|
Titulo |
Seminario:
"Los Procesos de Integración Regional
¿Convergentes o Divergentes?"
GRULAC/SELA/CAF
Caracas, 17 de septiembre de 2002 |
Transcripcion texual de
la intervención del Dr. Sergio Abreu,
Ministro de Industria y Energía del Uruguay
Creo que el tema de la integración a veces no está mirado con la diversificación o la
diversidad del análisis con que se debería abordar. Yo le encuentro utilidad a estas
formas de expresarnos y de trabajar, como estos seminarios, porque quizás la integración
no tiene en cuenta una disciplina, la sicología, y a veces la psiquiatría, y creo que a
veces los integrantes o los miembros de un proceso de integración también necesitan
hacer sus terapias de grupo.
En estas terapias de grupo lo que debemos buscar o hacer es un análisis disciplinado,
sincero, descarnado, de cuáles son nuestras carencias y nuestros aspectos positivos.
Aquí ya se ha hablado muy bien y de forma muy gráfica de cómo funciona el proceso de
integración, como lo hizo el Secretario General de la ALADI, que conoce este tema en
profundidad y es un viejo luchador de la integración.
El Ministro Consejero de la Embajada de Brasil ha explicado cómo hemos atravesado el
MERCOSUR y sus realidades y sus diferentes experiencias. Hemos escuchado del representante
de la Comunidad Andina su visión, muy novedosa e importante, sobre la divergencia y la
convergencia mirado desde el punto de vista de la multilateralidad; y también sobre el
énfasis en la cooperación más que en la integración que le han dado los gobiernos de
sus países miembros a la Asociación de Estados del Caribe (AEC).
A mí, más que como ministro, me gustaría hablar como veterano de guerra, en mi
condición de ex presidente de la Ronda Uruguay del GATT, que me tocó el honor de
clausurar en la reunión de Marrakech. Es importante analizar este tema no con espíritu
de confrontación, sino con la idea de compartir con ustedes las diferentes experiencias
que tenemos en el ámbito del comercio internacional. Yo creo en la hermandad
latinoamericana, pero no creo en la tontería de los afectos; creo en la forma en que se
aproximan los estados para buscar intereses comunes; no creo en la filantropía ni creo en
la ingenuidad de las distintas estrategias.
Lord Palmerson dijo una vez que los países no tienen amigos permanentes, sino intereses
permanentes. Y en este ámbito yo creo que esos intereses permanentes debemos
administrarlos en un proceso de globalización que nos está enfrentando a la defensa de
nuestros intereses, porque la lógica de la globalización se opone a la lógica de la
exclusión.
En la globalización existen determinadas tendencias de los grandes países y las grandes
potencias que van marcando su estrategia y que no necesariamente fundamentan sus
decisiones es en la filantropía, sino precisamente en esquemas de poder en la que
nosotros, algunos países y en particular los países más pequeños tratamos de tener
algún rol y un libreto que no va a surgir exclusivamente de la dádiva o de las
negociaciones asimétricas, sino simplemente de nuestra capacidad de entendernos entre
nosotros para fortalecer nuestra capacidad negociadora. Con esta visión de
globalización, de la lógica de la globalización, es que a mí me gustaría abordar esta
experiencia que hemos tenido en todo el ámbito de negociación, tanto en el ámbito
multilateral como regional.
El tema de la multilateralidad y del ingreso de los países a la OMC es cada día de mayor
interés, particularmente con el ingreso de China. Está determinando que determinadas
reglas de juego que se van negociando e imponiendo en función de estrategias diferentes,
los servicios, la propiedad intelectual, las inversiones, el trato nacional, estén
contrapuestas con determinados reclamos y dificultades que se tienen en el ámbito del
acceso al mercado y los países, sobre todo los nuestros, que son países en vía de
desarrollo.
Pero esto parecería que podía ser una fotografía simple de estrategia de nuestras
distintas posibilidades y, sin embargo, por distintos motivos, se nos refleja la
estrategia de cada país como si fuéramos a veces, entre nosotros, expresiones de esa
relación de países grandes con chicos, es decir, nos aplicamos entre nosotros, los
países latinoamericanos, las mismas restricciones, las mismas limitaciones, el mismo
egoísmo que a veces se maneja en el ámbito de los países grandes, lo que nos
descalifica para poder trabajar en conjunto y nos debilita para poder enfrentarnos a los
más desarrollados.
Yo quisiera hacer notar acá que las divergencias a veces están mucho más en nuestra
propia fragilidad. El escapismo es una de las principales vías que utilizamos muchos
países para encontrar explicaciones a nuestras dificultades. Buscamos en la fuerza de los
demás el origen de nuestras debilidades, y a veces el origen de nuestras debilidades
está en nosotros mismos, en la falta de entendimiento para diseñar estrategias comunes.
