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Titulo |
Seminario:
Perspectivas Económicas
y Agenda de América Latina y el Caribe
GRULAC/SELA/CAF
Caracas, 12 de septiembre de 2002 |
Intervención del
Representante del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) en Venezuela, Román Mayorga.
1. Carácter de la intervención
Siendo el BID un organismo intergubernamental de 46 países, las posiciones oficiales del
Banco emanan de sus órganos de gobierno y de su presidente, quien dirige y representa
legalmente a la institución. Esta presentación, sobre las perspectivas económicas y
sociales de nuestra región, solamente es conocida hasta este momento por quien expone, y
expresa una opinión personal que no compromete a la entidad en que trabajo.
2. Perspectivas económicas de corto plazo
Casi todos los expertos en cálculos y predicciones de las variables económicas coinciden
en afirmar que, en este año, el desempeño de las economías de la región será bastante
mediocre o francamente malo. Las estimaciones varían desde una contracción del Producto
Nacional Bruto (PNB) de Argentina en torno al 15% (por comparación al año anterior),
hasta un crecimiento positivo de alrededor del 4% para Ecuador.
De las cuatro mayores economías de ALC, dos crecerán muy poco: México en alrededor del
2% y Brasil aún menos. Los otros dos países, Argentina y Venezuela, tendrán reducciones
absolutas del PNB, aunque el primero en una proporción mucho mayor que el segundo. Esto
hará que, tomando en cuenta el aumento de la población, seguramente disminuya el
producto per-cápita de toda la región.
No he visto predicciones precisas para el siguiente año (2003) y las perspectivas me
parecen, por ahora, muy inciertas. Las economías de la región son grandemente influidas
por factores externos y estos no están en su mejor momento. Por ejemplo, los flujos
internacionales de capital, que complementan los insuficientes ahorros internos, dependen
del acceso a mercados que están prácticamente cerrados para muchos países o les
resultan, ahora, sumamente caros. La demanda de los productos que exportamos es
generalmente débil, debido a los problemas por los que atraviesan los países
desarrollados y a la continuación de políticas proteccionistas para productos en los que
ALC tendría ventajas competitivas, como los agrícolas y textiles.
Los fenómenos de contagio intrarregional, como es evidente en el caso de Uruguay respecto
a la Argentina, y las turbulencias políticas de diversos países, no ayudan a iluminar un
cuadro más bien sombrío de perspectivas económicas de la región en el futuro
inmediato. Sin embargo, la situación internacional es volátil y el comportamiento
económico real depende de tantos factores ahora impredecibles, que tampoco me parece
razonable afirmar que el próximo año será tan malo como éste. Es enteramente posible
que mejoren algunos factores importantes, como el crecimiento de las economías
desarrolladas y la consiguiente demanda de los productos de exportación de nuestros
países, u otros que son propios de la región.
3. Preocupaciones de mediano y largo plazo
Con relación al mediano y largo plazo, abundan los estudios que muestran preocupación
por dos aspectos centrales del desarrollo de ALC: el crecimiento económico es demasiado
lento y sus beneficios se reparten de manera agudamente desigual entre los distintos
estratos de la población. Dicho de otra forma, no hemos encontrado aún la manera de
lograr un crecimiento con equidad, que sostenidamente disminuya la pobreza y aumente la
satisfacción de necesidades de todo tipo y de todas las personas.
Durante la década de los años 80, prácticamente no hubo crecimiento económico en ALC y
en los 90 el crecimiento regional fue ligeramente superior al 3%; es decir, poco más de
la mitad de la tasa con que creció la región en los treinta años anteriores a 1980.
Más aún, la mayor parte del crecimiento en la década de los 90 ocurrió en la primera
parte de la misma, volviendo después a una situación de virtual estancamiento o
reducción del producto per-cápita en la mayor parte de los países. No quiero decir, por
supuesto, que no se hizo nada bueno en los últimos veinte años pero, con este tipo de
crecimiento económico y partiendo de niveles muy bajos de ingreso, no hay manera de
lograr el desarrollo integral de ningún país.
Adicionalmente, en nuestra región, que es la más desigual del planeta, los coeficientes
de Gini (los indicadores comúnmente empleados para medir la desigualdad en la
distribución del ingreso nacional entre los diferentes estratos de la población) no han
mejorado o han venido empeorándose en los últimos veinte años.
Hay cierto grado de controversia acerca de la forma de medir el grado de pobreza que
existe en una sociedad y se han elaborado diversas estimaciones en ALC, generalmente
expresadas en proporciones de la población con ingresos superiores e inferiores a
determinado nivel. Al considerar dichas estimaciones debe notarse que, en países con
crecimiento demográfico mayor a cero, no es nada satisfactorio que se mantenga constante,
o que disminuya un poco, la proporción de gente que se encuentra bajo la línea de
pobreza. Una proporción constante de una población en crecimiento significa una cifra
cada vez mayor. Lo que en efecto ha ocurrido en nuestra región es que ha crecido mucho el
número absoluto de pobres, pasando de poco más de 100 millones de personas en 1980,
según algunos, a 200 millones en el año 2000. Se puede cuestionar la exactitud de
cualquier cálculo, pero no el hecho de que la región ha venido comportándose como una
gran máquina de producir pobres.
El crecimiento lento y la desigual distribución han conducido a un creciente descontento
de la mayor parte de la población, que legítimamente reclama condiciones dignas de vida.
La ausencia de soluciones eficaces a estos grandes problemas se relaciona, obviamente, con
cuestionamientos de los sistemas políticos y las turbulencias a que antes hice
referencia, generando problemas de gobernabilidad con complejas interrelaciones circulares
de causa y efecto entre variables económicas, sociales y políticas.
