Titulo Oportunidades y riesgos
del ALCA

Edición Nº 62
Mayo - Agosto  2001

El papel de los Parlamentos en el ALCA

Eduardo Mayobre

Director de Relaciones Económicas del SELA


I. Democracia, transparencia y participación


Resulta difícil referirse a ALCA, porque a pesar de todo el espacio que ha ocupado en los medios de comunicación es muy poco lo que sabemos sobre ella.

La Declaración Ministerial emitida en Buenos Aires el 7 de abril de este año, promete cambiar esta situación. Ahí se afirma lo siguiente: "En forma consistente con nuestro compromiso de transparencia, hemos acordado publicitar el borrador del acuerdo de ALCA en los cuatro idiomas oficiales, después de la Tercera Cumbre de las Américas".

Este compromiso significa un cambio importante y puede dar lugar al inicio de una participación real de la sociedad en el proceso de ALCA y de una mejor comprensión de sus características y consecuencias. Hasta ahora sólo se habían conocido los principios generales que inspiran al ALCA y algunas modalidades acordadas para su negociación. Pero la información había sido reducida que sólo se había podido discutir la propuesta haciendo conjeturas o recurriendo a posiciones abstractas o ideológicas.

Los principios básicos del ALCA han sido desde sus inicios la democracia y el libre comercio. La democracia, sin embargo, había sido concebida hasta ahora simplemente como un boleto de entrada de los países a las negociaciones. El conocimiento y el debate de las diferentes opciones, propios de la democracia, habían estado ausentes. Algunos mecanismos de alcance limitado, como el Comité de Representantes Gubernamentales sobre Participación de la Sociedad Civil, habían intentado llenar ese vacío. También se le había concedido cierto espacio a algunos pocos sectores, como es el caso del Foro Empresarial de las Américas. Pero los resultados han sido muy escasos porque no ha habido material concreto para la discusión. Se podía vislumbrar posiciones o actitudes de parte de los gobiernos participantes en las negociaciones o se podía construir escenarios teóricos, pero era prácticamente imposible un debate serio sobre algo cuyo contenido y características eran desconocidos.

Este desconocimiento a su vez generó temores y rechazos preventivos. Pues como dijera el filósofo Heráclito de Efeso en uno de sus fragmentos: "Los perros ladran a lo que no conocen". Resulta muy difícil apoyar o estar en desacuerdo con algo que no se conoce. Y esto trajo el reclamo, por parte de diferentes sectores, de información mas precisa y abundante sobre algo que, de ponerse en marcha, afectará la vida de los habitantes de todo el continente.

Este mismo Foro, la Conferencia Parlamentaria de las Américas (COPA) 
1. es una expresión del sentimiento y la necesidad de que se diera un tratamiento más democrático al proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Así, en su declaración de Québec de 1997, la COPA acordó "apoyar y fomentar la participación activa de la población en las discusiones y en las consultas previas a las tomas de decisión relativas a la creación de un área de libre comercio continental" y en la declaración de Puerto Rico de julio del año 2000 se expresa el deseo de que "el proceso de integración continental se vea fortalecido gracias a la participación de los parlamentarios de todas las jurisdicciones del continente, a la transparencia de los debates acerca de la creación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y a la difusión periódica de los resultados de las negociaciones en curso por parte de los Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas".

Los gobiernos de la región han entendido lo razonable que son tales aspiraciones y han decido satisfacerlas. Esto hace posible que pueda comenzar a operar el componente democrático del proceso. También le da más solidez al proyecto. Porque sus perspectivas de éxito serían muy pocas si no se cuenta con la comprensión y el apoyo de la población, como suele suceder en los contextos democráticos. El ALCA ha corrido hasta ahora el riesgo de la incomprensión por la simple razón del desconocimiento. La Declaración de Buenos Aires indica que los gobiernos han entendido que ese riesgo era demasiado grande y comprometía la viabilidad del proyecto. Además, hacía precaria la posible gobernabilidad del mismo porque si las fuerzas de la sociedad no pueden expresarse durante el proceso de toma de decisiones, con toda seguridad lo harán después de que éstas hayan sido tomadas. De tal manera que debe dársele la bienvenida a los criterios de mayor transparencia acordados en Buenos Aires.

