| Titulo |
Oportunidades y
riesgos
del ALCA
Edición Nº 62
Mayo - Agosto 2001
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El
ALCA que queremos y necesitamos
Otto Boye
Secretario Permanente del SELA
Introducción
Hasta hace poco, era virtualmente imposible realizar un análisis sobre el tema del ALCA,
pues nadie conocía el contenido de lo que se estaba discutiendo. Para casi todo el mundo
era un secreto muy bien guardado por un pequeñísimo grupo de negociadores temerosos de
las reacciones que podría generar su conocimiento público. En el mundo abierto en que
hoy nos movemos, esto generó efectos negativos sobre la imagen del ALCA y su verdadero
alcance, independientemente de su sustancia y contenidos reales. El ALCA llegó a
transformarse así en una suerte de entelequia fantasmagórica sobre la que se podía
decir y especular cualquier cosa. ¡Y se dijo y especuló sobre muchas cosas, confundiendo
en ciertos casos a una opinión pública desconfiada y, por desgracia, sin antecedentes
sólidos para poder juzgar! Ha llegado el momento de terminar con esta situación que a
todos perjudica e iniciar un debate en todos los niveles, que supere las deficiencias
anotadas. Toda la región así lo espera.
I. El contexto histórico
Al dar comienzo a mi reflexión y antes de considerar el ALCA en sí, es necesario, a mi
juicio, hacer una consideración política mayor, que sitúe el contexto histórico que lo
envuelve y le confiere un significado específico. Este análisis político, que, repito,
no vacilo en calificar de mayor, identifica con claridad los actores involucrados y su
peso en el mundo. Al hacerlo, veremos que no estamos ante un juego de niños, ni ante un
asunto poco relevante. No. Estamos ante un gran desafío que condicionará la vida de
América Latina y el Caribe por largo tiempo, por muchas décadas, quizá hasta por
siglos. ¿Por qué? Porque más de treinta Estados soberanos de la región latinoamericana
y caribeña se encuentran plenamente inmersos en una negociación con la mayor potencia
mundial de este momento, sin la guerra fría bipolar y, también, sin la maduración de
una multipolaridad que podría introducir más equilibrio en las relaciones
internacionales. Esta es una realidad que ninguna pirueta ideológica o meramente
retórica puede ocultar, modificar o atenuar.
Estados Unidos es hoy una nación cuya trayectoria despierta todo tipo de reacciones.
Aquí quisiera destacar un aspecto poco mencionado: este gran país es un ejemplo vivo de
lo que puede lograrse con la integración, mucho más cercano al caso europeo que tanto
admiramos y observamos, tal vez por tratarse de una situación más reciente que el caso
norteamericano. Este último, en sus orígenes, vio unirse a trece Estados en una
federación. Su trayectoria expansiva, pues se le fueron agregando muchos más, no estuvo
exenta de dificultades. Antes de celebrarse los 100 años de independencia, una feroz
guerra civil casi arruinó y fragmentó lo que se había conseguido. Al final, como lo
sabemos, la crisis se superó con más unidad, abriendo el camino a la grandeza y el
predominio en el mundo, que ya a finales del siglo XIX era visible para todos.
Hoy, pasado el período de la guerra fría, Estados Unidos es una potencia política,
económica, cultural y militar indiscutida y, aunque tiene problemas económicos
importantes, vive una etapa de mucha prosperidad. El orgullo de sus dirigentes y de sus
ciudadanos es legítimo, genuino e, incluso, merecido. Su ya mítica confianza
escatológica es perfectamente comprensible y explicable.
Lo dicho sobre Estados Unidos le coloca un marco cargado de dramatismo a nuestros
problemas. Por simple contraste, aunque los padres de nuestra independencia hayan tenido
una visión semejante a la de los de la gran nación del norte, como realmente la tuvieron
en el ideal bolivariano que llegó a incluir un intento concreto verificado en Panamá en
1826, lo cierto es que nuestros nacientes Estados se dispersaron y nuestro mundo se
fragmentó. Las convulsiones fueron enormes a lo largo del siglo XIX, amainando algo, pero
no completamente, en el siglo XX.
