COVID-19 e Inclusión Digital en América Latina y el Caribe: un problema de conectividad y acceso

04 de junio de 2020
autor: http://www.sela.org | Carlos I. Ortuño (*)

 

Una de las prioridades de América Latina y el Caribe (ALC) es superar la distancia entre los individuos “conectados” o digitalmente incluidos y los “no conectados” o digitalmente excluidos. Esta situación, categorizada por Baigorri y Fernández (2000) como fractura digital, o por otros autores como brecha digital (BD) o digital divide, consiste en la reducida posibilidad que tiene un considerable segmento de la población para acceder y utilizar de forma efectiva las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC); con el fin último de alcanzar una mejora de sus condiciones de vida. Las razones que no permiten alcanzar el uso efectivo, no solo radican en la carencia de instrumentos y fuentes de acceso de calidad, sino también en el acervo de habilidades o conocimientos para utilizar estos dispositivos.

A principio de la década de los noventa, la acción de los gobiernos para reducir la BD, fue canalizada a través del suministro y uso de computadores en escuelas y bibliotecas públicas. En paralelo, un segmento de agrupaciones privadas u organizaciones no gubernamentales, construían espacios públicos de acceso gratuito a Internet y ofrecían fuentes remotas para el uso de los servicios de internet. La disposición de estas iniciativas configuró el “modelo de acceso compartido”, un sistema que todavía se mantiene en la mayoría de los países de la región.

Actualmente, el esquema de las políticas para disminuir la BD busca garantizar la presencia efectiva de tres elementos: infraestructura tecnológica; infraestructura de conectividad y alfabetización tecnológica o digital, para asegurar a la población el acceso y el uso efectivo de las TIC. La disponibilidad de estos factores permitiría promover el desarrollo individual y social a través de una auténtica inclusión digital; entendida esta, no solo como la tenencia de equipos y software para que el individuo pueda acceder a Internet y a las TIC, sino también como una acción que incorpore factores cognitivos de significación. Esta circunstancia posibilitaría a los usuarios de estas tecnologías entender el lenguaje utilizado y dominar los contenidos accedidos y, con ello, sentirse socialmente incluidos.

De acuerdo con la UNESCO, la inclusión digital es un elemento crucial para enfrentar las desigualdades socioeconómicas en la región, donde los servicios de acceso a Internet son considerados esenciales para garantizar el bienestar de los ciudadanos. En sintonía con esa percepción y con la agenda 2030, los países de ALC han convertido la universalización del acceso a Internet en una política prioritaria (Galperín, 2017).

A pesar de lo antes dicho, según la UIT (2017), el número de desconectados o digitalmente excluidos en la región supera los 200 millones de personas en edad de trabajo. Esta población reside fundamentalmente en áreas urbanas donde, paradójicamente, la oferta de servicios de acceso es amplia. Desde el punto de vista del ingreso, el BID (2020) estima que menos del 30% de las familias más vulnerables tiene acceso a computadoras.

Entre los principales elementos que caracterizan la conectividad en ALC, destacan los siguientes: i) déficits en la infraestructura de telecomunicaciones; ii) baja densidad de población; iii) falta de capital humano; iv) pobreza; y v) un marco regulatorio inadecuado. A tales circunstancias, se suman las barreras asociadas a la carencia de habilidades digitales o bajo nivel de competencia en el manejo de equipos (“analfabetismo tecnológico”). Esta condición se presenta especialmente, entre individuos de escasa formación que no completaron el ciclo de educación primaria, lo que les impide hacer uso efectivo de las TIC y revela una relación educación-conectividad. La existencia de muchas lenguas indígenas es otra barrera de acceso por cuanto las mismas no tiene representación en Internet (Galperín, 2017). 