Pero esto sólo es un comienzo que todavía tiene que hacerse realidad. El proceso democrático para la aprobación del ALCA no se realiza por la simple difusión de la información. Es necesario, a partir de ella, generar un debate que se base en análisis responsables y que tome en cuenta los diversos intereses en juego en las diferentes sociedades de todo el continente. En este proceso los parlamentarios están llamados a jugar un papel fundamental. No sólo por la razón formal de que son ellos los que en definitiva deben aprobar cualquier proyecto de tratado multilateral que pueda resultar de las negociaciones, sino también porque en su carácter de representantes legítimos de la ciudadanía tienen el derecho y el deber de recoger los puntos de vista y las aspiraciones de ella. Además, porque parte de su función consiste en explicar a la población los alcances, ventajas y desventajas de la acción publica, función que es particularmente importante cuando se trata de asuntos internacionales.

II.     La intervención parlamentaria y la llamada "vía rápida"


A pesar de que por falta de información no se han dado hasta ahora las condiciones para un debate genuino, ha habido por lo menos una actuación parlamentaria que ha sido crucial para el curso de las negociaciones del ALCA. Se trata de la actitud del Congreso de los Estados Unidos de América frente a la posibilidad de otorgarle autorización al ejecutivo de ese país para negociar a través de la llamada "vía rápida" (o fast track). Aunque las negociaciones habrían avanzado, no obstante la ausencia de tal autorización, es difícil que puedan culminar sin ella.

La ausencia de la vía rápida influyó sobre los resultados de la Segunda Cumbre de las Américas, celebrada en Santiago de Chile. Debido a falta de apoyo parlamentario, el Ejecutivo estadounidense desistió, poco ante de esa cumbre, de insistir en su solicitud de autorización. Esto determinó que en la cita de Santiago, los Jefes de Estado se limitaran a endosar lo acordado por sus ministros de comercio en su reunión de San José de Costa Rica como método de negociación y dedicaran su declaración a temas de la agenda diferentes al ALCA.

Sobre el debate en torno a la vía rápida se pueden destacar dos hechos. Primero, el que suceda en Estados Unidos. Se trata del país sobre el cual el proceso del ALCA tendría menos influencia, debido a su tamaño relativo. Sin embargo, es el país en el cual el debate ha sido más intenso, en el cual el tema ha despertado mayores temores y mayor participación parlamentaria. Es posible que esto se deba a que la aprobación del tratado por parte del Congreso sea una condición sine qua non para que el proceso tenga éxito. También es posible que en Estados Unidos exista una mayor tradición de participación parlamentaria en los tratados internacionales que en el resto del continente. Una tercera hipótesis, no excluyente de las anteriores, es que en el proceso del ALCA están en juego principios generales sobre los cuales se crearían precedentes que afectarían a otras negociaciones de carácter internacional.

Lo cierto es que no sólo el Parlamento sino también varios sectores importantes de la opinión pública norteamericana se han movilizado en torno a las posibles características, ventajas y desventajas del ALCA.

La importancia del asunto no es sólo la "vía rápida" misma como metodología de negociación, sino que en la autorización posiblemente se defina un marco de referencia para las posibilidades de negociación del Ejecutivo estadounidense en temas tan sensibles como los asuntos laborales y ambientales. El tema es importante y de acuerdo con lo expresado por el representante de Comercio estadounidense tiene una alta prioridad en la agenda de su Gobierno.

En contraste con lo anterior, en América Latina y el Caribe el debate sobre el ALCA ha sido escaso. Esto no sólo se observa en el diario acontecer y en la lectura de las publicaciones, sino que puede apreciarse en la participación en los canales de comunicación que ha abierto el Comité sobre Participación Civil, en el cual más de la mitad de las sugerencias y comentarios provienen de Canadá y los Estados Unidos
2. Quizá esto se deba a que la incertidumbre sobre la aprobación de la "vía rápida" le confiera un carácter hipotético a toda discusión. Se pensaría que si no hay vía rápida, no hay ALCA, y que en consecuencia no habría que preocuparse demasiado por un proceso cuya condición de posibilidad aún no se ha cumplido.

