Integración: ahora o nunca
Edición Nº 61.
Enero - Abril 2001
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Integración e institucionalidad |
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Gerardo Noto
Experto en Relaciones Internacionales |
Integración e institucionalidad
En el siguiente artículo se intenta hacer una aproximación al estudio de la
relación entre el desarrollo institucional y el avance de la integración, con el objeto
de identificar algunos aspectos positivos que ayuden a enriquecer el debate sobre este
tema y a mejorar los distintos ámbitos de la integración en nuestra región. Para ello
se hace, en primer lugar, un análisis de lo que ha sido la experiencia europea y las
lecciones que América Latina y el Caribe pudiera tomar de ella, y en segundo lugar se
examinan los más importantes esquemas integracionistas de nuestra región (CAN, MERCOSUR,
CARICOM, SICA). Una de sus principales conclusiones es que a mayor desarrollo
institucional, es mayor el alcance, amplitud y profundidad de la integración.
Integration and Insitutionality
In this article the author examines the link between institutional development and
integration in order to identify some positive aspects that may enrich the debate on this
issue and improve the different integration arrangements in our region. To this end, he
analyzes first Europes experience in this field and the lessons Latin America and
the Caribbean may draw from it. Secondly, the author reviews our regions major
integration arrangements (CAN, MERCOSUR, CARICOM, SICA). One of the major conclusions he
presents is that the greater the institutional development the wider the scope and depth
of integration.
Intégration ou institutionnalité
Larticle ci-après se propose détudier le rapport entre développement
institutionnel et progrès de lintégration afin den identifier certains
aspects positifs contribuant à enrichir le débat sur la question et à améliorer les
différents volets de lintégration dans notre région. A lanalyse de
lexpérience européenne et des leçons que pourraient en tirer lAmérique
latine et les Caraïbes succède lexamen des principales expériences
intégrationnistes de notre région (CAN, MERCOSUR, CARICOM, SICA) menant à la conclusion
que plus le développement institutionnel est important, plus lintégration gagne en
portée, en ampleur et en profondeur.
Integração e Institucionalidade
Neste artigo tenta-se fazer uma aproximação ao estudo da relação entre o
desenvolvimento institucional e o avanço da integração, no sentido de identificar
alguns aspectos positivos que enriqueçam o debate sobre este tema e melhorem os diversos
âmbitos da integração na nossa região. Nesse sentido efetua-se, inicialmente, uma
análise do que tem sido a experiência européia e as lições que a América Latina e o
Caribe possam aprender da mesma. Em segundo lugar se examinam as mais importantes
experiências integracionistas da nossa região (CAN, MERCOSUL, CARICOM, SICA). Uma das
principais conclusões é que quanto maior for o desenvolvimento institucional maior será
o alcance, a amplitude e a profundidade da integração.
Introducción
La relación entre el desarrollo institucional y el avance de la integración ha ocupado
siempre un lugar importante en los procesos regionales. También en América Latina y el
Caribe ha sido un tema relevante, muy especialmente durante los últimos años, dado el
avance de la integración a nivel subregional, que se ha visto acompañado de la creación
de nuevas instituciones y la reforma y desarrollo de otras preexistentes. Esta
preocupación se ha visto renovada ante los nuevos desafíos a la integración en América
Latina y el Caribe.
Pero, ¿Cuáles son las consideraciones fundamentales de la relación entre la dimensión
institucional y la integración regional? ¿Un mayor desarrollo y densidad institucional
es necesariamente mejor para la integración? ¿Es conveniente el avance de la
supranacionalidad en las instituciones que rigen los destinos de los ámbitos de
integración? o por el contrario, ¿Es mejor mantener la capacidad de adoptar decisiones
vinculantes en el ámbito exclusivo de órganos intergubernamentales? ¿Es el modelo
institucional desarrollado por la Unión Europea la estructura más adecuada? ¿Cómo ha
impactado el modelo organizacional y las distintas reformas institucionales de la Unión
Europea sobre los diversos esquemas de integración regional en América Latina?
Pero más allá de las consideraciones teóricas sobre la institucionalidad de la
integración, nuestra región posee, después de una larga experiencia de más de cuarenta
años acumulada en diversos esquemas subregionales y regionales, un conjunto de lecciones
prácticas que son de gran utilidad para evaluar la funcionalidad de diversas estructuras
institucionales a la luz de nuestras propias características políticas, sociales,
económicas y culturales. Por lo tanto, es crucial profundizar el estudio de los efectos
que las diversas estructuras institucionales han generado en el desarrollo de los
distintos ámbitos de integración subregional en nuestra región. Es particularmente
relevante analizar los nuevos desarrollos institucionales que se han producido durante la
década del noventa, la cual ha sido testigo de un avance significativo de la integración
en la totalidad de la región, muy especialmente a nivel subregional. Este salto
cualitativo se ha visto acompañado de reformas y modificaciones organizacionales, de
asignación de nuevas funciones, de creación de nuevos ámbitos institucionales
intergubernamentales, en algunos casos, con características comunitarias.
Una cuestión importante, aunque difícil de medir, es la relación entre el desarrollo
institucional y el avance de la integración. En este trabajo, en donde se aspira a
ensayar una primera aproximación sobre este tema, el avance de la integración se
considera en dos dimensiones: una primera dimensión, de tipo económico normalmente
la única variable realmente considerada al evaluar el avance o retroceso de la
integración incluye las corrientes comerciales y de inversión entre los países
miembros. Una segunda dimensión, la cual mediría la amplitud o
profundidad de la integración, considera el conjunto de áreas en las cuales
se producen procesos y se aplican políticas destinadas a incrementar los intercambios y
las relaciones entre los actores de los países participantes en distintos ámbitos:
laboral, previsional, científico, educativo, cultural, sólo por citar algunos ejemplos.
