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Integración: ahora o nunca
Edición Nº 61.

Enero - Abril 2001
Pesadilla en Seattle
Richard L. Bernal
Embajador de Jamaica en Estados Unidos

Pesadilla en Seattle

La Conferencia Ministerial de la OMC realizada a fines de 1999 en Seattle es considerada por muchos como un fracaso, dado que no se alcanzaron los objetivos para los cuales fue convocada. Pero ello no le resta importancia, si se le toma como una experiencia digna de ser estudiada, y sobre la cual un experto se aventuró a sentenciar que “la batalla de Seattle podrá adquirir el mismo valor educativo para los futuros diplomáticos que el que posee Pearl Harbor para los oficiales militares”. El autor de este artículo, quien formó parte de la delegación de su país en esa conferencia, cuenta algunos pormenores de la misma, los factores internos y externos que impidieron que se lograra el consenso y las principales lecciones que se pueden aprender.

Sleepless in Seattle

The WTO Ministerial Conference, held in Seattle at the end of 1999, is seen by many as a failure since the objectives that motivated it were not met. However, this does not make it any less important, particularly if we see it as an experience to be studied. As an expert aptly put it: “The battle of Seattle may in the future acquire for future diplomats the same educational value Pearl Harbor holds for military officers”. The author of this article, who was a member of his country’s delegation to that meeting, discusses some aspects of the conference, the internal and external issues that made it difficult to reach a consensus and the main lessons that may be drawn from it.

Cauchemar à Seattle

La Conférence ministérielle de l’OMC tenue fin 1999 à Seattle fut, de l’avis de beaucoup, un échec en ce qu’elle ne permit pas d’atteindre les objectifs qui furent à l’origine de sa convocation. On ne peut néanmoins minimiser son importance dans la mesure où elle constitue une expérience qui mérite d’être étudiée et sur laquelle un expert a émis ce jugement audacieux: «La bataille de Seattle pourrait acquérir la même valeur éducative pour les futurs diplomates que Pearl Harbour pour les officiers de l’armée». L’auteur de cet article, qui faisait partie de la délégation de son pays à cette conférence, en décrit certains détails ainsi que les facteurs internes et externes qui empêchèrent l’obtention d’un consensus et les principales leçons à en tirer.

Pesadelo em Seattle

A Conferência Ministerial da OMC realizada no final de 1999 em Seattle é considerada por muitos um fracasso, em vista de que não foram alcançados os objetivos para os quais foi convocada. Entretanto sua importância não diminui se a considerarmos como uma experiência digna de ser estudada e sobre a qual um especialista afirmou que “a batalha de Seattle poderá adquirir o mesmo valor educativo para os futuros diplomáticos como o que representa Pearl Harbor para os oficiais militares”. O autor deste artigo, que formou parte da delegação do seu país nessa conferência, relata alguns pormenores da mesma, tais como os fatores internos e externos que impediram a obtenção do consenso e as principais lições que podem ser aprendidas.



Introducción

En la tan esperada Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que se celebró en Seattle del 30 de noviembre al 3 de diciembre de 1999, se abordaron dos temas principales: el primero se refería a si se debía dar inicio a una nueva ronda completa de negociaciones similar a la Ronda Uruguay o limitar las negociaciones a la denominada agenda intrínseca de la agricultura y los servicios de conformidad con el mandato de la última conferencia ministerial. El segundo versaba sobre los asuntos que debían tratarse en las negociaciones y, más específicamente, los temas que debían incluirse en la agenda de la conferencia. Ésta no logró resolver ninguno de los dos temas y culminó en un estancamiento. Se suspendieron las deliberaciones sin que se llegase a ningún acuerdo en torno a una nueva ronda de negociaciones ni a una declaración ministerial. De hecho, la conferencia no produjo ninguna documentación formal y ni siquiera decidió si se celebraría una próxima conferencia ministerial y, en caso afirmativo, cuándo.

Nadie resultó victorioso, pero, y quizás esto es lo más importante, tampoco nadie salió perdiendo en el sentido de haber asumido compromisos o hecho concesiones irreversibles. Las nutridas y bien organizadas manifestaciones no fueron un factor causal, aunque la coalición promotora logró llevar a la opinión pública del mundo entero una amplia gama de posiciones muy sentidas. Tampoco lo fue la ausencia de resoluciones como resultado del perverso manejo de los negociadores, quienes redujeron la conferencia a un teatro del absurdo1. Es esencial que todas las partes interesadas comprendan los sucesos de Seattle y sus razones y aprendan las lecciones de esa experiencia. Al evaluar la importancia de este tipo de ejercicio analítico, un experto se aventuró a señalar: “La Batalla de Seattle podrá adquirir el mismo valor educativo para los futuros diplomáticos que el que posee Pearl Harbor para los oficiales militares”.2

 

I. Seattle

Son cinco los factores que explican las razones por las cuales la Conferencia Ministerial de Seattle finalizó sin consenso en relación con la agenda de una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales.

1. El ambiente político

En primer lugar, esta conferencia podría calificarse de políticamente prematura en numerosos sentidos, puesto que del proceso preparatorio de Ginebra no había emanado un consenso amplio. Se manifestó algo más que un ligero egocentrismo político, tanto nacional como personal, que motivó la sugerencia y la adopción de la idea de la ronda del milenio. El apoyo político fue poco y no se consideró con suficiente detenimiento la idea como para poder emprender una tarea tan compleja como ésa. En años precedentes, antes del lanzamiento de una nueva ronda, los países desarrollados y los de mayor actividad comercial habían llegado a un acuerdo en torno a un conjunto básico de aspectos y luego se habían ocupado de tratar de persuadir al resto del mundo para que adoptasen su agenda. Sin embargo, la de Seattle se inició sin consenso o acuerdo y ni siquiera coordinación entre la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, hecho que se puso claramente de manifiesto en las deliberaciones.

En segundo lugar, la situación de la política interior de Estados Unidos desempeñó un papel importante en esta falta de momentum. La administración de Bill Clinton se concentró en los asuntos de política interna, lo que le restó capacidad para dirigir el proceso de la OMC de manera determinante, y el proceso preparatorio estuvo desprovisto de un esfuerzo estadounidense concertado debido a la preocupación por llegar a un pacto comercial con China después de trece años de negociaciones.

