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Integración: ahora o nunca
Edición Nº 61.

Enero - Abril 2001
III Encuentro Internacional sobre Globalización y Desarrollo
Roberto Verrier
Presidente de la Asociación de Economistas de Cuba

III Encuentro Internacional sobre Globalización y Desarrollo

Desde 1999 se viene realizando en La Habana, Cuba, el encuentro anual internacional sobre globalización y problemas del desarrollo, un foro al que concurren economistas de las más variadas corrientes ideológicas con el propósito de hacer un diagnóstico sobre problemas de nuestra época. En su tercera edición -entre el 29 de enero y el 2 de febrero de 2001- el encuentro dio un nuevo paso al proponer el debate de posibles alternativas al orden vigente “que se reconoce ya como inoperante y explosivo”, según palabras de Roberto Verrier, presidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEAC) y vicepresidente de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe, entidades organizadoras de los encuentros.

III International Meeting on Globalization and Development

The annual international meeting on globalization and development problems has been convening in Havana, Cuba, ever since 1999. It is a forum that gathers economists with the most diverse ideological tendencies to discuss the major problems of today. The third meeting, held from January 29 to February 2, 2001, discussed possible alternatives to the prevailing world order, which is seen as “inoperative and explosive”, in the words of Roberto Verrier, Chairman of Cuba’s National Association of Economists and Accountants and Vice-Chairman of the Economists Association of Latin America and the Caribbean, which organized the meeting.

Troisième rencontre internationale sur la globalisation et le développement

Depuis 1999 se tient chaque année à La Havane, Cuba, une rencontre internationale sur la globalisation et les problèmes du développement; à ce forum participent des économistes venant d’horizons idéologiques très divers qui se proposent d’émettre un diagnostic sur les principaux problèmes de notre époque. La troisième rencontre, du 29 janvier au 2 février 2001, a permis de franchir un nouveau pas en proposant un débat sur les solutions susceptibles de modifier l’ordre actuel «déjà reconnu comme inopérant et explosif», selon les paroles de Roberto Verrier, président de l’Association nationale des économistes et comptables de Cuba (ANEC) et vice-président de l’Association des économistes d’Amérique latine et des Caraïbes, institutions qui organisaient la rencontre.

III Encontro internacional sobre globalização e desenvolvimento

Desde 1999 realiza-se em Havana, Cuba, o encontro anual internacional sobre globalização e problemas do desenvolvimento, um foro no qual participam economistas das mais variadas correntes ideológicas para darem um diagnóstico sobre os principais problemas da nossa época. Na sua terceira realização –entre 29 de janeiro e 2 de fevereiro de 2001– o encontro deu um novo passo ao propor o debate de possíveis alternativas para a ordem vigente “que já se reconhece como inoperante e explosiva”, segundo Roberto Verrier, presidente da Associação Nacional de Economistas e Contabilistas de Cuba (ANEAC) e vice-presidente da Associação de Economistas da América Latina e do Caribe, entidades organizadoras dos encontros.



Queridos colegas de América Latina y del mundo:

“Supongamos, por un momento, que el mundo es realmente una aldea planetaria, tomándonos en serio la metáfora a la que a menudo se recurre para describir la interdependencia mundial. Digamos que esta aldea tiene mil habitantes con todas las características de la raza humana de hoy día, distribuidas en exactamente las mismas proporciones. ¿Qué aspecto tendría? ¿Cuáles consideraríamos que son sus principales problemas?

Unos ciento cincuenta de los habitantes viven en una zona próspera de la aldea, y aproximadamente setecientos ochenta en barrios más pobres. Otros setenta, más o menos, viven en un barrio que está en transición. Los ingresos medios por persona son de seis mil dólares al año y hay más familias de ingresos medios de las que había antes. Pero el 86% de toda la riqueza está en manos de doscientas personas. Mientras que casi la mitad de los aldeanos se esfuerzan por sobrevivir con menos de 2 dólares al día.

¿Quién de entre nosotros no se preguntaría cuánto tiempo puede sobrevivir una aldea en esas condiciones? Esa es la cuestión que debemos encarar en nuestro mundo real de seis mil millones de habitantes.”

Lo que acabo de leer es una breve cita del Informe del Secretario General de Naciones Unidas, elaborado para la Cumbre del Milenio, celebrada en el ocaso del año 2000. En esa magistral síntesis se resume el desencuentro, la paradoja terrible conque los humanos abrimos las puertas del tercer milenio.

En el intento de desatar el terrible nudo gordiano de tal desencuentro, anualmente se reúnen –más bien nos reunimos–como gurúes de la modernidad, expertos de las más disímiles materias y las más insospechadas tendencias ideológicas y políticas de las cuatro esquinas del mundo. Lo lamentable es que casi todas esas reuniones tratan de buscar por separado lo que sólo podrá resolverse de común acuerdo.

Bajo ese razonamiento, hace dos años y medio, en una reunión de economistas latinoamericanos a la que asistía como invitado especial, el presidente Fidel Castro llamó la atención sobre la imposibilidad de que la solución a los problemas globales llegue algún día por el camino de propuestas antagónicas, que suelen ayudar al ejercicio del talento personal y cuando más a levantar verdades y rumbos parciales, pero resultan inoperantes en tanto que nuestros problemas son cada vez más globales.

Con su extraordinaria fe en la posibilidad y capacidad de los hombres para cambiar ese triste destino, en aquella misma reunión, el presidente Castro mostró lo que podríamos considerar uno de los cabos escondidos del nudo gordiano: los economistas latinoamericanos, persuadidos de la necesidad de unir lo que permanece separado, deberían auspiciar un encuentro, al más alto nivel académico, con exponentes de todas las escuelas de pensamiento vigentes y hacer que por fin la discrepancia pruebe su utilidad en el posible consenso.

