Titulo OMC y ALCA: prioridades en la agenda comercial de ALC
Edición  Nº 63

Septiembre - Diciembre 2001

Indice

Estados Unidos en el mundo

Simón Alberto Consalvi
Ex ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela

Introducción

Antes de que el "siglo americano" terminara, los analistas de la política mundial apostaron a develar las incógnitas que pudiera guardar la Esfinge del siglo XXI. Sobre todo, quisieron vislumbrar el papel de los Estados Unidos en el mundo. Entre los más connotados magos del diagnóstico figuraron Zbigniew Brzezinski, Samuel Huntington y, quizás también, Henry Kissinger. Las piezas del rompecabezas de la política mundial en el siglo XXI prometían ser estas, según los signos de la realidad: Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia, Japón, los países asiáticos, y, finalmente, América Latina, con sus perspectivas de integración. Los países árabes no figuraban en el tablero de esos diagnósticos.

Estados Unidos, sin duda alguna, será uno de los grandes protagonistas. No obstante, el siglo XXI (que, al parecer, comenzó el 11 de septiembre), advirtió que los diagnósticos o las predicciones estratégicas, generalmente ignoran los factores impredecibles de la realidad. Cuando Raymond Aron escribió su ensayo Los últimos años del siglo tuvo la sagacidad de registrar que, como ya estaba viejo, moriría antes de que nadie pudiera reclamarle sus probables equívocos.

I.    Estados Unidos en el siglo XXI

Veamos, a manera de reflexión, las percepciones que se formulaban en torno al papel y las posibilidades de EE UU. en siglo XXI. Eran contradictorias, como es natural. La unanimidad conspira siempre contra la fecundidad de la imaginación. Una tesis es sostenida por Mortimer Zuckerman (en "Foreign Affairs", Mayo-Junio, 1998), y la llamaremos la "tesis optimista". Zuckerman postula la tesis de "un segundo siglo norteamericano". Se basaba en hechos como éstos: a) la economía de los EE UU. está en su 8º año de desarrollo sostenido, aventajando a Japón y Alemania. "La prosperidad norteamericana es estructural, no transitoria, dice Zuckerman, y su ventaja sobre Europa y Asia se ampliará con el tiempo". El analista terminaba con una afirmación casi desafiante: "Tuvimos el siglo XX. También tendremos el XXI".

Otro analista, el economista Paul Krugman, joven y ya famoso, sostiene una tesis diferente a la excesivamente optimista de Zuckerman. La llamaremos "la tesis prudente".
Krugman sostenía que "hace unos años ciertos "sabios" (o "pundits") estaban convencidos de que EE UU. iba siendo dejado atrás por Europa y Asia, y debían emular a sus más intervencionistas Estados para mantenerse competitivos". Ahora, según Krugman, es un lugar común sostener que EE UU. es número uno y que el resto del mundo debe adoptar sus políticas de laisser-faire. "En efecto, dice Krugman, ninguna de estas caricaturas es cierta". "Asia estaba floreciendo, ahora está marchitándose, pero regresará".

Para el economista de Harvard, persistirá la osificación europea. Pero lo que es importante es que mientras la economía de EE UU. atravesaba un período de florecimiento sólido, nada fundamental había cambiado. La rata de crecimiento a largo plazo no se había acelerado, la productividad no se había elevado y la rata de desempleo estructural había disminuido sólo en 1%, cuando máximo. "Al venir la nueva recesión, todo este triunfalismo aparecerá muy tonto", concluía Krugman.

A la crisis asiática se interpretaba en EE UU. como la victoria del estilo norteamericano, "the American style capitalism". Como la caída del muro de Berlín en 1989 fue interpretada como el triunfo de la "democracia liberal", la crisis asiática ha sido vista como el triunfo inevitable del modelo norteamericano, del "free market Capitalism".

Otro analista, Donald Emmerson, pensaba que "sería extremadamente presuntuoso predecir que la crisis asiática indicaría que esos países van a adoptar el "camino norteamericano". La cuestión es mucho más compleja. Libertad política y gobiernos competentes son las claves del regreso de Asia a la prosperidad y no la adopción del "American way of business".