No necesito en este ilustrado foro dar cifras, conocidas por todos, que pongan de relieve
el creciente abismo que separa el desarrollo existente entre nosotros y el que experimenta
Estados Unidos. Simplemente es gigantesco y, lo que es peor, tiende a crecer cada vez
más.
Dentro de este cuadro se ha comenzado a negociar el ALCA. Al comienzo, como el plazo se
veía lejano, casi nadie se preocupó. Hoy, cuando nos aproximamos a él, ha empezado a
tomar cuerpo la angustia por todas partes. ¿Estamos preparados? ¿Tenemos una noción
clara y completa de lo que estamos acordando? ¿Cuáles serán las verdaderas
consecuencias de lo que vamos a acordar?
II. Caracterización del ALCA
Para responder estas interrogantes fundamentales, no tenemos otro camino responsable que
estudiar el ALCA tan a fondo como nos sea posible y hacer un esfuerzo complementario al de
los negociadores, que ayude a la evaluación de conjunto que cada país deberá hacer de
aquí en adelante, hasta llegar a la ratificación o rechazo del Tratado que surja de la
negociación.
Llega, así, el momento de iniciar el estudio de conjunto de lo que es el ALCA. Mis
observaciones de hoy, situadas en una etapa preliminar, deben por eso ser consideradas de
carácter general e introductorio. Veamos, entonces, lo que este ALCA representa en
términos generales.
Partamos señalando que el esquema propuesto, hoy por fin disponible al público a través
de Internet, constituye una forma restringida de integración.
En efecto, la integración económica reconoce cinco etapas bien precisas, a saber:
1. los tratados preferenciales de comercio (que implican
fundamentalmente
disminución de aranceles entre países miembros),
2. el área de libre comercio (donde se eliminan aranceles entre las
naciones del
bloque comercial que se crea),
3. la unión aduanera (que agrega aranceles externos comunes),
4. el mercado común (que añade la libre circulación de los factores
productivos,
especialmente mano de obra y capitales), y
5. la unión económica (que culmina organizando la coordinación de las
políticas
macroeconómicas, un sistema monetario común y la
moneda común).
Dentro de este esquema, podemos afirmar que estamos ante una forma restringida de
integración comercial, pues el ALCA, tal como ha sido planteado y está siendo negociado,
se refiere solamente y en el mejor de los casos a las dos primera etapas referidas.
En suma, estamos ante un
proyecto concreto, específico y, por su alcance, pragmático. Si el enfoque hubiese sido
más ambicioso, se habrían planteado a la discusión y negociación proposiciones para
establecer libertades no condicionadas al comercio, a la movilización de capitales y, muy
especialmente, al movimiento de trabajadores. Y eso no se hizo y, seguramente, no se va a
hacer.
Pese a lo dicho, cabe afirmar también lo siguiente: el ALCA no es un fin a alcanzar, sino
un instrumento que debe servir al desarrollo de las sociedades nacionales que lo van a
integrar y a mejorar el nivel de vida de los sectores más necesitados y pobres.
A partir de estas primeras premisas, todas tendentes a situar el ámbito global de la
negociación en curso, debemos referirnos ahora a dos aspectos claves para una
evaluación: el de los potenciales riesgos y el de las posibles ventajas del ALCA para
América Latina y el Caribe.
Comencemos por los riesgos potenciales. Cuatro parecen ser los más relevantes:
Riesgo de reducir el alcance
del ALCA, subordinando estructuralmente a nuestra región a la sola exportación de
productos ornamentales, bienes sin mayor valor agregado y productos de manufactura liviana
o maquila.
Riesgo de disminución del
poder negociador de los países de la región, si éstos no se coordinan y deciden
enfrentar individualmente sus respectivas aspiraciones.
Riesgo de debilitamiento de
los vínculos ya creados con Europa, Japón y otras regiones del mundo. Hay que defender
estas relaciones, porque diversifican los contactos de la región con el mundo, ampliando
sus oportunidades.
Riesgo de interrupción y
colapso de los actuales esfuerzos de integración si los países de la región los
descuidan y los postergan.
Estos riesgos existen. No hay
que ocultarlos ni silenciarlos. Por eso, los negociadores deben tener presente estos
riesgos para tratar de minimizarlos y hasta suprimirlos.
