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Oportunidades y
riesgos
del ALCA
Edición Nº 62
Mayo - Agosto 2001
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A
la ofensiva por la integración
Hugo Chávez Frías
Presidente de Venezuela
Versión resumida y editada del discurso pronunciado por el mandatario venezolano en la
reinauguración de la sede del SELA, en Caracas, el 24 de julio de 2001.
Lo primero que quiero manifestar es que me parece una maravillosa ocasión ésta de
reinaugurar las instalaciones de la Secretaría Permanente del Sistema Económico
Latinoamericano (SELA), destrozadas en un incendio. ¿No sería que el neoliberalismo
mandó a quemarla? El neoliberalismo quería que desaparecieran todas estas instituciones
nuestras y las satanizó.
El SELA, la ALADI, la CEPAL,
todas estas instituciones que nacieron en una época y atendieron necesidades históricas
de definiciones cuando se daba un gran debate en el mundo, pues si bien no las quemaron,
las fueron apartando, las fueron minimizando de muchas maneras, y todavía hay
resistencias que se expresan de múltiples maneras.
Yo quiero con este acto hacer
un llamado a todos nuestros países hermanos a que apoyemos a nuestras instituciones, pero
de verdad, de muchas maneras, financieramente, a tiempo, porque si no ¿Cómo funcionan?
Si no se les cancela la cuota ¿Cómo van a funcionar? Esa es una manera de dejar que se
hundan, es quitarle el oxígeno. A veces en nuestros discursos utilizamos la
grandilocuencia integracionista, pero a la hora de atender a nuestros organismos, donde
hay un grupo de honorables señores y señoras, damas y caballeros dedicados a pensar y a
trabajar para orientar a quienes debemos tomar decisiones transcendentales para nuestros
pueblos, entonces, o no los apoyamos o no los oímos.
Esta reinauguración de la sede del SELA en este día del natalicio de Simón Bolívar es
muy oportuna para comentar sobre este tema de la integración. ¿Qué integración es la
que queremos? Pero no la que queremos solamente, porque muchas veces tengo la impresión
de que tenemos grandes dudas en torno a la integración que queremos. ¿Cuál es la
integración necesaria? ¿Es el ALCA, por ejemplo, el camino? Yo creo que no. El ALCA es
una opción, no es nuestro destino. Ya veremos si nos conviene o no, pero yo, Hugo
Chávez, creo que no nos conviene. Sin embargo, estamos ahí, vamos a ver qué es lo que
pasa con las negociaciones, pero ya los pueblos están pendientes. Ya los trabajadores
están pendientes, porque esas decisiones no podemos tomarla nosotros tampoco. Esa
decisión es tan seria que no podemos reunirnos de nuevo, encerrados detrás de un muro,
protegidos por miles de policías y helicópteros artillados, a tomar una decisión por
millones de seres humanos. No, eso no puede ser así.
Yo me alegro mucho de que los trabajadores estén reuniéndose, trabajadores de todo el
continente, incluso de Estados Unidos, y que hayan tomado a Caracas como sede para debatir
sobre el ALCA y los intereses de los trabajadores del continente. Y los estudiantes tienen
que hacerlo, y los indígenas tienen que hacerlo, y los campesinos tienen que hacerlo,
pues ellos son los dueños verdaderos, no nosotros, de estos países nuestros.
Son los pueblos, y no nosotros, los verdaderos dueños y soberanos de esta dimensión de
América Latina y del Caribe. Entonces son ellos los que tienen que decidir. Yo he
propuesto en Venezuela -y se lo propongo a los hermanos de todo el continente- que vayamos
preparando referenda, para preguntarle a los pueblos si están de acuerdo con integrarse
al ALCA.