El discurso que Clinton pronunciara en Seattle no contribuyó a mejorar esta reunión ya incierta, puesto que parecía condonar las manifestaciones, y sus comentarios sobre las sanciones, a las que describió como un castigo por no haberse acatado las leyes laborales, ofendieron a numerosas delegaciones. Aunque los comentarios fueron interpretados –de manera generalizada– como dirigidos a un público interno en un año electoral3, cuando la contribución financiera y laboral de los trabajadores organizados era crucial, despertaron “sospechas de las intenciones occidentales”4 entre los países en desarrollo. En Seattle, las partes negociadoras estaban convencidas de que en 2001 podría cambiar radicalmente la posición de Estados Unidos en relación con numerosos temas propuestos para ser incluidos en las negociaciones, tales como las diferencias entre los demócratas y republicanos en asuntos como trabajo y ambiente y cómo deberían abordarse en los acuerdos de comercio internacional. También se manifestó preocupación en el sentido de que Estados Unidos no tuviese la posibilidad de recurrir a la “vía rápida” (fast track) en esa oportunidad y no parecía probable que este tema legislativo pudiese resolverse antes de la toma de posesión del próximo presidente. Irónicamente, la bonanza económica sin precedentes que experimentaba la economía estadounidense no mitigó las crecientes exigencias proteccionistas. Por el contrario, debilitó el tradicional trabajo de cabildeo ruidoso de los grupos comerciales.5

En tercer lugar, parte del problema estribó también en que Estados Unidos parecía tener otras prioridades en esos momentos. La negociación con China había consumido una cantidad inusitada del tiempo de los principales negociadores norteamericanos, tiempo que, de haber sido canalizado hacia el proceso de la OMC, habría generado resultados marcadamente diferentes. La firma de los acuerdos de libre comercio con Suráfrica en el mes de octubre6 y de un borrador de acuerdo de libre comercio con México menos de una semana antes de la Conferencia de Seattle constituyó una señal ambigua que enviara Estados Unidos en relación con su compromiso para con el multilateralismo.7 Además, la preparación de la Unión Europea, actor clave, se vio severamente afectada por el “vacío político de seis meses” que se produjo a raíz de la renuncia en masa de la Comisión Europea.8 Al mismo tiempo, muchos países en desarrollo, que han adoptado enérgicamente un régimen en el que priva una considerable liberalización del comercio, están contemplando con grandes reservas la posibilidad de continuar con la tendencia liberalizadora debido al descontento popular. Diálogo Interamericano advierte que “crece el escepticismo en torno a si el gobierno democrático y las políticas económicas de mercado podrán alguna vez satisfacer las demandas de los ciudadanos latinoamericanos. Para la mayoría de los latinoamericanos, la democracia y los mercados continúan en el banquillo.”9

La producción de las economías asiáticas en 1998 se estancó o cayó por primera vez en veinticinco años.10 Con pocas excepciones, especialmente Singapur, los países de esta región tenían poco “apetito” de negociaciones11 pues se sentían cansados tras haber vivido dos años de recesión como resultado de una crisis financiera sin precedentes. Si bien se había manifestado cierto interés en reducir los aranceles aplicados a los artículos industriales, había cierta renuencia a abrir el sector financiero a las empresas extranjeras y someter a algunas industrias manufactureras a la competencia externa. Malasia daba muestras de un creciente recelo en relación con la liberalización y se mostraba paranoica ante la idea de las empresas multinacionales y los comerciantes en moneda global. Las naciones más desposeídas perdieron la fea causa del proteccionismo arraigado que restringía las exportaciones de textiles y prendas de vestir. Los países asiáticos no estaban de ánimo para cooperar con Occidente dado que persistía el antagonismo surgido desde que Estados Unidos se rehusara a apoyar la designación de Supachai Panitchpakdi, de Tailandia, como Director General de la OMC.12

Un claro presagio fue el fracaso del intento de último minuto que hiciese la Casa Blanca por lograr que treinta jefes de Estado se uniesen al presidente Clinton en Seattle. Su ausencia fue un reconocimiento de que habían llegado a la conclusión de que la conferencia de Seattle probablemente sería un fiasco. Este sentido agorero incluso contagió a los altos funcionarios de Washington D.C., quienes se percataron de que las probabilidades de fracaso eran muy superiores a las que nadie estaba dispuesto a admitir en público.

En cuarto lugar, la conferencia ministerial tuvo lugar en el contexto de una creciente “globafobia”13, es decir, aprehensión a la liberalización del comercio y la globalización. Existe una nutrida comunidad trasnacional, constituida por pequeñas empresas de los países desarrollados14, gobiernos de países en desarrollo, ambientalistas y sindicatos, que se muestra aprehensiva en relación con la globalización y una mayor liberalización del comercio a nivel multilateral. A la mayoría de los gobiernos les preocupaba que la profundización de la liberalización del comercio erosionara seriamente la soberanía del estado nación y la capacidad de establecer políticas económicas nacionales autónomas. Asimismo, se ha generalizado la aprehensión entre las naciones en desarrollo e inclusive los países menos desarrollados en relación con la rapidez con la cual está ocurriendo el proceso de liberalización, ya que ellos aún no han cumplido totalmente con los compromisos estipulados en los acuerdos de la OMC. Sus reservas también obedecieron a que estaban convencidos de que la Ronda Uruguay no había rendido los frutos tangibles que los países en desarrollo habían previsto. Por consiguiente, éstos sentían que era prematuro iniciar negociaciones sobre temas complejos con implicaciones de largo alcance.

La globalización y su correspondiente liberalización multilateral del comercio y la inversión causan conflictos en y entre los países en relación con las normas internas, las instituciones sociales y la seguridad social para mejorar los costos de adaptación.15 Este asunto había sido resuelto en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial mediante un contrato social oral administrado por un estado benefactor, donde la adaptación formaba parte de un conjunto más amplio de políticas y las instituciones amortiguaban los ajustes sociales y económicos. El Estado minimizaba los excesos y fluctuaciones del sistema de mercado y prestaba asistencia a los negocios en riesgo y a los trabajadores desplazados y desempleados. A medida que avanza la transición hacia un mercado global, la liberalización del comercio se produce en ausencia de semejante complejo de instituciones a nivel global, que cumplirían las mismas funciones que el Estado asume a nivel nacional. Además, no existen entidades multilaterales que tengan la responsabilidad de diseñar e implantar tales instituciones y políticas.

El entorno político no era propicio para emprender una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales. Esto se sabía antes de la conferencia de Seattle, mas se esperaba que hubiese sido posible galvanizar a los estados miembros para que abandonaran algunas de sus posturas fijas y permitieran así alcanzar un consenso. Una semana antes de la Conferencia Ministerial se informó que Charlene Barshefsky, representante comercial de Estados Unidos, se mostraba “confiada de que todavía pudiese lograrse un desenlace positivo.”16 No obstante, el pronóstico pesimista de Pascal Lamy, comisionado de comercio de Estados Unidos, demostró ser correcto.17 Si bien se lograron ciertos avances en algunas de las áreas menos polémicas, al final de las reuniones frustrantes las diferencias eran considerables.

2. Proceso preparatorio truncado

El proceso preparatorio de la conferencia ministerial se vio afectado por el hecho de que el director general de la OMC, Mike Moore, tomó posesión de su cargo un par de meses antes de esta importante reunión debido al debate prolongado y contencioso del que fueran objeto las elecciones. Este largo proceso electoral reflejó algunas de las divisiones existentes entre los países miembros, muchas de las cuales persisten hasta hoy. Moore no contó con suficiente tiempo para hacer valer el liderazgo de la secretaría y dirigir el trabajo de preparación. Ello redujo el progreso que se esperaría lograr en circunstancias normales. Además, los cuatro directores generales adjuntos que desempeñan una función importante en el trabajo cotidiano de la OMC no entraron en posesión de sus cargos sino poco antes de la celebración de la conferencia.

