Titulo Comercio y desarrollo
Edición Nº 66
Septiembre-diciembre 2002

 

Editor Secretaría Permanente del SELA

    Indíce

 ¿Son democráticos los procesos de integración
en América Latina?

Juan Mario Vacchino
Consultor del SELA


Introducción

El tema del carácter democrático de los procesos de integración en América Latina tiene múltiples facetas, que lo hace de compleja consideración. Pero, no obstante las dificultades que presenta, trataremos de dar respuesta a la pregunta planteada. Para ello, conviene precisar cuál es el tipo de proceso de integración al que nos referiremos, pues, como se sabe, el proceso de integración regional es multidimensional y requiere para avanzar de políticas y acciones en sus diferentes esferas: cultural, social, económica y política, lo que puede ser visto y analizado desde diversas perspectivas.

En el caso de América Latina, durante este ultimo medio siglo, los proyectos y esquemas de integración han estado referido a los aspectos económicos y especialmente a los comerciales, lo cual ha hecho posible responsabilizar a ese sesgo comercialista de las debilidades y de los largos períodos de estancamiento que han padecido los diferentes esquemas y acuerdos de integración.

En consecuencia, para analizar la marcha de la integración en la región es necesario considerar la sustancia económica y la condición política del proceso, sin perjuicio de reconocer las interacciones que resultan del carácter multidimensional del fenómeno integracionista y de que, a la larga, todo proceso debe avanzar equilibradamente en sus diferentes dimensiones.

Partiremos en nuestro examen de una evidencia generalizada, o sea, la existencia de un déficit democrático en los esquemas y acuerdos de integración de la región, aunque sus causas obedecen, en algunos casos, al estadio o modalidad de integración intentado y, en otros, a una cierta propensión autoritaria que existe en nuestras sociedades. Nos plantearemos algunas interrogantes o preguntas que nos pueden servir para obtener ciertas conclusiones, que girarán alrededor de un par de tesis centrales: en primer lugar, que los procesos de integración, para desarrollarse y profundizarse, deben ganar en democracia y participación; en segundo lugar, que poseyendo nuestros países regímenes de democracia representativa, el parlamento, como institución que representa a las poblaciones, ocupa un lugar central en el desarrollo de la dimensión política y en la democratización del proceso de integración.

Consideraremos sucesivamente, las relaciones entre democracia e integración regional y el papel de los parlamentos en la democratización de la integración.


I.     Acerca de las relaciones entre democracia e integración regional

1. ¿Deben ser democráticos "per-se" los procesos de integración?


Parece conveniente circunscribir la respuesta, dejando fuera del campo de análisis a las integraciones imperiales, en las que uno o varios de los países participantes están sojuzgados políticamente y obligados a formar parte de un cierto bloque de naciones, presididos por una potencia colonialista, con escaso o ningún grado de democracia y participación de los gobiernos y poblaciones sometidas. O sea, que nos referiremos exclusivamente al fenómeno que ha caracterizado a la segunda mitad del siglo XX prácticamente en todo el mundo: las integraciones consensuales entre países soberanos.

Se trata de gobiernos soberanos, que celebran voluntariamente tratados internacionales para determinados propósitos, conocidos, más específicamente, como acuerdos de integración. El proceso de integración que inician es una realidad derivada, una suerte de segundo piso, cuyas características esenciales dependen, por una parte, de lo que suceda en la situación, estructura y políticas de los países que intentan integrarse, y por otra parte, del nivel de compromiso y de profundidad que se pretende lograr. En la teoría de la integración regional se reconoce la existencia de diversos grados de integración: zonas de preferencias económicas, zonas de libre comercio, uniones aduaneras, mercados comunes y uniones económicas, que pueden estar o no encadenados entre sí, en un orden secuencial de etapas con diferentes niveles de compromiso, exigencias y responsabilidades.

El proceso de integración, por una parte, puede no ir más allá de una integración de mercados, como la que se ha establecido entre Estados Unidos, Canadá y México a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), o la que podría surgir del establecimiento del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En estos casos no se verifica ninguna cesión de facultades soberanas y no se requiere el establecimiento de órganos comunitarios; basta con una comisión de administración, típicamente intergubernamental, y con un sistema de arbitrajes para resolver las controversias. Allí la única democracia aceptable es la que surge del funcionamiento del mercado, al actuar como productor o consumidor.

