| Titulo |
Oportunidades y
riesgos
del ALCA
Edición Nº 62
Mayo - Agosto 2001 |
La
dolarización y la integración centroamericana
Esteban Pérez y Juan Carlos Moreno Brid1
Oficial de asuntos económicos y asesor regional, respectivamente, de la Sede Subregional
de CEPAL en México.
Introducción
La dolarización no es un fenómeno reciente. A principios de siglo, Panamá (1904) y la
República Dominicana (1905) adoptaron el dólar como moneda de curso legal, medida que en
el primer caso sigue vigente en la actualidad y en el segundo se eliminó en 1947 con la
creación del Banco Central de la República Dominicana. La discusión en torno a la
dolarización en América Latina surge con fuerza hoy tanto por la conformación de la
unión monetaria en Europa y la creación de otros bloques económicos regionales, como
por la fragilidad que han mostrado distintos regímenes cambiarios.
Las paridades fijas, con un riesgo cambiario aparentemente cercano a cero, pueden
conllevar procesos de acumulación excesiva de inversión y flujos de capitales
internacionales que en última instancia se traduzcan en booms de consumo dependientes de
crédito o burbujas especulativas tal como lo demostró la crisis del Baht Tailandés en
julio de 1997. Las paridades con regímenes de flotación intermedios -es decir ni fijo ni
de libre variación- tampoco están exentas de dificultades. El régimen de bandas ( fijas
o reptantes) puede desembocar, en combinación con otros factores, en ataques
especulativos insostenibles (México, 1994), o bien obligar a respaldar -a costos
potencialmente elevados- esquemas especiales para mantener la paridad dentro de los
márgenes de las bandas cambiarias (p.e. Chile durante la década de los noventa).
Por su lado, el régimen híbrido argentino de cuasi caja de convertibilidad fue incapaz
tanto de mantener la paridad fija con el dólar como de inmunizar el desempeño
macroeconómico de los tradicionales "males" latinoamericanos, a saber, la falta
de disciplina fiscal y la recurrencia de las crisis de deuda externa y balanza de pagos.
Finalmente, la flexibilidad cambiaria plena genera volatilidad e incertidumbre entre los
agentes económicos.
Quienes respaldan la dolarización argumentan que su adopción elimina de manera
permanente la discrecionalidad y la incertidumbre con respecto a la elección cambiaria y
monetaria y que con ello se reducen costos económicos importantes, facilitando el
crecimiento y el desarrollo económico.
Por su naturaleza la dolarización es un tema controvertido. Su análisis y discusión se
traduce en posturas polarizadas y eminentemente sesgadas. La dolarización parcial o
semi-oficial sólo complica el manejo de la política monetaria y cambiaria. Se trata de
aceptar o no el dólar como moneda de curso legal en sustitución de la moneda nacional.
¿Dolarizar o no dolarizar oficialmente? Esa es la pregunta. La respuesta es por un lado
altamente conceptual y, por otro, a la vez subjetiva. La ausencia de un número de casos
suficientes de economías plenamente dolarizadas limita las posibilidades de efectuar una
verificación empírica/estadística robusta. Por ello, cobra especial relevancia el papel
del investigador, sus criterios y creencias reflejados a la hora de ordenar y agrupar la
escasa evidencia empírica así como los argumentos teóricos presentados a fin de
demostrar determinado punto de vista con respecto a la conveniencia de adoptar o no la
dolarización. Como decía Marshall (1885):
"La experiencia en las controversias [
] hace patente la imposibilidad de
aprender algo de los hechos hasta que sean examinados e interpretados mediante la razón,
y enseña que el más irresponsable y alevoso de todos los teóricos es el que profesa que
los hechos y gráficas hablen por sí mismos, manteniendo en un segundo plano su
responsabilidad, quizás de manera inconsciente, en la selección y agrupamiento de
éstos, y sugiriendo así el argumento post hoc ergo propter hoc."2
Por último, pese a que la dolarización tiene un carácter eminentemente técnico, el
debate en torno a ésta no es monopolio de los economistas. La dolarización involucra a
todo el mundo. Lo que está en juego, en última instancia, es el mantenimiento o pérdida
de un símbolo de la soberanía: la moneda nacional.
La dolarización aparece para algunos como una alternativa de solución frente a las
dificultades económicas que enfrentan los países centroamericanos. Luego de cuarenta
años de un discurso que se propuso en un principio no sólo la unión comercial sino
también la unidad monetaria y económica, Centroamérica dista de tener una dinámica
real de integración de sus economías, aun manteniendo la independencia de sus distintas
nacionalidades. Un ejemplo lo constituye la falta de convertibilidad de sus monedas
nacionales. A lo sumo, hoy en día la unión centroamericana se expresa de manera vaga en
un arancel externo común y en la voluntad de los países de buscar mercados externos más
amplios.
No es en vano que los países centroamericanos buscan las preferencias comerciales tales
como la ampliación de los beneficios que otorga la Iniciativa de la Cuenca del Caribe
(ICC) o la formalización de acuerdos de libre comercio con países de mayor tamaño (p.e.
los tratados de libre comercio entre México y Centroamérica o las negociaciones entre
Centroamérica y Canadá). Se trata de encontrar salida a una realidad inherente al
proceso de desarrollo de Centroamérica que, sobre todo a partir de la mitad de la década
de los setenta, muestra dos rasgos esenciales: el bajo crecimiento de la región
acompañado de la creciente divergencia y disparidad de las economías que la componen.3
La pregunta que hay que plantearse es si la dolarización, es decir, la adopción del
dólar como moneda de curso legal en sustitución de la moneda local,4
puede servir de punta de lanza a un proyecto de integración regional y elevar la senda de
crecimiento de las economías centroamericanas; o si la dolarización es un simple
espejismo que en vez de un estímulo puede convertirse en un obstáculo al desarrollo
económico e integración de la región. Más aún, en vista de que la decisión de
dolarizar una economía es irreversible es esencial entender el proceso de dolarización,
sus costos y sus beneficios. .
I. Las vicisitudes de la Unión Monetaria Centroamericana, 1960-1999
La idea de crear una unión monetaria en la región nace con la independencia de los
países centroamericanos. Los objetivos de crearla eran de índole política y económica.
Entre los económicos prevalece el mismo criterio que impulsaría más de cien años más
tarde a algunos a proponer el proyecto de dolarización, a saber la atracción de
inversión extranjera. Así lo expresó a finales del siglo XIX Rufino Barrios, entonces
presidente de Guatemala: "
ya que su fuerza sólo puede provenir de la
Unión..que [siendo]una de sus principales y más urgentes necesidades, que es la de
atraer capitales extranjeros
". Se consideraba que la Unión permitiría,
además, disminuir la carga tributaria:
"Que constituidos los Estados en una sola república, y siendo ya un solo interés y
una suerte de todos, por una parte desaparecería esa tan cara y odiosa vigilancia y se
disminuirían sensiblemente los impuestos que hoy pesan sobre los pueblos tanto porque no
habría que invertir ya las considerables sumas que en ella se absorben, cuanto porque no
habiendo que sostener sino una sola administración en vez de cinco se reducen en
grandísima escala todos los otros gastos
".
Los primeros documentos que describen el funcionamiento de la unión centroamericana hacen
referencia al establecimiento de una moneda única para el conjunto de la región, cuyo
valor interno y externo lo determinaría el Congreso.5
Muchos años después, a medida que las finanzas públicas cobraron importancia, surgió
en los documentos de integración centroamericana la normativa sobre la Hacienda Pública
y la moneda de la Unión Centroamericana. Así, la Constitución Política de la
República de Centroamérica (9 de septiembre de 1921) destacó en su Título VI
"Hacienda Pública Nacional" que la federación se reserva la acuñación de
moneda y se contempla la creación de un banco o centro bancario de la federación con la
prerrogativa de emitir billetes. Más adelante, en 1947, se contempló uniformar las
legislaciones de los países centroamericanos así como el sistema monetario (Proyecto de
Pacto de Unión Confederada de los Estados de Centroamérica, 1947).
Dados estos antecedentes, no es de extrañarse que para principios de la década de los
cincuenta y más específicamente entre 1952 y 1960, los bancos centrales de los países
centroamericanos establecieron mecanismos de cooperación a fin de coordinar algunas de
sus políticas 6. También suscribieron tratados
bilaterales estableciendo normas de libre convertibilidad entre las monedas
centroamericanas y prohibieron la aplicación de restricciones cambiarias. El Tratado
Multilateral de Libre Comercio (1958) amplió estas normas a todos los países
centroamericanos y estipuló el principio de cooperación entre ellos para resolver los
problemas monetarios de la región.7
El Tratado General de Integración Económica Centroamericana (1960) representa la
culminación de los esfuerzos de integración regional y un avance hacia la unificación
monetaria. Su artículo X delimitó tres importantes aspectos de la integración
monetaria. En primer lugar, establece la cooperación de los bancos centrales para
mantener la estabilidad cambiaria y evitar las especulaciones monetarias que la afecten.
En segundo lugar, propuso evitar restricciones sobre transferencias monetarias
internacionales que afecten a los otros países centroamericanos. En tercer lugar,
promovió la colaboración de los bancos centrales a fin de buscar evitar dificultades
graves en las balanzas de pagos que pudiesen afectar las relaciones monetarias entre los
estados signatarios.8
En 1961 se creó la cámara de compensación centroamericana con un doble propósito. Por
un lado se trató de facilitar el pago de las transacciones centroamericanas. Por otro, se
pretendió promover el uso de las monedas centroamericanas en las transacciones
comerciales de los países miembros.9 Esta cámara era un
sistema de pagos que funcionaba en términos de tiempo neto diferido. Cada banco central
poseía una cuenta en la cámara en la que se registraban sus operaciones de crédito y
débito frente a los demás bancos centrales de la región. La cámara permitía otorgar
créditos que facilitaban las transacciones y así reducir la necesidad de divisas. Al
momento de efectuar las cancelaciones, cuando los créditos eran superiores a los
débitos, se realizaban los pagos mediante el uso de las monedas nacionales.