I. Las lecciones del
desarrollo institucional en la Unión Europea
La evolución de la integración europea es
un prolongado y gradual avance hacia una mayor integración entre sus países miembros,
mientras, paralela pero no simultáneamente, se produce una gradual ampliación de la
membresía de la Unión Europea. En esta larga evolución se ha producido una compleja
construcción y reforma de diversas instituciones que han retroalimentado las tendencias
integracionistas, al igual que han neutralizado tendencias divergentes a esa dirección
estratégica dominante de la historia europea de la segunda mitad del siglo XX.
Las primeras organizaciones de la integración europea: la Comunidad Europea del Carbón y
del Acero (CECA-1951), la Comunidad Económica Europea (CEE, 1957) y la Comunidad Europea
de Energía Atómica (EURATOM, 1957), eran conducidas por un Consejo formado por
representantes gubernamentales, y una Comisión integrada por funcionarios que no
representaban a los países miembros sino a los intereses de la Comunidad en su conjunto.
En 1967 las entidades ejecutivas se fusionaron constituyendo la Comisión Europea y el
Consejo de Ministros. Así se fortaleció a la entidad de naturaleza comunitaria, la
Comisión, que se constituiría en un factor que impulsó consistentemente el proceso de
integración europeo aprovechando al máximo su poder propositivo en el proceso de
adopción de decisiones.
Hacia fines de la década de los sesenta, se fue consolidando el proceso integracionista
mediante la creación de recursos financieros comunitarios propios y el fortalecimiento de
los poderes presupuestarios del Parlamento. Se estableció gradualmente un sistema de
recaudación propio por el cual la Comunidad recibiría la recaudación aduanera del
comercio con terceros países, de las importaciones agrícolas y un porcentaje sobre la
recaudación del impuesto al valor agregado en los países miembros. Es importante
resaltar que la capacidad financiera autónoma de las instituciones comunitarias
constituyó un elemento clave en el avance del proceso integrador, dado que permitió un
rol dinamizador e impulsó el poder de iniciativa de la Comisión Europea.
Durante los años setenta, creció el rol de la reunión de jefes de Estado y Gobierno. En
diciembre de 1974 se decidió realizar reuniones cumbres periódicas anuales, sesionando
como Consejo Europeo, el cual se había reunido hasta ese momento al nivel ministerial.
También creció el rol del Parlamento Europeo, otorgándole mayores poderes sobre el
presupuesto y aceptando la celebración de elecciones parlamentarias directas, las cuales
se realizaron por primera vez en junio de 1979.
En la década de los ochenta, se inició el proceso para profundizar la integración y
conformar la Unión Europea. A partir del segundo lustro, con la presidencia de Jacques
Delors en la Comisión, se subscribe el Acta Única Europea (1986), con el objetivo de
perfeccionar el mercado único en 1992.
Con la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, la debacle de los estados
comunistas de Europa Oriental y la reunificación alemana, la Comunidad Europea enfrentó
nuevos desafíos y demandas por su ampliación.
Con el inicio de la década de los noventa, se acelera el proceso de reforma institucional
que llevó a la constitución de la Unión Europea. En diciembre de 1990, el Consejo
Europeo, reunido en Roma, convoca dos conferencias intergubernamentales, una sobre la
unión económica y monetaria y otra sobre la unión política, que van a dar por
resultado la elaboración del Tratado sobre la Unión Europea, suscrito en Maastricht, en
febrero de 1992. El 1º de noviembre de 1993, completado el proceso de ratificación por
los estados miembros, que incluyó referendos en numerosos países, se establece la Unión
Europea.
Con la vigencia del Tratado de la Unión Europea se amplía la integración a nuevas
áreas (defensa y política exterior) previamente de exclusiva jurisdicción de las
autoridades nacionales. También surgen nuevas instituciones como el Comité de las
Regiones.
Durante los años noventa se avanzó consistentemente en el proceso de unión económica y
monetaria, y en los mecanismos para la introducción de la moneda única. El 1º de enero
de 1999 se introduce el euro, convirtiéndose en la moneda oficial de Alemania, Austria,
Bélgica, Finlandia, Francia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Portugal y España.
La evolución de la integración europea demuestra cómo el desarrollo gradual y paulatino
del proceso permitió perfeccionar la estructura y mecanismos institucionales, al mismo
tiempo que se fue avanzando, tanto en la profundización de las áreas de integración
como en la ampliación geográfica incorporando a otros estados europeos.
II. Reflexiones para América Latina
y el Caribe
Un proceso que se extiende durante cincuenta
años, como la integración europea, presenta una magnitud y complejidad muy difícil de
asir en su totalidad, o incluso en sus aspectos más relevantes. En este esfuerzo
preliminar y necesariamente incompleto, sólo se identifican algunas líneas, que a la luz
de las necesidades e intereses de la integración en nuestra región, permitan continuar
profundizando y extrayendo lecciones concretas y útiles para avanzar en la integración
en América Latina y el Caribe.
En primer lugar, y aunque pueda parecer obvio a primera vista, el proceso de la
integración europea ha sido prolongado, ha seguido un desarrollo en diversas etapas, y
los ambiciosos logros alcanzados en los últimos años no pueden ser cabalmente
comprendidos sin entender los antecedentes e hitos logrados en diversos momentos del
proceso, incluyendo los momentos de estancamiento. Esto no significa, por ejemplo, que la
unión monetaria deba ser considerada un objetivo inalcanzable para cualquier otra
experiencia de integración. Si implica, sin embargo, reconocer que si nos circunscribimos
al proceso mismo de la unión económica y monetaria, es necesario remontarse treinta
años para encontrar el primer esfuerzo en esa dirección, con la adopción del Plan
Werner, al igual que considerar numerosos jalones en un arduo proceso que no puede ser
obviado para comprender cómo se alcanzó el objetivo final de una moneda única.
