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OMC y ALCA:
prioridades en la agenda comercial de ALC
Edición Nº 63
Septiembre - Diciembre 2001
Indice |
La experiencia de México en el libre comercio mundial
Jesús Puente Leyva*
Ex embajador de México en Venezuela
Introducción
Historia harto conocida: en la década pasada -apenas superada la crisis de la deuda
externa, y la debacle del mercado petrolero mundial- México entendió que la
mundialización era desafío al que debía enfrentar estratégicamente. Transitar del
nacionalismo proteccionista a la convivencia en la llamada aldea global, planteó
interrogantes técnicas y desafíos políticos sin precedentes.
Breve reseña: a tres lustros de su incorporación al GATT, y a seis años de que entrara
en vigor el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, comprometido con la
apertura económica y con la competencia de mercados, México -entre todos los países- es
el que está más integrado al mercado internacional. Habiendo concertado nueve acuerdos
de libre comercio que le involucran con más de 30 países, en los últimos siete años
triplicó su comercio con el exterior reduciendo substantivamente su dependencia de las
divisas petroleras.**
De esta manera, actualmente las exportaciones de México -166 mil millones de dólares en
el año 2000- representan casi la mitad de las que llevan a cabo, en conjunto, todos los
países de América Latina.1
I. La estrategia de México frente al TLCAN
Anticipemos conclusiones: desde mediados de los noventa, el Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN) ha sido estrategia económica fundamental del país. El
argumento relevante que condujo al Tratado fue la convicción de que incrementaría la
eficiencia productiva de sus miembros aprovechando complementariedades económicas
-destacadamente entre México y Estados Unidos. Con esta premisa se consideraba previsible
que, a mediano y largo plazos, los tres países de América del Norte se encausarían en
un proceso de convergencia con favorables consecuencias para México en el ámbito de las
exportaciones, inversión extranjera, generación de empleo y nivel de salarios -esto
último, además, con positivos efectos para reducir la migración mexicana a Estados
Unidos. Como contraparte se expresaban reservas sobre la baja productividad y desventajas
tecnológicas de México; así mismo, en lo que concierne a la desproporción económica
entre los tres países. El dato -por no decir el argumento- era innegable: a principios de
los años noventa, el producto nacional bruto de México representaba sólo 4% del de
Estados Unidos. En este entorno -con alguna exageración-, se comentaba el riesgo de que
el TLCAN pudiera generar en México un oneroso proceso de desindustrialización.
Algunos analistas consideraban que la creciente competencia generalizada, y los efectos de
la reducción arancelaria en el mercado interno provocarían quiebra de empresas, mayor
desempleo, e incluso, reducción de los salarios reales.2
Sin embargo, ya se puede hacer alguna evaluación objetiva al respecto. En primer lugar
-cabe reiterar- es un hecho que en los últimos siete años el comercio exterior de
México se multiplicó por tres (experiencia sin precedente histórico en América
Latina). En consecuencia, las exportaciones del país, que representaban -en promedio- 10%
del PIB a principios de los 80, ascienden a 30% en nuestros días. En ese lapso, de manera
consistente México logró mantener con sus socios del TLCAN una favorable balanza
comercial: entre 1994 (año que entró en vigencia el Tratado) y el año 2000, el
superávit con esos países totalizó casi 80.400 millones de dólares (consúltese el
Cuadro 2 anexo).
Sin embargo, a pesar del ambicioso proceso de integración con que México despidió el
siglo XX, su balance externo global exhibe aspectos desfavorables; destacadamente, que en
el lapso 1994/2000 el intercambio comercial con el exterior le dejó al país un déficit
acumulado total de casi 26.000 millones de dólares (consúltese el Cuadro 1 anexo). Pero
este es un dato menor; lo importante es que en esos años el saldo de balanza de pagos en
cuenta corriente -incluidos el servicio de la deuda externa, y remisión de utilidades al
exterior- registró un déficit de 90.000 millones de dólares, el cual se pudo financiar
con entradas de capital que en ese lapso representaron inversiones directas de 80.000
millones de dólares, a las cuales se sumaron créditos del exterior y entradas de capital
de corto plazo, todo lo cual -sumado- arrojó un saldo superavitario en cuenta de capital
que, en el lapso 1994-2000, sumó 133.000 millones de dólares (consúltense los cuadros 5
y 5/a, anexos).
