Titulo Oportunidades y riesgos
del ALCA

Edición Nº 62
Mayo - Agosto  2001

Repensando los pilares y aristas de la construcción del MERCOSUR

Lincoln Bizzorero
Coordinador del Programa de Política Internacional y Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República de Uruguay.

. Los inicios: una ubicación contextual en la transición

El MERCOSUR surgió en los noventa conjuntamente con los inicios de la estructuración de un nuevo orden. Los temas ordenadores de este nuevo orden para los países del MERCOSUR fueron la consolidación de las democracias, la reforma del Estado, la apertura de la economía y el ingreso de los nuevos asuntos del comercio internacional.
1 La percepción del espacio pasó a tener un componente geoeconómico más que geopolítico y una mayor orientación hacia la regulación por el mercado. Desde el punto de vista de ese nuevo orden, los países del MERCOSUR debieron acelerar distintas reformas vinculadas a diferentes aspectos del comercio internacional, además de sentar las bases de un proceso regional con objetivos definidos.

En términos de los balances necesarios, desde el punto de vista exclusivamente del nuevo orden, los países del MERCOSUR debieron incorporar y dar respuesta a un conjunto de temas vinculados al comercio internacional, además de los que tenían que ver con la zona de libre comercio. Estos nuevos temas en la política exterior de los países de la región, entre los que se ubicó la integración, ya habían sido avanzados en el sistema internacional por algunos de los países desarrollados, a través de acuerdos de libre comercio como fue el precursor acuerdo entre Estados Unidos y Canadá, en algunos ámbitos como el de la OCDE y se plasmaron en tanto ejes orientadores en los debates que se dieron durante la Ronda Uruguay del GATT.

Aun cuando los desempeños políticos de los países del MERCOSUR, la orientación que le imprimieron las élites y las lógicas negociadoras y ordenadoras de las políticas exteriores no estaban circunscritas por los temas del sistema bipolar, los condicionantes de ese período pesaron en la ubicación de esos países en el escenario internacional. La lógica centro-periferia y norte-sur en términos de los debates internacionales acompañó la orientación política y negociación en los foros. Es por ello que al ingresar en los noventa, los países del MERCOSUR arrastraban consigo algunos temas vinculados a los déficit políticos y sociales de los ochenta,
2 pero al mismo tiempo, en términos de oportunidad de inserción internacional, bosquejaron la respuesta del MERCOSUR en tanto regionalismo abierto, teniendo en cuenta la consolidación que se estaba procesando de grandes espacios económicos en el mundo.3

El contextualizar los inicios del MERCOSUR permite visualizar globalmente los temas de la agenda en los noventa en los países de la región e incorporar por lo tanto en una evaluación de los diez años no solamente los nuevos temas vinculados a la agenda del comercio internacional, sino también otros referidos a la consideración de la posición de América del Sur en el mundo, de los desempeños políticos, económicos y culturales de sus países, de los modelos de desarrollo y de los niveles de democracia y participación de las sociedades. Es por ello que además de una evaluación de cumplimiento de objetivos, deben incluirse los parámetros, instrumentos y definiciones de la construcción ("building") y los desbordes ("spill over") que surgieron de la propia dinámica del proceso y de las interacciones región-Estado y Estado-región.

La etapa de transición del MERCOSUR estuvo enmarcada en los debates del final de la Ronda Uruguay del GATT y en la conexión de los temas laborales y medioambientales con el comercio internacional en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. De esta forma, la estrategia de construcción del MERCOSUR durante la etapa de transición estuvo enmarcada a nivel de cada país en los propios derroteros del apoyo que pudieran tener los gobiernos frente a las reformas a impulsar y en el marco regional de la orientación y solidez con que se construyeran los lazos de cooperación entre los Estados.

El apoyo inicial al MERCOSUR, la definición de un Programa de Liberalización Comercial en el mismo anexo al Tratado de Asunción y la concreción de un cronograma de actividades en Las Leñas, concretaron los pilares esenciales sobre los cuales se asentó el éxito inicial del proceso.
4 Para ello, los gobiernos utilizaron positivamente el marco regional para impulsar las reformas a nivel nacional. Este conjunto de reformas nacionales tuvieron que ver notoriamente con lo que constituye la esencia de una zona de libre comercio (disminución de aranceles a cero, esclarecimiento de las normas no arancelarias, pero también rotulación de productos, caracterización de forma de los bienes, características de contenido, transparencia comercial, mejor eficiencia aduanera, entre otros). 5

Si bien los cuatro países esgrimieron el argumento de los acuerdos regionales para no quedar afuera del proceso y propulsar el cumplimiento estricto del Programa de Liberalización Comercial y otras reformas vinculadas al mismo, los factores endógenos que posibilitaron esas transformaciones en cada país fueron específicos. En el caso de Argentina partieron de una interpretación global del sistema internacional por el cual el país debía realizar las reformas necesarias con la finalidad de ubicarse en el "pelotón de incluidos"
6. Para Brasil, en cambio, el MERCOSUR significó entre 1991 y 1994 la única iniciativa de política industrial y la posibilidad para la diplomacia de pasar de una situación reactiva a una activa con el apoyo de una parte del sector empresarial.7 En el caso de los socios pequeños las prioridades fueron diferentes y se orientaron a asegurar el cumplimiento de los términos de acceso a los mercados y a custodiar el efectivo desenvolvimiento del marco institucional tal cual fuera acordado en el Tratado
fundacional
8.

Si las diferentes prioridades en materia de política exterior y percepciones del sistema internacional no obstaron a la implementación de las reformas vinculadas con la liberalización comercial en los respectivos países, quedaba por ver si ese impulso con el incremento de la interdependencia que había suscitado era suficiente para consolidar una cooperación regional entre los países. Es este nivel el que resulta esencial a la hora de evaluar desde una perspectiva realista si funciona o no un proceso de integración. En el caso del MERCOSUR este nivel está asentado en una cuestión litigiosa histórica, ya que es en ese espacio regional donde se encuentra la fractura de América del Sur, que divide a la América del Sur hispano hablante de la luso hablante.
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Varios análisis concuerdan en señalar que la cooperación regional pudo irse asentando sobre la base de los éxitos iniciales en la política comercial, por el "colchón financiero" producto de las políticas de privatizaciones y ajuste fiscal y además porque el sistema internacional continuó otorgando una "permisividad" global al proceso y porque las políticas exteriores de los países pusieron como prioridad en sus respectivas agendas el completar la conformación de una zona de libre comercio.10 Las diferencias en materia de prioridades y opciones comenzaron a pesar una vez que se debía enfocar una política comercial común y se debían adoptar decisiones políticas que tenían consecuencias en las políticas internas de los países (políticas industriales, de apoyo a las exportaciones entre otras).