Sin embargo, antes de los años de desarrollo sostenido, en EE UU. la percepción era otra: Zbigniew Brzezinski, en "Out of Control/Global Turmoil on the eve of the 21st Century", (1994) sostenía que EE UU. "no podría ser ya más ni el policía global, ni el banquero global, ni el moralista global". Para Brzezinski el protagonista fundamental del siglo XXI no será un país o una potencia, sino un factor social: la desigualdad. No es un factor nuevo, ciertamente. Pero reaparecerá con mayor fuerza en un ambiente distinto.

Brzezinski, con lucidez, lo dijo así: "...la desigualdad fue tolerada porque los continentes estaban separados por inmensas distancias, caracterizados por culturas remotas o desconocidas entre sí, pero en un mundo que se ha convertido en más próximo y más íntimo, caracterizado por un despertar político masivo, la desigualdad se está haciendo intolerable". La demografía contará decisivamente en las complejidades de este factor. Dice Brzezinski: "El crecimiento demográfico global es altamente desigual. Afectará de modo especial las porciones más pobres de la humanidad. Así, mientras crece la población mundial, la desigualdad en la distribución de la riqueza será mucho más evidente".

China será otro de los grandes protagonistas del siglo XXI. Con una población de 1.200 millones de habitantes, con un desarrollo espectacular, China ha sido considerado por algunos analistas mundiales como la potencia emergente. El mismo Brzezinski considera al siglo XXI, como "el siglo de China", a diferencia de Mortimer Zukerman que lo considera "el otro siglo norteamericano". China y los antiguos países de la URSS, y en especial Rusia, son analizados dentro de un contexto realista. Se contrasta la evolución de ambos países: la solidez de China frente al caos económico de Rusia. Robert Kaplan ("Sometimes, Autocracy breeds Freedom", NYT, 28.VI.98) compara ambos procesos. China tiene un crecimiento económico de 8% en 1998, mientras a Rusia, por su pobreza, se le comienza a llamar en Europa "la segunda cortina de hierro". Hay un evidente proceso de liberalización de la sociedad china, mientras el país progresa económicamente: alrededor de 10 millones de chinos han constituido empresas medianas.

El Presidente Jiang Zemin le dijo a Bill Clinton que China había rescatado en los últimos años a 200 millones de chinos de la pobreza absoluta. De modo que todas las presiones sobre ese país para que imite a la antigua URSS son absolutamente negativas. China tiene su propio camino y será un protagonista de primera magnitud en el siglo XXI.

La Unión Europea será otro de los protagonistas, quizás pensando más en el bienestar de sus socios que en otros asuntos. Japón y los asiáticos estarán, asimismo, en el gran mapa, con los altos y bajos que son fatales a todas las economías. América Latina y sus diferentes esquemas de integración y desarrollo tienen un papel y un desafío dentro de ese contexto general.

La cuestión final radica en cómo van a jugar tan variados factores en este complejo ajedrez del siglo XXI. La globalización parte del evangelio del libre mercado, en sus formas más ortodoxas. Si bien las economías controladas por el Estado habían caído en sus propias crisis, y perecieron ante las tentaciones de la burocratización, las crisis periódicas del mercado constituyen una advertencia severa sobre la necesidad de fórmulas equilibradas. Ni intervencionismo absoluto ni abdicación.

Pero, quizás, convenga volver a Brzezinski, porque es la desigualdad el signo del siglo, y la desigualdad insurge con una fuerza antes no imaginada. La desigualdad la describe Mike Moore con otras palabras pronunciadas ante el Consejo General de la OMC, el 30 de julio, 2001:

"Sin embargo, estoy seguro de que hay en esta sala personas de calidad y visión, que conocen los costos de la falta de progresos, que saben cuál es el estado de la economía mundial y la función que puede desempeñar el sistema multilateral de comercio. Sabemos también que 3.000 millones de personas, la mitad de la población mundial, subsisten con menos de 2 dólares diarios. Esta cifra podría alcanzar los 4.000 millones en los próximos 25 años. La oportunidad de hacer algo al respecto está a nuestro alcance. Tenemos tiempo y debemos hacer uso de él. Cuando nos reunamos de nuevo, la pregunta será ¿Qué ha cambiado?"

