Integración: ahora o nunca
Edición Nº 61.
Enero - Abril 2001
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La Integración como alternativa de
desarrollo social |
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Telasco Pulgar
Jefe de Proyectos del SELA |
La integración como
alternativa de desarrollo social
El autor del siguiente artículo sostiene que el contenido casi exclusivamente comercial
que ha registrado el proceso de integración en nuestra región está amenazando con
agotarse, por lo que la consolidación de ese proceso exige su proyección hacia metas de
otro orden, como las de carácter político, social y cultural que propicien nuevas
interrelaciones e intercambios entre las sociedades de los países involucrados. Sin
embargo, agrega, el tratamiento de la cuestión social al interior de los esquemas
integracionistas se encuentra en un estado embrionario, por lo que pasa a señalar algunos
elementos que podrían ser tomados en consideración al momento de elaborar una
agenda social común.
Integration as a Social Development Alternative
The author of this article argues that the almost exclusively trade dimension of our
integration arrangements will soon wear out. Therefore, in order to consolidate the
integration process other cultural, political and social objectives must be sought that
may stimulate new types of interrelations and exchanges between our societies. He adds
that social issues are yet to be considered in depth by the regions integration
arrangements and points to some elements that could be taken into consideration when
drawing a common social agenda.
Lintégration en tant qualternative du
développement social
Le contenu presque exclusivement commercial du processus dintégration dans notre
région risque de se tarir, soutient lauteur de cet article; pour consolider ce
processus il convient de lorienter vers des objectifs dun autre ordre,
notamment politique, social et culturel, de façon à encourager de nouveaux types
dinterrelations et déchanges entre les sociétés des pays concernés. Le
traitement de la question sociale dans le cadre des schémas dintégration demeure
cependant à létat embryonnaire, ajoute-t-il, signalant ensuite certains éléments
qui pourraient être pris en compte pour lélaboration dun «agenda social
commun».
A integração como alternativa de desenvolvimento
social
O autor deste artigo assevera que o conteúdo quase que exclusivamente comercial do
processo de integração na nossa região está a ponto de esgotar-se, razão pela qual a
consolidação desse processo exige sua projeção em objetivos de outro tipo, como os de
caráter político, social e cultural que propiciem novas inter-relações e intercâmbios
entre as sociedades dos países envolvidos. No entanto, afirma, o tratamento do problema
social dentro dos esquemas integracionistas está num estado embrionário; por tal motivo
destaca alguns elementos que poderiam ser levados em conta no momento de elaborar uma
agenda social comum.
Introducción
Alcanzar una integración con equidad y
proyección positiva en las sociedades de los países comprometidos en los distintos
procesos integracionistas, particularmente los subregionales Comunidad Andina,
Sistema de la Integración Centroamericana, Comunidad del Caribe y Mercado Común del
Sur pareciera estar convirtiéndose en la última oportunidad de consolidar
definitivamente y en forma exitosa la integración como modelo de desarrollo alternativo
de los países latinoamericanos y caribeños. No sólo porque la política social se ha venido trasnacionalizando paulatinamente con el proceso de
globalización y tiende a convertirse
progresivamente en parte integrante de las negociaciones económicas internacionales1,
sino también porque la fase comercialista como
vía inicial aunque de éxitos indudables para el surgimiento de
interdependencias reales en los procesos de integración autóctonos amenaza con agotarse,
y la consolidación de sus resultados exige proyectar los esfuerzos integracionistas hacia
metas de otro orden, como las de carácter político, social y cultural, que propicien
nuevas interrelaciones e intercambios entre las sociedades de los países involucrados.
Esta nueva fase de reactivación de los objetivos sociales y culturales de la integración
regional, tradicionalmente insertos declarativamente en los acuerdos, ya ha sido iniciada,
con mayor o menor énfasis, en los diferentes esquemas subregionales y el tema ha pasado a
formar parte de las agendas de los organismos regionales con intensidad cada vez mayor,
como es el caso de la CEPAL y el SELA, donde se aúnan esfuerzos para colaborar con las
instancias responsables de la conducción de esos procesos en la conformación de la
denominada agenda social de la integración.