De esta forma se llegó a completar el período de transición con el Protocolo de Ouro Preto. El Protocolo de Ouro Preto y su anexo respondieron al objetivo definido por el Tratado de Asunción de determinar la estructura institucional y un sistema de adopción de decisiones. En lo que se refiere al objetivo de la libre circulación de bienes en la zona, lo cual implica arancel cero, se definió un régimen de adecuación final para las listas de productos sujetos a algún derecho de importación. Además se planteó un plazo para presentar una lista y programa para completar la eliminación o armonización de las restricciones no arancelarias.

La definición de un Arancel Externo Común, la preparación de un proyecto de Reglamento sobre Prácticas Desleales de Comercio Extra-Zona (instrumentos de política anti-dumping), y un Reglamento Común de Salvaguardia frente a terceros países a través de la Comisión de Comercio y las decisiones sobre cláusulas de origen, plantearon el pasaje a una política comercial colectiva, con lo que ello significa en cuanto a expresión de una estrategia de desarrollo conjunta. El ingreso en una nueva etapa para los países del MERCOSUR trajo como consecuencia otras responsabilidades y desafíos vinculados en primer lugar con la definición de una estrategia de desarrollo conjunta; en segundo orden con el funcionamiento de una nueva estructura institucional que incorporó otros órganos y por ende modificó las interacciones y la dinámica funcional; en tercer término con las negociaciones frente a terceros; y finalmente con la aplicación de las reformas en las respectivas sociedades nacionales planteando los beneficios de la nueva etapa a los distintos actores de la sociedad civil.

En ese sentido, el ingreso en una nueva etapa trajo aparejado un replanteo tanto en lo que concierne a los apoyos internos que necesita cada gobierno para la implementación de las reformas, como de la solidez de los avances registrados en la cooperación regional. En el nuevo período las dos instancias -apoyos internos y sólidas articulaciones cooperativas a nivel regional- se habían modificado por los cambios a nivel del contexto internacional como en los respectivos sistemas políticos.

En el contexto internacional tres acontecimientos marcaron el inicio de esta nueva etapa del MERCOSUR: la firma del Acuerdo por el cual se estableció la Organización Mundial del Comercio, la puesta en vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la Cumbre de las Américas en Miami en diciembre de 1994.
11 Por otra parte, los cambios de gobierno modificaron las lógicas políticas internas tanto a nivel de orientación y prioridades como en las definiciones interactivas con las sociedades nacionales. Los apoyos internos, por una parte, y los tiempos electorales y de cambios de gobierno por la otra pautaron las perspectivas de la cooperación regional.

La respuesta de los países del MERCOSUR consistió en aprobar un nuevo cronograma de orientaciones y metas hasta el año 2000. El próximo capítulo esbozará los avances efectivos registrados y los temas pendientes de resolución de acuerdo a la orientación y metas definidos por la Agenda 2000. De esta forma se extraerán los avances registrados en lo que constituye un patrimonio MERCOSUR, así como los asuntos pendientes de resolución y los desafíos que se tienen por delante.

II.     La agenda 2000: las dificultades en incorporar la nueva etapa regional


La agenda 2000 fue la respuesta de los países del MERCOSUR frente al vacío dejado por el final del período de transición. La agenda posibilitó incluir la nueva cartografía de temas relevantes para el período iniciado. De esta forma se incorporaron los diferentes ejes ordenadores del proceso una vez que se había concluido la etapa de transición: la consolidación de la libre circulación y de la Unión Aduanera, la construcción del Mercado Común, las relaciones externas y la dimensión global del proceso.

El Programa de Acción del MERCOSUR hasta el año 2000 estableció una articulación de temas y puntos en el nivel de consolidación y perfeccionamiento de la Unión Aduanera. El Programa definió tres órdenes de conjuntos temáticos incluidos en el nivel de consolidación y perfeccionamiento: libre comercio y condiciones de competencia intra-zona, perfeccionamiento de la política comercial común y desarrollo jurídico-institucional de la subregión.

En el conjunto temático sobre libre comercio y condiciones de competencia intra-zona, el cumplimiento de los objetivos y cronogramas estuvo asociado al crecimiento del comercio intra-regional. Sin embargo, la definición de políticas unilaterales por parte de los países, (el "interés nacional"), la sensibilidad de algunos sectores económicos, y las dificultades que aparejó la recesión a partir de 1998, trajeron a primer plano los problemas en acordar avances en otros temas (restricciones no arancelarias, defensa de la competencia) o en consensuar objetivos comunes (políticas públicas que distorsionan la competitividad). Estas dificultades en avanzar en esos temas no obstaron a que se concretara el arancel cero intra-zona para la mayoría de productos del universo arancelario, a que se acordaran resoluciones referidas a los reglamentos técnicos,
12 a que se concretara un acuerdo de reconocimiento mutuo en materia sanitaria y fito-sanitaria, acuerdos en materia de operativa fronteriza y la aprobación del Protocolo de Defensa de la Competencia.

Es en el ámbito de perfeccionamiento de la política comercial común donde han surgido más dificultades en el cumplimiento de los plazos definidos y de las metas acordadas. Es en este conjunto de temas donde las prioridades nacionales de política económica, los marcos normativos diferenciados en relación a los incentivos y las sensibilidades sectoriales se han hecho patentes, dificultando las opciones en materia de cooperación intergubernamental o de un spill-over funcional. Ello se ha evidenciado en las modificaciones que se han procesado en el Arancel Externo Común a raíz de las crisis externas, y sus consecuencias en las economías de los socios grandes; en la falta de aprobación del Código Aduanero y por ende la ausencia de mecanismos institucionales para gestionar una renta aduanera común; en la continuidad de un régimen de origen por las insuficiencias en la conformación de la Unión Aduanera ("incompleta"). La falta de aprobación del Código apareja otras consecuencias referidas a la aplicación uniforme de normas y criterios de valoración aduanera, la definición de un fondo aduanero común, el desarrollo de una mejor coordinación para la prevención de delitos de aduana y una mayor interconexión entre las administraciones nacionales, en especial a través de sus sistemas informáticos.