Los temas que se incorporaron en la agenda de la nueva ronda propuesta y que se debatieron en Seattle fueron más difíciles que los tratados en rondas anteriores. Estos temas implicaban una mayor liberalización en muchas áreas donde las fases más fáciles de la liberalización ya se habían cumplido o eran más complejos, nuevos y no totalmente comprensibles para muchos países. No se logró consenso en relación con la agenda porque el proceso preparatorio remitió demasiados asuntos no resueltos a la Conferencia ministerial de Seattle. Las reuniones a nivel ministerial tienen más probabilidades de ser exitosas cuando son pocos los temas importantes que deben dilucidarse.

El proceso preparatorio se vio severamente obstaculizado por la relación áspera que mantienen Estados Unidos y la Unión Europea. En particular, las disputas en torno al comercio agrícola minaron las posibilidades de que estas naciones pudiesen dar cabida a otros temas. El comportamiento contencioso y a veces hostil que mantienen estos dos pesos pesados tiene ya una larga historia que se ha complicado en los últimos años por disputas amargas sobre temas tales como bananas, hormonas, subsidios, etc. Ambas partes se han ensuciado las manos con subsidios agrícolas y el diálogo ha degenerado en un intercambio de acusaciones. Canadá, país fervientemente defensor de la liberalización del comercio, introdujo un codicilo sobre la protección de sus intereses sociales en las áreas de cultura, salud, educación e inversiones. Éste promueve la noción de un nuevo instrumento internacional que permitiría a un país mantener sus políticas internas para preservar y fomentar su cultura nacional, incluso si ello pudiese interpretarse como un factor distorsionante del comercio.18 Puede que la insistencia de Japón en la multifuncionalidad de la agricultura haya tenido resonancia en los países de la Unión Europea, pero no pasó de ser una propuesta que resultó incomprensible para el grupo Cairns en su campaña por eliminar los subsidios y abrir los mercados.19

El proceso preparatorio ya se había debilitado por la ausencia de representación de numerosos países menos desarrollados y una presencia y participación insuficientes de los países en desarrollo, que constituyen la vasta mayoría de los miembros de la OMC. “Los países industrializados asignaron un promedio de 6,8 funcionarios para hacerse cargo de las actividades de Ginebra. Los países en desarrollo, sin embargo, sólo enviaron un promedio de 3,5 funcionarios".20 Diecinueve de los cuarenta y dos países africanos no tienen representante permanente ante la OMC en Ginebra.21

3. Ronda Minimalista vs. Ronda del Milenio

Existían distintas ideas acerca de lo que debía abarcar la próxima ronda de negociaciones de la OMC. Ésta se había comprometido a celebrar negociaciones en materia de comercio en el año 2000 en la agenda intrínseca, la cual está constituida por temas relativos a los sectores de la agricultura y los servicios. Se ordenó al finalizar la Ronda Uruguay que estas negociaciones se iniciaran a principios del año 2000. Las discusiones sobre el tema de los servicios avanzaron en cierta medida antes y durante la Conferencia Ministerial de Seattle y éste no fue uno de los temas que hiciera fracasar el encuentro. No obstante, en agricultura los problemas continúan siendo sumamente contenciosos y las posturas adoptadas a menudo se revelaron diametralmente opuestas. Las partes se encontraban aún más distantes entre sí y se dio muestras de muy poca, o quizás ninguna, disposición para llegar a un acuerdo. Se propuso insertar una serie de temas adicionales, a saber, políticas sobre competencia, compras del sector público, inversión, problemas laborales relacionados con el comercio, medio ambiente y comercio electrónico. Sin embargo, se manifestaron diferencias graves en torno a cuáles de estos temas debían incluirse. La Unión Europea abogaba por la inversión y la política sobre competencia como temas prioritarios, pero Estados Unidos insistía en incorporar el comercio electrónico y como lo afirmara la embajadora Barshefsky al testificar ante el comité de finanzas del Senado: “Sin duda alguna es necesario prestar más atención a la interacción existente entre el comercio y los estándares laborales fundamentales”.22 El desacuerdo fue aún más profundo en relación con los temas a debatir en las negociaciones obligatorias sobre servicios. Los países desarrollados presionaban para que se incluyeran el transporte aéreo, los servicios financieros y los servicios profesionales, mientras que las naciones en desarrollo favorecían los temas del transporte marítimo, el entretenimiento y la circulación de personas naturales.

Existían dos escuelas de pensamiento en relación con los temas que la agenda debía abarcar. La escuela minimalista sugería que la agenda intrínseca era suficiente para constituir la base de futuras negociaciones comerciales multilaterales. Los objetivos del Artículo XIX del GATT y el Artículo 20 del Acuerdo sobre Agricultura23 están expresados en un lenguaje tan vago que el ámbito de las negociaciones podría ser sumamente amplio. Los defensores de esta perspectiva creían profundamente que no resultaba necesario emprender una nueva ronda de negociaciones y que, de abrirse alguna, era imprudente ampliar la agenda para dar cabida a temas que causaban división tales como el trabajo, el medio ambiente y la inversión. Por su parte, muchos países en desarrollo sentían que cualquier negociación que se llevase a cabo en el futuro habría de centrarse en el tema del desarrollo, tal como lo establece el Informe de 1999 sobre Comercio y Desarrollo elaborado por la UNCTAD: “los beneficios que se predijo obtendrían de la Ronda Uruguay los países en desarrollo han demostrado ser exagerados.24 Los defensores de una ronda del milenio, por su parte, alegaban que si la agenda era más amplia, contemplaría mayores concesiones recíprocas, lo que a su vez permitiría a los países llegar a un término medio en materia de agricultura y servicios. La noción de una ronda del milenio fue fomentada por la Unión Europea a instancias de su comisionado de comercio, Sir Leon Britten, con el propósito de garantizar una compensación adecuada por las concesiones realizadas en el ámbito de la agricultura.25 Sin embargo, las desventajas de una agenda ampliada estribaban en su mayor número de temas, permutaciones y posibilidades. En realidad, en lugar de facilitar el consenso en torno a una agenda, el mayor número de concesiones recíprocas más bien tornaba más complejo el proceso. Por ejemplo, por cada tema nuevo propuesto había un grupo de países que se oponía a su inclusión o no consideraba que debía manejarse de la forma en que se proponía. La forma amplia de abordar la agenda preliminar no necesariamente contribuyó a lograr el consenso en relación con la misma. La experiencia de Seattle reforzó la opinión expresada por el ministro de Comercio de la India: “Lo que necesitamos es una ronda manejable, no una ronda del milenio.”26

4. Proceso de toma de decisiones

El proceso de toma de decisiones en la OMC presenta deficiencias significativas. Se trata de un proceso que se desarrolló en el GATT donde el número de miembros era mucho menor y que ha estado dominado por los países desarrollados e industrializados. Los países en desarrollo en su conjunto lo aceptaron porque no eran tan asertivos ni sofisticados como lo son hoy en día. El proceso de la Sala Verde controlado por la presidencia, los países desarrollados y el director general es un mecanismo en virtud del cual se conforman grupos de unas 20 naciones cuya misión es la de analizar temas fundamentales. El problema es que no todos los miembros están al tanto de los criterios que se emplean para tener acceso a la Sala Verde, por lo que se sienten privados de sus derechos. Incluso aunque algunas naciones en desarrollo se encuentren presentes en las salas verdes, no cuentan con un mandato claro para representar a aquellos estados miembros omitidos. El resultado es que los voceros de los países en desarrollo se ven limitados a articular posiciones nacionales o principios muy amplios suscritos por la mayoría de los países en desarrollo.