El tema de la multilateralidad pasa al regionalismo y en el regionalismo tenemos que
diseñar distintos posicionamientos de los esquemas de integración que entregamos o al
que nos incorporamos. El ejemplo más claro es cómo manejan los países sus procesos de
integración o cómo van convergiendo su estrategia para ir solucionando sus problemas.
Ustedes saben que la globalización tiene sus efectos y obviamente en el ámbito
financiero con más fuerza. El comercio mundial hoy está regido el 75% de norte a norte.
Dos tercios del comercio mundial está en el sector manufacturero. Cualquier país puede
desaparecer del mapa desde el punto de vista financiero. Salvo cuatro monedas, hasta
ahora, que pueden ser el euro, el marco alemán, el dólar y el yen, las demás, por
cualquier motivo de especulación, se puede dar lugar a que cualquier país desaparezca
del mapa.
El ámbito multilateral, con las nuevas reglas del juego impuestas o
negociadas en forma fuerte por los países desarrollados con la fragilidad de los países
subdesarrollados, que a veces no encuentran estrategias comunes para defenderse, aumenta
nuestra fragilidad. De las 40.000 multinacionales que hay en el mundo, 270.000 filiales
funcionan en el ámbito del comercio internacional, lo que está determinando, obviamente,
que el comercio mundial crezca más que el producto mundial. Y todas estas situaciones son
las que tenemos nosotros que administrar en este ámbito de la integración y cada uno en
su realidad, y allí está el problema o uno de los temas que a mi me gustaría aportar.
La integración tiene dos aspectos. Primero, es una sociedad
competitiva. Los socios se reúnen para competir, primero, por sus propios mercados. De
manera que somos socios, vamos del brazo con el riesgo de que uno de nosotros pueda perder
su brazo. No es una sociedad acumulativa, es una sociedad competitiva. De manera que
tenemos que superar los intereses nacionales y los egoísmos sectoriales para poder hacer
prevalecer el interés y la estrategia de un proceso de integración que tiene que ir
mucho más allá, pero que es un enfoque puntual y fotográfico y una realidad puntual del
día.
Por otro lado, la geografía es madre de la historia, y nadie puede
sustraerse a eso. Lo digo yo como uruguayo, que vivimos rodeado de dos grandes hermanos
que, de tanto que nos quieren, cada vez que nos abrazan nos ponen al borde del paro
respiratorio. Y esto es porque la geografía lo determina y por la intensidad de los
afectos, y con esa convivencia de esta geografía es que los otros también, cada país,
van marcando su geografía, su realidad, agravado, entre otras cosas, por la globalidad y
la globalización.
Primero empieza el efecto tequila y afecta, como decía el Ministro Consejero de la
embajada de Brasil, al MERCOSUR. Después viene el efecto caipiriña, y afecta por
supuesto al MERCOSUR. Y después viene el efecto tango. Y nadie puede bailar un tango en
forma sincronizada si está alcoholizado. Entonces, esa mezcla de caipiriña, tequila y
tango determina que muchos países tengan esas dificultades, de que al final termine
siendo un gran desafío existencial, que el ser miembro de un país pequeño a veces no
sea una condición, sino que una profesión, y esa profesión se transforma en una manera
de desarrollar estrategias en la que lo primero que surge es la disconformidad de los
ciudadanos y los empresarios de un país pequeño con las propias divergencias que surgen
de las sociedades internas y de las cercanías geográficas.
El primer disconforme con el proceso de integración es el ciudadano que vive en un país
que empieza a quejarse de que sus socios no lo tratan de la misma forma o de la forma que
querría. Esto es muy importante en ésta terapia. Y lo planteamos no a los efectos de
alimentar confrontaciones ni discrepancias agudas, sino simplemente para empezar a
recorrer un camino que nos permita tomar en cuenta que los procesos de integración no son
sólo y exclusivamente para potenciar nuestra capacidad estratégica hacia terceros, sino,
en primer lugar, para rescatar la credibilidad hacia adentro, para que el empresario y el
gobernante sepan que el proceso de integración tiene que administrarlo con un interés
nacional, con un interés estratégico, y que a veces tienen que superarse las presiones
de los propios sectores de su propia economía que por sus lobbies y su fuerza hacen
prevalecer sus intereses, hipotecando en el mediano plazo la suerte de un país en el
proceso de integración. Esto no es un tema fácil. Más en nuestras economías, en
nuestras sociedades, donde las dificultades se plantean cada día con mayor fuerza y
donde, además, a esta altura de muchas circunstancias, las subsistencias parten del
desafío de otros países. Ya no es aquello de la prosperidad, es de la subsistencia, y la
subsistencia a veces se compromete más con el cumplimiento de los socios hermanos en las
dificultades que con el incumplimiento conocido de los grandes países que no son hermanos
en ninguna de las dificultades y menos en las prosperidades.