II.    La batalla de Robert Zoellick

Frente a este panorama, nos vemos obligados a revisar qué sucede con el ALCA y con su principal protagonista. Además de la complejidad de las negociaciones y de las crisis económicas de los 34 países comprometidos en el proceso, la recesión en los Estados Unidos, las consecuencias de la competencia en la América del Sur y el Caribe, la incertidumbre y la desconfianza parecen imponerse, más como signos de la realidad que como discrepancia teórica. En conclusión, pienso que el proceso de integración tiene prioridades que no se deben desconocer. La consolidación de los esquemas subregionales CAN, MERCOSUR, etc. Y luego en conjunto América del Sur -con Estados Unidos en el ALCA.

El representante de Estados Unidos para el Comercio Internacional, Robert Zoellick, decidió dar un paso al frente luego de la catástrofe del 11 de septiembre. Tenía que atender dos retos urgentes, y no podía darle tiempo al tiempo, porque ambos, uno más que el otro, podrían contagiarse del clima de incertidumbre y de pesimismo, más o menos bien fundado, de la situación económica mundial, en especial, de los Estados Unidos. El primero es la conferencia de la Organización Mundial de Comercio en Qatar, el 7 de noviembre, y la otra, quizás menos apremiante, el ALCA y el proceso de negociaciones hemisféricas. Junto a esos dos desafíos, y frente al compromiso de Estados Unidos, estaba, obviamente, la posición del congreso y su renuencia a otorgarle al Presidente Bush la autorización del "fast track" para negociar tratados comerciales.

Si el clima ha variado en Washington en cuanto a políticas exteriores, Zoellick parece percibirlo como una oportunidad. En el Instituto de Economía Internacional, en Washington, a los pocos días de la tragedia, Zoellick dictó una amplia conferencia sobre comercio internacional y las ventajas que el intercambio le ofrece a su país, ilustrada con argumentos de variada naturaleza, y con cifras que tratan de ir más allá de la persuasión al Congreso, y a los innumerables adversarios del proceso de globalización que tienen sus cuarteles en los propios Estados Unidos, y, sobre todo, en las páginas Web de los sindicatos.

Para Zoellick, "el sistema global de comercio ha demostrado que es la vía para resolver los problemas de la pobreza": Citó, junto a Bush, al ex Presidente Ernesto Zedillo de México: "Quienes se oponen al comercio, parecen extrañamente decididos a salvar al mundo en desarrollo del desarrollo". Al ir a las cifras, se remitió a un reciente estudio del Banco Mundial, que compara las economías de países en desarrollo que abrieron sus economías y los que rehusaron o no lo han emprendido. "El ingreso per cápita creció en los primeros en un 5% anual, en tanto los otros disminuyeron el suyo en 1%. El índice de pobreza absoluta, cayó en los países abiertos al proceso de manera absoluta en los últimos 20 años y el ingreso familiar creció con la economía".

Para dirigirse al Congreso, en particular, Zoellick señaló la paradoja de lo que ocurría en el mundo en materia de integración y negociaciones. Mientras Estados Unidos, dijo, se mantienen al margen, y la autoridad para negociar (Trade Promotion Authority) se mantiene congelada, ¿qué ocurre en el mundo? Zoellick ilustró la respuesta de esta manera: La Unión Europea ha suscrito 27 acuerdos bilaterales de libre comercio, 20 de los cuales fueron negociados en la década de los 90, y está negociando 15. Después de suscribir el NAFTA, México ha negociado 8 acuerdos de libre comercio con 32 países. Japón trabaja en un acuerdo con Singapur, y explora opciones con Canadá, Corea, México y Chile. Zoellick añadió estas cifras: en la actualidad están en vigencia 130 acuerdos de libre comercio, y Estados Unidos es parte sólo de dos. En el hemisferio occidental hay 30 acuerdos, y Estados Unidos pertenece sólo a uno, el NAFTA.