La situación ha cambiado y, por ende, ya no funcionarán más el viejo estilo gerencial ni el antiguo proceso de toma de decisiones, que no eran transparentes y resultaban esencialmente antidemocráticos. Sir Shridath Ramphal, negociador principal de la Maquinaria Negociadora Regional del Caribe (del inglés Caribbean Regional Negotiating Machinery: CRNM), emitió un comunicado donde declaraba que “no lograremos el consenso en tanto no existan el debido respeto a los procedimientos y las condiciones de transparencia, apertura y participación que permitan lograr resultados correctamente equilibrados respecto de los intereses de todos los miembros.27 Los países africanos emitieron una declaración de condena similar, destacando la falta de transparencia como razón principal de su renuencia a adherirse a cualquier consenso.

Evidentemente, 135 países no pueden constituir un comité de redacción manejable, por lo que debe existir un grupo más pequeño encargado de resolver los problemas cruciales. No obstante, dicho grupo debe satisfacer los principios de transparencia y representación. La embajadora Barshefsky, el presidente de la conferencia y el director general de la OMC expresaron empatía con la propuesta de que el proceso de Seattle fuese más transparente. Así, pues, emergió allí un sistema híbrido de grupos de trabajo formales y salas verdes informales. En esta nueva configuración imperó la democracia administrada, tal como quedó demostrado cuando la presidencia del grupo de trabajo de ejecución pasó de Jamaica (vocero de comercio en representación de los 70 países en desarrollo del grupo de Africa, el Caribe y el Pacífico en sus negociaciones con la Unión Europea) a manos de Canadá, de un día para otro y sin explicación alguna.

El proceso de diálogo también se vio complicado por una carencia manifiesta de diplomacia, puesto que prevalecía el estilo gerencial altivo que constituía una amenaza constante al consenso. Barshefsky declaró que si el proceso no lograba un texto de consenso, “me reservo plenamente el derecho a emplear también un proceso más excluyente con el propósito de llegar a un resultado final. Que no quepa la menor duda sobre el derecho que me asiste ni sobre mis intenciones para hacerlo en calidad de presidente.”28

5. Mayoría insatisfecha

Existe una mayoría insatisfecha de países, porque los 110 estados miembros que no forman parte de la OCDE, que son fundamentalmente naciones en desarrollo, consideraban que sus temas no eran objeto de suficiente reconocimiento. Estos países proponían que el desarrollo fuese una dimensión de todos los temas que se estaban analizando y que, por el contrario, no fuese tratado como un asunto independiente. La mayoría de los miembros de la organización sentían que esta inquietud debía abordarse, puesto que, de lo contrario, se opondrían a formar parte de ningún consenso. Las naciones desarrolladas avisaron a los países en desarrollo que no se reabriría el texto de la Ronda Uruguay a menos que pudiese incluirse en la discusión un sinnúmero de temas nuevos. Los países en desarrollo también sostuvieron que el tema del desarrollo ya se había abordado y que ahora existía la necesidad imperiosa de pasar a otros asuntos. En realidad, son muchos los países en desarrollo que no han logrado cumplir con los plazos de ejecución a pesar de haber puesto todo su empeño en ello. Esto condujo al grupo de Estados de Africa, el Caribe y el Pacífico a proponer la prórroga de los lapsos de transición de los Acuerdos TRIP's, TRIM's y de Valoración de Aduanas “hasta una fecha que tome en consideración la disponibilidad de los recursos que se requieren para dar cumplimiento a estos Acuerdos de manera efectiva.”29 Los costos de ejecución de estos tres acuerdos han sido sumamente considerables.30 Es lamentable que se permitiese que las demandas modestas de los países en desarrollo se convirtieran en una fuente de resentimiento. Estados Unidos en particular fue implacable en su insistencia en que se cumpliese con los compromisos a tiempo y a plenitud.31

Esta controversia no fue inesperada, puesto que las naciones en desarrollo habían manifestado constantemente sus reservas. Se había expresado escepticismo en la Cumbre del Grupo de los 15 en relación con los esfuerzos acometidos por los países desarrollados para implantar obligaciones que beneficiasen a las naciones en desarrollo y la consiguiente incapacidad de estos países para percibir las ganancias que pueden derivarse de un mayor acceso a los mercados en los países desarrollados, especialmente en el sector de la agricultura, textiles y prendas de vestir. El cónclave también condenó el fracaso en el cumplimiento de las disposiciones relativas al tratamiento especial y diferencial que habría de brindarse a los países en desarrollo y menos desarrollados.32 Algunas naciones en desarrollo habían adoptado posturas más estridentes. Brasil y la India han cuestionado si una mayor liberalización arancelaria convendría a los intereses de las naciones en desarrollo a menos que se aborden los problemas de las barreras no arancelarias, por ejemplo, los derechos antidumping y compensatorios, impuestos por los países desarrollados, especialmente en el comercio agrícola.33

Los países en desarrollo han manifestado en repetidas oportunidades que ha resultado sumamente difícil traducir las disposiciones especiales y diferenciales contenidas en los acuerdos de la Ronda Uruguay de la OMC en resultados significativos, tales como un mayor acceso al mercado. La efectividad del tratamiento especial y diferencial también está limitada por las medidas compensatorias que establecen los países desarrollados y la utilización de otras o nuevas formas de proteccionismo. Las disposiciones deben simplificarse y aclararse para poder transformarlas en beneficios tangibles. El tratamiento especial y diferencial fue objeto de severos ataques por parte de países más desarrollados, lo que refleja un cambio en el enfoque filosófico adoptado en relación con el comercio y desarrollo, el surgimiento de economías recientemente industrializadas que pueden emplear estos privilegios especiales de una forma que resulte amenazante para los mercados de los países desarrollados, y la percepción de que no es suficiente lo que hacen las naciones en desarrollo para aprovechar estas disposiciones.

Si la mayoría de los miembros de una organización están absolutamente convencidos de un tema que no haya sido incluido en la agenda, no es probable que accedan a unirse al consenso. Esta situación ocurrió porque los países en desarrollo, que representan la mayoría de los miembros de la OMC, consideran que se ignoraron los temas que para ellos revisten un interés vital. Los países desarrollados han desairado constantemente a las naciones en desarrollo al manifestar repetidamente que no había necesidad de reabrir el texto de la Ronda Uruguay, ya que el tema del desarrollo había sido tratado suficientemente y que más bien ahora existía la necesidad apremiante de pasar a otros temas. Además, reabrir implicaba también incluir temas nuevos que no formaban parte del acuerdo vigente. En vista de que no es magnánimo ni práctico tomar en cuenta los motivos de preocupación de los países en desarrollo, las naciones desarrolladas deberían haber adoptado una postura más conciliadora; si los países desarrollados hubiesen mostrado un enfoque más razonable, con toda seguridad se habría incitado una disposición más cooperadora entre la mayoría de los estados miembros. Por ejemplo, el llamado de los países menos desarrollados en favor de “un acceso al mercado obligatorio, sin pago de derechos y exento de cuotas para todos los productos que se originen en los países menos desarrollados,34 habría podido acogerse con beneplácito ya que no representaba ninguna concesión de gran magnitud. En efecto, las exportaciones de los 48 países menos desarrollados conforman sólo el 0,25 por ciento del comercio mundial total.35

