| Titulo |
Oportunidades y
riesgos
del ALCA
Edición Nº 62
Mayo - Agosto 2001 |
América,
no te duermas
Otto Boye
Secretario Permanente del SELA
Este acto,
honrado con la presencia -que agradecemos profundamente-, del Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela, tiene varios motivos. El más visible y concreto es la
reinauguración de la sede, cuya reconstrucción fue posible gracias al apoyo otorgado por
el gobierno venezolano y, en particular, por la voluntad del propio Presidente. Por eso,
al expresarle en este momento el sentido agradecimiento del SELA, de sus funcionarios y,
por cierto, de quien les habla, estoy seguro de estar interpretando, simultáneamente, el
sentir de todos los Estados Miembros.
La reconstrucción merece, además, felicitaciones a todos los que trabajaron, con gran
disciplina y entusiasmo, para realizarla en un plazo muy breve. Felicitaciones al
arquitecto jefe, don Raúl Herrera, y a todo el personal que trabajó bajo su dirección.
Ellos merecen el aplauso de todos nosotros.
Pero, obviamente, no estamos solamente en presencia de la reconstrucción de una sede
incendiada hace casi tres años y medio. Estamos también ante un hecho mayor -que no
comienza en este día, pero que aprovechamos de mencionar-, de relanzamiento de un
organismo internacional que estaba deprimido y que hoy renace, en los hechos, de cenizas
reales, pero también -¡qué duda cabe!- de cenizas simbólicas, que se expresaban en
desaliento, apatía, y hasta en falta de ideas movilizadoras. Un cierto adormecimiento
general, producido por causas muy variadas que no analizaremos esta vez, se había
apoderado de nuestro ser y nos afectaba a todos. Digámoslo sin rodeos: esta situación
reflejaba en gran medida el ánimo prevaleciente en prácticamente toda América Latina y
el Caribe. Después de una "década perdida", la de los 80, con su crisis de la
deuda externa y el fracaso de la región para enfrentarla unida, lo que sembró confusión
y desaliento, tuvimos la década de los 90, que mostró algunas "luces", pero
también, no pocas "sombras", como lo ha establecido la CEPAL en un libro
clarificador de reciente aparición. Entre las principales "sombras" pueden
señalarse, a mi juicio, el debilitamiento de la región como conjunto; la virtual
ausencia de reflexión y de pensamiento sobre su futuro como un todo; el retroceso en los
indicadores sociales sobre equidad y distribución de la riqueza, agudizando, aún más de
lo que estaba, el problema de la pobreza y de la extrema pobreza; la inactividad para
avanzar hacia la construcción de una institucionalidad capaz de llevar a cabo el ideal
integracionista.
Hoy estamos en una coyuntura completamente distinta, en la que vuelven a bullir las
inquietudes y las interrogantes. Los latinoamericanos y caribeños volvemos a preguntarnos
por nuestro destino y por la forma en que vamos a encarar los desafíos de esta hora.
Por eso, este acto también inaugura un Seminario Internacional, titulado
"Integración latinoamericana y caribeña: empresa necesaria y posible". Será
un evento de auténtica y profunda reflexión, a llevarse a cabo, mañana y pasado
mañana, en esta reconstruida casa nuestra, casa de América Latina y el Caribe. ¡Con
qué alegría lo decimos! Queremos hacer, una vez más, un serio esfuerzo por ver con
claridad nuestro camino y aportarlo a todos los Estados Miembros del SELA, comenzando por
sus autoridades máximas, a quienes haremos llegar las conclusiones sustantivas de este
encuentro a la brevedad posible.
Para abrir, entonces, este Seminario, en este acto cargado de tantos significados, y
buscando la mejor forma de referirme a lo que está pasando en nuestra región y a lo que
debemos hacer para superar este momento, me encontré con un poema breve, de apariencia
misteriosa, titulado "Patria mía", que me conmovió e inspiró. Su autora, de
nacionalidad paraguaya, Lourdes Espínola, en su libro titulado "La estrategia del
caracol", expresa, en pocas palabras, ideas que merecen desarrollo y que dibujan
bastante bien lo que estamos viviendo y los pasos que debemos dar. Este es el poema:
América: acuéstate callada al lado mío
deja caer tu pelo en mi almohada,
aprieta junto a mi cuerpo
el cobre estirado de tu piel...
Déjame contarte de David y Goliat,
de los libros que escribí,
de los papeles que tiré,
de cada palabra: verso y prosa,
para saberme siempre hablando
en la casa del extraño...
yo sé que tu palabra fue el silencio,
oprimida la sílaba
humillado el vocablo.