Pasemos a los aspectos que pueden ser favorables a la región. Sería positivo para
nuestra región que:
1. EE.UU., y también Canadá, abrieran efectivamente sus mercados a los
productos de mayor competitividad que se producen en
la región. Esto es
particularmente importante si se desea aprovechar las
ventajas comparativas de
los diferentes países. Aquí es vital incluir los
productos agrícolas, textiles y
manufactureros que tienen barreras arancelarias en
los mercados del Norte. Si
nuestra región abre sus mercados la contraparte
también debe hacerlo.
2. El ALCA no se convierta en un freno para las políticas de desarrollo
económico,
en general, y de innovación tecnológica, en
particular, dentro de las naciones
latinoamericanas. Si la apertura al comercio es clave
en generar un
aprovechamiento de las ventajas comparativas de los
países, el aspecto aquí
mencionado es indispensable para promover y
vigorizar, incluso dentro de los
mecanismos de mercado, las ventajas comparativas de
las diferentes sociedades
nacionales. No hacerlo equivaldría a perpetuar
condiciones en las cuales la
región continuaría ofreciendo únicamente la
"competitividad" de su mano de obra
barata, su menor observancia de normas ambientales y
el uso no sostenible de su
naturaleza.
3. El ALCA no entorpezca los esfuerzos por ampliar los mercados internos
de los
países y el desarrollo científico y tecnológico de
la región. Así como el acceso a
los mercados internacionales es un motor para el
crecimiento, también los
mercados internos de los países lo son, o deben
serlo. Este aspecto del
desarrollo del mercado interno es clave para que el ALCA se
pueda transformar,
dependiendo de su contenido, en un medio para disminuir la
pobreza, ampliar las
oportunidades, especialmente de los sectores más
vulnerables, y mejorar la
calidad de vida de las sociedades nacionales involucradas.
La ampliación del
mercado interno, sin menoscabo de la promoción y mejor
inserción en los
mercados externos, es uno de los desafíos más importantes
que, de manera
permanente, se ha manifestado en el desarrollo de América
Latina y el Caribe.
4. Los esfuerzos de integración regional no sean detenidos por el ALCA.
Los
países latinoamericanos y caribeños deben seguir
desarrollando sus esfuerzos de
integración efectiva. A la luz del propio ejemplo
norteamericano (nuestro modelo
de integración más cercano) y, en la actualidad, también
del europeo, que, por
ser más reciente, influye poderosamente sobre nosotros,
resulta fundamental
cuidar como nunca este aspecto, continuando y fortaleciendo
los esfuerzos
integracionistas en curso y los que puedan iniciarse
todavía.
En verdad, al hacer este listado, que considero provisorio, casi un punteo para un amplio
debate, lo que estamos comenzando a dibujar esquemáticamente es el ALCA que los
latinoamericanos necesitamos y queremos para desarrollarnos. Es lo que he llamado "el
mejor ALCA posible para la región". Pienso que este ejercicio es básico, pues
representará progresivamente una orientación útil para los negociadores y una medida
para evaluar los resultados que se obtengan al final del proceso.
¿Cómo lograr un ALCA
satisfactorio para América Latina y el Caribe?
A mi juicio, hay una sola manera: consenso de los países latinoamericanos y caribeños
para negociar todo lo esencial, permanente coordinación entre ellos, hablar la mayor
parte del tiempo con una sola voz. Sabemos que esto no es fácil y que implica vencer
muchas perezas mentales que todos tenemos en nuestras actividades, pero un serio y
permanente esfuerzo de coordinación es un requisito esencial para arribar a un buen ALCA
para la región.
El otro gran requisito es la transparencia en la negociación y en el debate que se lleve
a cabo. Mientras más amplio sea este último, mayor será la solidez del resultado, pues
estará investido de una legitimidad democrática incuestionable.
Pienso que con estas premisas debiéramos avanzar, en aproximaciones sucesivas, hacia un
enfoque coherente, sólido y útil para nuestra región en esta hora decisiva para su
desarrollo e integración. El tiempo se acorta y no podemos fallarle a nuestros pueblos,
que esperan tiempos mejores, sin miseria y con horizontes más positivos que los que han
vivido y sufrido hasta ahora.
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