Un segundo aspecto que debería ser resaltado es la capacidad financiera autónoma de las
instituciones comunitarias, que no tiene parangón en nuestra región. Es claro que esta
condición no es suficiente para explicar el dinámico rol desempeñado por la Comisión
Europea, pero aparece como un elemento indispensable para hacer posible una función
dinamizadora como la desarrollada por ese organismo.
Un tercer aspecto que merece ser considerado es el crecimiento institucional y
organizacional en el proceso europeo: la etapa de conformación y constitución de la
unión aduanera; la etapa de la primera ampliación y consolidación; la etapa de la
apertura a países de menor desarrollo relativo y el reconocimiento de las diferencias de
desarrollo entre diversas regiones de los países miembros; y la última de la
constitución de la Unión Europea y el avance hacia la unión monetaria y económica, a
través de las cuales se pueden identificar los avances, más marcados en determinados
momentos que en otros, del desarrollo institucional. Este alcanzó a la normativa y al
funcionamiento de los órganos de la Unión (valga como ejemplo el crecimiento del rol del
Parlamento o de la importancia creciente de las sentencias de la Corte Europea de Justicia
en la construcción del derecho comunitario) o dio lugar al surgimiento de nuevos foros
(como el Consejo Europeo y el rol de liderazgo asumido por los jefes de Estado y de
Gobierno en sus reuniones periódicas, o el Comité de las Regiones).1
Otro aspecto relevante que amerita ser debatido en función de nuestros intereses, es la
relación entre desarrollo institucional y burocracia. Este debate ha permeado casi
constantemente la evolución del proceso de integración europeo. Está asociado a la
complejidad institucional que presenta la Unión Europea, y es considerado, en primera
instancia, al debatir en nuestra región cualquier desarrollo organizacional. Esta
cuestión presenta una faceta negativa asociada a un exceso de burocracia, o
burocratismo, pero tiene como contrapartida el crecimiento de las capacidades
organizativas de instituciones que mediante un accionar autónomo impulsan el proceso de
integración. La Comisión Europea ha presentado durante su larga existencia quizás los
mejores y los peores aspectos de esta doble tendencia, pero es casi imposible escindir el
éxito de la Unión Europea del crucial rol dinamizador desempeñado por la Comisión.
Sin duda, pueden seguir identificándose otras lecciones de esa experiencia. El
desenvolvimiento de la integración europea siempre ha estado presente, como modelo a
imitar o a diferenciarse, en los esquemas de integración de nuestra región. Por otro
lado, muchas instituciones que pueden trazar su origen en la experiencia europea, han
adoptado formas o un funcionamiento distinto al original. Otras figuras organizativas se
han desarrollado autónomamente en nuestra región. Por lo tanto, consideraremos ahora,
para avanzar en un proceso de análisis comparativo, la evolución institucional de
diversas experiencias de integración subregional en América Latina y el Caribe.
III. Desarrollo institucional e
integración en América Latina y el Caribe
1.
Comunidad Andina de Naciones
El Grupo Andino, que más recientemente adoptara la denominación de Comunidad Andina de
Naciones, es la experiencia de integración de mayor desarrollo institucional en América
Latina y el Caribe. Su evolución a lo largo de más de treinta años de existencia está
marcada por la creación y el perfeccionamiento de numerosas instituciones comunitarias y
de un amplio marco jurídico, que se articulan en el denominado Sistema Andino de
Integración.
El Acuerdo de Cartagena, tratado constitutivo del Grupo Andino, fue suscrito en 1969 por
Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú. En 1973 se integró Venezuela, que a pesar de
haber participado en las negociaciones iniciales no había suscrito el Acuerdo. En 1976
Chile decidió retirarse del Acuerdo de Cartagena.
Durante la década de los setenta, se avanzó en la definición de las metas fundamentales
relacionadas con la liberación comercial y el desarrollo industrial. A este período
corresponde la conformación institucional inicial: la Comisión como órgano político,
la Junta del Acuerdo como órgano técnico y el Tribunal de Justicia como órgano
jurídico.
En los años ochenta las divergencias entre algunos países miembros y, en particular, la
crisis de la deuda externa y los procesos de ajuste interno que se aplicaron en todas las
economías de la región, llevó al proceso de integración subregional a un período de
estancamiento. Para superar esta situación, en 1987 se suscribió el Protocolo de Quito,
que flexibilizó los mecanismos del Acuerdo de Cartagena.
Durante la década de los noventa, se produce el relanzamiento de la integración andina
que se caracteriza por el impulso que dan al proceso las reuniones presidenciales, que en
1990 constituyen el Consejo Presidencial Andino. Estas reuniones cumbres semestrales han
dado un gran respaldo político y dinamismo al proceso de integración, a través de las
llamadas Directrices Presidenciales.
A mediados de los años noventa, las reuniones presidenciales impulsaron el proceso de
reforma institucional. Así se subscribió el Protocolo de Trujillo, mediante el cual se
crea la denominada Comunidad Andina de Naciones y se consolida el Sistema Andino de
Integración. Se incorporó a la estructura institucional el Consejo Presidencial Andino y
el Consejo Andino de Cancilleres. También se sustituyó la Junta del Acuerdo, conformada
por tres miembros, por un Secretario General con atribuciones de mayor alcance ejecutivo.
Cabe anotar también que en este período se suscribe el Protocolo Modificatorio del
Tratado de Creación del Tribunal Andino de Justicia y del Parlamento Andino.
