| Titulo |
Oportunidades y
riesgos
del ALCA
Edición Nº 62
Mayo - Agosto 2001
|
Repensando
los pilares y aristas de la construcción del MERCOSUR
Lincoln Bizzorero
Coordinador del Programa de Política Internacional y Relaciones Internacionales de la
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República de Uruguay.
. Los inicios: una
ubicación contextual en la transición
El MERCOSUR surgió en los noventa conjuntamente con los inicios de la estructuración de
un nuevo orden. Los temas ordenadores de este nuevo orden para los países del MERCOSUR
fueron la consolidación de las democracias, la reforma del Estado, la apertura de la
economía y el ingreso de los nuevos asuntos del comercio internacional.1 La percepción del
espacio pasó a tener un componente geoeconómico más que geopolítico y una mayor
orientación hacia la regulación por el mercado. Desde el punto de vista de ese nuevo
orden, los países del MERCOSUR debieron acelerar distintas reformas vinculadas a
diferentes aspectos del comercio internacional, además de sentar las bases de un proceso
regional con objetivos definidos.
En términos de los balances necesarios, desde el punto de vista exclusivamente del nuevo
orden, los países del MERCOSUR debieron incorporar y dar respuesta a un conjunto de temas
vinculados al comercio internacional, además de los que tenían que ver con la zona de
libre comercio. Estos nuevos temas en la política exterior de los países de la región,
entre los que se ubicó la integración, ya habían sido avanzados en el sistema
internacional por algunos de los países desarrollados, a través de acuerdos de libre
comercio como fue el precursor acuerdo entre Estados Unidos y Canadá, en algunos ámbitos
como el de la OCDE y se plasmaron en tanto ejes orientadores en los debates que se dieron
durante la Ronda Uruguay del GATT.
Aun cuando los desempeños políticos de los países del MERCOSUR, la orientación que le
imprimieron las élites y las lógicas negociadoras y ordenadoras de las políticas
exteriores no estaban circunscritas por los temas del sistema bipolar, los condicionantes
de ese período pesaron en la ubicación de esos países en el escenario internacional. La
lógica centro-periferia y norte-sur en términos de los debates internacionales
acompañó la orientación política y negociación en los foros. Es por ello que al
ingresar en los noventa, los países del MERCOSUR arrastraban consigo algunos temas
vinculados a los déficit políticos y sociales de los ochenta, 2 pero al mismo tiempo,
en términos de oportunidad de inserción internacional, bosquejaron la respuesta del
MERCOSUR en tanto regionalismo abierto, teniendo en cuenta la consolidación que se estaba
procesando de grandes espacios económicos en el mundo.3
El contextualizar los inicios del MERCOSUR permite visualizar globalmente los temas de la
agenda en los noventa en los países de la región e incorporar por lo tanto en una
evaluación de los diez años no solamente los nuevos temas vinculados a la agenda del
comercio internacional, sino también otros referidos a la consideración de la posición
de América del Sur en el mundo, de los desempeños políticos, económicos y culturales
de sus países, de los modelos de desarrollo y de los niveles de democracia y
participación de las sociedades. Es por ello que además de una evaluación de
cumplimiento de objetivos, deben incluirse los parámetros, instrumentos y definiciones de
la construcción ("building") y los desbordes ("spill over") que
surgieron de la propia dinámica del proceso y de las interacciones región-Estado y
Estado-región.
La etapa de transición del MERCOSUR estuvo enmarcada en los debates del final de la Ronda
Uruguay del GATT y en la conexión de los temas laborales y medioambientales con el
comercio internacional en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. De esta
forma, la estrategia de construcción del MERCOSUR durante la etapa de transición estuvo
enmarcada a nivel de cada país en los propios derroteros del apoyo que pudieran tener los
gobiernos frente a las reformas a impulsar y en el marco regional de la orientación y
solidez con que se construyeran los lazos de cooperación entre los Estados.
El apoyo inicial al MERCOSUR, la definición de un Programa de Liberalización Comercial
en el mismo anexo al Tratado de Asunción y la concreción de un cronograma de actividades
en Las Leñas, concretaron los pilares esenciales sobre los cuales se asentó el éxito
inicial del proceso. 4 Para ello, los gobiernos utilizaron positivamente el marco regional
para impulsar las reformas a nivel nacional. Este conjunto de reformas nacionales tuvieron
que ver notoriamente con lo que constituye la esencia de una zona de libre comercio
(disminución de aranceles a cero, esclarecimiento de las normas no arancelarias, pero
también rotulación de productos, caracterización de forma de los bienes,
características de contenido, transparencia comercial, mejor eficiencia aduanera, entre
otros). 5
Si bien los cuatro países esgrimieron el argumento de los acuerdos regionales para no
quedar afuera del proceso y propulsar el cumplimiento estricto del Programa de
Liberalización Comercial y otras reformas vinculadas al mismo, los factores endógenos
que posibilitaron esas transformaciones en cada país fueron específicos. En el caso de
Argentina partieron de una interpretación global del sistema internacional por el cual el
país debía realizar las reformas necesarias con la finalidad de ubicarse en el
"pelotón de incluidos" 6. Para Brasil, en cambio, el
MERCOSUR significó entre 1991 y 1994 la única iniciativa de política industrial y la
posibilidad para la diplomacia de pasar de una situación reactiva a una activa con el
apoyo de una parte del sector empresarial.7 En el caso de los socios pequeños
las prioridades fueron diferentes y se orientaron a asegurar el cumplimiento de los
términos de acceso a los mercados y a custodiar el efectivo desenvolvimiento del marco
institucional tal cual fuera acordado en el Tratado
fundacional 8.
Si las diferentes prioridades en materia de política exterior y percepciones del sistema
internacional no obstaron a la implementación de las reformas vinculadas con la
liberalización comercial en los respectivos países, quedaba por ver si ese impulso con
el incremento de la interdependencia que había suscitado era suficiente para consolidar
una cooperación regional entre los países. Es este nivel el que resulta esencial a la
hora de evaluar desde una perspectiva realista si funciona o no un proceso de
integración. En el caso del MERCOSUR este nivel está asentado en una cuestión litigiosa
histórica, ya que es en ese espacio regional donde se encuentra la fractura de América
del Sur, que divide a la América del Sur hispano hablante de la luso hablante.9
Varios análisis concuerdan en
señalar que la cooperación regional pudo irse asentando sobre la base de los éxitos
iniciales en la política comercial, por el "colchón financiero" producto de
las políticas de privatizaciones y ajuste fiscal y además porque el sistema
internacional continuó otorgando una "permisividad" global al proceso y porque
las políticas exteriores de los países pusieron como prioridad en sus respectivas
agendas el completar la conformación de una zona de libre comercio.10 Las diferencias en materia de prioridades y opciones comenzaron a pesar una vez
que se debía enfocar una política comercial común y se debían adoptar decisiones
políticas que tenían consecuencias en las políticas internas de los países (políticas
industriales, de apoyo a las exportaciones entre otras).