De ser esto cierto, tal actitud resulta preocupante. Porque la combinación de un avance en las negociaciones intergubernamentales con la posibilidad de que en algún momento se apruebe la vía rápida pudiera llevar a que súbitamente se apruebe un tratado sin que haya sido sometido a la debida consideración en el resto de los países del hemisferio y que, además, dicho tratado esté condicionado por los acuerdos que se puedan lograr en el Congreso estadounidense, sobre los cuales el resto de los países de la región no tendrían influencia. En este caso, tales países se encontrarían en la posición de aceptar el tratado o quedar fuera de éste. De un hecho cumplido, ante el cual sólo cabría la posibilidad de "tómelo o déjelo". Disyuntiva bastante apremiante para la mayoría de los países, para los cuales la alternativa de quedarse afuera probablemente los condenaría a su marginación de la economía internacional.

Esto nos lleva a una posible segunda hipótesis para explicar lo escaso del debate dentro de América Latina y el Caribe. Existe el convencimiento casi generalizado de que los términos del tratado serán impuestos por Estados Unidos, de que éste será muy similar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y de que el desenlace de "tómelo o déjelo" es prácticamente una fatalidad. Esta actitud no es del todo descabellada si se toma en cuenta que el TLCAN representa el 71% del comercio hemisférico y el 85% de su producto interno bruto. Pero presupone una falta de capacidad de negociación de parte de los países de América Latina y el Caribe y deja en el aire varias interrogantes, como por ejemplo el destino de los acuerdos subregionales de integración existentes.

Quizá la publicación del borrador del Acuerdo del ALCA pueda modificar esa actitud fatalista en los países latinoamericanos y caribeños. Pero en todo caso, el debate y el análisis de dicho acuerdo son necesarios para aclarar posiciones y para que el Gobierno y el propio Congreso de Estados Unidos puedan conocer el sentimiento de las sociedades de América Latina y el Caribe y no cometan el error de exigir formalmente condiciones poco realistas.

El otro aspecto interesante de la discusión sobre la vía rápida es que en ella está en juego el papel que le corresponde jugar a los parlamentos en la negociación de tratados internacionales. Considerada desde el punto de vista de los países de América Latina y el Caribe, la situación de "tómelo o déjelo" resulta muy incómoda. O se aceptan condiciones que pudieran no ser convenientes para el interés nacional y pudieran limitar la autonomía de acción, o se queda en condiciones de desventaja en los mercados regionales que son casi necesariamente sus mercados naturales. Pero vista desde la perspectiva de los parlamentarios norteamericanos y, para el caso de todos los parlamentarios de la región, la situación tampoco es fácil, pues aceptar que el acuerdo se aprueba o se rechaza en su conjunto significa la posibilidad de tener que transigir en posiciones que se pueden considerar importantes (como, por ejemplo, los derechos laborales) o echar todo el proceso por la borda.

Esto último es particularmente importante en los casos de los tratados internacionales por el carácter supra nacional que ellos implican. Por eso resultan muy pertinentes los comentarios que se hacen en el papel sobre la temática de esta sesión referidos a la limitación de la capacidad de legislar que supone el acuerdo en ciertas áreas tales como el medio ambiente, los servicios, la agricultura y la diversidad cultural.

Todo acuerdo internacional conlleva cierta limitación en la capacidad para legislar. Por ello no es de extrañar la reticencia de algunos legisladores norteamericanos con relación a la autorización de la "vía rápida". El problema consiste en el alcance, la profundidad y las consecuencias de tales restricciones. Y es esto lo que determina que sin conocer el contenido y el alcance de los acuerdos no se pueda llevar a cabo una discusión significativa.

El papel sobre el temario de esta sesión hace algunos supuestos y conjeturas muy sensatos al respecto, pero tanto desde el punto de vista de los países como desde el punto de vista de los parlamentos no son suficientes las conjeturas y los supuestos como para colocarse en una posición de disyuntiva en la cual las únicas respuestas posibles respecto al conjunto del acuerdo son "sí" o "no". Por ello es importante analizar los diferentes aspectos involucrados y cuáles áreas y sectores se verían afectados por el acuerdo.

