| Titulo |
Oportunidades y
riesgos
del ALCA
Edición Nº 62
Mayo - Agosto 2001
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Tenemos que hablar con una sola voz
Ricardo Lagos
Presidente de Chile
Texto del discurso pronunciado por el mandatario chileno en el acto de clausura de la XV
Cumbre del Grupo de Río, realizada en Santiago entre el 17 y 18 de agosto de 2001.
Quisiera indicar que tal vez ésta ha sido una reunión un poco distinta. Lo dijo antes de
que nos reuniéramos uno de los principales diarios del mundo. El día antes de su inicio
dijo: "en esta Cumbre los que quieren mejorar la globalización estarán adentro de
la sala, no en las calles". ¿Por qué? Porque somos, quizás, la parte más expuesta
del mundo a los problemas de la economía internacional, la que más reformó su economía
en menor tiempo, la que con mayores cambios en los flujos de capital externo ha sido capaz
de abordar y avanzar, donde la democracia sigue a prueba, esperando resultados. Por eso
creo que ha sido tan importante el espíritu con que se abordó esta reunión.
Un poeta, que también era filósofo -Saint Exupery- dijo: "Somos contra lo que nos
resiste; somos contra lo que nos resiste". Y esto es más cierto aquí que en parte
alguna. En esta naturaleza colosal, en esta historia de creaciones, pero también de
oprobio, de riqueza, pero también de muerte, en los ecos de nuestro propio laberinto de
la soledad.
El espíritu de esta región no nació de la complacencia. Peleamos por nuestra
independencia, buscamos el desarrollo en muchas partes y por muchos caminos. Nos libramos
de las dictaduras, varias veces; hemos dado pasos amargos, pero necesarios en materia
económica. Y hoy le queremos decir al mundo que se requieren cambios en la
globalización.
Este grupo tiene quince años, nació como nacen todas las cosas, con propuestas modestas,
no ambiciosas. Se querían resolver problemas muy coyunturales en Centroamérica, y fue el
grupo de los cuatro, de Contadora, que se amplió al Grupo de los Ocho. En el fondo ¿Qué
es lo que nos planteamos? Nos planteamos definiciones políticas. Queríamos asegurar que
este grupo fuese el que luchara porque hubiese democracia en América Latina, porque se
respetaran los derechos humanos y porque hubiese paz en nuestros países.
Miramos hacia atrás en estos quince años, y yo diría que esa agenda, en buena medida,
está cumplida. Aquí están los 19 representantes de las democracias de la región y
están, por cierto, las democracias que ejercen los países del Caribe. Aquí estamos
aquellos que respetamos los derechos humanos. En torno a esta mesa están muchos que
fueron grandes luchadores para hacer que los derechos humanos se respetaran en sus
países. Aquí están los que han sido capaces de garantizar la paz en la región en estos
quince años.
Porque esa agenda se hizo, es que ha ido surgiendo esta otra agenda, la agenda de una
América que entiende que para dar cuenta de las necesidades de nuestros pueblos, de
nuestros pobres, de nuestros oprimidos y desamparados, debemos tener necesariamente un
crecimiento y un crecimiento que se hace con equidad.
Eso implica, entonces, adentrarnos en los temas de la economía y es lo que en buena parte
ha estado presente en esta reunión. Ha estado presente el tema de la economía, primero,
porque queremos seguir creciendo. No hay camino fácil si queremos tener más crecimiento,
y ese mayor crecimiento tenemos que destinarlo a lo que son las demandas sociales.
Aquí hemos visto con preocupación la disminución del ritmo de crecimiento de las
economías más desarrolladas, a partir de lo cual esta región está sufriendo como
resultado de lo que pasa más allá de ella. Sin embargo, como región, vamos a tener un
nivel de crecimiento superior al de Estados Unidos, Europa o Japón. Hemos aprendido a
soportar los ciclos económicos del ámbito productivo, y cómo en un ciclo hacia la baja,
como ahora, el precio de nuestros principales productos cae.
Lo que nos ha preocupado más en esta reunión no es eso. Nos ha preocupado el que los
mercados financieros pueden sufrir contagios peligrosos desde el punto de vista de nuestro
acceso a esos mercados financieros. El gran avance de la década de los 90 fue que a los
mercados financieros multilaterales, de organismos multilaterales, nosotros, América
Latina, estábamos accediendo a los mercados financieros del capital privado. Eso es lo
que tenemos que preservar. Y para eso tenemos que hablar como lo hemos convenido aquí,
con una sola voz.
Ese fue un tema esencial en nuestras conversaciones privadas. Y, de acuerdo a lo que me
encomendaron, en cuanto a hacer ver nuestros puntos de vista y preocupación por el avance
de los mercados, tomamos contacto, en nombre de todos nosotros, con el Presidente George
W. Bush. Tuvimos una conversación extensa, en la cual el Presidente Bush me pidió
transmitirle a cada uno de ustedes que están siguiendo muy de cerca los acontecimientos
en el ámbito internacional; cómo la administración y el Grupo de los Ocho comprende
perfectamente la necesidad de mantener los flujos de capital abiertos en los mercados
emergentes y la necesidad de resolver también adecuadamente aquellos otros temas más
complejos que hoy día tenemos por delante, y en donde todos coincidimos, y así lo
expresó el Presidente Bush, en la necesidad de poder encontrar una solución sustentable,
a la brevedad, para poder traer tranquilidad a los mercados internacionales.