Resulta relevante señalar, por las consecuencias que pueda tener en materia de políticas regionales de desarrollo, algunas orientaciones sobre el Arancel Externo Común aprobadas por el Consejo del Mercado Común en la primera cumbre del relanzamiento que se realizó en Buenos Aires en junio de 2000. En una de las decisiones sobre Arancel Externo Común se encomendó al Grupo Mercado Común que instruyera a la Comisión de Comercio del MERCOSUR, a los efectos de la elaboración de una propuesta relativa a un régimen común para bienes de capital no producidos en los Estados Partes del MERCOSUR. Por otra parte, otorgó la posibilidad de presentación de análisis y propuestas a los Estados Partes, a los efectos de revisar algún aspecto del Arancel Externo Común, incluso referidos a bienes de capital producidos en la región; evaluar la posibilidad de una reducción de los niveles de protección y dispersión de los aranceles en bienes de capital, informática y telecomunicaciones y finalmente encargó a la Comisión de Comercio del MERCOSUR para que inicie el tratamiento del doble cobro del Arancel Externo Común y de la distribución de la parte correspondiente de la renta aduanera. En la última cumbre que se realizó en diciembre en Florianópolis, se prorrogó hasta junio de 2001 las tareas asignadas debido a que no se pudo completar los trabajos (Decisión 68/00).

La especificidad de los sectores automotriz, azucarero y textil llevó a que fueran excluidos del régimen común y a que se acordaran condiciones especiales para su adecuación a la Unión Aduanera, las que han sido fuente de tensiones y conflictos que han desencadenado otras derivaciones en la consolidación del proceso.
13 Los conflictos generados en esos sectores u otros sectores no tienen relevancia por sí mismos, sino encuadrados en las insuficiencias en los instrumentos y en los mecanismos institucionales del proceso.

En el ámbito jurídico-institucional, el MERCOSUR ha continuado diversificando su estructura durante el período de consolidación. El spill over institucional se ha hecho particularmente patente en los órganos con capacidad de decisión que negocian e intermedian en áreas sensibles. Otra manifestación del spill over institucional ha sido la creación de diferentes reuniones de ministros en el ámbito del Consejo Mercado Común, que ha permitido una visión global y regional en cada una de las carteras ministeriales. Este crecimiento ha originado dos dificultades adicionales en el funcionamiento: la derivada del cuello de botella que producen las demandas y recomendaciones en el Grupo Mercado Común, tanto para tomar decisiones como para articular las distintas partes, y la que tiene relación con las insuficiencias de los representantes políticos y actores sociales en la marcha del proceso que se manifiesta en demandas por la definición de un rol y competencias de los órganos que no tienen capacidad decisoria, como lo son el Foro Consultivo Económico y Social y la Comisión Parlamentaria Conjunta.

Además de esta mayor complejidad en la estructura jurídico-institucional se pueden destacar los siguientes aspectos relevantes: la aprobación del Protocolo de Ushuaia que terminó de procesar la definición del Compromiso Democrático en el MERCOSUR; la inclusión de Bolivia y en particular de Chile en la institucionalidad del MERCOSUR en tanto países asociados; la creación del Foro de Consulta y Concertación Política, en tanto órgano auxiliar del Consejo, institucionalizado a nivel de ministros de Relaciones Exteriores o de altos funcionarios; la creación del Grupo de Monitoreo Macroeconómico que sustituye al Grupo de Trabajo de Alto Nivel de Coordinación de Políticas Macro Económicas; los atrasos en materia de internación de normas; la emisión de los primeros laudos arbitrales en el marco del Protocolo de Brasilia para la Solución de Controversias; y el incremento de demandas de los órganos sin capacidad decisoria, en particular la Comisión Parlamentaria Conjunta y el Foro Consultivo Económico y Social.

En el nivel de la consolidación y perfeccionamiento de la Unión Aduanera, el Programa de Acción del MERCOSUR hasta el año 2000 definió tres órdenes de conjuntos temáticos: libre comercio y condiciones de competencia intra-zona, perfeccionamiento de la política comercial común y desarrollo jurídico-institucional de la subregión. Los avances registrados en estos tres niveles posibilitan pensar en diferentes escenarios, incluyendo la posibilidad de apostar a una zona de libre comercio ampliada. En cualquiera de los casos, los avances que se registren en la construcción del Mercado Común, se articularán con los que se registren en temas de la consolidación y perfeccionamiento de la Unión Aduanera.

Las insuficiencias en el nivel de consolidación del proceso no impidieron que se avanzara en otros temas vinculados a la construcción del Mercado Común, las relaciones externas y la dimensión global del proceso. Es justamente en estos niveles en que se verificó un importante porcentaje de decisiones aprobadas entre los años 1995 y 2000. En particular deben señalarse dos ámbitos en que se concretaron decisiones y sus consiguientes reordenamientos en las consecuencias de las mismas: el de las relaciones externas y el del sector educativo.

La principal decisión vinculada a la construcción del Mercado Común fue la aprobación del Protocolo de Montevideo sobre comercio de servicios por Decisión 13/97. El Protocolo constituye un marco para futuras negociaciones por sector, creándose para ello el Grupo Servicios en el marco del Grupo Mercado Común. En la reunión del Consejo del Mercado Común de julio de 1998 se completó el Protocolo de Servicios con las Decisiones 9/98 y 12/98, con Anexos y con disposiciones sectoriales específicas y listas de compromisos. Recientemente, el Grupo Mercado Común aprobó la Resolución 36/00 "Profundización de los Compromisos Específicos en materia de Servicios" cuyo objetivo es acelerar el proceso de liberalización del comercio de servicios en el MERCOSUR, y por Decisión 57/00 se aprobó la Segunda Ronda de Negociaciones, en la cual los Estados aprobaron compromisos específicos.

El Protocolo tiene como objetivo promover el libre comercio de servicios en el MERCOSUR y su campo de aplicación está constituido por las medidas que adoptan los Estados Partes. En lo que concierne a la liberalización, el objetivo del programa es el de completar en un plazo de diez años a partir de la efectiva entrada en vigor del Protocolo la incorporación del conjunto de sectores de servicios. El mecanismo preconizado es el de las rondas de negociaciones, por las cuales se busca incorporar nuevos sectores en el Programa de Liberalización.

En materia de políticas comunes otras decisiones aprobadas atañen a la energía, asuntos financieros y coordinación de políticas macroeconómicas. En materia de energía se aprobaron dos decisiones de relevancia: por Decisión 10/98, el Memorándum de Entendimiento relativo a los Intercambios Eléctricos e Integración Eléctrica en el MERCOSUR, que todavía no ha sido incorporado y el Memorándum de Entendimiento Relativo a los Intercambios Gasíferos e Integración Gasífera entre los Estados Partes del MERCOSUR (Dec. 10/99).