4. ¿Qué hacer?
En los últimos veinte años, también han ocurrido en diversos países de nuestra región
desarrollos positivos, de los cuales, a mi entender, los más importantes han sido el paso
de regímenes de hecho a gobiernos electos, el mayor respeto que parece haber de los
derechos humanos, el fortalecimiento de algunas instituciones propias de la democracia y
la creciente participación de multitud de organizaciones de la sociedad civil en todos
los asuntos que afectan la vida de los pueblos. Es preciso conservar, perfeccionar y
consolidar estos logros, y basarse en ellos para enfrentar los desafíos del futuro.
El Presidente de nuestra institución, el Sr. Enrique Iglesias, ha sido un frecuente
abanderado de tres grandes propósitos de nuestra región: consolidar la democracia,
acelerar el crecimiento económico y lograr la justicia social. Desde hace algún tiempo
ha venido insistiendo en la relación entre ética y desarrollo, y ha lanzado un programa,
denominado "Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo",
para aumentar la reflexión y la discusión de esa relación. Justamente en la semana
pasada se realizó en Buenos Aires, con apoyo del gobierno noruego y de la Corporación
Andina de Fomento (CAF), una importante reunión sobre este tema. En el sitio del BID en
Internet se encuentran numerosos documentos y referencias a esta iniciativa y a otras
cuestiones relacionadas con la equidad.
Me parece que la insistencia en la ética revela el juicio de que las deficiencias de
nuestro desarrollo no son sólo un problema pragmático que pueda resolverse con mayores
dosis de eficiencia, sino algo que, simplemente dicho, no está bien; algo profundo del
mundo de los valores y las conductas que debe ser corregido y que posiblemente se
sintetice en la falta de solidaridad. Es probable que los futuros teóricos del desarrollo
encuentren que la solidaridad humana, a través de sus efectos en el denominado
"capital social" tiene, además, bastante importancia pragmática para la
solución de numerosos problemas del subdesarrollo.
Aparte de esa consideración de índole más bien filosófica, creo que en nuestra región
hemos oscilado entre diferentes interpretaciones extremas y prescripciones simplistas de
lo que debe hacerse. Lo que requiere el desarrollo es justamente una particular sinergia
entre estado, mercado y sociedad civil, que simultáneamente fortalezca a los tres y
facilite el funcionamiento eficaz y eficiente de lo que es propio de cada uno.
No es posible desarrollar en esta ocasión el significado de la anterior afirmación, pero
pienso que las políticas y estrategias de nuestra institución, disponibles todas en
Internet, apuntan a fortalecer esa sinergia, sin pretender que conocemos fórmulas
mágicas ni mucho menos tratar de imponerlas a países soberanos a los que debemos apoyar
y servir.
Solamente para ilustrar un poco lo que quiero decir, permítaseme mencionar algunos
aspectos puntuales de dichas estrategias del BID, de los que tenemos numerosos ejemplos
aquí, en Venezuela.
La institución ha venido insistiendo en la gran importancia de aumentar y mejorar la
educación, así como las capacidades científicas y tecnológicas de nuestros países.
Sus operaciones en estos campos fueron pioneras hace cuarenta años y todo ello tiene aún
más interés en esta era de creciente tecnificación y globalización, en que el
conocimiento incorporado en personas y procesos productivos será el principal motor de la
productividad y la competitividad de todas las naciones.
Tenemos políticas, estrategias y muchas operaciones en los campos del desarrollo social y
la infraestructura económica, la pequeña y la mediana empresa, el microcrédito, la
conservación del ambiente, la participación de la mujer en el desarrollo, el trato
equitativo de los indígenas, el fortalecimiento de las entidades que elaboran políticas
públicas, las que cobran los impuestos y otras instituciones del estado, particularmente
las relacionadas con el funcionamiento de los sistemas financieros, los parlamentos y la
administración de la justicia.
Se ha establecido una institución dentro del Grupo BID, la Corporación Interamericana de
Inversiones, para atender las solicitudes de apoyo del sector privado para proyectos
productivos con impacto en el desarrollo, y sociedades de capital de riesgo. Administramos
un fondo, el FOMIN, orientado a incrementar la eficiencia de los mercados, incluyendo las
necesarias regulaciones públicas de su funcionamiento. Continuamente dialogamos con las
organizaciones de la sociedad civil, con el ánimo de apoyar su participación en la
solución de problemas y la satisfacción de necesidades sociales, como lo hicimos esta
semana en un seminario realizado en Caracas.
Recientemente, hemos tratado de compartir la experiencia del Banco en materia de
preparación, evaluación y ejecución de proyectos, tratando de fortalecer la cultura de
proyecto en nuestros países y las habilidades para trabajar con este importante
instrumento de transformación de realidades. Y no somos ajenos a preocupaciones más
globales, como la de colaborar en la construcción de una nueva arquitectura financiera
que reduzca la volatilidad de los flujos internacionales de capital, promover con
estudios, cooperación técnica y proyectos de infraestructura, la integración de la
región y los acuerdos subregionales, así como buscar condiciones equitativas para la
participación de nuestros países en esquemas más amplios de comercio internacional.
Estos son algunos ejemplos de lo que antes decía, la búsqueda de sinergias que combinen
y armonicen las acciones del estado, el mercado y la sociedad civil para lograr un
crecimiento económico sostenido, en sociedades democráticas estables, construidas sobre
valores de justicia y solidaridad. En la medida que este tipo de esfuerzos se generalicen,
las perspectivas de mediano y largo plazo de nuestra región serán mucho más brillantes
que lo que parecen en el corto plazo.
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