América: amante-mía
no quiero que te duermas...
quiero contarte un mito,
déjame, amor, que te hable
de David y Goliat.
Sin desconocer el valor de otras ideas aquí contenidas, hay aquí dos que me parecen
claves y que permiten iniciar esta suerte de meditación junto a ustedes. Voy a detenerme
en ellas por un momento. En dos ocasiones de su poema, la autora expresa el deseo de
contarle a América el mito de David y Goliat. Ello nos obliga a repasarlo. Y en otro
lugar, le dice a su amante, a América: "no quiero que te duermas".
¿Qué mensajes nos ofrecen estos deseos, expresados con tanta economía de palabras?
Iremos por partes.
David y Goliat
La Biblia relata lo sucedido entre David y Goliat, queriendo ostensiblemente representar
el triunfo del espíritu, encarnado en el débil David, sobre la fuerza y el poder,
personificados en el experimentado e imponente Goliat. Y, como todos sabemos, David, con
un arma pequeña, una simple honda, lo derrota y salva a su pueblo, Israel, de la
servidumbre, que era el precio a pagar si el derrotado era él. Hay un detalle
impresionante en este relato. Cuando David, que era casi un niño y laboraba como pastor
de ovejas, acepta el desafío de luchar contra Goliat, tratan de armarlo como a cualquier
guerrero y fracasan estrepitosamente. El pobre David no logra siquiera caminar. Entonces
él, por propia iniciativa, se despoja de todo lo que le pesaba y decide enfrentar a su
enemigo con su arma sencilla, casi ridícula, como era su honda. Al comenzar la lucha,
Goliat, mirando a su adversario y al verlo tan frágil, se ríe de él y le anuncia que lo
va a matar. El pequeño pastor de ovejas le dice entonces que tiene a Dios de su parte y
le vaticina que por eso lo derrotará. Cuando el joven y débil muchacho cumple su palabra
ante el estupor de todos, el narrador bíblico no logra ocultar su admiración y exclama
que David logró su objetivo "sin tener espada en su mano". La lección parece
clara: ¡el espíritu puede vencer al que aparece como el más fuerte! ¡Las armas
sencillas y livianas pueden llegar a ser más eficaces que las más complicadas y pesadas!
En la historia de la humanidad, más allá de las apariencias, muchas veces David ha
derrotado a Goliat.
Ahora bien, ¿Cómo podemos aplicar a nosotros, acogiendo la invitación de la poetisa
paraguaya, esta hermosa leyenda bíblica?
El mensaje de hoy
Cerremos por un momento los ojos e imaginemos que América Latina y el Caribe son el
Israel del citado relato, el pueblo protegido por Dios. ¿Quién representa a Goliat y
dónde podríamos encontrar a David?
No conozco las intenciones de la autora, pero la historia de casi 200 años de
independencia, dentro de un cuadro bastante variado, nos permite ensayar una respuesta.
Para no ir demasiado lejos, digamos que durante más de 100 años Goliat estuvo claramente
encarnado dentro de nosotros mismos. Fue criatura nuestra y se manifestó a través de
guerras civiles; de caciques, caudillos y verdaderos matones de barrio que gobernaron
dictatorialmente y con total impunidad; de potencias coloniales que ocuparon muchos
territorios; de conflictos fronterizos interminables y desavenencias múltiples. Pero
también comenzaron muy pronto a imponerse otros Goliats, esta vez situados fuera de la
región latinoamericana y caribeña, que imponían la ley e intervenían en muchos de
nuestros países. Sabemos que hubo numerosos momentos críticos durante el propio siglo
XIX y todo siglo XX.
Hoy las cosas son más complejas, pues, a partir de los años 70 del siglo XX, se ha
comenzado a imponer y expandir la globalización, ella está produciendo sus propios
Goliats. Ellos no nos inquietan y retan solamente a nosotros, sino también a crecientes
sectores del propio mundo desarrollado, como ha quedado en evidencia, una vez más, en los
sucesos de Génova hace pocos días. Para nuestra región se trata de fuerzas más sutiles
y peligrosas, porque tratan de dividirnos y mantenernos frágiles y sin destino propio, a
fin de continuar disfrutando de todas las ventajas del "status quo" y ninguna de
las desventajas, aparentes por lo demás, que podría acarrear una asociación equilibrada
y armónica de toda nuestra región. Así, los desafíos son cada vez mayores.