En materia de asuntos financieros, con la aprobación de la Decisión 11/93, el Protocolo de Colonia de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones Intra-MERCOSUR, que todavía no ha sido incorporada a los ordenamientos jurídicos, y el Protocolo de Buenos Aires sobre Promoción y Protección de Inversiones provenientes de Estados no Partes del MERCOSUR, por Decisión 11/94, y que no ha sido incorporado a los ordenamientos jurídicos de Brasil y Uruguay.14

Las decisiones en materia de coordinación de políticas macroeconómicas se remiten a una definición del Consejo a la reunión de ministros de Economía y presidentes de Bancos Centrales para que concreten un grupo de trabajo de alto nivel con determinados objetivos señalados en materia de análisis, intercambio de información, determinación de criterios y definición de un programa de trabajo para alcanzar una convergencia (Dec. 6/99) y a la reciente Decisión 30/00, para avanzar en objetivos comunes en las áreas macroeconómicas con la adopción de un plan de trabajo, a los efectos de llegar a marzo de 2001, con pautas comunes que posibiliten definir un proceso de convergencia.

Tanto en el sector agrícola como en el sector industrial han repercutido las diferentes controversias que han surgido de sectores de los países y que han sido amparados por restricciones no arancelarias de índole diversa (licencias de importación, certificado sanitario o fito-sanitario, precios de referencia, entre otros), cuando no se llega a acuerdos de cupos como en el caso del calzado, o de porcentajes definidos. Las manifestaciones de estas controversias sectoriales se han reflejado en las cumbres presidenciales, en las cumbres argentino-brasileñas, en los órganos no decisorios del MERCOSUR, pero también han sido canalizadas en el ámbito de la Comisión de Comercio, que funcionó como filtro de las demandas estatales sobre temas atinentes a las restricciones en el comercio por barreras no arancelarias.

En el caso del sector agrícola los Estados Parte han realizado dos movimientos de importancia. En el plano de las relaciones externas se ha conformado un frente con la participación de todos los países del MERCOSUR en el Grupo Cairns. Al respecto, la firma por parte de los ministros y secretarios de Agricultura de los cuatro países del MERCOSUR de la Declaración de Montevideo acerca del proteccionismo agrícola, en septiembre de 1998, marcó un punto de partida con relación a las definiciones frente al inicio de la Ronda del Milenio. El segundo movimiento de importancia en el sector agrícola ha sido el de armonizar los requisitos de aplicación y los sistemas de control sanitario y fitosanitario entre los países, a los efectos de disminuir las posibilidades de proteger sectores mediante restricciones de esa índole.

Las relaciones externas del MERCOSUR constituyeron, en cambio, un núcleo impulsor del proceso, ya que en gran medida las definiciones de temas y cronogramas de otros frentes provocaron necesarias definiciones regionales y nacionales. En ese sentido, el conjunto de acuerdos y definiciones que se van construyendo a partir de 1995, cuando se firma el Protocolo de Ouro Preto, hasta 1998, cuando se produce un vaciamiento temático de los distintos foros y un estancamiento general en las negociaciones internacionales vinculadas a la apertura y acceso a mercados, daba cuenta de un proceso en expansión que debía guardar el equilibrio entre la consolidación, los avances en el frente regional y las negociaciones externas.

El vaciamiento de temas de la agenda de los distintos frentes de negociación que se produjo a partir de 1998 llevó a que Brasil reformulara sus prioridades externas. En ese sentido, la concreción de la Cumbre de Brasilia en el año 2000, con motivo del festejo de los 500 años del descubrimiento, posibilitó explicitar la importancia que tiene para Brasil el componente geopolítico, en particular fronterizo en el proceso de integración de América del Sur. Esta definición de prioridades externas, si bien no es contraria a la implementación de la zona de libre comercio continental, presenta definiciones, cronogramas y metas diferentes en cuanto al camino a recorrer. Es por ello que para Brasil resulta de vital importancia definir contenidos concretos a los efectos del camino a recorrer para pautar una agenda positiva a ofrecer al resto de países suramericanos.

El estancamiento en los frentes de negociación tanto del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) como del Acuerdo Marco-Interregional con la Unión Europea no ha derivado en cortar las instancias de intercambio y negociación.

En el marco del ALCA, si bien en la metodología a seguir con relación al objetivo final se adoptaron algunos de los principios que propulsó el MERCOSUR, la continuidad de las negociaciones no va a estar exenta de distintos conflictos que van a repercutir en el bloque en tanto negociador. Los conflictos no solamente atañen a los propios objetivos vinculados con la zona de libre comercio, sino también a los que surjan del triángulo Argentina-Brasil-Estados Unidos con las consiguientes derivaciones en el MERCOSUR por las diferentes prioridades en política exterior de los países. Finalmente, en un tercer nivel es necesario introducir las derivaciones que pueda tener la política exterior uruguaya a partir de un diseño diferente en la definición de las prioridades con el actual presidente Jorge Batlle.
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En el caso de las negociaciones con la Unión Europea, resulta relevante ubicar las mismas en el Acuerdo Marco Inter-Regional, que tiene como objetivo la preparación de las condiciones para crear una Asociación Inter-regional, cuyos instrumentos se encuentran en el ámbito comercial, económico, de cooperación y del diálogo político, el cual se instituye para acompañar y consolidar el acercamiento entre ambos bloques (la Declaración Conjunta sobre el Diálogo Político es significativa al respecto). El punto es que el Acuerdo Marco Inter-Regional entró en vigor en 1998 y recién antes de la Cumbre Unión Europea-América Latina/Caribe y la paralela con el MERCOSUR en Río de Janeiro en junio de 1999, la Comisión tuvo el mandato, por parte del Consejo, para iniciar las negociaciones con el MERCOSUR.

La institucionalización de las instancias negociadoras en el marco del Acuerdo Interregional y la definición de la metodología de trabajo se realizaron en las primeras reuniones llevadas a cabo en Bruselas y Buenos Aires. En la tercera reunión del Comité de Negociaciones Birregionales, que se realizó en noviembre de 2000 en Brasilia, culminó el intercambio de informaciones y comenzó la etapa de iniciativas concretas. En este frente se conjugan dos factores suplementarios al derivado de la iniciación de la Ronda del Milenio: la provocada por los tiempos de la ampliación de la Unión Europea a los países del centro y este de Europa, y la conflictividad que provoca el sector agrícola y la continuidad de políticas por parte de la Unión Europea que han sido calificadas de "innegociables". En este frente tampoco se prevén modificaciones de importancia antes de 2003 en las negociaciones ni resultados en el ámbito de la operativa y los flujos comerciales entre 2005 y 2010.
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Otro frente de relevancia para los países de la región es el vinculado con la conformación del Área de Libre Comercio de América del Sur (ALCSA) y, en segundo término, el frente latinoamericano. En ambos, las diferentes perspectivas regionales provocaron rupturas en el principio de negociación del bloque a partir de 1998. El acuerdo celebrado entre Argentina y México en 1998 y el acuerdo entre Brasil y los países de la Comunidad Andina son dos iniciativas que configuran una ruptura del principio de negociación planteado por el MERCOSUR en tanto unión aduanera (cuatro más uno).