Virtudes y defectos del proceso: Estados Unidos es -con mucho- el principal destino de las
ventas mexicanas en el exterior, de las cuales casi 90% se coloca en ese mercado, que se
ha convertido en factor esencial del crecimiento económico del país (consúltese el
Cuadro 1 anexo). En este entorno México es ya el segundo proveedor comercial de Estados
Unidos, superado solamente por Canadá.
La capacidad competitiva de México para exportar se afianza, de manera substantiva, en la
inversión extranjera directa: un promedio de casi 12.000 millones de dólares anuales que
logró captar en el curso del último lustro; de más está decir que el grueso de dicha
inversión -60% aproximadamente- procede de Estados Unidos (consúltese el Cuadro 5,
anexo).
México es ya el primer proveedor de su vecino del norte en renglones específicos como
ropa para hombre (camisas y pantalones de algodón); camiones de carga y vehículos
familiares; televisores; autopartes y accesorios para automóvil (aparatos de radio,
cinturones de seguridad, volantes, columnas y cajas de dirección, bolsas de aire, etc.).
México es, también, principal proveedor de Estados Unidos en café; igualmente en tomate
y otros vegetales frescos y congelados, con un monto que se acerca a los 2.000 millones de
dólares anuales (dato interesante: el país exporta, anualmente, casi 700.000 toneladas
de tomate). En algunos rubros específicos los datos son impresionantes: hace dos décadas
la industria automotriz de México prácticamente no vendía en el exterior, actualmente
exporta más de un millón de automóviles y camiones por año (las exportaciones totales
en el ramo automotriz -vehículos terminados, autopartes y accesorios- se acerca a los
30.000 millones de dólares anuales: más de tres veces las exportaciones petroleras del
país).
Sin embargo, según algunos analistas, no todos los aspectos del TLCAN serían favorables,
sobre todo porque la mayor integración económica con Estados Unidos implica una
creciente dependencia de oscilaciones coyunturales para la economía mexicana, la cual se
está dejando sentir severamente, con la desaceleración económica que este año enfrenta
el vecino país del norte.3
Por otra parte, la actividad exportadora de México está concentrada en muy pocas
empresas, principalmente extranjeras (un solo dato es revelador: a fines de la década
pasada un reducido grupo de empresas -poco más de 3.400- generaba 94% de las
exportaciones del país y participaba, apenas, con 6% del empleo nacional de mano de
obra). Además, algunos analistas afirman que el auge exportador de México no se asocia,
necesariamente, con aumentos significativos del empleo y de los salarios reales en el
conjunto de la economía. Según esto, después de la severa crisis de los años 1994-95,
el PIB por habitante y los salarios reales (promedio) prácticamente no se han recuperado.
Sin embargo, considerando los datos hasta el año 2000 esta aseveración, en términos
globales, no corresponde a la realidad.4 De hecho, la
información disponible indica que el PIB per cápita de México, en los últimos siete
años, creció 15% en términos reales... lo cual, por modesto que sea es crecimiento, y
no sería ajeno al TLCAN (consúltese el Cuadro 3, anexo).
En este entorno, el problema del empleo en México no concierne, solamente, al número de
plazas de trabajo que demanda el crecimiento demográfico de un país con 100 millones de
habitantes, tiene que ver también con la creación de empleos adecuadamente remunerados.
Al respecto, se estima que 70% de las nuevas ocupaciones que se crearon en el país, en el
curso de la década pasada, corresponden al empleo de no asalariados y a ocupaciones en
establecimientos muy pequeños o de baja productividad. En consecuencia, dos terceras
partes de la población económicamente activa -asalariada y no asalariada- recibe como
máximo dos salarios mínimos (poco más de doscientos dólares mensuales) o no percibe
ingreso.5 La migración de mano de obra que fluye secularmente de México a
Estados Unidos, es un tema capital que no figuró en las negociaciones del TLCAN; problema
sin solución de corto plazo que sin embargo, por primera vez, la administración del
Presidente Fox ha puesto en la Agenda Bilateral México/Estados Unidos.
