| Titulo |
Oportunidades y
riesgos
del ALCA
Edición Nº 62
Mayo - Agosto 2001
|
La integración latinoamericana y caribeña: empresa necesaria y posible
Secretaría Permanente del SELA
los objetivos internos.
saire et possible
Introducción
La integración de América Latina y el Caribe es una empresa necesaria y posible. Los
esfuerzos realizados durante medio siglo para alcanzarla han mostrado resultados
tangibles, aunque no han llenado las expectativas ni han cumplido cabalmente con los
objetivos propuestos. El proceso de globalización, las negociaciones multilaterales y las
perspectivas de creación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)
constituyen nuevas realidades y desafíos para la integración latinoamericana y
caribeña. La diversidad de situaciones subregionales y la consiguiente fragmentación del
mapa de la integración regional pudiera, por su parte, debilitar y obstaculizar el avance
hacia su progresiva profundización.
Ninguna de estas dificultades, sin embargo, es insuperable. Se requiere de una renovada
atención hacia los proyectos de integración de América Latina y el Caribe; de una
reflexión actualizada sobre sus alcances y posibilidades; y de una decidida voluntad
política para hacer compatibles los procesos subregionales, regionales, hemisféricos y
multilaterales. Todo ello con el objeto de promover la equidad y el desarrollo de los
países de la región y lograr disminuir las asimetrías entre ellos.
Los Presidentes de América del Sur, con la presencia de un representante de alto nivel
del Gobierno de México, reconocieron el problema y avanzaron criterios y soluciones para
enfrentarlo en la reciente Cumbre Suramericana. Se han realizado muchas otras acciones a
nivel regional y subregional con el mismo propósito. Actualmente resulta crucial asegurar
la claridad de objetivos, la continuidad del esfuerzo y la coherencia entre las acciones a
emprender, particularmente por la velocidad que han adquirido los procesos mundiales y
hemisféricos. Ante ellos, los países de América Latina y el Caribe deben tener una
posición y una respuesta que les permita reafirmar su identidad; consolidar el desarrollo
de sus sociedades y aprovechar las ventajas y disminuir los posibles efectos negativos de
tales procesos.
Se parte de algunos supuestos básicos:
a) La integración regional es un proyecto multidimensional que implica
decisiones y acciones simultáneas en varios campos de la vida política, económica,
social y cultural de los pueblos. Los avances en materia de liberalización comercial y
económica entre sus países miembros carecen de sustentabilidad y alcance si no se
acompañan de medidas de cooperación en materia de política exterior,concertación
política y desarrollo social y cultural.
b) La
integración regional es un instrumento clave de las estrategias de desarrollo económico
y social de los países de la región y de las políticas económicas y comerciales
externas y permite reforzar la capacidad de participación efectiva de éstos en el
proceso de globalización.
c) La
integración en la región es una necesidad y un imperativo, que debe concebirse de manera
integral, con un alto contenido político ya que acelera y profundiza los vínculos
económicos, sociales y culturales entre las sociedades que la conforman.
d) El
fortalecimiento de la integración regional y la inserción en la globalizaciónmplican
grandes desafíos a los dirigentes políticos nacionales y a las sociedades
latinoamericanas y caribeñas, ya que de la forma como se asuman dependerá, en gran
medida, el nivel de desarrollo que alcance la región y su lugar en el mundo.
A partir de estos supuestos y criterios se pueden identificar ciertos planteamientos y
orientaciones básicas y proponer algunas líneas de acción en sus diferentes ámbitos o
dimensiones.
I. Planteamientos y orientaciones generales
1. La dimensión política
En el actual contexto de globalización, la integración, más que fusión de entidades
nacionales, significa la sumatoria de las potencialidades y fortalezas de la región al
servicio de los Estados miembros y sus ciudadanos.