De esta forma se llegó a completar el período de transición con el Protocolo de Ouro
Preto. El Protocolo de Ouro Preto y su anexo respondieron al objetivo definido por el
Tratado de Asunción de determinar la estructura institucional y un sistema de adopción
de decisiones. En lo que se refiere al objetivo de la libre circulación de bienes en la
zona, lo cual implica arancel cero, se definió un régimen de adecuación final para las
listas de productos sujetos a algún derecho de importación. Además se planteó un plazo
para presentar una lista y programa para completar la eliminación o armonización de las
restricciones no arancelarias.
La definición de un Arancel Externo Común, la preparación de un proyecto de Reglamento
sobre Prácticas Desleales de Comercio Extra-Zona (instrumentos de política
anti-dumping), y un Reglamento Común de Salvaguardia frente a terceros países a través
de la Comisión de Comercio y las decisiones sobre cláusulas de origen, plantearon el
pasaje a una política comercial colectiva, con lo que ello significa en cuanto a
expresión de una estrategia de desarrollo conjunta. El ingreso en una nueva etapa para
los países del MERCOSUR trajo como consecuencia otras responsabilidades y desafíos
vinculados en primer lugar con la definición de una estrategia de desarrollo conjunta; en
segundo orden con el funcionamiento de una nueva estructura institucional que incorporó
otros órganos y por ende modificó las interacciones y la dinámica funcional; en tercer
término con las negociaciones frente a terceros; y finalmente con la aplicación de las
reformas en las respectivas sociedades nacionales planteando los beneficios de la nueva
etapa a los distintos actores de la sociedad civil.
En ese sentido, el ingreso en una nueva etapa trajo aparejado un replanteo tanto en lo que
concierne a los apoyos internos que necesita cada gobierno para la implementación de las
reformas, como de la solidez de los avances registrados en la cooperación regional. En el
nuevo período las dos instancias -apoyos internos y sólidas articulaciones cooperativas
a nivel regional- se habían modificado por los cambios a nivel del contexto internacional
como en los respectivos sistemas políticos.
En el contexto internacional tres acontecimientos marcaron el inicio de esta nueva etapa
del MERCOSUR: la firma del Acuerdo por el cual se estableció la Organización Mundial del
Comercio, la puesta en vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la
Cumbre de las Américas en Miami en diciembre de 1994.11 Por otra parte, los
cambios de gobierno modificaron las lógicas políticas internas tanto a nivel de
orientación y prioridades como en las definiciones interactivas con las sociedades
nacionales. Los apoyos internos, por una parte, y los tiempos electorales y de cambios de
gobierno por la otra pautaron las perspectivas de la cooperación regional.
La respuesta de los países del MERCOSUR consistió en aprobar un nuevo cronograma de
orientaciones y metas hasta el año 2000. El próximo capítulo esbozará los avances
efectivos registrados y los temas pendientes de resolución de acuerdo a la orientación y
metas definidos por la Agenda 2000. De esta forma se extraerán los avances registrados en
lo que constituye un patrimonio MERCOSUR, así como los asuntos pendientes de resolución
y los desafíos que se tienen por delante.
II. La agenda 2000: las dificultades en incorporar la nueva etapa
regional
La agenda 2000 fue la respuesta de los países del MERCOSUR frente al vacío dejado por el
final del período de transición. La agenda posibilitó incluir la nueva cartografía de
temas relevantes para el período iniciado. De esta forma se incorporaron los diferentes
ejes ordenadores del proceso una vez que se había concluido la etapa de transición: la
consolidación de la libre circulación y de la Unión Aduanera, la construcción del
Mercado Común, las relaciones externas y la dimensión global del proceso.
El Programa de Acción del MERCOSUR hasta el año 2000 estableció una articulación de
temas y puntos en el nivel de consolidación y perfeccionamiento de la Unión Aduanera. El
Programa definió tres órdenes de conjuntos temáticos incluidos en el nivel de
consolidación y perfeccionamiento: libre comercio y condiciones de competencia
intra-zona, perfeccionamiento de la política comercial común y desarrollo
jurídico-institucional de la subregión.
En el conjunto temático sobre libre comercio y condiciones de competencia intra-zona, el
cumplimiento de los objetivos y cronogramas estuvo asociado al crecimiento del comercio
intra-regional. Sin embargo, la definición de políticas unilaterales por parte de los
países, (el "interés nacional"), la sensibilidad de algunos sectores
económicos, y las dificultades que aparejó la recesión a partir de 1998, trajeron a
primer plano los problemas en acordar avances en otros temas (restricciones no
arancelarias, defensa de la competencia) o en consensuar objetivos comunes (políticas
públicas que distorsionan la competitividad). Estas dificultades en avanzar en esos temas
no obstaron a que se concretara el arancel cero intra-zona para la mayoría de productos
del universo arancelario, a que se acordaran resoluciones referidas a los reglamentos
técnicos, 12 a que se concretara un acuerdo de reconocimiento mutuo en materia
sanitaria y fito-sanitaria, acuerdos en materia de operativa fronteriza y la aprobación
del Protocolo de Defensa de la Competencia.
Es en el ámbito de perfeccionamiento de la política comercial común donde han surgido
más dificultades en el cumplimiento de los plazos definidos y de las metas acordadas. Es
en este conjunto de temas donde las prioridades nacionales de política económica, los
marcos normativos diferenciados en relación a los incentivos y las sensibilidades
sectoriales se han hecho patentes, dificultando las opciones en materia de cooperación
intergubernamental o de un spill-over funcional. Ello se ha evidenciado en las
modificaciones que se han procesado en el Arancel Externo Común a raíz de las crisis
externas, y sus consecuencias en las economías de los socios grandes; en la falta de
aprobación del Código Aduanero y por ende la ausencia de mecanismos institucionales para
gestionar una renta aduanera común; en la continuidad de un régimen de origen por las
insuficiencias en la conformación de la Unión Aduanera ("incompleta"). La
falta de aprobación del Código apareja otras consecuencias referidas a la aplicación
uniforme de normas y criterios de valoración aduanera, la definición de un fondo
aduanero común, el desarrollo de una mejor coordinación para la prevención de delitos
de aduana y una mayor interconexión entre las administraciones nacionales, en especial a
través de sus sistemas informáticos.