Por último, algo revelante: las exportaciones mexicanas demandan un alto y creciente
contenido de insumos importados, lo cual es un obstáculo para sustentar el crecimiento
económico sobre la base del mercado externo. En otras palabras, la elevada elasticidad de
las importaciones respecto del crecimiento del PIB implica dificultades para que el país
crezca "hacia adentro", considerando los requerimientos del aparato productivo y
del consumo directo. Al respecto, dos datos son elocuentes: en los últimos siete años
(1993-2000) el PIB de México creció 28% en términos reales; en tanto, la importación
de mercancías creció 167% (consúltense los cuadros 1, y 3/a, anexos).
Esto plantea un importante desafío para México: la necesidad -inaplazable- de que la
actividad exportadora genere encadenamientos crecientes con el resto de la economía.
Según diversas estimaciones, la producción mexicana aporta -solamente- entre 2% y 4% de
los insumos totales requeridos por la industria exportadora (a lo cual, se añadiría el
valor agregado por la mano de obra).6
II. Un balance del camino recorrido
Con todo, evaluaciones y análisis autorizados permiten concluir que en términos
generales, atendiendo a las premisas y propuestas que le dieron origen, el TLCAN ha sido
exitoso para la economía mexicana -incluso, por encima de lo que hubieran previsto los
pronósticos más optimistas. Sin embargo, una incógnita elemental es si las
exportaciones mexicanas podrán mantener un acelerado ritmo de crecimiento, y duplicar su
participación en el PIB cada cinco o seis años, como prácticamente sucedió en el curso
de la década pasada; pero aunque esto ocurriera, el problema es que las exportaciones -su
dinámica y monto- le permitan al país adquirir las importaciones requeridas a través
del tiempo, cubrir los altos costos de la deuda externa -pública y privada-, y remitir
utilidades al exterior.
En este entorno, y de manera calificada, se ha afirmado que "el Tratado no resolverá
por sí mismo los problemas estructurales de la economía mexicana"... cabe añadir
que, muy probablemente, sin el Tratado México tendría mayores dificultades para resolver
esos problemas. Corolario elemental: en el siglo XXI, el desarrollo económico y social
del país hace más que necesario mantener la dinámica exportadora; pero al mismo tiempo,
diversificar sus mercados internacionales y fomentar el mercado interno con una
actualizada estrategia competitiva de sustitución de importaciones (sobre todo en lo que
concierne a insumos y materias primas industriales).
Ciertamente, plantea problemas que el avance económico del país dependa
significativamente de variables externas. Después de todo, si bien es cierto que las
ventas al exterior representan 30% del PIB del país, el valor agregado respectivo
-descontando insumos importados, y considerando el costo de mano de obra- se podría
estimar (orden de magnitud) en 15%, o poco más. Sin embargo -ahora como nunca- las
divisas que generan las exportaciones tienen un alto costo de oportunidad... tan alto, que
sin ellas no sería viable el crecimiento de la economía en su conjunto. Conclusión
reiterativa: sensiblemente, el crecimiento económico de México descansa en ámbitos de
producción atados al exterior, en los cuales se genera -solamente- una sexta parte del
PIB. Esto es importante porque en el curso de los últimos años el mercado interno del
país ha estado sujeto a severas condicionantes de política económica -entre otras, muy
escaso financiamiento con elevadas tasas de interés- cuya preocupación esencial es
mantener bajo control las variables macroeconómicas fundamentales: destacadamente, el
comportamiento general de los precios y el tipo de cambio. Dicha política expresa la
convicción de que, sin equilibrio macro, la viabilidad económica del país estaría
negada. Sin embargo se debe considerar que ese equilibrio es, apenas, precondición del
crecimiento económico, de la creación de empleo, y del bienestar social, lo cual no
ocurrirá de manera sostenida si no se fomenta el mercado interno.
La evidencia es clara: a pesar de su innegable dinamismo, el modelo exportador de México
no ha sido capaz de generar un crecimiento económico de pleno empleo, como lo hizo el
modelo industrial de sustitución de importaciones en las décadas 1950-80. De conformidad
con una calificada consideración -lacónica y concluyente- el actual "modelo
industrial exportador" de México es "dinámico", pero tiene "bajo
poder de arrastre" y "lento motor de crecimiento interno", lo cual es
consecuencia de "la desarticulación productiva" y de la "desustitución
ineficiente de importaciones".
