Titulo Oportunidades y riesgos
del ALCA

Edición Nº 62
Mayo - Agosto  2001

 El Grupo de Río, espacio propicio para promover la integración regional

Miguel Angel Rodríguez

Presidente de Costa Rica


Texto del discurso pronunciado por el mandatario costarricense en el acto de clausura de la XV Cumbre del Grupo de Río, realizada en Santiago entre el 17 y 18 de agosto de 2001.

"Un día, cerca del medio día, cuando iba a visitar mi canoa, me sorprendió de una manera extraña el descubrir sobre la arena la reciente huella de un pie descalzo. Me paré de repente, como herido por un rayo o como si hubiese visto alguna aparición. Escuché, dirigí la vista alrededor mío, pero nada vi, no oí nada...".

Estas palabras nos describen el momento en que Robinson Crusoe, tras mucho tiempo de vivir en la más absoluta soledad, se percata de la presencia de otro ser humano. Se trata de "Viernes". Robinson Crusoe ha encontrado un semejante. Juntos, podrán enfrentar mejor las adversas condiciones de la isla que habitan.

Los seres humanos nos necesitamos, dependemos unos de otros. Al decir de Rousseau, "es la misma debilidad del hombre la que le hace sociable", puesto que, continúa, "son nuestras comunes miserias las que inclinan nuestros corazones a la humanidad; si no fuésemos hombres, no le deberíamos nada".

Señoras y señores, Jefes de Estado y de Gobierno:
En nuestra unidad reside nuestra fuerza. Juntos, apoyándonos unos a otros, podemos enfrentar y superar todo obstáculo, por difícil que éste sea, en la ruta ascendente hacia el desarrollo humano.

El Grupo de Río representa esta unión. Representa el imperativo regional de articular, potenciar y aprovechar los esfuerzos de distintos pueblos y entidades latinoamericanas en pro de la democracia, el crecimiento económico y el bien común: en pro del desarrollo humano de nuestras familias. Nuestros países no pueden ser ajenos a la transición de un mundo de naciones a un mundo de regiones, a la realidad de que nuestro ámbito natural de interacción es América Latina y que juntos debemos asumir los nuevos desafíos.

Les decía que sobre tres pilares debemos edificar el desarrollo humano en este siglo: sobre la consolidación de la democracia como sistema político que propicia el progreso humano en un ambiente participativo, creativo, de respeto y libertad; sobre el crecimiento económico impulsado por los mercados competitivos, abiertos y ordenados por un sistema jurídico transparente y bien aplicado; y sobre el compromiso con el bien común, que se traduce en políticas solidarias que potencian al ser humano y sus capacidades y apoyan a quienes por diversas razones sufren rezago y pobreza.

El pilar constituido por la democracia es una prioridad incuestionable para ir dando respuestas por la vía del consenso, el diálogo y la participación, en libertad, a las dificultades y a las oportunidades del día a día que viven nuestros pueblos.

Con esa concepción de democracia tenemos un compromiso. Un compromiso con su cultura, sus valores e instituciones y con los mecanismos que la preservan y la consolidan. Un compromiso que estamos reafirmando hoy los países del Grupo de Río al impulsar desde esta instancia la suscripción de la Carta Democrática Interamericana, en septiembre próximo en Lima, y así supeditar las oportunidades de intercambio comercial al respeto del orden constitucional y de los valores democráticos en cada país.

Justamente, hoy se reconoce a los mercados abiertos y competitivos su importancia en la generación de riqueza, empleo y bienestar, al impulsar el crecimiento económico más que cualquier otra forma de organizar la producción. El mercado es el mecanismo que nos permite experimentar, descubrir e imitar nuevas y más eficientes formas de hacer las cosas, nuevas soluciones tanto para viejos como nuevos problemas y enfrentar la ignorancia con el uso del conocimiento disperso y no articulable que está distribuido entre todas la personas.

Nuestra región necesita abrir sus mercados, integrarlos entre sí con mayor rapidez y conseguir que también se abran oportunidades más allá de nuestro continente. Sólo así podremos crecer a tasas mayores por períodos más prolongados, generar empleos suficientes y reducir la pobreza que golpea a millones de familias latinoamericanas y nos debe hacer sufrir a todos.

El Grupo de Río ha trabajado en este campo a lo largo de quince años, y será de especial beneficio en ese esfuerzo el compromiso aquí reiterado por todos los países, para continuar impulsando un sistema de comercio mundial no discriminatorio, más transparente y libre de proteccionismo que garantice las oportunidades de crecimiento que requerimos.

Pero se debe también fortalecer la solidaridad, a partir de políticas universales que generen capital humano. No se trata de aislar a los pobres del mercado para así ayudarles, se trata más bien de brindarles las herramientas, valga decir los conocimientos propios de la educación y el acceso a las nuevas tecnologías, para que aprovechen las oportunidades que generan economías más abiertas y dinámicas, de modo que los pobres puedan ser los gestores de su propio progreso.

Y este tercer pilar sobre el cual edificaremos el desarrollo humano en este nuevo siglo, parte del hecho que la justicia social y la eficiencia económica no son excluyentes, antes bien se complementan. La justicia social no puede darse en una sociedad improductiva, la cual más que producir bienes lo que haría es repartir males. Para que los pobres tengan acceso a la riqueza es necesaria la inversión social en educación y salud; brindarles acceso a las nuevas tecnologías evitando la brecha digital; y participación en mercados abiertos y competitivos que operan en el orden de libertad del Estado de Derecho.