Por otra parte, el proyecto de integración puede continuarse hasta estadios más profundos, en un proceso que se suele llamar como integración verdadera, para diferenciarla de la mera integración comercialista y que tiene fases y metas sucesivas, como en el caso de la actual Unión Europea, que se propuso alcanzar primero una unión aduanera y mercado común, después una unión económica y monetaria y actualmente una unión política con mercado único, moneda única y política de defensa unificada y en todas las etapas del proceso, combinando la profundización con sucesivas ampliaciones e incorporaciones de nuevos Estados miembros.

Durante este proceso surge necesariamente una estructura institucional comunitaria y se verifica una paulatina cesión de facultades y competencias de la esfera nacional a la comunitaria, pero no sólo en cuanto a los gobiernos y administraciones, sino también respecto del poder judicial y de los parlamentos, para mantener el equilibrio de poderes, la formulación democrática de leyes y el ejercicio de los derechos ciudadanos tanto en la esfera nacional como en la nueva esfera comunitaria.

Como podremos verlo más adelante, los procesos de integración en la región están lejos de acceder a estos niveles de integración. En primer lugar, la historia de las primeras décadas de integración puso en evidencia que no existen auténticas posibilidades de iniciar y profundizar un proceso de integración cuando en él coexisten regímenes totalitarios y democráticos. Sólo se puede aspirar a transitar las primeras fases, poco comprometedoras, en proyectos en que predominan los fracasos o estancamientos importantes, por largos períodos.

En tal sentido, en aquellos años se trataron de disimular las dificultades, con algunos eufemismos, relacionados con el "pluralismo integrador" y el "pluralismo ideológico", para señalar que, en términos de integración económica, la cohabitación de regímenes autoritarios y democráticos era posible, a pesar de sus diferencias, siempre que las metas estuvieran concentradas en la obtención de logros comerciales. Hay que reconocer que dada la crónica inestabilidad de los sistemas políticos de la región (fracturados periódicamente por golpes de estado), era la única manera de seguir explorando fases preliminares y poco comprometedoras de integración económica, que permitiera responder a las demandas de un ambiente internacional que propiciaba la liberación comercial (a través del GATT), pero que aceptaba la conformación de bloques regionales, siguiendo el ejemplo europeo. Fueron más bien respuesta plausibles y necesarias frente a una situación económica con muchos desafíos y complicaciones en el orden internacional para los países de la región, en la que sobresalió la labor pionera y esclarecedora de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la clarividente conducción de Raúl Prebisch, en ese entonces su Secretario Ejecutivo.

Son muy ilustrativos los esfuerzos que se hicieron y las limitaciones que se padecieron en el caso de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y del Mercado Común Centroamericano (MCCA), creados en 1960, cuyos progresos se vieron interrumpidos por la mutua desconfianza de tendencias nacionalistas que, incluso, llegaron hasta el enfrentamiento armado entre Honduras y El Salvador, conocido como la "guerra del fútbol", pues tuvo por causa inmediata un partido entre las selecciones nacionales de ambos países.

De estas limitaciones, en el caso suramericano surgieron la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), que trataba de seguir explorando las relaciones posibles, independientemente de que se tratara de regímenes civiles o militares, y el Acuerdo de Cartagena, que intentó una profundización del proceso entre países más iguales entre sí, los de la subregión andina, lo que obviamente requería mayor homogeneidad institucional y de fines. Los temores y el peso de la heterogeneidad eran tales en la época que, aun en el acuerdo que diera origen al Grupo Andino, no se hizo totalmente explícito el propósito de lograr los objetivos integracionistas sobre la base de una definición democrática expresa y categórica y con la inclusión de un órgano parlamentario subregional para ejercer el control político y democrático del proceso.

En síntesis, en el contexto regional que se describe, resultaba totalmente inviable establecer un acuerdo de integración sobre una base de democracia y participación, cuando tal sistema democrático no estaba establecido en la realidad primaria de los países que formaban parte del proyecto integracionista, pues son éstos los que debían definir las condiciones iniciales del proceso.

Cabe agregar que ninguno de los acuerdos celebrados entonces fue consecuencia directa de un proyecto político compartido por la mayoría de los latinoamericanos, que fuera explícita y plenamente asumido, por lo que no puede sorprender que la dimensión política del proceso estuviera relegada a un segundo plano (o casi a ningún plano).


2. ¿Se requieren niveles mínimos y comunes de democracia en los países que se integran?


Esta relación necesaria entre regímenes democráticos e integración se pudo verificar más positivamente con los procesos y relaciones que empezaron a desarrollarse en la región con el advenimiento de la década los años ochenta. En el cono sur, por ejemplo, las relaciones de Brasil y Argentina y entre Argentina y Chile pudieron profundizarse al irse recuperando la confianza recíproca y transformando relaciones de hostilidad y enfrentamiento en relaciones de coordinación y de cooperación. Entre los numerosos acuerdos que se firmaron entonces entre Brasil y Argentina cabe señalar la cooperación en materia de investigaciones nucleares, que incluía inspecciones recíprocas de los centros de investigación nuclear.