En 1962, el Consejo Económico Centroamericano acordó generar medios y mecanismos para
asegurar la continua y permanente coordinación de las políticas monetarias y cambiarias,
incluyendo la expansión y perfeccionamiento del sistema de compensación multilateral de
pagos. Finalmente en 1963, a la vez que se creó el "peso centroamericano" como
unidad de cuenta del sistema de pagos regional, los países se comprometieron a establecer
una unión monetaria. Esta se concretó en 1964 mediante el acuerdo para la Unión
Monetaria Centroamericana. Inspirada en la experiencia europea, su objetivo principal fue
el de armonizar las políticas económicas a fin de crear gradualmente dicha Unión.10 Para avanzar hacia ese fin, el acuerdo asignó una serie
de acciones concretas a los bancos centrales que incluyeron, entre otras: i) promover la
uniformidad de los sistemas cambiarios y la estabilidad y convertibilidad de las monedas;
ii) estimular el uso de las monedas nacionales en las transacciones entre los países
centroamericanos; iii) corregir desajustes en las balanzas de pagos y prevenir
desequilibrios en los sistemas cambiarios; iv) uniformar la legislación que norma la
política económica; v) coordinar las políticas monetarias y fiscales; vi) armonizar los
medios e instrumentos de la política económica. Estas acciones se llevarían a cabo , en
principio, a través del intercambio de información y la elaboración de investigaciones
técnicas; y la realización de consultas de alto nivel para prevenir desequilibrios
externos y promover el libre movimiento de capitales.
A la vez, el acuerdo creó tres instituciones: el Consejo Monetario Centroamericano, los
Comités de Consulta o Acción y la Secretaría Ejecutiva. Y, pese a que se basaba en
mecanismos ya existentes a la vez que creaba nuevas instituciones, el Acuerdo adolecía de
una importante debilidad. Era demasiado general como para traducirse en un proceso
concreto de implementación de su normativa. No especificaba los mecanismos para alcanzar
las metas propuestas y suponía que estos se definirían a medida que avanzara la
integración. De esta manera la propia dinámica del proceso determinaría los mecanismos
a utilizar para lograr la unificación monetaria.11 El
documento que siguió al acuerdo sobre la Unión Monetaria Centroamericana titulado Hacia
la Unión Monetaria Centroamericana (1968) tenía el mismo defecto de carecer de
propuestas concretas. Simplemente resumía el acuerdo para la unión monetaria y la
normativa y funcionamiento de la cámara de compensación centroamericana.
De hecho, el único instrumento
concreto creado en el marco del Acuerdo para la Unión Monetaria Centroamericana fue el
Fondo Centroamericano de Estabilización Monetaria (1969).12
Este fue concebido como "un complemento del Fondo Monetario Internacional"13 y tenía el objetivo de proporcionar asistencia
financiera multilateral a los países centroamericanos cuyo desequilibrio de la balanza de
pagos amenazara el funcionamiento del Mercado Común Centroamericano. Se trataba de evitar
medidas devaluatorias, controles de cambios y reducciones de la demanda agregada
-orientadas a lograr el equilibrio externo- ya que dichas medidas impactaban de manera
directa y negativa en los otros socios comerciales.
La experiencia europea de integración monetaria, contrariamente al proceso -de avances y
retrocesos- de Centroamérica, se sustentó en un proceso planeado de forma que se
consiguiera avanzar de manera paulatina pero constante en la convergencia de las
políticas macroeconómicas con resultados concretos. Entre los más importantes destacan
el establecimiento de la Unión de Pagos Europea (1950) y su logro, ocho años más tarde,
de crear un sistema de intercambio comercial y de pagos multilateral y un marco para
lograr la convertibilidad de las monedas. Asimismo destaca la creación del comité de
gobernadores de los bancos centrales (1964) con el fin de examinar periódica y
sistemáticamente las condiciones monetarias y financieras. Por último, hay que señalar
la elaboración del informe Werner (1970) que fue el paso definitivo hacia la firma del
Tratado de Maastricht (1991)14 .
En resumen, pese a las intenciones de avanzar en la unión monetaria centroamericana y a
condiciones externas e internas en general favorables a la fijación de tipos de cambio,
no hubo un programa de acción concreto para avanzar en el proceso de integración. Esto
reflejaba una falta de unidad política en el ámbito de la región y una débil
institucionalidad. Además, Centroamérica mantuvo, en ese entonces -y en cierta medida
todavía ahora- una estructura económica que le hacía vulnerable ante cualquier choque
externo, vulnerabilidad que se hizo patente a partir de 1969.
En efecto, durante el período 1969-1973 comienzan a resquebrajarse los avances que se
habían dado en la integración económica regional. Un factor fundamental en ello fue,
sin lugar a dudas, la guerra entre Honduras y El Salvador en 1969 que provocó la salida
de Honduras del Mercado Común Centroamericano. También en este período se aplicó una
serie de restricciones al comercio intrarregional que persistirían muchos años después.
Nicaragua es el primero en imponer barreras arancelarias a la importación de otros
países centroamericanos. Honduras sigue este ejemplo estableciendo barreras arancelarias
significativas a partir de 1971. Curiosamente, Honduras es el que inicia la práctica de
firmar acuerdos bilaterales de libre comercio en respuesta a la falta de un acuerdo común
intrarregional.Por último, Costa Rica introdujo modificaciones en su tipo de cambio en
1971 y 1972 creando tensiones transitorias entre los países que acabaron por repercutir
incluso en la suspensión del comercio entre Costa Rica y El Salvador, Guatemala y
Nicaragua.
A estos acontecimientos se añadieron otros que agravaron aún más la debilidad del
proceso de integración del Mercado Común Centroamericano. En 1979, la revolución
Sandinista y la caída del general Romero en El Salvador resultaron en una fuga masiva de
capitales. También, los efectos de los choques del petróleo contribuyeron al
desequilibrio macroeconómico. A partir de entonces se acentuaron las vulnerabilidades
macroeconómicas de la región en términos del aumento de la inflación, de las brechas
externa y fiscal, y del endeudamiento externo (Véase el primer cuadrante del cuadro 1).
Además se ampliaron las divergencias en el desempeño económico de los países
centroamericanos (véase el segundo cuadrante del cuadro 115 .
Cuadro 1
Desempeño macroeconómico en
Centroamérica 1970-1991 |
Promedios regionales
En porcentajes |
| a |
1970-1973 |
1974-1977 |
| a |
|
|
Producto Interno Bruto (tasa de crecimiento) |
5.2 |
5.7 |
Tasa de inflación |
5.1 |
14.2 |
Cuenta Corriente, proporción al PIB |
2.3 |
5.6 |
Déficit Fiscal, proporción al PIB |
1.7 |
2.7 |
Deuda Externa, proporción del PIB |
38.7 |
59.8 |
| a |
a |
a |
Las disparidades
macroeconómicas intraregionales |
a |
En porcentajes |
a |
a |
| a |
1980-1985 |
1986-1991 |
Tasa de inflación |
entre 0.2 y 218 |
entre 10.3 y 20 218 |
Cuenta Corriente en proporción al PIB |
entre 1.5 y 26 |
entre 2 y 29 |
Déficit Fiscal en proporción al PIB |
entre 1.8 y 27 |
entre 0.5 y 25 |
Deuda Externa como
proporción del PIB |
entre 44 y 1 433 |
entre 142 y 3 048 |
| a |
a |
a |
Fuente: CEPAL (2000).
González del Valle (2000). |
a |
a |
En respuesta a los
choques externos los países abandonaron la política de tipo de cambio fijo. Ello
aumentó, en el corto plazo, los grados de libertad para estabilizar la economía pero
significó un importante retroceso en el objetivo de la unión monetaria y para la
integración comercial regional. Asimismo, esta medida, junto con el abandono del uso de
las monedas centroamericanas en el comercio intrarregional, permitió distorsiones mayores
en los flujos de comercio intrarregionales16.
La crisis de la deuda externa y la necesidad de cada uno de los países de la región de
implementar medidas para corregir los propios desbalances macroeconómicos incidieron de
manera desfavorable en las instituciones promotoras de la integración regional. Así, el
funcionamiento de la cámara de compensación se vio severamente acotado por el
agotamiento de reservas internacionales, la fuga de capitales y la desaceleración
económica. En síntesis, los desequilibrios minaron el Mercado Común Centroamericano y
descarrilaron el proyecto de integración regional.
Los procesos de pacificación en América Central en la segunda mitad de los ochenta y la
reformulación del proceso de integración a principios de los noventa volvieron a poner a
debate la cuestión de la posible unificación monetaria de Centroamérica17. Esta se plasmó en el Programa Centroamericano de Armonización de Políticas
Macroeconómicas (1991) cuyo seguimiento estaba a cargo del Consejo Monetario
Centroamericano y cuyo objetivo era la convergencia en variables macroeconómicas claves18 . Para ello se propuso como objetivos intermedios: i) equilibrio fiscal y
fortalecimiento de las finanzas públicas; ii) creación de un sistema monetario regional
estable que permita el uso de las monedas nacionales en las transacciones comerciales,
financieras y de inversión; iii) liberalización de los mercados financieros internos y
eliminación de barreras a los flujos de capital intrazonales; y iv) conformación de una
Unión Aduanera.
A cada uno de estos objetivos intermedios correspondían metas específicas. Así, el
componente fiscal comprendía cinco metas: el monetario abarcaba la meta de lograr un
sistema monetario -y cambiario- regional; el financiero incluía la armonización de tasas
de interés, de regímenes de encaje legal y otros instrumentos monetarios. El componente
comercial se orientaba a disminuir las barreras arancelarias y no arancelarias
intrazonales19 .