Resulta relevante señalar, por las consecuencias que pueda tener en materia de políticas
regionales de desarrollo, algunas orientaciones sobre el Arancel Externo Común aprobadas
por el Consejo del Mercado Común en la primera cumbre del relanzamiento que se realizó
en Buenos Aires en junio de 2000. En una de las decisiones sobre Arancel Externo Común se
encomendó al Grupo Mercado Común que instruyera a la Comisión de Comercio del MERCOSUR,
a los efectos de la elaboración de una propuesta relativa a un régimen común para
bienes de capital no producidos en los Estados Partes del MERCOSUR. Por otra parte,
otorgó la posibilidad de presentación de análisis y propuestas a los Estados Partes, a
los efectos de revisar algún aspecto del Arancel Externo Común, incluso referidos a
bienes de capital producidos en la región; evaluar la posibilidad de una reducción de
los niveles de protección y dispersión de los aranceles en bienes de capital,
informática y telecomunicaciones y finalmente encargó a la Comisión de Comercio del
MERCOSUR para que inicie el tratamiento del doble cobro del Arancel Externo Común y de la
distribución de la parte correspondiente de la renta aduanera. En la última cumbre que
se realizó en diciembre en Florianópolis, se prorrogó hasta junio de 2001 las tareas
asignadas debido a que no se pudo completar los trabajos (Decisión 68/00).
La especificidad de los sectores automotriz, azucarero y textil llevó a que fueran
excluidos del régimen común y a que se acordaran condiciones especiales para su
adecuación a la Unión Aduanera, las que han sido fuente de tensiones y conflictos que
han desencadenado otras derivaciones en la consolidación del proceso.13 Los conflictos generados en esos sectores u otros sectores no tienen relevancia
por sí mismos, sino encuadrados en las insuficiencias en los instrumentos y en los
mecanismos institucionales del proceso.
En el ámbito jurídico-institucional, el MERCOSUR ha continuado diversificando su
estructura durante el período de consolidación. El spill over institucional se ha hecho
particularmente patente en los órganos con capacidad de decisión que negocian e
intermedian en áreas sensibles. Otra manifestación del spill over institucional ha sido
la creación de diferentes reuniones de ministros en el ámbito del Consejo Mercado
Común, que ha permitido una visión global y regional en cada una de las carteras
ministeriales. Este crecimiento ha originado dos dificultades adicionales en el
funcionamiento: la derivada del cuello de botella que producen las demandas y
recomendaciones en el Grupo Mercado Común, tanto para tomar decisiones como para
articular las distintas partes, y la que tiene relación con las insuficiencias de los
representantes políticos y actores sociales en la marcha del proceso que se manifiesta en
demandas por la definición de un rol y competencias de los órganos que no tienen
capacidad decisoria, como lo son el Foro Consultivo Económico y Social y la Comisión
Parlamentaria Conjunta.
Además de esta mayor complejidad en la estructura jurídico-institucional se pueden
destacar los siguientes aspectos relevantes: la aprobación del Protocolo de Ushuaia que
terminó de procesar la definición del Compromiso Democrático en el MERCOSUR; la
inclusión de Bolivia y en particular de Chile en la institucionalidad del MERCOSUR en
tanto países asociados; la creación del Foro de Consulta y Concertación Política, en
tanto órgano auxiliar del Consejo, institucionalizado a nivel de ministros de Relaciones
Exteriores o de altos funcionarios; la creación del Grupo de Monitoreo Macroeconómico
que sustituye al Grupo de Trabajo de Alto Nivel de Coordinación de Políticas Macro
Económicas; los atrasos en materia de internación de normas; la emisión de los primeros
laudos arbitrales en el marco del Protocolo de Brasilia para la Solución de
Controversias; y el incremento de demandas de los órganos sin capacidad decisoria, en
particular la Comisión Parlamentaria Conjunta y el Foro Consultivo Económico y Social.
En el nivel de la consolidación y perfeccionamiento de la Unión Aduanera, el Programa de
Acción del MERCOSUR hasta el año 2000 definió tres órdenes de conjuntos temáticos:
libre comercio y condiciones de competencia intra-zona, perfeccionamiento de la política
comercial común y desarrollo jurídico-institucional de la subregión. Los avances
registrados en estos tres niveles posibilitan pensar en diferentes escenarios, incluyendo
la posibilidad de apostar a una zona de libre comercio ampliada. En cualquiera de los
casos, los avances que se registren en la construcción del Mercado Común, se
articularán con los que se registren en temas de la consolidación y perfeccionamiento de
la Unión Aduanera.
Las insuficiencias en el nivel de consolidación del proceso no impidieron que se avanzara
en otros temas vinculados a la construcción del Mercado Común, las relaciones externas y
la dimensión global del proceso. Es justamente en estos niveles en que se verificó un
importante porcentaje de decisiones aprobadas entre los años 1995 y 2000. En particular
deben señalarse dos ámbitos en que se concretaron decisiones y sus consiguientes
reordenamientos en las consecuencias de las mismas: el de las relaciones externas y el del
sector educativo.
La principal decisión vinculada a la construcción del Mercado Común fue la aprobación
del Protocolo de Montevideo sobre comercio de servicios por Decisión 13/97. El Protocolo
constituye un marco para futuras negociaciones por sector, creándose para ello el Grupo
Servicios en el marco del Grupo Mercado Común. En la reunión del Consejo del Mercado
Común de julio de 1998 se completó el Protocolo de Servicios con las Decisiones 9/98 y
12/98, con Anexos y con disposiciones sectoriales específicas y listas de compromisos.
Recientemente, el Grupo Mercado Común aprobó la Resolución 36/00 "Profundización
de los Compromisos Específicos en materia de Servicios" cuyo objetivo es acelerar el
proceso de liberalización del comercio de servicios en el MERCOSUR, y por Decisión 57/00
se aprobó la Segunda Ronda de Negociaciones, en la cual los Estados aprobaron compromisos
específicos.
El Protocolo tiene como objetivo promover el libre comercio de servicios en el MERCOSUR y
su campo de aplicación está constituido por las medidas que adoptan los Estados Partes.
En lo que concierne a la liberalización, el objetivo del programa es el de completar en
un plazo de diez años a partir de la efectiva entrada en vigor del Protocolo la
incorporación del conjunto de sectores de servicios. El mecanismo preconizado es el de
las rondas de negociaciones, por las cuales se busca incorporar nuevos sectores en el
Programa de Liberalización.
En materia de políticas comunes otras decisiones aprobadas atañen a la energía, asuntos
financieros y coordinación de políticas macroeconómicas. En materia de energía se
aprobaron dos decisiones de relevancia: por Decisión 10/98, el Memorándum de
Entendimiento relativo a los Intercambios Eléctricos e Integración Eléctrica en el
MERCOSUR, que todavía no ha sido incorporado y el Memorándum de Entendimiento Relativo a
los Intercambios Gasíferos e Integración Gasífera entre los Estados Partes del MERCOSUR
(Dec. 10/99).