Antes de hacerlo, conviene destacar una diferencia entre la disyuntiva que enfrentan los Parlamentos de América Latina y la que enfrenta el de los Estados Unidos. La diferencia consiste en que si el Congreso estadounidense se pronuncia por el rechazo, el acuerdo deja de existir; mientras que si cualquier otro país lo rechaza, el acuerdo puede subsistir. Esto, a pesar de los principios de consenso y de compromiso único (single undertaking) ya acordados. Principios que, dicho sea de paso, rigen para las negociaciones pero no para las ratificaciones. En la práctica un país mediano o pequeño no tiene poder de veto sobre el proceso del ALCA, como lo muestra la posibilidad de que se constituya el ALCA mediante la ampliación paulatina del TLCAN.

Las consideraciones anteriores reafirman la necesidad de analizar y debatir los contenidos y efectos concretos de un acuerdo. En principio, hay asuntos generales que no pueden dejar de considerarse como, por ejemplo, la diferencia de niveles de desarrollo y el futuro de los proyectos de integración de América Latina y el Caribe.

1. Diferencias de niveles de desarrollo

Una de las características distintivas del ALCA es que agruparía sociedades y economías con grados de desarrollo muy diversos. Por un lado, Estados Unidos y Canadá, que son economías plenamente desarrolladas; y por otro, el resto de los países de América Latina y el Caribe que son economías en desarrollo, que a su vez muestran diferencias entre sí. Esta disparidad se añade a la de diferencia de tamaño económico de los países participantes. Para dar solamente un ejemplo, Estados Unidos representa el 76% del PIB de todo el hemisferio.

La teoría y la práctica de la integración económica hasta hace pocos años se circunscribían a países de desarrollo relativamente similar. El TLCAN constituyó el primer caso de una zona de libre comercio entre un país en desarrollo y países desarrollados. Sin entrar a juzgar sus costos y beneficios, ha mostrado que ese tipo de acuerdos es posible, que es capaz de subsistir. En el caso de la Unión Europea, donde las diferencias en niveles de desarrollo son relativamente menores, se han establecido políticas explícitas destinadas no sólo a tomar en cuenta tales diferencias sino incluso a disminuirlas, tales como el Fondo de Cohesión. En América Latina también se tomaron en cuenta los diferentes grados de desarrollo en el diseño de los esquemas subregionales de integración y se llegó a establecer categorías de países que obtendrían un tratamiento diferenciado. La principal caracterización es la de la ALADI que diferencia entre las mayores economías (Argentina, Brasil y México), los países intermedios o de mercado insuficiente (Colombia, Chile, Perú, Venezuela) y los de menor desarrollo relativo. A estas categorías habría que añadir lo que en el lenguaje del ALCA se conoce como economías más pequeñas, que incluye, entre otros, a las islas del Caribe.

En la Declaración de Buenos Aires se reafirma el "compromiso de tomar en cuenta las diferencias de desarrollo y tamaño de las economías de nuestro hemisferio". Este "tomar en cuenta", sin embargo, tiene un objetivo, que es "crear oportunidades para la plena participación de las economías más pequeñas y aumentar su nivel de desarrollo". De tal manera que para las economías de tamaño y desarrollo intermedio, que son la mayoría, no se contempla, hasta donde sabemos, un tratamiento especial, salvo en una frase muy general en la cual se afirma que las diferentes economías recibirán "el trato que estas requieren".

Esta ambigüedad respecto a los diferentes niveles de desarrollo ha estado presente a lo largo de todo el proceso del ALCA y ha dado origen a muchas de las resistencias que ha provocado la iniciativa. La ambigüedad no es casual. Se origina en el propio concepto de libre comercio, que es uno de los principios básicos del ALCA. El libre comercio supone que éste se da entre agentes iguales que compiten entre sí. Pero como evidentemente este no es el caso en el continente americano, se produce una incongruencia que hasta ahora no se ha podido resolver.