Por otra parte, a la integración se le asigna hoy más que nunca un papel estratégico
dentro del conjunto de políticas que adelantan los Estados para tratar de contrarrestar
los efectos negativos del proceso de globalización y contribuir con la disminución del déficit social que gravita sobre los países de la
región. Son varios los encuentros realizados en los años recientes destinados a la
reflexión, discusión y análisis de la
dimensión social y su conversión en un objetivo inseparable de los compromisos
integracionistas, mediante los cuales se ha venido perfilando una cierta metodología y
una caracterización de sus componentes principales que han enriquecido el tratamiento de
la dimensión social al interior de los esquemas de integración.
I. El
entorno socio-económico actual
Los informes anuales de los organismos e
instituciones internacionales y regionales sobre la evolución de los países
latinoamericanos y caribeños coinciden en señalar que si bien estas economías han
experimentado progresos significativos en las principales variables macroeconómicas, han
reducido los déficit fiscales y la inflación, han aumentado sus exportaciones y
consecuentemente los ingresos en divisas, entre otros, sin embargo los resultados en
materia de crecimiento del empleo, disminución de la pobreza y logro de una mayor equidad
social han sido por lo demás desalentadores2. Se calcula que desde comienzos de los
noventa las tasas de desempleo han aumentado constantemente hasta el punto de que la
desocupación urbana casi se ha duplicado en ese período, al paso que las remuneraciones
han caído dramáticamente en términos reales. La desigualdad y la exclusión social
lejos de disminuir se ha agravado y América Latina y el Caribe sigue siendo clasificada
como la región con más inequidad en el mundo3 , lo cual es una traba para que los
logros del crecimiento económico lleguen a los sectores pobres y marginados de la
población.
Esta evolución descansa, por un lado, sobre los seculares desequilibrios estructurales
socio-económicos de los países de la región pero, por otro lado, también es, en buena
medida, una consecuencia de las profundas reformas económicas y comerciales aplicadas
desde mediados de los setenta, basadas en una apertura económica indiscriminada, la
desregulación y en la priorización de las fuerzas del mercado en la asignación de
recursos, sin prever mecanismos de propagación del crecimiento y de redistribución del
ingreso, ni el desarrollo de programas sociales permanentes destinados a compensar los
efectos de las políticas de ajuste macroeconómico sobre los grupos más desfavorecidos
de la población. Pero, al mismo tiempo4, esta situación se relaciona con algunos efectos
contradictorios y negativos del proceso de globalización en las economías de la
región5.
Por un lado, la trasnacionalización productiva
que ha sido acentuada por la globalización de la producción de bienes no es precisamente
creadora de empleo productivo en los países receptores de las inversiones directas que
actúan como agentes trasmisores de ese proceso; antes por el contrario y aun tratándose
de nuevas inversiones6, a lo sumo son portadoras de una demanda creciente de trabajadores
altamente calificados y de una disminución del empleo en aquellas actividades productivas
con intensidad de mano de obra, a lo cual se añade la acción típica de las empresas
trasnacionales en cuanto a personal gerencial, el cual por lo general es provisto por las
casas matrices. Además, La revolución
electrónica y los consecuentes avances en el procesamiento de datos y trasmisión de
información han facilitado este proceso de toma de decisiones y organización de la
producción de las firmas a escala mundial (Ferrer, A.1998) Por otra parte, las
profundas transformaciones tecnológicas y científicas de las últimas décadas
sobre todo en el campo de la informática y las telecomunicaciones que son
justamente trasnacionalizadas por la
globalización, son ahorradoras de mano de obra, en particular porque ellas han
transformado sensiblemente la organización y los procedimientos de gestión empresarial,
reduciendo a su mínima expresión la incorporación de mano de obra en la elaboración de
una unidad de producto. De hecho, las actividades mayormente generadoras de empleo están,
por lo general, orientadas a satisfacer la demanda interna y las empresas que las realizan
no son justamente las firmas exportadoras sino más bien empresas locales pequeñas o
medianas inmersas en toda la cadena productiva nacional7.
En otras palabras, la globalización, que se inició y tomó cuerpo en la mundialización de los mercados y las inversiones
extranjeras directas su expresión más palpable se manifiesta también en
resultados que generan y aumentan la pobreza, la exclusión social y el desempleo.