Este Programa estableció un plan de acción de corto y mediano plazo con metas
específicas para 1993-97 sobre la evolución de déficits fiscales, carga tributaria,
inflación, tasas de interés, encaje legal, y el establecimiento de una unidad de cuenta
centroamericana y de una red informativa sobre tipos de cambio y aranceles.20
Más adelante, en el contexto del Marco Centroamericano de Convergencia Macroeconómica
(1995) se definieron ocho indicadores para evaluar la convergencia macroeconómica21 : la tasa de crecimiento del PIB, la tasa de inflación, la tasa de interés
pasiva real promedio de referencia, el tipo de cambio efectivo real bilateral con los
Estados Unidos, la razón entre las reservas internacionales netas del banco central como
participación de la base monetaria, los déficit en cuenta corriente y fiscal como
proporción del PIB; el acervo de la deuda externa como proporción del PIB. Al igual que
antes, las metas no se cumplieron. El Salvador fue el país que mayormente cumplió las
metas establecidas, mientras que el resto lo hizo sólo parcialmente y de manera
diferenciada. Los magros resultados a nivel global cuestionaron el planteamiento de dicha
convergencia. En el 2000 el grado de cumplimiento de los criterios de convergencia fue de
tan sólo un 50% (Véase Cuadro 2).
Cuadro 2 |
Grado de cumplimiento de los criterios de convergencia
de los países centroamericanos 1997-2000. |
En porcentajes |
País |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
Promedio |
Costa Rica |
63 |
63 |
38 |
38 |
55 |
El Salvador |
63 |
63 |
63 |
63 |
63 |
Guatemala |
63 |
63 |
25 |
50 |
50 |
Honduras |
38 |
25 |
38 |
50 |
34 |
Nicaragua |
50 |
25 |
50 |
50 |
42 |
Centroamérica |
55 |
48 |
42 |
50 |
49 |
Fuente: Consejo Monetario
Centroamericano (2001) 22 |
Los criterios de convergencia
se formalizaron de manera más definitiva en el nuevo Acuerdo Monetario Centroamericano
aprobado en junio de 1996.23 Este "regula
lo relativo a la coordinación,
armonización, convergencia o unificación de las políticas monetarias, crediticias,
cambiarias y financieras de los Estados centroamericanos a fin de realizar gradual y
progresivamente la integración monetaria y regional". 24
Los objetivos del Acuerdo son similares a los del Acuerdo para el Establecimiento de la
Unión Monetaria Centroamericana (1964), y no se percibe un cambio definido en la
orientación otorgada a la integración monetaria. Aunque no se menciona el concepto de
Unión Monetaria, se enfatiza la convergencia, la autonomía de la banca central, la no
monetización de los déficit gubernamentales y se otorga mayor importancia al tema
fiscal. En todo caso, su escaso grado de puesta en práctica se debe al incumplimiento de
los criterios de convergencia. Además, al no ser plenamente convertibles las monedas
nacionales, el Acuerdo adolece de una falta de credibilidad.
El proyecto inicial de la unión monetaria centroamericana nunca vio la luz del día. La
ausencia de una visión política de la región compartida por todos los países
centroamericanos, la fragilidad institucional y la vulnerabilidad de sus economías ante
choques externos fueron factores claves que impidieron su realización. Además, en su
historia más reciente la evolución de las variables macroeconómicas de Centroamérica
es disímil y divergente. La armonización y convergencia de las políticas
macroeconómicas no deja de ser un deseo cuya materialización tiene aún un horizonte
lejano.
II. La dolarización en la teoría
Como se señaló en la introducción, la dolarización se refiere a la adopción del
dólar o de otra divisa como moneda de curso legal en sustitución de la moneda local. En
este sentido nos referimos a lo que se denomina la dolarización oficial.25
El número de territorios que utilizan el dólar como moneda de curso legal es escaso.
Además se trata de entidades geográficas pequeñas y cuyo régimen monetario ha estado
ligado a circunstancias muy particulares. Por ello el debate sobre la dolarización es
más bien conceptual y tiende a carecer de base empírica sólida.
En el presente apartado, clasificamos los argumentos sobre la dolarización en dos grandes
temas: por un lado la eficiencia y la estabilidad, y por otro las funciones de la banca
central de "señoreaje" y de prestamista de última instancia.
El primer tema aborda una de las principales controversias de la teoría monetaria
internacional desde la publicación del artículo de Mundell (1961) sobre las áreas
monetarias óptimas: ¿En qué medida la renuncia a dar curso legal a la moneda nacional y
su sustitución por una moneda extranjera implica un trade-off entre eficiencia y
estabilidad?. El segundo tema atañe a dos funciones básicas del Banco Central. Ésta es
la única institución que tiene el privilegio de emitir circulante (i.e., generar una
deuda sin límite o fecha de vencimiento) y captar los beneficios correspondientes. A ello
se denomina el señoreaje. A su vez, gracias a este poder de emisión, puede siempre
proveer de liquidez al sistema independientemente de que otras instituciones financieras
puedan o quieran hacerlo. Es decir, el Banco Central es la única institución con la
capacidad de actuar como prestamista de última instancia. La dolarización supone, en
principio, la desaparición de ambas funciones.
Las interrogantes que pueden derivarse de este análisis no sólo atañen a la importancia
y utilidad de estas funciones. También plantean idear mecanismos alternativos para
sustituirlas o compensarlas.
1. Eficiencia y estabilidad
La adopción de la dolarización elimina los costos de conversión entre distintas monedas
así como los riesgos futuros que implican la variación de los tipos de cambio. Además,
el adoptar la moneda de curso legal de un país grande facilita su uso como reserva de
valor. Se suprimen los cambios en los precios derivados de las fluctuaciones cambiarias.
En este sentido la dolarización implica, por una parte, una ganancia de eficiencia y
bienestar debido a la disminución de los costos de transacción y de contabilidad.
La reducción de los primeros se deriva de la eliminación de un mercado (i.e., el
cambiario) mientras que la disminución de los segundos se asocia a la utilización de una
unidad de cuenta que es estable en el tiempo26 . El intercambio de bienes y
servicios requiere que cada agente entre en un proceso de búsqueda de la información
apropiada sobre la demanda y oferta de los otros participantes en el mercado. Es decir el
intercambio de bienes no es "gratuito" y tiene costos asociados (fricciones
tales como problemas de coordinación e información entre otras). Estos costos implican
la disminución del volumen de los intercambios realizados con respecto a los deseados.
Esta afirmación es independiente de la teoría de formación de precios adoptada.27 En la teoría neo-clásica la utilización del dinero como medio de cambio surge
de un proceso de minimización de costos de transacción. Como resultado de este proceso
se adopta un medio de cambio. La minimización de los costos de transacción tiene un
aspecto cualitativo y otro cuantitativo. El primero por excelencia es el paso del trueque
al intercambio monetario. El segundo emana del aumento en la demanda de saldos reales para
sincronizar los pagos de manera más eficiente, y para tener una reserva de poder de
compra ante situaciones inciertas.
Ambos aspectos son relevantes al analizar la decisión de dolarizarse. En el primer caso,
hay que recordar que las operaciones de exportación e importación conllevan una serie de
costos asociados a la obtención y recepción de divisas. En el segundo caso, dado el
elevado peso de los depósitos en dólares en la región, hay un descuento asociado a la
utilización de la moneda local y la demanda de dinero basada en una divisa fuerte sería
mayor.
No obstante, nos parece que para economías pequeñas los costos contables son más
importantes que los costos de transacción Ambos conceptos están ligados a una función
del dinero. El primero corresponde al dinero como unidad de cuenta mientras que el segundo
a la función de medio de cambio. La función de medio de cambio surge de la conveniencia
tal y como se explicó anteriormente.
La concepción del dinero como
unidad de cuenta significa hacer explícito el numerario con el cual se expresan los
precios de los bienes y servicios y, más importante aún, las deudas contraídas.28 En definitiva, el dinero o moneda así concebida es el instrumento con el cual
se descargan las deudas adquiridas ya sean internas o externas. Cualquier variación del
numerario ya sea a través de medidas monetarias o cambiarias implica una alteración en
los términos de intercambio y, por ende, en la relación contractual entre deudor y
acreedor. Además, también altera la comparación de activos financieros en condiciones
de incertidumbre. En las condiciones típicas de los países en desarrollo con tipos de
cambio sujetos a variaciones súbitas, imprevistas, el cálculo de las decisiones
financieras en torno a en que moneda endeudarse o invertir puede tener importancia
fundamental para la solvencia financiera de una empresa.
Las economías pequeñas y abiertas por su naturaleza, como consecuencia de la falta de
una estructura productiva diversificada y debido a una institucionalidad débil, son más
vulnerables ante los choques externos y exhiben una mayor tendencia hacia la inestabilidad
que las economías de mayor tamaño. Un resultado de estas características es que los
precios relativos bajo regímenes monetarios propios tienden a exhibir una mayor
fluctuación que los precios relativos bajo un régimen de dolarización. Tanto en cuanto
los precios relativos transmiten información sobre la escasez relativa de los recursos,
menor será la distorsión que surja de la asignación de recursos basado en este criterio
mientras más estables sean los precios relativos. La minimización de costos requiere
entonces escoger la unidad de cuenta y medio de cambio que produzca el menor grado de
variabilidad en los precios relativos y, por ende, en la relación contractual entre
deudor y acreedor.
El teorema de la paridad del tipo de interés ilustra este razonamiento. Este afirma que
para tasas activas con un riesgo igual, el arbitraje asegura que la tasa esperada de
variación en el tipo de cambio sea igual al diferencial de los tipos de interés. Así,
mientras mayor sea la expectativa de una apreciación en el tipo de cambio, mayor será el
diferencial de los tipos de interés. Nótese que de acuerdo a este teorema lo importante
no es el nivel del tipo de cambio sino la expectativa de su variación. Formalmente,
(1) (1 + rp) (1 + E (e)) = (1 + rd) ó E (e) = rd - rp o rp = rd - E(e)
cuando rpE(e) se aproxima a cero.
donde,
rp = tipo de interés de los activos en pesos.
rd = tipo
de interés de los activos en dólares.
E(e) = expectativa de variación en el tipo de cambio.
Este teorema tiene distintos aspectos que convienen analizar. En primer lugar la paridad
en el tipo de interés puede satisfacerse de dos maneras, mediante variaciones en el tipo
de interés o en el tipo de cambio.