Durante dos años, la ANEC, la AEALC y Cuba, han logrado en los encuentros internacionales de economistas sobre globalización y problemas del desarrollo, lo que parecía imposible: reunir en un mismo foro de debate, a marxistas, desarrollistas, liberales y neoliberales. Juntos hemos diagnosticado los problemas principales de nuestra época y hemos practicado el difícil ejercicio del consenso. Eso nos situó ante la responsabilidad de plantearnos un segundo escalón en los encuentros: este en que nos hemos propuesto escuchar las posibles alternativas al orden vigente que se reconoce ya como inoperante y explosivo.

De la esperanza a la desilusión, viajan todavía los intentos de alejar a nuestra nave mundo del implacable iceberg que la espera mientras el mercado ciego mueve el timón. La histórica cumbre del milenio, considerada en su momento como el comienzo de una nueva y prometedora época en que se buscaría alcanzar el desarrollo de todos los países y acabar con la pobreza, en un plazo digno y consecuente con el veloz crecimiento de la tecnología, parece destinada a quedar en el recuerdo como un acto de ilusión colectiva. Se advierte en las palabras de Kofi Annan durante la última navidad del siglo XX.

Ese día, el secretario general de la ONU reconoció ante la prensa que «ninguna de las metas» de aquella cita «podrán ser alcanzadas a menos que exista un verdadero desarrollo en todo el mundo» y «el desarrollo nunca llegará si no hay recursos», afirmó con desilusión.

Así pues, hace falta desarrollo para alcanzar el desarrollo y el desarrollo nunca llegará si no se asignan recursos, nos dice Annan como aquí hemos afirmado tantas veces, pero también nos dice que la cumbre del milenio falló en el propósito de trasladar a los poseedores de la riqueza, la conciencia de estas verdades de Perogrullo que no sólo conocen, sino que padecen los dueños de la pobreza.

No hay señal ninguna de que las alarmas dejen de sonar, cuando la asistencia al desarrollo en lugar de crecer se reduce, cuando las inversiones continúan siendo insuficientes respecto a las necesidades del desarrollo, cuando la deuda es un arma de presión para imponer políticas que profundizan los desequilibrios, cuando el mercado sigue guiando el rumbo a ciegas.

Los signos de la duda emergen desde el epicentro de los poderes globales. La economía estadounidense, pasada la euforia expansionista y del consumo, comienza a dar señales de una desaceleración, y presagia la pesadilla de una recesión, que tendría catastróficas consecuencias sobre este mundo ya dispar y maltrecho.

Por otro lado, la creciente depauperación del sur de la aldea global está generando un progresivo proceso de migración que, enfrentado por las corrientes xenófobas –nada consecuentes con la globalidad– pueden propiciar un recrudecimiento de la violencia. Las migraciones son manipuladas por los países ricos y poderosos, en un doble juego de rechazo en unos casos y de estímulos en otros.

Colegas:

La gente, harta de desilusiones, ha ido inaugurando un nuevo tipo de batalla contra la hipocresía global.

Foros políticos y económicos, concebidos desde el poder para construir el próximo dictado universal, son asaltados por los representantes de organizaciones también globales, pero sin poder real. Seattle, Praga, Davos dejan un claro mensaje en las paredes del universo: está surgiendo un movimiento cívico más allá de las fronteras nacionales. A la globalización neoliberal ya se opone un fuerte movimiento de resistencia global que busca desarrollar alternativas a todo lo que propone el neoliberalismo. Uno de estos ejemplos es el Foro Social Mundial que se realizó en Porto Alegre (Brasil). Como ellos, nosotros decimos que otro mundo es posible.

Mientras tanto, seguimos insistiendo en la posibilidad del entendimiento, en despertar conciencias, en abrir espacios de discusión creativa. La presencia aquí de varios ejecutivos del BID, de Diálogo Interamericano y del Banco Mundial, cuyos representantes vienen dispuestos a que discutamos sus visiones, perspectivas y políticas, constituyen un estímulo que de algún modo premia los esfuerzos. De la misma manera, por tercera vez hemos invitado a varios ejecutivos del FMI a participar en este debate plural, que incluye necesariamente a sus muy cuestionadas políticas, y no perdemos las esperanzas de contar entre nosotros, en algún momento, con una representación de ese organismo, al que mayoritariamente culpamos de financiar la pobreza.

Algunos nos preguntan si la convocatoria y disposición a atender todos los planteamientos, indica un cambio en el punto de vista de nuestra asociación. Como presidente de la ANEC, creo que mis palabras son clara expresión de las posiciones que represento. Como vicepresidente de la AEALC, recuerdo siempre que somos parte de un conjunto diverso, incluso por momentos discrepante y hasta antagónico que ha comprendido, sin embargo, la utilidad tremenda de esta escuela en la que vamos creciendo como economistas y políticos, a fuerza de escucharnos atentamente unos a otros, alejados de las posiciones inflexibles o extremas y siempre atentos a la gran responsabilidad que tenemos como hijos de pueblos que viajan desde hace siglos en el vagón de cola del desarrollo, esperando la oportunidad que le deben los que se han hecho ricos con buena parte de nuestras riquezas.

Con ese espíritu de diálogo nacieron estos encuentros y así se prolongarán en el tiempo, mientras seamos capaces de darle un sentido y un destino práctico a lo que aprendemos.



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