Titulo Oportunidades y riesgos
del ALCA

Edición Nº 62
Mayo - Agosto  2001

Indice

Presentación

América Latina y el Caribe se encuentra frente a un proceso que parece irreversible como lo es el establecimiento del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que ha recibido recientemente nuevos impulsos, como las pautas recogidas en la Declaración de Québec de abril de 2001, al finalizar la Tercera Cumbre Hemisférica, y la divulgación en Internet del primer borrador de acuerdo, el pasado 3 de julio.

Las negociaciones en curso tienen fijadas dos fechas clave: la del 1 de enero del año 2005 para concluir las mismas y la del 31 de diciembre del mismo año, para lograr las necesarias ratificaciones por parte de los Parlamentos a fin de poner en vigencia el ALCA.

Frente a compromisos y fechas tan precisas, y cada vez más próximas, y dado el empeño que Estados Unidos está poniendo para acelerar la concertación del ALCA, si los países latinoamericanos y caribeños no logran acordar criterios y unificar posiciones, el ALCA resultante podría surgir más bien de una suerte de contrato de adhesión y estar bastante alejado de sus expectativas y necesidades y sobre todo del logro de un acuerdo balanceado. Al respecto, se trata de establecer modalidades de acción concertadas, que permitan llevar adelante los tramos decisivos de esta negociación superando las disparidades e intereses disímiles existentes en diversos aspectos concretos, producto de sus diferencias en tamaño y grado de desarrollo.

Por tratarse de un asunto de tanta trascendencia para el futuro de nuestra región, la Secretaría Permanente del SELA ha tomado una serie de iniciativas con el objeto de contribuir a la necesaria discusión de este asunto y arrojar luces sobre la materia. Como un primer paso en ese sentido, esta Secretaría ha encomendado la realización de tres estudios iniciales sobre las implicaciones y oportunidades del ALCA para la Comunidad Andina, el MERCOSUR más Chile y los países del Gran Caribe, cuyas versiones "ejecutivas" forman parte de los artículos que constituyen el tema central del presente número de CAPITULOS.

Más allá de las diferencias de enfoque y contenido en estos trabajos, propios de la consideración de realidades subregionales tan complejas como específicas, todos señalan que un resultado balanceado de las negociaciones, comprensivo de los intereses de los países de la región, dependerá de que se logre: a) una apertura efectiva de los mercados de EEUU y Canadá a los productos de mayor competitividad de la región; b) un reconocimiento efectivo de las diferencias en los niveles de desarrollo y tamaño entre los países participantes y se contemplen medios y mecanismos correctores eficientes; c) un esfuerzo sostenido de los países latinoamericanos y caribeños para profundizar sus propios procesos de integración y hacer más convergentes sus esquemas subregionales. Aunque no se llegue de una vez a la vocería única, las representaciones subregionales unificadas y el intercambio de información y de experiencias, constituyen un necesario principio de concertación para el fortalecimiento de las posiciones, capacidad de negociación y atención de los requerimientos de los países latinoamericanos y caribeños.

Junto con el análisis de los retos y oportunidades -desde el punto de vista económico y comercial, principalmente- que implica para nuestra región la constitución de una zona hemisférica de libre comercio, se examina también el tema de la problemática lingüística que surgirá del incremento del intercambio comercial y de actividades en un continente donde coexisten 780 millones de personas y más de mil lenguas diferentes. Ello, a menos que los Jefes de Estado del continente asuman la responsabilidad de adoptar medidas a favor del desarrollo de una estrategia en materia lingüística.

El destacado intelectual brasileño Helio Jaguaribe analiza, en profundidad, la interrogante que se ha formulado en torno a si el establecimiento de un sistema panamericano de libre comercio implicará la desaparición de los esquemas de integración que existen en América Latina y el Caribe. En su opinión, los mecanismos de integración son los que permitirán a nuestra región preservar el más amplio margen de autonomía posible y mantener su identidad en el curso de las próximas décadas, cuando estarán bajo "la fuerte presión hegemónica" de Estados Unidos. Sostiene, además, que esta autonomía permitirá a América Latina y el Caribe hacer una relevante contribución "de la cual no se tiene todavía una debida apreciación" en la configuración de un nuevo orden mundial multilateral "más equitativo y sin hegemonías dominantes".

La necesidad de reforzar la integración regional fue, a su vez, punto de atención a un alto nivel político y académico en las últimas semanas. Sobre este tema se pronunciaron en distintos actos, y aquí recogemos sus apreciaciones, los Presidentes de Chile, Costa Rica y Venezuela, y se realizó un seminario, cuyas principales conclusiones igualmente se reproducen.

Otros dos artículos vinculados al tema de la integración regional y al proceso de globalización cierran esta edición. Uno analiza la viabilidad de lograr la unión entre los países centroamericanos basada en la adopción del dólar estadounidense como moneda local, y el otro hace un balance sobre los primeros diez años de vida del MERCOSUR y las pautas que debe plantearse para lograr su inserción en el sistema económico internacional, el cual condiciona los objetivos internos tanto del grupo como de cada uno de sus países miembros.

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