 

II.        Después de Seattle

La Conferencia Ministerial de Seattle fue intensa, pero avanzó de manera limitada en relación con la declaración preliminar de treinta y dos páginas y resolvió pocos de los casi cuatrocientos temas agrupados por categoría. Sigue sin conocerse claramente el status de este documento, porque los estados miembros no han llegado a un acuerdo en torno a si las discusiones se reanudarían en el punto en que se abandonaron o si se debería comenzar de nuevo ya que muchos países consideran que el texto preliminar perdió su validez.36

1. Progreso en la agenda intrínseca

Una posibilidad para reiniciar una nueva ronda consiste en comenzar con el mandato existente, es decir, la agenda intrínseca y ampliar el ámbito agregando nuevas iniciativas tal como sucedió durante la Ronda de Tokio y Uruguay y/o añadiendo el Acuerdo TRIP's que será revisado en un futuro cercano.37 La agenda intrínseca también podría ampliarse agregándole temas menos contenciosos, entre los cuales cabría señalar una mayor transparencia en el seno de la OMC, más asistencia técnica para los países en desarrollo, acceso a los mercados sin pago de derechos para los países menos desarrollados y mejoras a los procesos de resolución de controversias. La agenda incorporada es positiva y compleja y su exitosa conclusión sería un logro importante. De alcanzarse un avance significativo en la liberalización del comercio de productos agrícolas y servicios, se beneficiaría considerablemente a la economía mundial, ya que estos dos sectores representan aproximadamente el 30 por ciento del comercio mundial. La liberalización de estos sectores podría representar un estímulo significativo a la expansión del comercio mundial de la cual podrían beneficiarse todos los países. Las negociaciones en materia de agricultura y servicios serán complicadas, debido a los arraigados intereses nacionales y los nuevos problemas que emerjan a raíz de la evolución de la economía mundial de servicios, y tomarán un tiempo considerable, por lo que deberían iniciarse inmediatamente.

El paso del tiempo también podría ejercer un efecto saludable en algunos de los protagonistas principales. Las posturas de la UE en relación con varios temas podría resultar influenciada por el incremento en su número de miembros para incluir 13 nuevos países y el vencimiento de la cláusula de paz en el año 2002. La recuperación de la economía mundial podría hacer que un grupo de países se muestre más favorable a la liberalización.

2. Política comercial de los Estados Unidos después de las elecciones

Es poco probable que se logre un progreso significativo en las negociaciones de la OMC sino hasta después de las elecciones presidenciales norteamericanas, cuando tome posesión una nueva administración y anuncie su política comercial. Si el Congreso otorga a la nueva administración autoridad para gobernar por la “vía rápida”, se tendrá la seguridad de que los negociadores estadounidenses poseen un mandato claro y de que las negociaciones podrán proseguir en serio. Una nueva administración con autoridad para gobernar por la “vía rápida” podrá ofrecer la clase de liderazgo decisivo que Estados Unidos ha tenido en el pasado y que, en su calidad de país más poderoso y con el mayor comercio del mundo, debe ofrecer si se quiere que este proceso rinda frutos. Es imposible predecir cuánto tiempo requerirá la nueva administración para persuadir al Congreso de que le otorgue autoridad para gobernar por la vía rápida. Lo único que se sabe con certeza es que será un debate extenso38 que requerirá perspicacia y destreza política por parte de la Casa Blanca y los líderes del Congreso.

La manera en que se aborde el tema de los derechos laborales determinará en gran medida si se producirá un consenso en relación con la ampliación de la agenda de negociaciones. La insistencia de la que ha dado muestras Estados Unidos para que se incluya el tema en las deliberaciones de la OMC y no en las de la Organización Internacional del Trabajo podría descarrilar las negociaciones, puesto que la oposición de los países en desarrollo está profundamente enraizada. Un ex-asesor económico de alto rango del presidente Clinton cree que la ironía de tal predicamento estriba en que “los mayores perdedores serían los meros trabajadores.”39 Sólo el control republicano de la Casa Blanca y el Congreso, podría dar cabida a la posibilidad de eliminar el tema de los derechos laborales de la política comercial de Estados Unidos.

3. Reforma del proceso institucional

El proceso de toma de decisiones de la OMC debe revisarse y reorganizarse. En particular, es necesario diseñar un mecanismo de toma de decisiones que se establezca entre el país presidente, el director general y los miembros. El Consejo General actual, donde están representados todos los estados miembros, es demasiado grande y difícil de manejar para ser eficaz. Por lo general, las decisiones se toman por consenso, pero, de no ser posible, pueden adoptarse por votación. Esto significa que un estado miembro puede bloquear el consenso. Es necesario, pues, que exista una entidad representativa más pequeña que permita aplicar un proceso de toma de decisiones más eficiente. Debería considerarse la posibilidad de crear un comité similar al Consejo de Seguridad Económica propuesto por la Comisión de Gobernabilidad Global40 el cual habría de estar constituido por 20-25 estados miembros entre los que se encontrarían presentes los 10 países más grandes en términos de porcentaje de participación en el comercio mundial de bienes y servicios. Los otros 10-15 miembros serían elegidos por medio de un proceso democrático. Podría asegurarse la representación adecuada y equilibrada haciendo que los miembros sean escogidos en términos de región41 o categorías de países o alguna combinación de ambos criterios. Las decisiones se adoptarían por consenso, puesto que este órgano no conferiría un poder de veto a ningún país. Una propuesta estadounidense de asignar votos con base en el porcentaje de participación de los estados miembros en el comercio mundial42 no tendría cabida, puesto que aseguraría el dominio de Estados Unidos y la Unión Europea. Es necesario crear una estructura institucional transparente de toma de decisiones con el propósito de evitar los problemas que se presentaron en Seattle. Este es un tema al que el director general debe prestar su atención.

En el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), se resolvió este problema mediante el funcionamiento en el Comité de Negociadores Ministeriales y Comerciales de un pequeño grupo informal que incluye a los países con mayor volumen de comercio, a saber: Estados Unidos, Canadá, México y Chile y un país de cada grupo regional (Grupo Andino, América Central, CARICOM y MERCOSUR). En el GATT y posteriormente en el proceso de la OMC, no existe tal comité administrador intermediario. Esos países que no han sido invitados o reclutados para participar en las salas verdes no sienten que tienen una representación o voz en las deliberaciones. El resultado es que las decisiones carecen de la legitimidad de un proceso democrático participativo y no pueden exigir cumplimiento. El antiguo proceso antidemocrático ya no es aceptable y, de hecho, la mayoría de los países, a saber, los países en desarrollo, están menos dispuestos a aceptar la hegemonía tradicional de los países desarrollados. Es necesario corregir lo antes posible esta deficiencia del sistema de la OMC.