La aprobación de la Decisión 32/00 por parte del Consejo del Mercado Común, en la cumbre realizada en junio en Buenos Aires, planteó fechas perentorias para la negociación con México y la Comunidad Andina. En definitiva, como la política comercial común del MERCOSUR es un pilar en sus relaciones externas, los países no podrán negociar acuerdos preferenciales o comerciales en el marco de ALADI después del 30 de junio de 2001. Además de eso, se compele a los Estados Partes a reiniciar las negociaciones con la Comunidad Andina y con México con vistas a suscribir, a más tardar el 31 de diciembre de 2001, el acuerdo para regular las relaciones comerciales preferenciales entre el MERCOSUR y México, por una parte, y entre MERCOSUR y la Comunidad Andina, por la otra. En caso de no poder concretarse las negociaciones se define una fecha final para el mantenimiento de las preferencias arancelarias o comerciales vigentes, que es el 30 de junio de 2003.

La Cumbre de Presidentes de América del Sur que se realizó en Brasilia, en el contexto de las conmemoraciones de los 500 años del descubrimiento de Brasil, reafirmó dos aspectos importantes en el regionalismo abierto y negociaciones de espacios diferentes: el que se refiere a la necesaria articulación entre la consolidación de los procesos subregionales y el conjunto de América Latina y Caribe; y el que tiene relación con la importancia de la identidad suramericana en el cruce de procesos y espacios diferenciados. La Cumbre reafirma a su vez tres pilares para la seguridad y el desarrollo de la región: la paz, la democracia y la profundización de la integración. En cualquiera de esos tres pilares, los antecedentes reafirman un camino ya recorrido por América del Sur.

En el conjunto de temas referidos a la dimensión global de la integración se han concretado acuerdos e iniciativas que conciernen a la educación (prórroga Plan Trienal, reconocimiento de títulos y estudios de nivel medio técnico, reconocimiento de títulos universitarios para estudios de post-grado y para actividades académicas), la salud (estrategias de acción en micronutrientes), la seguridad ciudadana y ambiental (acuerdo de transporte mercancías peligrosas y régimen de sanciones) y la seguridad social (acuerdo multilateral de seguridad social). Este conjunto de acuerdos e iniciativas que congrega un porcentaje importante del conjunto de decisiones en estos últimos años, muestra otra faceta de esta geometría variable del proceso. Los acuerdos gestados, si bien corresponden a un plano en que no resulta necesaria una conformidad en materia de política comercial común, muestran que el proceso de integración tiene distintos niveles y moviliza varias y diversas instancias de las administraciones nacionales y, en definitiva, distintos actores y organizaciones de la sociedad civil.

La etapa de consolidación del MERCOSUR que se desarrolla entre 1995 y 2000 está signada por dos períodos: el que va desde 1995 al segundo semestre de 1998 y el que abarca el segundo semestre de 1998 y se extiende hasta 2000, cuando se inicia la etapa de relanzamiento. La división de la etapa en dos sub-períodos corresponde a la línea temporal que pautó una convergencia del impacto externo en las economías regionales con una acentuación de las diferencias en materia de prioridades externas y orientación de políticas y con el horizonte electoral que determinó cambios de gobierno.

En el sub-período 1995-1998 el dinamismo del frente externo propulsó varios temas de la agenda del proceso de integración, dando lugar a una visión desarticulada del MERCOSUR entre una incompleta consolidación y una enérgica negociación a los efectos de impulsar la apuesta a la apertura de mercados. El impacto de las crisis rusa y asiática, la disminución del precio de los commmodities, los saldos negativos en la balanza de cuenta corriente y los déficit fiscales pautan la vulnerabilidad externa de los países a partir del segundo semestre de 1998, cuando se ingresa en una peligrosa meseta en lo que concierne al núcleo duro del proceso. En cambio, la coordinación y cooperación en diversas áreas como la agrícola, la energética, la de seguridad, el transporte e infraestructura y los servicios, han sido relevantes. Si bien no es necesario prima facie un proceso de integración para que se incremente la cooperación en áreas como el transporte, la energía o la seguridad, el MERCOSUR otorgó un marco adecuado para desarrollar esa cooperación.

Es en tanto marco de iniciativas regionales que se insertan diversas propuestas desarrolladas en el contexto del MERCOSUR global. También es en ese marco y en tanto consecuencia de los avances del proceso de integración, que se ha ido gestando una dimensión social donde se plantean desde diferentes ámbitos, que van desde los municipios e intendencias a las sub-entidades nacionales y a algunos actores de la sociedad civil, temas que hacen a la conformación de una agenda social.
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III. Aristas y pilares: insuficiencias y avances en los primeros diez años

En el capítulo anterior se realizó una evaluación de los avances efectivos registrados por el MERCOSUR de acuerdo a la Agenda 2000, así como de las insuficiencias gestadas en la marcha del proceso. La acumulación de esas insuficiencias más los impactos negativos generados desde el exterior por las crisis asiática y rusa y el continuado déficit en las balanzas de cuentas corrientes de los países de la región, a los que se conjugaron los contenciosos sectoriales en diversos ámbitos y diferencias en la visión política y en las prioridades ordenadoras de la política exterior, llevaron a un desgaste creciente y a una percepción de estancamiento desde el segundo semestre de 1998 hasta fines de 1999.
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Es recién en 2000, con los cambios de gobierno en Argentina, en particular, y en Uruguay, cuando se produce una modificación del clima de crisis en que se encontraba el MERCOSUR. La partida del último de los presidentes que fue parte de la concepción del MERCOSUR llevó a plantear la idea de una modificación del proceso, lo cual implicaba entre otras cosas la posibilidad de revisar lo actuado y plantear sobre nuevas bases el mismo. Lo que surgió fue finalmente el inicio de una etapa de "relanzamiento", expresión que se centra en las insuficiencias del proceso, es decir, en lo que no se completó y no en el camino trazado hasta el momento.

