Algunos principios generales para
alcanzar el crecimiento sostenido
El estadounidense Robert Solow obtuvo el Premio Nobel de Economía por sus contribuciones
a la teoría del crecimiento económico, y ello le da la autoridad para asegurar sin
ambages que no existe ninguna receta universal que permita producir un crecimiento
sostenido de la productividad y los ingresos de la misma manera en todas partes del mundo,
como si fuese un pollo horneado, el cual se prepara más o menos de la misma forma
en cualquier lugar. Sin embargo, sí existen, en su opinión, ciertos principios
generales a los cuales se refiere en el siguiente texto que representan un
buen punto de partida para alcanzar tan deseado objetivo.
Some General Principles to Attain Sustained
Development
Robert Solow, of the United Sates, was awarded the Nobel Prize in Economics for his
contributions to the theory of economic development. It is with authority, then, that he
states directly that there is no universal recipe for obtaining sustained growth in
productivity and income throughout the world, as if it were a broiled chicken that
is cooked more or less the same way in all places. Nevertheless, he adds that there
are some general principles that can provide a starting point to achieve the desired
objectives. In this article he reviews these general guidelines.
Quelques principes généraux pour parvenir à une
croissance soutenue
Laméricain Robert Solow sest vu décerner le prix Nobel déconomie
pour sa contribution à la théorie de la croissance économique, ce qui lautorise
à affirmer sans ambages quil nexiste aucune recette universelle permettant
une hausse soutenue de la productivité et des revenus dans toutes les régions du monde
«comme sil sagissait dun poulet rôti au four, dont le mode de
préparation est pratiquement le même partout». Il juge toutefois que certains principes
généraux, auxquels il se réfère dans le texte ci-après, constituent un bon point de
départ pour atteindre cet objectif si convoité.
Alguns princípios gerais para atingir o
crescimento sustentável
O norte-americano Robert Solow ganhou o prêmio Nobel de Economia por suas contribuições
à teoria do crescimento econômico; isso lhe permite assegurar que não existe nenhuma
receita universal que permita um crescimento sustentável da produtividade e da receita
igual em todas as partes do mundo, como se fosse um frango assedo que se prepara
mais ou menos da mesma maneira em qualquer lugar. No entanto, o que existe sem
dúvida são certos princípios gerais aos quais se refere no seguinte texto
que representam um bom ponto de partida para atingir tão desejado objetivo.
Es un gran honor para mi dirigirme a esta
importante asamblea, en primer lugar en mi calidad de economista activo y en segundo lugar
en mi carácter de presidente en ejercicio de la Asociación Económica Internacional
(IEA). A diferencia de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba y las restantes
asociaciones que se encuentran representadas aquí, la IEA no está constituida por
economistas individuales, sino que sus miembros son asociaciones nacionales de
economistas, entre las que se cuenta la asociación cubana. Espero que las demás
asociaciones nacionales de la región de América Latina y el Caribe se adhieran a la IEA
en caso de que no sean aún miembros de la misma.
Durante mucho tiempo, la IEA fue casi completamente una actividad de economistas
académicos de Europa y Norteamérica. Auspiciaba pequeñas conferencias de especialistas,
publicaba libros y celebraba numerosos debates de relevancia sobre temas ubicados en la
frontera intelectual de la economía. Esta función parece menos importante ahora, porque
ha sido absorbida por asociaciones nacionales y por la publicación de revistas
académicas y distintos documentos de trabajo que se leen en todas partes del mundo. No
fue hace mucho que la IEA llegó a la conclusión de que la función más útil que
podría desempeñar consistía en contribuir a mejorar las condiciones de la
investigación económica en Africa, Asia, el Medio Oriente, América Latina, el Caribe y
las economías en transición de Europa Oriental y actuar como una especie de cámara de
compensación para la integración continua de los economistas profesionales de esos
lugares en la comunidad mundial de economistas. El aislamiento es sumamente perjudicial
para el progreso intelectual, por lo que espero que la IEA pueda contribuir a vencerlo en
aquellos sitios en donde existe.
La IEA aún celebra ocasionalmente pequeñas conferencias de expertos y pretende continuar
auspiciando su serie ordinaria de congresos mundiales, que tienen lugar todos los años.
El más reciente se celebró en Buenos Aires en 1999. Imagino que algunos de quienes nos
acompañan hoy aquí participaron en esa reunión. El próximo congreso mundial ha sido
programado para el año 2002, posiblemente en Portugal, y espero que muchos de ustedes
tengan la oportunidad de asistir.
