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Seminario ALCA:
Oportunidades y Desafíos"
GRULAC/SELA/CAF
Caracas, 10 de septiembre de 2002 |
Intervención del
Secretario Permanente del SELA, Embajador Otto Boye
Antes de entrar en materia, deseo saludar y felicitar al protagonista principal de esta
iniciativa, al GRULAC, pues ella abre aquí en Caracas un espacio promisorio de análisis
y reflexión de alto nivel sobre temas relevantes para nuestra región. El SELA le ha dado
su respaldo con el mayor agrado, pues se inscribe dentro de sus propias inquietudes. Estoy
seguro de que la CAF también ha dado su respaldo por esta misma razón.
El tema de hoy no puede ser más actual y más necesitado de debate público, pues el
tiempo transcurre con rapidez y muy pronto deberemos, como ciudadanos, participar en los
procesos democráticos específicos de nuestros países, en orden a ratificar o rechazar
un acuerdo de libre comercio que se está negociando, el ALCA, de vastos alcances y
consecuencias.
Quiero comenzar precisando el papel del SELA en esta discusión pública sobre el ALCA.
Como todos saben, 27 de los 28 Estados Miembros de nuestro organismo participan en la
negociación del ALCA, la que por su complejidad y naturaleza, lógicamente, se realiza en
un marco especial, ad-hoc. Nuestro organismo tiene mandato de cooperar en la reflexión,
análisis y seguimiento de este esfuerzo tan trascendente para la región y por eso ha
cumplido ya algunas tareas en este ámbito. El año pasado se realizaron tres estudios que
trataron de precisar los impactos que tendrá el ALCA en las diversas subregiones de
América Latina y el Caribe, esto es, en el área del Gran Caribe, en la zona andina y en
la que abarca al MERCOSUR y Chile. Estos trabajos han sido intensamente solicitados por
los responsables gubernamentales de todos los Estados Miembros y hoy, gracias a Internet,
están también al alcance de todo público en la página WEB del SELA. (www.sela2.org) También hemos participado
-y lo seguiremos haciendo- en numerosos foros donde este tema ha sido discutido. Se ha
tratado siempre, con estos ejercicios, de ofrecer miradas de conjunto, tan necesarias en
una negociación compleja y que, por eso mismo, puede a veces impedir gozar del beneficio
que tiene esta perspectiva más amplia. La región necesita constantemente mirarse como
tal y trascender la visión que se tiene desde los límites nacionales, que
inexorablemente cada día se hacen más insuficientes ante el tamaño de los desafíos.
Alcance del ALCA
Al entrar en la materia propia de esta reunión, quisiera comenzar por precisar el alcance
real del ALCA. Se trata de una iniciativa para alcanzar un acuerdo comercial de libre
comercio, cuyo contenido se negocia actualmente. No es poco. Es, más bien, mucho, como ya
veremos. Pero no se trata de buscar una integración en sentido amplio, aunque en un
remoto futuro ello pudiera plantearse. Por ahora, de cinco grandes etapas que tiene un
acuerdo amplio de integración económica, el ALCA cubrirá a lo más, dos de ellas. En
efecto, un camino completo de integración tendría que pasar, en fases sucesivas: 1) por
tratados preferenciales de comercio, que disminuyeran aranceles entre quienes los
suscribieran; 2) por la constitución de un área de libre comercio propiamente tal, donde
se eliminaran aranceles entre las naciones del bloque comercial; 3) por la unión
aduanera, que estableciera aranceles externos comunes; 4) por el mercado común, que
agregara libre circulación de factores productivos, especialmente mano de obra y
capitales; y, finalmente, 5) por la unión económica, que culminara el proceso
integracionista con la coordinación de políticas macroeconómicas y la creación de un
sistema monetario común y una moneda común. La Unión Europea se encuentra en esta
última etapa de desarrollo después de una marcha de medio siglo.
El ALCA, a la luz de lo que se ha planteado, se mueve entonces en el ámbito de las dos
primeras etapas.
Un ALCA conveniente para la región
Definir un ALCA conveniente para la región latinoamericana y caribeña es algo
fundamental. Si no sabemos eso, navegaremos por mares tormentosos sin brújula alguna.
A mi juicio, el ALCA será conveniente para la región:
1) Si Estados Unidos y Canadá abren efectivamente sus mercados a los
productos de mayor competitividad que se producen en la región. Esto es particularmente
importante si se desean aprovechar las ventajas comparativas de los diferentes países. En
este tema es vital el incluir los productos agrícolas, los textiles y los de
manufacturación que tienen barreras arancelarias y no arancelarias en los mercados del
norte. Estados Unidos tiene un arancel promedio relativamente bajo, 5.2 por ciento, y
existen diversos regímenes preferenciales para el acceso de productos de la región a ese
mercado. Sin embargo, los productos textiles, confecciones, calzado, alimentos, bebidas y
tabaco, de especial interés para la región, están gravados con aranceles superiores a
ese promedio. Ejemplos de montos de aranceles promedio son: productos del reino animal,
6.7 por ciento, alimentos y bebidas, 13.3 por ciento, textiles y manufacturas, 10.2 por
ciento, y el calzado, 12 por ciento.