Pero, a grandes desafíos se requieren grandes soluciones. Y, como en el mito bíblico que
hemos estado tratando de aplicar a nuestra situación, necesitamos un David que nos ayude
a liberarnos de la servidumbre.
Puede parecer muy pretencioso lo que voy a decir, pero siento que los países
latinoamericanos y del Caribe tienen su David en el SELA desde hace poco más de 25 años.
Al igual que en el relato, no han podido entregarle armas poderosas, que tal vez no
habría sido capaz de utilizar, sino unas muy limitadas. A pesar de ello, le han confiado
grandes tareas, relacionadas siempre con la gran visión que necesitamos para orientar
nuestro duro camino hacia el bienestar y el desarrollo de toda la región y de todos sus
habitantes dentro de ella. En ellas, más de una vez ha estado en juego su destino, como
sucedió durante la primera mitad de la década de los años 80 con el tema de la deuda o,
como sucedió en ese mismo período, con el restablecimiento de la paz en Centroamérica.
El SELA siempre respondió cada vez que fue solicitado.
Decía que el mito bíblico nos enseña una cosa: la invencibilidad del espíritu. Eso nos
da esperanzas, a la vez que nos muestra un camino de confianza en nuestras propias
energías, por pequeñas que ellas parezcan.
¡No te duermas!
Pero la intuición certera de la autora del poema citado la hace decirle también a
América: "no quiero que te duermas...". ¡Y esta es la segunda clave de su
mensaje! Al igual que David, que más que nunca en su vida, mantuvo todos los sentidos
despiertos para enfrentar con éxito el gran desafío, hoy América Latina y el Caribe no
puede dormirse si quiere jugar un rol en el mundo que viene. ¡No pueden descuidarse! Por
dormirse tuvo que sufrir nuestra región lo que la poetisa paraguaya lamenta en su propio
quehacer: ella, a pesar de su esfuerzo literario, nos confiesa que se sintió siempre
"hablando en casa del extraño". Sintió, además, la asfixia, el dolor y el
sufrimiento de su amada América: "tu palabra fue el silencio, oprimida la sílaba,
humillado el vocablo."
Y aquí me vinculo a lo que estamos viviendo en este momento. Queremos jugar el papel de
la poetisa paraguaya. Contarle a América Latina y el Caribe la historia de su vida, a fin
de que no se duerma y luche, con todas sus energías espirituales, para no ser tragada sin
pena ni gloria por el Goliat de nuestros tiempos, conocido como globalización. Hoy se
puede y debe entrar a ese proceso, porque es un marco impuesto por el desarrollo de la
ciencia y de la tecnología, de la economía y de las finanzas; de hecho ya nos
encontramos atrapados en su dinamismo; pero debemos hacer esfuerzos denodados para
participar con identidad propia, con valores propios, aportando lo mucho que tenemos y que
hemos atesorado a lo largo de siglos. ¡Tenemos el deber y la responsabilidad de ser
"alguien" y no "algo" en este planeta que se hace cada vez más
pequeño!
Somos un espacio y una población que transformó en el pasado la visión del mundo,
demostrando que la tierra no era plana, sino redonda. América Latina y el Caribe no eran,
además, las Indias, que Colón creyó alcanzar por la nueva vía marítima que él había
abierto, sino todo un mundo que los europeos, ¡los Goliats de esa época!, ¡los
globalizadores de esa época!, ignoraban por completo. Poderosos, toscos, ambiciosos
muchos de ellos, no valoraron suficientemente lo que habían encontrado y lo destruyeron
en contadas ocasiones. A pesar de lo que hicieron y, quizá por ello mismo, al final se
abrió paso una fuerza liberadora que los expulsó. Una vez más, David, encarnado ahora
en Bolívar, San Martín, Sucre, O´Higgins, Hidalgo, Morazán, Artigas y tantos más,
derrotó a Goliat e inauguró un capítulo nuevo, una nueva historia. Uno de nuestros
libertadores, como en esta tierra lo sabemos muy bien, dando una gran mirada hacia el
porvenir, tuvo la visión y la voluntad, compartidas por muchos otros, de darle un rumbo
grande a esta nueva historia. Fue Bolívar quien quiso convertir en realidad el ideal de
la Patria Grande y trató de hacerlo en Panamá, en el Congreso Anfictiónico, convocado
por él. ¿Fracasó? Así pareciera ser. Sin embargo, contra todo vaticinio, a veces
contra toda esperanza, el ideal integracionista siguió vivo y continuó proclamándose
como un imperativo categórico de nuestro futuro en todas las oportunidades posibles. Eso
hasta nuestros días. Para mencionar solamente uno de los casos más recientes, en
Brasilia por ejemplo, el 1º de septiembre del año pasado, doce mandatarios de
Suramérica suscribieron la siguiente afirmación en su comunicado final:
"Los Jefes de Estado reafirmaron el compromiso con la integración en América Latina
y el Caribe, meta de política externa que está incorporada a la propia identidad
nacional de los países de la región."