En materia de asuntos
financieros, con la aprobación de la Decisión 11/93, el Protocolo de Colonia de
Promoción y Protección Recíproca de Inversiones Intra-MERCOSUR, que todavía no ha sido
incorporada a los ordenamientos jurídicos, y el Protocolo de Buenos Aires sobre
Promoción y Protección de Inversiones provenientes de Estados no Partes del MERCOSUR,
por Decisión 11/94, y que no ha sido incorporado a los ordenamientos jurídicos de Brasil
y Uruguay.14
Las decisiones en materia de coordinación de políticas macroeconómicas se remiten a una
definición del Consejo a la reunión de ministros de Economía y presidentes de Bancos
Centrales para que concreten un grupo de trabajo de alto nivel con determinados objetivos
señalados en materia de análisis, intercambio de información, determinación de
criterios y definición de un programa de trabajo para alcanzar una convergencia (Dec.
6/99) y a la reciente Decisión 30/00, para avanzar en objetivos comunes en las áreas
macroeconómicas con la adopción de un plan de trabajo, a los efectos de llegar a marzo
de 2001, con pautas comunes que posibiliten definir un proceso de convergencia.
Tanto en el sector agrícola como en el sector industrial han repercutido las diferentes
controversias que han surgido de sectores de los países y que han sido amparados por
restricciones no arancelarias de índole diversa (licencias de importación, certificado
sanitario o fito-sanitario, precios de referencia, entre otros), cuando no se llega a
acuerdos de cupos como en el caso del calzado, o de porcentajes definidos. Las
manifestaciones de estas controversias sectoriales se han reflejado en las cumbres
presidenciales, en las cumbres argentino-brasileñas, en los órganos no decisorios del
MERCOSUR, pero también han sido canalizadas en el ámbito de la Comisión de Comercio,
que funcionó como filtro de las demandas estatales sobre temas atinentes a las
restricciones en el comercio por barreras no arancelarias.
En el caso del sector agrícola los Estados Parte han realizado dos movimientos de
importancia. En el plano de las relaciones externas se ha conformado un frente con la
participación de todos los países del MERCOSUR en el Grupo Cairns. Al respecto, la firma
por parte de los ministros y secretarios de Agricultura de los cuatro países del MERCOSUR
de la Declaración de Montevideo acerca del proteccionismo agrícola, en septiembre de
1998, marcó un punto de partida con relación a las definiciones frente al inicio de la
Ronda del Milenio. El segundo movimiento de importancia en el sector agrícola ha sido el
de armonizar los requisitos de aplicación y los sistemas de control sanitario y
fitosanitario entre los países, a los efectos de disminuir las posibilidades de proteger
sectores mediante restricciones de esa índole.
Las relaciones externas del MERCOSUR constituyeron, en cambio, un núcleo impulsor del
proceso, ya que en gran medida las definiciones de temas y cronogramas de otros frentes
provocaron necesarias definiciones regionales y nacionales. En ese sentido, el conjunto de
acuerdos y definiciones que se van construyendo a partir de 1995, cuando se firma el
Protocolo de Ouro Preto, hasta 1998, cuando se produce un vaciamiento temático de los
distintos foros y un estancamiento general en las negociaciones internacionales vinculadas
a la apertura y acceso a mercados, daba cuenta de un proceso en expansión que debía
guardar el equilibrio entre la consolidación, los avances en el frente regional y las
negociaciones externas.
El vaciamiento de temas de la agenda de los distintos frentes de negociación que se
produjo a partir de 1998 llevó a que Brasil reformulara sus prioridades externas. En ese
sentido, la concreción de la Cumbre de Brasilia en el año 2000, con motivo del festejo
de los 500 años del descubrimiento, posibilitó explicitar la importancia que tiene para
Brasil el componente geopolítico, en particular fronterizo en el proceso de integración
de América del Sur. Esta definición de prioridades externas, si bien no es contraria a
la implementación de la zona de libre comercio continental, presenta definiciones,
cronogramas y metas diferentes en cuanto al camino a recorrer. Es por ello que para Brasil
resulta de vital importancia definir contenidos concretos a los efectos del camino a
recorrer para pautar una agenda positiva a ofrecer al resto de países suramericanos.
El estancamiento en los frentes de negociación tanto del Acuerdo de Libre Comercio de las
Américas (ALCA) como del Acuerdo Marco-Interregional con la Unión Europea no ha derivado
en cortar las instancias de intercambio y negociación.
En el marco del ALCA, si bien en la metodología a seguir con relación al objetivo final
se adoptaron algunos de los principios que propulsó el MERCOSUR, la continuidad de las
negociaciones no va a estar exenta de distintos conflictos que van a repercutir en el
bloque en tanto negociador. Los conflictos no solamente atañen a los propios objetivos
vinculados con la zona de libre comercio, sino también a los que surjan del triángulo
Argentina-Brasil-Estados Unidos con las consiguientes derivaciones en el MERCOSUR por las
diferentes prioridades en política exterior de los países. Finalmente, en un tercer
nivel es necesario introducir las derivaciones que pueda tener la política exterior
uruguaya a partir de un diseño diferente en la definición de las prioridades con el
actual presidente Jorge Batlle.15
En el caso de las negociaciones con la Unión Europea, resulta relevante ubicar las mismas
en el Acuerdo Marco Inter-Regional, que tiene como objetivo la preparación de las
condiciones para crear una Asociación Inter-regional, cuyos instrumentos se encuentran en
el ámbito comercial, económico, de cooperación y del diálogo político, el cual se
instituye para acompañar y consolidar el acercamiento entre ambos bloques (la
Declaración Conjunta sobre el Diálogo Político es significativa al respecto). El punto
es que el Acuerdo Marco Inter-Regional entró en vigor en 1998 y recién antes de la
Cumbre Unión Europea-América Latina/Caribe y la paralela con el MERCOSUR en Río de
Janeiro en junio de 1999, la Comisión tuvo el mandato, por parte del Consejo, para
iniciar las negociaciones con el MERCOSUR.
La institucionalización de las instancias negociadoras en el marco del Acuerdo
Interregional y la definición de la metodología de trabajo se realizaron en las primeras
reuniones llevadas a cabo en Bruselas y Buenos Aires. En la tercera reunión del Comité
de Negociaciones Birregionales, que se realizó en noviembre de 2000 en Brasilia, culminó
el intercambio de informaciones y comenzó la etapa de iniciativas concretas. En este
frente se conjugan dos factores suplementarios al derivado de la iniciación de la Ronda
del Milenio: la provocada por los tiempos de la ampliación de la Unión Europea a los
países del centro y este de Europa, y la conflictividad que provoca el sector agrícola y
la continuidad de políticas por parte de la Unión Europea que han sido calificadas de
"innegociables". En este frente tampoco se prevén modificaciones de importancia
antes de 2003 en las negociaciones ni resultados en el ámbito de la operativa y los
flujos comerciales entre 2005 y 2010.16
Otro frente de relevancia para los países de la región es el vinculado con la
conformación del Área de Libre Comercio de América del Sur (ALCSA) y, en segundo
término, el frente latinoamericano. En ambos, las diferentes perspectivas regionales
provocaron rupturas en el principio de negociación del bloque a partir de 1998. El
acuerdo celebrado entre Argentina y México en 1998 y el acuerdo entre Brasil y los
países de la Comunidad Andina son dos iniciativas que configuran una ruptura del
principio de negociación planteado por el MERCOSUR en tanto unión aduanera (cuatro más
uno).