Las oportunidades que ofrecen estos acuerdos están cerradas para los comerciantes y trabajadores norteamericanos, dijo Zoellick, e invocó una anécdota más, y se refirió al caso de Chile. Expresó: "En 1994, el entonces Presiente de México, Ernesto Zedillo, el Primer Ministro Chretien, de Canadá, y el Presidente Clinton, dijeron, "vamos a negociar un acuerdo de libre comercio con Chile". Lo hizo México, lo hizo Canadá, Estados Unidos no lo hizo": A esto añadió las consecuencias negativas para Estados Unidos, bien señaladas con ejemplos. "Lo que otros están haciendo sin nosotros -dijo casi sombríamente Zoellick- determinarán las reglas del futuro en materia de comercio, sanidad (stardards fitosanitarios para la agricultura), manufacturas, nuevas tecnologías, sistemas de comunicaciones, propiedad intelectual, acuerdos aduanales, servicios, altas tecnologías, y nuevas redes de negocios". Un crítico del unilateralismo no habría hablado con la elocuencia y el conocimiento del Representante Comercial de Estados Unidos.

Para los críticos de la globalización como dominio de las grandes corporaciones, Zoellick apeló a otros datos, no menos elocuentes: se refirió a los pequeños negocios de Estados Unidos, y a lo que significan. Dijo que generaban el 50% de PIB y creaban el 75% de los nuevos empleos. Para ellos el comercio es cada vez más importante. El 97% de las empresas exportadoras de EE UU. tienen menos de 500 empleados, y 60% de los exportadores tienen menos de 20 empleados. 29% del total de las exportaciones las llevan a cabo los pequeños empresarios. De las exportaciones a América del Sur y Central, 40% corresponde a esas empresas. El índice de pequeños exportadores a China creció en 167% entre 1992 y 1998, y el valor de sus exportaciones creció en 84%. Evidentemente, Zoellick respondía a los sindicatos de la poderosa AFL-CIO que tienen una campaña intransigente contra el libre comercio.

El representante comercial es optimista en cuanto a las posibilidades de que el presidente Bush logre este otoño la autoridad para negociar por parte del Congreso. Antes se le llamaba "fast track", ahora Trade Promotion Authority (TPA). El momento parece propicio. Roberto Zoellick no se rinde. Su conferencia ante el Instituto Internacional de Economía es una lección de cómo el unilateralismo puede dejar atrás a los Estados Unidos, contra la percepción quizás equívoca que reina en el mundo. Una cuestión es critica: los subsidios a la agricultura que ahora también encontrarán sus justificaciones en una economía en recesión.

III.    El Congreso tiene la palabra

El 13 de junio de 2001, el congresista Phil Crane (republicano, de Illinois), introdujo un proyecto de ley ante la Cámara de Representantes mediante el cual se le concedería al presidente de los Estados Unidos la TPA. Con ese motivo, Zoellick declaró: "La expansión del comercio beneficia a los consumidores, a los agricultores, a los trabajadores y a los hombres de negocios. Los mercados abiertos promueven también la libertad económica y la libertad política alrededor del mundo. Desde 1994, el Ejecutivo no ha contado con la autoridad necesaria para negociar acuerdos críticos. Entre tanto, nuestros socios comerciales han avanzado, suscribiendo numerosos acuerdos, poniendo a los exportadores de Estados Unidos en desventaja competitiva, bloqueándole a los norteamericanos oportunidades y alternativas. La autorización (TPA) es necesaria para fortalecer el brazo de Estados Unidos en la mesa de negociaciones. El Presidente debe tener la facultad de firmar buenos acuerdos comerciales que amplíen el acceso de Estados Unidos a los mercados de ultramar". También, añadió Zoellick: "la autorización proveerá el marco adecuado para las consultas con el Congreso en los momentos claves de las negociaciones": Era quizás una manera de prometerle al Congreso que la ATP no significaba que el Ejecutivo actuaría solo, y los parlamentarios podían contar con las consultas más frecuentes posibles.

IV. Sin embargo, en Washington: "Cuatro más Uno"

La última semana de septiembre, Estados Unidos intentó darle al proceso de integración hemisférica un cierto impulso, quizás en un gesto fatalmente relacionado con los ataques terroristas del 11 de septiembre, y los efectos negativos que pudieran desencadenar en el mundo, y de modo especial en las relaciones Estados Unidos-América del Sur. La incertidumbre, con todo, persiste, pero en suma, Estados Unidos tomó decisiones que es preciso registrar, más allá de lo que pudiera suponerse como gesto simbólico.