En ese nuevo contexto regional se pudieron favorecer las relaciones entre países fronterizos como Colombia y Venezuela que, además de las relaciones comerciales, establecieron sólidas asociaciones entre instituciones del sector gubernamental y empresarial para promover y canalizar tan dinámico proceso.

Los resultados de este proceso de aproximación recíproca fueron varios e importantes: a) se desmontaron conflictos fronterizos, como en el caso de Argentina y Chile y de Perú y Ecuador; b) se pudieron explorar y desarrollar a partir de entonces recursos y cuencas hidrográficas comunes, con todo el potencial que contienen, como en el caso de la Hidrovía Paraná-Paraguay; c) se abrió el camino para el intercambio de recursos energéticos entre Venezuela y Brasil, Bolivia y Brasil, y Argentina y Chile, que habían sido impensables en la época anterior, dominada por una desconfianza recíproca generalizada, generada las más de las veces en peregrinas doctrinas de la seguridad nacional. Los ejemplos al respecto, son numerosos.

3. ¿Pueden los procesos de integración regional ser más democráticos que los países que pretenden integrarse?


Dada la naturaleza derivada y dependiente de las realidades nacionales que tiene el proceso de integración regional, es muy difícil, si no imposible, imaginar situaciones en las que el nivel regional o subregional resulte más democrático que el nivel nacional, del que se deriva y depende.

De ahí que se pueda establecer una relación directa entre la recuperación de la democracia en la región y los nuevos impulsos en pro de la integración. Al respecto, ya hemos señalado que después de la crisis de la deuda externa de principios de la década de los ochenta y con la recuperación de la democracia en los países de la región se desarrollan, a escala global y más específicamente en sus subregiones, importantes emprendimientos integracionistas. Antes mencionamos el impacto favorable de la democratización sobre los conflictos fronterizos, pero, más importantes aún fueron los acuerdos para profundizar los procesos de integración, como en el caso de Brasil y Argentina y de Venezuela y Colombia. Ellos propiciaron, respectivamente, nuevos desarrollos en el cono sur y entre los países andinos para llegar en este caso al establecimiento de la CAN.

Sería, sin embargo, una ingenuidad suponer que todo pudo lograrse gracias a nuestras propias fuerzas y políticas. Obsérvese que las políticas que se utilizaron durante la década de los ochenta para paliar la crisis de la deuda externa y la necesidad de defenderse del asedio externo, fueron sustituidas, al iniciarse la década de los noventa, por políticas que propiciaban la apertura indiscriminada al exterior, el desmantelamiento arancelario, las privatizaciones, el achicamiento del sector público y la reducción de las funciones del Estado, políticas que fueron promovidas y sostenidas por organismos internacionales, como el FMI. Este enfoque se trasladó a los procesos de integración, que parecieron exitosos en la fase del auge del ciclo económico, pero que no tuvieron consistencia ni contaban con los instrumentos adecuados para paliar los impactos de las sucesivas crisis financieras, originadas en otras partes del mundo, pero cuyos efectos negativos afectaron en forma creciente a los países de la región

Tal vez uno de los casos más transparentes en esta materia fue la evolución verificada en el proceso de integración entre Argentina y Brasil, del que también participan los otros países del cono sur. El mismo comienza con un proyecto intervencionista en los años ochenta, se potencia y canaliza como un proyecto relacionado con los mercados en los años noventa y parece languidecer actualmente con la tremenda crisis de la que Argentina es el vértice, y que entre otras cosas significa el cuestionamiento del modelo neoliberal de los años noventa y de la integración basada exclusivamente en los mercados.

4. ¿Qué espacios han tenido las expresiones democráticas en las estructuras institucionales de la integración subregional?

En América del Sur, en la que hemos concentrado nuestra atención, se desarrollan actualmente dos acuerdos principales: la Comunidad Andina y el MERCOSUR. El primero originado en el Acuerdo de Cartagena, suscrito en mayo de 1969 y el segundo, mucho más reciente, pues surge con el Tratado de Asunción, firmado en 1991, aunque el mismo continúa, con otra lógica e instrumentos, el proceso de aproximación recíproca iniciado en la década de los ochenta entre Brasil y Argentina, al que se sumaron Uruguay y Paraguay, como Estados Partes y Bolivia y Chile, como Estados Asociados.