La integración regional no debería limitarse al ámbito interno de la región y de los
países que la conforman. Debería comprender también la articulación con el ámbito
internacional, que la condiciona, pues constituye un instrumento válido y eficaz para
contrarrestar la vulnerabilidad externa que ha caracterizado a la región a través del
tiempo, potenciada por algunos efectos indeseables de la globalización.
Existe una toma de conciencia por parte de los gobiernos sobre la significación política
de la integración. Ella se ha puesto de manifiesto en importantes reuniones regionales y
subregionales de los últimos años, que han fortalecido el espacio político comunitario,
reconociendo la existencia de diferencias y asimetrías y la necesidad de superarlas, así
como las posibilidades de alcanzar posiciones claras y de fortalecer los mecanismos de
diálogo y concertación en torno a foros cruciales, como el ALCA y la Organización
Mundial de Comercio (OMC). Igualmente, existe consenso sobre la necesidad de preservar y
fortalecer la institucionalidad regional, como factor motivador e impulsor de la
integración, sin que ello implique la creación de nuevos organismos regionales, sino el
uso de toda la potencialidad de la existente.
La dimensión política de la integración adquiere una especial relevancia en la
actualidad, cuando las democracias comienzan a verse amenazadas por diversos factores que
debilitan el liderazgo político y arriesgan el colapso de aquellos sistemas políticos
democráticos que no han dado respuestas eficientes a las necesidades y expectativas de la
población. Es preciso atender los reclamos que formula la sociedad civil y el tipo de
democracia concertada que los ciudadanos están demandando. Se requiere diseñar
mecanismos para lograr una mayor incorporación social, en particular a través de los
parlamentos y la sociedad civil, y crear corrientes de opinión favorables a la idea
integracionista como contraparte de las concepciones disociadoras, así como para superar
el déficit de desarrollo social que impide la efectiva participación de la sociedad en
el proceso de integración.
2. La dimensión económica
La integración económica es un imperativo en cualesquiera de los escenarios previsibles
del desarrollo mundial. América Latina y el Caribe debe estar preparada para actuar como
un bloque en defensa de su identidad e independencia política o aceptar la condición
hegemónica que podría suponer el fortalecimiento de la "unipolaridad". La
actuación como bloque latinoamericano y caribeño, cada vez que sea posible,
fortalecería nuestra capacidad de negociación para lograr acuerdos más beneficiosos
para la región.
El crecimiento de las economías de América Latina y el Caribe y los acuerdos de
integración han creado vínculos en las áreas comercial, productiva, financiera, social
y de infraestructura cuyos mayores beneficios no han sido aún totalmente aprovechados.
Una desarticulación de las interrelaciones económicas creadas entre los países de la
región, logradas especialmente a través de los acuerdos subregionales existentes,
podría significar un retroceso y el desperdicio de posibilidades de desarrollo económico
y social.
En tal sentido, se podrían enunciar algunas orientaciones básicas, en el ámbito
económico, del proceso de integración:
a) Fomentar la vigorización del pensamiento económico latinoamericano
y caribeño, considerando que el predominio del llamado pensamiento "único" no
ha contribuido al diseño de soluciones reales a los problemas regionales, obstaculizando
y empobreciendo la necesaria discusión crítica de los caminos a seguir, en particular
para debatir las consecuencias socioeconómicas de las pretendidas soluciones
"únicas" y cuál debe ser el papel del Estado y de la sociedad en el futuro
desarrollo de la región.
b) Adoptar
una estrategia de integración que facilite la adopción de posiciones comunes, que
fortalezca las instituciones regionales y que estimule la discusión abierta a todo nivel
de los principales temas de la agenda internacional frente a la globalización. Esta
última, si bien ofrece un escenario de posibilidades, en su desarrollo actual impone
serias condiciones de vulnerabilidad para los países de América Latina y el Caribe,
tanto hacia el exterior, con las restricciones de acceso a los mercados más importantes y
al financiamiento externo, el deterioro de los precios de las materias primas (con la
única aunque importante excepción del petróleo) y en los términos de
intercambio, como hacia lo interno, con el mantenimiento de la inequidad en la
distribución del ingreso, el agravamiento de las condiciones de pobreza y el crecimiento
del desempleo.