Así se impide que los frutos del crecimiento económico sean monopolizados por sectores privilegiados y se favorece la creación de conocimiento y la imitación de lo exitoso. La justicia social debe ser solidaridad humana dentro de las reglas de eficiencia del mercado, con oportunidades para todos y, en particular, apoyo solidario para quienes por causas ajenas a su voluntad, enfrentan mayores retos, adversidades y necesidades:

Señoras y Señores:

Durante la última mitad del siglo XX, con la globalización, se ha hecho más patente la riqueza que implica la diversidad cultural. La cultura latinoamericana es una de las más ricas, expresivas y creativas. En el mundo entero la juventud baila nuestros ritmos, se elogia a nuestros escultores y a nuestra arquitectura, la pintura de nuestros artistas y la cocina de nuestros terruños. Nuestra novela cambió la forma de escribir en la segunda mitad del siglo XX, igual que décadas antes lo había hecho nuestra poesía. Pero nos falta complementar esa creatividad con el realismo pragmático para ver cómo son las cosas enfrentarlas, transformarlas y poder progresar.

Nos es preciso concatenar los sueños, ilusiones y la visión que surgen de nuestra versátil capacidad creadora con el compromiso serio con los hechos y el conocimiento, para poder producir con eficiencia los cambios que nos permitan superar la ignorancia, la enfermedad... y la pobreza.

El crecimiento de nuestro comercio en el MERCOSUR, en el Pacto Andino, el MERCOMUN, en CARICOM y a través de los acuerdos bilaterales, así como con el acercamiento entre nuestros mismos bloques de integración y entre nuestros países, nos demuestran que todos somos parte de la construcción de un orden de mayores oportunidades.

Pero debemos fortalecer nuestra presencia regional, debemos lograr que se escuche nuestra voz con mayor fuerza, que se institucionalice mediante la acción coordinadora del Grupo de Río aunando el trabajo de ALADI, el SELA, la CEPAL, el Grupo Latinoamericano en las Naciones Unidas, y las demás organizaciones que conforman políticas de desarrollo, para lograr una institucionalización que vaya más allá de la conseguida actualmente a través de la troika que articula el Grupo de Río.

Así tendríamos un impacto inmediato en el avance del ALCA y en la liberalización del comercio en el sistema multilateral, especialmente de los productos agrícolas, que significaría miles de millones de dólares para nuestros productores agropecuarios y sus familias.

También proyectaríamos una mayor fortaleza regional en la OEA, para transformarla y fortalecerla de modo que pueda desempeñarse eficientemente como secretaría del proceso del ALCA en la parte económica, como secretaría del mecanismo de las Cumbres de las Américas y como apoyo en la consolidación de las democracias y el fortalecimiento del Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Los latinoamericanos conocemos nuestros retos y sabemos que debemos impulsar cambios para afrontarlos, apoyándonos en el importante legado de iniciativas e instituciones que hemos levantado para rediseñarlas e integrarlas a fin de alcanzar nuevas conquistas.

La forma en que enfrentemos nuestros retos determinará si tendremos más oportunidades, empleos e ingresos para las familias pobres; si miles de niños, niñas y jóvenes recibirán educación; si lograremos reducciones significativas en la mortalidad infantil para salvar nuevas vidas; y si la democracia sólida y pujante así como la vivencia de los derechos humanos que propicia, serán realidades palpitantes en nuestros países.

Además, definirá si podremos reducir los problemas de vulnerabilidad ante fenómenos del cambio climático. Si los mercados de servicios ambientales a escala mundial serán una realidad más próxima que garanticen nuestro derecho humano al desarrollo. Y si lograremos avances en la agenda de equidad de género, fortalecimiento real de la familia, eliminación de la brecha digital y el combate de las causas de la pobreza y la marginación.

Señoras y Señores:

Porque la agenda del desarrollo humano escapa al dominio de cada persona, Gobierno y Estado, es que estamos definiendo nuestro futuro, el de la región y el de cada una de nuestras familias en estos foros. Lo mejor es hacerlo unidos, fortaleciendo el Grupo de Río para profundizar una nueva institucionalidad latinoamericana, consolidar sus valores y su vigencia como instancia integradora y como principal interlocutor frente a países y grupos de otras regiones.

El Grupo de Río constituye, sin duda, un espacio propicio para promover la integración latinoamericana. Por ello es preciso renovar sus objetivos en aras de fortalecer la democracia y promover la equidad social, que conlleve al bienestar de nuestros pueblos.

Hacer todo esto es proyectar la región, en unidad, hacia la conquista del desarrollo humano que merece. Y por eso estamos aquí. Por América Latina y su integración, por el trabajo conjunto y coordinado con visión regional para edificar el bienestar de todos.

Para Costa Rica es un honor contribuir a esta causa y nos honrará aún más poderlo hacer desde la Secretaría Pro Tempore el próximo año. Los costarricenses desde ya tenemos abiertas nuestras puertas y corazones para recibirlos en San José en abril del año 2002.

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