Ante situaciones en las cuales no se espera que varíe el tipo de cambio, debido, por
ejemplo, a un compromiso creíble de las autoridades de no modificar la paridad externa,
el tipo de interés interno tendrá que compensar los efectos de esta decisión de
política económica e igualarse con la tasa externa. En condiciones distintas, mayores
expectativas de devaluación (i.e., a mayor riesgo cambiario) exigirán un mayor tipo de
interés interno, lo que tendrá un impacto negativo en la producción y el empleo. De la
misma manera mayores expectativas de devaluación que mantengan el equilibrio entre las
tasas de rentabilidad de los activos pueden traducirse en mayores costos de bienestar
mediante una mayor tasa de inflación. En suma, con independencia de que se produzca el
ajuste del teorema de la paridad de los tipos de interés a través del tipo de cambio o
el tipo de interés, este implica costos de bienestar. Mayores serán estos costos
mientras más frecuentes y grandes sean los ajustes en las tasas de interés o tipo de
cambio. 29
A la vez que la dolarización disminuye, en principio, los costos de transacción y los
costos contables y por consiguiente aumenta las posibilidades de crecimiento e inversión,
reduce los grados de libertad para la consecución de la estabilidad macroeconómica. Esta
reducción es un costo potencialmente importante.
Por un lado, deja de existir la posibilidad de utilizar la política cambiaria y monetaria
para el manejo macroeconómico. Por otro lado, la política fiscal deviene el único
instrumento mediante el cual se puede hacer frente a "choques" externos adversos
(o asimétricos) y para tratar de mantener la estabilidad económica. Esto plantea dos
interrogantes. En primer lugar se trata de analizar si la política fiscal en una
economía dolarizada puede jugar un papel anticíclico y, por ende, atenuar las
fluctuaciones en ciclo económico. En segundo lugar, se trata de examinar si un régimen
de dolarización implica una mayor disciplina fiscal.
De hecho, la primera pregunta se liga a otra que es si en una economía pequeña abierta
tanto al comercio como a los flujos de capital del exterior, la política fiscal puede en
la práctica jugar dicho papel de manera relevante. El papel que en una economía pequeña
puede jugar la política fiscal ante un choque externo negativo depende en parte del
desempeño de la balanza de pagos, y en parte de la capacidad de endeudamiento por parte
de las autoridades gubernamentales. A primera vista se puede afirmar que la política
fiscal tiene que estar alineada con el desempeño externo. Siguiendo a Cripps (1983) y
Anyadike-Danes (2000) el producto depende, en última instancia, en parte del desempeño
exportador y en parte de la política fiscal. Formalmente,
(2) Y = l(X+q)/x + (1-l) (G/t)
donde,
X = valor de las
exportaciones
G = valor del gasto
gubernamental
x = elasticidad ingreso de las importaciones
q = valor de los flujos netos de
capital
t = razón entre el gasto
gubernamental y la presión tributaria con el parámetro: 0<l<1
Partiendo de una situación de equilibrio en la que (X+q)/x = (G/t) consideremos un choque externo
que disminuye el nivel de producto y su tasa de crecimiento de las exportaciones tal que (X+q)/x > (G/t). Entonces por definición de la
ecuación (2) (X+q) /x < Y < (G/t). Esto a su vez significa que
cuando hay un choque externo y la política fiscal se mantiene inalterada -y se parte de
una situación de equilibrio fiscal y externo- entonces tiende a surgir un déficit fiscal
y un déficit externo. Formalmente,
(3) (X+q)/x <Y <=> (X+q) < (Y) (x) <=> (X+q-M) < 0
(4) (G/t) >Y Û G>Yt <=> G-T >0;
La dolarización implica que no es posible utilizar el tipo de cambio para ajustar la
dinámica de corto plazo de los precios relativos de los comercializables y no
comercializables suavizando así los efectos del choque externo. Ahora bien el déficit
fiscal puede financiarse mediante el endeudamiento pero obviamente existe un límite a tal
opción de política. Formalmente podemos expresar esta situación con una ecuación de
sustentabilidad fiscal,
(5) (G-T) + rD = dD/dt Û d(D/Y)/dt = (G-T)/Y + (r -y)D/Y
Donde,30
G= gasto de gobierno
T = recaudación tributaria
r = tipo de interés
real
y = tasa de
crecimiento del producto interno bruto en términos reales (i.e, (dY/dt)(1/Y))
D = deuda interna.
d/dt= cambio por
unidad de tiempo.
Según la ecuación (5) mientras la tasa de interés real sea mayor a la tasa de
crecimiento del producto, la deuda interna crecerá sin límite. Para evitarlo hay que
estabilizar la deuda como proporción del PIB, lo que implica en este contexto que el
balance fiscal tiene que ser superavitario. En una situación de un choque externo
negativo, esto podrá lograrse únicamente si disminuye el gasto de gobierno dado que es
difícil pensar en esas circunstancias en elevar la carga tributaria. En suma, la
política fiscal tiende a jugar un papel pro cícliclo. Esta idea puede verse fácilmente
en términos de la ecuación (5). Si se supone que la razón del PIB sobre la deuda
interna se estabiliza entonces, d(D/Y)/dt= 0 entonces se tiene que,
(6) (G-T)/Y + (r-y)D/Y = 0 Û (T-G)/Y = (r-y)D/Y
Si se supone que r>y entonces el gobierno deberá tener un superávit en sus cuentas
fiscales, i.e., T>G. Ahora bien, si además los ingresos fiscales caen debido a la
contracción en el crecimiento por el choque externo, el ajuste tendrá que producirse a
través de la reducción en el gasto de gobierno o a través del aumento en los impuestos.
Tanto mediante el aumento en el gasto o en los impuestos, la política fiscal tendrá un
marcado carácter pro cíclico lo que agrava las fluctuaciones en el ciclo económico y
por ende genera inestabilidad.
El tema fiscal no se agota con el análisis del anterior escenario hipotético. Incluso si
las circunstancias económicas no requirieran de una política fiscal contracíclica, un
régimen de dolarización no garantizaría la disciplina fiscal aunque se impusiera una
regla fiscal. Estas reglas plantean la problemática de su cumplimiento, pues no pueden
hacerse cumplir fácilmente." De acuerdo a De Grauwe (1994), Von Hagan (1991)
encontró para el caso de los Estados Unidos que las reglas constitucionales de los
estados no tenían un impacto importante en su nivel de déficit fiscal. En las economías
pequeñas de la región el problema del cumplimiento fiscal puede ser aún mayor. Peor
aún, pueden desembocar en el problema que quiere evitar cualquier regla económica: el
del "riesgo moral". Si un país es importante para la supervivencia de un
esquema de integración monetaria, siempre tendrá la posibilidad de evadir la regla
fiscal.
Así, bajo un régimen de dolarización la política fiscal tiene inherentemente dos
elementos que favorecen la inestabilidad. En primer lugar, ante choques adversos externos
su papel es pro cíclico. En segundo lugar, no hay razón o elemento que imponga un manejo
de la política fiscal que responda a los criterios de la ortodoxia económica, incluso
bajo la adopción de una regla fiscal. Estas fuentes de inestabilidad que han sido
ilustradas por los casos panameño y argentino tienen que ser cautelosamente sopesadas
contra la ganancia en eficiencia que se produce por la disminución de costos de
transacción y costos contables al dolarizar una economía.
2. El Banco Central y sus funciones
El Banco Central se caracteriza por su monopolio de la emisión de dinero de curso legal,
lo que le da beneficios por ese hecho. Estos beneficios son conocidos como señoreaje.
También se reconoce que el Banco Central puede actuar como "banco de bancos",
es decir, como prestamista de última instancia para el sistema bancario y financiero.
Tanto los que argumentan a favor o en contra de la dolarización reconocen la importancia
y necesidad de ambas funciones de la banca central. Está por determinarse si un régimen
de dolarización implica, de manera irrevocable, la pérdida de ambas funciones que
corresponden tradicionalmente a la banca central.
El señoreaje tiene dos componentes: uno de acervo y otro de flujo. El componente de
acervo es el costo de obtener los dólares necesarios para remplazar el dinero local en
circulación (y probablemente los depósitos de corto plazo). El componente de flujo se
refiere al costo en que se incurre al sacrificar ingresos futuros derivados de la
prerrogativa de emitir dinero.
Las primeras estimaciones situaban el señoreaje-acervo en 8% del PIB (Fischer, 1982) y el
del señoreaje flujo en 5% del PIB. Estimaciones más recientes lo sitúan en 5% del PIB
en términos de acervo y en menos de 3% (en general) en términos de flujos (Véase Cuadro
3). Su reducción se atribuye a la innovación financiera, el progreso tecnológico y los
avances realizados en los sistemas de pagos (Bogetic, 2000; Schuler, 2000). No obstante,
en el caso de algunos países los beneficios de señoreaje son importantes.
Una manera que se ha propuesto para compensar la pérdida de señoreaje que implica la
dolarización es mediante esquemas compartidos. Estos parten de considerar que el país
que adopta la moneda de curso legal de otro tiene derecho a beneficiarse de una
proporción del señoreaje que genera el segundo. Esquemas de este tipo se han propuesto
para el caso argentino y toman como referencia las experiencias de algunas juntas
monetarias, y el caso europeo en el que los beneficios netos del Banco Central Europeo se
distribuyen entre los diversos países de acuerdo a su capital pagado en el Banco Central
Europeo. Hay dos propuestas de señoreaje compartido para el caso argentino. La primera
proviene del Comité Económico Conjunto de los Estados Unidos (2000), la segunda de
Robert Barro (1999).
Cuadro 3
Señoreaje, flujo y acervo en porcentajes del PIB
(Países latinoamericanos seleccionados) |
País |
Período |
Señoreaje acervo |
Señoreaje flujo |
Suramérica y América del Norte |
Argentina |
1991-1996 |
3.7 |
0.5 |
Brasil |
1994-1996 |
2.1 |
1.3 |
Bolivia |
1991-1997 |
4.6 |
1.4 |
Ecuador |
1992-1997 |
12.2 |
7.4 |
México |
1991-1997 |
3.3 |
0.8 |
Perú |
1991-1997 |
2.1 |
2.5 |
Centroamérica |
Costa Rica |
1990-1999 |
4.0 |
1.5 |
El Salvador |
1990-1999 |
3.7 |
1.9 |
Guatemala |
1990-1999 |
4.1 |
1.5 |
Honduras |
1990-1999 |
5.9 |
2.2 |
Nicaragua |
1990-1999 |
5.5 |
2.1 |
Fuente: Bogetic, 2000; Schuler, 2000; CEPAL 2001 |
Nota: En el caso de El
Salvador hay que tomar estos datos con cautela ya que la ley orgánica del Banco Central
de Reservas (1991) prohíbe el financiamiento al gobierno vía emisión monetaria o compra
de deuda pública. |
Según la primera propuesta el señoreaje compartido sería igual a:
(6) ((BMeu
* (rbt) -
Cnt))*
(BMpd/BMeu)* jS
Donde,
BMeu=
base monetaria promedio en dólares en el período considerado.
rbt =
interés promedio sobre los bonos del tesoro de EUA a 90 días en el período considerado.