Desigualdad y exclusión son también rasgos dominantes de la globalización
(PNUD, 1999), expresión que se ha consolidado en el transcurso del tiempo hasta el punto
que la conferencia mundial más reciente, la UNCTAD X, en su documento final
Declaración de Bangkok reconoció que las asimetrías y los desequilibrios,
así como la marginación de los países más pobres y de los grupos más vulnerables, se
acrecientan en la misma medida en que avanza y se profundiza la globalización.
En este contexto, toman cuerpo las concepciones dirigidas a privilegiar las capacidades de
movilización de los recursos internos hacia sectores de la producción, el comercio y los
servicios, mediante políticas públicas de desarrollo que contribuyan a crear
eslabonamientos productivos generadores de empleo ,
sin descuidar, al mismo tiempo, las posibilidades de aprovechar las ventajas que pudieran
derivarse del proceso de globalización para el crecimiento y el desarrollo, o mejor
dicho, sin descartar la posibilidad de ...regular o canalizar la
globalización8. Este proceso dependerá, a su vez, de la calidad de los nuevos
ajustes, en efecto ...el impacto de los
cambios puede ser positivo o negativo, es decir, que la apertura puede traducirse, por
ejemplo, en oportunidades de exportación o inversión, al igual que convertirse en
riesgos, como lo demuestra la volatilidad de los flujos de capital, en particular en la
experiencia de América Latina y el Caribe. Es la calidad de los ajustes - tanto a nivel
nacional como internacional la que determina la diferencia entre un balance
positivo o negativo, entre el aprovechamiento de la oportunidad o el costo del
riesgo 9
Pero al mismo
tiempo, se requiere tener en cuenta que la única vía capaz de asegurar el éxito de
tales ajustes es un desarrollo integrador que sea portador de equidad social, es
decir, que además de garantizar un crecimiento económico sostenible y niveles crecientes
de competitividad internacional, contenga políticas específicamente dirigidas a superar
el grave déficit social, para lo cual es necesario introducir criterios sociales a la
gestión económica de mediano y largo plazo10. A su vez, ese desarrollo integrador exige un nuevo papel del
Estado que diseñe y garantice, a mediano y largo plazo, políticas de desarrollo social y
equidad, desarrollo institucional, desarrollo sostenible y desarrollo tecnológico11.
II. El nuevo papel
de la integración
En ese marco, la integración surge, entonces, como una de las
vías idóneas para potenciar la movilización de recursos propios, basada en la
interdependencia de mercados relativamente equiparables entre sí, que si bien privilegia
la satisfacción de los mercados internos a una escala ampliada por los mecanismos de los
tratados y acuerdos suscritos, también sirva de base para emprender proyectos comunes,
acceder en condiciones competitivas a los mercados internacionales y, en general, poder
aprovechar las oportunidades que ofrece la globalización y contrarrestar sus efectos
negativos.
La integración que adelantan los países de la región en los distintos escenarios en que
se presenta, subregional, plurilateral o bilateral, no sólo ha subsistido frente a la
fuerza disociadora de la globalización fuerza que se manifiesta entre otras cosas
en la dispersión global de la producción y el comercio, sino que se ha fortalecido
y profundizado en los últimos años, convirtiéndose progresivamente en un valioso
instrumento que puede coadyuvar a contrarrestar la vulnerabilidad externa de la región y
facilitar el aprovechamiento de las oportunidades de desarrollo e inserción
internacional, objetivos éstos de difícil obtención individualmente, con mercados
insuficientes y precarios recursos económicos y tecnológicos. Asimismo, los mercados
ampliados representan una mayor resistencia ante las consecuencias de fenómenos tales
como la recesión, la inflación o los desajustes financieros de las principales potencias
mundiales que son propagadas por la globalización.
Sin embargo, los espacios económicos integrados existentes en la región siguen siendo de
magnitudes pequeñas y limitadas como para poder cumplir con los objetivos señalados.
Incluso, el mayor de ellos, el MERCOSUR, apenas representó el 1% de las exportaciones
mundiales en 199612. De ahí surge y se fundamenta la necesidad de la articulación y
convergencia de los esquemas subregionales y acuerdos de integración existentes en la
región, además de las razones políticas y la necesidad inminente de participar en
mejores condiciones en las negociaciones internacionales y hemisféricas en curso y por
venir. La convergencia implica, a su vez, consustanciar los compromisos integracionistas
con objetivos de efectos solidarios y sociales, es decir traducir esos compromisos en
procesos multidimensionales con proyección política, económica, social y cultural que
conciten la participación interactiva de todos los sectores de las poblaciones de los
países involucrados, tales como los empresarios, parlamentarios, intelectuales,
trabajadores y la sociedad civil 13 , entendiendo como tal el conjunto de protagonistas
no gubernamentales que desempeñan un papel cada vez más activo en la esfera política y
conforman corrientes de opinión.