En consecuencia, urge articular competitivamente los eslabones de las cadenas productivas
porque sólo así, en el mediano plazo, se podría cerrar la brecha comercial del país...
sólo así se podrían superar las debilidades de una "liberalización comercial
acelerada", pero "ineficiente", que caracterizó a México en las
postrimerías del siglo XX.7
III. México y su vecindad con ALCA
Sin embargo, el interés de México no se agota en los ámbitos del TLCAN; en el amplio
escenario de la globalidad se desplazan las relaciones económicas con los países de
América Latina y el Caribe, los cuales, ciertamente, luchan por superar el subdesarrollo.
Sin embargo, a ellos no les favoreció el flujo masivo de inversiones directas que
precedieron y acompañaron al proceso de apertura económica, haciendo posible la
reconversión industrial del país.
En estas circunstancias, los países de la región no estaban, y algunos -tal vez la
mayoría- no están preparados, todavía, para incorporarse a un mercado hemisférico de
exigente competencia. En consecuencia, el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas
(ALCA) nació como convocatoria y promesa entusiasta convirtiéndose, de prisa, en un
proyecto de complejas posibilidades mediatas. Así se explica que, desde hace años,
ningún país de América Latina y el Caribe -con excepción de Chile- solicite a Estados
Unidos un procedimiento fast track para negociar su incorporación al Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (arranque fáctico del ALCA). En estas circunstancias, la
idea de apresurar las negociaciones para la integración hemisférica, que ofreciera
recientemente el Presidente de los Estados Unidos como expresión de renovado interés en
América Latina, es irrelevante e ingenua, considerando que muchos países de la región
no podrían enfrentar los desafíos exigentes de una competencia hemisférica abierta en
el año 2003, ni en el 2005. De manera realista -preparándose afanosamente-, requerirían
una década para llevar a cabo la reconversión industrial, y alcanzar los niveles de
productividad para competir en el ámbito continental.
En consecuencia, alternativamente, los países de América Latina han debido adoptar
estrategias integracionistas de "regionalismo abierto", basadas -afirma la
CEPAL- en la percepción de que todos los procesos de liberalización unilaterales,
regionales y multilaterales pueden fundamentarse uno sobre otro, si los gobiernos tienen
un claro panorama de los intereses y de las oportunidades en juego. En otras palabras:
considerando las dificultades de lograr en el corto plazo los objetivos del "óptimo
económico", se trata de concebir e impulsar la integración regional como la
"segunda mejor opción posible" para nuestros países. 8
Esto es importante, para no imaginar lo que algunos pudieran considerar como una
amenazante "atomización" de América Latina en bloques subregionales, y para no
afirmar que -amén de otros agrupamientos- en la región conviven, con intereses
enfrentados, dos grandes apartados económicos y geopolíticos: uno, pegado a la
locomotora de la economía estadounidense, y otro que está al sur.
Ciertamente, los países del MERCOSUR -por destacar el caso de una importante subregión-
están comprometidos con un esquema de integración distante y diferente al de México;
pero esto no ha impedido que, nuestro país -amén del Tratado del Norte- haya negociado
tratados de libre comercio con Chile, con Costa Rica, con Bolivia, con Nicaragua, y con el
Triángulo del Norte en Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador); además, que
haya consumado avances relevantes de liberalización comercial con Argentina y con Perú;
y que, en un propicio marco bilateral, sus negociaciones con Brasil sigan avanzando
pragmáticamente. Asimismo -con mayores alcances y cobertura- México tiene interés de
negociar un esquema de libre comercio con el MERCOSUR.
Suscrito el Tratado de Libre Comercio con el Triángulo del Norte en Centroamérica, el
firmado recientemente con Uruguay, y negociado un Acuerdo de Complementación Económica
con Cuba, México -visionaria y pragmáticamente- se mantiene como vecino, socio y
compañero de viaje de los países que, todavía, requieren tiempo para afirmarse en su
reducto subregional, hacer convergencia con el resto de la región, y para incorporarse
-eventualmente- al ambicioso proyecto del mercado hemisférico.