4. Incorporación de la sociedad civil

Existe una ansiedad generalizada e incluso un desafecto en relación con la globalización y el incremento de la liberalización del comercio como aspecto de este proceso. Estas inquietudes se manifiestan a nivel de gobiernos, organizaciones de negocios, sindicatos y organizaciones no gubernamentales (ONGs) de los países desarrollados y en vías de desarrollo. Esta preocupación por las repercusiones de la liberalización del comercio han conducido a la intervención de nuevos actores y podría augurar la formación de nuevas alianzas. Así, por ejemplo, Consumers’ International (CI), federación que agrupa a 247 organizaciones de consumidores de once países, se opuso a una intensificación de la liberalización mundial del comercio. Este organismo promueve la idea de asegurarse de que se alcancen plenamente los beneficios de la Ronda Uruguay, así como de encontrar maneras de lograr un nivel de protección suficiente para los consumidores. CI está convencida de que no se han distribuido equitativamente los beneficios de la Ronda Uruguay; de hecho, los acuerdos de la OMC han sido aplicados fundamentalmente para beneficiar a las empresas multinacionales y los países más poderosos.43 Esta perspectiva no difiere de algunas opiniones emanadas de los países en desarrollo. Es interesante notar que existe una posible coincidencia de intereses entre grupos de los países desarrollados y países en desarrollo y la comunidad mundial de las ONGs en torno a ciertos temas, tales como reducir el predominio de países desarrollados44, lo que podría presagiar el nacimiento de una alianza estratégica.

Un nuevo acontecimiento en las conversaciones sobre comercio internacional es la mayor influencia de las organizaciones no gubernamentales (ONGs). Éstas han comenzado a ejercer una influencia que trasciende el ámbito del tema del comercio y el ambiente, especialmente en las naciones desarrolladas, donde tales organizaciones se han opuesto a las posturas de sus propios gobiernos y han buscado influenciar a otros países que participan en las negociaciones comerciales. Los grupos no gubernamentales han expandido considerablemente su cooperación internacional; por ejemplo, la declaración de las ONGs sobre los Acuerdos Multilaterales de Inversión fue apoyada por 565 organizaciones de sesenta y ocho países.45 Un mes después de Seattle, ONGs y organizaciones de trabajadores específicas participaron en el Foro Económico Mundial de Davos, también denominado “santuario de los ejecutivos del mundo.

Las organizaciones no gubernamentales pueden efectuar un aporte importante al trabajo de la OMC, puesto que pueden proporcionar un mecanismo para (a) solicitar e incorporar la opinión de la sociedad civil, (b) incrementar la capacidad de respuesta de la OMC a las críticas referentes a las funciones que desempeña el sistema de comercio multilateral, (c) aumentar la legitimidad de la OMC como organización rectora haciendo que las decisiones que se adopten en su seno sean más representativas y (d) facilitar un mayor y mejor flujo de información hacia los grupos y organizaciones que han sido tradicionalmente excluidos de las negociaciones sobre comercio.46 La OMC debería procurar desarrollar mecanismos institucionales que amplíen la participación pública y la consulta, ya que ello puede enriquecer su proceso de toma de decisiones. No obstante, eso debe hacerse de manera que no rebase la capacidad que la OMC posee para asimilar información y tomar decisiones. En este sentido, la experiencia del grupo consultivo sobre sociedad civil en el ALCA podría ser instructiva.

5. Impacto de los nuevos miembros

Existen treinta países que están a la espera de ingresar a la OMC, entre los que se encuentran China, Rusia y algunas economías en transición. Si bien no es probable que su ingreso se produzca muy rápidamente, una vez que ocurra se complicarán más las negociaciones. Este será el caso, independientemente de que ingresen durante las negociaciones de la agenda intrínseca o de la ronda amplia, de llegar a abrirse. El ingreso de China modificará la dinámica política del proceso de la OMC dependiendo de la alineación que escoja. Así, por ejemplo, si se alinea en tándem con los países en desarrollo, contribuirá a transformar la configuración de poderes existente. Otro problema es la solicitud por parte de las economías en transición de un tratamiento especial y concesiones, concepto que probablemente sea repudiado por algunos países desarrollados y se enfrente a la resistencia de los países en desarrollo.

6. Reconciliación del bilateralismo, regionalismo  y multilateralismo

Más que en cualquier ronda de negociaciones comerciales multilaterales anterior, los estados miembros llegaron a Seattle en medio de numerosas iniciativas bilaterales, regionales y hemisféricas. Este cúmulo de actividades, acertadamente descritas como “promiscuidad comercial”,47 enervó el proceso preparatorio de la OMC. Estas otras negociaciones desviaron tiempo, dinero y recursos humanos del proceso preparatorio. La UE y setenta naciones en desarrollo del grupo ACP se encontraban en la penúltima etapa del logro de una renovación de la Convención de Lomé. El continente americano se hallaba ocupado con el ALCA y con el notable resurgimiento del comercio intrarregional en TLCAN, MERCOSUR, CARICOM, el Grupo Andino y el Mercado Común Centroamericano.48 Los países asiáticos, aunque estaban sumergidos en crisis financieras, continuaban trabajando en el seno de la ASEAN y la APEC. Estados Unidos, desde finales de la década de los ochenta, ha utilizado una estrategia comercial basada en iniciativas multilaterales, regionales y bilaterales interrelacionadas, que puede haber debilitado la vía multilateral.49 Varios observadores han condenado a Estados Unidos por no estar desempeñando su función tradicional de líder asertivo en los foros de comercio multilateral.50 Esto se ha atribuido a la política interna, los cambios de las realidades globales en la economía mundial, el “unilateralismo agresivo” en la política comercial estadounidense51 y una preocupación por unos cuantos “grandes mercados emergentes.”52

El regionalismo coexistirá con el multilateralismo durante un futuro previsible, por lo que el asunto a resolver consiste en determinar cómo se creará una simbiosis entre estas dos tendencias. Podría resultar más sencillo solucionar problemas o abrir nuevos caminos en foros regionales donde la cantidad de participantes sea más reducida y la afinidad mayor. Los logros alcanzados en los grupos regionales podrían comunicarse a las negociaciones multilaterales que ya cuenten con el apoyo de un grupo de países. Así, por ejemplo, aunque el debate multilateral sobre inversión se ha estancado, se aborda de manera activa y constructiva en la Unión Europea, el ALCA y la APEC.