Por lo que respecta a la dimensión social de
ese proceso, tema central de estas ideas, se ha venido superando la visión exclusivamente
comercialista de la integración,
incorporándole a los nuevos compromisos y a las reformas institucionales realizadas
determinados objetivos dirigidos a darle un contenido social a los emprendimientos
integracionistas, que acompañen la liberalización de los mercados y contribuyan a
superar las insuficiencias de las políticas emprendidas en años anteriores, creando de
esa manera un entorno más amigable para la integración que ...refuerce la complementariedad entre transformación
productiva y equidad, entre competitividad y cohesión social (Vacchino
2000:p.100). No obstante, hay que reconocer que el tratamiento de la cuestión social al
interior de los esquemas de integración se encuentra todavía en un estado embrionario y
se carece de políticas sociales comunitarias.
Con todos los avances logrados, los instrumentos e instituciones constituidas a tales
efectos siguen siendo de carácter consultivo, apenas pueden cumplir su función
representativa y su acción concluye, por lo general, en el nivel propositivo. Asimismo,
se carece de recursos financieros y de normativas comunitarias vinculantes para aplicar
políticas sociales comunes y, en general, la
cuestión político-social sigue estando subordinada a los objetivos económicos,
comerciales y financieros de la integración; aunque, políticamente, el tema social
siempre ha estado presente a la hora de asumir compromisos integracionistas por parte de
los Estados.
III. Aspectos centrales de la
experiencia europea
A diferencia de los emprendimientos
latinoamericanos y caribeños, desde el comienzo, en la integración europea hubo una
preocupación central por los aspectos distributivos
distribución de costos y beneficios a medida que se expanda el mercado
ampliado y por la cuestión de las asimetrías,
especialmente las laborales. Se asignan permanentemente ingentes recursos fiscales comunitarios para perseguir dos fines cruciales:
uno, promover la propagación del crecimiento y de los beneficios de la integración desde
las regiones de mayor desarrollo hacia las de menores ingresos o económicamente más
atrasadas y, dos, garantizar la cohesión social en
la medida en que el proceso se profundiza. Cabe resaltar que ambas políticas forman un
conjunto inseparable y tienen como base un elevado grado de supranacionalidad, es decir, son de carácter comunitario, condiciones de las cuales adolecen los
procesos de América Latina y el Caribe.
Otra característica del proceso europeo14 es la continuidad y perseverancia de estas
políticas aun con todas las dificultades por las que ha atravesado las cuales
convergieron en la firma del Tratado de Amsterdam en 1997, el cual unifica y da coherencia
a la política social comunitaria y contiene novedosos adelantos en materia social y de
empleo. Los antecedentes de todo el sistema conocido hoy día como Espacio Social Europeo están en el Tratado de
París de 1951 donde se establecieron los primeros compromisos de naturaleza social y se
creó el Fondo Social Europeo. Luego, en forma consistente se continuó profundizando y
mejorando dichas previsiones, en diversos instrumentos introducidos en el régimen
jurídico comunitario, tales como: el primer Programa
de Acción Social de 1974; el segundo Programa en 1984; el Acta Única Europea de
1987; el Tratado de la Unión Europea de 1992; el denominado Libro Verde de 1993 sobre el futuro de la política
social europea y el Libro Blanco de 1994 sobre
crecimiento, competitividad y empleo, poniendo el acento en que la competitividad y el progreso social pueden ir
unidos. Posteriormente, se aprobó el tercer Programa de Acción Social 1995-1997, al que
sucedió después el del bienio 1998-2000. Por último, son importantes las conclusiones
del Consejo Europeo de Lisboa de marzo de 2000 que establecieron como nuevo objetivo
estratégico de la Unión reforzar el empleo, la reforma económica y la cohesión social
como parte de una economía basada en el conocimiento.
