Titulo OMC y ALCA: prioridades en la agenda comercial de ALC
Edición  Nº 63

Septiembre - Diciembre 2001

Indice

Los retos de la OMC en el siglo XXI

María Cristina Rosas

Profesora e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

Introducción

A finales del año 2001 el Congreso de Estados Unidos decidió otorgar al presidente estadounidense George W. Bush la autoridad de promoción comercial (APC) -anteriormente conocida como fast track
1 o vía rápida- que le permitirá al titular del Ejecutivo de esa nación apoyar decisivamente la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)2 , así como el inicio de una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales al amparo de la Organización Mundial del Comercio (OMC)3 .

Este hecho, impensable hace todavía algunos meses, viene a corroborar el apoyo que el mandatario estadounidense recibe de su Congreso a partir de los lamentables sucesos del pasado 11 de septiembre, y que se traduce en que prácticamente cualquier solicitud hecha por Bush Jr. al poder legislativo, cuenta con el beneplácito de Capitol Hill.

No se sabe cuánto pueda durar la luna de miel entre el titular del Ejecutivo y los legisladores en Estados Unidos, sobre todo pensando en que habrá una renovación del Congreso en los comicios del próximo mes de noviembre. Mientras eso sucede, no deja de llamar la atención que la nueva victoria política de Bush se produce en momentos de recesión, cuando, tradicionalmente, los países se tornan proteccionistas y poco proclives a debatir la apertura de sus mercados, negando el otorgamiento del trato nacional a los extranjeros en diversos ámbitos.

Es razonable suponer que Estados Unidos intentará, a partir de este momento, revertir el alcaescepticismo que quedó de manifiesto en las cumbres de las Américas celebradas en Santiago de Chile, en 1998, y en la ciudad canadiense de Québec, en 2001, cuando los países participantes denunciaron la falta de compromiso mostrado por Washington al no haber podido la administración de William Clinton, ni en 1997 ni en 1998, lograr el beneplácito de los congresistas estadounidenses para que lo invistieran con los poderes negociadores de la APC.

I. Los intereses de EE UU en el ALCA

Hay una serie de aspectos propios del contexto actual que explicarían el interés estadounidense por apoyar el regionalismo que el ALCA conlleva. Para empezar, la entrada en vigor del euro en doce de los quince países que pertenecen a la Unión Europea (que en sólo unos cuantos días se convirtió en moneda de uso corriente muy a pesar de las dudas externadas por algunos analistas financieros), revitaliza la noción de que Estados Unidos debe reafirmar el liderazgo en su zona natural de influencia, esto es, el continente americano, y el ALCA es, posiblemente, un instrumento idóneo para lograrlo.

Por otra parte, la terrible crisis económica que azota a Argentina debilita considerablemente uno de los principales obstáculos que Washington había venido enfrentando en la construcción del ALCA: el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Para Brasil, el declive del MERCOSUR es una mala noticia, dado que lo había venido empleando como herramienta de negociación en América del Sur, e inclusive, como alternativa respecto al proyecto enarbolado por Estados Unidos (como se desprende, por ejemplo, de la Cumbre Suramericana celebrada en Brasil en agosto-septiembre del año 2000).

Por último, aunque no es menos importante, hay que señalar que en el contexto geopolítico internacional actual, Estados Unidos ha logrado fortalecer las alianzas militares que forjó en los tiempos de la guerra fría y que antes del 11 de septiembre, en su mayoría -excepción hecha de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)- agonizaban. Así, en el hemisferio occidental la norma, aunque con algunas variantes por parte de los países de la región, fue la solidaridad con Estados Unidos, condenando el terrorismo y haciendo propia la consigna de Bush en el sentido de que "quien no está con Estados Unidos, está contra Estados Unidos." Es decir, EE UU. creó un ambiente de "consenso inducido" que ahora intenta llevar a planos más amplios que la simple lucha contra el terrorismo.

A manera de reflexión hay que pensar en las implicaciones de los acontecimientos del 11 de septiembre para el debate sobre la promoción de un comercio libre de obstáculos en el mundo. La cuarta reunión ministerial de la OMC que se llevó a cabo en Doha en noviembre del año pasado -a tan sólo unas cuántas semanas de los ataques terroristas contra Nueva York y Washington D. C.- se caracterizó por el desarrollo de negociaciones que, aunque con disenso, no llegaron a un punto de ruptura como el que se observó en la anterior reunión, celebrada en Seattle en noviembre-diciembre de 1999. Bajo la premisa de que la OMC no sobreviviría a un nuevo fracaso como el visto en Seattle se conminó a los delegados de los países reunidos en Doha a buscar consensos.