c) Propiciar
una estrategia de desarrollo económico y social dirigida a promover la actividad
productiva interna, lo cual permitiría hacer frente a los problemas de marginación,
pobreza y desempleo comunes a la región, que se presentan como uno de los principales
obstáculos para la modernización, la incorporación del avance tecnológico, el
incremento de los niveles y calidad de vida y el mejor aprovechamiento de los recursos
disponibles.
d) Procurar
la coordinación de políticas macroeconómicas, particularmente en sus aspectos fiscales,
monetarios, financieros y cambiarios para lograr y mantener una estabilidad que no sólo
haga posible el crecimiento de las economías domésticas sino que, además, potencie los
beneficios de la integración.
e)
Incrementar el intercambio de bienes y servicios, la compatibilidad de los
regímeneslegales, educacionales y de seguridad social, así como la posibilidad de
realizarinversiones intrarregionales con el objeto de promover una mayor especialización
y competitividad.
f)
Promover empresas binacionales, plurinacionales y regionales en América Latina yel
Caribe, en áreas y sectores prioritarios, como el desarrollo tecnológico, las
telecomunicaciones, la biotecnología, entre otros, en los cuales las acciones conjuntas
pudieran permitir alcanzar mayores rendimientos, acelerar el desarrollo en espacios
comunes o zonas fronterizas, atraer capitales y facilitar la actividad productiva.
g) Diseñar
mecanismos regionales y subregionales que permitan un financiamiento de los proyectos
nacionales, subregionales y regionales con contenido de integración.
3. La dimensión social
Es importante destacar que la integración tiene un profundo impacto en el ámbito social,
particularmente sobre el nivel y las condiciones de vida de la población e influye
significativamente en el modelo de desarrollo utilizado en los países, por lo que se
requiere del diseño y aplicación de un programa de desarrollo social que atienda esa
dimensión a nivel regional. Asimismo, el diferente ritmo de crecimiento de las economías
nacionales genera tendencias sociales, como las migraciones, que exigen respuestas
coordinadas y coherentes de parte de los países de la región.
La integración social dependerá de los beneficios concretos que pueda percibir la
sociedad y de los avances que puedan lograrse en materia de erradicación de la pobreza,
respeto y garantía de los derechos, empleo, participación social, seguridad ciudadana,
distribución de la riqueza, equidad y desarrollo fronterizo, entre otros.
Las diferentes propuestas a nivel regional o subregional para la adopción de una Carta de
Derechos Sociales indican el grado de preocupación, conciencia y urgencia que se tiene
para abordar la compleja y amplia problemática social de los países de la región. La
formulación de una Carta, consensualmente aprobada por los países latinoamericanos y
caribeños, debería determinar las materias y los límites a ser abordados en el marco de
la integración social, de manera de hacer viable su concreción, asignar responsabilidad
a los actores participantes, mejorar su participación efectiva y facilitar los
compromisos entre los Estados.
La dimensión social de la integración debería ser abordada, por una parte, mediante el
establecimiento de programas regionales de desarrollo social, de lucha contra la pobreza e
inserción social, de formación y empleo, sector informal, de migraciones regionales y de
fomento de la cooperación horizontal y, por otra parte, desde la perspectiva del
análisis estratégico y prospectivo, que tenga en cuenta el fenómeno transnacional y
permita visualizar el desarrollo de los procesos de integración en el largo plazo.
4. La dimensión cultural
La identidad cultural de América Latina y el Caribe debe ser entendida como la sumatoria
de complejas diversidades, internas y externas de los países, en términos étnicos,
lingüísticos, valorativos, tradicionales e históricos de cada país.