En 1997 se creó el Consejo Asesor de Ministros de Economía y Finanzas, Bancos Centrales
y organismos de planificación, en el marco del proceso de coordinación de las políticas
económicas y las estrategias de desarrollo. Si bien este organismo no está integrado
formalmente, reviste un foro de la máxima importancia y trascendencia.
Esta complejidad organizacional se ve acompañada de un amplio cuerpo de normas jurídicas
desarrolladas a lo largo del proceso de integración. La característica más importante
del orden jurídico andino es la supranacionalidad, que lo distingue del Derecho
Internacional Público clásico. La supranacionalidad se expresa fundamentalmente en la
«Aplicabilidad Directa» (las normas no necesitan ser ratificadas a nivel nacional pues
adquieren validez con su publicación oficial) y la «Preeminencia» de las normas
comunitarias, consagradas por el Tratado de Creación del Tribunal de Justicia del Acuerdo
de Cartagena, que entró en vigencia en 1983.
A. Algunas reflexiones sobre la experiencia
andina
El proceso de integración andino muestra no sólo la mayor complejidad institucional sino
también un gran dinamismo en el desarrollo organizacional frente a otros esquemas de
integración en nuestra región. Además, su crecimiento y ampliación se ha visto
acompañada de permanentes ajustes y reformas institucionales.
Su estructura organizativa no sólo es compleja, sino que se aproxima más que ninguna
otra iniciativa subregional a la madurez institucional de la Unión Europea. Sin embargo,
a pesar de que sus logros en el campo de la integración económica son elevados, no
parece existir una relación directa con el gran desarrollo institucional alcanzado.
Surgen otros factores, económicos y políticos, que juegan un rol fundamental para
explicar las metas alcanzadas, al igual que las limitaciones que han impedido que las
mismas sean mayores.
La década de los noventa constituye un período de crecimiento y consolidación del
proceso, jugando los jefes de Estado un papel crucial para darle pujanza a la integración
andina. Además, las reuniones presidenciales no sólo permitieron impulsar el proceso de
integración económica, sino que también ampliaron la integración en los aspectos
culturales, sociales y políticos, los cuales habían quedado relativamente rezagados
hasta ese momento.
Un aspecto destacable es que la densidad institucional que alcanzó el proceso andino, se
parangona con la gran amplitud de las áreas que abarca la integración subregional. Los
diversos órganos y acuerdos regionales han alentado un mayor alcance en la integración
subregional, incluyendo avances significativos en áreas como la educación, la salud
pública, los sistemas previsionales, por citar sólo algunos ejemplos.
Otro aspecto para subrayar es la existencia del Tribunal de Justicia como un elemento
clave del sistema de resolución de controversias entre los miembros y, muy especialmente,
las características de supranacionalidad de su normativa jurídica. Este último es un
aspecto que diferencia a la subregión andina frente a otros esquemas de integración en
América Latina y el Caribe y cuya experiencia debería ser analizada con profundidad a la
hora de explorar modificaciones institucionales en esta materia.
2. Comunidad del Caribe (CARICOM)
La Comunidad del Caribe (CARICOM) fue establecida en 1973 entre diversos países y
territorios del Caribe por el Tratado de Chaguaramas. Al igual que en otras partes de la
región, el proceso de integración sufrió un relativo estancamiento en los años
ochenta. En los años noventa, en cambio, los estados miembros reactivaron sus lazos
regionales con una estrategia de crecimiento económico orientada hacia el exterior y
encaminada a integrar sus economías en forma más eficiente en el mercado mundial.
Actualmente CARICOM enfrenta un proceso de transformación de su zona de libre comercio y
su unión aduanera en un mercado único. Seis de sus integrantes que forman la
Organización de los Estados del Caribe Oriental ya han adoptado una moneda única,
administrada por un banco central común. Además, CARICOM posee una larga tradición de
cooperación regional en una amplia gama de asuntos de interés común, como política
exterior, salud, educación, turismo, desastres naturales y otros ámbitos vitales para el
desarrollo social y económico.
Los principales organismos de la Comunidad son la Conferencia de Jefes de Gobierno y el
Consejo de Ministros. La Conferencia es la máxima autoridad de CARICOM. Está conformada
por los jefes de Gobierno de los países miembros. Como órgano supremo adopta las
políticas de la Comunidad y otorga la aprobación final a los tratados internacionales
suscritos. El Consejo está compuesto de los ministros responsables de los asuntos de
CARICOM en los distintos países miembros y otros ministros designados por los gobiernos.
Es responsabilidad del Consejo la planificación estratégica de la organización y la
coordinación en las áreas de integración, cooperación funcional y relaciones
exteriores. Existen también cuatro consejos de nivel ministerial: Consejo de Desarrollo
Económico y Comercio, Consejo de Relaciones Exteriores y de la Comunidad, Consejo de
Desarrollo Social y Humano, Consejo de Planificación y Finanzas.
La Secretaría General de CARICOM, conducida por el Secretario General, coordina y da
apoyo a las reuniones de los órganos e instituciones de la Comunidad, al igual que da
seguimiento permanente al conjunto de programas y proyectos de CARICOM.
En el área de la cooperación funcional existen numerosas instituciones especializadas en
materia de desastres naturales, meteorología, agricultura y alimentación, salud,
educación, turismo, etc. El Banco de Desarrollo del Caribe (CDB) es una entidad asociada
en el área de financiamiento para el desarrollo.
En el área legislativa y jurisdiccional, en los últimos años, se han producido avances
para desarrollar órganos en estos campos. Se constituyó en 1996 una Asamblea de
Parlamentarios de CARICOM. En julio de 1999 los jefes de Gobierno adoptaron la decisión
de establecer una Corte de Justicia del Caribe. Ésta tendrá carácter de corte de
apelaciones de última instancia.