Hay diferencias jurídico-institucionales importantes entre ambos: la Comunidad Andina es el punto de llegada de un largo proceso de cambios en la orientación e instrumentación del mismo, expresados en sucesivos protocolos que reformaron el acuerdo original, cambiando incluso su propio nombre, de Grupo Andino a Comunidad Andina de Naciones (CAN).

Una larga nómina de órganos e instituciones están incorporados al Sistema Andino de Integración. Estos son: el Consejo Presidencial Andino, el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, la Comisión de la Comunidad Andina, la Secretaría General de la Comunidad Andina, el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, el Parlamento Andino, el Consejo Consultivo Empresarial, el Consejo Consultivo Laboral, la Corporación Andina de Fomento, el Fondo Latinoamericano de Reservas, el Convenio Simón Rodríguez, los convenios sociales que se adscriban al sistema; la Universidad Andina Simón Bolívar, los Consejos consultivos que establezca la Comisión y los demás que se creen en el marco de la integración andina.

Es interesante destacar que en la CAN la supranacionalidad y el derecho comunitario se encuentran plenamente incorporados, aunque su desarrollo sea en diversos aspectos limitado. El Consejo Presidencial es el órgano de dirección política del proceso y adopta sus directrices por consenso. El Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores formula la política exterior de los países miembros en materia subregional y formula, ejecuta y evalúa, en coordinación con la Comisión, la política general de la integración andina.

A su vez, la Comisión es un órgano plural, no permanente, conformado por plenipotenciarios principales y alternos de los países miembros (usualmente ministros o secretarios de Estado), que adopta sus decisiones por la regla de la mayoría absoluta, salvo las excepciones consagradas en el mismo Acuerdo de Cartagena, que requieren también que no haya voto negativo. El Tribunal de Justicia es el órgano judicial de la CAN y su jurisdicción es obligatoria para la solución de controversias que surjan en el seno de la Comunidad. La Secretaría General, que sustituyó a la Junta del Acuerdo, es un órgano unipersonal, que cumple funciones ejecutivas y presta apoyo técnico a los demás órganos, que vela por la aplicación del Acuerdo y el logro de sus objetivos.

En el caso del MERCOSUR su estructura institucional surge del Tratado de Asunción de 1991, del Protocolo de Ouro Preto de diciembre de 1994, que introdujo sustanciales reformas a las instituciones del MERCOSUR, y del Protocolo de Olivos, de febrero de 2002, que sustituye al Protocolo de Brasilia de 1991, respecto del sistema de solución de controversias, incluyendo, entre otras innovaciones, la creación de un Tribunal Permanente de Revisión, compuesto por cinco árbitros, al que se puede acudir para revisar los laudos de los tribunales ad hoc, en cuestiones de derecho tratadas en la controversia y en las interpretaciones jurídicas desarrolladas en el laudo recurrido

Los órganos del MERCOSUR son el Consejo de Mercado Común, el Grupo Mercado Común, la Comisión de Comercio, la Comisión Parlamentaria Conjunta, el Foro Consultivo Económico- Social y la Secretaría Administrativa. El Consejo es el órgano supremo, que está compuesto por los ministros de Relaciones Exteriores y de Economía y ejerce la conducción política del proceso. Según el artículo 6 de Protocolo de Ouro Preto, el Consejo del Mercado Común se reunirá todas las veces que lo estime oportuno, debiendo hacerlo por lo menos una vez por semestre con la participación de los presidentes de los Estados Partes. El Grupo Mercado Común es el ejecutivo del MERCOSUR y se conforma por cuatro representantes de cada Estado miembro, actuando como coordinador el representante de la Cancillería. El Grupo se divide en subgrupos especializados por temas o sectores.

La Comisión de Comercio es un órgano que se creó posteriormente para vigilar y velar por la aplicación de los instrumentos de política comercial común. En 1998 se creó el Foro de Consulta y Concertación Política, como órgano auxiliar del Consejo, con el objeto de ampliar y sistematizar la cooperación política entre sus Estados Partes. Otros órganos son la Comisión Parlamentaria Conjunta, a la que se hará referencia después, el Foro Económico y Social, un órgano consultivo en el que están representados los diversos sectores económicos y sociales de los Estados Miembros. La Secretaría Administrativa es un órgano de apoyo, operativo, con sede en Montevideo, que tiene a su cargo el archivo oficial de la documentación y presta servicios de apoyo a los demás órganos.