Conservar y promover esta riqueza cultural y destacar sus valores comunes y específicos a
través de los programas de intercambio y cooperación que permitan un mejor conocimiento
y entendimiento entre nuestros pueblos debería convertirse en objetivo prioritario de
nuestras sociedades y gobiernos. La diversidad y complejidad de nuestra cultura común, en
un marco de tolerancia y mutua aceptación, constituye el mayor aporte que la región
puede ofrecer al exterior, a través de una amplia gama de expresiones y manifestaciones.
La integración cultural puede significar enriquecer el patrimonio cultural propio
mediante el intercambio de ideas y experiencias y el fomento de la creatividad.
Los países de América Latina y el Caribe han realizado un valioso aporte en el ámbito
de la cultura y en todas sus expresiones -música, teatro, pintura, literatura, cine,
televisión, ideas- con un gran potencial y una rica creatividad, que deberían
transformarse en cabezas de auténticas industrias culturales, que difundan su legado
dentro y fuera de la región.
En tal sentido, un proyecto por esencia de carácter regional es el que atañe a la
preservación y protección de la diversidad de la cultura latinoamericana y caribeña
frente a las tendencias hegemónicas de otras culturas, otorgándole a la dimensión
cultural de la integración la relevancia que merece, junto con un mayor respaldo
político y seguimiento a los acuerdos y compromisos alcanzados por los Estados.
Asimismo, la educación y comunicación para la integración constituye un paso
indispensable para democratizar el conocimiento y la información sobre la labor y el
esfuerzo que realizan los gobiernos y las sociedades en pro de la integración regional.
El acceso de la sociedad a la información y al conocimiento sobre las fortalezas y
debilidades que pueden presentarse en los procesos de integración pueden brindar una
sólida base de apoyo a los gobiernos en los distintos procesos de negociación.
Para ello es indispensable que las instituciones regionales responsables de los temas de
integración refuercen sus iniciativas de educación y de comunicación para la
integración y democraticen la información a través de amplios programas de difusión,
donde las universidades y los centros de pensamiento regional pueden jugar un papel
fundamental. Este pudiera ser un paso decisivo para cambiar la visión de la integración
como un tema reservado a una élite de expertos y fomentar el pensamiento integracionista
en la juventud.
II. Lineamientos para la acción
Enmarcado por los planteamientos y orientaciones generales formuladas, se pueden
identificar, en los diversos ámbitos del proceso de integración, diversas acciones que
podrían contribuir a su preservación y profundización, para cuya instrumentación es
necesario contar con la coordinación y la cooperación de las instituciones regionales y
subregionales y de las autoridades e instituciones nacionales competentes.
El próximo Consejo Latinoamericano pudiera considerar las acciones que se mencionan a
continuación, a objeto de incorporarlas en el Programa de Trabajo de la Secretaría
Permanente del SELA y de propiciar acciones conjuntas con las otras instituciones
regionales y subregionales.
1. En lo político-institucional
a) Fortalecer la institucionalidad regional, perfeccionando el
funcionamiento del Grupo de Río, como instancia política superior (a nivel de Jefes de
Estado y de Gobierno y de Ministros de Relaciones Exteriores y de Finanzas, etc) que en
reuniones periódicas adopten las decisiones estratégicas necesarias, apoyado en una
secretaría ejecutiva y técnica, siendo la Secretaría Permanente del SELA un germen
instrumental ya disponible, que debería funcionar en forma articulada con las
secretarías de los esquemas de integración subregional.
b)
Fortalecer las instituciones financieras regionales, que pudieran sustentarse en la
ampliación y consolidación de instituciones como la Corporación Andina de Fomento (CAF)
y el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR).
c) Propiciar
la información recíproca, el intercambio de experiencias y la creciente convergencia de
las políticas macro-económicas, abarcando sectores como el fiscal, el monetario y la
solución de controversias comerciales, entre otros, mediante la celebración de acuerdos
y reuniones especializadas entre diferentes esquemas subregionales, que involucren a los
responsables de las políticas nacionales concernidas.