La IEA también ha comenzado a trabajar con las Redes Regionales de Desarrollo del Banco
Mundial en la formación de una Red Mundial para el Desarrollo. Este proyecto está bien
encaminado. Las Redes Regionales de Desarrollo son simplemente lo que sugiere su nombre:
redes de economistas de distintos países de una región que ofrecen una manera organizada
de compartir ideas, reflexionar acerca de los problemas de los demás y dedicarse a
proyectos conjuntos de investigación. Por su parte, la Red Mundial para el Desarrollo
espera incentivar las mismas actividades en todas las regiones. Ya se ha iniciado el
primer proyecto conjunto de investigación, el cual se refiere a las Fuentes de
Crecimiento Económico. Por medio de estudios paralelos ejecutados en cada región donde
se empleen métodos comunes, esperamos que la comparación de resultados ponga al
descubierto algunas generalizaciones útiles sobre el proceso de crecimiento económico
que se ha manifestado en circunstancias sumamente diferentes y que, por ende, sugiera
maneras exitosas de plantear políticas. La IEA ha participado en la planificación y
revisión de los primeros documentos. Actualmente, se está preparando un libro que los
contiene y tengo intenciones de escribir su capítulo introductorio una vez que esté
listo.
Una de las cosas que he aprendido como observador de esta primera etapa de la Red Mundial
para el Desarrollo es que el conocimiento proviene del uso de un marco teórico común y
un procedimiento empírico común cuando se estudia el desarrollo de distintas economías
nacionales. Sin esta disciplina, nunca sabremos si surgen conclusiones contrastantes,
puesto que los detalles de la realidad difieren de un lugar a otro y los sesgos
metodológicos generan resultados distintos incluso cuando se aplican al mismo material.
Sin embargo, también he aprendido que la flexibilidad inteligente es necesaria en este
tipo de análisis comparativo. La realidad puede diferir de un lugar a otro en formas que
no pueden percibirse con tan sólo variar los parámetros de algún modelo dúctil. Por
ejemplo, dos economías pueden responder de manera diferente al mismo shock,
principalmente porque han tenido historias diferentes que han dejado en sus instituciones
distintos reflejos y capacidades y en su gente diferentes formas de interpretar lo que ven
y decidir cómo reaccionar.
Un ejemplo evidente de ello es la manera en que las decisiones que se adoptaron tras el
desmembramiento de la Unión Soviética prestaron muy poca atención a la necesidad de
reconstruir una infraestructura institucional que fuese capaz de sobrellevar el peso de
una economía de mercado y desempeñar las funciones que un sistema de mercado requiere
para poder funcionar eficiente y equitativamente.
No existe ninguna receta universal que permita producir un crecimiento sostenido de la
productividad y los ingresos de la misma manera en todas partes del mundo, como si fuese
un pollo horneado, el cual se prepara más o menos de la misma forma casi en cualquier
lugar. No obstante, considero que existen ciertos principios bastante generales,
enraizados tanto en la teoría como en la práctica de la economía, que vale la pena
analizar. Y deben ser generales, precisamente porque habrán de aplicarse de distinta
manera dependiendo de las circunstancias. Sin embargo, representan un buen punto de
partida.
El primero de estos principios ya ha sido mencionado indirectamente. Una sociedad que
desea registrar un progreso económico sostenido necesita una infraestructura legal (o
consuetudinaria) que permita hacer valer contratos de buena fe, proteger a las personas y
los grupos de interferencias arbitrarias, garantizar la disponibilidad de información
necesaria y establecer claramente los límites de las conductas económicas permisibles.
Dichas reglas no tienen que ser las mismas en todas partes, aunque cierta cantidad de
armonía podría resultar saludable para el comercio y la inversión extranjera.
La realidad más profunda es que cualquier economía moderna necesariamente implica una
red compleja de transacciones conjuntas útiles, que por lo general se extiende hacia el
futuro. Probablemente es inevitable que el resultado final sea en cierta medida incierto.
Las reglas del juego se establecen para evitar incertidumbre innecesaria. Quizás yo no
sepa si mi cliente, prestatario o empleador podrán pagar, lo cual se denomina riesgo
comercial. El sistema legal me puede dar cierta seguridad de que, si la persona puede
pagar, lo hará. Dado que la incertidumbre puede inhibir acciones y transacciones que de
otro modo serían productivas, siempre le convendrá a la actividad económica que
mantengamos la incertidumbre al mínimo nivel que lo permitan la tecnología y la
naturaleza humana.