Ello se vio facilitado por el hecho de que la participación de la sociedad civil y de organismos no gubernamentales fue mínima y, de hecho, por la normatividad en materia de seguridad pública imperante en Qatar, numerosos activistas desistieron de hacer acto de presencia en la reunión. Así, las principales manifestaciones y protestas de los llamados globalifóbicos se produjeron fuera de Qatar y se vieron sensiblemente opacadas por las manifestaciones contra la guerra en Afganistán. De manera que el entorno político internacional operó contra los activistas opositores al libre comercio y allanó el camino para efectuar negociaciones comerciales sin una oposición exacerbada, al menos por ahora. En Doha, los pocos activistas asistentes se cuidaron mucho de no realizar movilizaciones que pudieran ser vistas como alteraciones al orden público o casi terroristas.

II. La situación del sistema multilateral del comercio

Sin embargo, no debe pensarse que el sistema multilateral del comercio se encuentra en su mejor momento. De hecho, las condiciones que imperan en la economía internacional y, particularmente, en Estados Unidos, pueden renovar vigorosamente un regionalismo económico en el continente americano al que muchos llegaron a considerar inviable hasta no hace mucho. Lo que aún falta por saber es porqué habría que revitalizar al ALCA cuando es prácticamente un hecho que en 2003 se iniciará una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales bajo los auspicios de la OMC.

¿Qué atractivo tendrían las negociaciones regionales frente a un foro multilateral como la OMC, donde los temas más apremiantes junto con otros nuevos serán motivo de negociación por parte de más de 140 países? ¿Qué sentido tiene para Estados Unidos negociar con 33 países del hemisferio occidental, cuando podría canalizar sus energías y recursos a negociaciones que le abrirán horizontes más amplios en el mundo que los que ofrece el continente americano?

La OMC es el resultado de un desgastante proceso de negociación como lo fue la Ronda Uruguay, la cual se prolongó por un largo espacio de ocho años. Con base en esa experiencia, es razonable suponer que una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales se extenderá por mucho tiempo y que ello dará pie a que los países, especialmente los que más dependen del comercio internacional para garantizar su prosperidad interna, busquen foros alternativos de negociación, revitalizando así los procesos de cooperación y/o integración económica regionales más los acuerdos bilaterales vis-à-vis la OMC.

En segundo lugar, hay un férreo debate en torno a lo que se negociará en una nueva ronda. Los países en desarrollo tienen la idea de renegociar numerosas disposiciones de los acuerdos de la Ronda Uruguay que no han satisfecho ni sus necesidades ni sus expectativas. Los países desarrollados, en cambio, planean incluir tópicos nuevos a las negociaciones, incluyendo disposiciones en materia ambiental, social, laboral y de derechos humanos, situación que alerta en torno al surgimiento de regímenes internacionales proteccionistas justificados a partir de la pretendida vinculación entre el libre comercio y el bienestar social.

La ampliación de la membresía en el acuerdo sobre compras de gobierno
4, así como del ámbito del acuerdo sobre medidas de inversión relacionadas con el comercio5 de la Ronda Uruguay, son tópicos en torno a los cuales los países industrializados pretenden avanzar. En contraste, la agenda de algunos de los países en desarrollo, en torno a la revisión del trato especial y diferenciado, o bien la vinculación entre las medidas de propiedad intelectual relacionadas con el comercio y la transferencia de tecnología, no parece prosperar con la misma intensidad.

Una característica del ALCA es que sus disposiciones retoman en gran medida los rubros negociados en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Dicho acuerdo, en su momento, se colocó a la vanguardia de las negociaciones comerciales dado que, antes de su existencia, la mayor parte de los procesos de cooperación y/o integración económicas regionales se centraban, salvo honrosas excepciones, en el desarme arancelario.

El TLCAN, en contraste, basado a su vez en el Acuerdo de Libre Comercio Canadá-Estados Unidos (ALCCEEUU) de 1989, incorporó esferas como los servicios, las telecomunicaciones, las inversiones, la propiedad intelectual, los mecanismos para la solución de las controversias, las barreras técnicas al comercio y otras disciplinas que, por ejemplo, en el entorno multilateral de la Ronda Uruguay, costaron muchísimo trabajo introducir. Así, mientras la Ronda Uruguay tomó más de ocho años para arrojar consensos en torno a sus disposiciones, el ALCCEEUU fue negociado en dieciocho meses y el texto base del TLCAN en once
6. La expectativa que tiene EE UU. en estos momentos es que será mucho más rápido negociar el ALCA que lograr consensos en la OMC en una nueva ronda7.