Aunque en el marco del MERCOSUR se han establecido importantes compromisos integracionistas, como la creación de una unión aduanera y la coordinación de políticas macroeconómicas con vistas a construir un Mercado Común, no se contempla la supranacionalidad ni el derecho comunitario. Las normas emanadas de los órganos del MERCOSUR no son aplicables a los particulares y deben para ello ser incorporadas al derecho interno por ley nacional, pues carecen de primacía sobre el derecho nacional, ni tienen aplicación inmediata o directa, propia del derecho comunitario. Por la naturaleza intergubernamental del organismo, las decisiones de sus órganos, que se integran en forma paritaria, se adoptan por consenso y con la presencia de todos los Estados Partes.

A diferencia de la Unión Europea, donde existe un voto ponderado de los diferentes Estados miembros, según su dimensión económica, extensión territorial y población, tanto en la CAN como el MERCOSUR cada país tiene un voto, como en Naciones Unidas y otros organismo puramente deliberativos.

5. ¿Por qué esos impulsos y procesos no han sido suficientes para alcanzar sus principales objetivos?


La integración económica en nuestra región ha sido un fenómeno a contra-corriente de los flujos de comercio e inversión que la caracterizaron a través del tiempo: desconfianza recíproca y escasos contactos entre los otros países de la región y sólidas relaciones y flujos con los países centrales, aunque estos fueran diferentes según las regiones y las épocas.

Para superar esta situación a través de la integración regional, se requerían y se requieren varias condiciones fundamentales, entre ellas, la voluntad política de integrarse, la adopción de políticas activas para lograrlo y el consentimiento y creciente participación de las sociedades en su desarrollo, pues, para que el proceso llegue a sus instancias más profundas, se requiere, tal como lo demuestra el caso de la Unión Europea, que las relaciones económicas y sociales entre los países participantes sean más densas y variadas que con el resto del mundo. Y en este aspecto estamos todavía muy lejos de las metas: las corrientes de comercio e inversión intralatinoamericanas, aún después de medio siglo de integración, siguen siendo menores que los niveles de relacionamiento recíproco que tenían los países europeos cuando iniciaron su proceso, allá por la década de los años cincuenta.

No hay duda de que los procesos de integración, cuando ganan la calle y se transforman en centro de las discusiones cotidianas de los ciudadanos, aportan nuevos elementos, democráticos y positivos, al desarrollo de la integración. Pero, la gran cuestión es ¿Cómo llegar a las opiniones públicas y hacerlas partícipes de un proceso en el que está en juego su propio destino y porvenir? Se trata de una cuestión de difícil respuesta, pero a la que podrían ayudar el desarrollo, desde la base misma, de un tejido de relaciones económicas, sociales y comerciales en las que los habitantes e instituciones de las fronteras debieran tener una participación protagónica, al igual que los parlamentos para desarrollar la dimensión política del proceso, aspecto al que me referiré después.

6. En suma, ¿qué hacer para continuar democratizando y profundizando la integración?


El único camino a la vista es que haya más democracia en los países que lo integran, aunque aquí es necesario distinguir entre una apertura a la democracia y una vuelta al aislamiento recíproco. Este último conduce inevitablemente a la desintegración, al empobrecimiento de la región y a una creciente dependencia hacia los condicionantes externos de los que no hemos hablado aquí, pero que sin duda existen.

Por otra parte, cabe preguntarse sobre cuál es el marco geográfico en el que se deberían desarrollar los procesos. Aunque existe un gran consenso acerca de la necesidad de integrarse como región, siempre queda la duda si ello es posible lograr desde ahora, entre todos los países de América Latina y el Caribe simultáneamente o, por el contrario, sin descartar este gran objetivo, se debería proceder por círculos concéntricos, articulando y unificando antes que nada a la CAN y el MERCOSUR, para establecer un espacio suramericano unificado, como lo postularon los presidentes en la Primera Cumbre Suramericana del año 2000. Esta unión sería la base para un proceso de convergencia más amplio, que pueda incluir después a Centroamérica y el Caribe y en aquellos aspectos y condiciones posibles a México, que es parte fundacional del TLCAN con Estados Unidos y Canadá.

Obviamente, el análisis de estas estrategias están al margen de este análisis, centrado en las relaciones entre democracia e integración.


II.     La dimensión parlamentaria de la integración regional


Como señalamos al inicio, teniendo nuestros países regímenes de democracia representativa, el parlamento, como institución que representa a las poblaciones, debe ocupar un lugar central en el desarrollo de la dimensión política y en la creciente democratización del proceso de integración en la región.