d) Fortalecer
los cuerpos parlamentarios regionales y subregionales, democratizando su origen y
representatividad y ampliando sus atribuciones, así como propiciando la incorporación de
los partidos políticos y de otras expresiones de la sociedad civil al proceso. En este
sentido, es importante abrir la agenda política para abordar, entre otros, los temas de
la institucionalidad, el fortalecimiento de los sistemas electorales, la lucha contra la
corrupción, el combate a la pobreza, la creación de consensos y alianzas para la
gobernabilidad.
e) Consolidar
el SELA en su función de espacio para la reflexión y el debate sobre el pensamiento
político, social y económico en América Latina y el Caribe, mediante la organización
de encuentros con especialistas y pensadores de la región, en particular para debatir los
temas vinculados con la institucionalidad regional.
f) Acordar
programas de promoción de la participación ciudadana en la integración y en la
difusión de sus temas, dificultades y avances y, sobre todo, en la educación para la
integración, evitando la transmisión de mensajes distorsionadores y estereotipados. A
tales efectos, se deberían establecer compromisos entre los organismos regionales y
subregionales de integración y los medios de comunicación, con el propósito de avanzar
en la definición de programas de difusión para toda la región.
2. En lo económico-comercial
Atendiendo a que la mayor parte de las acciones relacionadas con la integración en el
ámbito económico-comercial se desarrollan en la esfera de los diferentes procesos de
integración subregional y de los acuerdos bilaterales, a los organismos regionales como
la Secretaría Permanente del SELA les cabría, en coordinación con las Secretarías de
los esquemas de integración, desempeñar funciones de articulador y promotor de los
programas económico-comerciales en la medida en que sus alcances o sus participantes
excedan los límites de cada esquema subregional.
En tal caso se encontrarían:
a) El lanzamiento de iniciativas sobre los alcances y consecuencias de
las negociaciones comerciales internacionales y, en particular, las que se desarrollan en
foros como la OMC y las negociaciones para el establecimiento del ALCA. En este último
caso, es fundamental verificar el impacto que su establecimiento tendría sobre los
esquemas de integración regionales y subregionales e identificar medios y procedimientos
que permitan preservar su identidad y autonomía.
b) La
realización de iniciativas similares en lo que respecta a la participación de los
países de América Latina y el Caribe en las instituciones financieras multilaterales, a
objeto de propiciar diálogos con expertos e intercambios de experiencias en temas como el
financiamiento del desarrollo, el funcionamiento del sistema financiero internacional, los
flujos de capital e inversión.
c) El
establecimiento de un Programa regional de apoyo a la participación de los países de
América Latina y el Caribe en las negociaciones comerciales multilaterales de la OMC, en
coordinación con la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y
otros organismos especializados. Un programa similar pudiera referirse a la participación
de los países de la región en las instituciones financieras internacionales.
d) La
elaboración de una agenda actualizada de temas de posible negociación económica y de
asuntos de interés prioritario para la región, en los ámbitos multilateral,
hemisférico y regional y promover el intercambio de experiencias sobre sus contenidos e
impacto.
e) El
establecimiento de redes de intercambio entre las secretarías de integración y las
instituciones académicas de la región (universidades, centros de estudios e
investigación) para estimular y facilitar los trabajos de análisis sobre temas del
desarrollo e integración de América Latina y el Caribe, así como el estudio de los
temas relacionados con las negociaciones económicas y financieras internacionales.
f) El fomento
de diálogos y consultas a nivel subregional y regional entre el sector privado de
América Latina y el Caribe y los formuladores de políticas económicas y comerciales
sobre temas de integración y desarrollo.
g) La
formulación de proyectos de desarrollo de la infraestructura necesaria para la
integración física de la región (telecomunicaciones, interconexiones eléctricas, vías
de comunicación y transporte).