Esto significa que la idea integracionista es más que una idea. Es un compromiso. Y es
más que un invento de la mente. Es una meta inserta en "la propia identidad nacional
de los países de la región". Por lo tanto, como las palabras valen, y valen mucho
más si son dichas por las máximas autoridades de los países de la región, la vigencia
de este tema no está en discusión.
Hoy hemos llegado, sin embargo, a un recodo del camino que puede llevarnos por una
peligrosa senda de fragmentación y abandono, que podrían convertirse en obstáculos
insalvables para la integración. En efecto, el nuevo Goliat, ya no gran guerrero, sino
transfigurado y expresado en la forma de sutiles y tentadores llamados a grandes acuerdos,
nos busca y nos invita constantemente. Se nos dibujan en el horizonte tiempos mejores y se
nos asegura que, ¡ahora sí!, caminaremos hacia un mundo de cooperación, de equidad, de
igualdad de oportunidades para todos, sin explotación ni abuso hacia nuestros pueblos y
hacia los más débiles entre los débiles, los pobres y los indigentes que, hasta ahora,
aumentan y aumentan. Las ofertas lucen atractivas, sobre todo si pensamos en los efectos
destructivos de las crisis financieras que, originadas muchas veces en los confines
antípodas del mundo, se han hecho presentes en nuestra región, destruyendo estabilidades
trabajosamente alcanzadas.
Nuestro llamado es a estar alertas, a no dormirnos y a discernir con inteligencia lo que
debemos hacer frente a este nuevo Goliat. Creo que los latinoamericanos y caribeños,
escuchando esta advertencia, necesitamos otra vez a David, pero a uno también nuevo, ya
no confiado en su habilidad para manejar su pequeña, pero mortífera arma, su honda, sino
equipado de sabiduría y sagacidad para defender nuestros legítimos y verdaderos
intereses. ¡Y esta es la tarea del SELA!
El SELA quiere contribuir precisamente a definir, aportando reflexión serena y visión de
conjunto, los intereses de la región. ¿Acuerdo con Europa? Muy bien. ¡Pero que sea el
mejor posible para el conjunto de América Latina y el Caribe! ¿Ronda del Milenio en la
OMC? Naturalmente, ¡pero con justicia a las legítimas demandas de esta zona del planeta!
¿ALCA? Están participando en su negociación 27 de los 28 Estados Miembros del SELA.
¿Qué buscamos, entonces, aquí? Queremos ayudar a que se logre el mejor ALCA imaginable
para toda la región de Latinoamérica y el Caribe.
En los eventos mencionados la región debe negociar coordinada, con una sola voz, con
firmeza y coraje, con la meta de alcanzar equidad en los acuerdos. Sin equidad para todos,
todos saldrán perjudicados, porque muy pronto se manifestarán las debilidades, no
tardando en entrar en crisis los acuerdos alcanzados y los sistemas creados.
Llegamos así al punto crucial
¿Vamos a hacer, o no, los esfuerzos necesarios para acelerar el paso hacia la
integración latinoamericana y caribeña, evitando de esta manera que nos arrolle la
globalización? ¿Vamos a tomar, o no, las decisiones políticas indispensables para poner
en marcha el gran proceso que la región reclama y necesita? ¿Vamos a ser capaces, o no,
de mirar más allá de nuestras pequeñas realidades y de construir una realidad mayor,
donde todos nos sintamos más cómodos para participar en el desarrollo planetario?
Las preguntas podrían multiplicarse y vienen del alma profunda de nuestros pueblos y de
la experiencia acumulada por la humanidad entera. ¿Cómo vamos a responderlas?
Yo espero una respuesta positiva: ¡Sí! ¡Vamos a integrarnos! ¡Vamos a acelerar el
paso! ¡Vamos a tomar las decisiones políticas requeridas! ¡Vamos a construir un espacio
mayor para nuestros pueblos, a la altura de los tiempos en que estamos!
Esta es mi invitación y el desafío que dejo planteado. Volvamos a colocar en el primer
lugar de la agenda de la región la integración y escribamos así la gran Historia.
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