2) Si el ALCA no se convierte en un freno para las políticas de
desarrollo económico en general y de innovación tecnológica en particular dentro de las
naciones latinoamericanas. Frenarlas equivaldría a perpetuar condiciones en las cuales la
región ofrece únicamente la "competitividad" que procede de la mano de obra
barata, la poca observancia de normas ambientales y el uso indiscriminado y no sustentable
de sus sistemas naturales.
3) Si el ALCA no entorpece los esfuerzos por ampliar los mercados
internos de los países, ni su desarrollo científico y tecnológico. Así como los
mercados internacionales son un motor para el crecimiento, los mismos no deben oponerse,
ni mucho menos, a que el mercado interno sea también un incentivador del desarrollo
económico y social.
4) Si los esfuerzos de integración regional que realizan los países
latinoamericanos y caribeños no son detenidos u obstaculizados por el ALCA. Este punto
trata de subrayar la necesidad de que nuestros países continúen en sus esfuerzos por
promover una integración efectiva.
Desafíos o riesgos
Las negociaciones en curso no son neutras, asépticas, sin consecuencias concretas. Todo
lo contrario. La región entera y cada país individualmente considerado se juegan en
ellas cuestiones decisivas para su desarrollo, más aún si tomamos en cuenta que la
región está simultáneamente negociando el ALCA y acuerdos de largo alcance en la OMC.
Esta simultaneidad es histórica. No tiene precedentes. Por eso es necesario colocar en
lugar destacado un recuento de los principales riesgos que la región enfrenta con el
ALCA. Ellos pueden resumirse en cuatro que me parecen fundamentales y que obligan a todos
los responsables a estar permanentemente atentos:
1) El ALCA podría establecer, para América Latina y el Caribe una
subordinación estructural, si la región queda anclada a la exportación de productos sin
mayor valor agregado, incluyendo aquellos que se deriven de manufactura liviana o maquila.
Esto, en vez de contribuir a ampliar sus horizontes, los estrecharía.
2) La región podría también, si no toma resguardos, ver disminuída
su capacidad negociadora y agravados sus patrones de inequidad.
3) La región, si no está atenta, podría debilitar sus vínculos y
posibilidades comerciales con Europa, Japón y otras regiones del mundo, que también son
muy importantes.
4) Finalmente, la región, si no está atenta y su voluntad política
flaquea, podría ver interrumpidos y hasta anulados los actuales esfuerzos de integración
regional y subregional. A mi juicio, si ello llegase a suceder, estaríamos precipitando
una crisis, quizá terminal, de la idea latinoamericana y caribeña, y estaríamos
despidiéndonos así del concepto que tanto esfuerzo nos ha costado ir desarrollando, a
saber, el de la integración de toda América Latina y el Caribe.
Conclusión
Esta exposición ha querido ser breve y general, para poder conservar la gran mirada
orientadora que deben tener los hombres de Estado cuando enfrentan grandes desafíos
históricos. Los latinoamericanos y caribeños estamos abocados a construir el futuro de
nuestros hijos, nietos y bisnietos en un mundo globalizado de creciente complejidad.
Potencialmente está todo en juego, las grandes posibilidades, como las grandes
frustraciones. América Latina y el Caribe constituyen una zona del planeta donde en casi
200 años de vida independiente se han hecho grandes esfuerzos para ser alguien y no algo
en la escena mundial. Ahora hemos llegado a un recodo del camino en que se nos abren
nuevas avenidas, cargadas de aspectos positivos y también de riesgos que podrían llegar
a convertirse en aspectos negativos. Buscar con inteligencia y creatividad la forma de
beneficiarnos de los primeros y evitar estos últimos es nuestro principal deber en esta
hora. Bajo esta perspectiva, creo que se dibujan en el horizonte cuatro grandes tareas que
moldearán la inserción de América Latina y el Caribe en este siglo recién comenzado:
· Primero, acelerar el proceso de integración, comenzando por
coordinarse a fondo
para poder hablar con una sola voz en los escenarios
internacionales;
· Segundo, negociar con firmeza un ALCA satisfactorio;
· Tercero, hacer lo mismo en la OMC; y
· Cuarto, avanzar a un gran acuerdo con la Unión Europea.
Creo que estos son los quehaceres principales de América Latina y el Caribe. Sólo así
logrará su inserción con identidad en el proceso de globalización, proceso que se irá
acelerando cada vez más en el curso de los próximos años. Estas tareas son ineludibles
e intransferibles. Nadie las hará por nosotros. Y deberemos emprenderlas unidos para que
los países centrales nos esperen, nos escuchen y nos necesiten. Si fallamos sucederá
todo lo contrario: ni nos esperarán, ni nos escucharán, ni nos necesitarán.
Estos son los desafíos. Ahora tenemos que dar las respuestas.
Muchas gracias.
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