Durante los primeros meses de 2000 los cambios de gobierno en Argentina y Chile y la proximidad política de los presidentes Ricardo Lagos, Fernando Henrique Cardoso y Fernando de la Rúa mostraron un nuevo dinamismo en materia de iniciativas y propuestas para aportar en la región. Esa proximidad política, que originó la idea de una proyección suramericana de la Tercera Vía, no trajo modificaciones de relevancia en la orientación estratégica y en los modelos de desarrollo. Las consecuencias se verificaron en cambio en una definición de las prioridades externas vinculadas a América del Sur por parte de Brasil y a una mayor apertura a la dimensión social por parte de Chile.
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Este cambio de clima político no modificó los problemas y temas fundamentales que ya estaban planteados.
20 En efecto, los países del MERCOSUR tienen déficit relevantes en la posibilidad de conformar políticas regionales con cierto grado de autonomía, debido a los condicionantes que plantean los ajustes propiciados por la negociación de la deuda externa.21

En segundo término, el pasaje a otra etapa signada por la definición de una política comercial común llevó a que se debatieran y acordaran los instrumentos y acciones necesarias para aplicar la misma, entre los cuales se incluyen la aprobación de un código aduanero, una gestión aduanera conjunta, mecanismos de salvaguardas y de regulación de la competencia. Cada uno de estos avances constituye en sí una modificación de los parámetros con que se movían los países y requiere de esfuerzos sostenidos de capacitación, aprendizaje, modificación de las culturas administrativa, empresarial y social. Ello significa una movilización importante de recursos -humanos, institucionales y financieros- además de las obvias consecuencias sociales que apareja una transformación de esas características.

En tercer lugar, la nueva estructura institucional debía dar cuenta de la situación diferente que implicaba negociar en tanto MERCOSUR en el exterior, pero además contemplar el frente interno y sobre todo hacer funcionar los distintos órganos y otorgarles su jerarquía y ámbito de competencia específicos, al mismo tiempo que otorgarles visibilidad frente a las respectivas sociedades nacionales.
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Finalmente, la apreciación de una apertura mayor en la dimensión social, en primer lugar en la inclusión de la misma, lo cual nos plantea el tema de los déficit estructurales y las consecuencias sociales que apareja la integración en sus diversas manifestaciones (migraciones, fronteras, libre circulación de personas, diferencias culturales, repercusiones en las ciudades, temas de género entre otros).
23 En segundo lugar, en lo que concierne a la dimensión social, debe tenerse en cuenta la participación de la sociedad civil, lo cual lleva a plantear el tema de la comunicación de los órganos del MERCOSUR con las respectivas sociedades, la definición de redes y mecanismos de consulta a los efectos de ir conformando las bases de una sociedad regional.24

El primer año de la etapa de relanzamiento puso en primer plano las dificultades de avanzar en el MERCOSUR a partir de una lógica endógena que implique una definición de prioridades para consolidar y profundizar el proceso y al mismo tiempo seguir avanzando en el MERCOSUR global. Hay que tener en cuenta que en el momento en que se plantea el agotamiento del proceso, las instancias de negociación internacional se habían estancado por distintos factores, como lo reconoció el presidente Cardoso en la XVII Cumbre que se realizó en diciembre de 1999 en Montevideo. De esta forma, el MERCOSUR quedó confrontado a sus propias opciones en un momento de dificultades financieras, sin que pudiera gestarse una lógica activa de relanzamiento del proceso, cuyo impulso debía venir fundamentalmente desde Brasil.

Las diferencias en las prioridades de política exterior de los países no solamente se plasman en las relaciones estatales y geográficas, sino también en aproximaciones temáticas y sectoriales. En ese sentido, sigue siendo fundamental la relación y la prioridad que le asignen a Estados Unidos las políticas exteriores de Argentina y Brasil, no solamente por las opciones que puedan manejarse en el tema del ALCA, sino también por las definiciones de política en cada país y en su relación con el entorno. El estancamiento de las distintas instancias y un cronograma más lejano en el tiempo en cuanto a definiciones, llevaron a reorientar la visión sobre el MERCOSUR y los espacios cercanos. En ese sentido, los énfasis y prioridades de los países muestran distintos movimientos que no siempre resultan convergentes en cuanto al impulso del proceso de integración.

La diferencia en las aproximaciones al espacio regional y con ello en las prioridades de política resulta significativa desde la perspectiva de Brasil. Para Brasil, la importancia del espacio regional surge de las extensas fronteras que tiene. Ello lleva a que la prioridad del MERCOSUR esté definida también con relación a su espacio territorial y el desarrollo de la infraestructura necesaria para encarar y enfrentar distintos problemas fronterizos.
25 Resulta relevante al respecto que mientras el porcentaje de territorio brasileño sea significativamente mayor en las fronteras con Venezuela y Perú, el PIB regional de los estados brasileños en esas fronteras no sean importantes y la relación inversa se produzca en las fronteras con Argentina.26 En ese sentido debe inscribirse la realización de la Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado de América del Sur realizada en Brasilia, que posibilitaría un mejor marco de negociación con los Estados Unidos.27

Como la etapa de relanzamiento no derivó en un nuevo despegue del proceso regional y la insuficiencia de los temas pendientes sigue estando en la agenda de los orientadores y negociadores del proceso, la evaluación del recorrido realizado está impregnado de notas que resaltan los déficit actuales. Para hacer un balance y evaluación de los primeros diez años es necesario tener ejes de referencia. Uno de ellos son los propios objetivos definidos en el Tratado de Asunción. Desde esta perspectiva los resultados resultan insuficientes, si tenemos en cuenta que todavía tenemos excepciones en la zona de libre comercio y ello sin contar los problemas que se derivan de la implementación de la Unión Aduanera. Sin embargo, deben enfatizarse también los avances regionales en su conjunto: los países han avanzado en el marco de la liberalización de los intercambios en pocos años, lo cual ha llevado a un crecimiento sin precedentes del comercio regional, que representa un 25% del comercio total de los países de la región. Este incremento de la interdependencia, de por sí significativo, constituye una base relevante en el marco de los acuerdos que se gestan entre los países en el proceso regional. Este eje es complementario del que surge de la respuesta de los países del MERCOSUR frente a los nuevos temas del comercio internacional planteados en los noventa.

Ahora bien, si se toman los parámetros, instrumentos y definiciones en la construcción del proceso, la evaluación resulta positiva, sobre todo si se incorporan los viejos temas que los estados arrastraban desde los ochenta. Desde la perspectiva de los instrumentos y definiciones en la construcción puede señalarse que los desempeños del MERCOSUR han posibilitado gestar un patrimonio del proceso que ya es parte integrante de la historia de los países y se ha incorporado en el léxico cotidiano (encuentros MERCOSUR en distintos niveles y sectores). Además, en lo que concierne a algunos de los viejos temas de las agendas de los países como el de la consolidación democrática, el de la reforma del Estado, el de la cooperación regional y el de promover mecanismos de facilitación del comercio, el MERCOSUR ha posibilitado respuestas conjuntas o marcos de referencia para las mismas.