Otro aspecto interesante es la manera cómo participan en la Europa social el sector privado, la sociedad civil
y las instituciones públicas, posibilitando y favoreciendo su gobernabilidad. La
participación institucionalizada se ejerce a través de las organizaciones sociales y
económicas que canalizan sus opiniones y demandas a través de foros y organismos creados
por la Unión Europea a tal efecto, siendo el más relevante el Comité Económico y
Social, donde se encuentran representados los más distintos sectores de la vida
económica y social. En segundo lugar, el Comité del Fondo Social Europeo, el Comité
Permanente del Empleo y el Diálogo Social, así como otros comités y foros donde
participan el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil. Es importante
destacar, al respecto, que el Tratado de la Unión Europea exige que se consulte a los
empresarios y a los trabajadores y que se soliciten dictámenes o recomendaciones de ambas
partes antes de presentar propuestas al Consejo.
Por lo que se refiere a la participación no institucionalizada, hay sectores como las
Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que redactan informes, memoranda, realizan
congresos y reuniones, etc., sobre aspectos concretos que les parece necesario destacar,
para influir de alguna manera en las decisiones y orientaciones generales de las
políticas. Una tercera forma de participación de las organizaciones de la sociedad
civil, son la cofinanciación y cogestión de programas y proyectos de carácter público,
existiendo unas líneas de financiación para tal fin. Estas organizaciones participan
también en la cofinanciación y gestión de políticas comunitarias como las
estructurales, en especial en colaboración con el Fondo Social Europeo, en la lucha
contra el desempleo de larga duración, ayuda a la inserción profesional de personas
expuestas a la exclusión del mercado laboral y la promoción de la igualdad de
oportunidades para el hombre y la mujer.
IV. Contenido y posibilidades de la
agenda social común
Los estudios y
análisis de reciente data sobre el tema15, coinciden en señalar que para avanzar hacia
una efectiva participación e interacción de los actores sociales involucrados en la
integración se requeriría tomar en cuenta tres aspectos fundamentales. En primer lugar,
asuntos relacionados con la salud, la educación, la cultura, la circulación de personas,
las migraciones, la formación de recursos humanos calificados para enfrentar el nuevo
paradigma productivo y la progresiva adecuación de las condiciones laborales a las cada
vez más exigentes condiciones del espacio ampliado, todos los cuales son elementos
necesarios para que la integración se transforme en realizaciones y se consolide
institucionalmente en la medida en que se profundiza la liberalización del mercado, de
las inversiones y de los espacios geográficos comprometidos. En segundo lugar,
modalidades de acción para enfrentar y atenuar las consecuencias del avance de la
integración económica en las sociedades de los diferentes países participantes,
particularmente en sectores específicos intensivos en mano de obra, zonas fronterizas
especialmente afectadas y determinados grupos sociales que pudieran verse marginados
durante el proceso. En tercer lugar, aquellos aspectos que garanticen la participación e
interacción de la sociedad civil como destinatario final de las transformaciones que trae
consigo la integración16.
Por tal motivo, sería conveniente concentrar los esfuerzos en aspectos muy puntuales para
avanzar, progresivamente, hacia una agenda social
común de la integración que comprenda, por lo menos, los siguientes elementos: (i)
cooperación entre organismos y países para enfrentar problemas relacionados con la
circulación de personas, reconocimiento de estudios y títulos, derechos laborales,
migración, y normas sobre protección y seguridad social (salud, jubilaciones, entre
otros); y (ii) medidas y políticas que atenúen los efectos sociales negativos de la
integración, tales como cooperación económica para el desarrollo de proyectos de
reconversión industrial y laboral, capacitación y entrenamiento de recursos humanos para
la modernización productiva, apoyo a zonas fronterizas, apoyo a sectores productivos
claves, entre otros.
Otra clasificación17 discrimina entre (i) los aspectos estrechamente vinculados a los
procesos económicos como los que tienen que ver con la circulación de los trabajadores legislación
laboral, seguridad social, reconocimiento de títulos, reconversión laboral, etc.;
(ii) programas sociales en áreas tales como
salud, higiene y salubridad, derivados en buena parte de la cooperación internacional de
la OMS, OPS, entre otras; (iii) los llamados procesos
societales que se originan al interior de cada sociedad de los países en proceso de
integración, como por ejemplo intercambio de estudiantes y científicos, el turismo, e
intercambios culturales; y (iv) las áreas vinculadas al desarrollo de un sujeto comunitario andino,
centroamericano, mercosureño, etc..