La aprobación de la Decisión 32/00 por parte del Consejo del Mercado Común, en la
cumbre realizada en junio en Buenos Aires, planteó fechas perentorias para la
negociación con México y la Comunidad Andina. En definitiva, como la política comercial
común del MERCOSUR es un pilar en sus relaciones externas, los países no podrán
negociar acuerdos preferenciales o comerciales en el marco de ALADI después del 30 de
junio de 2001. Además de eso, se compele a los Estados Partes a reiniciar las
negociaciones con la Comunidad Andina y con México con vistas a suscribir, a más tardar
el 31 de diciembre de 2001, el acuerdo para regular las relaciones comerciales
preferenciales entre el MERCOSUR y México, por una parte, y entre MERCOSUR y la Comunidad
Andina, por la otra. En caso de no poder concretarse las negociaciones se define una fecha
final para el mantenimiento de las preferencias arancelarias o comerciales vigentes, que
es el 30 de junio de 2003.
La Cumbre de Presidentes de América del Sur que se realizó en Brasilia, en el contexto
de las conmemoraciones de los 500 años del descubrimiento de Brasil, reafirmó dos
aspectos importantes en el regionalismo abierto y negociaciones de espacios diferentes: el
que se refiere a la necesaria articulación entre la consolidación de los procesos
subregionales y el conjunto de América Latina y Caribe; y el que tiene relación con la
importancia de la identidad suramericana en el cruce de procesos y espacios diferenciados.
La Cumbre reafirma a su vez tres pilares para la seguridad y el desarrollo de la región:
la paz, la democracia y la profundización de la integración. En cualquiera de esos tres
pilares, los antecedentes reafirman un camino ya recorrido por América del Sur.
En el conjunto de temas referidos a la dimensión global de la integración se han
concretado acuerdos e iniciativas que conciernen a la educación (prórroga Plan Trienal,
reconocimiento de títulos y estudios de nivel medio técnico, reconocimiento de títulos
universitarios para estudios de post-grado y para actividades académicas), la salud
(estrategias de acción en micronutrientes), la seguridad ciudadana y ambiental (acuerdo
de transporte mercancías peligrosas y régimen de sanciones) y la seguridad social
(acuerdo multilateral de seguridad social). Este conjunto de acuerdos e iniciativas que
congrega un porcentaje importante del conjunto de decisiones en estos últimos años,
muestra otra faceta de esta geometría variable del proceso. Los acuerdos gestados, si
bien corresponden a un plano en que no resulta necesaria una conformidad en materia de
política comercial común, muestran que el proceso de integración tiene distintos
niveles y moviliza varias y diversas instancias de las administraciones nacionales y, en
definitiva, distintos actores y organizaciones de la sociedad civil.
La etapa de consolidación del MERCOSUR que se desarrolla entre 1995 y 2000 está signada
por dos períodos: el que va desde 1995 al segundo semestre de 1998 y el que abarca el
segundo semestre de 1998 y se extiende hasta 2000, cuando se inicia la etapa de
relanzamiento. La división de la etapa en dos sub-períodos corresponde a la línea
temporal que pautó una convergencia del impacto externo en las economías regionales con
una acentuación de las diferencias en materia de prioridades externas y orientación de
políticas y con el horizonte electoral que determinó cambios de gobierno.
En el sub-período 1995-1998 el dinamismo del frente externo propulsó varios temas de la
agenda del proceso de integración, dando lugar a una visión desarticulada del MERCOSUR
entre una incompleta consolidación y una enérgica negociación a los efectos de impulsar
la apuesta a la apertura de mercados. El impacto de las crisis rusa y asiática, la
disminución del precio de los commmodities, los saldos negativos en la balanza de cuenta
corriente y los déficit fiscales pautan la vulnerabilidad externa de los países a partir
del segundo semestre de 1998, cuando se ingresa en una peligrosa meseta en lo que
concierne al núcleo duro del proceso. En cambio, la coordinación y cooperación en
diversas áreas como la agrícola, la energética, la de seguridad, el transporte e
infraestructura y los servicios, han sido relevantes. Si bien no es necesario prima facie
un proceso de integración para que se incremente la cooperación en áreas como el
transporte, la energía o la seguridad, el MERCOSUR otorgó un marco adecuado para
desarrollar esa cooperación.
Es en tanto marco de iniciativas regionales que se insertan diversas propuestas
desarrolladas en el contexto del MERCOSUR global. También es en ese marco y en tanto
consecuencia de los avances del proceso de integración, que se ha ido gestando una
dimensión social donde se plantean desde diferentes ámbitos, que van desde los
municipios e intendencias a las sub-entidades nacionales y a algunos actores de la
sociedad civil, temas que hacen a la conformación de una agenda social.17
III. Aristas y pilares: insuficiencias y avances en los primeros diez años
En el capítulo anterior se realizó una evaluación de los avances efectivos registrados
por el MERCOSUR de acuerdo a la Agenda 2000, así como de las insuficiencias gestadas en
la marcha del proceso. La acumulación de esas insuficiencias más los impactos negativos
generados desde el exterior por las crisis asiática y rusa y el continuado déficit en
las balanzas de cuentas corrientes de los países de la región, a los que se conjugaron
los contenciosos sectoriales en diversos ámbitos y diferencias en la visión política y
en las prioridades ordenadoras de la política exterior, llevaron a un desgaste creciente
y a una percepción de estancamiento desde el segundo semestre de 1998 hasta fines de
1999.18
Es recién en 2000, con los cambios de gobierno en Argentina, en particular, y en Uruguay,
cuando se produce una modificación del clima de crisis en que se encontraba el MERCOSUR.
La partida del último de los presidentes que fue parte de la concepción del MERCOSUR
llevó a plantear la idea de una modificación del proceso, lo cual implicaba entre otras
cosas la posibilidad de revisar lo actuado y plantear sobre nuevas bases el mismo. Lo que
surgió fue finalmente el inicio de una etapa de "relanzamiento", expresión que
se centra en las insuficiencias del proceso, es decir, en lo que no se completó y no en
el camino trazado hasta el momento.