Cnt =
costos netos de operación de la Reserva Federal.
BMpd/BMeu = participación
del país dolarizado en la base monetaria de los Estados Unidos.
jS = proporción de señoreaje que paga los Estados Unidos.
La propuesta de Barro consiste en transferir de una sola vez el equivalente en dólares
del total de la moneda nacional en circulación. Cualesquiera que sean las supuestas
ventajas o desventajas de estos esquemas, hoy por hoy son políticamente inviables.
Reflejan tan sólo el deseo de quienes favorecen la dolarización de encontrar formas de
abatir uno de los costos más visibles de la dolarización.
El segundo aspecto de la dolarización que atañe a las funciones tradicionales del Banco
Central es el de prestamista de última instancia. Esta función fue señalada por Henry
Thornton (1802) aunque por lo general se atribuye a Walter Bagehot (1873). En su libro
sobre el mercado financiero inglés del siglo XIX, Lombard Street, Bagehot destacó que el
Banco Central de Inglaterra debía de actuar como prestamista de última instancia en
casos de crisis financiera y pánico bajo tres condiciones: i) prestar libremente, ii)
prestar a una tasa de interés elevada y iii) prestar con el respaldo de activos
confiables.31
Cabe recordar que, más que una creación gubernamental, la función de prestamista de
última instancia surgió como producto mismo del funcionamiento del mercado.
Históricamente, desde que se produjo un desarrollo de la banca central siempre ha
existido un prestamista de última instancia. Quizás el papel que jugaba el Clearing
House de Nueva York en el siglo XIX ilustra este punto de vista. La banca central surge de
hecho para evitar una continua repetición de las crisis financieras. Así, la Comisión
Monetaria Nacional de los Estados Unidos (1910/1911) afirmó luego del pánico de 1907 que
el Banco Central era una alternativa más deseable que una Clearing House.
Los períodos de inestabilidad económica, monetaria y financiera en América Latina han
puesto de relieve la importancia de la función de prestamista de última instancia. No
obstante, se argumenta que dicha función conlleva importantes costos asociados. Uno de
los más importantes es el problema del riesgo moral. Este viene ponderado además por la
dificultad o imposibilidad práctica de distinguir entre situaciones de iliquidez y de
insolvencia.
Pensar que la dolarización elimina la función de prestamista de última instancia es un
mito. Como afirma Goodhart (2000): "
es impensable que un gobierno o cualquier
Banco Central se quedará sin actuar mientras cierran bancos importantes, mientras los
ciudadanos tienen pérdidas masivas en los depósitos de sus bancos, o mientras los
mercados financieros colapsan"32 Estas ideas pueden bien aplicarse al caso de un régimen monetario
dolarizado. La dolarización puede (y no es seguro que ello ocurra) disminuir el riesgo de
una crisis financiera pero no lo elimina y, por ende, seguirá vigente la necesidad de
tener un agente que actúe como prestamista de última instancia, ya se trate de un
prestamista nacional o internacional.
Un régimen de dolarización no puede "darse el lujo" de eliminar la función de
prestamista de última instancia.33 Lo que pretende es trasladar
dicha función desde las autoridades públicas o semi-públicas de cada país al sector
privado. Esta transición, aun cuando pueda hacerse, no necesariamente está exenta de
problemas. En cualquier caso en la práctica, salvo en el caso panameño, la función de
prestamista de última instancia es asumida por un organismo internacional (a saber el
FMI) o bien no se elimina permanentemente.
En Panamá, al no haber un Banco Central, el sector privado financiero actúa como
prestamista de última instancia. La banca privada tiene obviamente restricciones a su
capacidad de prestamista, a saber las regulaciones prudenciales sobre su comportamiento y
su capacidad de endeudamiento con bancos extranjeros. El ajuste en el caso panameño se
realiza a través de la variación de sus pasivos externos netos. Así un exceso del gasto
sobre el ingreso modifica los pasivos externos netos de la banca. De esta forma, la
restricción de la capacidad de endeudamiento externo de la banca panameña impone una
contracción en los montos otorgados de crédito disminuyendo así el ingreso agregado y
restaurando el equilibrio.34
Por el contrario, en los casos argentino y más recientemente salvadoreño, se autorizan
las operaciones de mercado abierto por parte del Banco Central para atender situaciones de
iliquidez. En el caso argentino, además del papel esencial de los organismos
multilaterales en la provisión de liquidez a la economía,35 la función de
prestamista de última instancia al interior del país fue restablecida mediante la
provisión de la Facilidad Contingente de Recompra: esta permite al Banco Central vender
activos con pacto de recompra (opción Repo).
Los países dolarizados también reconocen la importancia de la función de prestamista de
última instancia. Esta no está puesta en duda, el problema es cómo implementarla de
manera eficiente. Tal como la experiencia panameña demuestra, el sector privado
financiero internacional puede de hecho actuar como prestamista de última instancia a
través de la provisión de liquidez por parte de las casas matrices y líneas de crédito
contingentes. Pero aún así se enfrenta a una restricción presupuestaria como cualquier
otro agente económico. En particular, la banca privada debe de estar en una posición de
satisfacer la demanda de liquidez. También enfrenta limitaciones en términos de su
capital y posición de reservas internacionales para realizar préstamos.
En cambio, un Banco Central, al ser una institución que no pertenece al sector privado,
no tiene necesariamente que cumplir con criterios de rentabilidad similares a los del
sector privado. A título de ejemplo la experiencia latinoamericana demuestra que un Banco
Central que tenga pérdidas 'técnicas' debido a operaciones de salvataje financiera puede
generar credibilidad y crear un entorno macroeconómico estable. En última instancia el
potencial del banco central de actuar como prestamista de última instancia depende no de
su nivel de capitalización como en el sector privado, sino del respaldo y credibilidad
que le otorga la capacidad impositiva del Estado para el pago de las deudas adquiridas.
Esto permite que pueda distribuir en el tiempo los costos asociados a un rescate
financiero y por ende disminuir su impacto en la sociedad.
Entonces, uno de los costos fundamentales de la dolarización reside en que se pierde la
ventaja de distribuir en el tiempo (es decir intertemporalmente) los costos asociados a la
función de prestamista de última instancia que posee una institución no privada como el
Banco Central
III. La dolarización en la práctica: el caso de Panamá
La economía panameña adoptó la libre circulación del dólar conjuntamente con el
balboa en 1904 un año después de su separación de Colombia.36 La decisión de
transformar al dólar en moneda de curso legal responde a una razón política a saber, la
firma en 1903 de un tratado que permitía el uso exclusivo, ocupación y control a
perpetuidad de la zona en la que se construiría el Canal de Panamá por parte de los
Estados Unidos. La adopción del dólar como moneda de curso legal se explica, en parte,
con base en una razón económica: la reducción de los costos contables que implicaba
utilizar dos monedas cuando se destinaban y se transaban cuantiosos recursos en dicha
divisa en la construcción del Canal.37
Desde entonces, el desempeño de la economía panameña se caracteriza por cuatro
factores. En primer lugar es de las economías más plenamente integradas financieramente
con el resto del mundo. Cuenta con el sistema bancario más sofisticado de América
Latina. Este desarrollo bancario fue producto de una apertura gradual y regulada. Su
despegue se inicia a partir de 1970 con una reforma bancaria que permite el acceso de la
banca internacional a Panamá, mejora las provisiones con respecto al secreto bancario y
permite la libre movilidad de capitales.38 Es de subrayar que ello no ha librado a Panamá
de ser susceptible a las crisis financieras y, de hecho, ha aumentado su dependencia
financiera respecto a los Estados Unidos. No obstante, ha permitido tener tasas de
interés reales más bajas que el resto de la región, en parte como consecuencia de haber
suprimido el riesgo cambiario. La complejidad y sofisticación del sistema financiero
permite el acceso del sector privado a los mercados internacionales a fin de financiar los
desequilibrios financieros.
En segundo lugar Panamá ha tenido bajas tasas de inflación, reflejo en parte de que
está directamente ligada a la inflación externa sin intermedio del tipo de cambio. A la
par la economía no ha registrado tasas de crecimiento del PIB por encima del promedio
centroamericano (Véase Cuadro 4). Más aún, su crecimiento se vio severamente afectado
en 1988-89 -caída de 18% del PIB- por la crisis bancaria provocada por los Estados
Unidos.
En la actualidad, entre 1994 y 1999 la tasa de crecimiento del PIB per cápita se sitúa
alrededor del 1% reflejo de un escaso dinamismo de la actividad productiva; desempeño que
no es mucho mejor en el resto de la región. Recientemente su lento repunte tiene su raíz
en la debilidad de las exportaciones y los recurrentes déficit fiscales. En efecto, en
tercer lugar su desempeño ha mostrado fuertes desequilibrios fiscales (véase Gráfico
1). Estos fueron prominentes en la década de los setenta y primera mitad de los setenta,
llegando en proporción del PIB a límites de -14% en 1979 y -12% en 1982. El
financiamiento externo ha sido importante para cerrar la brecha fiscal. Entre 1970 y 1985
representó más del 60% del financiamiento total del déficit fiscal. Entre 1986 y 1993
su importancia disminuyó aunque ya entre 1994-1997 volvió a registrar déficit
preocupantes.