En ese sentido, si bien en su etapa inicial los esquemas y acuerdos de integración
soslayaron la dimensión social y concentraron sus esfuerzos en objetivos comerciales, a
medida que se profundiza la interdependencia económica y comercial entre los países
miembros se hace más evidente la necesidad de abordar el tema social y crece la
preocupación política por el mismo, dada la necesidad de convertir la integración en un
instrumento de desarrollo que contribuya, cada vez más, a superar los preocupantes
niveles de desempleo, pobreza y exclusión social de los países participantes. Todos los
procesos han avanzado en forma lenta pero progresiva hacia esa percepción y no en vano
han constituido nuevos e importantes mecanismos de acción18 dirigidos a cumplir
determinadas metas para atender la dimensión social y garantizar la activa participación
de los actores sociales en el proceso, incluyendo a la sociedad civil, tanto en la
formulación de políticas como en la ejecución de programas y proyectos19. Ha ganado
terreno el convencimiento de que todo proceso económico viene acompañado de
consecuencias sociales que a la larga pueden significar su propia sustentabilidad20, máxime si se supone que por
tratarse en el fondo de una política pública,
la política de integración del Estado no debería aplicarse en forma aislada y separada
de las otras políticas públicas, tales como la laboral, de salud, de educación,
capacitación, ambiental, entre otras, sino que, por el contrario, debe pasar a formar
parte de la política de desarrollo integrador
portador de equidad social.
Sin embargo, si bien las máximas instancias de los esquemas de integración han
reafirmado el objetivo estratégico de convertirla en un proyecto de comunidad económica,
social y política, las iniciativas en asuntos sociales y de participación de la
ciudadanía, de los empresarios y trabajadores, hasta ahora han dado pocos resultados
concretos, tal vez porque los esquemas siguen careciendo de mayores elementos vinculantes
y supranacionales, así como de asignación de recursos que garanticen su
materialización.
En el más reciente encuentro de expertos en esta materia21, organizado por el SELA con el
concurso de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) surgieron algunas
recomendaciones que pueden ser de utilidad para avanzar en el tratamiento de la cuestión
social de la integración y se llegó, además, a ciertas conclusiones sobre los aspectos
metodológicos del tema y a determinados denominadores
comunes de los distintos procesos analizados.
Por lo que a los aspectos metodológicos se
refiere, se consideró necesario concentrar el tratamiento de la dimensión social en dos
aspectos centrales: las políticas sociales comunitarias que se originan como consecuencia
de la evolución de la integración y la participación de la sociedad civil,
destinatarios finales de los cambios provocados por el proceso. A tales fines, se
consideró necesario precisar que la agenda social debe convertirse en un instrumento
flexible y adaptable, sujeto a revisiones periódicas, que tenga un carácter general con
adaptaciones específicas a nivel local (ejemplo de las fronteras y las Mercociudades) o a
nivel sectorial (si se consideran algunas organizaciones).
En cuanto a la participación de la sociedad civil
en la construcción de la agenda social comunitaria, la importancia de la misma debe ser
acrecentada mediante la conformación de redes de intercambio y propuestas ante temas
comunes (caso Mercociudades, temas subregionales, nuevos mecanismos participativos).
En tal sentido, se puso de relieve que el universo de actores participantes en los
procesos de integración ha crecido significativamente, tanto a nivel de sectores
involucrados (empresarios, trabajadores, colegios profesionales, ONGs, actores culturales,
organismos de defensa del consumidor entre otros), como de instancias espaciales de
referencia (entidades locales, subnacionales y subregionales además de las nacionales y
regionales). En especial, se resaltó la importante participación de los parlamentos
tanto en el plano nacional como subregional y regional, cuyas redes y vínculos con los
actores de la sociedad civil están conformando novedosas perspectivas en la construcción
de los procesos regionales.
Por otra parte, fueron identificados determinados denominadores
comunes de los distintos procesos vinculados con los aspectos sociales. En primer
lugar, la circunstancia de que algunos temas estén planteados en un contexto mundial y
que, además, estén incluidos en las agendas internacionales como es el caso de la
vinculación de la cláusula social con el comercio en la Organización Mundial del
Comercio y en las agendas continentales como el Área de Libre Comercio de las Américas.