Durante los primeros meses de 2000 los cambios de gobierno en Argentina y Chile y la
proximidad política de los presidentes Ricardo Lagos, Fernando Henrique Cardoso y
Fernando de la Rúa mostraron un nuevo dinamismo en materia de iniciativas y propuestas
para aportar en la región. Esa proximidad política, que originó la idea de una
proyección suramericana de la Tercera Vía, no trajo modificaciones de relevancia en la
orientación estratégica y en los modelos de desarrollo. Las consecuencias se verificaron
en cambio en una definición de las prioridades externas vinculadas a América del Sur por
parte de Brasil y a una mayor apertura a la dimensión social por parte de Chile. 19
Este cambio de clima político no modificó los problemas y temas fundamentales que ya
estaban planteados.20 En efecto, los países del MERCOSUR tienen déficit relevantes en
la posibilidad de conformar políticas regionales con cierto grado de autonomía, debido a
los condicionantes que plantean los ajustes propiciados por la negociación de la deuda
externa.21
En segundo término, el pasaje a otra etapa signada por la definición de una política
comercial común llevó a que se debatieran y acordaran los instrumentos y acciones
necesarias para aplicar la misma, entre los cuales se incluyen la aprobación de un
código aduanero, una gestión aduanera conjunta, mecanismos de salvaguardas y de
regulación de la competencia. Cada uno de estos avances constituye en sí una
modificación de los parámetros con que se movían los países y requiere de esfuerzos
sostenidos de capacitación, aprendizaje, modificación de las culturas administrativa,
empresarial y social. Ello significa una movilización importante de recursos -humanos,
institucionales y financieros- además de las obvias consecuencias sociales que apareja
una transformación de esas características.
En tercer lugar, la nueva estructura institucional debía dar cuenta de la situación
diferente que implicaba negociar en tanto MERCOSUR en el exterior, pero además contemplar
el frente interno y sobre todo hacer funcionar los distintos órganos y otorgarles su
jerarquía y ámbito de competencia específicos, al mismo tiempo que otorgarles
visibilidad frente a las respectivas sociedades nacionales.22
Finalmente, la apreciación de una apertura mayor en la dimensión social, en primer lugar
en la inclusión de la misma, lo cual nos plantea el tema de los déficit estructurales y
las consecuencias sociales que apareja la integración en sus diversas manifestaciones
(migraciones, fronteras, libre circulación de personas, diferencias culturales,
repercusiones en las ciudades, temas de género entre otros).23 En segundo lugar, en
lo que concierne a la dimensión social, debe tenerse en cuenta la participación de la
sociedad civil, lo cual lleva a plantear el tema de la comunicación de los órganos del
MERCOSUR con las respectivas sociedades, la definición de redes y mecanismos de consulta
a los efectos de ir conformando las bases de una sociedad regional.24
El primer año de la etapa de relanzamiento puso en primer plano las dificultades de
avanzar en el MERCOSUR a partir de una lógica endógena que implique una definición de
prioridades para consolidar y profundizar el proceso y al mismo tiempo seguir avanzando en
el MERCOSUR global. Hay que tener en cuenta que en el momento en que se plantea el
agotamiento del proceso, las instancias de negociación internacional se habían estancado
por distintos factores, como lo reconoció el presidente Cardoso en la XVII Cumbre que se
realizó en diciembre de 1999 en Montevideo. De esta forma, el MERCOSUR quedó confrontado
a sus propias opciones en un momento de dificultades financieras, sin que pudiera gestarse
una lógica activa de relanzamiento del proceso, cuyo impulso debía venir
fundamentalmente desde Brasil.
Las diferencias en las prioridades de política exterior de los países no solamente se
plasman en las relaciones estatales y geográficas, sino también en aproximaciones
temáticas y sectoriales. En ese sentido, sigue siendo fundamental la relación y la
prioridad que le asignen a Estados Unidos las políticas exteriores de Argentina y Brasil,
no solamente por las opciones que puedan manejarse en el tema del ALCA, sino también por
las definiciones de política en cada país y en su relación con el entorno. El
estancamiento de las distintas instancias y un cronograma más lejano en el tiempo en
cuanto a definiciones, llevaron a reorientar la visión sobre el MERCOSUR y los espacios
cercanos. En ese sentido, los énfasis y prioridades de los países muestran distintos
movimientos que no siempre resultan convergentes en cuanto al impulso del proceso de
integración.
La diferencia en las aproximaciones al espacio regional y con ello en las prioridades de
política resulta significativa desde la perspectiva de Brasil. Para Brasil, la
importancia del espacio regional surge de las extensas fronteras que tiene. Ello lleva a
que la prioridad del MERCOSUR esté definida también con relación a su espacio
territorial y el desarrollo de la infraestructura necesaria para encarar y enfrentar
distintos problemas fronterizos.25 Resulta relevante al respecto que mientras el porcentaje de
territorio brasileño sea significativamente mayor en las fronteras con Venezuela y Perú,
el PIB regional de los estados brasileños en esas fronteras no sean importantes y la
relación inversa se produzca en las fronteras con Argentina.26 En ese sentido debe
inscribirse la realización de la Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado de América del
Sur realizada en Brasilia, que posibilitaría un mejor marco de negociación con los
Estados Unidos.27
Como la etapa de relanzamiento no derivó en un nuevo despegue del proceso regional y la
insuficiencia de los temas pendientes sigue estando en la agenda de los orientadores y
negociadores del proceso, la evaluación del recorrido realizado está impregnado de notas
que resaltan los déficit actuales. Para hacer un balance y evaluación de los primeros
diez años es necesario tener ejes de referencia. Uno de ellos son los propios objetivos
definidos en el Tratado de Asunción. Desde esta perspectiva los resultados resultan
insuficientes, si tenemos en cuenta que todavía tenemos excepciones en la zona de libre
comercio y ello sin contar los problemas que se derivan de la implementación de la Unión
Aduanera. Sin embargo, deben enfatizarse también los avances regionales en su conjunto:
los países han avanzado en el marco de la liberalización de los intercambios en pocos
años, lo cual ha llevado a un crecimiento sin precedentes del comercio regional, que
representa un 25% del comercio total de los países de la región. Este incremento de la
interdependencia, de por sí significativo, constituye una base relevante en el marco de
los acuerdos que se gestan entre los países en el proceso regional. Este eje es
complementario del que surge de la respuesta de los países del MERCOSUR frente a los
nuevos temas del comercio internacional planteados en los noventa.
Ahora bien, si se toman los parámetros, instrumentos y definiciones en la construcción
del proceso, la evaluación resulta positiva, sobre todo si se incorporan los viejos temas
que los estados arrastraban desde los ochenta. Desde la perspectiva de los instrumentos y
definiciones en la construcción puede señalarse que los desempeños del MERCOSUR han
posibilitado gestar un patrimonio del proceso que ya es parte integrante de la historia de
los países y se ha incorporado en el léxico cotidiano (encuentros MERCOSUR en distintos
niveles y sectores). Además, en lo que concierne a algunos de los viejos temas de las
agendas de los países como el de la consolidación democrática, el de la reforma del
Estado, el de la cooperación regional y el de promover mecanismos de facilitación del
comercio, el MERCOSUR ha posibilitado respuestas conjuntas o marcos de referencia para las
mismas.