Se ha reconocido la diferencia en el caso de las economías más pequeñas con claras desventajas geográficas. Pero aun respecto a ellas no se ha tenido una actitud decidida. Por ejemplo, inicialmente se creo un Grupo de Trabajo sobre economías más pequeñas que posteriormente fue transformado en Grupo Consultivo.

Como el ALCA aspira a ser solamente una Zona de Libre Comercio (ZLC), y no más que eso, no se ha planteado en su seno la existencia de mecanismos compensatorios como los que existen en la Unión Europea. Se ha tendido mas bien a enfocar el problema de los diferentes niveles de desarrollo en términos de asegurar la "plena participación" de aquellas economías para las cuales el mero proceso de negociación e incorporación le resulta muy costoso. En este sentido se ha brindado cooperación para que tales países refuercen sus equipos negociadores.

Otra manera de enfocar el problema de las diferencias de grado de desarrollo, o asimetrías, ha sido el de pensar, como en el caso de la Ronda Uruguay o el TLCAN, en dar plazos más largos de "adaptación" para la plena vigencia de los mecanismos de la ZLC. Este enfoque parte del supuesto de que en unos pocos años, y si se adoptan las medidas adecuadas, todos los países estarán en condiciones de competir en pie de igualdad. Dadas las diferencias abismales de grado de desarrollo que existen en el continente americano, tal enfoque parece poco realista. Cuando estamos hablando de naciones cuyo producto per cápita puede ser diez o más veces inferior al de la principal economía de la región, para lograr condiciones de igualdad competitiva habría que pensar en lapsos de adaptación tan largos que el propio concepto de libre comercio se desdibujaría.

Una posible objeción a lo anterior sería que el propio libre comercio, la entrada en vigencia del ALCA, el acceso seguro al mercado norteamericano y la movilidad de capitales que generaría contribuiría a fortalecer a las economías relativamente menos desarrolladas. Al respecto, recuerdo que cuando se estaba discutiendo el TLCAN, un profesor de la Universidad de Cambridge comentó que considerar esa posibilidad era tan disparatado como la idea de que un hombre cualquiera se subiera a un ring de boxeo en el que estuviera Mohamed Ali con el objeto de fortalecer su musculatura. Debe reconocerse que México lo hizo y quizás haya fortalecido su musculatura. Pero también debe tenerse en cuenta que México es, dentro de América Latina, una de las economías más fuertes y que sus vínculos económicos con los Estados Unidos estaban mucho más definidos, por razones históricas y geográficas, antes del establecimiento del TLCAN, de lo que lo están en el caso de la mayoría de las otras naciones de la región.

El problema de la ZLC y las asimetrías va más allá de la capacidad de competir y las ventajas y desventajas económicas del esquema, pues incide en la capacidad de los países para determinar sus posibilidades y alternativas de desarrollo. Una ZLC lleva implícita un modelo económico de libre mercado. Pero los modelos de libre mercado pueden ser muchos. De modo que de acuerdo a las flexibilidades y rigideces que tenga el esquema de libre comercio se tendrán más o menos opciones para el desarrollo.

El modelo estadounidense de desarrollo, que casi instintivamente Estados Unidos tiende a querer imponer en el ALCA, ha dado muy buenos resultados en ese país. Pero no es necesariamente el que mejor acomoda a todos y cada uno de los países de la región. América Latina y el Caribe es una región de muchos y diversos problemas, de muchas carencias, que no se presentan, al menos con igual profundidad, en Estados Unidos. La pobreza, la inequidad, la falta de infraestructura, la fragilidad institucional, por citar solamente los que están más de moda, son problemas que requieren encararse directamente y que difícilmente pueden resolverse por la acción espontánea del mercado.

Si el acuerdo de libre comercio limita las posibilidades de hacer frente a esos asuntos sería más un problema que una solución. No es descartable la posibilidad de que esto suceda. En la medida en que el ALCA va a ser un acuerdo que va más allá de los compromisos adquiridos en la Organización Mundial del Comercio (OMC plus), que constituye su piso, existe la tendencia a que se refiera a una serie de temas paracomerciales tales como propiedad intelectual, políticas de competencia, inversiones, servicios, medio ambiente y normas laborales que regulen, y en consecuencia limiten, la capacidad de maniobra de los diferentes países respecto a asuntos que no se presentan en las naciones desarrolladas o para los cuales estas cuentan con instrumentos que no disponen los países en desarrollo (la posibilidad de financiar subsidios, por ejemplo).