La falta de cumplimiento de las metas fiscales no sólo ha llevado a Panamá a tener el
mayor número de programas del Fondo Monetario Internacional (18 programas entre 1973 y
2001)39 sino también a la reestructuración de su deuda externa varias veces en los
últimos veinte años (1983, 1985 y 1996). De hecho, esta falla ha mantenido la prima de
riesgo país de Panamá por encima de la de algunos países en desarrollo con tipo de
cambio flexible, lo que prueba que la inversión en una economía dolarizada no
necesariamente conlleva una mayor prima de riesgo-país que en una economía no
dolarizada.
Por último, y muy importante, Panamá tiene unas de las tasas de desempleo más elevadas
de Latinoamérica. Durante los ochenta y los noventa la tasa de desempleo de Panamá fue
de 13% y 16% mientras que para los países centroamericanos éstas se situaron, en un
rango comprendido entre 4% y 8% -a excepción de Honduras en 1980-1990 y Nicaragua en
1990-1999 (Véase Cuadro 4). Algunos argumentan que el funcionamiento del mercado del
trabajo no está relacionado con el régimen monetario. No obstante, cabe plantearse la
interrogante de porqué Panamá registra tasas de desempleo muy superiores a las
centroamericanas cuando las estructuras de sus mercados laborales son similares.
Cuadro 4 |
Indicadores Macroeconómicos Seleccionados 1950
2000 |
| a |
1950-1960 |
1960-1970 |
1970-1980 |
1980-1990 |
1990-2000 |
| Tasa de Variación del PIB |
a |
a |
a |
a |
a |
| Panamá |
4.9 |
7.6 |
5.5 |
2.8 |
4.9 |
| Costa Rica |
6.6 |
6.0 |
5.7 |
2.2 |
4.8 |
| El Salvador |
4.8 |
5.4 |
2.8 |
-1.3 |
4.5 |
| Guatemala |
3.7 |
5.0 |
5.7 |
1.2 |
4.0 |
| Honduras |
2.9 |
4.7 |
5.5 |
2.2 |
2.9 |
| Nicaragua |
5.5 |
6.1 |
0.8 |
-0.8 |
3.2 |
| Tasa de inflación |
a |
a |
a |
a |
a |
| Panamá |
n.d. |
n.d. |
7.1 |
3.2 |
1.3 |
| Costa Rica |
1.8 |
2.2 |
11.1 |
29.0 |
18.0 |
| El Salvador |
3.0 |
0.6 |
11.0 |
20.9 |
10.8 |
| Guatemala |
0.9 |
0.6 |
9.7 |
15.6 |
15.9 |
| Honduras |
0.6 |
1.8 |
8.0 |
9.7 |
20.8 |
| Nicaragua |
n.d |
n.d. |
15.0 |
2112.4 |
11.9 |
| Déficit fiscal como porcentaje del PIB |
a |
a |
a |
a |
a |
| Panamá |
n.d. |
n.d. |
-6.6 |
-4.7 |
-0.4 |
| Costa Rica |
n.d. |
n.d. |
-3.9 |
-3.4 |
-3.0 |
| El Salvador |
n.d. |
n.d. |
-0.5 |
-5.1 |
-1.8 |
| Guatemala |
n.d. |
n.d. |
-1.9 |
-3.2 |
-1.2 |
| Honduras |
n.d. |
n.d. |
-3.7 |
-8.4 |
-5.2 |
| Nicaragua |
n.d. |
n.d. |
-5.0 |
-16.8 |
-3.8 |
| Déficit en cuenta corriente |
a |
a |
a |
a |
a |
| Panamá |
-1.4 |
-5.4 |
-10.3 |
-7.2 |
-6.2 |
| Costa Rica |
-1.2 |
-3.6 |
-6.0 |
-4.9 |
-4.3 |
| El Salvador |
0.5 |
-1.3 |
-1.0 |
-3.1 |
-2.2 |
| Guatemala |
-2.0 |
-2.5 |
-1.8 |
-3.7 |
-4.5 |
| Honduras |
-2.2 |
-4.3 |
-7.1 |
-7.9 |
-6.5 |
| Nicaragua |
-1.6 |
-6.1 |
-8.6 |
-35.6 |
-45.2 |
| Tasa de desempleo |
a |
a |
a |
a |
a |
| Panamá |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
12.8 |
16.4 |
| Costa Rica |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
6.7 |
5.0 |
| El Salvador |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
5.0 |
| Guatemala |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
8.0 |
4.0 |
| Honduras |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
10.2 |
6.8 |
| Nicaragua |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
5.3 |
13.9 |
Fuente: Sobre las base de fuentes oficiales y de
CEPAL (2001). Istmo Centroamericano. Medio Siglo de Estadísticas Macroeconómicas.
1995-2000. |
Nota: Los déficit en
cuenta corriente fueron calculados sobre la base de magnitudes reales. La tasa de
inflación de Nicaragua para el último período comprende 1992-2000. |
El caso panameño es
ilustrativo de las fortalezas y debilidades que puede mostrar una economía dolarizada. No
obstante, es un caso demasiado particular como para tomarlo de ejemplo para los países
centroamericanos. En primer lugar porque Panamá no optó en un momento del tiempo por la
dolarización sino que el país "nació" dolarizado. En segundo lugar, el
sistema financiero de Panamá es uno de los más sofisticados de América Latina. Esto ha
llevado a más de un analista a afirmar que el llamado éxito de la economía panameña
responde no tanto a la dolarización sino a la sofisticación de su sistema financiero y
regulatorio.

Lo que Panamá evoca es quizá el principal problema político de la dolarización, la
pérdida de soberanía nacional. Baste recordar la situación panameña a principios de
siglo y, también, la crisis económica y financiera que atravesó a fines de los ochenta
por imposición de los Estados Unidos. En este sentido, la pérdida de soberanía nacional
puede ser el principal obstáculo de índole político a proponer la dolarización como
esquema de integración regional. Dicha integración regional dolarizada estaría
supeditada de manera esencial a la influencia de los Estados Unidos.
IV. Los obstáculos a la dolarización en Centroamérica
El grado de dolarización informal en Centroamérica medido por la participación de los
depósitos en dólares sobre los depósitos totales es elevado (véase Cuadro 5). Se puede
incluso afirmar que en la región hay de facto una dolarización semi-oficial con diversos
sectores productivos y financieros cuyas transacciones monetarias y financieras se
realizan mayoritariamente en dólares.
Cuadro 5
Participación de los depósitos en dólares en el total, 1980-1999. Promedios |
País |
Participación de los depósitos en dólares sobre el total.
Porcentajes |
Costa Rica |
63 |
El Salvador |
7 |
Guatemala |
n.d. |
Honduras |
30 |
Nicaragua |
71 |
Nota: No incluye los depósitos de
la banca off-shore y por consiguiente subestiman la magnitud de los depósitos en dólares
sobre los totales. |
Fuente: CEPAL (2001). |
Esta dolarización informal es
un argumento para proceder con la dolarización oficial. No obstante, la transición a
ello no está exenta de costos y complicaciones importantes. En última instancia la
preparación para dolarizarse depende del desempeño fiscal y del desempeño de las
cuentas externas. Asimismo, a nivel de la región la viabilidad de una integración basada
en el dólar dependerá tanto de variables macroeconómicas como del grado de consenso y
de voluntad política existente entre sus miembros.
Basándonos en el análisis de las secciones precedentes este apartado analiza dos
posibles obstáculos a la dolarización en Centroamérica que surgen, por un lado, del
grado de dependencia existente entre el desempeño externo y las condiciones económicas
internas, y por otro, de la forma de interrelación de las economías centroamericanas.
Cabe hacer dos matices. El primero tiene que ver con que el análisis de los obstáculos
debería conllevar un examen detallado de diversos sectores de la economía. En este
sentido, destacaremos algunas características de las economías centroamericanas que
deben tenerse en cuenta al evaluar los costos y beneficios de la dolarización.
El segundo es que hay que reconocer que varias de las condiciones que validan un proceso
de dolarización son exógenas a él. La más importante es que la política fiscal se
vuelve el único instrumento para la estabilización macroeconómica del que disponen las
autoridades en sistemas dolarizados. Este punto ha sido demostrado ampliamente en los
casos de Panamá (expuesto en la sección anterior) y de las economías que han adoptado
regímenes de juntas monetarias.40
El Cuadro 6 muestra la dependencia entre el desempeño externo y la política económica
interna. Con este fin se computan dos indicadores.
Cuadro 6 |
Desempeño interno, externo y su interrelación, 1980-2000.
Promedios |
| País |
Déficit Fiscal Como proporción del
PIB Fiscal |
Presión Fiscal Como
proporciónPolítica |
Indicador del PIB |
Crecimiento Desempeño |
Indicador externo |
| Costa Rica |
|
|
|
|
|
| 1980-1990 |
3.6 |
13.9 |
1.88 |
2.5 |
80 |
| 1990-1995 |
3.3 |
13.04 |
2.17 |
2.17 |
82.1 |
| 1995-2000 |
3.1 |
12.62 |
1.45 |
1.45 |
64.3 |
| El Salvador |
a |
a |
a |
aa |
a |
| 1980-1990 |
5.05 |
11.1 |
1.04 |
-0.29 |
41.4 |
| 1990-1995 |
2.27 |
10.03 |
1.86 |
5.25 |
63.8 |
| 1995-2000 |
1.57 |
11.02 |
0.73 |
3.67 |
44.6 |
| Guatemala |
a |
a |
a |
aa |
a |
| 1980-1990 |
3.17 |
7.22 |
1.65 |
0.91 |
60.5 |
| 1990-1995 |
1.17 |
7.61 |
2.29 |
4.06 |
96.3 |
| 1995-2000 |
1.26 |
9.13 |
2.39 |
4.17 |
60.0 |
| Honduras |
a |
a |
a |
aa |
a |
| 1980-1990 |
8.4 |
13.03 |
0.72 |
2.45 |
32.5 |
| 1990-1995 |
6.64 |
15.07 |
1.50 |
3.19 |
90.3 |
| 1995-2000 |
3.00 |
15.94 |
1.29 |
2.76 |
49.9 |
Nota: El indicador de política fiscal es la razón
entre el gasto gubernamental y la presión tributaria con un rezago. El indicador de
desempeño externo es la razón entre el valor de las exportaciones y la propensión media
a importar.