Durante la década de los noventa, CARICOM ha implementado importantes cambios
institucionales y normativos para avanzar en la integración subregional. En los últimos
años ha habido una considerable actividad vinculada con el establecimiento de un mercado
y una economía únicos del Caribe que incluyan, no sólo un mercado común, sino también
la armonización de las políticas macroeconómicas. Para alcanzar esta meta, sus miembros
han desarrollado un proceso de revisión del tratado constitutivo de la Comunidad, para
implementar completamente el área de libre comercio y la unión aduanera mediante un
Arancel Externo Común (AEC), e ir más allá, para establecer claras pautas de libre
movilidad de los servicios, capital y trabajo. Los nueve protocolos que enmiendan el
Tratado de Chaguaramas ya han sido firmados,2 y cuatro han entrado en vigor
provisionalmente, hasta que todos los miembros completen formalmente el procedimiento de
ratificación.3
Las complejas negociaciones comerciales desarrolladas en el marco regional y global
representan un gran esfuerzo para los gobiernos de la región. Con el objetivo de
aprovechar los escasos recursos humanos, y en función de que CARICOM está perfeccionando
su unión aduanera, en 1997 sus miembros establecieron la Maquinaria de Negociación
Regional del Caribe para las Negociaciones Económicas Internacionales (RNM, Regional Negotiating Machinery). La RNM ha hecho
aportes importantes hacia la elaboración y aplicación de estrategias de negociación
conjuntas en relación con la OMC, el ALCA, la UE y los Estados Unidos. La firma del
acuerdo de los países ACP con la UE en 2000, que reemplazó a la Convención de Lomé,
donde la RNM desempeñó un relevante papel, ha significado un importante logro
institucional de CARICOM.
A. Algunas reflexiones sobre la experiencia
caribeña
CARICOM es una organización regional que presenta características especiales que merecen
ser destacadas. En primer lugar, sus objetivos, aunque centrados en la meta de
integración económica con la creación de un mercado único, van más allá de la esfera
económica para plantearse, desde su misma creación, la conformación de una comunidad
entre todas las naciones caribeñas. Esta noción avanzada de integración dio lugar a una
densa cooperación regional en diversas áreas, incluso en las relaciones externas de los
países caribeños.
Precisamente en el marco de la proyección externa, fue creada una institución inédita
en las experiencias de integración en América Latina y el Caribe, la RNM. Este cuerpo
permanente no sólo permite aprovechar al máximo los siempre escasos recursos humanos de
alto nivel y experiencia en negociaciones internacionales complejas, sino que su propia
existencia y funcionamiento ha requerido el desarrollo de una política de negociación en
materia comercial para toda la Comunidad. Esta experiencia debería ser estudiada más
detalladamente para analizar seriamente las posibilidades de ser aplicada en el marco de
otras subregiones. La complejidad de negociaciones simultáneas, a nivel intra-regional,
hemisférico (ALCA), interregional (las negociaciones con la Unión Europea, por la
renovación del Convenio de Lomé), e internacional (OMC), demanda instrumentos y
procedimientos institucionales que sean capaces de generar consenso y posiciones
coordinadas que articulen los diversos intereses de las partes componentes de las
entidades subregionales de integración, haciendo más efectiva la representación y
mejorando la capacidad de negociación de nuestros países en sus relaciones externas.
Por otra parte, CARICOM ha desarrollado una extensa y profusa red de instituciones y
reuniones intergubernamentales, del sector privado y de las ONG. Esta densidad
institucional y el consiguiente desarrollo de redes, formales e informales, han
impulsado la integración del Caribe en innumerables áreas.
También cabe destacar la existencia de un organismo permanente, la Secretaría General,
dotada de recursos humanos y presupuestarios que le permiten apoyar el alto nivel de
actividad de la Comunidad en una amplio espectro de cuestiones.
Una nota a subrayar en el proceso de reforma institucional, que ha implicado
modificaciones al tratado constitutivo mediante la vía de protocolos adicionales, es que
no sólo ha desarrollado la normativa jurídica necesaria para perfeccionar el mercado
único, sino que también ha incorporado el principio de la adopción de decisiones por la
mayoría, superando la norma prevaleciente de la unanimidad o consenso que constituye la
práctica dominante en el conjunto de las organizaciones de integración en nuestra
región.
3. Integración centroamericana
El Tratado General de Integración Económica Centroamericana (1960) es el instrumento
marco del proceso de integración en América Central. Este proceso sufrió el
estancamiento durante la década de los ochenta, como producto de los conflictos que
afectaron la región. En 1990, en el marco del proceso de paz de Esquipulas, los
presidentes centroamericanos celebraron la Cumbre de Antigua, Guatemala, destinada a la
planificación del desarrollo económico regional, por el cual se decidió crear un nuevo
marco jurídico e institucional de la integración, que llevó a la suscripción del
«Protocolo de Tegucigalpa (1991).
Con la recuperación del dinamismo del proceso de integración en los años noventa, se
avanzó en un proceso de reforma y modernización organizacional, que llevó a un acuerdo
de los presidentes en 1997.4 Así, se adoptaron las siguientes reformas:
La reunión de los presidentes centroamericanos se constituyó en órgano supremo del
Sistema de Integración Centroamericana (SICA). Se estableció la realización de una
reunión anual ordinaria y reuniones extraordinarias. Se instituyó una presidencia
rotativa semestral y se designó a la Secretaría General del SICA para apoyar en las
funciones administrativas y técnicas a la presidencia pro témpore.