Toda infraestructura legal está aunada a una infraestructura administrativa y eso, de
hecho, es burocracia. Todo lo que he manifestado se aplica igualmente a la necesidad de
contar con una burocracia confiable, imparcial y bastante honesta que pueda hacer cumplir
las leyes y normas. Decir esto es como recordarles que toda institución social es
manejada por personas de carne y hueso y no podrá funcionar mejor en la medida en que
ellas no lo permitan.
El segundo principio general que deseo mencionar es que la competencia suele ser saludable
para la economía. Un sistema donde se suprime la competencia probablemente no
experimentará una productividad elevada y de rápido crecimiento. Todo economista conoce
los argumentos de los libros de texto que muestran cómo y por qué el monopolio tiende a
desperdiciar recursos y restringir la producción. Esos argumentos son ciertos, pero yo
tengo en mente un costo económico más importante ligado a la ausencia de la presión de
la competencia sobre los productores.
Son contundentes las evidencias de que las empresas que se protegen de la competencia
tienden a ser menos activas. Puede que sean lentas adoptando nuevas tecnologías y logran
una productividad inferior a la que podrían tener con la tecnología que emplean.
Organizan la producción ineficientemente, escogen una combinación de productos que no se
corresponde muy bien con los deseos del consumidor y no son muy eficaces controlando la
calidad. La competencia las obliga a mejorar para sobrevivir. Hace mucho tiempo, John
Hicks comentó que el mejor beneficio que aporta el monopolio es una vida
tranquila y esa observación encierra una gran verdad.
El tipo de presión competitiva que se requiere puede provenir de numerosas fuentes:
adversarios locales, importaciones, trasplantes de empresas extranjeras que han alcanzado
buenos hábitos de producción, o proveedores de capital de inversión, quienquiera que
sea.
El tercer principio general se desprende de estas consideraciones: las economías abiertas
se desempeñan mejor que las protegidas, fundamentalmente porque la apertura impone una
disciplina competitiva. Las ganancias clásicas del comercio son suficientemente reales,
pero me inclino a pensar que los mayores beneficios de la apertura se derivan de la
adquisición de nuevas tecnologías y conocimientos técnicos industriales, así como del
acceso al capital.
Todos han aprendido la lección en virtud de la cual la inversión directa es mejor que la
inversión extranjera en carteras. Evidentemente, los países en desarrollo tienen derecho
a protegerse de esa suerte de corriente de fondos a corto plazo que fluyen en ambas
direcciones. Estas naciones tienen poco que ganar de aquella inversión extranjera que no
participa a largo plazo en el éxito de la economía local. Es importante lograr esa
protección usando medios que favorezcan la eficiencia interna. Por ejemplo, parece más
conveniente limitar el ingreso que la salida de capitales Chile ha experimentado en
este sentido y hacerlo de manera que se propicie la inversión directa por encima de
la inversión en carteras. Aquello que se haga no debería ser, y mucho menos parecer, una
forma de protección disfrazada. La experiencia nos enseña que la protección de la
industria local de las importaciones y trasplantes tiende a ser una receta para el
nepotismo y la corrupción y una perenne baja productividad. Obviamente, destaco la
productividad interna, porque es el único factor determinante permanente del nivel de
vida local.
El cuarto comentario que deseo hacer es que todo país en desarrollo (y toda nación
desarrollada, si a ver vamos) necesita contar con un sistema tributario que satisfaga
ciertos criterios generales. Naturalmente, el primero es que debería recaudar suficientes
ingresos y de manera equitativa, de acuerdo con la capacidad de pago. También resulta de
vital importancia que se defienda a este sistema tributario de la corrupción. Este es un
aspecto sumamente importante de la infraestructura legal a la cual hice referencia
anteriormente.
A menos que el sistema tributario produzca suficientes ingresos para financiar las
funciones gubernamentales importantes, probablemente se demostrará que es irresistible la
tendencia a tratar de cerrar la brecha mediante una expansión monetaria excesiva, con sus
consiguientes consecuencias inflacionarias y desviación de los recursos de la actividad
productiva hacia la especulación y búsqueda de renta. Me temo que es cierta esta parte
del saber convencional, lo que hace aún más importante para el desarrollo el
establecimiento de un sistema tributario adecuado y equitativo.