Fuente: CEPAL (2000). |
El indicador de política
fiscal (la razón entre el gasto gubernamental y la presión tributaria) muestra cómo
evoluciona el gasto de gobierno ante cambios en la presión tributaria. Ya sea que las
variaciones de la presión fiscal se deben a choques externos, a disminuciones en el
producto por políticas contractivas, o a una combinación entre ambos, el indicador
refleja la orientación de la política fiscal.
Con respecto al indicador del desempeño externo, mientras menores valores registra, menor
será ceteris paribus, el crecimiento económico. Su evolución puede reflejar choques
externos que se materializan tanto en caídas en la demanda externa y en las exportaciones
como en procesos de apertura que provocan aumentos en la propensión media a importar.
El sector externo muestra una mejora de su desempeño entre 1980-1990 y 1990-1995 como
resultado de los programas de promoción de exportaciones y del retorno de los influjos de
capital. No obstante, entre 1995 y 1999 todos los países muestran un deterioro de su
desempeño externo. Este incide en el balance fiscal, provocando una caída en el
indicador correspondiente. En otras palabras los desbalances externos implican políticas
gubernamentales contractivas para restablecer el equilibrio externo.
Pese a que el Cuadro 6 muestra disminuciones en los déficit fiscales -lo que indicaría
mayor holgura fiscal en los períodos considerados, reflejando la implementación de los
programas de estabilización y ajuste estructural- los indicadores reportados revelan un
elevado grado de dependencia que existe en economías pequeñas entre su desempeño
externo y la política fiscal. Esta relación, determinada en parte por el bajo nivel de
presión tributaria de estas economías, puede fortalecerse al eliminarse el tipo de
cambio como instrumento de la política económica y poner aún más de relieve un tema
anteriormente planteado, el de pro-ciclicidad de la política fiscal al optar por la
dolarización.
El segundo aspecto aquí analizado -el grado de interrelación entre las economías- se
aproximó al correlacionar las desviaciones entre la tasa de variación del producto y las
desviaciones de las tasas de desempleo promedio a nivel regional y nacional para cada
país entre 1980 y 2000. Un coeficiente de correlación elevado (bajo) refleja la
simetría (asimetría) en el crecimiento económico y en el del empleo. En Centroamérica,
en el 75% de casos los coeficientes de correlación toman valores negativos, lo que indica
que los ciclos de crecimiento y empleo son asimétricos (véase Cuadro 7).
Cuadro 7 |
Ciclos asimétricos en el crecimiento y en la tasa
de desempleo 1980-1999. Promedios |
Tasa de Crecimiento |
|
Costa Rica |
El Salvador |
Guatemala |
Honduras |
Nicaragua |
| Costa Rica |
1 |
|
|
|
|
| El Salvador |
0.25 |
1 |
|
|
|
| Guatemala |
-0.23 |
-0.11 |
1 |
|
|
| Honduras |
-0.28 |
-0.29 |
0.29 |
1 |
|
| Nicaragua |
-0.45 |
-0.55 |
-0.35 |
-0.40 |
1 |
Tasa de desempleo |
| a |
Costa Rica |
El Salvador |
Guatemala |
Honduras |
Nicaragua |
| Costa Rica |
1 |
|
|
|
|
| El Salvador |
-0.13 |
1 |
|
|
|
| Guatemala |
0.0 |
-0.40 |
1 |
|
|
| Honduras |
0.04 |
-0.09 |
0.21 |
1 |
|
| Nicaragua |
-0.27 |
0.08 |
-0.85 |
-0.03 |
1 |
Fuente: CEPAL (2001). |
Esta asimetría refleja una
característica estructural de estas economías ya señalada. Desde mediados de los
setenta las economías centroamericanas tienden a divergir. Esta tendencia se acentuó en
las décadas recientes. Pese a los procesos de paz y al discurso integracionista, en los
hechos son economías en las que en los noventa el ritmo de crecimiento del PIB per
cápita ha sido inferior al de las tres décadas anteriores (véase Cuadro 8). Así, en
términos de PIB per cápita en niveles, Centroamérica es una región que progresa a tres
velocidades (Costa Rica; El Salvador y Guatemala; Honduras y Nicaragua).
Aun cuando la asimetría intrarregional pudiera tener ventajas, conlleva a un obvio
conflicto de intereses relacionado con el tipo de políticas que deberían implementarse
en la región cuando se abandonan los instrumentos clásicos del manejo de la política
económica. De no ser resuelto de manera permanente, este conflicto de intereses puede
llegar a cuestionar la sustentabilidad de una integración basada en un régimen monetario
que realza las asimetrías existentes. El plantear la unión monetaria cuando aún no se
ha resuelto la disparidad entre las economías de Centroamérica puede transformarse en un
obstáculo central al propio proceso de consolidación regional.
V. Conclusión: la problemática de la integración una vez más
La dolarización ha tomado curso casi irreversible en El Salvador y avanza en Guatemala.
En diciembre de 2000 se aprobó, en Guatemala, la Ley de Libre Negociación de Divisas que
permite "la disposición, tenencia, contratación, remesa, transferencia, compra,
venta, cobro y pago de y con divisas
y la tenencia y manejo de depósitos y cuentas
en moneda extranjera y operaciones de intermediación." 41 Para algunos, la
dolarización puede ser una medida que ayude a la integración de Centroamérica. Empero,
los costos y beneficios de esta estrategia son conceptualmente fáciles de describir pero
difíciles de medir. El debate sobre dolarización no deja de ser, en definitiva, de corte
más bien teórico sin parangón empírico que permita derivar lecciones aplicables a la
otros países.
Cuadro 8 |
Tasas de crecimiento del PIB y PIB per cápita. PIB per cápita en
niveles |
| País |
PIB Década de los
noventa |
Década de los noventa en
dólares del 2000 |
PIB per cápita |
| Costa Rica |
4.1 |
1.2 |
2.316 |
| El Salvador |
4.4 |
2.3 |
1.341 |
| Guatemala |
4.2 |
1.5 |
1.035 |
| Honduras |
3.1 |
0.2 |
660 |
| Nicaragua |
3.2 |
0.3 |
523 |
| Promedio |
90 |
__1.1 |
__ |
| Promedio |
50 |
__ 1.7 |
__ |
| Promedio |
60 |
__ 2.9 |
__ |
| Promedio |
70 |
__ 1.7 |
|
Fuente: CEPAL (2000) y Bulmer-Thomas (2000). |
Así, es una opción que
reviste, ante todo, niveles de incertidumbre elevados. Su justificación no responde a una
doctrina de la conveniencia que puede dictar las circunstancias históricas y particulares
a una cultura y región. Más bien radica, en última instancia, en principios de
carácter abstracto, a saber concepciones teóricas sobre el funcionamiento eficiente del
mercado y el aislamiento y separación de las esferas sociales y económicas de una
sociedad. Más aún, vuelve a poner sobre el tapete el tema del conflicto entre la
democracia y el mercado que fue importante en el siglo XIX. 42
De hecho y parafraseando a Edmund Burke (1729-1797) se podría decir que: 'Los contornos
de la economía no son como los contornos ideales de las matemáticas. Son anchos,...
profundos y largos. Admiten excepciones; demandan modificaciones. Estas excepciones y
modificaciones no son hechas por el proceso de la lógica, pero a través de las reglas de
la prudencia. La prudencia es la directora, la reguladora, el estándar de medida de todas
ellas'.43 Es justamente esta regla la que hay que aplicar a la hora de
valorar la puesta en práctica de la dolarización como esquema alternativo de
integración para Centroamérica.
1.
Las opiniones aquí expresadas son de exclusivas responsabilidad de los autores y pueden
no coincidir con las de CEPAL.
2. Marshall, A. The Present Position of Economics (1885)
in Memorials of Alfred Marshall, ed. A.C. Pigou (London: Macmillan & Co., 1925) La
traducción al castellano es de los autores.
3. En fecha reciente se ha lanzado el Plan Puebla Panamá
como una iniciativa nueva que busca promover la elaboración/ejecución conjunta de
ciertos proyectos para facilitar el comercio y la inversión intrarregional, y con ello
mayor integración de algunos mercados en Centroamérica.
4. Stanley Fischer define la dolarización de una manera
un poco más general como "la adopción de una divisa extranjera como moneda de curso
legal y el abandono del uso de la moneda nacional". (S.Fischer, "Exchange Rate
Regimes: Is the Bipolar View Correct?", ponencia presentada en la reunión de la
American Economic Association, Nueva Orleans, 6 de enero de 2001)
5. Véase Constitución de la República Federal de
Centro-América dada por la Asamblea Nacional Constituyente el 22 de noviembre de 1824.
Título IV (Del poder legislativo y de sus atribuciones), Sección 2 (De las atribuciones
del Congreso) en Documentos de la Unión Centroamericana, ed. A. Herrate, Guatemala:
Editorial Ministerio de Educación Pública, 1957, p.38.
6. Estas reuniones incluyeron los siguientes temas: a)
examen y discusión de eventos y problemas que interesan a los bancos centrales
centroamericanos; b) consulta recíproca de los problemas económicos y financieros
internacionales comunes a los países del Istmo, con el propósito de seguir en lo posible
una política unificada y solidaria; c) estudio de planes y de medidas propias de la banca
central que pueden contribuir a la integración económica regional. Véase Resumen de la
Integración Económica y la Unión Monetaria Centroamericana, Consejo Monetario
Centroamericano, Agosto 1964.
7. Véase, Consejo Monetario Centroamericano, Fondo
Centroamericano de Estabilización Monetaria, 1970.San José Costa Rica.
8. Véase Tratado General de Integración Económica
Centroamericana, 1960. Artículo X.
9. Los antecedentes de la cámara de compensación se
remontan a 1952. La cámara de compensación se fundó en 1961 (Sexta Reunión de Bancos
Centrales de Centroamérica, Tegucigalpa, Honduras) con la participación de El Salvador,
Guatemala, y Honduras. El Banco Central de Nicaragua se adhirió en 1962 y Costa Rica lo
hizo en 1963. Véase Consejo Monetario Centroamericano. Tres Años de Compensación
Multilateral Centroamericana (Cámara de Compensación Centroamericana,. Tegucigalpa,
Honduras).