En tal sentido, deseamos presentar brevemente algunas de las experiencias verificadas en la región: se trata del Parlamento Latinoamericano (Parlatino), el Parlamento Andino y de la Comisión Parlamentaria Conjunta del MERCOSUR, para ejemplificar los distintos grados de desarrollo alcanzados por las instituciones parlamentarias. La lista no es completa, pues, lamentablemente hemos debido dejar sin considerar experiencias muy importantes como las del Parlamento Centroamericano (PARLACEN) y el Parlamento Amazónico.

Sin embargo, los ejemplos de actuación parlamentaria en relación con los procesos de integración escogidos, nos permitirá dar respuesta a otras dos interrogantes: ¿Hasta dónde se ha llegado en materia de participación de los parlamentos en el proceso de integración? y ¿Qué acciones y políticas se deberían desarrollar en el futuro, tanto para impulsar el proceso de integración como para pronunciar su carácter democrático?

1. El Parlamente Latinoamericano

El Parlatino es el primer órgano político creado para defender la democracia y promover la integración y la cooperación entre los pueblos y países latinoamericanos. Las deliberaciones de su Asamblea Constitutiva se iniciaron el 7 de diciembre de 1964 en la ciudad de Lima, en donde se reunieron 160 parlamentarios de catorce países, convocados por el Congreso del Perú para celebrar el 140 Aniversario de la invitación al Congreso Anfictiónico de Panamá, que formulara El Libertador Simón Bolívar.

En 1987 se suscribió el Tratado de Institucionalización del Parlamento Latinoamericano, del cual forman parte actualmente 22 congresos o asambleas parlamentarias: las de todos los países latinoamericanos, más Antillas Neerlandesas, Aruba y Suriname. El Parlatino es un organismo internacional, con sede permanente en la ciudad de San Pablo y sus órganos son la Asamblea, las Comisiones Permanentes y la Secretaría General.

El Parlatino tiene las características de una asamblea deliberativa, que se manifiesta mediante recomendaciones o declaraciones, sin poderes de control o decisión sobre otros órganos o instituciones operantes en la región. Al carecer de una base territorial bien determinada, porque su membresía no se corresponde con ninguno de los esquemas concretos de integración regional, lo cual dificulta sus posibilidades de interactuar con los órganos de los diferentes agrupamientos, su actuación de debe limitar a la promoción de la integración regional y a la defensa de la democracia y de los derechos humanos. Ello no menoscaba el papel que cumple como organismo político puente entre los pueblos y los gobiernos latinoamericanos, ni su actuación fundacional y pionera de gestación y promoción de una futura Comunidad Latinoamericana de Naciones (CLAN), por la que ha batallado incansablemente.

2.    El Parlamento Andino

El Parlamento Andino, resultado de la voluntad participativa de los legisladores andinos, fue instituido por el tratado firmado en La Paz el 25 de octubre de 1979. Tiene su sede permanente en la ciudad de Santafé de Bogotá. Conviene recordar que fue concebido como el órgano deliberante común que representa a los pueblos andinos y tiene como propósitos permanentes coadyuvar a la promoción y orientación de la integración andina, velar por el respeto de los derechos humanos y la democracia, y promover la participación de los pueblos como actores del proceso de integración.

La posterior transformación del Parlamento Andino en órgano principal del Acuerdo de Cartagena le ha otorgado otra perspectiva y potencialidad a las funciones y atribuciones establecidas en el tratado constitutivo. Entre sus atribuciones se encuentran: examinar la marcha del proceso a través de los informes que debe recibir de los órganos e instituciones del sistema, participar en la generación normativa del proceso mediante sugerencias a los diferentes órganos, y promover la armonización de las legislaciones de los países miembros. La actuación del Parlamento se expresa en recomendaciones que pueden estar dirigidas a los gobiernos y parlamentos nacionales y a los diferentes órganos subregionales y adopta sus decisiones por mayoría simple, salvo las excepciones previstas en sus reglamentos internos.

Actualmente está conformado por representantes de los congresos nacionales, (cinco representantes por cada parlamento nacional), aunque en un plazo de cinco años sus miembros serán elegidos mediante elecciones directas y universales, tal como lo dispone el protocolo modificatorio de su tratado constitutivo y del protocolo adicional sobre elecciones directas y universales, estimando que ellas constituyen el primer paso para consolidar la democracia y la integración andina, con la participación de los ciudadanos de los países miembros en procesos electorales. Venezuela ha sido el primero y único de los países miembros que ya lo ha puesto en práctica.