Cuando un país pequeño se equivoca en una negociación, se pone al borde de su crisis
existencial. Cuando un país grande se equivoca, siempre tiene el recurso del
incumplimiento. Esa es la diferencia que también nosotros tenemos que asumir como parte
de estas asimetrías. Yo diría que como reflejo de esta situación, nuestra primera
expresión en materia de integración es, primero, asumir nuestras asimetrías y luego
exorcizar nuestras hipocresías, porque las divergencias comienzan desde adentro aunque
desde afuera se impongan y creamos que son las más fuertes. Está en la naturaleza de los
hechos, es desde adentro donde nosotros empezamos a fragilizar nuestro proceso de
integración.
Y tanto es así, que nuestros esquemas y nuestras estrategias nos están creando
dificultades, porque como se dice muy bien, México y Brasil son los países con mayor
cercanía, por decir así, al desarrollo industrial. Pero México tiene el 90% de su
comercio exterior con los Estados Unidos. El 90% de su comercio es industrial. La apertura
de México llega a porcentajes mucho más grandes de lo que nosotros pensamos, y eso es
porque México se siente absolutamente latinoamericano-americanizado, simplemente porque
hay un dato de la geografía y de la economía que le dice que no tiene otra alternativa
que recorrer ese camino.
Brasil tiene otra expresión. Su sector industrial está muy desarrollado, llega al 50%,
obviamente, mucho menor que el mexicano, pero la estrategia que busca la desarrollar
dentro del ámbito de América Latina y sobre todo América del Sur y en el MERCOSUR. Pero
a los hermanos brasileños, y sepan que yo tengo especial debilidad con ellos por razones
afectivas, ¿Cómo le vamos a decir a un socio que defendamos una casa, que digamos que es
linda, que está bien pintada, si yo le destruí o tiré abajo la pared de su dormitorio?
Lo mismo le pasa a la Comunidad Andina, le pasa al MERCOSUR, lo que tenemos que saber es
que antes de pintar la casa tenemos que respetar el cuarto de cada uno y construir bien
esas paredes para que ninguno, en función del proyecto común, termine perdiendo su
privacidad.
Estos temas, que parecen hasta de sentido común o de simple reflexión, son los que de
alguna manera nos están llamando a nuestra responsabilidad, a nuestra estrategia, a
nuestro planteo respecto, por ejemplo, del ALCA. ¿Qué es lo que nosotros vemos desde el
MERCOSUR, desde esa visión pequeña de tres millones y medio de habitantes en la Cuenca
del Plata? Vemos que hay tres líneas de relacionamiento: una hacia Europa, otra hacia
América y otra hacia el Asia. Hacia América tiene dos vías, o tres vías. La última es
el ALCA propuesta por los Estados Unidos, pero en el medio está la Comunidad Andina,
plegada a nuestras negociaciones de frustraciones y de dobles discursos entre todos
nosotros. Aquí no hay responsabilidad para nadie, sino que debemos asumir todos que
nosotros, cuando hablamos de nuestras negociaciones, no decimos realmente lo que queremos
sino lo que nos parece que podemos ganar en una efímera y puntual negociación de
veinticuatro horas.
Lo segundo es ¿Cómo vamos a ir nosotros en cada una de nuestras realidades, a asumir
nuestras asimetrías? ¿Cómo es que yo puedo sentirme uruguayo, por decirlo de otro lado
para que no crean que es la cultura y la queja la que me anima, sentirme partícipe de
ambos, del Grupo Andino y del MERCOSUR, si a los productos básicos que tenemos les
ponemos licencia, límites de todo tipo. ¿Estas son las formas en cómo vamos a manejar
nuestras estrategias? Cuando vayamos a sentarnos con los Estados Unidos nos bajan,
obviamente, toda la línea de la OMC con todos los aspectos claros de su estrategia y
además nos dicen que si los requisitos de origen, que la propiedad intelectual va a estar
en este nivel, etcétera, y cuando nosotros vamos a responder no nos saludamos ni siquiera
entre los socios que sufrimos. ¿Cómo vamos a pretender imponer criterios a los que no
son socios, y que también los sufrimos, pero de otra manera?