h) El diseño
de instrumentos de intercambio de información y experiencias con el objeto de que los
proyectos nacionales, subregionales y regionales de infraestructura y comunicaciones sean
compatibles y se refuercen entre sí.
i) La
adopción de mecanismos de apoyo financiero a la inversión intra-regional, en particular
para los proyectos referidos a los intercambios comerciales entre países de distintas
subregiones de América Latina y el Caribe.
j) La
organización de programas de apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas,
especialmente en aspectos vnculados con la asociatividad, la capacitación para incorporar
tecnologías y participar en el comercio exterior, la formación de consorcios de
exportación y otras modalidades de cooperación interempresarial.
k) El
intercambio de experiencias en materia de integración con otras regiones del mundo, en
temas tales como: la liberalización comercial, los flujos de inversión, la
institucionalidad regional, la solución de controversias, la coordinación de políticas
macroeconómicas y a la superación de las asimetrías entre los miembros de los esquemas.
l) La posible
utilización de la figura de los Comités de Acción contemplados en el Convenio de
Panamá, para emprendimientos específicos.
3. En lo social y cultural
a) Promover la participación de la sociedad civil en los procesos de
integración como respuesta a la presión que ejercen grupos conformados por redes
altamente organizadas y con capacidad de influencia sobre la opinión pública, de modo de
tener un más amplio conocimiento de las demandas de los sectores empresariales,
sindicales, académicos, religiosos, a fin de que los procesos de integración puedan
tener una amplia base de apoyo, legitimidad y transparencia.
b) Propiciar
el fortalecimiento de la educación en todos sus niveles, para lo cual la coordinación de
esfuerzos y programas sería indispensable, al tiempo que permitiría una mayor
realización y productividad de los recursos humanos; una elevación de los niveles de
vida; un mejoramiento de la convivencia y seguridad ciudadana; una mayor calidad
ambiental; y una mejor comprensión de los problemas propios.
c)
Compatibilizar los programas de salud pública con el objeto de mejorar el acceso de la
ciudadanía a los servicios básicos, evitar la propagación de epidemias y fortalecer al
recurso humano.
d) Coordinar
los sistemas de seguridad social para permitir el intercambio y una mejor utilización
económica de los trabajadores, y evitar la discriminación y la marginación de los
inmigrantes.
e) Estudiar
el impacto y los posible beneficios de las migraciones con el objeto de hacer posible el
intercambio de recursos humanos de manera regularizada, en particular el intercambio de
servicios profesionales a nivel regional. Al efecto, avanzar en el reconocimiento de
títulos universitarios y técnicos entre los países de la región, y propiciar el
establecimiento de bancos de datos intrarregionales para la información sobre
oportunidades de empleo.
f) Propiciar
el intercambio de experiencias en materia de políticas de empleo, capacitación de la
mano de obra, fomento de las micro y pequeñas empresas y del tratamiento legal y social
del sector informal.
g) Fomentar
la constitución de empresas e industrias culturales conjuntas, que tienen un profundo
impacto económico y social para el fortalecimiento de la dimensión cultural en los
diferentes esquemas de integración regional y subregional, y apoyar el comercio de bienes
culturales y audiovisuales de la región.
h) Promover
la elaboración de propuestas sobre la propiedad intelectual, las marcas, las patentes,
los derechos de autor, y la transferencia de tecnología, para ser consideradas en las
negociaciones tanto del ALCA como de la OMC.
i)
Dinamizar los espacios para el debate y la reflexión y, a ese efecto, cabría rescatar
los vínculos entre los organismos regionales de integración con las organizaciones no
gubernamentales, los gremios profesionales, los académicos e intelectuales en general,
con el propósito de volver a plantear el tema del desarrollo autóctono e independiente
de los países de la región.
Promover el interés de la juventud sobre la integración regional. Los organismos
regionales podrían organizar concursos anuales sobre distintos aspectos de la vasta
temática integracionista.
Anterior
Siguiente
Arriba
|