Existe aún otra consideración. Un sistema fiscal en la vida real creará incentivos que
favorezcan algunas actividades y desalienten otras, que las ubiquen en un sitio en lugar
de otro y así sucesivamente. Estos efectos deben tomarse en cuenta en el diseño de un
sistema tributario. No es de extrañar que diseñar un buen sistema fiscal sea una tarea
difícil para la cual no existe ninguna regla universal. Este es otro tema donde la
historia y cultura local, así como las actitudes, pueden tener peso. A veces me pregunto
porqué más países en desarrollo y naciones en transición no consideran más seriamente
la posibilidad de aplicar un impuesto a las tierras. Las economías avanzadas experimentan
dificultades obvias que aparentemente serían débiles en las etapas tempranas del
desarrollo.
El quinto y último principio que deseo proponer es la necesidad de ofrecer alguna suerte
de red de seguridad a aquellos que queden rezagados en el proceso de desarrollo o
transición. Esta no es una idea secundaria, sino una parte absolutamente esencial de
cualquier estrategia de desarrollo rápido. El daño que ocasiona el descuido tiene su
manifestación más patente en la desaparecida Unión Soviética, pero la necesidad está
presente en todos aquellos lugares donde se produce un cambio masivo rápido. Obviamente,
ésta es una de las razones principales por las cuales los gobiernos necesitan ingresos.
En este caso también, el tema de los incentivos diferenciales debe considerarse como
parte del problema del diseño. El contexto que mejor conozco es el de mi país, por lo
que tomo ejemplos de allí. Si un objetivo social consiste en estimular el trabajo,
entonces un crédito tributario por ingresos devengados es mucho mejor que cualquiera otra
modalidad de asistencia pública. Si la limitación del crecimiento demográfico es un
objetivo social importante, entonces ello deberá tomarse en cuenta al diseñar las
políticas de asistencia social y la forma en que ésta afecta a hombres y mujeres, por
ejemplo. Se podría agregar mucho más sobre este tema de lo que mis conocimientos me
permiten decir.
Me detendré aquí, no porque no existan otros principios generales que ameriten ser
divulgados, sino porque no conozco suficientemente los problemas del desarrollo y la
transición para plantearlos cuidadosamente. Sin embargo, sólo porque soy un extraño, y
particularmente un extraño estadounidense, deseo hacer un comentario más. Quisiera
recordarles que aunque existen varios principios generales por los cuales vale la pena
regirse, no es necesario que otras sociedades adopten exactamente las alternativas
políticas e institucionales por las que optaron Estados Unidos o las naciones europeas.
En efecto, según mis patrones, Estados Unidos ha sido un muy mal ejemplo en algunos
aspectos. Por ejemplo, su sistema tributario no es muy progresista y a la nueva
administración le gustaría que lo fuese aún menos si pudiese lograrlo. Resta aún ver
si el gobierno de Bush logrará la aprobación por votación de una gran reducción de
impuestos que favorecería a la clase pudiente. Para referirnos a otro ejemplo, Estados
Unidos crea y permite más desigualdad y pobreza que la necesaria o deseable. El sistema
de educación primaria, secundaria y profesional funciona mal; son demasiadas las
personas, tanto niños como adultos, que no poseen un acceso satisfactorio a la atención
médica y la frágil y errática red de salud resulta insuficiente para las dimensiones
del problema que persiste en un país tan rico.
Cada una de las áreas de política que he mencionado puede manejarse con base en
preferencias y experiencias. Es importante que, de
alguna manera, ustedes mantengan una posición de apertura ante el comercio y los
movimientos de capital a largo plazo, que den cabida a la competencia, que produzcan
algunas leyes y normas claras y seguras que ofrezcan la transparencia y garantía
contractual que la industria requiere para desarrollarse, que introduzcan alguna forma de
tributación progresista que estimule a las empresas, que velen de alguna manera por
aquellos que se encuentran seriamente en desventaja por la obsolescencia de sus
habilidades o rezagados por los cambios inesperados en la naturaleza y ubicación de la
industria.
Existe más de una manera de alcanzar dichos objetivos y las distintas culturas nacionales
preferirán naturalmente formas distintas de hacerlo. No obstante, cada sociedad deberá
asegurarse de que realmente esté dedicándose a su búsqueda de manera eficaz y no
evadiendo decisiones difíciles refugiándose en lemas vacíos que suenan bien.