En este sentido la preocupación sobre la limitación de la capacidad para legislar que pudiera introducir el acuerdo del ALCA es genuina y debe tenerse en cuenta. Pero el problema va aún más lejos, pues afecta a la viabilidad misma del ALCA. Si problemas como el de la pobreza y la inequidad no comienzan a resolverse en un lapso relativamente corto, o si se agudizan, generarán una reacción social y política que exigirá otras políticas y otros enfoques. Si el acuerdo del ALCA es rígido al respecto e impide ensayar nuevos caminos, el cumplimiento de sus disposiciones e incluso la pertenencia a él pueden verse en peligro.

En América Latina tenemos una larga y variada experiencia sobre integración económica. Sabemos que los esquemas de integración en sus inicios son muy exitosos y muestran beneficios. Pero también sabemos que tienden a desgastarse cuando las condiciones económicas o políticas, externas o domésticas, se deterioran. Pues en situaciones de crisis tienden a predominar las consideraciones domésticas.

Es por estas razones, entre otras, que dejar abiertas las posibilidades de políticas de desarrollo autónomas, tomar en cuenta las diferencias en niveles de desarrollo y tamaño de las economías del continente es una condición necesaria no sólo para resolver los problemas de crecimiento y pobreza que enfrentan la mayoría de ellos, sino también para asegurar la viabilidad del ALCA y la gobernabilidad de las naciones que pertenezcan a ella.

Siempre cabe la posibilidad y el argumento de que por tener dentro del ALCA a un socio tan poderoso como Estados Unidos, se mantenga y se pueda imponer una disciplina difícil de lograr en acuerdos entre países mas iguales entre sí. Pero no creo que ni siquiera Estados Unidos esté interesado en convertirse en "policía" del hemisferio. Es en este sentido que es importante el tan invocado sentido de pertenencia (ownership) que deben tener las sociedades del continente respecto al ALCA. Y para que lo tengan resulta indispensable que sus diferencias en cuanto a niveles de desarrollo no sean negadas.

2. El futuro de los procesos de integración de América Latina y el Caribe

El otro tema al que voy a referirme es la de la coexistencia del ALCA y los acuerdos subregionales de integración. Como ya dije, en América Latina tenemos una larga experiencia con este tipo de acuerdos, de casi medio siglo. Entre éxitos, retrocesos y fracasos se ha logrado crear una suerte de mapa de la integración que lo conforman principalmente MERCOSUR y la Comunidad Andina en Suramérica, el Mercado Común Centroamericano y la Comunidad del Caribe (CARICOM). Durante la década de los noventa la creación del MERCOSUR y la revitalización de los otros grupos, así como la proliferación de acuerdos bilaterales y trilaterales, permitió mostrar logros concretos y avanzar hacia uniones aduaneras, aún imperfectas y frágiles. En el año 2000 la Cumbre Suramericana propuso la formación de una ZLC en el subcontinente, que representaría la culminación de las negociaciones entre MERCOSUR y la Comunidad Andina, y algo más.

Todos estos grupos se basan en afinidades geográficas, históricas y culturales y aspiran a ser algo más que una simple zona de libre comercio. En forma explicita o implícita el objetivo es lograr una unión económica, o incluso política, similar a la que se busca mediante la Unión Europea. El objetivo más amplio sería la integración de América Latina y el Caribe mediante la articulación y convergencia de los grupos existentes. Esto tiene antecedentes: en forma explícita, los Presidentes de América Latina, con la presencia y el respaldo del presidente estadounidense Lyndon Johnson, acordaron en 1967 crear un Mercado Común, a más tardar en 1985. Evidentemente ese propósito no se logró.