En este sentido no debe perderse de vista la membresía de la República Popular China en la OMC, cuya presencia será un factor desequilibrante en la medida en que los países pobres logren atraer a Beijing a la defensa de las causas del desarrollo. En un mundo donde la distribución de la riqueza es crecientemente inequitativa, una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales implicará negociaciones tortuosas, y a ello habrá que añadir el activismo de la sociedad civil y de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), las cuales desean ser incorporadas activamente en todo el proceso decisorio y de redacción de los acuerdos.

III. El posible resurgimiento del regionalismo

Ante un escenario como el anteriormente referido, el regionalismo podría resurgir (ya ocurrió así en el transcurso de la Ronda Uruguay, cuando se negociaron más de 30 acuerdos para el establecimiento de zonas de libre comercio y uniones aduaneras en diversas partes del mundo) compitiendo con el sistema multilateral del comercio y creando serios problemas de compatibilidad y jurisdicción entre los objetivos regionales (propios de un grupo de países, mismos que discriminan y excluyen al resto del mundo) y los globales.

En los hechos, el resurgimiento del regionalismo contribuiría a debilitar a la OMC, situación por demás delicada considerando que ya están en curso los trabajos para iniciar la Ronda del Desarrollo (¿o Ronda México?). Pero, por otra parte, la OMC no parece haber generado suficientes ponderaciones que permitan explorar la instrumentación de políticas de cooperación entre el regionalismo y el multilateralismo. El artículo XXIV de los estatutos del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) posibilita, desde el punto de vista jurídico, la existencia de los procesos de regionalización.

Sin embargo, el espíritu de ese artículo era privilegiar al multilateralismo dado que, de otra manera, sería muy difícil la coexistencia entre metas "locales", válidas para unos cuantos, y las metas globales, aplicables a todos. Pero tal parece que, por ahora, en el debate en torno al regionalismo frente al multilateralismo, es el primero el que podría imponerse, y en el caso del continente americano todo apunta a que así sucederá. Recuérdese que alrededor de la mitad del comercio internacional ocurre en el marco de los procesos de regionalización existentes en el planeta y que prácticamente no hay país alguno que no esté vinculado a alguna iniciativa de cooperación y/o integración regionales.

El regionalismo constituye un desafío para la OMC. Los temas que se pretenden incorporar a las negociaciones comerciales multilaterales y que han probado ser polémicos - como las disposiciones en materia ambiental, de derechos humanos y laborales- al igual que el trato nacional a los inversionistas y la posibilidad de que los extranjeros puedan participar en las licitaciones convocadas por los gobiernos, ya han sido incorporados a una gran cantidad de acuerdos comerciales regionales.

Costa Rica, por ejemplo, que suscribió un Tratado de Libre Comercio con México en 1995, se involucró en un complejo proceso negociador que implicó incluir una agenda prácticamente idéntica a la que gestionó México con Estados Unidos y Canadá en el TLCAN. Actualmente México ha suscrito un total de 10 acuerdos de la llamada nueva generación
8 y las negociaciones que se encuentran en marcha con Perú, Panamá, Ecuador y Trinidad y Tobago muy probablemente seguirán manteniendo ese "formato".

IV. El caso de México

Dado que el 90 por ciento del comercio exterior mexicano se rige por acuerdos de regionalización económica (estando en primerísimo lugar el TLCAN), vale la pena preguntar hasta dónde las negociaciones comerciales multilaterales son atractivas para México. Ciertamente existen esferas del comercio cuyo desenlace, en términos de la liberalización perseguida, se espera que se concrete en el seno de la OMC, como por ejemplo la agricultura. Sin embargo, en la medida en que los acuerdos de cooperación y/o integración regionales sean percibidos como más ágiles y pragmáticos, se tenderá a privilegiar esos foros frente a la opción multilateral.

Un hecho que no debería pasar inadvertido es que prácticamente todos los países desarrollados están privilegiando la suscripción de acuerdos comerciales bilaterales tanto con otros países industrializados como, especialmente, con las naciones en desarrollo. Así, Japón se encuentra explorando la posibilidad de suscribir acuerdos de libre comercio con Australia, México y Chile; la Unión Europea está negociando tratados de libre comercio, concertación política y cooperación con Chile y los países del MERCOSUR; Estados Unidos, por su parte, está gestionando con Chile y Corea del Sur amplios acuerdos. Lo que es más: recientemente, la Unión Americana dio a conocer un estudio en el que analiza la posibilidad de incorporar a la Gran Bretaña al tratado comercial norteamericano
9.

