similares a los nuestros, principalmente en los sectores de educación básica, formación profesional, desarrollo industrial, agricultura, salud y administración pública, entre otros. Las solicitudes de nuestros socios se referían, en gran medida, a la transferencia de conocimientos, metodologías, técnicas y experiencias que tuvieron éxito en Brasil y que también se aplican a su propia realidad. En muchos casos, como en la lucha contra flagelos, sobre todo contra el VIH/SIDA y el analfabetismo, se trata de utilizar formas de trabajo ya probadas e introducir adaptaciones en función de las peculiaridades del país receptor.

     La principal estrategia de cooperación técnica prestada por Brasil, que no es asistencialista, no tiene fines de lucro y no está ligada (untied-aid), está centrada en el fortalecimiento institucional de nuestros socios, condición que es fundamental para una rápida y efectiva transferencia y absorción de los conocimientos. La cooperación horizontal brasileña abarca iniciativas bilaterales y multilaterales, como la ejecución de proyectos y actividades conjuntas con casi todos los organismos internacionales y con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), principalmente. Incluso en ese ámbito, se han dado acciones específicas de cooperación en el contexto de los grupos regionales en los que participa Brasil -MERCOSUR y CPLP-, así como también en la línea de foros internacionales como la Conferencia Iberoamericana y la Cumbre de las Américas.

     Actuando en el área de la cooperación técnica, la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC) vio cómo sus actividades sufrieron el impacto de los ya aludidos cambios ocurridos en los últimos años, y más especialmente en la "graduación" del país en el escenario internacional y la ampliación de la cooperación técnica entre países en desarrollo. Para hacer frente a esas situaciones, que se refieren no sólo a Brasil, sino también a buena parte de los países en desarrollo, se hace cada vez más necesario contar con modalidades nuevas y creativas de cooperación, capaces de suplir carencias, complementar esfuerzos y propiciar sinergias. Entre tales innovaciones se destaca la triangulación, forma en la que se viene reforzando la cooperación Sur-Sur, principalmente en sectores y países que solicitan una cooperación cuya magnitud va más allá de las posibilidades de los países que prestan CTPD.

     Las asociaciones entre instituciones del Norte y del Sur en países en desarrollo fueron fundamentales para los programas de investigación que condujeron a la producción de nuevas variedades de arroz en el oeste de África, por ejemplo, por medio de la colaboración entre científicos africanos, asiáticos, europeos y norteamericanos bajo los auspicios de la Asociación para el Desarrollo del Arroz en el Oeste de África (West African Rice Development Association). Alentar y ampliar esa tendencia de cooperación Norte-Sur tiene el potencial de fortalecer la cooperación multilateral para el desarrollo, tal como fue altamente recomendado por la Asamblea del Milenio (Millenium Assembly). Por ahora, han de hacerse esfuerzos en el sentido de garantizar que la gestión de los programas permanezca bajo la responsabilidad de los expertos y de las instituciones del Sur haciendo énfasis en la preservación de lo singular de la CTPD.

     En la actualidad, la ABC enfrenta el desafío de atender las demandas crecientes de cooperación provenientes de los países en desarrollo, en un marco presupuestario de grandes restricciones. Brasil ha actuado intensamente en países africanos lusohablantes, en Timor Oriental y en países suramericanos. Al asumir la dirección de la ABC, me propuse lograr un mejor equilibrio de la distribución geográfica de la CTPD a los efectos de atender cada vez más a los países latinoamericanos y caribeños. Hemos tratado de actuar en perfecta sinergia con entidades e instituciones brasileñas de excelencia las cuales desarrollaron, a lo largo de las últimas décadas, conocimientos, tecnologías y metodologías susceptibles de ser transferidos a países en desarrollo. No siendo aún donante de fondos líquidos, Brasil ha prestado una intensa cooperación bajo la modalidad de horas técnicas, envío de técnicos y consultores, formación de formadores, consultorías, promoción de cursos para la elaboración, el análisis y la instrumentación de proyectos de cooperación técnica y pequeñas donaciones de equipos exclusivamente en el ámbito de los proyectos.

     He procurado insistir en la importancia de que la cooperación prestada se materialice esencialmente a través de proyectos y no de acciones puntuales. Esa orientación ha hecho posible que la cooperación tenga mayor consistencia, dado que permite el seguimiento continuo de la ejecución de los proyectos y su sustentabilidad, además de tener un mayor impacto, por sus resultados más amplios y susceptibles de ser evaluados. Consciente de que la cooperación técnica constituye un instrumento de política exterior tan importante y positivo y un medio eficaz para la promoción de la solidaridad entre países, la misma necesita incorporar elementos que permitan alcanzar resultados a corto, mediano y largo plazos, lo que impone potencializar las acciones y perfeccionarlas de manera constante.

     No obstante el progreso y los avances antes mencionados, todavía pueden observarse en la actualidad algunos obstáculos contra la expansión de la CTPD, tales como la ausencia de políticas nacionales bien delineadas para la CTPD y la falta de estructuras de apoyo institucional en algunos países en desarrollo y especialmente en los países de menor desarrollo, los países mediterráneos y los países con economías en transición; la carencia de documentación sobre las actividades de CTPD, e incluso de registros financieros; la ausencia de un sistema de control de estas actividades; la inexistencia de un enfoque innovador y de productos de CTPD que sean atractivos para los donantes de cooperación triangular; y la insuficiencia de redes de conocimiento.

     Sin embargo, tengo la certeza de que esos aspectos que restringen el crecimiento de la CTPD podrán ser contrarrestados si hay voluntad política en los países en desarrollo y de que, una vez superados los mismos, los gobiernos y sus agentes de cooperación internacional estarán en capacidad de dedicarse a la consolidación de los nuevos paradigmas de cooperación para el siglo XXI. Soy muy optimista en cuanto a las perspectivas de cooperación técnica entre países en desarrollo, gracias a que la misma representa uno de los caminos más seguros para lograr el desarrollo económico sustentable, la elevación del nivel y de la calidad de vida de las poblaciones, más justicia social y mayor respeto al medio ambiente.

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