Finalmente, en lo que concierne al eje de los desbordes ("spill over") que
surgió de la propia dinámica del proceso y de las interacciones región-Estado y
Estado-región, puede señalarse también que se tienen resultados positivos. El MERCOSUR
posibilitó no solamente desbordes institucionales, sino también en las lógicas
funcionales, tanto en las regiones que conforman sub-entidades estatales, como en los
Municipios e Intendencias y finalmente en las articulaciones de distintos actores de la
sociedad civil.
Desde esta perspectiva más amplia resultan relevantes los análisis estratégicos, cuando
la agenda externa tiene cronogramas y fechas definidos en las negociaciones que se tienen
por delante. Es sobre estas pautas que debe plantearse fundamentalmente el tema de qué
inserción se quiere para la región en su conjunto y para cada país en particular, ante
los procesos de negociación que se dirimen en el frente externo.
En esos términos la definición de los objetivos (¿Qué queremos?), los instrumentos
(¿Cómo lo concretamos?) y de las articulaciones sociales (¿Cómo obtenemos los apoyos y
consensos necesarios?) plantean de nuevo la relación entre los modelos de desarrollo de
las respectivas sociedades nacionales, la región y el mundo. El punto esencial, una vez
completados los primeros diez años, parte de la pregunta ¿Qué hacer en los próximos
diez años? De todas formas, sea cual fuere el camino que se tome, habrá un patrimonio de
partida del MERCOSUR y el recorrido hacia el punto al cual se dirijan los países
planteará indudables costos políticos, económicos y sociales de adaptación.
1. Estos
temas fueron comunes a América Latina en general con la excepción de México, al menos
desde que comienza la negociación por el Tratado de Libre Comercio, lo que le otorga a
ese país un estatuto específico en cuanto al ordenamiento de sus prioridades. Para
visualizar la globalidad de los temas hacia América Latina es necesario tomar en cuenta
la Iniciativa Bush para las Américas en su vertiente política además de los tres
niveles vinculados con el comercio, inversión y deuda externa.
2. Resulta de sumo interés ubicar los debates de fines de los
ochenta e inicios de los noventa en lo que concierne a la agenda internacional y
latinoamericana. Véase, Roberto Russell (1990) La agenda internacional en los años ´90
Buenos Aires, GEL-RIAL; Carlos Pérez Llana (1990) "Los noventa: Una nueva agenda
internacional para una nueva década", Estudios Internacionales nº 91, Instituto de
Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.
3. Así lo señala explícitamente entre los considerandos el Tratado
de Asunción. Véase la diferencia política en materia de orientación de la política
exterior de uno de los países de la región, un libro editado en el 92, que ya contiene
los lineamientos ordenadores de la apuesta desde un país de la periferia en Roberto
Russell (ed) (1992) La política exterior argentina en el nuevo orden mundial Buenos
Aires, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales - Grupo Editor Latinoamericano
4. Lincoln Bizzozero (1998) El proceso de integración del MERCOSUR:
de Asunción a Ushuaia Montevideo, Dep. de Economía, Facultad de Ciencias Sociales, Serie
de Divulgación En Pocas Palabras.
5. La estrategia de la etapa de transición del MERCOSUR se asentó
en un "spill over" institucional construido sobre la base de asuntos vinculados
al facilitamiento del comercio. Al respecto véase Lincoln Bizzozero - Marcel Vaillant-
Tabaré Vera (1993) La construcción del MERCOSUR: diagnóstico y evaluación de lo
acordado. Documento de Trabajo nº15/93, Montevideo, Departamento de Economía, Facultad
de Ciencias Sociales, también editado el mismo año como documento por el Instituto de
Integración Latinoamericano en Buenos Aires.
6. Véase al respecto, Andrés Cisneros (comp) (1998) Política
Exterior Argentina 1989-1999. Historia de un éxito. Buenos Aires, Centro de Estudios de
Política Exterior en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, Nuevo
Hacer, Grupo Editor Latinoamericano.
7. Es ilustrativo en lo que concierne la relación política
industrial y política regional, el artículo de Pedro da Motta Veiga "Brasil en
MERCOSUR: influencias recíprocas" en Riordan Roett (comp) (1999) MERCOSUR:
Integración regional y mercados mundiales. Buenos Aires, Nuevo Hacer - Grupo Editor
Latinoamericano. En lo que concierne a la relación entre las políticas exteriores de
Argentina y Brasil con las políticas en el MERCOSUR, véase el artículo de José Augusto
Guilhon Albuquerque "La nueva geometría del poder mundial en las visiones argentina
y brasileña" en Felipe de la Balze (comp) (2000) El futuro del MERCOSUR. Entre la
retórica y el realismo Buenos Aires, Consejo Argentino para las Relaciones
Internacionales, Asociación de Bancos de la Argentina.
8. Para el caso de Uruguay véase el trabajo de Sergio Abreu
"Uruguay: socio pequeño del MERCOSUR" en Lincoln Bizzozero - Sergio Abreu -
Fernando Mateo (ed) (2000) Los países pequeños: su rol en los procesos de integración.
Documento de Divulgación nº 8, Buenos Aires, Departamento de Integración y Programas
Regionales, INTAL - BID.
9. Este aspecto ha sido desarrollado por Alberto Methol Ferré en
distintos artículos publicados por Cuadernos de Marcha en Uruguay. Véase además en
perspectiva histórica el libro de Methol Ferré (1971) El Uruguay como problema.
Montevideo, Ediciones Banda Oriental.
10. El "colchón" financiero fue funcional a los buenos
resultados del proceso hasta el año 1998 cuando se hicieron sentir en forma más patente
los desequilibrios causados por crisis externas. En definitiva, tenemos buenos desempeños
de las economías que no ocultan los condicionantes estructurales, que han sido uno de los
factores esenciales en la erosión del proceso. Uno de los que más ha insistido en los
factores estructurales ha sido Aldo Ferrer.
11. Resulta de interés mencionar que determinados acontecimientos
continentales planteados por Estados Unidos "cabalgan" con momentos de
importancia en la región. La Iniciativa para las Américas en 1990 se plantea poco antes
del Tratado Argentino-Brasileño para conformar un mercado común; la Cumbre para las
Américas se realiza en momentos en que el MERCOSUR debe decidir su estructura
institucional y de toma de decisiones además del pasaje a la Unión Aduanera.
12. Las resoluciones significaron entre 1991 y1998 el 43 % de las
resoluciones del Grupo Mercado Común. Véase al respecto el documento presentado por
Uruguay durante el ejercicio de su Presidencia Pro-Tempore (1999) Estado de
implementación del Programa de Acción del MERCOSUR hasta el año 2000. Montevideo,
diciembre.