Cada una de las negociaciones y análisis descritos implican un reforzamiento de la liberalización comercial selectiva, en detrimento del otorgamiento del trato de la nación más favorecida hacia terceros (i. e. el resto del mundo). Es por ello que se ha sugerido que la OMC proponga mecanismos para multilateralizar los procesos de regionalización económica que existen en el mundo. Al respecto, conviene acotar que si bien existe en el seno del organismo internacional de referencia un comité sobre acuerdos comerciales regionales, la OMC, a la fecha, sólo ha publicado un estudio sobre el lugar que ocupa el regionalismo en el sistema multilateral del comercio
10 , pese a que existe más de un centenar de procesos e regionalización económica en el mundo. Ciertamente hacen falta más estudios, y sobre todo debates sobre la estrecha cooperación que debería existir entre los procesos de regionalización económica y la OMC.

La coexistencia de iniciativas comerciales bilaterales, regionales y multilaterales genera dificultades que merecen la atención debida. Por ejemplo, la desviación del comercio se produce como resultado de la promiscuidad comercial que se deriva de la gran cantidad de compromisos que tienen suscritos las naciones del mundo. La administración de los acuerdos bilaterales, regionales y multilaterales se torna costosa, dado que se suelen negociar criterios distintos de apertura de los mercados involucrados para cada uno de ellos.

El equipo de los negociadores que hizo posible la suscripción del TLCAN (Jaime Serra, Karla Hills y Michael Wilson, entre otros), publicó en 1997 un estudio sobre las incompatibilidades entre el regionalismo y el sistema multilateral del comercio
11. Entre las conclusiones presentadas por los autores figura la reestructuración del artículo XXIV del GATT/OMC, de manera que se incorpore un nuevo mecanismo de entendimiento que determine las reglas que deberían ser seguidas por los países que decidan desarrollar negociaciones regionales y/o bilaterales, sobre todo en cuanto toca al tema de los aranceles y las reglas de origen.

En su revisión sobre la política comercial de México en 1998, la OMC aborda algunos de los "focos rojos" de la tendencia a que el país favorezca la suscripción de acuerdos bilaterales y/o regionales, destacando, entre otros:

-  La necesidad de que sea la reciprocidad el principio rector de su política comercial;
-  La explicación clara acerca de las condiciones en las que México planea extender los
   beneficios del TLCAN a todos los miembros de la OMC;
-  La presentación de la agenda futura de negociaciones comerciales que México      
   planea llevar a cabo;
-  La justificación para que la apertura comercial en ciertos apartados del TLCAN sea
   efectuada en períodos mayores a 10 años;
-  La no participación de México en el acuerdo sobre compras de gobierno de la OMC;
-  El uso frecuente de medidas anti-dumping que restringen el acceso de bienes y
   servicios extranjeros al mercado mexicano, y sobre todo dañan y limitan los beneficios
   de las reformas económicas efectuadas por el país;
-  El uso creciente de barreras técnicas al comercio como los requerimientos de
   etiquetado que no son congruentes con los estándares internacionales.
12

V. Conclusiones

¿En qué medida la prioridad que México ha otorgado a sus compromisos, en el ámbito regional/norteamericano con el TLCAN y con los demás países con los que ha negociado acuerdos comerciales de la nueva generación, le impide adoptar plenamente las disposiciones emanadas de los acuerdos multilaterales?

La problemática descrita no se circunscribe a México. Considerando la amplia red de acuerdos de liberalización comercial selectiva, los imperativos regionales y/o bilaterales tenderán a competir de manera cada vez más intensa con las normas comerciales multilaterales. De ahí que la OMC, entre sus prioridades para la nueva ronda, deba abordar la reestructuración del artículo XXIV, en el ánimo de identificar puntos de convergencia entre el multilateralismo y el regionalismo. Por ahora, los procesos de regionalización, sobre todo los de la nueva generación, se encuentran a la vanguardia incorporando cláusulas democráticas, acuerdos de cooperación ambiental y laboral, cartas sociales e, inclusive, como en el caso del ALCA, mecanismos de diálogo con las ONGs. Ello hace ver a la OMC como un organismo limitado incapaz de abordar de manera adecuada las agendas referidas.

La Organización Mundial del Comercio no es una agencia ambiental, ni defensora de los derechos laborales, ni promotora de la democracia. Sin embargo, el diálogo y la coordinación entre la OMC y organismos y agencias internacionales especializadas como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), podrían incorporar la nueva agenda al debate sin desgastar política e innecesariamente a la OMC.