Uno de los aspectos que ha sido materia de discusión en la Comunidad Andina, como en otros procesos de integración, se relaciona con el criterio de distribución de las bancas entre los países miembros y en particular si se debe mantener el principio igualitario entre países, o si, por el contrario, corresponde tener en cuenta el volumen de las poblaciones nacionales para determinar el número de bancas. Este sistema que asigna representantes en función del número de habitantes es el que impera, con algunos ajustes, en la Unión Europea y si bien llegó a ser propuesto en algún ante proyecto fue desechado en la Comunidad Andina. En ella se ha optado por mantener la misma cantidad de representantes por países miembros, sin tomar en cuenta las diferencias en el tamaño de las poblaciones. Se podría esperar que si el proceso se sigue consolidando, en el futuro se llegue a tomar en cuenta el tamaño de las poblaciones nacionales, que surge de la naturaleza de la representación popular y es el que se aplica con diferentes atenuantes o variantes a escala nacional en la mayor parte de países.


3. La Comisión Parlamentaria Conjunta del MERCOSUR

Esta Comisión se instaló en diciembre de 1991 y su constitución se fundamentó en lo dispuesto por el artículo 24 del Tratado de Asunción, que determina su establecimiento con el objetivo de facilitar la implementación del Mercado Común. Su creación fue ratificada posteriormente por el Protocolo de Ouro Preto, de diciembre de 1994.

Esta Comisión es un órgano representativo de los parlamentos de los Estados Partes y le compete, en cumplimiento de los procesos legislativos de cada uno, incorporar al derecho positivo nacional las normas emanadas de los órganos del MERCOSUR. La Comisión tiene un carácter consultivo y deliberativo y entre sus atribuciones se pueden señalar: realizar el seguimiento del proceso de integración y mantener informado a los respectivos parlamentos nacionales; adoptar las medidas necesarias a la futura instalación del Parlamento del MERCOSUR; constituir subcomisiones para el análisis de temas relacionados con el proceso de integración; y emitir recomendaciones tanto al Consejo del MERCOSUR como al Grupo Mercado Común respecto de la conducción del proceso de integración y de formación del Mercado Común. Tiene también facultades para establecer relaciones con entidades privadas de los Estados Partes y con entidades y organismos internacionales, y suscribir acuerdos de cooperación con entidades nacionales e internacionales.

La Comisión Parlamentaria Conjunta se compone por 64 parlamentarios (16 por país) designados por los congresos nacionales y sus trabajos serán coordinados por una Mesa Ejecutiva con 4 presidentes (uno por cada país miembro). La Comisión se reúne en forma ordinaria dos veces al año, en el territorio de los Estados Partes, en forma sucesiva y alternada, y sus decisiones se toman por consenso. Al respecto, la Comisión emite, según los casos, declaraciones, recomendaciones y disposiciones. Sus decisiones son tomadas por consenso.

Los ex presidentes Raúl Alfonsín, de Argentina, y José Sarney, de Brasil, fueron los líderes políticos que llevaron adelante, en la década de los ochenta, múltiples acuerdos binacionales de cooperación y de integración entre ambos países para transformar definitivamente una relación de hostilidad y enfrentamiento recíproco en otra de cooperación y complementación. Estos acuerdos fueron los antecedentes inmediatos del MERCOSUR e incluso de la misma Comisión Parlamentaria Conjunta (llamada inicialmente de Integración).

En la reunión de la Mesa Ejecutiva celebrada en la ciudad de Buenos Aires el 11 y 12 de abril de 2002, en la cual actuó como presidente pro tempore el ex presidente Alfonsín, actualmente senador, se trataron diversos temas y se aprobaron varios acuerdos que vale la pena destacar por su diversidad e importancia. Allí se adoptaron tres declaraciones (incluyendo la llamada Declaración de Buenos Aires y la situación en Colombia; y cinco recomendaciones (entre ellas sobre el Observatorio Social del MERCOSUR, la enseñanza de los idiomas español y portugués, y la Corporación del MERCOSUR para el desarrollo y el crecimiento y tres disposiciones, referidos a la creación de la Red MERCOSUR social, MERCOSUR ambiental y MERCOSUR científico y tecnológico).

Las delegaciones participantes, además de manifestar su firme apoyo y solidaridad con el pueblo y la nación Argentina, coincidieron en la necesidad de procurar un proceso de globalización solidaria y destacaron que la integración en el MERCOSUR va mucho más allá del comercio. También se identificaron con la necesidad de ampliar la integración a toda América del Sur y la importancia de alcanzar una mayor participación de los poderes legislativos en el proceso de integración.