Mientras tanto, es importante avanzar y no descuidar lo que hemos logrado: es urgente dar
nuevo y comprometido impulso al Tratado de Libre Comercio del Grupo de los Tres,
considerando que el mercado que integran Venezuela y Colombia es el más importante para
México en América Latina (donde nuestro país coloca más de 20% de las exportaciones
que hace a la región); esos dos países, como mercado integrado, figuran entre el cuarto
y quinto destino de las exportaciones de México en el mundo (después de Estados Unidos y
Canadá, compitiendo con Alemania, España y Japón). Por otra parte, actualmente,
Colombia y México se suman como el principal mercado para las exportaciones no
tradicionales de Venezuela. 9
En más amplio contexto, consumado el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea,
México es ámbito de convergencia de los dos más grandes mercados del mundo, ofreciendo
grandes oportunidades a los países de América Latina. El hecho es que, desde ahora,
México brinda a estos países la posibilidad de establecer tratados bilaterales de
integración con los cuales -agregando el valor correspondiente en México- su producción
podría colocarse en los mercados de Norte América y Europa, sin necesidad de
negociaciones complejas y prolongadas, y sin pagar un oneroso "peaje" de
concesiones arancelarias para acceder al TLCAN o al futuro mercado hemisférico.
En este amplio entorno se abren los caminos de la integración: los de la globalidad que
sabemos ineludible, pero queremos favorable... con "rostro humano". En este
proceso le urge a México diversificar sus mercados y disponer de contrapesos frente a sus
socios del norte. Para ello, nuestro país está recuperando su protagonismo histórico en
América Latina, confirmando y fortaleciendo sus compromisos regionales con el
reconocimiento de que la integración es cooperación, cultura, política y memoria
histórica... algo más que la negociación de reducciones arancelarias; que la cuantiosa
inversión privada de México, dispersa en toda la región, ya es -destacadamente en
Venezuela- vigoroso elemento de integración que rebasa al comercio, y se afirma en la
base productiva; que las "pequeñas economías" de la región merecen un
"trato especial y diferenciado" en este proceso; y que, finalmente, es necesario
actualizar y compartir -con renovado aliento- un proyecto político integrador para
América Latina y el Caribe, porque en esto -con mucho- descansa la credibilidad que
merece nuestro país en la región; porque más allá de las negociaciones comerciales, y
sin perjuicio de otros intereses, cualquier iniciativa internacional de México requiere
-antes que nada- el consenso y apoyo de sus vecinos cercanos... porque al final del
camino, geográficamente México es el Norte, pero cultural, histórica y emocionalmente
es y seguirá siendo América Latina.
CUADRO 1
México: Comercio Exterior por
Regiones, 1993/2000 |
(Millones de dólares) |
| IMPORTACIONES |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
| Estados Unidos |
45.295 |
54.791 |
53.829 |
67.536 |
82.002 |
93.258 |
105.267 |
127.566 |
| Unión Europea |
7.799 |
9.058 |
6.732 |
7.741 |
9.917 |
11.699 |
12.743 |
14.745 |
| Latinoamérica |
2.285 |
2.738 |
1.503 |
1.904 |
2.474 |
2.782 |
3.152 |
4.323 |
| Resto del Mundo |
9.988 |
12.760 |
10.389 |
12.288 |
15.414 |
17.633 |
20.813 |
27.840 |
| Total |
65.367 |
79.346 |
72.453 |
89.469 |
109.808 |
125.373 |
141.975 |
174.473 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| EXPORTACIONES |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
| Estados Unidos |
42.851 |
51.645 |
66.273 |
80.574 |
94.185 |
102.924 |
120.393 |
147.640 |
| Unión Europea |
2.789 |
2.806 |
3.354 |
3.510 |
3.988 |
3.889 |