Así, el inicio de nuevas negociaciones comerciales multilaterales es una oportunidad y un desafío. Por una parte, hay que renegociar las disposiciones de la Ronda Uruguay que tendrían que ser más sensibles a las necesidades de los países en desarrollo. Por otra, la compatibilidad entre las metas de la OMC y las de los acuerdos de cooperación y/o integración regional deberá producirse comenzando con un reacondicionamiento del artículo XXIV.

Finalmente, la adopción de una nueva agenda de negociaciones con los ya citados "nuevos temas" resulta imperiosa por varias razones. No hacerlo mantiene la discrecionalidad de los países para invocar, por ejemplo, la protección del medio ambiente en aras de resguardar al mercado interno de la competencia extranjera.

Pero para generar consensos, una agenda de ese tipo deberá ser negociada en conjunto con las agencias especializadas en la materia. Lo específico de la OMC es la promoción de un comercio libre. Ese es el bonus que posee y a ello debe destinar todos sus esfuerzos. Empero, los "nuevos temas" demandan acciones innovadoras so riesgo de un estancamiento que la OMC no podría solventar en términos políticos, dado que ello podría convertir, entonces, a la tan llevada y traída Ronda del Desarrollo en la Ronda del Escepticismo.


1. La fast track implica que el presidente estadounidense puede efectuar negociaciones comerciales con diversos países del mundo y que, una vez concluidas, son sometidas a la consideración de los legisladores para su ratificación. Los legisladores únicamente pueden aprobar o desaprobar el documento final, más no modificarlo. Ello no excluye el cabildeo que las partes interesadas realizan con los legisladores para garantizar su visto bueno.

2. Se pretende que las negociaciones del ALCA, de las que ya existe un borrador que puede consultarse en http://www.ftaa-alca.org/ftaadraft/spa/draft_s.doc, concluyan antes del 1º de enero de 2005, fecha en la que se espera que se instrumenten las ambiciosas disposiciones del tratado y que serán aplicables a las relaciones económicas de todos los países del hemisferio occidental con la excepción de Cuba. De hecho, el gobierno estadounidense pugna por una conclusión de las negociaciones hacia 2003 de manera que los meses siguientes se pueda trabajar en el proceso de cabildeo, que será difícil, para lograr que la Cámara de Representantes y el Senado en Washington las ratifiquen.

3. El próximo año, México será el anfitrión de la Quinta Reunión Ministerial de la OMC y en ella se espera que se inicie formalmente una nueva ronda que, en principio, se denominaría Ronda del Desarrollo.

4. Suscrito, fundamentalmente, por países desarrollados.

5. Que se aplica únicamente al comercio en bienes.

6. Es decir, de julio de 1991 a agosto de 1992. A éste tiempo habría que agregar también las negociaciones efectuadas entre febrero y agosto de 1993 para concretar los acuerdos paralelos al TLCAN en materia de cooperación ambiental, laboral y salvaguardas.

7. Ello depende, de todas maneras, de la capacidad de cabildeo que los países del hemisferio occidental logren orquestar en el Congreso de EE UU. No hay que perder de vista que activistas estadounidenses vinculados a organizaciones de pequeños productores, sindicatos y grupos ecologistas, también estarán efectuando una activa campaña contra el ALCA. Especial mención merece Lori Wallach, activista vinculada a Ralph Nader. Wallach se adjudica el cabildeo contra la autoridad de la fast track en 1997 y 1998 y el colapso de la ratificación del Acuerdo Multilateral sobre las Inversiones (AMI), negociado al amparo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La señora Wallach dice que su meta es evitar acuerdos de apertura comercial tanto en el ALCA como en la OMC dado que hacen daño al bienestar de los estadounidenses.

8. Además del TLCAN, y del acuerdo con Costa Rica figuran los acuerdos con Nicaragua, el Grupo de los Tres (Colombia y Venezuela), Bolivia, con la Unión Europea, con la Asociación Europea de Libre Comercio, con Chile, con el Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras), y con Israel.

9. Para conocer los detalles de este estudio véase USITC (August 2000), The Impact on the US Economy of Including the United Kingdom in a Free Trade Arrangement UIT the United States, Canada, and Mexico, Washington D. C., United States International Trade Commission.

10. Véase WTO (April 1995), Regionalism and the World Trading System, Geneva, World Trade Organization, 91 pp.

11. Véase Jaime Serra et al (1997), Reflections on regionalism, Washington D. C., Carnegie Endowment for International Peace, 97 pp.

12. Véase WTO (1998), Trade Policy Review 1998: Mexico, Geneva, World Trade Organization, 256 pp.

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