Se mantuvo el Consejo de Ministros del Protocolo de Tegucigalpa, preservando al mismo
tiempo el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores como el órgano principal de
coordinación del SICA. Paralelamente se determinó que los ministros de economía, como
integrantes del Consejo de Ministros, conforman el Consejo de Ministros de Integración
Económica.
Se determinó la reforma de las atribuciones del Parlamento Centroamericano,
manteniéndose como un órgano principal del proceso de integración regional, al igual
que la Corte Centroamericana de Justicia.
Dado que en Centroamérica existen diversas secretarías de apoyo al proceso de
integración en diversas áreas, los presidentes impulsaron la unificación de las mismas,
pero ese objetivo sufrió modificaciones posteriores, manteniéndose su existencia pero
buscando una mayor coordinación. Las dos principales son la secretaría del SICA y la
Secretaría Permanente del Tratado General de Integración Económica Centroamericana
(SIECA). Sin embargo existen otras secretarías especializadas.5
En el área específica de la integración económica, existen los siguientes órganos: el
Consejo de Ministros de Integración Económica, conformado por los ministros de los
gabinetes económicos y los presidentes de los Bancos Centrales, que tiene a su cargo la
coordinación, armonización, convergencia o unificación de las políticas económicas de
los países. Además, el Consejo Intersectorial de Ministros de Integración Económica,
que reúne al Consejo de Ministros de Integración Económica con titulares de otros ramos
ministeriales, y el Consejo Sectorial, que reúne a los ministros de un solo ramo.
También existen el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Comité
Consultivo de la Integración Económica (CCIE).
A. Algunas reflexiones sobre la experiencia centroamericana
En la experiencia centroamericana se destaca muy evidentemente la estrecha vinculación de
lo político y lo económico en el proceso de integración. A partir de la superación de
los serios conflictos sufridos por la región en la década de los ochenta fue posible
recuperar el camino perdido en materia de integración económica.
Al igual que en otras subregiones, el liderazgo impreso por los jefes de Estado fue
crucial en el desarrollo de la integración subregional, no sólo para superar la crisis
de los ochenta, sino también para impulsar la integración centroamericana hacia la
profundización entre los tradicionales cinco miembros del istmo, como hacia nuevos socios
de América Central y el Caribe.
Este nuevo impulso integrador se ha visto acompañado por adaptaciones del marco
normativo, para conseguir una mayor flexibilidad en las vías para alcanzar un mayor grado
de integración, especialmente económica. Estos cambios han alentado un mayor nivel de
integración, que ha permitido un crecimiento del intercambio comercial y económico,
aunque no se ha logrado todavía el perfeccionamiento del Mercado Común Centroamericano.
El largo proceso integrador en la subregión ha dado lugar al desarrollo de numerosas
instituciones, de tipo permanente como SICA y SIECA, al igual que ámbitos de decisión
intergubernamentales, al nivel ministerial o presidencial. Una nota característica de la
integración en Centroamérica es la fluidez y densidad de contactos entre los distintos
niveles de decisión de los países miembros, incluyendo a los presidentes. Esta
multiplicidad institucional ha avanzado hacia una mayor coordinación a partir del
liderazgo presidencial en los últimos años, y simultáneamente ha permitido el
crecimiento de la integración en diversas áreas. Esta estructura institucional, que ha
sido capaz de mantener el nexo entre los países miembros aún en los momentos de más
álgido conflicto de los ochenta, enfrenta hoy nuevos desafíos frente a la
profundización del proceso integrador y la ampliación a nuevos miembros.
4. Mercado Común del Sur (MERCOSUR)
Desde el inicio de la década de los noventa, se dio un proceso de revitalización y
relanzamiento de la integración subregional en América Latina, asociado a las reformas
económicas estructurales implementadas en los países de la región. El Tratado de
Asunción, suscrito el 26 de marzo de 1991, dio lugar a la constitución del Mercado
Común del Sur entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Este nuevo ámbito subregional
se destacó rápidamente por la magnitud económica del Cono Sur, zona que cuenta con una
población superior a los 200 millones de habitantes y un PBI mayor a los US$ 800.000
millones. También por plantear ambiciosos objetivos: constituir un mercado común para la
libre movilidad de bienes, servicios, capital y personas, y la coordinación de las
políticas económicas de sus países miembros. Su trascendencia e impacto se consolidó
al avanzar determinadamente hacia las metas planteadas, en especial al concluir
satisfactoriamente la denominada etapa de transición, en diciembre de 1994.
Para alcanzar las metas del Tratado de Asunción se estableció un cronograma taxativo de
reducción de los niveles arancelarios para el comercio entre los países miembros, que
concluyó satisfactoriamente el 31 de diciembre de 1994. En el Protocolo de Ouro Preto
(firmado en diciembre de 1994), complementario del Tratado de Asunción, se formalizaron
los logros alcanzados en la etapa de transición: la constitución de una Zona de Libre
Comercio, con algunas excepciones con plazos determinados para su eliminación, y el
establecimiento de un Arancel Externo Común. De ese modo, en enero de 1995 se estableció
una Zona de Libre Comercio y Unión Aduanera imperfectas entre Argentina,
Brasil, Paraguay y Uruguay.6
También el Protocolo de Ouro Preto estableció las instituciones definitivas del Mercado
Común, a partir de la experiencia acumulada durante la etapa de transición. Durante ese
lapso, y según lo establecido en el Tratado de Asunción, se conformaron dos organismos
inter-gubernamentales: el Consejo y el Grupo del Mercado Común. Así, el MERCOSUR es
gobernado por tres órganos principales: el Consejo del Mercado Común (CMC), el Grupo
Mercado Común (GMC), y la Comisión de Comercio (CCM). Existen también dos entes
colegiados consultivos: la Comisión Parlamentaria y el Foro Consultivo Económico y
Social. Complementa esta estructura institucional la Secretaría Administrativa para dar
apoyo técnico.