En segundo lugar, el hecho de que la dimensión social haya pasado a formar parte de las
agendas nacionales y locales de desarrollo, generalizándose la inclusión del tema en las
agendas de integración. En tercer lugar, la circunstancia de que la especificidad de la
sociedad civil y su relativa autonomía respecto de las instancias de negociación
gubernamentales le confieren independencia a sus actuaciones, lo cual ha conducido a una
cierta continuidad en sus iniciativas al interior de los esquemas, pese a las crisis que
se presentan.
En cuarto lugar, las evidencias de desarrollos específicos de integración social en
determinadas áreas y sectores en particular, como es el caso de las fronteras y de las
redes regionales, mediante la conexión de asuntos, la especificidad de los mismos y los
efectos en cascada (por ejemplo la identidad trasfronteriza, el comercio minoritario, la
contaminación ambiental, el transporte, la circulación de personas en el caso de las
fronteras). En quinto lugar, diversas iniciativas que apuntan a conformar un sujeto
comunitario regional, en particular ciertas actuaciones en el campo cultural
(facilitación del intercambio de bienes culturales, creación de redes culturales, entre
otros), así como la facilitación de la circulación, un pasaporte común o, en algunos
casos, un documento regional específico, y algunas iniciativas para definir y fomentar un
turismo regional. Por último, el hecho de que exista una opinión generalizada en los
distintos procesos de integración regional en el sentido de que es necesario contar con
instrumentos más claros y efectivos para abordar la dimensión social.
Partiendo de esos denominadores comunes y de las experiencias acumuladas en los distintos
esquemas, en cuanto al tratamiento de la dimensión social, se hicieron algunas recomendaciones específicas para el trabajo
inmediato, tales como: (i) analizar y profundizar
la agenda social, determinando objetivos estratégicos que permitan concentrar
esfuerzos hacia su consecución, a través de diversos instrumentos (intercambio de
experiencias, diálogos y concertación entre actores sociales, entre otros), que
posibiliten, además, visualizar en los distintos procesos de integración los niveles de
aproximación y convergencia; (ii) formular instancias y definir instrumentos que
posibiliten la conformación de vasos comunicantes en materia de participación de actores
de la sociedad civil en procesos de integración; (iii) identificar las fronteras que los
diferentes procesos de integración visualizan en tanto experiencias locales específicas
de integración activa, a los efectos de gestar experiencias comparadas que posibiliten
aprendizajes comunes; (iv) extraer un mapa de las distintas iniciativas vinculadas a la
construcción de un sujeto comunitario que atañen a las identidades subregionales en sus
distintas manifestaciones (libre circulación, turismo, documento común entre otros) a
los efectos de intercambiar experiencias y fomentar campos de cooperación regionales.
Notas
1. Fue en la
Cumbre Mundial para el Desarrollo Social de Copenhague, de marzo de 1995, donde se
internacionalizó la consideración de temas tales como reducción de la pobreza y
articulación de políticas económicas y sociales.
2. Véase CEPAL, Equidad, Desarrollo y Ciudadanía, 2000 y Panorama Social de América Latina 1998, 1998,
Santiago de Chile; y PNUD, Informe de Desarrollo
Humano 1999, Nueva York, 1999
3. Véase Klein, E. y Tokman, V., La estratificación social bajo tensión en la
era de la globalización, Revista de la CEPAL 72, Santiago de Chile, diciembre
2000, p. 27.
4. Como resultado de estos cambios en
materia de políticas públicas, el crecimiento económico en los países de América
Latina y el Caribe ha pasado a depender del grado, la intensidad y la calidad de su
integración en una economía que se ha vuelto tanto globalizada como regionalizada,
CEPAL, texto preparado para la X UNCTAD, febrero 2000.