El tema de esta conferencia es globalización y desarrollo. El único aspecto en el que la
globalización cumple con los principios que he estado planteando es en lo que respecta a
la importancia de la apertura. ¿Es en realidad la globalización más importante que eso?
No estoy seguro. No cabe duda de que la globalización ha magnificado y acelerado la
intrusión del comercio internacional y las finanzas en el proceso de desarrollo y tendrá
tendencia ciertamente a atraer la atención. Sin embargo, no es menos cierto que el factor
determinante del nivel de ingresos de una nación o región continúa siendo su propio
nivel de productividad. El éxito en la adaptación a la globalización proviene del
hallazgo y el aprovechamiento de las oportunidades de emplear el acceso a productos y
capitales extranjeros para incrementar la productividad interna. Ese debe ser el objetivo
de la política económica en esta área.
Al igual que prácticamente todos los economistas, considero que el comercio internacional
abierto y competitivo es positivo para un país que recorre el camino hacia el desarrollo
económico; la protección casi siempre ocasiona más problemas que los que resuelve. Sin
embargo, es importante no reclamar demasiado. En un mundo de rápidos cambios
tecnológicos, y especialmente con un comercio activo de bienes intermedios, siempre es
posible que una industria importante de un país resulte perjudicada por acontecimientos
que estén fuera de su control: el ingreso al mercado de un nuevo competidor de menor
costo o la aparición de una nueva tecnología que reduce la demanda de un bien intermedio
que solía exportarse. No obstante, tanto en la teoría como en la práctica, el
compromiso para con el libre comercio sigue siendo la mejor política a mediano y largo
plazo. Permítanme repetir: el factor determinante del bienestar económico de un país es
su propia productividad, incluso en un mundo de comercio y flujos de capitales activos.
Por último, me gustaría retomar los principios generales que estaba analizando
anteriormente, a fin de señalar una forma estratégica más en que se relacionan entre
sí. Antes de venir a La Habana, naturalmente traté de aprender un poco sobre la
economía cubana. Como casi todas las personas que lo hacen, sentí una profunda
admiración por la prolongada y exitosa inversión que Cuba ha realizado en sus recursos
humanos. La generalización del alfabetismo y de la educación general y técnica, así
como el acceso universal a la atención médica, con su consiguiente reducción
impresionante de la mortalidad infantil, son logros motivo de orgullo. Otras naciones de
América Latina, por no mencionar Estados Unidos, harían bien en aprender del éxito
cubano en estos importantes ámbitos.
El acceso a los servicios de salud y educación son componentes importantes de la red de
seguridad que necesita todo país en desarrollo y desarrollado. Ellos sientan las bases de
la calidad de vida de cada ciudadano y, por consiguiente, limitan el grado de desigualdad
que puede surgir de los riesgos inherentes a toda economía cambiante. Por esta razón,
considero que Cuba se encuentra en una posición más favorable que algunos otros países
para transitar por el camino de la liberalización y tratar de disfrutar de los beneficios
económicos que traen la competencia y la apertura al comercio y la inversión.
La creación de una economía de mercado y su extensión a nuevos bienes y servicios
conllevan riesgos. Algunas personas ganarán y otras perderán, no porque algunos sean
virtuosos y otros no, sino porque algunos tienen suerte y otros no. Confío en que serán
más los que ganen que los que pierdan. De lo contrario, la liberalización sería una
mala idea. Una nación como Cuba que ya tiene, y pretende conservar, los componentes más
importantes de la red de seguridad puede permitirse más el lujo de aceptar los riesgos de
la apertura económica, precisamente porque ya se encuentra protegida contra algunos de
los costos sociales que inevitablemente acarrea la liberalización.
Este tipo de trayectoria podría contribuir a preservar y extender el sorprendente
progreso que Cuba ha experimentado en su adaptación al shock adverso de los años
1989-1990. De otro modo, es probable que sólo se puedan lograr otros beneficios muy
limitados en términos de productividad y nivel de vida. Como persona venida de afuera, no
estoy en posición de aventurarme a sugerir cuáles deben ser los próximos pasos. Sin
embargo, creo que el objetivo general debe ser eliminar las distorsiones más marcadas que
aún persisten y buscar mejorar la eficiencia económica preservando al mismo tiempo, en
la medida de lo posible, la tradición cubana en materia de recursos humanos. Ello
constituiría una contribución creativa a la práctica del desarrollo económico. La
función del análisis económico consiste en entender y facilitar ese proceso.