Finalmente, en lo que concierne al eje de los desbordes ("spill over") que surgió de la propia dinámica del proceso y de las interacciones región-Estado y Estado-región, puede señalarse también que se tienen resultados positivos. El MERCOSUR posibilitó no solamente desbordes institucionales, sino también en las lógicas funcionales, tanto en las regiones que conforman sub-entidades estatales, como en los Municipios e Intendencias y finalmente en las articulaciones de distintos actores de la sociedad civil.

Desde esta perspectiva más amplia resultan relevantes los análisis estratégicos, cuando la agenda externa tiene cronogramas y fechas definidos en las negociaciones que se tienen por delante. Es sobre estas pautas que debe plantearse fundamentalmente el tema de qué inserción se quiere para la región en su conjunto y para cada país en particular, ante los procesos de negociación que se dirimen en el frente externo.

En esos términos la definición de los objetivos (¿Qué queremos?), los instrumentos (¿Cómo lo concretamos?) y de las articulaciones sociales (¿Cómo obtenemos los apoyos y consensos necesarios?) plantean de nuevo la relación entre los modelos de desarrollo de las respectivas sociedades nacionales, la región y el mundo. El punto esencial, una vez completados los primeros diez años, parte de la pregunta ¿Qué hacer en los próximos diez años? De todas formas, sea cual fuere el camino que se tome, habrá un patrimonio de partida del MERCOSUR y el recorrido hacia el punto al cual se dirijan los países planteará indudables costos políticos, económicos y sociales de adaptación.

 