Es pertinente también mencionar la desaceleración en el ritmo de crecimiento de la población conectada a Internet en la región. De acuerdo con la UIT (2019), “en la medida que se expande la cobertura de servicios banda ancha móvil (3G o 4G) se observa una creciente brecha de demanda, concepto que captura las diferencias entre la cobertura de la infraestructura de Internet y las suscripciones al servicio”. ¨En la región existen poco más de 54 suscripciones de banda ancha móvil por cada 100 habitantes”, a pesar de que las redes de banda ancha móvil cubren aproximadamente al 90% de la población de ALC. Estas circunstancias, representan “una brecha de demanda de aproximadamente 200 millones de potenciales usuarios, cuyas causas deben buscarse en factores sociodemográficos y de capital humano”.

De acuerdo con el BID (2020), para 2018 un 56% de la población de ALC utilizaba Internet, pero sólo un 45,5 % de los hogares en la región contaban con conexión de banda ancha. Esta proporción es inferior a la que presentan los países miembros de la OCDE de 86,3. Según la CEPAL, el promedio de la brecha digital entre las zonas rurales y urbanas es de un 27%. En el Perú, la BD ha sido abordada a través del Proyecto Internet para todos (IpT) el cual “hace posible que operadores de telecomunicaciones puedan hacer uso de infraestructura ya existente para ampliar la cobertura de servicios de tecnología móviles 4G LTE”. Actualmente, el proyecto IpT cuenta con 3130 sitios y para 2021 aspira instalar 866. Esta iniciativa, cuyo propósito es “conectar a los no conectados”, es resultado de una alianza entre el BID Invest, CAF-banco de desarrollo de América Latina y dos grandes transnacionales de la informática.

Un estudio reciente de la CAF-banco de desarrollo de América Latina (2020) concluye que la brecha digital en ALC se está agravando debido a que “el uso de Internet en gran parte de los hogares latinoamericanos se limita a herramientas de comunicación y redes sociales” y que; por tanto, “la penetración de Internet per se no indica un elevado grado de resiliencia digital del hogar latinoamericano”. La brecha digital impide que la región aproveche las TIC de manera efectiva y se apoye en ellas para impulsar los procesos de desarrollo sostenible y de integración de los países que la conforman. En la actualidad, en medio de la disrupción de la pandemia, la BD representa una vulnerabilidad muy significativa que compromete el éxito de las medidas que los gobiernos de ALC han tomado como respuesta al COVID-19.

En efecto, muchas de esas medidas están dirigidas a intensificar y garantizar la continuidad de operaciones enmarcadas en áreas como la Telesalud, el Teletrabajo, la Teleeducación, el Gobierno y el Comercio electrónicos, entre otras. Organizaciones vinculadas a los sistemas sanitarios destinados a la contención de la pandemia, emplean las TICs durante la ejecución de actividades de trazabilidad, diagnóstico, prevención, control, mitigación, tratamiento, comunicación remota (con pacientes, especialistas, personal sanitario asistente, personal de protección y autoridades, entre otros), construcción y uso de app específicas y de dispositivos de comunicación en tiempo real. En otros sectores, las iniciativas digitales comprenden actividades asociadas con la prestación de servicios, el aprovisionamiento de bienes, la conectividad social, y el acceso a información y entretenimiento.

Asegurar el desarrollo de las actividades referidas y el acceso universal de los usuarios a estos servicios, implica la necesidad urgente de elevar al máximo las capacidades del ecosistema digital de la región para que el mismo se convierta en una herramienta efectiva en la lucha contra el COVID-19 y sea base para la resiliencia pos-pandemia.

Para consolidar el uso del Internet, componente fundamental del ecosistema digital en la región, la UNESCO recomienda la incorporación de las siguientes premisas, dentro del marco de planificación los programas regionales para la disminución del brecha digital: i) el abordaje de las barreras críticas para el acceso: asequibilidad, habilidades digitales y relevancia; ii) la ampliación del marco regulatorio dirigido a fortalecer la competencia en los mercados de acceso; y iii) la necesidad de instrumentar políticas públicas que orienten las inversiones privadas y las complementen en áreas de baja rentabilidad económica y alto impacto social (Galperín, 2017).