5.203 |
5.621 |
| Latinoamérica |
2.104 |
2.159 |
3.575 |
4.346 |
4.884 |
4.313 |
3.470 |
4.088 |
| Resto del Mundo |
4.089 |
4.207 |
6.339 |
7.574 |
7.180 |
6.333 |
7.326 |
9.075 |
| Total |
51.832 |
60.817 |
79.541 |
96.004 |
110.237 |
117.460 |
136.391 |
166.424 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| COMERCIO TOTAL |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
| Estados Unidos |
88.146 |
106.436 |
120.101 |
148.110 |
176.187 |
196.182 |
225.660 |
275.206 |
| Unión Europea |
10.587 |
11.864 |
10.086 |
11.250 |
13.905 |
15.589 |
17.946 |
20.366 |
| Latinoamérica |
4.389 |
4.897 |
5.078 |
6.251 |
7.359 |
7.095 |
6.621 |
8.411 |
| Resto del Mundo |
14.077 |
16.967 |
16.729 |
19.861 |
22.595 |
23.967 |
28.139 |
36.915 |
| Total |
117.199 |
140.163 |
151.994 |
185.473 |
220.045 |
242.833 |
278.366 |
340.897 |
Crecimiento porcentual, 1993/2000 |
País |
Importaciones |
Exportaciones |
Com. Total |
Estados Unidos |
182 |
245 |
212 |
Unión Europea |
89 |
102 |
92 |
Latinoamérica |
89 |
94 |
92 |
Resto del Mundo |
179 |
122 |
162 |
Total |
167 |
221 |
191 |
Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Geografía e
Informática (INEGI),
Secretaría de Economía

(*) La base 100 corresponde al año en que entró en vigencia
cada Tratado. El comercio que se registra en esta gráfica es la suma de exportaciones e
importaciones (anual) de México con sus socios del Tratado respectivo

CUADRO 2
México: Intercambio Comercial a través de los tratados de
integración en los que participa 1993/2000
(Millones de dólares) |
| IMPORTACIONES |
Año de Entrada |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
Crecimiento
porcentual (*) |
| Chile |
1993 |
130 |
230 |
154 |
171 |
372 |
552 |
684 |
894 |
944% |
| TLCAN |
1994 |
46.470 |
56.411 |
55.203 |
69.280 |
83.970 |
95.549 |
108.216 |
131.582 |
183% |
| G-3 |
1995 |
311 |
418 |
312 |
331 |
545 |
455 |
518 |
696 |
66% |
| Costa Rica |
1995 |
22 |
28 |
16 |
58 |
77 |
87 |
191 |
180 |
553% |
| Bolivia |
1995 |
16 |
19 |
5 |
8 |
10 |
7 |
8 |
13 |
-30% |
| Nicaragua |
1998 |
11 |
11 |
8 |
12 |
11 |
14 |
15 |
27 |
136% |
| Triángulo Norte/CA |
2000 |
83 |
106 |
63 |
101 |
111 |
119 |
109 |
124 |
---- |
| Unión Europea |
2000 |
7.799 |
9.058 |
6.732 |
7.741 |
9.917 |
11.699 |
12.743 |
14.745 |
---- |
| Israel |
2000 |
45 |
85 |
47 |
79 |
112 |
137 |
173 |
297 |
---- |
| Total (**) |
2000 |
65.367 |
79.346 |
72.453 |
89.469 |
109.808 |
125.373 |
141.975 |
174.473 |
167% |
| EXPORTACIONES |
Año de Entrada |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
Crecimiento
porcentual (*) |
| Chile |
1993 |
200 |
204 |
490 |
689 |
842 |
625 |
366 |
431 |
179% |
| TLCAN |
1994 |
44.420 |
53.128 |
68.260 |
82.746 |
96.341 |
104.443 |
122.784 |
150.994 |
240% |
| G-3 |
1995 |
467 |
480 |
833 |
862 |
1.188 |
995 |
804 |
981 |
105% |
| Costa Rica |
1995 |
100 |
95 |
142 |
188 |
221 |
282 |
251 |
286 |
203% |
| Bolivia |
1995 |
17 |
13 |
24 |
30 |
32 |
35 |
32 |
27 |
99% |
| Nicaragua |
1998 |
21 |
21 |
31 |
53 |
64 |
58 |
65 |
93 |
45% |
| Triángulo Norte/CA |
2000 |
355 |
417 |
527 |
615 |
829 |
944 |
944 |
984 |
---- |
| Unión Europea |
2000 |
2.789 |
2.806 |
3.354 |
3.510 |
3.988 |
3.889 |
5.203 |
5.621 |
---- |
| Israel |
2000 |
104 |
3 |
11 |
10 |
30 |
18 |
38 |
55 |
---- |
| Total (**) |
2000 |
51.832 |
60.817 |
79.541 |
96.004 |
110.237 |
117.460 |
136.391 |
166.424 |
221% |
| COMERCIO TOTAL |
Año de Entrada |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
Crecimiento
porcentual (*) |
| Chile |
1993 |
330 |
435 |
644 |
860 |
1.215 |
1.177 |
1.050 |
1.325 |
429% |
| TLCAN |
1994 |
90.890 |
109.539 |
123.463 |
152.026 |
180.311 |
199.992 |
231.000 |
282.576 |
211% |
| G-3 |
1995 |
778 |
| |