El CMC, como máxima instancia, adopta decisiones por consenso, con la presencia de los
cuatro socios. Está compuesto por los ministros de economía y los ministros de
Relaciones Exteriores. Además, en función del área específica a considerar, puede
estar integrado también por otros ministros sectoriales. Se reúne en forma ordinaria
cada seis meses, pudiendo sesionar en forma extraordinaria en caso de urgencia.
El CMC, según lo estipula el Tratado de Asunción, se debe reunir con la presencia de los
presidentes de los países miembros, lo que ha dado al proceso del MERCOSUR el marcado
protagonismo de los jefes de Estado, con el consiguiente apoyo político a la integración
subregional.
La presidencia pro témpore del MERCOSUR, que
rota semestralmente entre los cuatro países, ha dado también fuerte impulso al proceso,
al asumir cada miembro, en forma expresa, el compromiso de avanzar el proceso de
integración, alcanzando determinados objetivos durante el período correspondiente.
El GMC está compuesto por cuatro representantes de cada uno de los cuatro países. Sus
representantes son altos funcionarios de los ministerios de Relaciones Exteriores,
Economía, Comercio y del Banco Central de cada país, siendo el primero, normalmente, el
coordinador nacional del MERCOSUR.
El GMC implementa todas las decisiones emanadas del CMC y recoge las recomendaciones que
surgen de los grupos de trabajo sectoriales y de las reuniones especializadas. Adopta sus
resoluciones por consenso y con la presencia de los cuatro miembros.
La CCM, nueva institución establecida por el Protocolo de Ouro Preto, administra las
relaciones comerciales entre los miembros y es una primera instancia de resolución de las
diferencias en materia comercial. Esta depende del GMC y su función es dar seguimiento y
supervisar la aplicación de las medidas de política comercial del MERCOSUR, tanto entre
los miembros como con terceros países. La Comisión posee diez comités técnicos, de
tipo sectorial, y procura alcanzar soluciones por la vía de recomendaciones. Aprueba por
consenso directivas de ejecución obligatoria para los estados partes.
A. Algunas reflexiones sobre la experiencia del
MERCOSUR
Una primera consideración sobre la experiencia del MERCOSUR es la rapidez con que se
lograron ambiciosas metas de integración. Si bien ésta se construyó sobre un intenso
proceso entre Argentina y Brasil, que comenzó en 1985 con la firma de la Declaración de
Iguazú entre los Presidentes Raúl Alfonsin y José Sarney, y continuó aceleradamente
hasta la firma del Tratado de Asunción en 1991, no debe olvidarse que después de una
larga historia de frustraciones de diversas iniciativas regionales emprendidas a lo largo
de muchas décadas, el éxito logrado por el MERCOSUR, al menos en términos de la
integración comercial y económica, no deja de sorprender y satisfacer gratamente.
Este éxito puede atribuirse a diversas causas, pero sin duda que la determinación
política inconmovible de los estados participantes y el cumplimiento de los compromisos
asumidos, cumplieron un rol crucial. Un aspecto que ya ha sido mencionado, pero que
se subraya por constituir una experiencia positiva y replicable, es la adopción de un
programa taxativo de liberalización comercial, que se aplicó en la etapa de transición,
y que llevó a establecer una zona de libre comercio y una unión aduanera imperfecta en
un lapso comparativamente breve.
Otro aspecto positivo destacable en el proceso de formación del MERCOSUR fue el
protagonismo de la primera línea de los gobiernos participantes, no sólo de los
presidentes, sino también de los ministros y negociadores de alto nivel que llevaron
adelante todo el proceso. MERCOSUR es un proceso intergubernamental, casi sin componentes
comunitarios. Esta característica positiva en la etapa de formación, parece
constituirse en un aspecto negativo en su etapa de consolidación y desarrollo.
La debilidad institucional de tipo comunitaria que presenta MERCOSUR, incluso a la luz de
otras experiencias regionales debe recordarse que no existe un órgano común
permanente, excepto por la funcionalmente limitada Secretaría Administrativa no
contribuye a canalizar institucionalmente los conflictos del proceso integrador. Esta
aseveración no implica que la mera existencia de una fuerte secretaría general o
comisión comunitaria evite necesariamente el conflicto de intereses entre las diversas
partes intervinientes, no sólo gubernamentales, pero aparentemente contribuiría a evitar
que las máximas instancias deban intervenir en forma periódica para superar las
diferencias o crisis. El avance en las etapas de la integración normalmente requiere
adaptaciones institucionales, y así se observa regularmente en las diversas regiones.
Otra nota destacable es que si bien las instancias intergubernamentales no obstaculizan la
ampliación de la integración a diversas áreas económicas, sociales y culturales,
parece que la carencia de una instancia permanente, quedando la coordinación y
seguimiento solamente entre los gobiernos partes, constituye un elemento que aparentemente
retrasa el desarrollo de una mayor densidad de la integración subregional.
No cabe duda de que los conflictos que subsisten a lo largo de diversas etapas no pueden
ser totalmente superados, ya que requieren la articulación de intereses contradictorios.
Sin embargo, al igual que diera resultados en etapas precedentes, la adopción de
compromisos jurídicos con plazos taxativos y la adopción de normas comunes obligatorias,
pueden constituir una lección positiva que MERCOSUR puede brindar a otros, y brindarse a
sí mismo.
A modo de conclusión
En este trabajo se han elaborado algunas observaciones con el objetivo de alimentar el
debate sobre la institucionalidad y la integración en América Latina y el Caribe, que se
considera crucial para permitir un desarrollo mayor de la integración regional.