De acuerdo con esta organización, la planificación y proyectos de inclusión digital debe incorporar la ejecución de las siguientes iniciativas públicas : i) promover la conectividad de las instalaciones educativas, en paralelo con reformas curriculares y la introducción de las TIC en las escuelas; ii) desarrollo de aplicaciones y contenidos en línea para atender las necesidades de grupos de baja conectividad, en particular adultos mayores, personas con discapacidad y hablantes de lenguas indígenas; y iii) otorgamiento de subsidios de conectividad para hogares de bajos ingresos con niños en edad escolar condicionados al desarrollo de actividades educativas. Adicionalmente, la UNESCO hizo diez recomendaciones específicas para garantizar la continuidad del proceso enseñanza-aprendizaje durante el cierre de las escuelas motivado a la pandemia (ONU, 2020). 

Por su parte, CAF al destacar el papel que la digitalización puede jugar en la mitigación de la pandemia, además de hacer algunas recomendaciones eminentemente tecnológicas, destacó la importancia de: i) estimular al sector productivo para que innove alrededor en la restructuración de procesos que permitan incrementar el porcentaje de la población que pueda trabajar de forma remota; ii) enfatizar la capacitación de los sectores sociales más vulnerables para poder atenuar el desempleo; y iii) promover una acción cooperativa del sector gobierno, el sector privado y la sociedad civil de la región con miras a consensuar y facilitar la ejecución de las acciones necesarias para optimizar el desempeño del ecosistema digital (CAF, 2020).

Cabe esperar que la instrumentación de dichas recomendaciones, a partir de las premisas dadas y con el respaldo de la UNESCO, contribuya a resolver los problemas de conectividad que, eventualmente, deberán fortalecer la inclusión digital en la región, con todos los beneficios que la misma traería consigo en el momento actual y, especialmente, en la era post COVID-19.

Referencias

  • Baigorri, Artemio y Fernández, Ramón (2000). Universitarios de primera y universitarios de segunda: la fractura digital en la universidad.  I Congreso Mundial de Alfabetización Tecnológica en un mundo de red. Disponible en:

https://www.eweb.unex.es/eweb/sociolog/BAIGORRI/papers/desigualdad.pdf

https://www.iadb.org/es/mejorandovidas/internet-para-todos-disminuyendo-la-brecha-digital-en-america-latina

  • CAF-banco de desarrollo de América Latina y el Caribe (2020). El estado de la digitalización de América Latina frente a la pandemia del COVID-19. Disponible en:

https://scioteca.caf.com/bitstream/handle/123456789/1540/El_estado_de_la_digitalizacion_de_America_Latina_frente_a_la_pandemia_del_COVID-19.pdf?sequence=1&isAllowed=y

  • Galperín, Hernán (2017). Sociedad digital: brechas y ritos para la inclusión digital en América Latina. Oficina Regional de Ciencias de la UNESCO para América Latina y el Caribe: Montevideo. Disponible en:

https://crds.cepal.org/2/sites/crds2/files/sociedad_digital_brechas_y_retos_para_la_inclusion_digital_en_alc.pdf

  • International Telecommunications Union (ITU) (2017). Measuring Digital Development: fact and figures 2017. Ginebra: ITU. Disponible en:

https://www.itu.int/en/ITU-D/Statistics/Documents/facts/ICTFactsFigures2017.pdf

________________________________________________ (2019). Measuring Digital Development: fact and figures. Ginebra: ITU. Disponible en:

https://www.itu.int/en/ITU-D/Statistics/Documents/facts/FactsFigures2019.pdf


Organización de las Naciones Unidas. Noticias ONU (2020). Diez recomendaciones para estudiar a distancia durante la emergencia del coronavirus. Consulta: 5 de mayo de 2020. Disponible en:
https://news.un.org/es/story/2020/03/1471342


(*) Oficial del Centro de Información y Base de Datos
Dirección de la Red de Información y Conocimiento