10. Un análisis de ese entonces de la experiencia
europea y de sus lecciones para el caso centroamericano se encuentra en "Exposición
Presentada por los Miembros Coordinadores a La Comisión de Economistas y Juristas de los
Bancos Centrales Centroamericanos" (Guatemala, 20 de enero de 1964). Ahí se afirma,
: "Quizás la lección más importante que puede derivarse de la experiencia europea
en materia de coordinación monetaria es el hecho de que sus procesos han obedecido a un
proceso deliberado de desarrollo por etapas". (p.38)
11. Véase, Fondo Centroamericano de Estabilización
Monetaria. Consejo Monetario Centroamericano, 1969. San José, Costa Rica. p. 7.
12. Véase Consejo Monetario Centroamericano. Secretaria
Ejecutiva. Fondo de Estabilización Monetaria. San José, Costa Rica. Febrero de 1970.
13. Ibid. P. 5.
14. El informe Werner recomendó completar la creación
de la unión monetaria europea para 1980 y realizó recomendaciones para las dos primeras
etapas del proceso y describió de manera de manera más general las reformas que
tendrían que darse en una tercera etapa.
15. Véase al respecto González del Valle J.
"Pasado y Futuro de la Unión Monetaria Centroamericana" CEPAL/México. Mimeo.
2000.
16. Un ejemplo lo constituye el proceso de triangulación
comercial en Centroamérica.
17. Debe destacarse la creación del Sistema de
Integración Centroamericano (SICA, 1990) y la firma del Protocolo al Tratado General de
la Integración Económica (Guatemala, 1993) para crear y regular el Subsistema de
Integración Económica Centroamericano.
18. Según Gonzalez del Valle (1999), p.7, a partir de
1974 no había una agenda sustantiva para la armonización de políticas macroeconóms
consecuencias de éstas y limitar su propagación en el ámbito regional". En los
noventa el Consejo Monetario Centroamericano vuelve a jugar un papel más relevante en
parte porque el protocolo de Guatemala le otorga "el carácter de consejo sectorial
cuya competencia es la coordinación, armonización y convergencia o unificación de las
políticas monetaria, cambiaria, crediticia y financiera" de los países
centroamericanos. Véase Consejo Monetario Centroamericano (1998). p. 22.
icas y el Consejo Monetario Centroamericano se limitó a ser sólo un órgano de consulta
para "atenuar la
19. Véase, SIECA. Centroamérica: Políticas Macroeconómicas y
Programa de Armonización. Informe Final. Panamá, República de Panamá, 29-31 de octubre
de 1992.
20. BID. Pág. 71-75.
21. Consejo Monetario Centroamericano. Secretaria
Ejecutiva. Informe de Labores de la Secretaria Ejecutiva del Consejo Monetario
Centroamericano de 1997. San José, Costa Rica. Febrero de 1998.
22. Véase Consejo Monetario Centroamericano. Informe
Económico Regional 2000. San José, Costa Rica: febrero de 2001.
23. El Acuerdo Monetario Centroamericano fue aprobado
inicialmente en 1974 y reemplazó al Acuerdo para el Establecimiento de la Unión
Monetaria Centroamericana (1964). Aquí nos referimos a una versión modificada del
Acuerdo Monetario Centroamericano.
24. Véase, Acuerdo Monetario Centroamericano. Artículo
1. Consejo Monetario Centroamericano. 2000
25. Existen otras dos variedades: la dolarización no
oficial y la semi-dolarización. La primera es una importante proporción de activos y
pasivos financieros del sector privado y el público, está denominada en dólares aunque
el dólar no tenga curso legal. La segunda ocurre cuando el dólar es aceptado como medio
de pago en algunas transacciones pero tiene un papel secundario respecto a la moneda
nacional. Ambas introducen complicaciones adicionales tales como la necesidad de
considerar la sustitución de monedas (el uso de activos denominados en moneda extranjera
como medio de pago) y sustitución de activos (el uso de activos denominados en moneda
extranjera como activos financieros únicamente) al análisis de la política económica.
Véase, Baliño et Al. Monetary Policy in Dollarized Economies. IMF Occasional Paper, 171.
International Monetary Fund, 1999. Según Shuler (2000) existen 30 territorios que están
dolarizados. Fuera de los Estados Unidos, 11 territorios que utilizan el dólar de los
Estados Unidos como moneda de curso legal.
26. Tradicionalmente los costos contables se asocian a la
necesidad de efectuar cálculos para convertir a dólares los precios denominados en la
moneda local (y viceversa).Nuestra definición va más lejos.
27. Véase, Benetti, C. Moneda y Teoría del
Valor.(México: Fondo de Cultura Económica), 1990; Niehans, J. The Theory of Money
(Baltimore: The Johns Hopkins University Press), 1978.
28. Véase, Mundell, R.A. Updating the Agenda for
Monetary Unions en Optimum Currency Areas. New Analytical and Policy Developments. Ed. M.
Blejer et Al. (Washington: International Monetary Fund) pp. 29-48, 1997. Ishiyama, Y.
"The Theory of Optimum Currency Areas." IMF Staff Papers 22, July, 344-83, 1975.
29. De la misma manera si los procesos de formación de
expectativas son divergentes, es decir no son similares para todos los agentes económicos
las distorsiones que pueden producirse en los precios relativos pueden ser aún mayores
30. Sea D = (D/Y) Y; dD/dt = (d(D/Y)/dt)Y + (dY/dt) D/Y
sustituyendo esta última expresión en la ecuación (5) se obtiene la expresión
d(D/Y)/dt = (G-T)/Y + (r -y)D/Y.
31. Véase, D.A. Reisman, "Henry Thornton and
Classical Economics". Oxford Economic Papers. Pp.71-89. C.A.E. Goodhart, "Myths
about the Lender of Last Resort." Mimeo., 2000 London School of Economics. Bagehot,
W. Lombard Street.1873. Internet Edition, 2000.
32. La traducción al castellano es de los autores del
artículo.
33. Sobre las características y funciones del
"prestamista de última instancia" y la banca central véase Fischer S. (1999)
On the need for an international lender of last resort, Journal of Economic Perspectives,
Vol. 13, No. 4, pp. 85-104.
34. Moreno Villalaz, J.L. Lessons from the Monetary
Experience of Panama: A dollar economy with financial integration y "Panama: No
Central Bank, No Capital Controls, No Problem" en Wall Street Journal-The Americas
Column- September 10, 1999.
35. Debido al impacto que tuvieron las crisis mexicana y
rusa-brasileña, Argentina recibió montos sustanciales de los organismos multilaterales.
En el primer caso, la ayuda internacional se estima en 7 mil millones dólares mientras
que en el segundo caso fue de 39.7 mil millones de dólares.
36. En junio de ese año luego de su separación de
Colombia, Panamá celebró el convenio monetario con los Estados Unidos que dio lugar a la
ley 84 expedida por la Convención Nacional de 1994 y que creó el sistema monetario de
Panamá. Véase, De la Rosa, Stella Maria. Un Análisis de la Estructura Bancaria en el
Mecanismo Monetario de Panamá. Instituto Tecnológico Autónomo de México. México D.F.
1955. Solís P. José. Aspectos del Mercado Financiero y elemento de Moneda y Banca en
Panamá. (Sibauste: Panamá), 1996. Barrera, A. Nociones de Operaciones Bancarias.
Conceptos y Regulaciones (Taller Senda: Panamá), 1997. La circulación del dólar como
moneda de curso legal está establecida en el segundo párrafo del artículo 1.171 del
actual código fiscal Panameño: "el actual dólar de los Estados Unidos de América
y sus múltiplos y divisiones, serán de curso legal en la República, por su valor
nominal igualmente a la moneda panameña respectiva".
37. De la Rosa menciona también la importancia que
otorgaban las autoridades panameñas a la estabilidad monetaria como consecuencia del laxo
manejo monetario de Colombia a principios de siglo.
38. Véase, Moreno-Villalaz, J.L. "Lessons from the
Monetary Experience of Panama: a dollar economy with financial integration".
Internet, 2000. Mishkin F.S & Savastano, M.A. Monetary Policy Strategies for Latin
America. NBER Working Paper 7617. March, 2000.
39. Véase, Edwards S. Dollarization and Economic
Performance. An Empirical Investigation. NBER. Working Paper 8274. May 2001.
40. Véase al respecto Edwards (2000). Hanke (2000)
presenta indicadores macroeconómicos para cinco países (Argentina, Estonia, Lithuania,
Bulgaria y Bosnia y Herzegovina) que adoptaron en la década de los noventa regímenes de
juntas monetarias. Luego de su puesta en práctica cuatro de éstos aumentaron sus
déficit fiscales. Véase, Hanke, S. "The Disregard for Currency Board
Realities". Cato Journal, Vol. 20, No.1.pp. 49-59. Agradecemos a Alberto Rivas
Anduray, Asesor Económico de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Central de
Nicaragua el haber señalado este punto y referencia.
41. La ley guatemalteca admite también la negociación de un
contrato entre particulares de trabajo o prestación de servicios en dólares como unidad
de cuenta y medio de pago.
42. Karl Polanyi analiza el conflicto entre democracia y mercado en
su libro The Great Transformation (Boston: Beacon Press, 1944). Sostiene que el desarrollo
de las propias fuerzas del mercado indujeron a trasladar determinadas actividades y áreas
de la política económica a la esfera de influencia del estado. Un ejemplo es la
administración y regulación del dinero. En este sentido la adopción de procesos de
dolarización significa un retroceso.
43. A pesar de ser
identificado por sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa (1790) algunos economistas
han recientemente descubierto a Edmund Burke como un pensador que razonaba a partir de las
circunstancias y desechaba analizar cualquier fenómeno utilizando principios abstractos.
En particular Burke entendió la ciencia política como la doctrina de los medios y
criticó aquellos que la veían como una manera de proponer fines políticos que eran
'universalmente e intrínsecamente' válidos. Véase, R.M. O´Donnell Keynes: Philosophy,
Economics and Politics (New York: St. Martin's Press), 1989, pp.276-285. La misma crítica
es válida para el razonamiento económico que pretende imponer la dolarización sobre las
bases abstractas de libre mercado y del incremento de la eficienci
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