III. Algunas perspectivas

Aunque aquí no lo hemos considerado sino tangencialmente, en materia del desarrollo de la dimensión política del proceso de integración existe un ejemplo de gran significación en la experiencia europea, encarnado en el Parlamento Europeo. Éste se ha destacado en la defensa del sistema democrático representativo de gobierno, comenzando por limitar el derecho de formar parte del mismo, cuando aún no estaba institucionalizado, a los parlamentos nacionales democráticamente elegidos (materia en la que fue seguido en la región por el Parlamento Latinoamericano también antes de estar institucionalizado). Por su labor tesonera y esforzada, también ha sabido ganarse atribuciones, prestigio e influencia, tanto en el control político del proceso de integración y de la Comisión Europea, como en su creciente participación como colegislador en materia normativa, sin olvidar el importante procedimiento de cooperación entre la Comisión, el Consejo y el Parlamento en diversas materias, como la adhesión y asociación de nuevos Estados a la Comunidad y las relaciones con terceros países y regiones, como en el caso de América Latina y el Caribe.

Teniendo en cuenta tan valiosos antecedentes, parecería necesario insistir en el papel dinamizador del proceso que pueden cumplir los parlamentos para lograr desarrollar una voluntad política consistente y sólida que haga posible enfrentar los escollos que surgen en contra de la integración, en materia de armonización de las legislaciones nacionales, en la identificación de políticas comunes generales y sectoriales, en el conocimiento y difusión entre las sociedades nacionales de los avances y problemas del proceso, y como receptáculo y expresión de las inquietudes, necesidades y cuestionamientos que formulan al respecto las sociedades civiles nacionales participantes.

Desde luego falta mucho por hacer, pero la experiencia parece indicarnos que un parlamento regional o subregional activo y preocupado, definido como foro político y órgano promotor y orientador del proceso de integración, excederá sus atribuciones formales para tener una influencia creciente en múltiples campos: coparticipación legislativa, control político del proceso y de las instituciones, cooperación en política externa. Esa es una de las metas por alcanzar.


Referencias bibliográficas

- Se ha recogido información y documentación de base en los sitios web de los parlamentos y procesos de integración considerados:
Parlamento Latinoamericano: http://www.parlatino.org.br
Comunidad Andina: http://www.comunidadandina.org
Parlamento Andino: http://www.parlamentoandino.org
Secretaría del MERCOSUR: http://www.mercosur.org.uy
 Comisión Parlamentaria Conjunta del MERCOSUR, Sección Brasileña: http://www.camara.gov.br/mercosul
Sistema Económico Latinoamericano (SELA): http://www.sela.org
http://sela2.sela.org

-CEPAL-BID: "La integración centroamericana y la institucionalidad regional", México, febrero 1998.

·    Oberto, Luis Enrique: "Bases para la construcción de órganos supranacionales que faciliten los procesos de integración latinoamericanos", Separata de Nueva Economía, Academia Nacional de Ciencias Económicas, Caracas, abril 2000

·    Schembri Carrasquilla, Ricardo: "Teoría Jurídica de la integración latinoamericana", Edición del Parlamento Latinoamericano, Sâo Paulo, mayo 2001, que incluye una amplia bibliografía sobre el tema.

·    Secretaría Permanente del SELA: "Institucionalidad e integración en América Latina y el Caribe" (SP/CL/XXVI.O/Di Nº 6 -2000).

·    Secretaría Permanente del SELA: "La integración latinoamericana y caribeña: empresa necesaria y posible", Capítulos del SELA Nº 60, Caracas, mayo-agosto 2001.

·    Secretaría Permanente del SELA: "Guía de la integración de América Latina y el Caribe", (SP/Di Nº 5-01), dónde se presenta con un visión panorámica y descriptiva, la evolución, problemas y perspectivas de la integración latinoamericana y caribeña, Caracas, mayo 2001.

·    Bizzozero, Lincoln: Repensando los pilares y aristas de la construcción del MERCOSUR, Capítulos del SELA, Caracas, mayo-agosto 2001

·    Mellado, Noemí Beatriz: "El modelo del MERCOSUR", Aportes para la Integración Latinoamericana, Año I, Nº 2, La Plata, diciembre1995

·    Noto, Gerardo: "Integración e institucionalidad", Capítulos del SELA Nº 61,Caracas, enero-abril 2001.

·    Vacchino, Juan Mario: "La dimensión parlamentaria de los procesos de integración regional", tomo I: "Los parlamentos regionales y la integración de América Latina" (y anexo documental) y tomo II: "Los parlamentos regionales en los procesos de integración de América Latina", Seminario Internacional, Brasilia, septiembre 1989. Edición del BID/INTAL y Editorial Depalma, Buenos Aires, 1990

 

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