1. Estos temas fueron comunes a América Latina en general con la excepción de México, al menos desde que comienza la negociación por el Tratado de Libre Comercio, lo que le otorga a ese país un estatuto específico en cuanto al ordenamiento de sus prioridades. Para visualizar la globalidad de los temas hacia América Latina es necesario tomar en cuenta la Iniciativa Bush para las Américas en su vertiente política además de los tres niveles vinculados con el comercio, inversión y deuda externa.
2. Resulta de sumo interés ubicar los debates de fines de los ochenta e inicios de los noventa en lo que concierne a la agenda internacional y latinoamericana. Véase, Roberto Russell (1990) La agenda internacional en los años ´90 Buenos Aires, GEL-RIAL; Carlos Pérez Llana (1990) "Los noventa: Una nueva agenda internacional para una nueva década", Estudios Internacionales nº 91, Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.
3. Así lo señala explícitamente entre los considerandos el Tratado de Asunción. Véase la diferencia política en materia de orientación de la política exterior de uno de los países de la región, un libro editado en el 92, que ya contiene los lineamientos ordenadores de la apuesta desde un país de la periferia en Roberto Russell (ed) (1992) La política exterior argentina en el nuevo orden mundial Buenos Aires, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales - Grupo Editor Latinoamericano
4. Lincoln Bizzozero (1998) El proceso de integración del MERCOSUR: de Asunción a Ushuaia Montevideo, Dep. de Economía, Facultad de Ciencias Sociales, Serie de Divulgación En Pocas Palabras.
5. La estrategia de la etapa de transición del MERCOSUR se asentó en un "spill over" institucional construido sobre la base de asuntos vinculados al facilitamiento del comercio. Al respecto véase Lincoln Bizzozero - Marcel Vaillant- Tabaré Vera (1993) La construcción del MERCOSUR: diagnóstico y evaluación de lo acordado. Documento de Trabajo nº15/93, Montevideo, Departamento de Economía, Facultad de Ciencias Sociales, también editado el mismo año como documento por el Instituto de Integración Latinoamericano en Buenos Aires.
6. Véase al respecto, Andrés Cisneros (comp) (1998) Política Exterior Argentina 1989-1999. Historia de un éxito. Buenos Aires, Centro de Estudios de Política Exterior en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, Nuevo Hacer, Grupo Editor Latinoamericano.
7. Es ilustrativo en lo que concierne la relación política industrial y política regional, el artículo de Pedro da Motta Veiga "Brasil en MERCOSUR: influencias recíprocas" en Riordan Roett (comp) (1999) MERCOSUR: Integración regional y mercados mundiales. Buenos Aires, Nuevo Hacer - Grupo Editor Latinoamericano. En lo que concierne a la relación entre las políticas exteriores de Argentina y Brasil con las políticas en el MERCOSUR, véase el artículo de José Augusto Guilhon Albuquerque "La nueva geometría del poder mundial en las visiones argentina y brasileña" en Felipe de la Balze (comp) (2000) El futuro del MERCOSUR. Entre la retórica y el realismo Buenos Aires, Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, Asociación de Bancos de la Argentina.
8. Para el caso de Uruguay véase el trabajo de Sergio Abreu "Uruguay: socio pequeño del MERCOSUR" en Lincoln Bizzozero - Sergio Abreu - Fernando Mateo (ed) (2000) Los países pequeños: su rol en los procesos de integración. Documento de Divulgación nº 8, Buenos Aires, Departamento de Integración y Programas Regionales, INTAL - BID.
9. Este aspecto ha sido desarrollado por Alberto Methol Ferré en distintos artículos publicados por Cuadernos de Marcha en Uruguay. Véase además en perspectiva histórica el libro de Methol Ferré (1971) El Uruguay como problema. Montevideo, Ediciones Banda Oriental.
10. El "colchón" financiero fue funcional a los buenos resultados del proceso hasta el año 1998 cuando se hicieron sentir en forma más patente los desequilibrios causados por crisis externas. En definitiva, tenemos buenos desempeños de las economías que no ocultan los condicionantes estructurales, que han sido uno de los factores esenciales en la erosión del proceso. Uno de los que más ha insistido en los factores estructurales ha sido Aldo Ferrer.
11. Resulta de interés mencionar que determinados acontecimientos continentales planteados por Estados Unidos "cabalgan" con momentos de importancia en la región. La Iniciativa para las Américas en 1990 se plantea poco antes del Tratado Argentino-Brasileño para conformar un mercado común; la Cumbre para las Américas se realiza en momentos en que el MERCOSUR debe decidir su estructura institucional y de toma de decisiones además del pasaje a la Unión Aduanera.
12. Las resoluciones significaron entre 1991 y1998 el 43 % de las resoluciones del Grupo Mercado Común. Véase al respecto el documento presentado por Uruguay durante el ejercicio de su Presidencia Pro-Tempore (1999) Estado de implementación del Programa de Acción del MERCOSUR hasta el año 2000. Montevideo, diciembre.
13. Las prioridades y lógicas de negociación son diferentes en los sectores. En el caso del sector automotor, los flujos sectoriales llegaron a 4.600 millones de dólares en el año 1997, lo que representó un 31% del comercio bilateral. Estas cifras y porcentajes muestran la importancia que pueda tener cualquier cambio en las políticas económicas de los socios grandes.
14. Recientemente el Grupo Mercado Común creó el Sub-Grupo de Trabajo nº 12 "Inversiones" por Resolución 13/00, que contempla entre sus funciones, "analizar las dificultades encontradas por los Estados Partes para la aprobación e implementación del Protocolo de Colonia y del Protocolo de Buenos Aires, y recomendar cursos de acción al respecto".
15. Un avance de los lineamientos de política exterior durante el mandato de Jorge Batlle puede leerse en Lincoln Bizzozero (2000) "Los resultados electorales en Uruguay: su impacto en la política exterior y las relaciones regionales" en Carta Internacional nº 83, San Pablo, Brasil, enero.
16. Véase al respecto, IRELA (1999) "Relaciones económicas entre el MERCOSUR y la UE: perspectivas para la nueva década" Informe especial, IRELA, Madrid.
17. Al respecto resulta de interés el seminario que se desarrolló en la Intendencia Municipal de Montevideo coordinado por la Unidad Temática de Desarrollo Social de las Mercociudades en el año 2000. El seminario fue publicado por la Unidad Temática de Desarrollo Social, la Intendencia Municipal de Montevideo y la Fundación Friedrich Ebert (2000) Mercociudades y la agenda social del MERCOSUR. El panel sobre la construcción de una agenda social en que participaron Bruno Podestá, Jorge Papadopulos y Lincoln Bizzozero fue ilustrativo de las posibilidades abiertas, pero también de las dificultades que apareja la dimensión social cuando no tiene un único agente colectivo en tanto motor impulsor.
18. La desvalorización del Real dio lugar a una percepción más visible del estancamiento en que se encontraba el MERCOSUR, aun cuando la crisis financiera comenzó en 1997 luego de las crisis del sureste asiático y de Rusia. Algunos analistas remontan ese período de estancamiento a 1996, por el manejo unilateral de instrumentos de política económica por los países, por las dificultades en abordar la agenda del proceso y por la reducción de las tasas de crecimiento del comercio. Véase al respecto, Pedro da Motta Veiga (1999) "O Mercosul em perigo" en Revista Brasileira de Comércio Exterior nº 59, Río de Janeiro, Fundaçào Centro de Estudos do Comércio Exterior, abril-junio; Joào Bosco Machado - Fernando Ribeiro (1999) "Conflitos comerciais no Mercosul: mudança cambial e questòes estruturais"en Revista Brasileira de Comércio Exterior nº 61, Río de Janeiro, Fundaçào Centro de Estudos do Comércio Exterior, octubre-diciembre; y Roberto Lavagna (2000) "Mercosul: integraçào e gestào de crises financeiras" en Revista Brasileira de Comércio Exterior nº 63, Río de Janeiro, Fundaçào Centro de Estudos do Comércio Exterior, abril-junio.
19. Ricardo Lagos en una visita oficial que realizó a Fernando de la Rúa, planteó la necesidad de incluir en la agenda el tema social y firmó además una declaración conjunta y una Carta Social
20. Resulta significativo al respecto el Mensaje de la Presidencia Pro Tempore del MERCOSUR que firma el Embajador José Botafogo Gonçalves (2000) Boletín Oficial del MERCOSUR N° 14, Montevideo, año 4, julio-septiembre.
21. Véase Aldo Ferrer (2000) "Subdesenvolvimento, dependência e integraçào: os dilemas da relaçào Argentina-Brasil" en Revista Brasileira de Comércio Exterior Nº 64, Río de Janeiro, Fundaçào Centro de Estudos do Comércio Exterior, julio-agosto-setiembre. Véase también los Informes MERCOSUR Nº 5 y 6 correspondientes al período 1998-1999 y 1999-2000 del Instituto para la Integración de América Latina, Buenos Aires.
22. Ni siquiera planteamos la idea de una sociedad regional, que por el momento no tiene suficientes créditos como para ser identificada como tal.
23. En la última reunión cumbre del Consejo del Mercado Común se incluyó entre las Reuniones Especializadas del Grupo Mercado Común la de Municipios e Intendencias MERCOSUR. Fue la Decisión 59/00 que reestructuró la conformación del Grupo Mercado Común y de la Comisión de Comercio.
24. En lo que concierne a la dimensión social en el MERCOSUR, puede leerse Lincoln Bizzozero (2000) "La construcción de la dimensión social en los nuevos regionalismos. El caso del MERCOSUR" en el Sistema Económico Latinoamericano "Aspectos sociales de la integración de América Latina y el Caribe" SELA, página web, noviembre 2000.
25. La importancia de Argentina y del MERCOSUR en la política exterior de Brasil está reflejada en distintos análisis realizados. Véase el artículo de Antonio Carlos Lessa (1998) "A diplomacia universalista do Brasil: a construçào do sistema contemporáneo de relaçòes bilaterais" Revista Brasileira de Política Internacional Número Especial 40 años de RBPI 1958-1998, Brasilia, Instituto Brasileiro de Relaçoes Internacionais. Véase también Alcides Costa Vaz (1998) "La política exterior brasilera: prioridades, alianzas estratégicas e implicancias para el MERCOSUR" presentado en el Seminario Integración y Seguridad en MERCOSUR + Chile. Buenos Aires, Universidad Torcuato di Tella.
26. La frontera con Venezuela cubre 2.200 Km y los estados de Brasil fronterizos son Roraima y Amazonas que cubren el 21.2% del territorio nacional. En el caso de Perú, la frontera común es de 1.520 Km y los estados lindantes, Acre y Amazonas, conforman el 20,3% del territorio nacional. En esos dos casos, el PIB conjunto de los estados no sobrepasa el 2.5%. Con Argentina, la frontera común es de 1.224 Km y los estados lindantes son Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul. Esos estados conforman un territorio que cubre el 7% del territorio nacional, pero que genera el 16% del PBI nacional.
27. Al respecto resulta de interés el análisis que realiza Henrique Altemani de Oliveira (1999) "O Cenário Internacional e o Brasil no ano de 2020" en Parcerias Estratégicas nº 6, Brasilia, Centro de Estudos Estratégicos do Gabinete do Ministro Extraordinario de Projetos Especiais. 

 

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