En Washington se llevó a cabo una reunión del grupo llamado "Cuatro más Uno", o sea, los países de MERCOSUR y Estados Unidos. Otra reunión con iguales propósitos tuvo lugar, paralelamente, en Nicaragua, a la cual asistieron los cinco países de la América Central. (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) que, en conjunto han expresado su interés en el libre comercio con los Estados Unidos. También en Managua se convocó el Comité de Negociaciones Comerciales del ALCA, con asistencia de los viceministros de los 34 países participantes.

En Washington, Zoellick se reunió con los ministros de MERCOSUR que tienen la responsabilidad del comercio y de las relaciones exteriores de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. El tema fue el proceso de integración, las perspectivas del ALCA, los problemas económicos de los países del Cono Sur y las consecuencias de la situación económica mundial. A los ministros de MERCOSUR, le dijo Zoellick: "El presidente Bush ha dejado en claro que la promoción del comercio y los mercados abiertos son esenciales para el liderazgo estadounidense. El comercio es la fuerza motriz de la libertad económica, la prosperidad y la esperanza en el Hemisferio Occidental y en el mundo entero. Me complace que a los pocos días del 11 de septiembre podamos mantenernos unidos con dos grupos de naciones latinoamericanas para promover nuestro compromiso común a la apertura mediante la mayor liberalización comercial".

El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias, se unió a los ministros del grupo "Cuatro Más Uno" para una conferencia de prensa después de la reunión. Según Iglesias, "en la medida en que los debates del "Cuatro Más Uno" permitan a las partes profundizar su entendimiento mutuo de los asuntos comerciales, serán beneficiosos no sólo para las relaciones bilaterales sino también, dadas su dimensión e importancia, para el fortalecimiento de las iniciativas hemisféricas y mundiales".

En la reunión de ministros del "Cuatro Más Uno" dos temas dominaron las conversaciones de los ministros: el progreso continuo con respecto al ALCA, y la importancia de emprender una nueva ronda de negociaciones comerciales en la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el mes de noviembre en Qatar. Los ministros convinieron en temas específicos sobre un programa de trabajo y un cronograma de reuniones futuras de gobierno a gobierno. En una declaración conjunta reafirmaron "su compromiso con la promoción de un ambiente abierto para el comercio y las inversiones entre los cinco países, y el papel importante que desempeña el comercio en el fomento del crecimiento y del desarrollo económicos":

MERCOSUR es el acuerdo de comercio preferencial más amplio en América del Sur. Los ministros del "Cuatro más Uno" anunciaron que darían nuevo ímpetu al Consejo de Comercio e Inversión establecido por el Acuerdo del Jardín de las Rosas. Según las conclusiones de la reunión de Washington: "El Consejo llevará adelante un programa de trabajo diseñado para conseguir el objetivo común de libre comercio y, en el plazo inmediato, explorar las vías para contribuir al crecimiento económico y su sostenibilidad a través de un mejor acceso al mercado. Se han establecido grupos de trabajo dentro del Consejo en las áreas de comercio agrícola, comercio industrial, desarrollo de las inversiones y comercio electrónico".

Como quiera que los ministros extendieron sus convenios más allá del proceso de integración hemisférica, acordaron que representantes especiales de los cinco países revisen las perspectivas de la conferencia de la OMC, antes de noviembre. Paralelamente, tratarán de profundizar las relaciones comerciales en áreas específicas entre los del Sur y Estados Unidos. En representación de los cuatro países estuvieron en Washington, el Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Adalberto Rodríguez Giavarini; el Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Celso Lafer; el Ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, José Antonio Moreno Ruffinelli, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Dr. Didier Opertti. De manera que de un modo o de otro, contra viento y marea, el proceso de integración hemisférica continúa aún cuando habría sido a mi juicio mucho más conveniente que los países consolidaran sus esquemas subregionales de integración antes de ir a una negociación con los Estados Unidos. De una manera o de otra parece que los problemas son sumamente complejos en nuestros países: o se cambian políticas como en el caso de Venezuela, no ciertamente claro en muchas ocasiones, o como hubiera sido y sería lo ideal, se consolidan los esquemas regionales como la CAN, MERCOSUR, los esquemas del Caribe y de América Central, para luego negociar conjuntamente con los Estados Unidos.




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