La pregunta es si la creación del ALCA hará imposibles o irrelevantes los acuerdos subregionales y la integración de América Latina y el Caribe. La pregunta tiene sentido porque la integración latinoamericana es una aspiración, un sueño, de la mayoría de la población latinoamericana. Aunque no se ha tenido la disciplina suficiente para avanzar decididamente hacia la integración regional, existe la convicción generalizada de que la unión entre las repúblicas de América Latina y el Caribe es la única manera de tener una presencia significativa en el mundo y de que las naciones individuales no caigan en la marginalidad. Tanto así, que casi todas las retóricas oficiales se declaran partidarias de esa integración.

La respuesta oficial a la pregunta recién formulada es la reiteración que se hace en la Declaración de Buenos Aires de que "el ALCA puede coexistir con acuerdos bilaterales y subregionales, en la medida que los derechos y obligaciones no estén cubiertos o excedan los derechos y obligaciones del ALCA". Esto significaría un nuevo piso para los acuerdos subregionales. Piso uno: OMC. Piso dos: ALCA. Volvemos entonces a la necesidad de saber en concreto cuáles áreas cubriría el ALCA. Porque temas como las inversiones, los servicios, la competencia y la propiedad intelectual (por no hablar de las normas laborales y el medio ambiente) no han sido aún resueltos a nivel subregional y aparentemente el ALCA aspira a crear normativas al respecto.

Si tales temas los resuelve el ALCA antes de que los latinoamericanos y caribeños se pongan de acuerdo entre sí, su sentido de dirección quedará predeterminado y será poco lo que puedan hacer los latinoamericanos para cambiar el sentido de dirección que se acuerde.

Lo que está suficientemente claro es que si los acuerdos de integración subregionales no están por lo menos "un paso adelante" de los compromisos adquiridos en el ALCA serán absorbido por el ALCA y resultará sumamente difícil dotarlos nuevamente de vida propia. Por ello es importante, si se le toma serio, el compromiso asumido por los Presidentes de América del Sur de acordar una ZLC Suramericana durante el presente año. Importante, pero difícil. Lamentablemente no conozco cuánto hayan avanzado las negociaciones al respecto o si, como en una premonición, la atención demandada por las negociaciones de ALCA las hayan opacado.

Lo que parece claro es que la responsabilidad de avanzar en los acuerdos subregionales y en la integración latinoamericana y caribeña le corresponde exclusivamente a los latinoamericanos y caribeños. No podemos en ella recurrir al viejo pasatiempo de culpar a los estadounidenses. Y sería irresponsable cultivar una vaga ilusión de que los estadounidenses no se pongan de acuerdo entre sí y posterguen la entrada en vigor del ALCA como forma para ganar tiempo en la toma de decisiones que sólo corresponden a los latinoamericanos y caribeños. En este sentido, hay una urgencia para la toma de decisiones. Si los latinoamericanos o los grupos subregionales no son capaces de tomarlas entre sí, alguien la tomará por ellos, llámese los Estados Unidos, la OMC o el mercado.

Ese es el desafío que enfrentan los latinoamericanos y caribeños a nivel de gobiernos, de parlamentos y de pueblos para poder mantener sus aspiraciones de integración. El ALCA es importante, pero no hay que sobredimensionarlo al respecto. Una conciencia latinoamericana suficientemente clara permitiría convivir con ella e incluso sacarle beneficios. En contraste, la indecisión nos llevaría a atenernos a un ALCA en el cual en lugar de la posición activa tendríamos una posición pasiva en la que por simples razones de tamaño económico la gravitación de los países desarrollados del acuerdo sería determinante.

Estos son algunos de las asuntos que están en juego en el proceso de negociaciones que se realiza para la creación del ALCA y sobre los cuales los parlamentarios y las sociedades del continente deben pronunciarse, después de analizarlos y debatirlos, de manera que resulte un acuerdo equilibrado y beneficioso para quienes participen o se vean afectados por él.

 

1. Texto de la presentación preparada para la Conferencia Parlamentaria de las Américas (COPA), expuesto el 19 de Abril de 2001 en la Reunión Extraordinaria del Comité Ejecutivo de la Conferencia, realizado en Québec, Canadá.
2. SELA. La Sociedad Civil ante la integración regional y hemisférica. SP/CL/XXVI.O/Di Nº 1. 2000.

                                                                                                                                                               

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