7. Demandas de los países en desarrollo

Los países en desarrollo conforman la mayoría de los miembros de la OMC y están empeñados en que se tome en cuenta sus intereses en cualquier negociación futura. Sus demandas se centran en ajustar los calendarios de implantación, lograr una mayor participación en la toma de decisiones, transformar el tratamiento especial y diferencial en beneficios tangibles, obtener un tratamiento de exención de pago de derechos y cuotas para las exportaciones procedentes de los países menos desarrollados y lograr la moratoria sobre nuevas formas de proteccionismo. La UE53, Japón y Canadá demuestran más solidaridad con las demandas de los países en desarrollo que Estados Unidos. La postura estadounidense, que tiende a favorecer el tratamiento de exención del pago de derechos y no el de exoneración de cuotas para los países menos desarrollados, siempre y cuando no se otorguen más concesiones que las que contempla el proyecto de ley de comercio con Africa y la legislación de mejoramiento de la CBI sometida a la consideración del Congreso, fue recibida con un tono de burla. La óptica estadounidense equivale a la no liberalización del acceso al mercado de los textiles y prendas de vestir, productos en referencia a los cuales los países menos desarrollados cuentan con una ventaja comparativa y posibilidades de incrementar sus exportaciones. Las naciones en desarrollo y Estados Unidos parecen estar destinados a enfrentarse continuamente en el área de los trabajadores y el comercio. Estados Unidos considera que los derechos laborales inadecuados existentes en los países en desarrollo constituyen una práctica comercial desleal, puesto que funcionan como un subsidio a las exportaciones y la inversión en industrias intensivas en el uso de mano de obra.54 El desentrañamiento percibido de sus objetivos durante la conferencia de la OMC ha engendrado una nueva militancia entre los países en desarrollo que enunció el ministro de Santa Lucía en su alocución ante la plenaria de la conferencia de Seattle. “¡No a la globalización sin ética!. ¡No a la liberalización sin equidad!. ¡No a la globalización sin inclusión!. ¡No a la liberalización sin seguridad humana!. ¡No a la globalización sin sustentabilidad! y, ante todo Sr. Presidente, ¡no a la liberalización sin desarrollo!.”55

Observaciones finales y perspectivas

Algunos críticos han equiparado la OMC con una especie de “hermano mayor” orwelliano y han solicitado su desmantelamiento.56 Sin embargo, un sistema de comercio multilateral basado en reglas debe contar con una institución que formule, supervise e interprete dichas reglas. Al igual que la democracia, el sistema de la OMC no es perfecto, pero representa la mejor opción disponible y, por ende, es necesario centrar la atención en mejorar su funcionamiento. La Conferencia Ministerial de Seattle fue perjudicial mas no fatal para la OMC. El fracaso de la reunión en lograr decidir si se tendría una nueva ronda de negociaciones completa y cuáles serían los temas a incluir en la agenda de la misma es un reflejo de un ambiente político que no era propicio para lograr el éxito en un asunto tan trascendental. También reveló el proceso preparatorio truncado y las deficiencias endémicas del proceso de toma de decisiones de la OMC. La propuesta de ampliar el ámbito de la agenda para incorporar otros temas además de los intrínsecos sí creó opciones y dio lugar a concesiones recíprocas, pero también multiplicó las dificultades. La complejidad de los temas y la insatisfacción de las naciones en desarrollo por la falta de arrastre en relación con temas de vital interés para ellas, también contribuyeron al estancamiento.

La OMC comenzó las negociaciones de la agenda intrínseca de agricultura y servicios a principios del año 2000, tarea que ha resultado técnicamente compleja y políticamente contenciosa. Estas negociaciones son de enorme importancia y, de llegar a buen término, podrán constituir un impulso importante para el comercio mundial. La ampliación a una ronda amplia de las negociaciones basadas en la agenda intrínseca dependerá del avance que se logre en los temas de esta última y del rumbo que adopte la política comercial estadounidense con la nueva administración. También será un factor importante la medida en que los estados miembros se concentren en los temas del comercio multilateral y no en las iniciativas regionales y bilaterales florecientes. Las decisiones que han de adoptarse pueden ser facilitadas mediante una reforma de la estructura y del proceso de toma de decisiones de la OMC que permita que sean más transparentes, democráticas y sensibles a la sociedad civil. Los países en desarrollo (que conforman la mayoría de los miembros) serán más asertivos en la búsqueda de soluciones para los problemas que, en su firme opinión, han sido obviados o marginados. Todo ello dará lugar a una nueva dinámica política en el proceso negociador de la OMC, dinámica que definitivamente sufrirá transformaciones a raíz del ingreso de hasta treinta miembros nuevos, especialmente China.

Notas

1. Larry Elliot, “Unless the World Trade Organization cleans up its act there will be more issues for the protesters”, Guardian Weekly, Diciembre 9-15, 1999.

2. Gary Clyde Hufbaur, World Trade After Seattle: Implications for the United States, International Economics Policy Briefs, No. 99-10 (Washington D.C.: Instituto de Economía Internacional, Diciembre, 1999) página 1.

3. El presidente Clinton ha negado que su declaración hubiese estado destinada a apoyar la candidatura del vicepresidente Al Gore. Véase Paul Magnusson y Aaron Bernstein, “Whose World is it, anyway?”, Business Week, 20 de diciembre, 1999, página 34.

4. “The Seattle Fiasco”, editorial, Revista de Comercio, 7 de diciembre de 1999.

5. Kevin Nealer, “Did Seattle Matter?”, Issue Brief No. 00-01. Foro de Política Internacional, 7 de enero de 2000, página 2.

6. Victor Mallet, “South Africa and EU sign free trade pact”, Financial Times, 12 de octubre de 2000.

7. Henry Tricks, “Mexico and Brussels sign free trade agreement”, Financial Times, 25 de noviembre de 1999.

8. Guy de Jonquieres, “The circus come to town”, Financial Times, 25 de noviembre de 1999.

9. The Americas at the Millenium: A Time of Testing (Washington, D.C.: Diálogo Interamericano, 1999) página 1. Véase también John Lancaster, “U.S. Sees Democracy Wane in Latin America,” Washington Post, 30 de enero, 2000.

10. Informe anual de 1999 de la Organización Mundial del Comercio (Ginebra: Organización Mundial del Comercio, 1999), página 19.

11. Peter Montagon “Little Appetite for Negotiations”, Financial Times, 29 de noviembre de 1999.

12. Shawn W. Crispin, “New World Disorder”, Far Eastern Economic Review, 17 de febrero de 2000, página 17.

13. Gary Burtless, Robert Z. Lawrence, Robert E. Litan y Robert. J. Shapiro, Globaphobia. Confronting Fears about Open Trade (Washington D.C.: The Brookings Institution, 1998).

14. Leif Johannson, presidente de Volvo, explicó la afirmación gráficamente en Davos al señalar: “Ser pequeño puede ser hermoso, pero no existen ejemplos de pequeñas empresas que sean prósperas”. Véase Charles P. Wallance, “Davos listens to the world,” Time, 14 de febrero de 2000, página 42.

15. Dani Rodrick, Has Globalization Gone Too Far? (Washington, D.C, Instituto de Economías Internacionales, 1997).

16. Frances Williams y Mark Suzman, “Trade Ambassadors abandon attempt to agree talks agenda”, Financial Times, November 24, 1999.

17. Neil Buckley, “Seattle may fail, warns Lamy”, Financial Times, 24 de noviembre de 1999.

18. Edward Alden, “Canada lists priorities for WTO Seattle talks”, Financial Times, 17 de noviembre de 1999.

19. Frances Williams y Guy de Jonquieres, “EU’s tactics anger CAIRNS group and US”, Financial Times, 12 de noviembre de 1999

20. Entering the 21st. Century, World Development Report 1999/2000 (Washington, D.C: Banco Mundial, 1999) página 55 y 57.

21. Patrick F.J. Macory, Developing Countries and the OMC, (Washington, D.C, Instituto de Derecho Internacional, 1 de diciembre de 1999), páginas 5-6.

22. Mark Suzman, “WTO must be sensitive to labour issues,” Financial Times, 30 de septiembre de 1999.

23. Resultados de la Ronda Uruguay sobre Negociaciones Comerciales Multilaterales, Pruebas Legales (Ginebra: Organización Mundial del Comercio, junio 1994) páginas 39, 343-344.