5. Para una categorización analítica de las
consecuencias políticas, económicas y sociales de la globalización en América Latina y
el Caribe, véanse: Ferrer, Aldo, Hechos y
ficciones de la globalización y otros trabajos publicados por el SELA en
Capítulos Nº 53 de junio de 1998; así como: Mayobre, E., Realidad y mito de la gobalización,
SELA, SP/Di Nº 7-2000; Vacchino, J.M.,
Globalización, inserción, integración: tres grandes desafíos para la
región SELA, SP/Di/Nº8-2000 y Retos
en el nuevo siglo: inserción internacional e integración regional en un escenario de
globalización, Capítulos Nº 60, diciembre de 2000; SELA, La inserción de América Latina y el Caribe en
el proceso de globalización de la economía mundial, SP/CL/XXVI.O/DT Nº8-2000;
y CEPAL, Globalización y regionalización,
una visión desde América Latina y el Caribe, documento preparado por la
Secretaría de la CEPAL para la X UNCTAD.
6. Buena parte de las inversiones extranjeras
directas derivadas de operaciones de privatización han sido adquisiciones de empresas
preexistentes con poca incidencia en el aumento de la producción y en el empleo.
7. Para una descripción detallada de estos
procesos y sus consecuencias, véase: Di Filippo, A. y Franco, R. Integración Regional, Desarrollo y
Equidad, Siglo XXI Editores y CEPAL, enero de 2000, pp. 31-57.
8. Expresión utilizada por el Embajador Otto
Boye Soto, Secretario Permanente del SELA, en su ponencia Integración Latinoamericana y Caribeña: Ahora
o nunca , presentada en el III Encuentro Internacional de Economistas sobre
Globalización y Problemas del Desarrollo efectuado en La Habana, Cuba, del 29 de enero al
2 de febrero de 2001.
9. Véase SELA, Estrategia de desarrollo para una economía
globalizada, Capítulos Nº 45, enero-marzo 1996, p. 30
10. La noción de mediano y largo plazo se
refiere a la provisión permanente de servicios de salud, educación y seguridad social
por parte del Estado más allá de sus políticas asistencialistas y dadivosas
coyunturales.
11. SELA, ídem, p. 35.
12. Cifra citada por Laredo, Iris M., en Hacia una integración multidimensional de
América Latina como herramienta frente a la globalización en Escenarios de la
Integración de las Américas, compilación de la Universidad de Los Andes, Mérida,
Venezuela, 1999, p. 81.
13. El SELA ha venido estudiando el tema de la
participación de la sociedad civil en los procesos de negociación comercial y de
integración regional y hemisférica. Véase VanGrasstek, C., La sociedad civil y el compromiso político de
los Estados Unidos para la liberalización comercial: implicaciones para las negociaciones
comerciales, El Laberinto Económico, SELA-AECI, Ediciones Corregidor, 1999 y
Gil, J.C., La sociedad civil ante la
integración regional y hemisférica, SELA SP/REASIALC/Di Nº 3-2000.
14. Una relación detallada y actualizada de la
evolución de la política social comunitaria de la Unión Europea puede apreciarse en:
García- Baltasar, José L.,El proceso de
integración europeo y la gobernabilidad de la Europa social, SELA,
SP/REASIALC/Di Nº 5-2000.
15. Se han avanzado estudios, reuniones y
seminarios principalmente en CEPAL, desde donde se impulsó el modelo de transformación
productiva con equidad, en CLAD, BID, CEFIR, en las propias secretarías de integración y
en el SELA. Por su parte, la UNCTAD ha incorporado algunos aspectos sociales en sus
trabajos sobre la dimensión del desarrollo en las negociaciones comerciales
internacionales.
16. Un análisis de cuáles podrían ser estos
mecanismos aparece en: Gil, J.C., La sociedad
civil ante la integración regional y hemisférica, SELA, anteriormente citado.
17. Dicha clasificación ha sido desarrollada
por el experto peruano Podestá, Bruno en La
integración regional y las posibilidades de una agenda social, SELA,
SP/REASIALC/ Di Nº 4-2000.
18. Véase el Anexo de este trabajo.
19. Un análisis al respecto puede apreciarse
en Bizzozero, L., La construcción de la
dimensión social en los nuevos regionalismos. El caso del MERCOSUR, SELA,
SP/REASIALC/Di Nº 2-2000 y Gil, J.C. (2000)
20. Podestá, Bruno, ídem, p. 1.
21. Véase al respecto: SELA, Informe final
de la reunión de expertos sobre aspectos sociales de la integración de América Latina y
el Caribe, REASIALC/DF, noviembre de 2000.
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