La integración es un hecho político, no es un hecho económico, creo que ahí estamos
absolutamente equivocados en América Latina. Lo venimos diciendo y lo seguiremos
diciendo, y hago una invitación a todos, hombres y mujeres del continente, a que no
sigamos caminando por un túnel, como hemos venido caminando en los últimos años, a
veces enceguecidos por ilusiones, por mitos, por falsos paradigmas que nos han llevado a
más de un abismo, como el que transitamos en las últimas décadas y del cual no hemos
salido todavía, estamos lejos de salir de estos abismos en los que estamos.
Aquí llegó esa perversa corriente de que la integración es un hecho económico. No, la
integración económica debe ser, en nuestro criterio, consecuencia y no causa y por eso
es que creemos que hay que volver a Bolívar y a San Martín y a O´Higgins y a Morazán y
a Martí y a cuántos otros. Cuando comenzamos a existir como repúblicas o cuando esta
tierra fue preñada por los pueblos y parió repúblicas, imperfectas, pero repúblicas,
entonces por el continente corría la idea, colocada en su exacta y correcta dimensión,
de la integración política, producto de hechos políticos. La revolución de
independencia fue un hecho político, militar, social, pero nunca vino signado por una
marca original económica. No, eso vendría después, y pensando de esa manera fue que
nuestro gran Libertador convocó el Congreso Anfictiónico de Panamá, porque ya chocaban
en América dos versiones, la Bolivariana aquí en el sur y la de Monroe en el norte,
choque frontal, David y Goliat. En aquella perdió David.
Creo que tenemos que repensarnos profundamente. Yo lo he venido planteando y en verdad hay
resistencias, debo decirlo, pero esto no es para entristecernos ni para bajar la guardia.
Todo lo contrario. Como combatientes que hemos sido, hemos aprendido que cuando la
resistencia es más fuerte hay que darle más duro al ataque, y si no se puede entrar de
frente hay que buscar un flanco y hacer una operación de desbordamiento por el flanco
izquierdo, por el derecho o por debajo, un ataque vertical.
Pero estamos en tiempo de ofensiva y vamos a la ofensiva. Las nuevas fuerzas del
continente vamos a la ofensiva y tenemos que invitar a todos a que nos sumemos a una
ofensiva por el destino de nuestros pueblos, buscar las viejas ideas y hacerlas nuevas,
buscar el aliento popular y traerlo a la batalla, sin él no vamos a ninguna parte, sin el
apoyo de nuestros pueblos no hay batalla que podamos dar, no hay batalla que podamos
ganar. Es con ellos, con nuestros pueblos, y no un acuerdo de élites lo que necesitamos.
Entonces, en ese replanteamiento profundo de nuestros sistemas políticos y de nuestra
integración política, de nuestros sistemas económicos y de la integración económica,
creo que tenemos que mirar, entre otros ejemplos e ideas, la idea bolivariana y el ejemplo
bolivariano, y es necesario que eso lo vayamos lanzando, que corra por todas partes para
irle dando ese aliento popular, ese aliento de nuestras naciones.
Bolívar convocó el Congreso de Panamá, ya lo decíamos, para formar un bloque de
fuerzas políticas y tal cual lo señalaba en su carta de convocatoria a los presidentes
de aquel entonces, proponía "formar un cuerpo político para negociar los asuntos de
la paz y de la guerra, de la economía y de la política, con las otras tres partes del
mundo". Y estamos hablando de 1824. Esa propuesta, derrotada por la propuesta
"monroísta", es hora de volver a retomarla, porque desde entonces se ha
impuesto otra idea en el continente y creo que el planteamiento ALCA es la continuación
de esa misma idea, y creo que ese no es el camino. No, mucho más importante, mucho más
prioritario, mucho más urgente para nosotros y nuestros pueblos, es rediseñar y acelerar
nuestros mecanismos de integración.