24. Trade and Development Report, 1999 (Ginebra: Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, 1999) página 1.

25. The WTO Multilateral Trade Agenda and the South (Ginebra: Centro sur, diciembre de 1998), página 97.

26. David Gardner, “Indian minister takes on the mantle of trade round saviour,” Financial Times, 2 de febrero de 2000.

27. Comunicado de la Comunidad del Caribe, Conferencia Ministerial de la OMC, Seattle, 2 de diciembre de 1999.

28. Transcripción, Conferencia de Prensa de la OMC, Representante Comercial de Estados Unidos Charlene Barshefsky (y colaboradores), Conferencia de la Organización Mundial del Comercio, Seattle, Washington, 2 de diciembre de 1999, página 2.

29. Declaración sobre la Tercera Conferencia Ministerial de la OMC, adoptada por los ministros de comercio de los países ACP, Bruselas, 22 de octubre de 1999, ACP/61/051/99, página 3.

30. J. Michael Finger y Philip Schuler, Implementation of Uruguay Round Commitment: The Development Challenge, The WTO/World Bank Conference on Developing Countries’ Interests in a Millenium Round, Ginebra, septiembre de 1999, págs.
20-21.

31. La posición estadounidense no parece favorecer la flexibilidad a favor de los países en desarrollo. Véase American Goals in the Trading System, Testimonio de la embajadora Susan Esserman, representante comercial adjunto de Estados Unidos, Subcomité de Medios y Arbitrios sobre Comercio de la Cámara de Representantes, Washington D.C., 5 de agosto de 1999, páginas 3-4.

32. “WTO Council Chair Presents Draft on Ministerial Declaration.” Inside US Trade, Vol. 17, Nº 36 (10 de septiembre de 1999), págs. 1, 24-26.

33. Ibid.

34. Declaración adoptada por los ministros de comercio de los Países Menos Desarrollados, Seattle, 29 de noviembre de 1999, página 2.

35. Mike Moore, “A Balanced Agenda for Seattle”, The World Trade Brief WTO Ministerial Conference, Seattle, 30 de noviembre - 3 de diciembre de 1999.
(Londres: Publicación de la Agenda conjuntamente con la OMC, noviembre, 1999) página 7.

36. Organización Mundial del Comercio, Conferencia Ministerial de Seattle: Resultados y Lecciones Aprendidas, Declaración de Susan S. Westin ante el Subcomité de Medios y Arbitrios de Comercio, Comité de Medios y Arbitrios, Cámara de Representantes, 8 de febrero de 2000 (Washington, D.C: Oficina de Contabilidad General de Estados Unidos, 2000), página 4.

37. Sylvia Saborio, “Reflections on the Millennium Round,” Seminario sobre la agenda de la OMC desde una perspectiva de desarrollo, Reuniones anuales FMI/Banco Mundial, Washington, D.C., 27 de septiembre de 1999, página 3.

38. Jeff J. Schott, “Whither Fast Track,” en Jeff J. Schott (ed.), Restarting Past Track (Washington, D.C.: Instituto de Economía Internacional, abril de 1998), página 29-40 y L.M. Destler, Reviewing Fast Track Legislation (Washington, D.C.: International Economics, septiembre, 1997).

39. Laura D’Andrea Tyson, “What Really Sabotaged the Seattle Trade Talks,” Business Week, 7 de febrero de 2000, página 10.

40. Our Global Neighborhood, The Report of the Commission on Global Governance (Oxford: Oxford University Press, 1995) páginas 155-159.

41. Schott y Watal sugieren la representación geográfica global, con al menos dos países de todas las “regiones principales”. Véase Jeffrey J. Schott y Jayashree Watal, Decision making in the WTO, International Economics Policy Briefs, No. 00-2 (Washington, D.C., Instituto de Economía Internacional, marzo, 2000) página 3.

42. Guy de Jonquieres y Frances Williams, “All at sea since Seattle storm,” Financial Times, enero 20 de 2000.

43. Frances Williams, “Consumer groups oppose further liberalization”, Financial Times, 15 de septiembre de 1999, página 9.

44. Consumer Rights and the Multilateral Trading System: What needs to be done before a Millennium Round (Londres: Consumers International, agosto de 1999) página 7.

45. Andrew Jackson y Matthew Sanger (eds.), Dismantling Democracy: The Multilateral Agreement on Investment and its Impact (Ontario: Canadian Center for Policy Alternatives, James Lorimer & Co., 1990) páginas 319-337.

46. Daniel C. Esty, “Non-Governmental Organizations at the World Trade Organization: Cooperation, Competition or Exclusion”, Revista de Derecho Económico Internacional, Vol. 1, (1998), páginas 123-147.

47. Moisés Naim y Robin King, “Free Trade Express? The Future of Hemispheric Integration”, Harvard International Review, Vol. 19, No. 4 (Otoño, 1997), página 23.

48. Richard L. Bernal, “Trade Blocs: A Regionally Specific Phenomenon or a Global Trend? Walter Sterling Surrey Memorial Series (Washington, D.C.: National Planning Association, septiembre de 1997), “Regional Trade Arrangements in the Western Hemisphere”, The American University, Revista de Derecho y Política Internacional, Vol. 8 No. 4 (Verano 1993), páginas 683-718 y “Regional Trade Arrangements and the Establishment of a Free Trade Area of the Americas,” Law and Policy in International Business, Vol 27, No. 4 (Verano, 1996), páginas 945-962.

49. Ernest H. Preeg, “Trade realities in the aftermath of Seattle,” Revista de Comercio, 14 de diciembre de 1999 y para una exposición más completa, Ernest H. Preeg, Trade Policy Ahead, Free Tracks and One Question (Washington, D.C. Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, 1995).

50. Ann Krueger, American Trade Policy: A Tragedy in the Making (Washington , D.C.: American Enterprise Institute, 1995) páginas 6 y 7, Ernest Preeg, From Here to Free Trade, Essays in Post-Uruguay Round Trade Strategy (Washington D.C. Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, 1998) página 129.

51. Jagdish Bhagwati, “Aggressive Uniteralism: An Overview” en Jagdish Bhagwati y Hugh T. Patrick (eds.) Aggressive Uniteralism, America’s 301 Trade Policy and the World Trading System (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1993) páginas 1-45.

52. Jeffrey P. Garten, The Big Ten. The Big Emerging Markets and How They Will Change Our Lives (New York: Basic Books, 1997).

53. Si desea conocer la posición de la Unión Europea, véase Pascal Lamy, “What are the opinions after Seattle?”, Bruselas. Parlamento Europeo, 25 de enero de 2000.

54. Peter Morici con la ayuda de Andrew Harig, Setting US Goals for WTO Negotiations (Washington, D.C.: Economic Strategy Institute, junio de 1999), página 4.

55. Alocución del ministro de relaciones exteriores y comercio internacional de Santa Lucía, Honorable George Odlum, ante la Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle. Seattle, 1 de diciembre de 1999, página 4.

56. “Dismantle the WTO”, Multinational Monitor, Vol. 20, Nos. 10 y 11 (octubre/noviembre de 1999), página 5.

 


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