Creo que ésta es una buena noticia desde el punto de vista de cómo lo que aquí se ha
conversado es compartido en otras capitales, en cuanto a la necesidad de poder avanzar
adecuadamente. Pero también creo que es una responsabilidad para nosotros, el Grupo de
Río, entender que este diálogo que se ha establecido nos obliga a actuar con una
tremenda responsabilidad en todos los frentes.
Esta Cumbre, en ese sentido, marca un despertar. Esta Cumbre es un cambio respecto de lo
que teníamos. Aquí hemos traído todos un mensaje de urgencia, de nuestras respectivas
capitales, de nuestros pueblos, de las ciudades, de los campos, de las fábricas, de los
trabajadores, de los pensionados, de los sin trabajo, de artistas, mujeres y jóvenes.
Hemos traído el liderazgo más legítimo que se desarrolla, el de la democracia. Y me
parece que es hora de elegir, de ser capaces de crecer contra todo aquello que nos
resiste, de luchar por mejorar.
Hemos también aprendido que no queremos que se nos impongan recetas simplistas,
mezquinas, a ratos con un tremendo costo social. Hemos demostrado que cuando hay que hacer
cosas que implican costo social, las hacemos, pero queremos que se nos deje a nosotros
medir la magnitud de aquello, que podamos dirigir nuestros destinos, que seamos libres de
aplicar entre nosotros las reglas que nos obliguen a todos.
No resisto citar a un gran filósofo que se llama Gabriel García Márquez, que una vez se
preguntó: "¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la
literatura y se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan
difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de
avanzada tratan de imponer en sus países no puede también ser un objetivo
latinoamericano con métodos distintos, en condiciones diferentes?".
A ratos, tal vez debiéramos ser capaces de demandar la posibilidad también de tener una
mayor originalidad entre nosotros, y es lo que estamos buscando en este Grupo de Río.
Para eso necesitamos introducir cambios en el manejo de la economía y la sociedad global.
No pedimos reglas fáciles o benevolentes; pedimos reglas claras que den oportunidad a
todos, que es distinto. Nuestros técnicos, nuestros políticos, nuestros funcionarios
deben empezar a establecer planteamientos justos, equilibrados. Por eso es tan importante
que en las conclusiones de esta Cumbre hayamos convenido tener una voz común en los
próximos foros del Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, en septiembre; hablar
con un mismo lenguaje en Qatar, en la nueva Ronda de Comercio; preparar adecuadamente una
posición convergente ante la reunión de marzo a la que nos invita México, sobre
financiamiento para el desarrollo y entender que en las distintas negociaciones de libre
comercio que estamos emprendiendo debemos ser capaces de coordinar adecuadamente los pasos
que damos. Eso quiere decir, entonces, que estamos avanzando y que nos vamos con trabajo
para la casa.
Los que nos dieron la libertad tenían reuniones como ésta; quienes hicieron el enorme
logro del desarrollo de la región en los años 50 y 60 en el siglo XX, tenían reuniones
como ésta; quienes lucharon por la democracia tenían reuniones como ésta. Y después de
esta reunión, nosotros sabemos también las tareas que tenemos que hacer en función de
lo que aquí hemos acordado.
Así como lo hicimos hoy día, iremos a los líderes de los países desarrollados a dar
este mensaje como región. Estamos dispuestos a trabajar todas y cada una de las veces, en
todos los comités que sea necesario, para que se escuche nuestra voz. Y, por cierto,
seguiremos haciendo nuestras tareas de manejo al interior de nuestros países y
coordinadamente a nivel regional.
La verdad es que aquí no están los díscolos con la economía; aquí están los
díscolos con la injusticia. Eso sí: no somos ingenuos. Queremos equilibrios
macroeconómicos, pero también queremos equilibrios sociales en nuestros países. No
creemos que haya que elegir, que haya que votar lo uno o lo otro. Aquí estamos los que
sabemos que lo uno es esencial para lo otro, que no hay democracia si no hay justicia
social. Eso lo sabemos porque lo hemos vivido y percibido a diario. Si hacemos todo esto,
estoy seguro de que vamos a lograr el liderazgo democrático que nos obliga a un pensar
conjunto.
Quisiera concluir compartiendo con ustedes lo que dijera Alfonso Reyes: "Un pueblo se
salva cuando logra vislumbrar el mensaje que ha traído al mundo". Hemos clarificado
nuestro mensaje que queremos decirle desde aquí al mundo, y lo vamos a continuar en la
próxima reunión en San José de Costa Rica, a la que nos invita el pueblo costarricense,
y en Lima el 2003, a la que nos invitan desde el alma profunda de esta América Latina.
Hemos convenido las tareas, nada más y nada menos. Es lo que ha ocurrido en estos dos
días. Podemos estar satisfechos de ello y regresar ahora para hacer las tareas que nos
hemos comprometido entre todos a hacer y a volvernos a encontrar en San José.
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