Incluso, creo que al mismo tiempo el SELA y su equipo de pensadores, de trabajadores y de
investigadores bien pudiera hacernos recomendaciones acerca de los sistemas económicos
que están funcionando en nuestros países; acerca del sistema económico que nos
quisieron imponer y que bastante daño nos ha hecho y nos sigue haciendo. Y todavía hay
gente que cree en eso, y que hay que respetar, pero yo creo que tenemos que reflexionar
sobre si el modelo neoliberal es el camino. ¿Es ése el camino? ¿Qué dice la historia
de los últimos años con su aplicación, con esos falsos paradigmas de la reducción del
Estado a cumplir sólo funciones policiales, con ese falso paradigma de la privatización
de todo y la práctica eliminación de la república por una "reprivada", que
entonces pasó a ser manejada ya no por el poder político, sino por los sectores
económicos poderosos y no sólo de nuestras naciones, sino de las fuerzas trasnacionales
que manejan la economía.
¿Es ese el camino? ¿Cómo están los niveles de desempleo en nuestros países? ¿Cómo
está la pobreza? ¿Cuál es la curva de los últimos diez o los últimos veinte años?
¿Por qué se habla de la década de los ochenta como la década pérdida? ¿Y la de los
noventa qué fue? ¡Otra pérdida, yo creo que peor! Llevamos dos décadas perdidas.
Algunos lanzan tesis tratando de maquillar, no la de los ochenta, esa la perdimos, la de
los noventa. Esa tesis neoliberal que llegó y arrasó en el continente y clavó sus
garras en la yugular de nuestros pueblos produjo también la década de los noventa peor
que la de los ochenta: pobreza, desigualdad, injusticia terrible, muerte, desnutrición,
millones de seres humanos en el desempleo, en el subempleo, ahí andan en la calle, por
todos lados andan corriendo a ver cómo consiguen el camino que se les perdió.
Definitivamente yo sí creo que hay bastantes evidencias objetivas -como dicen bien los
investigadores- que se pueden demostrar con números, con rostros, con estadísticas
serias, no manipuladas ni manipulables, sino comprobables, creo que hay bastantes
evidencias para decir en nuestro continente que ese no es el camino y que por ahí no nos
vamos. ¿Quién nos va a obligar? ¿Quién tiene tanta fuerza para obligar a un continente
entero?
Creo que en ese ejercicio de repensarnos hay que reencontrar a Bolívar. Sobre los modelos
políticos, sobre los modelos económicos. Me parece interesantísimo este seminario
"Integración latinoamericana y caribeña: empresa necesaria y posible". ¡Claro
que es necesaria y posible! ¡Es necesaria y además es posible, basta que lo decidamos!
Yo no creo que sea tan difícil. Hacen falta decisiones. Para la integración económica
hay muchas trabas. Pero para la integración política sólo bastaría una pregunta, una
buena campaña comunicacional dirigida por los líderes del continente en el ámbito
político, económico, social, educacional, etcétera para preguntarle a nuestros pueblos
¿Desea usted, ciudadano de América Latina y el Caribe, que se integren nuestros países
políticamente, sí o no? Me juego en esa batalla. Eso sí, debemos comprometernos a hacer
vinculante la respuesta. Y que nos dediquemos a trabajar en modelos de integración
política, que hay muchos y pudiéramos inventar otros muchos. Detrás de la voluntad hay
mil caminos, decía Gallegos "llanura venezolana, todo horizonte como la esperanza y
toda caminos como la voluntad". Pero si no hay voluntad, ni un camino habrá. Si
ponemos en juego nuestra voluntad y la de la mayoría de nuestros compatriotas de esta
América Latina-Caribeña, se abrirán mil caminos y bien podremos hacer un esquema de
integración o un plan estratégico para la integración a diez años o a veinte años y
que nadie venga a apurarnos, con eso de que estamos globalizados y hay que integrarse
mañana. No, no, un momentito. Aquí tenemos nuestro plan, nosotros vamos a nuestro propio
paso y tenemos nuestro propio proyecto estratégico.