13. Las prioridades y lógicas de negociación son diferentes en los
sectores. En el caso del sector automotor, los flujos sectoriales llegaron a 4.600
millones de dólares en el año 1997, lo que representó un 31% del comercio bilateral.
Estas cifras y porcentajes muestran la importancia que pueda tener cualquier cambio en las
políticas económicas de los socios grandes.
14. Recientemente el Grupo Mercado Común creó el Sub-Grupo de
Trabajo nº 12 "Inversiones" por Resolución 13/00, que contempla entre sus
funciones, "analizar las dificultades encontradas por los Estados Partes para la
aprobación e implementación del Protocolo de Colonia y del Protocolo de Buenos Aires, y
recomendar cursos de acción al respecto".
15. Un avance de los lineamientos de política exterior durante el
mandato de Jorge Batlle puede leerse en Lincoln Bizzozero (2000) "Los resultados
electorales en Uruguay: su impacto en la política exterior y las relaciones
regionales" en Carta Internacional nº 83, San Pablo, Brasil, enero.
16. Véase al respecto, IRELA (1999) "Relaciones económicas
entre el MERCOSUR y la UE: perspectivas para la nueva década" Informe especial,
IRELA, Madrid.
17. Al respecto resulta de interés el seminario que se desarrolló
en la Intendencia Municipal de Montevideo coordinado por la Unidad Temática de Desarrollo
Social de las Mercociudades en el año 2000. El seminario fue publicado por la Unidad
Temática de Desarrollo Social, la Intendencia Municipal de Montevideo y la Fundación
Friedrich Ebert (2000) Mercociudades y la agenda social del MERCOSUR. El panel sobre la
construcción de una agenda social en que participaron Bruno Podestá, Jorge Papadopulos y
Lincoln Bizzozero fue ilustrativo de las posibilidades abiertas, pero también de las
dificultades que apareja la dimensión social cuando no tiene un único agente colectivo
en tanto motor impulsor.
18. La desvalorización del Real dio lugar a una percepción más
visible del estancamiento en que se encontraba el MERCOSUR, aun cuando la crisis
financiera comenzó en 1997 luego de las crisis del sureste asiático y de Rusia. Algunos
analistas remontan ese período de estancamiento a 1996, por el manejo unilateral de
instrumentos de política económica por los países, por las dificultades en abordar la
agenda del proceso y por la reducción de las tasas de crecimiento del comercio. Véase al
respecto, Pedro da Motta Veiga (1999) "O Mercosul em perigo" en Revista
Brasileira de Comércio Exterior nº 59, Río de Janeiro, Fundaçào Centro de Estudos do
Comércio Exterior, abril-junio; Joào Bosco Machado - Fernando Ribeiro (1999)
"Conflitos comerciais no Mercosul: mudança cambial e questòes estruturais"en
Revista Brasileira de Comércio Exterior nº 61, Río de Janeiro, Fundaçào Centro de
Estudos do Comércio Exterior, octubre-diciembre; y Roberto Lavagna (2000) "Mercosul:
integraçào e gestào de crises financeiras" en Revista Brasileira de Comércio
Exterior nº 63, Río de Janeiro, Fundaçào Centro de Estudos do Comércio Exterior,
abril-junio.
19. Ricardo Lagos en una visita oficial que realizó a Fernando de
la Rúa, planteó la necesidad de incluir en la agenda el tema social y firmó además una
declaración conjunta y una Carta Social
20. Resulta significativo al respecto el Mensaje de la Presidencia
Pro Tempore del MERCOSUR que firma el Embajador José Botafogo Gonçalves (2000) Boletín
Oficial del MERCOSUR N° 14, Montevideo, año 4, julio-septiembre.
21. Véase Aldo Ferrer (2000) "Subdesenvolvimento, dependência
e integraçào: os dilemas da relaçào Argentina-Brasil" en Revista Brasileira de
Comércio Exterior Nº 64, Río de Janeiro, Fundaçào Centro de Estudos do Comércio
Exterior, julio-agosto-setiembre. Véase también los Informes MERCOSUR Nº 5 y 6
correspondientes al período 1998-1999 y 1999-2000 del Instituto para la Integración de
América Latina, Buenos Aires.
22. Ni siquiera planteamos la idea de una sociedad regional, que por
el momento no tiene suficientes créditos como para ser identificada como tal.
23. En la última reunión cumbre del Consejo del Mercado Común se
incluyó entre las Reuniones Especializadas del Grupo Mercado Común la de Municipios e
Intendencias MERCOSUR. Fue la Decisión 59/00 que reestructuró la conformación del Grupo
Mercado Común y de la Comisión de Comercio.
24. En lo que concierne a la dimensión social en el MERCOSUR, puede
leerse Lincoln Bizzozero (2000) "La construcción de la dimensión social en los
nuevos regionalismos. El caso del MERCOSUR" en el Sistema Económico Latinoamericano
"Aspectos sociales de la integración de América Latina y el Caribe" SELA,
página web, noviembre 2000.
25. La importancia de Argentina y del MERCOSUR en la política
exterior de Brasil está reflejada en distintos análisis realizados. Véase el artículo
de Antonio Carlos Lessa (1998) "A diplomacia universalista do Brasil: a construçào
do sistema contemporáneo de relaçòes bilaterais" Revista Brasileira de Política
Internacional Número Especial 40 años de RBPI 1958-1998, Brasilia, Instituto Brasileiro
de Relaçoes Internacionais. Véase también Alcides Costa Vaz (1998) "La política
exterior brasilera: prioridades, alianzas estratégicas e implicancias para el
MERCOSUR" presentado en el Seminario Integración y Seguridad en MERCOSUR + Chile.
Buenos Aires, Universidad Torcuato di Tella.
26. La frontera con Venezuela cubre 2.200 Km y los estados de Brasil
fronterizos son Roraima y Amazonas que cubren el 21.2% del territorio nacional. En el caso
de Perú, la frontera común es de 1.520 Km y los estados lindantes, Acre y Amazonas,
conforman el 20,3% del territorio nacional. En esos dos casos, el PIB conjunto de los
estados no sobrepasa el 2.5%. Con Argentina, la frontera común es de 1.224 Km y los
estados lindantes son Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul. Esos estados conforman
un territorio que cubre el 7% del territorio nacional, pero que genera el 16% del PBI
nacional.
27. Al respecto resulta de interés el análisis que realiza
Henrique Altemani de Oliveira (1999) "O Cenário Internacional e o Brasil no ano de
2020" en Parcerias Estratégicas nº 6, Brasilia, Centro de Estudos Estratégicos do
Gabinete do Ministro Extraordinario de Projetos Especiais.
Anterior Siguiente
Arriba
|