Una primera apreciación apunta a destacar que se ha percibido una relación directa entre
el desarrollo institucional y la amplitud o profundidad de la integración. Es decir, un
mayor desarrollo institucional en el plano de las normas jurídicas, las instancias
institucionales intergubernamentales o las organizaciones permanentes se ve
acompañado de un mayor alcance y amplitud en las áreas del proceso de integración, en
la profundidad de la integración. Un complejo tramado de instituciones y compromisos
jurídicos, aparentemente, genera una dinámica que, al menos en ámbitos gubernamentales,
dispara una creciente actividad integradora en diversas áreas. Las dudas en este proceso
surgen al tratar de determinar el efecto demostración de esta dinámica sobre actores no
gubernamentales, especialmente en las áreas económicas, los cuales aparecen impulsados
fundamentalmente por incentivos económicos y no por demandas organizacionales.
Consecuentemente, se hace más difícil establecer una relación determinada entre el
desarrollo institucional y el avance de la integración económica. Factores económicos
domésticos, subregionales o internacionales y políticos especialmente
domésticos impactan de forma más contundente sobre el resultado de la integración
económica, que una determinada forma de estructura organizacional. Esta afirmación no
implica que las fuerzas políticas y económicas no puedan ser encauzadas por las formas
institucionales y organizativas, pero no se ha percibido que haya un carácter
determinante del factor organizacional en el resultado del proceso de integración. Sin
embargo, ciertos elementos institucionales incorporados en los ordenamientos jurídicos
han motivado limitaciones a las opciones políticas de los gobiernos, no necesariamente
por la inviolabilidad de los compromisos contraídos, pero sí, al menos, por el elevado
costo político de determinadas acciones. Si bien este constreñimiento no siempre ha
impedido acciones contrarias al proceso integrador, la década de los ochenta es testigo
de ello. En múltiples ocasiones ha sido capaz de limitar las opciones cuyos efectos
deterioran los esquemas de integración, especialmente durante la década de los noventa.
Este factor institucional se considera de gran relevancia al considerar nuevas vías para
el desarrollo institucional y normativo de los esquemas de integración en nuestra
región.
La riqueza de experiencias institucionales y organizacionales del proceso de integración
dentro y fuera de nuestra región llama también a considerar la factibilidad de
transferir casos exitosos en determinadas circunstancias históricas y geográficas a
otras realidades diferentes. No cabe duda de que los condicionantes políticos,
económicos, sociales y culturales de determinados países y regiones no pueden ser
obviados, tampoco las características estructurales y coyunturales de cada situación
específica. De todos modos, hay ciertas lecciones que surgen de determinadas soluciones
institucionales y organizacionales que necesariamente deben ser tenidos en cuenta, aunque
deben ser evaluadas a la luz de la especificidad de cada subregión y situación concreta.
Notas
1. Ante este dinamismo, algunas experiencias en
nuestra región podrán parecer como demasiado estáticas y conservadoras en materia de
desarrollo institucional.
2. El Protocolo I, en vigencia desde 1997, ha
establecido la reestructuración de los órganos y el procedimiento para la toma de
decisiones de la Comunidad, introduciendo la votación por mayoría calificada en algunos
ámbitos. En 1998 entró provisionalmente en vigor el Protocolo II, referente al derecho
de establecimiento, la prestación de servicios y los movimientos de capital. Otros
protocolos suscritos en el año 1998 apuntan a facilitar el funcionamiento del mercado
único: el Protocolo III sobre Política Industrial; el IV sobre Política Comercial; el V
sobre Agricultura; el VI sobre Política de Transporte; el VII destinado a otorgar
privilegios especiales a las economías en situación relativamente menos ventajosa de la
Comunidad; el VIII sobre Solución de Controversias, y el IX sobre Política de
Competencia han sido suscritos pero todavía no han entrado en vigencia.
3. Los cuatro protocolos que están siendo
aplicados provisionalmente son el I, II, IV y VII.
4. Ver documento sobre los Lineamientos
para el fortalecimiento y racionalización de la institucionalidad regional suscrito
por los presidentes en la XIX Reunión Cumbre de Panamá, República de Panamá, el 12 de
julio de 1997.
5. Secretaría de la Integración Social
Centroamericana (SISCA), Secretaría Ejecutiva de la Comisión Centroamericana de Ambiente
y Desarrollo (SE-CCAD), Secretaría General del Consejo Agropecuario Centroamericano
(SG-CAC), Secretaría General de la Coordinación Educativa y Cultura Centroamericana (SG-
CECC), Secretaría de Integración Turística Centroamericana (SITCA) y la Secretaría
Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SE-CMCA).
6.
La Zona de Libre Comercio y el Arancel Externo Común no abarcan la totalidad del universo
arancelario. Algunos bienes sensibles fueron excluidos de la zona de libre comercio e
incorporados gradualmente hasta diciembre de 1999 para Argentina y Brasil, con un lapso
adicional para las excepciones en favor de Paraguay y Uruguay. También existe un régimen
especial para algunos sectores, como el automotor y el del azúcar, con un mayor plazo de
transición hacia el libre comercio. Por su parte, el régimen de AEC no incluye todavía
a los bienes de capital, las computadoras y software, y a los equipos de
telecomunicaciones. Actualmente, cada uno de los países del MERCOSUR aplica su propia
tasa arancelaria a esos bienes. Para los bienes de capital, las tasas arancelarias deben
converger al 14 por ciento en enero de 2001 en el caso de Argentina y Brasil, y en enero
de 2006 en el caso de Paraguay y Uruguay. En el caso de las computadoras y el software, y
los equipos de telecomunicaciones, las tasas arancelarias deben converger a un nivel del
16 por ciento en 2006.
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