Lo económico sí, también. ¡Claro que hay que integrarse económicamente! Pero esos no
son los caballos que halan la carreta. Los caballos que halan y deben halar la
integración deben ser los caballos de la política y la sociedad, los liderazgos del
continente. La integración debe comenzar por lo político, convenzámonos de ello. Si no,
estamos destinados al fracaso más estrepitoso.
Y eso es bueno que se debata a todos los niveles. Ahora vienen campañas electorales en
varios países de América. Creo que ese debe ser un tema de discusión. Que se abra ese
debate. ¿Cuál es la integración que queremos? Cada país, por supuesto, es soberano
para tomar sus decisiones, pero sí creo que es conveniente que nos llamemos a esa
reflexión. Y el SELA bien puede ser uno de esos David, porque si son muchos, mejor. Si
conformamos un conjunto de pequeños esfuerzos sumados, eso nos puede dar grandes
resultados. La ALADI -Asociación Latinoamericana de Integración- muchos no saben ni
dónde queda, ni dónde funciona, es la verdad. Pues vamos a hacer que se conozca. Y la
CEPAL. La CEPAL ha lanzado hace poco un documento invitando a retomar la agenda del
desarrollo y sobre todo -agrego yo- el desarrollo humano. Mucho más que la tesis del
desarrollismo industrial o económico, creo que hay que repensar lo político, lo
económico, lo social.
Cuando se habla de un sistema latinoamericano no podemos quedarnos entrampados y esta
sería una de mis solicitudes, como ciudadano, a la Secretaría Permanente del SELA, que
ahora en esta reinauguración, con este nuevo impulso y con todo el apoyo que estamos
dispuestos a seguirles dando, para que cumplan de la mejor manera sus compromisos, su
misión, sus tareas de asesoría, de trabajo, de iluminar caminos, pensemos en el sistema
social, porque no hay sistema económico que no tenga impacto y que no esté
interrelacionado con el sistema social.
La economía es una ciencia social. La economía debe estar, se ha dicho mucho, al
servicio del hombre, pero en nuestros países generalmente se ha puesto al servicio de las
minorías, de unos poquitos seres humanos, y las mayorías depauperadas, empobrecidas,
andan por allí, sin tierra, sin vivienda, sin educación, sin agua potable, sin trabajo.
Entonces ¿Cuál es ese sistema económico que nosotros tenemos? Creo que es necesario
transformar el sistema económico y darle una dimensión socio-económica, que la
economía, de verdad, pero de verdad, se ponga al servicio del ser humano y que, como
decía Bolívar en su discurso de Angostura, le proporcionemos con los sistemas políticos
y económicos la acción de gobierno a nuestros pueblos, la mayor suma de felicidad
posible, a la mayor cantidad de gente posible. Si no, habremos fracasado. Si no, todos
estos esfuerzos perderían sentido, no tendrían trascendencia para nada.
Creo, sin embargo, que estamos en momentos de rectificar. Hay bastantes condiciones
objetivas que apuntan hacia lo positivo para buscar nuevos senderos en el continente. En
lo económico, en lo político, en lo social, en la dimensión ética de todos nuestros
procesos y, como bien lo decía el Secretario Permanente del SELA, en ese proceso
gigantesco, de una inmensa complejidad en el cual se nos irá la vida. Bien, el SELA puede
ser y estoy seguro que va a ser, un David para unir estas fuerzas y derrotar esa pobreza,
ese Goliat, esa muerte, ese desempleo, esa desigualdad.
En este camino contamos con el SELA y cuenta el SELA con nosotros para apoyarlo, para
pedirle, para exigirle, para que juntos podamos hacer realidad la utopía bolivariana de
una América Latina y Caribeña unida de verdad, fortalecida, globalizada pero para la
vida, no globalizada para la muerte, globalizada para la democracia verdadera y no
globalizada para la dominación, globalizada para la esperanza y la felicidad de los
pueblos y no globalizada para la infelicidad de nuestros pueblos.
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