Entonces, yo diría que lo que tenemos que hacer es un ejercicio de convergencia, primero
de convergencia política por encima de las puntualidades, y además de la metodología
del acercamiento. ¿Cuál es ejemplo más claro de las estrategias divergentes? El
Ministro Consejero de la Embajada de Brasil relataba cómo se fue formando el acuerdo
Brasil-Argentina, barco al que después se incorporaron Uruguay y Paraguay para no quedar
ahogados, entre otras cosas, por las olas que el trasatlántico hacía. Cuando nos
incorporamos como chinchorros dignos en el ámbito de este trasatlántico, era sobre la
base de acuerdos bilaterales, intra-sectoriales, la famosa metodología de lo que es el
comercio administrado o complementario, no al viejo estilo del Grupo Andino de acuerdos de
complementación, sino con una aproximación un poco más moderna.
Varió la estrategia y varió en función de un principio: el acceso al mercado. Se dijo:
señores dejemos de lado los acuerdos sectoriales y vayamos por el lado de una
negociación de carácter global en el que la preferencia arancelaria automática y lineal
vaya sustituyendo cualquier tipo de negociación de carácter puntual. Salvo el azúcar y
los automóviles, lo demás fue todo bajo la preferencia. Pero ¿qué nos pasó? Esta es
la gran respuesta que tenemos que dar nosotros antes de avanzar los temas. ¿Qué
integración queremos? ¿La zona de libre comercio o la unión aduanera? ¿Qué
integración tiene la Comunidad Andina? ¿La unión aduanera en la teoría o la unión
aduanera en la práctica? ¿Qué es lo que quiere el MERCOSUR: unión aduanera cosmetizada
o una zona de libre comercio avanzada? ¿Qué es lo que queremos con los procesos de
integración? ¿Qué proceso de integración puede funcionar si los tipos de cambio son
capaces de delegar al comercio todo lo que queremos entre nosotros, si en la primera
oportunidad de una devaluación se acaban todas las preferencias? Estos temas ¿Somos o no
capaces de abordarlo? Y si los abordamos ¿Qué tipo de compensación nos podemos dar
entre nosotros cuando afectamos el campo de juego o la forma en que nos relacionamos desde
el punto vista comercial?. Si a un país le dicen que pierde un tercio de su comercio por
una devaluación de un vecino, cualquiera sea, no se puede convencer al sector privado de
que la integración es la mejor respuesta, porque después, cuando lleguen las elecciones,
el que quiere ser candidato va a buscar el discurso coincidente con el que se queja, no le
va a decir que está equivocado porque no es presidente, ni senador, ni diputado.
Estos temas serían el aporte psicológico y psiquiátrico de la integración. Esto no es
la cultura de la queja ni el mundo del fatalismo. Simplemente se trata de una reflexión
sobre otros aspectos que hacen a la política exterior y a la estrategia.
Si en el campo del comercio no nos comportamos como corresponde, todos nosotros, el resto
de las asociaciones van a terminar siendo hipotecadas por la falta de credibilidad, porque
hoy en día lo relativo la infraestructura y el transporte es tan importante como el
comercio, porque eso fortalece, entre otras cosas, las sociedades geográficas, las
vinculaciones geográficas. Pero esas estrategias tienen que estar basadas en la confianza
y la confianza es lo primero que tenemos que desarrollar. Antes de quejarnos entre
nosotros tenemos que buscar cuáles son los temas que hacen a la nueva agenda de política
exterior, desde el punto de vista estratégico y comercial. Lo que no podemos hacer es
resguardarnos en el fundamentalismo ideológico, porque este es uno de los elementos que
más ha hipotecado, entre otras cosas, la estrategia de la integración.
Entonces como esto es de esta manera, creo que es bueno e importante que, entre otras
cosas por ejemplo, si vamos a negociar hacia el ALCA o hacia la Unión Europea, con
dificultades, nos preguntemos ¿Qué estamos esperando nosotros, Comunidad Andina y
MERCOSUR, para alcanzar un acuerdo?
Artigas decía: "los malos europeos pero los peores americanos". Y bueno, este
es nuestro tema, así de sencillo y de complicado. Ahora, si en función de esto dejamos
que las estrategias o los posicionamientos sectoriales o empresariales, que son muy
legítimos, sustituyan al interés nacional, entonces vamos a estar supeditando toda la
estrategia a dibujar el tamaño del cuerpo con el tamaño del dedo que dibujamos, porque
la estrategia de un país, el interés nacional, no es la suma de los intereses
sectoriales, sino el recorte de esos intereses sectoriales para definir la estrategia
nacional. Esa estrategia nacional tiene que ir en sintonía con la geografía, la
competencia y la proyección hacia afuera.
Mientras no seamos capaces de empezar por esos hechos concretos, pues obras son amores, no
podemos seguir trabajando sobre la teoría porque lo único que vamos a encontrar siempre
es el diagnóstico cada vez más crudo de nuestra enfermedad y ninguno va a aportar ni
siquiera una aspirina para calmar el dolor.
Muchas gracias
Arriba
|